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El viernes 6 de
agosto arrancó la historia. Llovió por todo el año esa
noche, a punto tal que dificílmente se hubiera podido jugar si el
escenario era otro que el Monumental. River salió al campo
para enfrentar a Instituto con Bonano; Lombardi, Sarabia, Yepes,
Sorín; Escudero, Astrada, Gancedo, Aimar, Saviola y Angel.
Con alguna variante (Trotta por Sarabia y Placente por Sorín) ésa
fue la base que encaró todo el torneo. Pablito Aimar abrió
la cuenta a los 17 minutos, tras una gran combinación colectiva por
la derecha, para insinuar una recuperación futbolística que el
Payaso pedía a gritos después de siete meses cargados de lesioones
y cotizaciones astronómicas que le minaron la salud. Empató
Miliki Jimenez cinco minutos después y con ese gol sobrevinieron
también el susto y la desorientación, porque Instituto acarició
la victoria en varios pasajes. Después, en dos minutos
Saviola de palomita, tras una asistencia precisa de Angel con la
cabeza, y el colombiano, más tarde, con una frenada que hizo
barrenar a su marcador de turno y un derechazo furibundo que dejó
la pelota clavada en el ángulo izquierdo, establecieron el
3-1. En el complemento, otra vez Angel -de volea- se anotaría
en el marcador para sellar el 4-1 definitivo y coronar un arranque
con cuatro goles que River no conseguía desde hacía 20 años y 35
campeonatos. La presentación de River en el Apertura
sintetizó con fidelidad el mosaico de circunstancias que se
repetirían a través de toda la campaña: la consolidación de
Angel como titular indiscutido, el entendimiento perfecto entre el
Payaso y el Conejo, la fragilidad del funcionamiento colectivo, el
talento renovado de Aiamr, los arranques eléctricos en el momento
menos pensado para liquidar al rival de turno. Todo eso fue
River en su debut, todo eso sería en el andar del campeonato.
El domingo siguiente se confirmó que en esa sociedad de chiquilines
descansaba el argumento más valioso de River para soñar con el
título. El equipo del Pelado arrancó perdiendo, lo igualó
con una media vuelta Saviola al final del primer tiempo y pasó a
ganarlo en el complemento después de que Aimar la durmiera de pecho
y definiera con categoría. Festejo a lo grande en Rosario: se
llevaba en el bolsillo los tres puntos y el debut de su último
refuerzo (Coudet).
El martes siguiente River jugó su partido postergado con Colón, en
el Monumental. Víctima de una violencia inusual, que el
árbitro Pezzota no supo controlar, l equipo apareció atado y a los
14 minutos del complemento perdía 2-0. Saviola de cabeza y
Astrada con un disparo desde lejos igualaron en una ráfaga que
duró 11 minutos. pero el empate terminó de instalar un ambiente de
decepción indisimulable, sobre todo porque el líder San Lorenzo
mantenía su racha triunfal.
En la cuarta jornada, River viajó a La Plata para medirse con
Estudiantes. La pasó mal en la etapa inicial, muy mal,
incluso Quatrocchi tuvo la posibilidad de adelantarse en el marcador
pero su penal fue ejecutado por arriba del travesaño.
Después, en 23 minutos, una nueva reacción eléctrica de sus
prodigios liquidaron el pleito. Saviola por dos, Angel y Aimar
convirtieron cuatro goles en 23 minutos. El segundo del Pibito
fue una joya: salió disparado en contraataque, pasó a dos
defensores en velocidad (a uno de ellos le tocó la pelota por un
costado y fue a buscarla por el otro) y definió después de eludir
al arquero.
El domingo 5 de septiembre, el equipo del Pelado enfrentó a
Belgrano en el Monumental. Jugó sin Roberto Bonano y su
reemplazante, Sessa, pagó el precio por tanto tiempo de
inactividad. También jugó Trotta por primera vez en el
campeonato, y lo hizo muy mal. Toda la defensa, en realidad,
compuso una muy pobre performance. Esa tarde River arrancó
1-0 en los minutos iniciales, después los cordobeses lo dieron
vuelta y terminó venciendo con lo justo por 4-3 con un golazo de
taquito de Juan Pablo Angel. Era la tercera vez en cinco
fechas que River anotaba cuatro goles en un partido, una evidencia
clara de su poder de fuego, y era al mismo tiempo el octavo partido
consecutivo en que convertía Javier Saviola (11 goles), computando
los encuentros del torneo anterior. El Pibito se acercaba así
al récord que ostentaba desde 1932 el gran Bernabé Ferreyra con 19
goles en 12 partidos consecutivos. El domingo siguiente fue
hasta Avellaneda para enfrentar a un Independiente revitalizado por
la incorporación de Enzo Trossero, su flamante entrenador.
River jugó mal, encontró un gol de entrada con Aimar y después se
dedicó a esperar. Saviola se lesionó en la primera acción y
debió salir en el comienzo del segundo tiempo. No sólo se
frenó su serie goleadora sino también necesitó guardarse por un
tiempo y faltó a la cita siguiente. El equipo de Ramón la
sacó barata con el 1-1. El triunfo ante Lanús por 3-1 del
viernes siguiente volvió a instalar a River en la cima, con valor
agregado de saber que Boca comenzaba a caer (perdió con
Vélez). Sin Saviola, lesionado, con un jugador menos desde
los 51' por la expulsión de Escudero, el equipo de Ramón
aguantó como pudo y definió el pleito sobre la hora después
de una estupenda corrida de Mario Yepes. Esa noche, el
colombiano entró definitivamente en el alma de la hinchada.
La fecha siguiente River perdió po primera vez en el
Apertura. Fue ante Argentinos Juniors, en la cancha de
Ferro. Buscó durante los 90 minutos, incluso erró un penal y
hasta uno de sus valores más destacados hasta ese momento (Bonano)
tuvo una actuación demasiado floja.
Por la novena fecha el que esperaba su turno en el Monumental era el
ascendente Vélez. que después de un comienzo dubitativo había
igualado el puntaje de River en el torneo. El desarrollo del
partido tuvo altibajos: el equipo de Ramón desperdició tres mano a
mano en el primer tiempo por evidentes fallas defensivas del
contrario y sufrió al final, cuando debió recurrir a toda la
capacidad de su arquero. Faltando ocho minutos tuvo la gran
oportunidad de quedarse con los tres puntos, pero por segundo
partido consecutivo erró un penal: esta vez fue el Pipa Gancedo el
que no le acertó al arco. El empate dejó un gusto amargo y
marcó el peor momento del campeonato: River quedó, junto a Boca y
Vélez, a tres unidades del líder San Lorenzo.
La reacción no tardaría en llegar: a partir de aquel empate, el
equipo hilvanaría una serie de siete victorias consecutivas, la
mejor serie del campeonato. El domingo siguiente resolvió
bajo el sofocante calor de San Salvador de Jujuy un
enfrentamiento difícil, duro, vital porque determinaría el ánimo
para el superclásico de la jornada siguiente. Trotta
recuperó esa tarde la titularidad, Bonano se vistió nuevamente de
figura y Saviola y Angel definieron el partido en dos minutos, para
festejar bien fuerte un triunfo que los volvió a instalar en la
punta, gracias a la caída de San Lorenzo en Rosario.
Promediando el Apertura, entonces, cuatro equipos encabezaban la
tabla de posiciones con el mismo puntaje: San Lorenzo, Vélez, Boca
y River. No en vano Leonardo Astrada, viejo gladiador de mil
batallas, anunciaba en la semana: "Contra Boca, nos jugamos el
70% del campeonato".
El domingo 17 de octubre, un Monumental repleto se conmovió con la
actitud avasallante de River en los primeros minutos. A los 30
segundos, Saviola ya había hecho temblar el travesaño; Aimar
enloquecía a un Boca timorato que había planteado un esquema con
un solo delantero. Pablito metió el primero después de un
gran pase de Astrada, aunque el mismo autor confesaría que no
estaba seguro de haber pateado al arco, y Angel lo definió en el
complemento. El triunfo se festejó como un campeonato: era el
primero conseguido por Ramón Díaz en sus cuatro años de mandato.
Después de Boca, llegó Newell's, también en el Monumental.
San Lorenzo había perdido esa misma tarde ante Estudiantes y Vélez
empataba con Gimnasia de local, dejando en el camino dos puntos
valiosísimos, con lo que una victoria catapultaba a River a la cima
en soledad del torneo. Saltó al campo de juego con esa
presión, y la sintió. No jugó bien el local, incluso Newell's
manejó el balón durante buena parte del encuentro y llegó con
más claridad a posiciones de gol que su rival. Sin embargo, a
15 minutos del final, el recién ingresado Coudet clavó un zapatazo
desde afuera del área que acercó un triunfo sufrido y fundamental
para despegar. Después, Aimar completó la obra tras una
maravillosa corrida de Saviola iniciada en el campo proprio.
Por primera vez, River miraba a todos desde arriba con tres puntos
de ventaja.
Después River viajó a Santa Fe y venció 2-1 a Unión, tras
padecer por más de 30 minutos el incesante avance de los locales,
que desperdiciaron cuatro mano a mano y le sacaron astilllas al arco
defendido por Bonano. También debió mirar más de una vez el
reloj el domingo siguiente, cuando Gimnasia de La Plata fue al
Monumental y le quitó el balón. Otra vez el héroe fue
Saviola: convirtió el primero dejando por el piso a Noce y el
segundo con una chilena dignna de Francescoli.
Siete días más tarde tenía que viajar a Córdoba, una plaza
tradicionalmente adversa, y enfrentar a un rival que por primera vez
en 20 años sentía que jugaba por algo más que voltear a un
"grande". De entrada nomás, Aimar acertó con un
tiro libre y puso el 1-0. Siguió mejor el puntero, pero poco
a poco fue retrocediendo. Emaptó Gigena con un derechazo al
ángulo y a los 43 minutos, tras un grosero error de Yepes que
pretendió dejar salir la pelota por el fondo y terminó cometiendo
penal, Talleres dispuso de su gran ocasión. Se paró Gigena
frente a la pelota pero Bonano voló hacia su derecha y protagonizó
la atajada del campeonato. Ya en el complemento una nueva
ráfaga de fútbol, Saviola y el riocuartense Guillermo Pereyra
construyeron un 4-1 inesperado. La valla más alta de la recta
final había sido superada con holgura.
La historia final ya es más conocida: llegó el triunfo por 1-0
ante Racing, salpicado con una cuota de angustia inesperada.
Esa tarde de temperatura intolerable, el equipo de Ramón estiró su
ventaja sobre Boca a 5 puntos, ya que el conjunto xeneize había
empatado 2-2 con Estudiantes, en La Plata.
Una semana más tarde, cuando el calendario marcó Chacarita, la
chance de dar la vuelta olímpica en la cancha de Vélez se insinuó
como una posibilidad concreta, pero el tercero en discordia
(Central) derrotó a Lanús en Rosario y se prendió en la
lucha. El partido contra Chaca fue dramático, de lo mejor del
campeonato. De entrada sufrió el gol de Rosada, después lo
dio vuelta con un tanto dee Aimar y otro golazo de Angel,
desperdició un nuevo penal sobre la finalización de la primera
etapa y cuando se aprestaba a soltar el festejo, con un 4-2 cómodo
que sostenía sin complicaciones a 5 minutos del final, se desató
el vendaval carucha Muller: metió dos goles y determinó el 4-4
definitivo que prolongó por una semana el suspenso de la
definición.
Siete días más tarde, llegó la previsible goleada 4-1 a Ferro, la
tarde en que Saviola festejó su cumpleaños de 18 con dos goles que
lo encumbraron a lo más alto de la tabla de artilleros y como
último capítulo cerró la batalla ante San Lorenzo, después de
las variadas especulaciones.
River cerró la década y el siglo como la lógica lo indicaba:
festejando, con los brazos bien alto, sumando su título N° 28 y
estirando a 10 la ventaja con su más inmediato perseguidor.
El fervor de aquella nochecita del 6° de agosto abrió un
camino. Saviola y compañía hicieron el resto.
DIEGO BORINSKY
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