| SINOPSIS Es, sin duda, la obra m�s famosa del marqu�s y la primera novela que public�. �l siempre neg� ser su autor, al igual que ocurri� con la Historia de Juliette y otras obras licenciosas. Sin embargo, este rechazo se debi� �nicamente al peligro que afrontaba al publicar unas obras tan contrarias a la moral tradicional. La Historia demostr� que sus temores eran fundados, pues fue recluido en Charenton justamente por esta causa. No cabe duda, por otra parte, de que Sade es el autor de Justine. Es tan grande la similitud de estilo entre esta obra y las que s� que se sabe que son suyas que, aunque no lo fuera, bien se le podr�a atribuir. El argumento trata de la vida desgraciada de Justine, una jovencita a la que la Naturaleza ha dotado de un irresistible impulso hacia la virtud, pero que ha tenido la desgracia de nacer en un mundo lleno de libertinos. Ella y su hermana Juliette son hu�rfanas y se ven obligadas a buscarse la vida como pueden, pero mientras que Juliette, inclinada naturalmente al vicio, decide prostituirse, la buena de Justine se empe�a en querer llevar una vida virtuosa. Va pasando por las manos de varios libertinos que la usan para sus extra�as fantas�as y a duras penas logra salvar la vida. Juliette, en cambio, progresa gracias al vicio y acaba convirti�ndose en la se�ora de Lorsage. Un d�a se encuentra con una joven a la que conducen para ser juzgada y que resulta ser Justine, aunque inicialmente las dos hermanas no se reconocen. La peque�a le relata su historia de infortunios y al final Juliette se da cuenta de que se trata de Justine, la rescata de la justicia y se ocupa de ella. El relato que Justine hace de sus infortunios, en primera persona, constituye el grueso de la novela. Al final, cuando por fin ha conseguido revivir gracias a su hermana, es alcanzada por un rayo. Juliette reconoce en ello un aviso del cielo y se retira a un convento, arrepinti�ndose de su vida anterior. La publicaci�n de esta novela provoc� un cierto revuelo en los c�rculos literarios de la �poca. Se la consideraba peligrosa o, por lo menos, detestable. La extremada crudeza con la que el marqu�s narra las desgracias de Justine y los vicios execrables de que es v�ctima, result� insoportable para muchos. L�gicamente, pues las obras libertinas pueden ser m�s o menos fuertes, pero casi siempre tienen como objetivo resultar agradables al lector; que lo consigan o no es algo que depende de los gustos de cada uno. Pero atreverse a narrar una serie de actos espantosos y a describir las desgracias de una jovencita que merece todos los favores de la Fortuna y, adem�s, afirmar que su desgracia se debe a su virtud, mientras que el �xito de sus enemigos se debe precisamente a sus vicios, es algo tan original e impactante, que todos los que leyeron el libro quedaron impresionados. La cifra de ventas fue considerable, y a partir de entonces el destino literario de Sade ha quedado ligado a esta novela. El argumento de que las personas virtuosas est�n destinadas a sufrir y las viciosas a triunfar, es muy habitual en Sade, pero �nicamente en esta obra (y quiz�s tambi�n en La marquesa de Gange) se convierte en la esencia del contenido. En el fondo es un tema bastante habitual en el romanticismo. �Qu� son casi todos los h�roes rom�nticos sino personas excepcionales que sucumben ante una sociedad que odia sus virtudes? Lo �nico que hace Sade es llevar las cosas al extremo, como suele ser habitual en �l. Por lo dem�s, es ciertamente curioso que esta sea la obra m�s conocida de Sade, puesto que no es realmente la mejor. No abundan en ella los razonamientos filos�ficos que constituyen una de las aportaciones m�s importantes de Sade a la cultura universal. Tampoco las escenas libertinas, pese a ser espantosas, est�n a la altura de las que encontramos en otras de sus obras. Lo que vemos en ella es, en realidad, un preludio de lo que vendr� en las novelas posteriores. S� que la hace estimable el que la narraci�n la realice la propia Justine, que nos cuenta sus propios sufrimientos desde la �ptica de la persona virtuosa. Esta es una faceta que no se suele alabar lo suficiente en Sade: el conocer los sentimientos virtuosos tan bien como los viciosos y saber llevar a ambos a su m�s alta expresi�n. Y si es hermoso pintar a la virtud triunfando sobre el vicio, no lo es menos mostrarla firme ante las desgracias y decidida a persistir ante la adversidad. |
| Julieta |
| Marqu�s de Sade |
| FRAGMENTO " Este, llamado padre Severino, era un hombre alto y de una belleza �spera, cuyos rasgos juveniles y f�sico robusto desment�a su edad verdadera, cincuenta y cinco a�os. El acento musical que adornaba sus palabras suger�a su origen italiano, y la gracia de sus movimientos ten�a ese estilo que se suele achacar a esa raza de libertinos. (...) El pasillo carec�a de luz, y el padre Severino, apoy�ndose en una pared para orientarse, empuj� a Justina por delante. Pas�ndole un brazo por la cintura, desliz� la otra mano por entre sus piernas y explor� las partes p�dicas hasta que localiz� el altar de Venus. All� aferr� su mano hasta que llegaron a la escalera que conduc�a a una habitaci�n que estaba dos pisos m�s abajo de la iglesia. El cuarto estaba espl�ndidamente iluminado, y amueblado con gran lujo. Pero Justina apenas observ� lo que la rodeaba pues sentados alrededor de una mesa en el centro de la sala se encontraban otros tres frailes y cuatro muchachas...�los siete totalmente desnudos! -Caballeros -anunci� el padre Severino-, nuestra compa��a se ver� honrada esta noche por la presencia de una muchacha que lleva a la vez en el hombro la marca de la prostituta y en el coraz�n la candidez de un infante, y que encierra todo su ser en un templo cuya magnificencia es un deleite contemplar. -Y pasando por detr�s de ella, encerr� sus senos entre las manos-. (...) Entonces, una vez pasado aquel instante de brutalidad, volvi� a sitiar la ciudadela, apretando, ensanchando y empujando a la fuerza una y otra vez hasta que, finalmente, el baluarte cay�. Un horrendo grito de agon�a llen� la sala cuando el monstruo invasor desgarr� los intestinos de la joven. Palpitante y agitado, el escurridizo reptil lanz� hacia adelante su veneno y despu�s, privado de su rigidez, se rindi� a los fren�ticos esfuerzos de la joven para expulsarlo. El padre Severino l�vido de furor al verse imposibilitado para mantener el asedio, cay� al suelo inconsolable. (...) |
| DEL AUTOR Nombre familiar de Donatien Alphonse Fran�ois, marqu�s de Sade, escritor franc�s de novelas, obras de teatro y tratados filos�ficos, m�s conocido por sus obras er�ticas, prohibidas durante mucho tiempo. Naci� en Par�s y luch� con el Ej�rcito franc�s en la guerra de los Siete A�os. En 1772 fue juzgado y condenado a muerte por diversos delitos sexuales. Escap� a Italia pero regres� a Par�s en 1777 y fue detenido y encarcelado en Vincennes. Tras seis a�os en esta prisi�n fue trasladado a la Bastilla y en 1789 al hospital psiqui�trico de Charenton. Abandon� el hospital en 1790 pero fue detenido de nuevo en 1801. Rod� de prisi�n en prisi�n y en 1803 ingres� otra vez en Charenton, donde muri�. En muchos de sus escritos, como Justine o los infortunios de la virtud (1791), Juliette o las prosperidades del vicio (1796), Los 120 d�as de Sodoma (publicada p�stumamente) y La filosof�a en el tocador (1795), Sade describe con gran detalle sus diversas pr�cticas sexuales. As�, el t�rmino sadismo se emplea en psiquiatr�a para designar el tipo de neurosis que consiste en obtener placer sexual infligiendo dolor a otros. Su filosof�a considera naturales tanto los actos criminales como las desviaciones sexuales. Sus obras fueron calificadas de obscenas y hasta bien entrado el siglo XX estuvo prohibida su publicaci�n. |
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