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Huellas
de la actividad humana del período Paleolítico, se han hallado en las
cuevas de Contencher, a estos se han sumado otros hallazgos, efectuados
recientemente. Se sabe que 3.000 años a.C algunas tribus ya se habían
establecido sedentariamente en el territorio suizo y se dedicaban a la
agricultura. También se sabe
que 1.500 años a.C, las tierras que se extienden entre los Alpes y el Jura
estaban mayormente ocupadas y que fueron los Celtas, una tribu indoeuropea
proveniente del este, quienes se establecieron en el territorio.
Para ese entonces ya se comienza a desarrollar el comercio, se
abren senderos que posibilitan el tránsito en las zonas montañosas y se
pone en circulación la primera moneda (300 a.C).
La tribu celta de los HELVETAS o HELVECIOS aparecen en escena en el
100 a.C, eran excelentes guerreros, trabajaban bellamente el oro, que poseían
en gran cantidad, y conocían la escritura.
En el 58 d.C comienzan a desplazarse hacia el sudoeste, enfrentándose
con los romanos al mando de Julio Cesar, pero son rechazados
definitivamente hacia la Planicie. Estos
Helvetas estaban organizados en tribus con aldeas bien defendidas y se
relacionaban comercialmente entre si, llegando para ello, a cruzar los
Alpes. La dominación romana
trajo aparejada una época de prosperidad, se construye una red de
carreteras (calzadas romanas) y se abren dos pasos que atraviesan los
Alpes por el este y el oeste. Sobre
estas rutas se establecen los asentamientos (colonias) y así nacen las
actuales Martingy, Vevey, Lausana, Orbe, Avenches (capital de los
Helvetas), Solothurn y muchas otras.
En
el siglo irrumpe el cristianismo y en el siglo IV el avance los bárbaros
provenientes del norte. Los
Burgundios, germanos cristianizados, atraviesan el Jura y se instalan en
el sector occidental del país, hablan latín y rápidamente se alían a
los Helvecios. Los Alamanes,
germanos paganos, cruzan el Rin avanzando hacia el sur, son colonos
conquistadores que terminan ocupando las zonas llanas hasta los Alpes, sólo
la región de Recia (la actual Grinsones), se salva de su dominio,
conservando su carácter romano. Los
Burgundios adoptan como lengua el francés, los Alamanes el germano y,
Recia el italiano y el retorromano. A
pesar de las posteriores invasiones de los Vándalos, Hunos y Visigodos,
que no logran asentarse, y a la penetración Longobarda, la unificación
de las comarcas de la meseta se pone en evidencia.
Bajo el posterior dominio de Carlomagno, esta unificación
desaparece y a comienzos del siglo X se instaura el régimen feudal, pese
a esta organización, logran sobrevivir algunas comunas organizadas
libremente.
En
el siglo XII se logra abrir otro paso, el de San Gotardo, ubicado en el
centro de los Alpes y que será el camino más corto entre Alemania e
Italia. Este hecho contribuye
a cambiar fundamentalmente el desarrollo de la región central de Suiza.
En la pendiente norte del San Gotardo se extiende el lago que luego
sería “de los Cuatro Cantones”, allí hay dos pequeñas regiones, Uri
y Schwytz, que juegan papeles decisivos en la historia suiza.
Ambas, junto con Unterwald, firman, a principios de agosto de 1291,
el primer pacto federal escrito, bajo el cual se brindarán apoyo mutuo,
pero guardando su libertad individual.
Este pacto fue la base sobre la cual se apoyaría la formación de
la actual Confederación Helvética.
En
el siglo XIII los Habsburgo de Austria habían extendido su imperio hasta
los Alpes, manteniendo buenos relaciones con los comunidades libres.
Rodolfo fallece (1291) y los Habsburgo renuevan su deseo de dominar
los valles del Gotardo, enviando tropas contra Schwytz (1315).
Respondiendo al pacto firmado, Uri y Unterwald van en apoyo del
agredido, derrotando a los agresores en la batalla de Morgarten.
Luego de esta batalla se comenzó a conocer a los de la liga como
“Schwaiz” nombre alemán del cantón Schwyz, de este proviene el que
tomaría la Confederación, como también su escudo de armas, cruz blanca
sobre fondo rojo, que sería su bandera.
En 1318 se firma un armisticio con los Habsburgo, y en 1332
Lucerna, una ciudad del lago, se une a los anteriores, quedando de ese
modo todo el lago, que ahora se llamaría “de los cuatro Cantones”, en
manos de la liga. En 1351
ingresa Zurich, la gran ciudad del norte, en 1352 son incorporados Glaris
y Zug, conquistadas a los Habsburgo y en 1353 lo hace Berna.
Los austriacos no cejan sus ansias de conquista, pero son
nuevamente rechazados en Sempach. En
Julio de 1386 la liga forma un gran ejército, convirtiéndose en una
temible potencia militar, más tarde, muchos de sus integrantes se harían
mercenarios.
La
región está superpoblada y los confederados, conscientes de sus fuerzas,
comienzan a expandirse, s belicosidad hace que a veces haya roces entre
regiones, pero en definitiva, las asambleas populares imponían la
justicia. La expansión llega
hasta los valles del norte de Italia y también hacia el norte, de esa
forma se incorporan nuevas regiones, algunas de diferente idioma (italiano
y francés). En 1481 se
incorporan Friburgo y Soleure, y más tarde Basilea, Schaffhouse (1501) y
Appenzell (1613), así nace la “Confederación de los 13 Cantones”,
que duraría tres siglos, hasta la Revolución Francesa.
Durante esos 300 años, la Confederación mantuvo excelentes
relaciones con Francia, quien se constituyó en un aliado importante ante
los acechos de otras potencias.
Desde
la vecina Alemania, Martín Lutero impulsa la Reforma, que penetra en la
Confederación, este hecho sería de vital importancia para el futuro de
Suiza, pues se produce la división y el enfrentamiento religioso entre
los cantones. La Reforma
consolidó la unión de los cantones protestantes, así como la posterior Contrarreforma
lo hizo con los católicos, esto produce la división política de Suiza
en división religiosa. Entre
1618 y 1648 se declara en Europa la desastrosa Guerra de los Treinta Años,
de la cual la Confederación quedaría al margen.
A su termino, en 1648, en el Tratado de Westfalia, se reconoce la
independencia de la Confederación con respecto al Imperio, de hecho
Europa reconoce que es un estado soberano.
Se suceden durante los siglos XVII y XVIII, épocas de gran
estabilidad y desarrollo, donde hombres ilustres, filósofos, escritores,
comerciantes y viajeros de toda Europa, arriban a sus ciudades; Berna
Zurich y Basilea cobran gran prestigio.
A fines del siglo XVIII, Francia invade Suiza y Napoleón reemplaza
la Confederación por la
“República Helvética”, que en definitiva solo es un protectorado
francés, algunos cantones se sublevan, pero son derrotados.
Topas austriacas y rusas invaden su territorio, que se convierte en
campo de batalla de los ejércitos extranjeros.
En 1802 se retiran los franceses y a los 13 antiguos cantones se le
unen seis: Vaud, Tesino, Grisones, Sankt Gall, Argovia y Turgovia. Al caer Napoleón, Suiza deja de ser protectorado y muchos
desean volver a la antigua Confederación, a los 19 cantones se le agregan
tres más Neuchatel y Ginebra, de habla francesa y Valais, bilingüe francés-alemán,
con lo que casi se había conformado el actual territorio.
A
partir de 1823 comienza un movimiento político que se llamó de
“regeneración”, por lo cual algunos cantones producen una revisión
de sus constituciones, a la vez que intentan que se revise el Pacto
Federal, para hacerlo liberal y nacional.
Algunos cantones católicos se oponen y se unen en una alianza
llamada de “Sonderbund”, la que es disuelta por las armas en
1947. Se impone entonces un cambio revolucionario, en 1948, el
Pacto Federal se convierte en Constitución y de la antigua confederación
de estados se pasa al estado federativo, organización que se ha mantenido
y perfeccionado hasta nuestros días.
Esta revolución, predecesora de otras que le seguirán en Europa,
obligaría a las potencias europeas a no intervenir más, en los asuntos
suizos. Con la incorporación del Cantón de Jura, antiguo dominio
Bernes, en 1979, se completan los 26 cantones que forman la actual Suiza.
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