Discursus Interruptus
Infantes no profesionales, no profesionales pueriles
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Queridos Arbutanes:
Os paso estas observaciones acerca del arte infantil, su evolución, y qué puede tener en común con aquello a lo que aspiran los artistas de mierda como nosotros. Esto me fui anotando sobre la marcha una mañana soñolienta de hacer de guardia en la exposición, así que mejor que sea reenfocado, leído, corregido y ampliado críticamente. A ver si sirve de inspiración para las anotaciones en el catálogo y que, con todo lo absurdas, cochinas e improvisadas que sean, se salgan de la retahíla de obscenidades que a nosotros suele asociar el vulgo ignorante:
§ 1. Algunas características del dibujo infantil no son estables, y su evolución muestra cómo se va aprendiendo a manejar la herramienta, y cómo se aprende a manejarla al gusto de los mayores:
1.1. formato soporte: descentrado, línea base, desproporción, aglomeración
1.2. componer según soporte vertical o apaisado, centro atención
1.3. proporciones en y entre figuras
1.4. versatilidad
1.5. feedback: grado de coordinación entre lo que se pretende y lo que se va viendo que interactúa con siguientes decisiones
1.6. ductus/trazo/grafía: no se distingue, no hay adaptación a las características del soporte y de la herramienta
1.7. detalle: recargamiento, o al menos detalles identificativos (chimenea siempre con humo, traje con botones, niña con lacito, cielo con pájaros...)
1.8. vista de los objetos ideal: las personas de frente y de cuerpo entero, los objetos de perfil o plano frontal, o en la posición en que se las usa: no cuenta cómo se ven las cosas en un momento dado sino lo que son: la gente no empequeñece al alejarse, las sillas en escorzo siguen teniendo cuatro patas, etc.
1.9. La visión es de color: el uso de colores básicos es evidente, el de un código de grises y tramados no lo es en absoluto: los grises y los tramados son formas de traducir o bien los valores cromáticos (luminosidad) o bien los tonos (colores del espectro); distinciones nada claras ni entre los entendidos.
1.10. Operaciones comunicativas: selección, ordenación, formación de repertorio y selección de elementos del inventario, creación de un espacio y un momento simbólicos, creación escena narrativa o bien legible por sí misma, translación de la información deseada a lo que es posible es ese momento...
¿Por qué la primera exposición conjunta de El Colectivo Satélite, tras tantos años de actividades, esta dedicada precisamente al tema de la infancia?
La verdad es que no se nos ocurría ninguna otra cosa que tuviéramos en común. Todos pintamos, ya lo ves, bastante de pena. No, en serio, primero fue la idea y después dijimos “hale, pues con esto ya tenemos para una exposición”.
¿Por qué habéis titulado así vuestra exposición: acaso deseáis dejar claro que cualquier niño podría hacer lo vuestro, ser como vosotros?
Bueno, más vale que cada crío haga lo que le dé la gana, ja ja. Lo siento, me pone muy nervioso que me pongan el chisme ese en todos los morros. De verdad, esto ha sido una excusa para hacernos unas fotos juntos e intentar sacar unas perras. Por suerte es verano y no hay peligro de que traigan un colegio de niños que acaban de aprender a dibujar un pokemon y les pasen por las narices que eran mejores cuando no sabían hacer la O con un canuto. Tal como están las cosas, sólo entrarán adultos a media tarde porque hace fresco, antes de meterse en otro bar, que es lo mejor que tiene Valladolid, poder estar de vinos desde las diez de la mañana hasta las tres de la noche.
¿Creéis que los niños son la esperanza del futuro?
No. Eso ya lo creen demasiados desgraciados que negocian con el a quién se mata hoy y a quién se deja para mañana con la conciencia totalmente tranquila, pensando que la felicidad de que puedan gozar sus descendientes servirá para justificar que ellos sean lo que ellos saben que son.
¿Creéis que enseñando a los niños a pintar, tocar instrumentos musicales y apreciar el arte, de mayores serán mejores?
Pues igual sí, igual no. ¿Y a mí qué me preguntas? Ya dijo Mairena que para entrevistas sobre pedagogía ya estaba Herodes. Y además, ¿a ti te gusta que te traten como a un imbécil, diciéndote lo que has de hacer?
¿Opináis que los niños son genios ignotos?
Pero respóndeme a mi pregunta, coño, que te lo decía en serio...
Lo pregunto porque lo vuestro me parece como si hubierais cogido los dibujos de los niños y hubieseis sacado de ellos lo único, lo no estropeado por los profesores, aquello a lo que vuelven los grandes artistas, cuando se han liberado de todas las ataduras académicas...
No tendría nada de raro que hiciéramos así, pero porque aprovecharse de quien se ponga a tiro está a la orden del día, y cuando alguien te eche en cara ser un ladrón, se recurre a tu mismo argumento de que lo que haces es quitar a quien no sabe valorar lo que tiene. En general todo el circo del Arte-con-mayúscula es como un traje de etiqueta con que se recubre al Emperador, así que hasta me da vergüenza pretender que nosotros seamos una excepción, pero de verdad que esto no es más que un tema común que nos marcamos porque si no la exposición iba a ser un verdadero rastrillo.
¿Pensáis que los verdaderos malditos son los que hacen lo que les sale del corazón sin pensar en la fama, toda esa gente que trabaja en el anonimato y que nunca será famosa por no tener padrinos, o no tener una biografía lo suficientemente resultona?
Suponiendo que interese lo que yo diga y que no estás simplemente intentando que tus lectores funcionarios y taxistas que ganan mucho más que nosotros encima se crean la ostia por pintar acuarelas en vacaciones, voy a hacer una revelación inesperada, que es ésta: a nosotros nos da la municipalidad la oportunidad de hacernos un poco de propaganda a cambio de colaborar de gorra con el programa de festejos permanente, como es costumbre en casi todas partes, y aunque personalmente hubiera preferido que nuestra exposición hubiese provocado la ruina de los gobiernos, tampoco estoy avergonzado de cómo nos ha quedado.
¿Todos tenemos un artista en el interior?
¿Qué quieres que te diga a una pregunta a la que ya habrán respondido miles de personas más ocurrentes que yo? Pues que no: desengañaos, españoles, y no lloréis demasiado, que tampoco tiene estómago todo el mundo como para tapar al Emperador, que huele muy mal. Basta ya de rebuscaros en vuestros lugares más recónditos artistas, genios, niños o lo que sea; la jubilación es demasiado larga para desperdiciarla así.
¿Por qué los niños significan tanto para vosotros?
Pero mira que te ha dado la perra con “los niños”, cojones. ¿Crees que no se nota cuándo hay un niño que dibuja bien y otro que dibuja mal? Igual a simple vista no hay muchas diferencias entre ellos porque no la hay entre el tiempo que llevan practicando, y por cosas de su desarrollo mental, que les hacen estar intentando o imitando cada día una cosa diferente. Lo que ocurre es que hay farsantes como Miró y Dubuffet —o mejor dicho, como los que viven a costa de ordeñar sus cenizas— que han servido para definir un ingrediente de genialidad en el Arte Infantil, como si existiera el colectivo de Los Niños cuyos representantes son todos intercambiables, igual que en los colectivos de poetas homosexuales, femeninos, lesbianos, negros, judíos y todos esos, en que todo lo que se haga y valga como ejemplo de producto del colectivo ya va a misa con la etiqueta por delante y nadie puede decir ni mu a menos que pertenezca a ese colectivo, lo que, sin sorpresa de nadie, no sucede demasiado a menudo. Y más en este caso, en que los niños no se llevan nada de la pasta dedicada a ellos, sino los pedagogos, especialistas y demás.
¿Creéis que los padres harían bien trayendo a sus niños a ver vuestra exposición?
Sí, si son de aquellos padres dispuestos a acariciarle la coronilla al crío en cuanto lo que hace se parece a lo que haga un figurón que (supuestamente) gana mucho dinero, y a darle una galleta en cuanto no se parece tanto. Padres así, perfectamente capacitados para hacer que se siga venerando a quienes esté mandao, capaces de reñir a un niño por hacer daño a un perro pero felicitarle si se lo hace a quien diga la autoridad (por ejemplo, a los judíos), en fin, ese tipo de padres es el que queremos que acuda a nuestra exposición. Allí los estaremos esperando.
¿Cómo valoráis la oportunidad que se os da para profesionalizaros?
Todos nosotros vamos tirando a base de chorradas sobre las que no nos pregunta nadie, por suerte.
Quiero decir: para haceros Artistas Contemporáneos a jornada completa. ¿Vosotros creéis que daréis el salto si esta exposición tiene éxito?
No sé a qué se llama éxito en el caso de una exposición hecha sin afán de lucro... ¿Aplausos, propinas, mecenazgo, contratos exclusivos, redecoración de la Plaza Mayor, un rinconcito en los corazones de nuestros conciudadanos? Pero no pretendo ser un santo: yo también me vendería a quien me pusiera un estudio en Marrakesh y otro en São Paulo a cambio de poner mi apellido en todo papel que se me ponga a tiro...
¿Creéis que en Valladolid es más difícil exponer que en otras partes?
Depende la razón por la que quieras exponer y de quién quieras que te vea.
¿Deberían dar más ayudas el Ayuntamiento y las Instituciones a los artistas que empiezan?
Indudablemente. Y a los que acaban también, que no quiero que parezca que sólo pienso en mí. Más ayudas y menos exposiciones.
¿No os da miedo descubrir vuestras cartas tan pronto? Quizás esto haga que algunas personas influyentes os tengan clasificados antes de haber evolucionado lo suficiente.
No. Debe ser lo atrevida que es la ignorancia. Tampoco estoy seguro de que nadie recuerde dentro de tres años lo ruinosa que fue esta exposición si para entonces soy el artista mejor pagado del mundo o el borracho más tirado bajo el Puente Mayor.
Parece que queréis desvelar que cualquiera familiarizado con los materiales de lujo, tenga un mínimo de experiencia y algunos contactos, simplemente plagiando a su hijo ya tendrá abiertas las puertas del éxito. ¿Lo hacéis pensando en alguien en concreto? ¿No tenéis miedo a que os pongan en la lista negra por descubrir las estrategias del gremio?
Me remito a la respuesta anterior. Por otro lado, tampoco hay que exonerar a los paquetes de la responsabilidad que les corresponde por sus bodrios, diciendo que el mérito o demérito es de sus hijos y que ellos sólo son unos sufridos artesanos. Que no pague el hijo por los pecados del padre. Además, solo faltaría tener que decidir si es paradoja o tautología que haya niños que hacen arte, aunque sea arte del malo, porque sus padres son artistas porque copian a sus hijos que son hijos de artistas. ¡Acabáramos!
¿Cuánta pintura habéis gastado?
Depende como se mire... Por ejemplo, yo, parece que gasto mucha pintura en mis cuadros porque se nota que hay una capa densísima, pero es porque voy tirando del mismo lienzo, pintando encima una cosa distinta para cada ocasión hasta que por fin me libro de él. Pero antes que hablar por mis compañeros, prefiero desvelarte un verdadero secreto del oficio del que me enteré el otro día leyendo las páginas culturales del País: para diferenciar un cuadro de verdad de una falsificación sólo hay que prenderle fuego, y si arde muy bien y rápido y en diez minutos sólo te quedan las cenizas, alégrate, porque has hecho que haya una falsificación menos en la tierra. Así que ya sabes en caso de duda: el cuadro de verdad es el que tenía la pintura tan buena que tuviste tiempo de apagarlo.
¿Qué piensan vuestros padres de esto?
Como han hecho siempre, como siempre hacen los padres que observan ciertas inquietudes en sus hijos: “No, no lo hagas pensando en el futuro, sino en el ahora; no hagas cosas que no te convenzan ni a ti en la errónea convicción de que cada vez que se pasa por el aro es un paso adelante hacia la fama”. Por eso nos siguen repitiendo que nos dejemos de intentar llamar la atención y que nos pongamos en serio de una dichosa vez.
¿Es fácil exponer en Valladolid?
¡Y dale! ¡Ya hay demasiadas actividades culturales en Valladolid! Si quieres que diga que son pocas en comparación con otros sitios, donde hacen exposiciones hasta las hermanas de clausura y hay tantas videoinstalaciones que ver que hasta en la sede local del Corte Inglés preparan certámenes de teatro de vanguardia para que la gente se acuerde de entrar, pues sí, hay pocas. No te preocupes por los concejales que se aburren en sus oficinas, que cada año habrá más.
¿Vuestro futuro depende de esta exposición?
Si el futuro de alguien depende de una exposición como ésta, ya sea haciéndola o viéndola, más vale que se plantee seriamente su presente.
§ 2. De todos modos, muchos adultos resultan incapaces de aprender a hacer esto satisfactoriamente en toda su vida. No son defectos infantiles, sino problemas de pericia técnica, que las personas maduras también tardan en solventar, y no digamos aprender a resolver creativa y original. Es un insulto para los niños felicitarles por los errores suyos que haya que aceptar porque nos recuerdan a los logros de nuestros prohombres, mientras que otros les son vigilados y reprobados. Damos muestra de nuestra gilipollez y capacidad para adorar a quien nos digan. Es tan servil como reñir a un niño por hacer daño a un perro pero felicitarle si se lo hace a quien diga la autoridad (por ejemplo, a los judíos). También valdría la comparación con los que encuentran muy gracioso lo que no tiene más remedio que hacer un mono en cautividad.
§ 3. Sólo podemos valorar en los críos de forma mínimamente digna y consecuente lo que realmente es atractivo porque representa lo que oprime la bota social en todos, y que en ellos, durante su aprendizaje, y a la vez porque éste va sacándolo a la luz para aprobarlo o reprobarlo al conformar al crío, en un instante esquivo puede observarse con mayor pureza, porque no es producto de la casualidad ni de una búsqueda consciente. Pero nadie es aquí un santo y tenemos el peligro de encontrar los valores que ya tenemos (supuestamente) en nosotros. Por tanto es imprescindible crítica, autocrítica y mucha discusión, y posiblemente lo que quede no sea más que el campo de intersección entre ideal artístico y valores humanos que cada uno tenga hecho sin saberlo.
§ 4. Para mí, entonces, que se trata de buscar sin piedad las características que permanecen durante toda la época que los críos pintan por amor al arte y que más o menos también compartimos nosotros, sin que sean un criterio de excelencia per se: también pueden apreciarse en los pintores de Altamira, Jackson Pollock y los pensionistas-acuarelistas):
4.1. No hay borrador. Se dibuja siempre alla prima. El dibujo no ha de mostrar pentimentos; primero se hace sin complejos, a degüello, y cuando se vaya intentando dibujar figuras más icónicas, se repetirán los intentos de nuevo hasta alcanzar un resultado satisfactorio, en vez de insistir y mejorar el mismo dibujo.
4.2. La línea va apareciendo como si fuera sola y tiene tanto de error como de éxito. Los planes van cambiando según los caprichos del lápiz.
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4.3. A menudo sólo se sabe qué se ha dibujado cuando alguien te pregunta qué has hecho y de repente ves con los ojos de esa persona.
4.4. Ni se corrige ni se borra. Hasta que en las escuelas se les enseña trucos de profesional, los enanos, incluso cuando calcan cromos de Oliver y Benji, practican el salto sin red. Corregir es peor que tachar. No se quita nada, sólo se añade. No se puede volver atrás.
4.5. El bistre se echa, se mira como queda, y luego se echa más del mismo frasco o de otro.
4.6. No hay estrategia: se actúa intuitivamente, como haciendo una improvisación con uno mismo: acción/reflexión/acción...
4.7. Los colores son simbólicos y tanto da el rojo A que el rojo B, mientras no sea un naranja ni un morado. Colores ambiguos como los marrones y ocres son dignos de sospecha y siempre lo estropean todo.
4.8. El blanco (el fondo) no cuenta. O no es nada o es cualquier cosa. El lápiz blanco es otro de los que nunca se sacan de la caja.
4.9. El dibujo más verdadero es el más lleno, el que menos blanco tiene, porque en todos sitios vemos que hay algo y el vacío no existe.
§ 5. Pero tengo para mí que si observásemos dibujos hechos por personas que dibujan mal, que hace 50 años que no hacen un garabato, veríamos que la razón por la que sus dibujos les parecerán malos o embarazosos no será el encorsetamiento impuesto por sus profesores y la sociedad (al que muchos no tendrían nada que objetar). Observaremos tal o cual rasgo de inexperiencia o de falta de formación típico de los niños, y veremos que hay quienes se han quedado al nivel de un niño de 5 años, de 8 o de 12 lector de mangas, sin que eso tenga relación con su inteligencia. Quizás la enseñanza académica haya dejado sin frescura a los que hayan recibido clases de dibujo de un zote, pero para la inmensa mayoría, su capacidad de dibujo quedó olvidada cuando dejaron de dibujar en clase o en casa, y más o menos a ese nivel la encontrarán si vuelven a dibujar cuando se jubilen.
§ 6. Pero ¿por qué nos parece mal que una señora de 40 años pinte como un niño de 5? Respuesta: porque el niño de 5 años pinta de forma acorde al desarrollo de su pensamiento y todo eso. ¿Entonces es que la señora ha de pintar como una señora de 40 años; es que Barceló pinta tienen que pintar los señores de 45 años? No, es que a partir de no se sabe qué momento cada uno tiene la carga y la responsabilidad de pintar lo que quiera. Los niños, no pintan con el estilo con que más les gusta expresarse, sino que simplemente reflejan tal cual su condición cuando pintan; y me gustaría poder decir algo acerca de los dibujos de los retrasados mentales sin miedo a meter del todo la pata, si alguien sabe algo al respecto, que añada algo. Los niños (y los retrasados) aún no saben que el dibujo es un arte y una técnica para decir mentiras de muchas maneras. Pero a la señora en cuestión no la creemos tan inocente. (Los dibujos de los niños traumatizados son horripilantes temáticamente; formalmente son similares a los de los niños normales. Los dibujos de los locos no tienen nada que ver con esto.
§ 7. Añado algunas reflexiones para combatir el insomnio:
7.1. Qué es el dibujo infantil: No existe. Tampoco existen los niños. Cada puto crío es una cosa que cada día está en un punto distinto de un área extraña situada entre la inteligencia animal y la humana. Los pobres críos quieren un rato parecerse a sus padres y al otro se les han pasado las ganas.
7.2. A los críos no les gusta dibujar así. Se lo pasan bien haciéndolo, pero sus dibujos sólo les gustan mientras se creen que son dibujos normales. Cuando los comparan con los “dibujos de verdad” los rompen. Los críos no valoran sus dibujos por sí mismos; sus dibujos sólo son interesantes para sus familiares y artísticos para nosotros, que somos unos pedorros cohibidos. Los críos no hacen arte. Miró, Picasso y toda la peña hicieron de los críos, los negros y los perros unos artistas y algunos funcionarios aprovecharon y proclamaron que El Niño es El Verdadero Artista.
7.3. Los críos pintan porque les divierte a tantos niveles (físico, visual, mental, comunicativo...) que ni son conscientes de lo que hacen. Un buen día se descubre que han comenzado a querer hacerlo bien, y que se fijan en los comics o ilustraciones que les rodean, y los imitan con unos recursos limitados y el feliz atrevimiento que da la ignorancia. El que nunca ha visto más que ceras plastidecor se cree que la capilla sixtina se pintó con “plastidecor de mayores”. Hay una de cal y una de arena. Hay que fijarse cuánto de cada hay en cada caso. El que quiera que un crío se quede parado en un porcentaje determinado a su gusto es un canalla, un Herodes.
7.4. Cuando se descubre que mediante el bistre también se puede representar la realidad, se hará al mismo nivel que los juegos y los monólogos infantiles: se rehace la propia vida corrigiéndola cada uno a su manera, adaptándola a los propios deseos, “una asimilación deformadora de lo real al yo”. Algo así como quien piensa que Dios tiene el rostro de su abuelo, la virgen el de su madre y los santos se parecen a los de cierto concurso televisivo. Así que uno lo ve todo a su escala. A esto se suma que estos contenidos quieren expresarse en signos de cosecha propia. Me explico: Igual que a los 6 o 7 años casi todo el mundo conoce perfectamente la lengua materna y justo el mes antes tenía que inventarse expresiones privadas, incomprensibles para los demás, allí donde le faltaba conocimiento, antes de que tener un repertorio articulado de monigotes que todo el mundo reconoce como coches, papá, mamá, un camino que lleva a la puerta de la casa para crear profundidad, un abeto, etc., cada uno inventaba sus símbolos sobre la marcha, que no tenían significado más que para él en ese instante. Si esto parece muy profundo es porque es de un libro de Jean Piaget disponible en cualquier biblioteca pública o en todo Rastrillo decente.
7.5. Dejamos de dibujar a los 10 o 12 años: de repente nos ha crecido un criterio estético de lo bueno y lo malo (incluso tenemos gustos) y encima ya no tenemos tiempo que perder (preferimos jugar al fútbol o aprender a fumar con las chicas en los lavabos de ídem). Nuestra habilidad plástica se queda tan estancada respecto a las demás que comenzamos a avergonzarnos de ella. No sólo se trata de que se pierda la “frescura”, sino de que nada pintamos ya porque sí, si pintamos siempre es por algo.
7.6. Así que en una sucesión de dibujos infantiles tenemos la triste (o la no tan alegre) historia de cómo el crío pasa a ver el mundo como casi todo el mundo y a describirlo como uno sabe que van a entenderle (o eso espera). Al tiempo, también la historia del desarrollo de una inteligencia que esperamos sea utilizada para el bien. Donde me parece que hay trampa es al presentar que lo que tienen de malo (e inevitable) la educación (y la sociabilidad) consistiera en hacernos perder lo que en estado puro tenemos cada uno de geniales y únicos, y nuestros héroes fueran los que hubieran superado las mezquinas limitaciones sociales, etc. (Si alguien ha llegado a la página 8 de Los Tubos reconocerá esta cantinela y sabrá como sigue.)
§ 8. Según mis lecturas, lo que llamamos lenguaje no es más que “una forma particular de la función simbólica”. Es decir: la aplicación de la función simbólica (que en diferente medida también se puede apreciar en los animales) puede tener lugar de múltiples maneras: gestos, música, ruidos, grafismos, muecas, recreaciones mímicas... (En los que, a su vez, el uso simbólico/referencial sólo es uno de los tantos posibles.) Sólo unas pocas de estas formas de aplicación pueden decirse lenguajes: aquellas en que puede apreciarse sistematicidad: recurrencia organizada de unos pocos elementos para crear a partir de ellos virtualmente infinitos mensajes. Y sólo una parcela mínima del lenguaje, pero que pretende hacerse pasar por el todo, corresponde al lenguaje oral. Y el lenguaje icónico también es una faceta ínfima de las posibilidades de representación simbólica visual. (Gran parte de la historia del arte moderno narraría la pugna por acabar con los monopolios, y otra, los intentos de reivindicar parcelitas olvidadas por quienes previamente las habían registrado a su nombre...)
8.1. Se supone que el carácter colectivo es también fundamental en los lenguajes pero no lo tengo claro: uno puede inventarse un código de señalización de la noche a la mañana y si está bien hecho lo entenderá todo el mundo aunque no vuelva a ser usado jamás por nadie. Esta claro que los críos, igual que aprenden su lengua materna, se dan cuenta de que para que sus amigos y ellos mismos entiendan sus propios dibujos de un día para otro tienen que buscar la mayor generalidad. Hablar visualmente en el mismo lenguaje. Los ensayos y errores y dudas que se cometan a este nivel no han de confundirse con digresiones estéticas ni muestras de talento, con el dibujo puro. Pero a ver quién es el guapo que lo distingue.
§ 9. Pienso yo que aquí además hay algo de histórico: nos asombran los dibujos infantiles de Leonardo o Goya a los 10 años: con errores de perspectiva, volúmenes y escorzos, el trabajo por ser hacer justicia a lo que de verdad se ve (o a lo que hay que ver) es muy superior al actualmente propio de un adulto realista. Se me ocurre que hemos llegado a pensar que el proceso de abstracción por el que pasamos de lo más particular y concreto a lo más general y multiuso es algo natural e intemporal, ahistórico y que quizás los niños nunca hasta el siglo XX habían pintado a las personas de esta manera. Que lo que creemos que es el modo de representar espontáneo en los críos también es un producto de los adultos. Aunque a la vez pueda ser un lenguaje icónico derivado de los tebeos, los cuentos y las pintadas en las paredes que pasa de generación a generación de críos de tres años, a espaldas de todos los que lo han olvidado.
§ 10. Los niños sabrán qué cojones representa lo que dibujan, si es que representa algo. Nosotros, aunque disfrutemos del dibujo como los enteradillos que somos, podemos hacerles el favor de no ensalzarlo falsamente con los piropos propios de nuestro sector. Es más: nos arriesgamos a que nos digan que hemos descubierto lo que todo el mundo lleva un siglo diciendo: que los artistas profesionales llevan un siglo pintando como niños de seis años porque sus agentes les dicen que es la forma más barata, rápida y segura de producir cuadros al por mayor. Y que encima no está mal ese truco.