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Web Master: Salvador Javier Lavergne Arcos - (c) 2003 - República Argentina  


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Serie de Lecturas Recomendada: L-088

      Cátedra de Geotecnia

  Prof Ing R. H. Rodríguez Vázquezz

 

CON UN BARÓMETRO
 
Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio  Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota: 
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner  un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.    Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de  alguien imparcial y fui elegido yo.
 
Leí la pregunta del examen y decía: Demuestre cómo es posible determinar  la  altura de un edificio con la ayuda de un barómetro.
 
El estudiante había respondido: Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio,  marca  y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio.
 
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la  resolución  del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y  completamente.
 
Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el  promedio de su año de  estudios, obtener una nota más alta y así certificar  su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante
 tuviera ese nivel.
 
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos  para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia  de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le  pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenia muchas  respuestas  al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por  interrumpirle y le rogué que continuara.
 
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: coge el  barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el  tiempo  de caída con un cronometro. Después se aplica la fórmula altura 0, 5 por A  por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté  a  mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
 
 Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que  me  contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas  maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la
 altura  del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la  longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción,  obtendremos también la altura del edificio.
 
 Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Si, contestó, este es un  procedimiento  muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método,  coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas  el  numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del  barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.
Este  es un método muy directo.
 
 Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento más sofisticado, puede  atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si  calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la  gravedad  es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al  descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla  fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.

En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes  calcular la altura midiendo su periodo de precesión. En fin, concluyó,  existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el   Barómetro  y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle:  señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura  de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le  pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la  diferencia de presión marcad  a por un barómetro en dos lugares diferentes nos  proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente,  dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían  intentado enseñarle a pensar.
 
El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física  en  1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con  protones y neutrones y los electrones que lo rodean. Fue fundamentalmente un innovador  de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y  curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia, es que LE HABIAN  ENSEÑADO A PENSAR.


...... Espero que os haya gustado. Por cierto, para los escépticos, esta  historia es absolutamente verídica.------

 

 
 

 

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