POESÍA

Ruth Hurtado

 

Ese lar llamado Paita

Tras el mar
Donde asoman los barcos de desconocidas tierras
Aún permanece el cuadro pintado por retazos del recuerdo
Desde el fondo
Sobre su verde y aterciopelado manto
Una rosa roja rediviva aparece cada día
Salpicando pétalos que alfombran
El trasluz de sus espejos incoloros,
Y caen en la orilla perfumando con su esencia
La mañana levantada.
Una gaviota blanca cruza el infinito
En su pico una línea ondula tras un cometa de papel
Cargado de naipes apostando
A la carta de la espada floreciente
Que señale el triunfo en el puerto
La espuma de las olas lame
La arenisca plateada, la que enseña.
La fuerza del oleaje se desmaya
Derramando en su retiro diminutos caracoles
Engendrando el comienzo de la noche.
Cae el manto azul
Y el zigzag de los reflejos de la luna
Escribe sobre el agua añil el lenguaje esotérico
Los adagios milenarios, magia de ese puerto
Convirtiéndolo en eterna ensoñación.
Paita… pueblo querido.

Canto de sirena

Con una tenue sonrisa
Busco el árbol que dé sombra a mis ensueños
Jilguero trino de los atardeceres,
Buscando la luz que alumbra mi camino.
Como grito de un ave que vuela de rama en rama voy
Entonando el canto que dé vida
Busco la calidez que me cobije
Errante bajo el sol
Pequeña imagen voy, sigo avanzando
Entre cánticos de hombres que en sus barcas,
Surcan los mares allá lejos,
Aquellos mares que bañaron mi figura
Y que derraman entre gotas de esperanza
la luz que aquieta mi alma peregrina
Busco algo que no pude retener
Que como pájaro su nido cobijase entre mis sueño
Mas encuentro la paz al contemplar el mar
Verde azul, las crestas blancas, la danzarina espuma
Ella lame con calidez mi figura
Dibujada entre esos cerros junto al mar
Donde vaga mi alma noche a noche
Y se escucha un canto de sirena
Cuando caen los rayos de la luna.

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