POESÍA

Eduardo Borja

 

111

Mi dolor es de una Geometría antigua

y una calle sola,

llama que arde mil novecientos catorce

veces en Arcos sin triunfos.

 

Es de un mate frío

fracturado en cien gotas que llenan

un atlántico cruzado por tres carabelas

que descubren un maíz más gigante que Aragón.

 

Mi dolor –puede decirse- es paralelo al amor,

en un Cristóbal sin Abascales

y en cien Martas obsequiando unguentos.

 

He aprendido del gallo dos cosas:

ver la vida nacer

y ver la muerte llegar,

multiplico mis vigilias en mejillas secas

y me abrigo en el frío zinc.

 

Mi dolor –digo- es de una Geografía triste,

valles que inrrumpen cuatrocientas veces

mi cuerpo negro,

Pongos atravesando mil cuerpos,

árboles que dan fruto

en lutos y carnavales sin febreros;

 

Es de siete días y ocho noches

mojado el silencio

en un triángulo perfecto:

Vida, amor y dos muertes.

 

Mi dolor es de una Geometría antigua

y una calle sola.

 

117

Observé al mundo dar vueltas

como a la hora del gato

inclinado en grados que dan lunes

y en kilogramos que dan pena;

 

Miraba al último delfín morir

en siete mares menos uno

durmiendo en párpados que dan sed

y en filetes que dan hambres;

 

Buscaba en mis ojos las naves

de piratas escondidos

respirando las aguas de los días

y la tierra de las horas;

 

Contemplé al último cóndor freír

En sartenes sin aceites,

De sus plumas siete otoños

De sus patas un buen caldo;

 

Buscaba en mis piedras

los riñones escondidos de

una tribu en siete danzas

menos una;

 

Miré al último oso panda morir

sin valses en bambúes,

de sus ojos cinco noches

de su piel siete alfombras

menos una;

 

Busqué en mis manos

el reposo de los dientes

en tritura de un calor

que me quema en fuego negro;

 

Divisé al último árbol morir,

lloraba como Hebaristo

el Sauce que murió de amor,

lloraba de lunes sin medianoches;

 

Bebí de su savia

el oxígeno y sus venas

en huelgas de trementina

y en marchas de aguas secas;

 

Miré al último niño morir

sin azúcares almendrados,

de su risa un gran circo

sin payasos que lo llenen.

 

Toqué un abecedario

y enmudecieron siete letras

huyeron al bosque blanca nieve

y las siete potencias.

 

Observé al último hombre morir

como a la hora del gallo,

de sus uñas veinte entierros

de su historia, una fábula.

 

Desperté muy de mañana

y enmudecí al ver al mundo

inclinado en grados que dan lunes

y en Kilogramos que dan pena.

 

Renunciemos a la Raza Humana

Dada las circunstancias

renunciemos pues todos a la raza humana.

 

[Unámonos juntos] en nuestras miradas;

arroz, palos, civilidad...

Demos contra el sí del momento que tiene horas,

del niño cansado de sus cansados ojos niños,

- y el trono? -

 

Paciente la gente adquirió su riqueza

más paciente el pobre heredó su pobreza

y en la entrada de esa cueva

habita un enorme sebo,

también un mimo que nos engaña a todos

- y el trono? -

 

¡Salgamos pues afuera y renunciemos

a la raza humana!

[Unámonos juntos] en nuestras hambres

clavos, martillos, marchas...

Demos contra el no del momento que tiene minutos,

de la mujer cansada de sus cansadas menstruaciones,

y el trono?... SIGUE ESPERANDO MARTES.

¡Salgamos pues afuera, y demos contra el momento

que tiene segundos¡

contra el hombre cansado de sus cansados ojos martes.

 

 

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