Este cirio arde  en memoria de

Juan Calderón Fabres

(24 de Febrero de 1945  -

21 de Septiembre de 1997)

En Busca de un Amigo


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Cantor Popular Picaresco

 

 

 


 
 

 

 

No es preciso que seas un hombre; me basta que seas humano; me basta con que tengas sentimientos; me basta con que tengas corazón.

Es necesario que sepas hablar y llegar al corazón, y sobre todo que sepas escuchar. Tienes que gustar de la poesía, de las madrugadas, de las aves, del Sol, de la Luna, de las estrellas, del canto de los vientos y de las canciones de la brisa.

Debes tener amor, un gran amor por alguien.

Debes guardar los secretos sin sacrificarte por ello.

No es necesario que seas de primera mano; tampoco es imprescindible que seas de segunda mano; puedes haber sido engañado, pues todos los amigos lo son alguna vez.

No es necesario que seas puro, ni que seas del todo impuro; pero no debes ser vulgar.

Debes tener ideales, y miedo de perderlos. Y, en caso de ser así, debes sentir el gran vacío que ello deja.

Debes tener sentimientos humanos. Tu principal objetivo debe ser el ser amigo. Debes sentir pena de las personas tristes y comprender el inmenso vacío de los solitarios.

Debes gustar de los niños, y debes apenarte por los que no han podido nacer y por aquellos a quienes se lo han impedido.

Busco un amigo para compartir los mismos ideales: alguien que se conmueva cuando sea llamado «amigo», alguien que sepa conversar de las cosas simples y sencillas, y escucharlas también. Y recordar la infancia.

Todos necesitamos de un amigo para no enloquecer, para contarle lo que hemos visto de bello y de triste durante la jornada, de los deseos y realizaciones; de los sueños y realidades.

Han de gustarte los caminos desiertos; el agua que deja los caminos mojados; la ribera de un río; la playa de arenas infinitas; el bosque después de la lluvia; y has de deleitarte en los campos.

Necesito de un amigo, de un amigo que me diga que vale la pena vivir, no porque la vida sea bella, sino porque tengo un amigo...

Necesito de un amigo para dejar de llorar; para no vivir lamentándome del pasado, en busca de un recuerdo perdido, moviendo los hombros, sonriendo y llorando. Necesito de alguien que me llame «amigo» para tener conciencia de que aún me encuentro vivo, que existo...

———Anónimo.

Así como el autor o autora de estas hermosas palabras, muchísimas son las personas que buscan un amigo o una amiga para compartir sus alegrías y dolores, sus realizaciones y frustraciones, para unirse en la solidaridad y juntos vencer a la soledad, o para madurar su propio espíritu.

En la infancia y en la temprana juventud, todos somos puros, y desarrollamos amistades limpias, puras; pero a medida que vamos madurando, al transcurso de los años y la acumulación de las experiencias del cotidiano vivir, las amistades se van tornando interesadas, por ambos lados, pues se basan en los intereses de cada uno de nosotros, frecuentemente intereses mezquinos.

En esta etapa de mi vida, he leído la obra de Hermann Hesse, titulada Narciso y Goldmundo, que cuenta la relación entre un alumno de un convento y su maestro. Narciso, percibiendo que Goldmundo no tiene vocación para la vida monástica, despidiéndose del amigo, le dice: “Suceda lo que suceda contigo o conmigo, vaya yo o tú a hacer esto o aquello, jamás, en el momento en que verdaderamente me busques o necesites de mi ayuda, me encontrarás indiferente, nunca.”

 

 

 


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