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Este cirio arde en memoria de Juan Calderón
Fabres
(24 de Febrero de 1945 —— 21 de Septiembre de
1997)
Biblia y Homosexualidad

Algunas Breves Precisiones Acerca de
la Condena Bíblica de la Homosexualidad
I N T R O D U C C I Ó N
_______________________
A menudo, los
autoproclamados «líderes espirituales», los teólogos y los doctos escriturarios
de las diferentes y antagónicas iglesias y sectas de la cristiandad
contemporánea, imbuídos de un celo digno de mejor causa, proclaman a voz en
cuello la vigencia de terribles anatemas en contra de la homosexualidad y de los
homosexuales. Tales afirmaciones se derivan o interpretan de unos cuantos
pasajes de la Biblia considerados aisladamente, tanto de su contexto como del
marco de circunstancias particular a cada caso. Por otra parte, resulta del
todo incomprensible el que la generalidad de las personas continúen aceptando a
ciegas ciertas afirmaciones dogmáticas acerca de la condena bíblica de la
homosexualidad y de los homosexuales, especialmente desde que tantos dogmas han
sido puestos en tela de juicio o, al menos, reexaminados, a la luz del
conocimiento bíblico en aumento a través de los siglos pasados. Esto es
especialmente incomprensible en lo que se refiere a la comunidad homosexual de
los países occidentales, donde predomina una visión que se ha dado en llamar
«judeo-cristiana», debido a la gran influencia que han ejercido, y aun ejercen,
los poderes eclesiásticos para imponer, mantener y extender su dominio y
designio sobre las conciencias de las personas, conculcando impíamente el libre
albedrío de que cada persona está dotada en virtud de su condición de «persona»
y creación divina consciente. La comunidad homosexual, incomprensiblemente,
reitero, a riesgo de parecer majadero, en lugar de promover una revisión del
verdadero alcance y el real significado de lo que las Sagradas Escrituras dicen
en cuanto a la homosexualidad y los homosexuales, se han contentado con adoptar
actitudes, muchas veces extremistas, que van, desde una resignada aceptación de
las afirmaciones homofóbicas que se les proponen a título de dogmas de fe (y
que consideran incontestables en la forma y en el fondo) hasta un total y
absoluto rechazo de toda religión debido a la condena de su orientación sexual,
según lo que suponen que la Biblia dice por lo que los eclesiásticos dicen,
pero que no es forzosamente la verdad del asunto. De hecho, los poderes
eclesiásticos no están interesados en el bienestar de las personas, sino en el
bienestar y prosperidad de sus organizaciones religiosas. Entre estos extremos,
algunos niegan toda validez a los textos bíblicos que se suelen citar en contra
de la homosexualidad y de los homosexuales. Otros desarrollan una indeferencia
despreocupada e indolente. Unos cuantos, en tanto, intentan explicar las
referencias bíblicas que se les oponen a través de una exégesis muchas veces
insustentable. En todo caso, los enunciados eclesiásticos que condenan a la
homosexualidad y a los homosexuales, y que infunden no poco temor a muchos
homosexuales, demuestran y evidencian, sin duda alguna, el más completo y
absoluto fracaso de las iglesias para tratar el tema de la homosexualidad en
términos realmente concordantes con el espíritu y la letra de los textos
bíblicos y de la enseñanza del cristianismo, el cual, paradojalmente, y para
sorpresa de muchísimos, poco o nada tiene que ver con las iglesias y sectas
contemporáneas que se ufanan de autoproclamarse «cristianas» ni mucho menos con
la homofobia eclesiástica que todavía reina en muchas partes del mundo.
La verdad es
que, contrario a lo que muchos suponen, la Biblia no dice (y, por lo tanto, no
apoya) lo que muchos creen, piensan o dan por hecho que dice. Es una soberana
pretensión el que alguien o algún grupo en particular se atribuya autorización
y autoridad «divina» para «interpretar» la Biblia, porque no la tienen, ni
jamás la han tenido.
En efecto, al
examinar las Sagradas Escrituras, uno descubre, quizás si hasta con asombro,
que no dicen absolutamente nada específico acerca de la orientación homosexual
en sí misma, a pesar de la innegable condena explícita de ciertos actos homosexuales
que se pueden hallar en varios lugares del Texto Sagrado, ya que, como el
afamado «Nuevo Diccionario Bíblico» reconoce: «La Biblia no dice nada
específicamente acerca del estado homosexual.» (Primera edición, Ediciones
Certeza, impreso en Chile por Morgan Internacional Ltda. bajo la dirección de
J. D. Douglas y N. Hillyer, 1991, página 611.). Sin embargo, el verdadero
alcance de dicha censura debe estudiarse cuidadosa e imparcialmente, libre de
apasionamientos, para llegar a una conclusión lo más exacta posible, sin forzar
al texto bíblico a decir lo que no dice ni a callar lo que en verdad sí dice.
Con demasiada frecuencia se ha esgrimido la indiscutible autoridad de las
Sagradas Escrituras para utilizarla como una muy eficaz herramienta con la cual
vencer y anular inapelablemente cualquier oposición y zanjar definitiva e
irredargüiblemente toda y cualquier disputa en torno al tema. Los argumentos
homofóbicos que se han derivado de interpretaciones absolutamente arbitrarias y
de manifiestas manipulaciones y tergiversaciones de ciertos pasajes de la
Biblia, a menudo suelen ir demasiado lejos, mucho más allá de lo que ella dice
y autoriza a decir en cuanto al tema.
En tanto,
considero pertinente decir por anticipado que, no obstante cuanto se diga, las
referencias bíblicas a la «sodomía» no son tantas, ni tan específicas, como
algunas personas quisieran que lo fuera.
Personalmente,
como cristiano que me confieso, y puesto que, como tal, reconozco y acepto la
autoridad de la Biblia como verdadera y auténtica Palabra inspirada de Dios, y
puesto que me declaro y reconozco homosexual, considero de mucha importancia, y
del todo valedero, el examinar y estudiar detenida y exhaustivamente lo que la
Biblia dice en cuanto a la «sodomía». Esto, creo yo, es algo sumamente
necesario debido a las implicancias que ello tiene para quien profesa creer en
las enseñanzas de Cristo Jesús, independientemente de la filiación religiosa
particular de uno. Más allá de si uno sea católico, protestante, ortodoxo, o
miembro de alguna de las otras iglesias cristianas existentes en la actualidad,
existe el hecho innegable de que todos los adherentes a cualquiera de las
iglesias de la cristiandad actual consideran a la Biblia como una autoridad de
origen divino, a la cual se suele apelar en diferentes circunstancias y
cuestiones vitales.
Para obtener
una visión del punto de vista bíblico que se ajuste lo más estrechamente
posible a las declaraciones efectivamente expuestas en las Sagradas Escrituras
acerca de la «sodomía», y atendiendo a su propia estructura, he considerado
necesario examinar las referencias escriturísticas relacionadas con la
homosexualidad atendiendo a las dos grandes secciones que son el Antiguo
Testamento y el Nuevo Testamento.
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PRIMERA PARTE
EL ANTIGUO TESTAMENTO Y LA HOMOSEXUALIDAD
Introducción
Se acostumbra a
dar el nombre de «Antiguo Testamento» (con el significado de «Pacto Antiguo», y
que se refiere al Pacto de la Ley mosaica) a la primera y más antigua de las secciones
de la Biblia, y que comprende 39 libros, 929 capítulos y 23.145 versículos, de
acuerdo al texto presentado en la Versión Valera Revisada. En estos apuntes, he
usado la traducción de la Biblia generalmente conocida como «Versión
Reina_Valera Revisada» o «Versión Valera Revisada» [«La Santa Biblia» Antigua
Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602)],
revisión de 1960, en atención a su amplia difusión y aceptación en los países
de habla hispana, lo que la hace una traducción interdenominacional. No
obstante, en los lugares en que es necesario hacer manifiestas algunas
variaciones textuales, lecturas alternas o diferencias notables con esta
versión, he citado o hecho referencia a otras versiones o traducciones
modernas, a las que he identificado oportuna y claramente en cada caso y lugar.
Muy
particularmente cierto en lo que se refiere al Antiguo Testamento es lo que ya
antes he afirmado en relación con la entera Biblia: los textos bíblicos que se
refieren a la homosexualidad no son tantos, ni tan específicos. En cualquier
caso, las referencias veterotestamentarias que pueden citarse como innegables
condenas a la «sodomía» en el Antiguo Testamento, son muy desafortunadamente
citadas y aplicadas, así como peor explicadas, por la propaganda homofóbica de
las iglesias, de las sectas y de ciertas personas que han asumido el papel de
moralistas y moralizantes de las demás personas, desatendiendo la atención que
en cuanto a este tema deberían dar a su persona, primeramente, así como a las
instituciones que representan o de las que forman parte. A esto se refirió
Jesucristo, el fundador del cristianismo, cuando dijo: «Dejen de juzgar, para
que no sean juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán
juzgados; y con la medida con que miden, se les medirá. Entonces, ¿por qué
miras la paja que [que hay] en el ojo de tu hermano, pero no tomas en cuenta la
viga [que hay] en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes decir a tu hermano: «Permíteme
extraer la paja de tu ojo»; cuando ¡mira!, hay una viga en tu propio ojo?
¡Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás
claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano.» (Mateo 7:1-5;
«Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras—Con Referencias», edición
revisada de 1987.).
En el Antiguo
Testamento, las referencias directas a «Sodoma», «sodomita» y «sodomitas», que
se encuentran en ciertas traducciones al español, como la afamada y ampliamente
difundida Versión Reina-Valera (o Versión Valera Revisada), revisión de 1995,
suman un total de cuarenta y tres versículos, que son: Génesis 10:19; 13:10,
12, 13; 14:2, 8, 10, 11, 12, 17, 21, 22; 18:16, 20, 22, 26; 19:1, 4, 24, 28;
Deuteronomio 23:17; 29:23; 32:32; 1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46; Job 36:14;
Isaías 1:9, 10; 3:9; 13:19; Jeremías 23:14; 49:18; 50:40; Lamentaciones 4:6;
Ezequiel 16:46, 48, 49, 53, 55, 56; Amós 4:11; Sofonías 2:9. Pero, de todas
estas referencias mencionadas, en Génesis 10:19 se la cita en relación con los
límites de la tierra de Canaán; Génesis 13:10, 12 solamente se refieren al
distrito o comarca que escogió Lot, al separarse de su tío Abrán (después
renombrado «Abrahán»); las ocho menciones que aparecen en el capítulo 14 de
Génesis se refieren a la rebelión de las ciudades de la Pentápolis [«Cinco
Ciudades»] del valle de Sidim en contra de la soberanía de Kedorlaomer, rey de
Elam, la expedición punitiva realizada por este monarca para castigar a los
rebelados, y los resultados finales de esa acción militar; Deuteronomio 29:23
es apenas una referencia a las destruídas ciudades del valle de Sidim en el
discurso de Moisés en las llanuras de Moab, poco antes de su muerte, exhortando
al pueblo israelita a ser fiel a Yahwêh su Dios; Deuteronomio 32:32 forma parte
de un cántico compuesto por Moisés, poco antes de su muerte, también, la letra
del cual habría de ser para los israelitas un testimonio adverso si olvidaban a
Yahwêh su Dios y traspasaban las estipulaciones establecidas en el Pacto de la
Ley; Isaías 1:9 está mencionada como una comparación que hace el profeta, por
eso es que en Isaías 1:10, a los líderes del pueblo israelita del reino de Judá
se les llama «príncipes [literalmente, «dictadores»] de Sodoma», en tanto que a
los israelitas habitantes del reino de Judá se les llama «pueblo de Gomorra»;
lo mismo sucede con Isaías 3:9, donde el profeta está refiriéndose al juicio de
Dios contra Judá y Jerusalén; Isaías 13:19; Jeremías 49:18; 50:40;
Lamentaciones 4:6; Amós 4:11; Sofonías 2:9, hacen referencia a Sodoma solamente
para referirse a la destrucción, devastación, despoblamiento, abandono y
arruinamiento de Babilonia, Judá, Jerusalén y Samaria; las referencias del
capítulo 16 del libro del profeta Ezequiel están todas referidas a la
denunciación profética de los reinos israelitas de Judá e Israel. Por lo tanto,
luego de este somero avance de análisis de todas las ocurrencias de las
palabras «Sodoma», «sodomita» y «sodomitas» a través del entero Antiguo
Testamento, quedan por analizar los textos de Génesis 13:13; Deuteronomio
23:17; 1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46 y Job 36:14, sin contar los textos de
Levítico 18:22; 20:13 y Deuteronomio 23:18, en los cuales la Versión Valera
Revisada de 1960, y la posterior revisión de 1995 de esta misma versión, usa
otros términos.
Por lo tanto,
resumiendo lo ya visto, las referencias a la «sodomía» que se encuentran en el
Antiguo Testamento, de acuerdo a la Versión Reina-Valera Revisada de 1960, son
extremadamente pocas: en esta versión, las palabras «sodomita» y «sodomitas»
aparecen una vez en la Toráh o Pentateuco (Deuteronomio 23:17), tres veces en
los Nevi'ím o Profetas (1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46) y una vez en los Kethuvím
o Escritos (Job 36:14). En tanto, una vez aparece la expresión «echarse con
varón como con mujer» (Levítico 18:22), como también una vez la frase
«ayuntarse con varón como con mujer». (Levítico 20:13.). Aparte de eso, la
Toráh hace referencia a «perro» (en hebreo, «kélev»), una vez, en un contexto
que hace manifiesto que también se refiere a la «sodomía». (Deuteronomio
23:18.). En total, pues, las referencias explícitas e indudablemente directas a
la «sodomía» que aparecen en el Antiguo Testamento se reducen a ocho versículos
de un total de 23.145 versículos que contiene el Antiguo Testamento, lo que
porcentualmente es ínfimo. Aparte de eso, existen dos relatos que
frecuentemente son citados en conexión con el tema: el que se refiere a Sodoma
y las otras cuatro ciudades de la llanura baja de Sidim, y el que se refiere a
los israelitas de la ciudad benjaminita de Guibeah o Gabaa, el primero en el libro
de Génesis (y que es mencionado en otros lugares de la Biblia también), y el
segundo en el libro de los Jueces.
En el relato
bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace
mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo»
(Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que
«los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.»
(Génesis 13:13.). Con todo lo que se ha dicho y escrito a través de siglos de polémica,
conviene preguntarse: ¿qué es la «sodomía»?
Porque el mejor
argumento que han encontrado ciertas personas para apoyar sus afirmaciones
homofóbicas, pretendiendo darles una aureola de autoridad espiritual, proviene,
principalmente, del relato bíblico que se halla registrado en Génesis
18:16_19:29. A estos 47 versículos, se suele agregar lo registrado en Génesis
13:13, que dice: «Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra
Jehová en gran manera.»
SODOMA, ... LA CIUDAD Y LA COMARCA.
Sodoma fue una
antigua ciudad cananea, situada junto al límite suroriental de la tierra de
Canaán (Génesis 10:19; 13:12), a menudo mencionada junto con Gomorra, que debió
ser la más importante de las cinco ciudades que, de acuerdo al registro
bíblico, estaban situadas en la Llanura Baja o Valle de Sidim, y que,
actualmente, se encuentra sumergido bajo las aguas poco profundas de la
extremidad meridional del mar Muerto, al sur de la actual península de el-Lisan
[árabe, «la Lengua»]. (Génesis 14:2, 3.). Al separarse Lot de su tío Abrán,
para evitar las disputas entre sus respectivos grupos, aquél escogió la bien
regada y fértil zona del «Distrito del Jordán», y asentó sus tiendas en las
vecindades de la ciudad-estado de Sodoma, donde se dió cuenta de que «los hombres
de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.» (Génesis
13:5_13; 2 Pedro 2:7, 8.). Hacia 1953 a. de J.C., aproximadamente, luego de
haber estado sometidos a la soberanía de Kedorlaomer, rey de Elam, las cinco
ciudades-estados del valle de Sidim se rebelaron. Al año siguiente,
Kedorlaomer, auxiliado por las fuerzas militares de otros tres reyes
mesopotámicos vasallos suyos, se dirigió a la zona para reimponer su dominio,
derrotando a Bera, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de
Admá, a Seméber, rey de Zeboyim, y al rey de Bela (después llamada Zóar), en
una batalla librada en la misma llanura baja de Sidim. Los vencedores tomaron
botín y cautivos, los cuales fueron recuperados por Abrán mediante un
sorpresivo ataque nocturno combinado de sus fuerzas y las de Aner, Escol y
Mamré, amorreos confederados suyos.
Evidentemente,
la derrota de los reyes mesopotámicos, significó la consolidación de la
independencia para las ciudades de la tierra de Sidim, como para las demás ciudades
y pueblos del Levante previamente sometidos a la soberanía elamita. La
ciudad-estado de Sodoma, evidentemente, pasó a detentar la hegemonía sobre las
demás ciudades-estados sidimitas, ya que su nombre pasó a ser sinónimo de toda
esa región, y Gomorra debió ser la segunda ciudad-estado en importancia,
después de Sodoma. Por lo tanto, Sodoma se convirtió en una ciudad rica,
próspera, cuyos habitantes podían sentirse muy seguros en relación con los
medios materiales con que contaban.
La religión
cananea, como es bien sabido, otorgaba gran importancia a formas cultuales que
incluían la prostitución de individuos de ambos sexos para el beneficio de cada
uno de los templos a los que estaban consagrados, y el sacrificio de niños,
principal y generalmente, los primogénitos, como ofrendas quemadas a las
deidades que adoraban.
En efecto, como
lo prueban las investigaciones históricas y arqueológicas efectuadas a través
de todo el país, los cananeos tenían usos y costumbres que resultan sumamente
chocantes para nuestra mentalidad debido a la crueldad y la extremada
sexualidad que estaban conectadas con su religión y su forma de expresar su
religiosidad. Esto es especialmente cierto de las divinidades que adoraban las
tribus cananeas, a las cuales los documentos procedentes de las excavaciones
efectuadas en la antigua ciudad cananea de Ugarit (actual Ras Shamra, en la
costa septentrional de la actual Siria) presentan como crueles y excesivamente
sedientas de sangre, sádicas, sexualmente laxas hasta el extremo de lo
increíble. Los cananeos adoraban a sus divinidades en los «bamóhth» [«lugares
altos»], esparcidos a través de toda la tierra, tanto en las alturas naturales
como en los recintos de las ciudades, junto a ríos, manantiales, bosques o
llanadas. En tales templos o santuarios, se levantaban las «columnas sagradas»
[massebím] y los «postes sagrados» ['ascherím]. Estos elementos parecen
representar los principios masculino y femenino, respectivamente, asociados con
el exacerbado culto rendido por la generalidad de los cananeos a la fertilidad.
«'Ascheráh» [Aserá], es también el nombre propio de una diosa cananea,
atestiguada también en Ugarit, como en otras ciudades de Siria, Palestina y
Fenicia. En los santuarios cananeos, había altares para los sacrificios, estantes
para el incienso, los símbolos fálicos característicos (postes y columnas
sagrados) e imágenes esculpidas de sus deidades. En casi todos, si no en todos,
los «bamóhth» o «lugares altos», había prostitutas y prostitutos consagrados al
servicio de la divinidad titular, cuyo precio era percibido por el templo como
una contribución u ofrenda muy especial. En ciertos rituales cúlticos, no era
infrecuente la ocurrencia de incesto, bestialidad, espiritismo, hechicería,
magia, y la inmolación sacrificial de niños en el fuego sagrado o como ofrenda
quemada, particularmente en la adoración que se tributaba a Mólok (Moloc), y
que en Cartago, colonia africana de la ciudad_estado cananea de Tiro, se
practicó hasta la destrucción de la ciudad por los romanos. Estas prácticas,
atentatorias contra la dignidad y los derechos básicos irrenunciables de toda
persona, siempre resultaron detestables, abominables, a la escrupulosidad
hebrea. Un texto egipcio representa a las diosas cananeas Aschtoret, Ascherá y
Anat como diosas madres y, a la vez, prostitutas sagradas que, paradojalmente,
no perdían su virginidad. Su adoración siempre incluía la prostitución en los
santuarios o templos que les estaban consagrados. Estas diosas no solamente
representaban y simbolizaban a la lujuria, sino también la guerra y el sadismo
más exacerbado. Las figurillas de la diosa Aschtoret descubiertas en varios
lugares del Levante la representan desnuda y con los órganos sexuales
groseramente exagerados. El afamado arqueólogo William F. Albright, ha hecho la
siguiente observación acerca de la adoración fálica cananea: «En su peor
momento ... el aspecto erótico de su culto debe haberse sumido en profundidades
extremadamente sórdidas de degradación social.» («La Arqueología y la Religión
de Israel», 1968, páginas 76, 77.). En cuanto a los sacrificios de niños,
ofrendados a sus divinidades, Merrill F. Unger, ha informado que «las
excavaciones efectuadas en Palestina han puesto al descubierto montones de
cenizas y restos de esqueletos infantiles en los cementerios situados cerca de
los altares paganos, lo que indica lo extendida que estaba esta práctica cruel
y abominable.» («La Arqueología y el Antiguo Testamento», 1964, página 279.).
En otra afamada obra de consulta, puede leerse: «Los cananeos, pues, adoraban
cometiendo excesos inmorales en presencia de sus dioses, y luego asesinando a
sus hijos primogénitos como sacrificio a estos mismos dioses. Parece que en
gran parte, la tierra de Canaán había llegado a ser una especie de Sodoma y
Gomorra a escala nacional ... ¿Tenía derecho a seguir existiendo una
civilización de semejante inmundicia y brutalidad? ... » («Compendio Manual de
la Biblia», Henry H. Halley, 1985, página 157.).
En el relato
bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace
mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo»
(Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que
«los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.»
(Génesis 13:13.). Con todo lo ya señalado en cuanto a las prácticas religiosas
y cultuales de los cananeos, es evidente que en las ciudades de la llanura baja
de Sidim se estaba dando una condición extrema de laxitud y de desprecio a la
dignidad humana que iba mucho más allá de lo que el reverendo William W. Rand
llama «el crimen á que los hombres de Sodoma eran muy adictos», en su obra, en
el artículo «SODOMITICOS». («El Diccionario de la Santa Biblia», W. W. Rand,
página 655.).
LA LLANURA BAJA DE SIDDIM
La «Llanura Baja
de Sidim» es un valle que la Biblia relaciona con el antiguamente llamado «mar
Salado» o «mar de la Sal» [«Yam ha_Melâh»], al que a veces también se hace
referencia como el «mar del Arabá» [«Yam ha_`Aravâh»] o el «mar del Oriente»
(«mar Oriental» [«Yam ha_Qadhmôhn»]), es decir, el «mar Muerto», llamado por el
historiador judío del primer siglo de nuestra era lago «Asfaltites», y que los
árabes designan como «Bahr Lut» [«Mar de Lot»]. (Génesis 14:3.). En hebreo, se
emplea la palabra «'émeq» con referencia a este valle. «'Emeq» es un término
que se refiere a «una larga y ancha extensión entre cadenas paralelas de
colinas, en vez de montañas, como en el caso del término precedente [«biq_'âh»,
que designa a una llanura ancha rodeada de montañas]; ... ['émeq] conlleva la
idea de algo bajo y ancho, más bien que algo escarpado o encerrado.»
(«Ciclopedia de Literatura Bíblica, Teológica y Eclesiástica», John M'Clintock
y James Strong, 1881, volúmen 10, página 703.). Fue en esta llanura que los
reyes de las ciudades_estados cananeas de Sodoma, Gomorra, Admá, Zeboyim y Bela
se enfrentaron con el rey elamita Kedorlaomer [Kudur_lagamal (?)] y sus
aliados, luego de la rebelión que protagonizaran estas ciudades, y otras zonas
más, tras doce años de sometimiento. Derrotados, los reyes cananeos huyeron,
pero parte de sus tropas cayó en los pozos de betún [asfalto] que abundaban en
este valle.
Se ha dicho que
la llanura baja [o, valle] de Sidim corresponde a la sección del mar Muerto
que, en la actualidad, se extiende al sur de la península llamada en árabe
el_Lisan [«la Lengua»], y que asemeja una especie de bahía. En un tiempo, esta
zona fue un valle fértil, pero, después de la catástrofe que resultó en la
destrucción de sus ciudades, quedó sumergida bajo las aguas del mar Muerto, que
se extendieron hacia el mediodía. Quizás si ello se haya debido a alguna
actividad sísmica o a cambios topográficos provocados en relación con la
mencionada destrucción de las «ciudades del Distrito». Todavía sube, de vez en
cuando, alguna materia bituminosa a la superficie de las aguas poco profundas
de esa parte del mar Muerto. Cabe tener presente que la superficie del mar
Muerto se encuentra a unos 427 metros por debajo del nivel del mar Mediterráneo
y que el punto más profundo de este mar se encuentra todavía a 433 metros por
debajo de su superficie. Hasta mediados del siglo XIX era posible vadear el mar
desde la península de el_Lisan hasta la ribera occidental, distancia de apenas
3 kilómetros. Allí quedan rastros de un camino construído por los romanos,
evidentemente sobre uno anterior. Al sur de el_Lisan, la profundidad del mar es
escasa, alcanzando a unos 5 o 6 metros apenas, y gradualmente se va perdiendo
en una marisma salobre llamada Sebkha o Shebkha.
HACIA UNA DEFINICIÓN DEL PECADO DE «SODOMÍA»
En el relato
bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace
mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo»
(Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que
«los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.»
(Génesis 13:13.). Con todo lo que se ha dicho y escrito a través de siglos de
polémica, conviene preguntarse: ¿qué es la «sodomía»?
Porque el mejor
argumento que han encontrado ciertas personas para apoyar sus afirmaciones
homofóbicas, pretendiendo darles una aureola de autoridad espiritual, proviene,
principalmente, del relato bíblico que se halla registrado en Génesis
18:16-19:29. A estos 47 versículos, se suele agregar lo registrado en Génesis
13:13, que dice: «Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra
Jehová en gran manera.»
Mucho es lo que
se ha dicho y escrito, en cuanto a lo que en verdad es la «sodomía». Quizás si
una de las mejores definiciones de la «sodomía» sea la que aparece en el
«Compendio de la Teología Moral de S[an]. Alfonso María de Ligorio», que
preparó y publicó, con la correspondiente «Licencia del Ordinario», «el
Presbítero de la Diócesis de Rhodez, Canónigo Honorario de la Santa Iglesia de
Agen y Misionero», D. Neyraguet. En el «Tratado XI. Del sexto y nono precepto
del decálogo», en su «ARTICULO III. De la sodomía», expresa:
«Unos tienen
que la sodomía consiste en el concúbito en el vaso indebido y otros en el
concúbito con el sexo indebido. Una y otra opinión son probables; pero la
segunda, á saber, que la sodomía consiste en el concúbito con el sexo indebido,
es más probable y la comun de los teólogos (santo Tomas, Les., Holzm., Elbel
etc.). La razon es porque la sodomía propia y verdadera se comete en el
congreso con una persona con quien de ningun modo puede efectuarse la
generación.
«De aquí se
infiere 1º que es verdadera sodomía el coito de una mujer con otra (santo
Tomas), aunque Elbel piensa no sin probabilidad que semejante concúbito aun con
afecto al vaso posterior no parece sino sodomía impropia, como quiera que no
puede darse cópula perfecta entre mujeres. 2º Que es verdadera sodomía
cualquier concúbito ó unión de los cuerpos tenida con persona del mismo sexo ya
en el vaso posterior, ya en otra parte, pues siempre hay entonces, regularmente
hablando, afecto al sexo indebido (Tamb. etc.). Por lo tanto, dicen Ronc., el
mismo Tamb. etc. que no hay necesidad de explicar en la confesión si la
polucion fue dentro ó fuera del vaso (1) ; pues basta confesar: He pecado con
un muchacho, para que el confesor juzgue que hubo sodomía con polucion. Mas si
no hubo polucion, debería de explicarse. 3º Con los Salm. etc. y la mas comun
que el coito del varon con la mujer en el vaso posterior es sodomía solo
imperfecta, distinta en especie de la perfecta, como dicen Tourn. y Tamb., el
cual nota con Holzm., Spor. y la comun, segun afirma, que si vir coiret inter
crura, brachia aut alias partes mulieris, sería una especie de cópula incoada,
á lo menos en el afecto. Por lo cual segun esta doctrina el hombre que tiene
cópula con una doncella fuera del vaso, comete dos pecados contra la misma
virtud de la castidad, pero de diversa especie, el uno de fornicacion en afecto
y el otro contra naturam en efecto. Dicen Spor. etc. que cuando el confesor
entienda que la mujer pecó carnalmente fuera del vaso natural ó posterior, no
debe preguntar en qué sitio ó cómo.
«Quaeritur 1º
an pollutio in ore sit diversae speciei. R. Affirmant Spor. etc., et hoc
peccatum vocant irrumationem. Sed probabilius dicunt Holzm. etc. quod si vir
polluitur in ore faeminae, erit copula inchoata, ut supra; si vero in ore
maris, erit sodomia. Vide tractat. de matrim., núm. 935.
«Se pregunta 2º
qué pecado es tener coito con una mujer muerta. Se ha de decir con Holzm etc.
comunmente que no es fornicacion, porque se hace con un cadaver, ni bestialidad
como quieren algunos, sino polución y fornicacion afectiva.——466.
«Se pregunta 3º
si en el pecado de sodomía se ha explicar quién fue agente ó paciente. Niegan
los Salm. etc. porque dicen que comunmente tienen ambos polucion; pero
ciertamente se debe explicar, porque con mucha mas facilidad la hay en el
agente que en el paciente. Holzm., Tourn., Mazzot, Tamb. etc.——468.
«Se pregunta 4º
si la sodomía entre parientes consanguíneos ó afines añade especie de incesto.
Hay tres opiniones. La primera niega generalmente con Diana etc; pero esta no
parece bastante probable. La segunda dice con Bonac, que la cópula sodomítica
entre parientes en primero y segundo grado es incesto; pero no el coito entre
los que se hallan en tercero y cuarto. La tercera opinion que juzgo mas
probable con Lugo, Tourn., Lacroix etc., enseña que toda cópula, ya natural, ya
contra naturam entre parientes hasta el cuarto grado, sean consanguíneos ó
afines, por cognacion legal o espiritual, lleva malicia de incesto. La razon es
porque por la ley eclesiástica ya se debe reverencia y piedad á todos estos, y
si se ofende con el coito natural mucho mas con el que es contra naturam.
Tambien dicen los Salm. que comete incesto el que tiene polucion por los tactos
de algun pariente en cuarto grado; y lo mismo ha de decirse de otros tactos
deshonestos, en los cuales debe explicarse la especie del cómplice, si es
parienta, casada, etc., segun Tourn., Viva y los Salm., quienes afirman ser
comun. Pero notese como cierto que se debe explicar en la confesion si se tuvo
la sodomía con violencia, ó con persona que haya hecho voto de castidad, ó con
casada, porque la fidelidad del matrimonio requiere que el cónyuge no divida su
carne con otros por ninguna especie de concúbito. Sanch., Salm. etc.——469.
«Se pregunta 5º
si la mutua polucion tenida entre varones ó hembras es molicie solamente ó
sodomía. Si se hace por solo afecto al deleite venereo sin concúbito, es molicie;
pero si hace por afecto á aquella persona de sexo indebido, es sodomía en
cuanto á la malicia. Vease núm. 467.——485.
«Se pregunta 6º
á que penas estan sujetos los sodomitas. Por la ley civil son condenados á pena
capital y á ser quemados; mas por el derecho canónico segun la bula de S. Pio V
asi los clérigos como los legos religiosos que cometen tan atroz delito, quedan
privados de todo privilegio clerical, oficio y beneficio, y ademas manda el
santo pontífice que sean entregados á la potestad secular.——470.
«Se pregunta 7º
qué condiciones se requieren para incurrir en dichas penas. Mas probablemente
se requiere 1º que la sodomía sea consumada con polucion dentro del vaso: asi
Ronc., Bonac., Suar. etc. comunmente, porque la ley penal exige siempre que el
delito sea perfecto y consumado. 2º Que la sodomía sea de varon con varon,
porque el coito sodomítico de varon con hembra no es verdadera sodomía (Bonac.,
Azor con los Salm. y la mas comun). Por lo cual notan probablemente los Salm.
etc. que la sodomía con una mujer no se comprende bajo la reservacion de
sodomía; al contrario si se ha reservado el pecado contra naturam. 3º Por lo
que toca á las penas de los clérigos se requiere que el acto de sodomía sea
frecuente ó continuado en el uso, pues esto es lo que implica la palabra
exercentes usada en la bula. Bonac. con Suarez etc. y la comun.——474.
«Se pregunta 8º
si los clérigos que son pacientes en el acto sodomítico, incurren en las penas.
Niegan Hurt. etc., porque dicen que la palabra exercentes significa propiamente
accion y no pasion, y esta opinion parece bastante probable. Pero con razon
tienen los Salm. etc. por mas probable la contraria, porque tambien los
pacientes son verdaderos sodomitas.——474.
«Se pregunta 9º
si se incurre en dichas penas antes de la sentencia. La primera opinion afirma,
porque el sumo pontifice dice: Praesentis canonis auctoritate privamus. Asi
Azor etc. Pero la segunda mas verdadera y comun niega con Nav., Suarez etc. La
razon es porque no se incurre en ninguna pena que prive de algun derecho
adquirido, sino despues de la sentencia, aunque en la ley se exprese que se
incurre en la pena ipso facto; mas, aunque se diga allí: Nullâ expectatâ
judicis sententiâ; pues entonces se requiere á lo menos la sentencia
declaratoria del delito. La razon es porque seria demasiado dura una ley por la
cual estuviese uno obligado á ejecutar por sí mismo las penas antes de ser
condenado por sentencia. Vease el tratado de las leyes, número 448.——472.»
(«Compendio de la Teología Moral de S. Alfonso María de Ligorio», Madrid,
España, 1859, páginas 218_220; en la entera cita se ha respetado la ortografía
del original; las bastardillas pertenecen al autor.).
[(1) remite a
una nota al pie de la página, que dice: «Aunque para incurrir en caso reservado
se requiere la efusion del semen dentro del vaso (H.A., n. 24).»]
Debido a lo
anterior es que una moderna obra de consulta, dice: «SODOMIA. f. Relación
homosexual masculina. Se aplica particularmente al coito anal. SODOMITICO, CA.»
(«OCEANO UNO Diccionario Enciclopédico Ilustrado, Editorial Océano, Ediciones
Océano Gallach, S. A., Bogotá, Colombia, 1991.) «SODOMITA ADJ. Y S. De Sodoma.
adj. y m. Hombre homosexual.» (Opus cit.). Y en el «Diccionario Enciclopédico
Larousse», se dice: «SODOMÍA n. f. (de Sodoma). Coito anal.» (Editorial
Planeta, S. A., Barcelona, España, 1992, Volúmen 8, página 2225), por lo que
define «sodomita» por «que practica la sodomía» y «sodomítico» como «relativo a
la sodomía». (Opus cit.). En tanto, la afamada Enciclopedia Universal Sopena,
dice: «SODOMÍA. (de Sodoma, antigua ciudad de la Palestina, donde se practicaba
todo género de vicios torpes). f. Concúbito entre personas de un mismo sexo o
contra naturaleza.» (edición de 1971, tomo 8, página 8112, col. 2.). Y define
«sodomita» como « ... Que comete sodomía.» (Opus cit.).
En tanto, una
obra de consulta bíblica de prestigio en el mundo de habla hispana, dice lo
siguiente en el artículo «SODOMÍTICOS» : «Deut. 23:17, término bíblico aplicado
á las personas que en consonancia con una costumbre pagana muy generalizada,
practicaban como rito religioso en el culto de Astoret, etc., el crimen de que
los hombres de Sodoma eran muy adictos, Gén. 19:4, 5. El término hebreo Kadesh
significa "consagración"; y su equivalente femenino KADESA es traducido
"ramera" en Gén. 38:21, 22; Deut. 23:17; Os. 4:14. Algunos de los
Israelitas adoptaron esta repugnante "consagración" con otras
prácticas idólatras, aun cuando estaba expresamente prohibido, I Rey. 14:22-24.
Entre las reformas instituidas por Asa, Josafat y Josías, trató de abolirse
esta práctica, I Rey. 15:12; 22:46; 2 Rey. 23:7. Com. rom. I:22-29.»
(«Diccionario de la Santa Biblia», reverendo William W. Rand, 1890, reimpresión
sin fecha de Editorial Caribe, San José, Costa Rica, hecha en Barcelona, España;
página 655.).
El autor del
citado diccionario se contradice y refuta a sí mismo cuando dice que
«sodomítico» o «sodomita» es un término bíblico. Porque, paradojalmente, y
extraño como parezca, las palabras «sodomía», «sodomita» y «sodomítico» no aparece,
ni siquiera una sola vez, en todo el texto hebreo original del Antiguo
Testamento, como tampoco aparece en el resto de la Biblia. El término, pues, no
es bíblico. La palabra «sodomía», con referencia a la homosexualidad,
particularmente a la homosexualidad masculina, es una invención más bien
tardía, y la responsabilidad de mentes del todo, e indudablemente,
desequilibradas, y cuya única razón para acuñar este término fue darle un claro
sentido de ser algo condenado por Dios. Para tales personas desquiciadas y
ausentes de la realidad cotidiana, los homosexuales merecían apenas la muerte y
el tormento eterno en el fuego inextinguible del infierno, prototipo de lo cual
sería el castigo divino a las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las otras
«ciudades malditas». La palabra conlleva un altísimo grado de hostilidad y un
significado del todo peyorativo.
Es valioso, no
obstante, el testimonio del reverendo W. W. Rand, ya citado, en cuanto a que el
original hebreo usa la palabra «kadesh [qaddêsch]», y su admisión de que tales
personas participaban en un rito religioso relacionado con el culto a la
fertilidad. Por eso es que la Versión Regina, católica romana, dice, en
Deuteronomio 23:18 (23:17 en otras versiones): «No habrá prostituta sagrada entre
las hijas de Yisrael ni prostituto sagrado entre los hijos de Yisrael», en
lugar de los arcaísmos erróneos «ramera» y «sodomita» que aparece en la Versión
Valera Revisada de 1960. De manera que el versículo siguiente se hace más
claro, cuando se lee: «No lleves a la casa de Yahvé, tu Dios, el salario de la
prostituta sagrada, ni el precio de un perro ["kélev"; «prostituto
sagrado», «hieródulo», La Santa Biblia, Juan Straubinger, Buenos Aires, 1986,
nota; «prostituto», La Biblia Completa—Una Traducción Americana, reimpresión de
1951, J. M. Powis Smith y Edgar J. Goodspeed], sea cual fuere el voto, porque
ambos son abominables para Yahvé, tu Dios.» (Deuteronomio 23:18; «Sagrada
Biblia», Edición Manual, por Pedro Franquesa y José María Solé, misioneros claretianos,
Editorial Regina, Barcelona, España, 1968.).
Como puede
observarse, por lo ya antes dicho, la declaración del escritor de Génesis no
dice nada que lleve a suponer siquiera que la «maldad» y el «pecado» de los
habitantes de Sodoma fuera, explícitamente, la homosexualidad. El «pecado» de
Sodoma y de Gomorra, así como de las demás ciudades del distrito no era la
homosexualidad, o «sodomía», como erróneamente se la llama en forma peyorativa,
a pesar de que se la practicara extensamente en todo el mundo antiguo, y aunque
esta hubiera sido alguna vez practicada en Sodoma y las otras ciudades del
valle de Sidim más allá de todo límite concebible. De todos modos, la
homosexualidad no es mencionada ni tan siquiera una sola vez como el «pecado»
de que eran culpables los sodomitas y los demás sidimitas. El «pecado» de
Sodoma y de las ciudades vecinas a ella era mucho más que eso, y no solamente
tenía un ingrediente sexual muy importante y determinante, puesto que la
sexualidad era utilizada con fines claramente religiosos, como en muchos otros
pueblos. Innegablemente, los pueblos que antiguamente habitaban el antiguo
Próximo Oriente tenían usos y costumbres que iban mucho más allá de la simple
lujuria por la lujuria, pero que eran del todo distintos a lo que en la
actualidad es aceptable para la mayoría de las personas, y para la
escrupulosidad religiosa, moral y humanista, y diferían radicalmente de lo que
conocían y practicaban los primeros patriarcas hebreos, y estaban en abierto
contraste con lo que se estipuló en el Pacto de la Ley en lo tocante a la
dignidad de las personas y la sexualidad. Pero esos usos y costumbres de los
cananeos estaban del todo acordes con el mundo de ese entonces.
De todas
maneras, es del todo inoficioso, vano e inútil el que uno busque en este relato
una condena explícita o implícita de la homosexualidad. Dice, refiriéndose a
los relatos bíblicos que tienen que ver con Sodoma y con Guibeah (éste último
mencionado en el libro de los Jueces), D. H. Field, Licenciado en Letras y Subdirector
del Oak Hill College, de Oxford, Inglaterra, que «ninguno de los dos relatos
equivale a una condena lisa y llana de todos los actos homosexuales. En ambas
ocasiones el pecado que se condena es el intento de llevar a cabo una violación
homosexual, y no una relación homosexual amorosa entre partes que consienten.»
(«Nuevo Diccionario Bíblico», página 611.). La base para el castigo de las
ciudades de la Pentápolis sidímica no fue una conducta u orientación sexual que
no estaba todavía contemplada en la Ley divina, y sobre la cual no se había
dicho nada todavía, en ningún lugar de las Escrituras canónicas.
La clave en
cuanto al «pecado» o la «maldad» de que eran culpables los habitantes de las
ciudades de Sidim, la da el profeta Ezequiel, quien, al censurar la actitud
infiel de los israelitas de su tiempo, les declaró que Yahwêh les decía:
«Vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo. Y tu hermana mayor es
Samaria [el reino norteño de diez tribus de Israel], ella y sus hijas, que
habitan al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual
habita al sur de ti. Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus
abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más
que ellas en todos tus caminos. Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma tu
hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. He aquí que esta
fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de
ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del
menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y
cuando lo ví las quité.» (Ezequiel 16:49, 50.).
De manera que
la verdadera culpa de Sodoma y sus ciudades dependientes (llamadas «hijas» por
el profeta Ezequiel) de la llanura baja de Sidim fue un excesivamente
exacerbado orgullo, una desmedida soberbia, que fue acentuada ante la seguridad
que daba a las ciudades de la Pentápolis la desaparición del poderío
mesopotámico opresivo y la realidad evidente de que no había en todo el Levante
antiguo y sus vecindades ningún poder, ninguna potencia, capaz de someterlas a
su soberanía. Por lo demás, el panorama geopolítico de ese entonces, a juzgar
por los registros históricos provenientes de las excavaciones efectuadas en los
sitios en que antiguamente estuvieron emplazadas las famosas ciudades de Mari,
Ebla y Ugarit, por ejemplo, testimonian de la ausencia de un imperialismo
efectivo que ejerciera su soberanía y dominio sobre el Levante. Egipto se
desarrollaba internamente, y todos sus esfuerzos exteriores se dirigían
especialmente a la tierra de Kusch y, en segundo término a la parte occidental
de la península del Sinaí. Los principales reinos de la Mesopotamia, en tanto,
se debatían en interminables enfrentamientos por obtener la supremacía sobre el
resto del país. En la Anatolia, en tanto, la situación no era del todo
diferente. Era, pues, el tiempo precisamente apropiado para que las
ciudades_estados de la tierra de Canaán, desde el río Purattu [Ferâth;
Éufrates] hasta el Nâjal_Mitsrâyim [Wady el_`Arish] pudieran disfrutar de una
absoluta y completa libertad política. Eso dió la oportunidad para que se
formaran o resurgieran organizaciones políticas locales, tales como Ebla,
Iamkhad (Yamkhad [con capital en Khalab, actual Alepo]), Amurru, Qatnah,
Qadesch [o Kadesch del Orontes], Dimaschqah [Damasco], Hazzuru [Hazor], Alalakh
[Alhalha], Hamath, Gubala [Gebal, la clásica Byblos (Biblos)], Gargamu
[Karkemisch], Meguidó, Taanak, Guezer, Gaza, Sidón, Lakísch, Gath, Urshu, Arad,
Qadêsch_barnea, entre otras. Es cierto que la mayoría de estas entidades
geopolíticas fueron efímeras y que fueron sustituídas o anexadas por otras más
poderosas que, también, tuvieron una existencia limitada. En las tablillas
cuneiformes desenterradas en Tell Mardikh, por ejemplo, se mencionan, como
ciudades importantes a Salem [la ciudad_estado donde reinaba Melquisedec,
rey_sacerdote mencionado en el capítulo 14 del Génesis], Gaza, Lakísch, Jopa
[Jope], Aschtarot, Dor y Meguidó. Adicionalmente, se dice que la tablilla
inventariada con el Nº 1860 nombra a las ciudades de la Pentápolis sidímica en
el mismo orden que se las menciona en la Biblia: Sodoma, Gomorra, Admá, Zeboyim
y Bela [Belah, Balah, la posterior Zóar], cosa que posteriormente se ha negado.
Innegablemente,
la estratégica posición geográfica de Sodoma y las otras ciudades vecinas suyas
del valle de Sidim, le dieron el dominio de las rutas comerciales que iban de
Norte a Sur y de Este a Oeste, particularmente en lo que respecta al llamado
«Camino del Rey» o «Camino Real», que, a través de la Transjordania, comunica
el extremo septentrional del actual golfo de 'Aqabah con la región del Purattu
[Eufrates] y, por lo tanto, controlaba el comercio que utilizaba esta ruta
entre Egipto, Sinaí, el sur de Palestina y la Arabia noroccidental con la Alta
Siria, Anatolia, Mesopotamia y las ciudades cananeas [fenicias] de la costa
levantina. Al mismo tiempo, dominaba el comercio que se dirigía desde y hacia
el sur de Palestina y Filistea a través de las rutas que se internaban hacia
Arabia por esta zona. El comercio de la sal y el asfalto, por lo demás,
pertenecía en exclusiva a la Pentápolis sidímica. En la ya mencionada tablilla
Nº 1.860 de Ebla se menciona que esta antigua ciudad del norte de Siria llevaba
a cabo un gran intercambio comercial con las ciudades de la Pentápolis
sidímica. El doctor David Noel Freedmen considera que este registro antecede a
la gran catástrofe relacionada con la destrucción de dichas ciudades. Esto
produjo un exceso de riquezas, una superabundancia de recursos, que resultó,
evidentemente, en una mayor disponibilidad de tiempo, en una marcada
«abundancia de ociosidad», o, como vierte la Versión Regina, «indolente
reposo». Fue un «indolente reposo» porque, al contar con tanta riqueza material,
no fueron solidarios con sus semejantes, con las personas que no tenían las
cosas mínimas para la subsistencia. Por eso es que el profeta dice, a
continuación: «y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.» En este
pasaje, la versión católica-romana de Franquesa y Solé, antes citada, usa los
términos «pobre» e «indigente», respectivamente.
Queda, pues,
claro, que la abundancia de recursos, la independencia que sentían les estaba
asegurada tras la derrota de Kedorlaomer y sus vasallos, y la extensión de su
influencia hacia las áreas circundantes, fue lo que hizo que el orgullo y la
indolencia fueran la característica más observable en los habitantes de esas
tierras. Esa indolencia hizo a los sidimitas, y a los sodomitas en particular,
descuidar las atenciones mínimas que se deben a las personas faltas de
recursos. En vez de ser solidarios, parece ser que no trepidaban en exigir el
cumplimiento de las leyes internacionales sobre las deudas impagas y hacer
recaer sobre los deudores todo el peso de las leyes conocidas en esos tiempos,
particularmente de los códigos legales antiguos atestiguados en Mesopotamia, de
donde procedían no solamente las costumbres y usos más nimios, sino hasta la
religión, las ideas políticas y las leyes que se observaban generalmente en la
tierra de Canaán. Entre las faltas que evidentemente los sidimitas
acostumbraban cometer, estaba el incumplimiento de las leyes internacionales
relativas a la hospitalidad que se debía a los viajeros, como queda claro del
relato de Génesis, lo cual debió haberse generalizado. Lo que es irredargüible,
es que los sidimitas llevaron su religiosidad hasta límites más allá de lo
imaginable, particularmente exagerando la brutalidad de los sacrificios humanos
y de la prostitución religiosa.
La gran
relevancia e importancia que adquirieron estas cinco ciudades cananeas, sin
duda, las hizo representativas de todas las ciudades, las tribus y los estados
de los cananeos, de la entera nación, para decirlo en un par de palabras. De
manera que al decretar el castigo de estas ciudades, Yahwêh 'Elohîm estaba
castigando, en ellas, la corrupción moral y la laxitud religiosa de toda la
tierra de Canaán, particularmente de aquella parte del territorio cananeo que
había de ser la tierra de las tribus de Israel.
Refiriéndose a
estas ciudades, el doctor Richard Pietschmann, dice, en su obra, que forma
parte de la «Historia Universal» publicada bajo la dirección del eminente
historiador alemán Wilhelm Oncken, evaluando ciertas noticias antiguas: «En
aquellas ciudades existió en tiempo remotísimo una civilización mucho más
adelantada que la que existió en aquel país [la tierra de Canaán] en época
histórica cuando vivió allí otro pueblo.» («Historia de los Fenicios», Richard
Pietschmann, en el volúmen 4 de la «Historia Universal» de W. Oncken, página
423.).
Otros Textos de Referencia
Aparte de los
textos ya analizados, cabe señalar que queda por explicar lo que dicen Job
36:14 y Levítico 18:22; 20:13. Job 36:14, en la Versón Valera Revisada de 1960,
presenta el mismo problema de traducción del vocablo hebreo qaddêsch.
«Fallecerá el alma de ellos en su juventud, y su vida entre los sodomitas». En
este pasaje, la llamada «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas
Escrituras--Con Referencias», edición revisada de 1987, dice: «Su alma morirá
en la juventud misma, y su vida entre prostitutos de templo». De nuevo, es
evidente que el «prostituto de templo» [qaddêsch] es el involucrado en la
referencia bíblica, y no el homosexual. (Compárese con el texto hebreo presentado
en la «Biblia Hebraica Stuttgartensia», editio tertia emendata opera W. Rudolph
et H. P. Rüger, Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart, Alemania, 1987, ; y en
«Se'fer Torâh Nevi'im Kethuvim», Norman Henry Snaith, The British & Foreign
Bible Society, Londres, Inglaterra, U. K., 1984.). \par \par Los textos que
quedan por analizar son las dos escrituras que se mencionan en el libro de
Levítico. Levítico 18:22, dice: «No te acostarás con varón como con mujer; es
una abominación.» Este es el primer texto prohibitivo en toda la Biblia
referido al acto o acción de «acostarse» un hombre con otro hombre. Pero, a
pesar de la prohibición, no se establece ningún tipo de sanción por este acto o
acción. Este texto, en la ya citada Traducción del Nuevo Mundo de las Santas
Escrituras--Con Referencias, lee: «Y no debes acostarte con un varón igual a
como se acuestan con una mujer. Es cosa detestable.» En tanto, la lectura
literal del texto hebreo en español sería: «Y [con] varón no yacerás como yacen
con mujer, abominable ello.» (Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español,
Ricardo Cerni, tomo I, Pentateuco, Editorial Clie, Barcelona, España, 1990.).
Pero, en Levítico 20:13 hay una condena definitiva y un castigo específico para
el «acostarse con un varón», pues se lee: «Si alguno se ayuntare con varón como
con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su
sangre.» Aparentemente, y visto de buenas a primeras, ambos textos se
referirían a la homosexualidad, lisa y llanamente, y a quienes participan en
actos homosexuales. Estas son las dos únicas ocurrencias, en todo el Antiguo
Testamento, en que se estipula una prohibición y un castigo. No hay otro lugar
en toda la Biblia. Sin embargo, como aptamente lo hace notar el docto
escriturario D. H. Field, Licenciado en Letras, subdirector del Oak Hill
College de Londres, Inglaterra: «Las severas advertencias de la ley levítica
(Lv. [Levítico] 18.22; 20.13) están dirigidas principalmente y al mismo tiempo
a la idolatría. La palabra "abominación" (tô`ebâ), por ejemplo, que
aparece en ambas referencias, es un término religioso usado a menudo para las
prácticas idolátricas. Vistas estrictamente en su contexto, entonces, estas
condenas en el A[ntiguo] T[estamento] se aplican a la actividad homosexual
llevada a cabo en contexto idolátrico, pero no tienen vigencia más amplia que
esta, necesariamente.» («Nuevo Diccionario Bíblico», artículo «HOMOSEXUALIDAD»,
página 611.). \par \par Como prueba de que no hubo realmente condena ni
sanciones contra la homosexualidad en sí misma ni contra los homosexuales per
se, está la historia de David y Jonatán. Cuando David se enteró de la muerte de
su entrañable amigo Jonatán en batalla contra los filisteos en el monte Tabor,
en el norte de la tierra de Israel, David hizo luto y compuso una endecha,
titulada «El Arco», en cuya parte final, dice David:
«Estoy angustiado por ti, hermano mío, Jonatán,
muy agradable me fuiste.
Más maravilloso me fue tu amor
que el amor procedente de mujeres.»
(2 Samuel 1:26;
Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras—Con Referencias.). «Y David
procedió a salmodiar esta endecha sobre Saúl y Jonatán, y a decir que a los
hijos de Judá se les debía enseñar "El Arco". ¡Mire! Está escrito en
el libro de Jasar.» (2 Samuel 1:17, 18; ibídem.). Obviamente, Saúl, el padre de
Jonatán, sabía exactamente lo que estaba ocurriendo entre su hijo Jonatán y el
judaíta David, hijo de Jesé, pues el registro bíblico dice que, en cierta
oportunidad en que Jonatán intentó interceder ante su padre por su amigo, Saúl,
encolerizado, le gritó: «Oh hijo de criada rebelde, ¿no sé yo bien que estás
escogiendo al hijo de Jesé para tu propia vergüenza y para vergüenza de las
partes naturales de tu madre?» (1 Samuel 20:30; ibídem.). Los entretelones de
esta historia de amistad sublime entre dos hombres escapan a los ojos de
quienes no quieren ver más allá de lo que sus propios prejuicios les permiten
ver. Y las implicancias están muy a las claras.
Recapitulación de la Evidencia del Antiguo
Testamento
Como puede
verse, pues, en el lenguaje original de la Biblia no se utilizó jamás el
término «sodomía» para querer decir «homosexualidad», como tampoco
«sodomita(s)» para «homosexual(es)». El Antiguo Testamento tampoco condena la
homosexualidad ni a los homosexuales per se, sino que condena la práctica
cultual de la prostitución sagrada, práctica por la que ciertos individuos,
hombres y mujeres, «qedheschím» y «qedheschôth», respectivamente, se
prostituían como una demostración de su entrega a la divinidad a la que eran
devotos o se consagraban (que es lo que significan ambas palabras hebreas). El
pago de sus «servicios» o «favores» sexuales estaban también «consagrados» como
contribución santa al santuario o templo local de la divinidad a la cual
servían y estaban «consagrados» o «consagradas», ya fuera en virtud de algún
voto temporal o por toda su «vida útil», en los casos de las personas que
pertenecían a los «bamôhth» o santuarios locales de las distintas divinidades
cananeas. La Ley [Torâh] de Yahwêh 'Elohîm a Israel prohibía el que se usara a
prostitutos sagrados o prostitutas sagradas obligados a vender favores sexuales
para financiar las actividades del culto debido a que introduce una nueva
concepción de la persona humana, a la que dota de una dignidad irrenunciable
que emana del hecho de ser creación divina tanto como verdaderamente hijos e
hijas de Dios. Es una ofensa tanto a la Divinidad como a la dignidad humana el
prostituirse para financiar actividades cultuales, como lo es el someterse o
someter a alguien a torturas, ultrajes o flagelaciones de cualquier tipo so
pretexto de estar efectuando servicio religioso en la forma de la mortificación
del cuerpo, que son actos o acciones que repugnan a Dios.
Toda la
evidencia irredargüible de las Sagradas Escrituras muestra que el Texto Sagrado
no habla de condenación de la homosexualidad ni de los homosexuales, sino de
condena al abuso del cuerpo propio o ajeno bajo pretextos religiosos. A esto se
refiere la Biblia. Fue solamente por motivos religiosos que el Antiguo Testamento
condena la actividad y existencia de la prostitución sagrada, y por ello fue
tan celosamente combatida por reyes, profetas y líderes espirituales hebreos,
celosos de dar a Dios el culto debido y en la forma apropiada, sin mancillar la
naturaleza humana. Quizás el punto culminante de esta lucha fue el
establecimiento dentro de los mismísimos recintos del Templo de Yahwêh en
Jerusalén de una residencia especial para la estadía y el desempeño de estos
qaddeschím, que ofrecían sus «servicios» a peregrinos y residentes de
Jerusalén, el fruto de cuya actividad de consagraba al Templo y al sacerdocio
apóstata que lucraba con los dineros provenientes de esta actividad en tiempos
bastante difíciles para la propia existencia del reino de Judá. Finalmente, el
rey Josías los desalojó, los echó del lugar que ilegalmente ocupaban, y limpió
el lugar, demoliendo el edificio en que vivían y ejercían su oficio.
Por ello es que
las citas veterotestamentarias que tan terriblemente condenan al qaddêsch o
prostituto de templo, reflejan, antes que nada, una actitud de enfrentamiento
meramente religioso, cultual: el rechazo y la proscripción de una expresión de
religiosidad absolutamente contraria al monoteísmo israelita que exaltaba al
individuo a un sitial mucho más honroso que el que le reconocían y permitían
las religiones del mundo antiguo.
La Aplicabilidad de la Ley Mosaica [Torâh] en la
Actualidad
En el
hipotético y extremo caso de que uno pretenda que los dos textos de Levítico
sean una condena lisa y llana de todos los actos y acciones homosexuales y de
la homosexualidad en sí misma, per se, no existe base ni razón alguna para
suponer siquiera que puedan usarse legítimamente hoy en día para intentar dar
alguna clase de apoyo a las actitudes homofóbicas que hoy en día se han
desarrollado o de las que se han desarrollado en los días pasados bajo las
elucubraciones de ciertos tratadistas, juristas y teólogos, puesto que la Torâh
o Ley mosaica fue abolida definitiva y completamente con la muerte de
Jesucristo, y ya no aplican. «Porque el fin de la Ley [Torâh] es Cristo»,
escribió el apóstol Pablo a los cristianos de Roma. (Romanos 10:4.). En otra de
sus cartas, Pablo declara enfáticamente, también, que Cristo Jesús «es mediador
de una alianza también mejor; como que ha sido establecida a base de más
preciosas promesas. Pues si aquella Ley anterior [la Torâh] fuera perfecta, no
se la sustituiría por una segunda. Y, cierto, en tono de reproche les dice:
"Mirad, días vendrán, dice el Señor, en que concertaré con la casa de
Israel y con la casa de Judá una alianza nueva. ..." Al decir
"nueva" Alianza declara caducada la anterior», es decir, la Torâh o
Ley mosaica ha quedado caducada, junto con todas las disposiciones reglamentarias
que contenía, por supuesto. (Hebreos 8:6-8, 13; Versión Regina.).
Hoy en día,
nadie está legalmente obligado a las disposiciones y sanciones de la Torâh o
Ley mosaica, y, por lo tanto, nadie puede ser condenado ni discriminado en base
a aquellas disposiciones legales legalmente caducadas con la muerte de Cristo
en sacrificio expiatorio perfecto.
A más abundar,
y como testimonio adicional del hecho de que la Torâh o Ley mosaica ha quedado
absolutamente abolida como tal, pueden verse las referencias en Colosenses
2:13, 14, 17; Efesios 2:11-16; Gálatas 4.4, 5; Romanos 7:4, 6.
Cualquiera,
pues, que insista en la adherencia a la Torâh, en su aplicabilidad, realmente
está rechazando a Cristo. Como está escrito: «Cristo nos libertó. Por lo tanto
estén firmes, y no se dejen restringir otra vez en un yugo de esclavitud.
¡Miren! Yo, Pablo, les estoy diciendo que si ustedes se circuncidan [señal de
adherencia a la Torâh], Cristo no les será de ningún provecho. Además, de nuevo
doy testimonio a todo hombre que se circuncida de que está obligado a ejecutar
toda la Ley [Torâh]. Quedan separados de Cristo, quienesquiera que sean ustedes
que tratan de ser declarados justos por medio de ley; han caído de la bondad
inmerecida de él. En cuanto a nosotros, por espíritu estamos aguardando
ansiosamente la esperada justicia como resultado de fe. Porque tocante a Cristo
Jesús ni la circuncisión es de valor alguno, ni lo es la incircuncisión, sino
la fe que opera mediante el amor.» (Gálatas 5:1-6; Traducción del Nuevo Mundo
de las Santas Escrituras, edición revisada de 1967.). Y, en otro lugar: «Porque
el pecado no debe ser amo sobre ustedes, puesto que no están bajo ley sino bajo
bondad inmerecida.» (Romanos 6:14; ibídem; véase, también, Efesios 2:8, 9.).

Cristo Jesús, como Mediador de un Nuevo y Mejor
Pacto, con su muerte sacrificial abolió la Torâh o Ley mosaica, y todas sus
disposiciones, de manera que en la actualidad nadie está obligado a esos
preceptos ni puede ser condenado tampoco en base a aquellas disposiciones.
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Tributo a la Memoria de Juan Calderón Fabres
Algunas Breves Precisiones Acerca de la Condena Bíblica de la Homosexualidad
Más Maravilloso Me Fue Tu Amor que el Amor de las Mujeres