Este cirio arde en memoria de Juan Calderón Fabres

(24 de Febrero de 1945 —— 21 de Septiembre de 1997)

 

 

Biblia y Homosexualidad

 

Algunas Breves Precisiones Acerca de la Condena Bíblica de la Homosexualidad

 

 

 

I N T R O D U C C I Ó N

_______________________

A menudo, los autoproclamados «líderes espirituales», los teólogos y los doctos escriturarios de las diferentes y antagónicas iglesias y sectas de la cristiandad contemporánea, imbuídos de un celo digno de mejor causa, proclaman a voz en cuello la vigencia de terribles anatemas en contra de la homosexualidad y de los homosexuales. Tales afirmaciones se derivan o interpretan de unos cuantos pasajes de la Biblia considerados aisladamente, tanto de su contexto como del marco de circunstancias particular a cada caso. Por otra parte, resulta del todo incomprensible el que la generalidad de las personas continúen aceptando a ciegas ciertas afirmaciones dogmáticas acerca de la condena bíblica de la homosexualidad y de los homosexuales, especialmente desde que tantos dogmas han sido puestos en tela de juicio o, al menos, reexaminados, a la luz del conocimiento bíblico en aumento a través de los siglos pasados. Esto es especialmente incomprensible en lo que se refiere a la comunidad homosexual de los países occidentales, donde predomina una visión que se ha dado en llamar «judeo-cristiana», debido a la gran influencia que han ejercido, y aun ejercen, los poderes eclesiásticos para imponer, mantener y extender su dominio y designio sobre las conciencias de las personas, conculcando impíamente el libre albedrío de que cada persona está dotada en virtud de su condición de «persona» y creación divina consciente. La comunidad homosexual, incomprensiblemente, reitero, a riesgo de parecer majadero, en lugar de promover una revisión del verdadero alcance y el real significado de lo que las Sagradas Escrituras dicen en cuanto a la homosexualidad y los homosexuales, se han contentado con adoptar actitudes, muchas veces extremistas, que van, desde una resignada aceptación de las afirmaciones homofóbicas que se les proponen a título de dogmas de fe (y que consideran incontestables en la forma y en el fondo) hasta un total y absoluto rechazo de toda religión debido a la condena de su orientación sexual, según lo que suponen que la Biblia dice por lo que los eclesiásticos dicen, pero que no es forzosamente la verdad del asunto. De hecho, los poderes eclesiásticos no están interesados en el bienestar de las personas, sino en el bienestar y prosperidad de sus organizaciones religiosas. Entre estos extremos, algunos niegan toda validez a los textos bíblicos que se suelen citar en contra de la homosexualidad y de los homosexuales. Otros desarrollan una indeferencia despreocupada e indolente. Unos cuantos, en tanto, intentan explicar las referencias bíblicas que se les oponen a través de una exégesis muchas veces insustentable. En todo caso, los enunciados eclesiásticos que condenan a la homosexualidad y a los homosexuales, y que infunden no poco temor a muchos homosexuales, demuestran y evidencian, sin duda alguna, el más completo y absoluto fracaso de las iglesias para tratar el tema de la homosexualidad en términos realmente concordantes con el espíritu y la letra de los textos bíblicos y de la enseñanza del cristianismo, el cual, paradojalmente, y para sorpresa de muchísimos, poco o nada tiene que ver con las iglesias y sectas contemporáneas que se ufanan de autoproclamarse «cristianas» ni mucho menos con la homofobia eclesiástica que todavía reina en muchas partes del mundo.

La verdad es que, contrario a lo que muchos suponen, la Biblia no dice (y, por lo tanto, no apoya) lo que muchos creen, piensan o dan por hecho que dice. Es una soberana pretensión el que alguien o algún grupo en particular se atribuya autorización y autoridad «divina» para «interpretar» la Biblia, porque no la tienen, ni jamás la han tenido.

En efecto, al examinar las Sagradas Escrituras, uno descubre, quizás si hasta con asombro, que no dicen absolutamente nada específico acerca de la orientación homosexual en sí misma, a pesar de la innegable condena explícita de ciertos actos homosexuales que se pueden hallar en varios lugares del Texto Sagrado, ya que, como el afamado «Nuevo Diccionario Bíblico» reconoce: «La Biblia no dice nada específicamente acerca del estado homosexual.» (Primera edición, Ediciones Certeza, impreso en Chile por Morgan Internacional Ltda. bajo la dirección de J. D. Douglas y N. Hillyer, 1991, página 611.). Sin embargo, el verdadero alcance de dicha censura debe estudiarse cuidadosa e imparcialmente, libre de apasionamientos, para llegar a una conclusión lo más exacta posible, sin forzar al texto bíblico a decir lo que no dice ni a callar lo que en verdad sí dice. Con demasiada frecuencia se ha esgrimido la indiscutible autoridad de las Sagradas Escrituras para utilizarla como una muy eficaz herramienta con la cual vencer y anular inapelablemente cualquier oposición y zanjar definitiva e irredargüiblemente toda y cualquier disputa en torno al tema. Los argumentos homofóbicos que se han derivado de interpretaciones absolutamente arbitrarias y de manifiestas manipulaciones y tergiversaciones de ciertos pasajes de la Biblia, a menudo suelen ir demasiado lejos, mucho más allá de lo que ella dice y autoriza a decir en cuanto al tema.

En tanto, considero pertinente decir por anticipado que, no obstante cuanto se diga, las referencias bíblicas a la «sodomía» no son tantas, ni tan específicas, como algunas personas quisieran que lo fuera.

Personalmente, como cristiano que me confieso, y puesto que, como tal, reconozco y acepto la autoridad de la Biblia como verdadera y auténtica Palabra inspirada de Dios, y puesto que me declaro y reconozco homosexual, considero de mucha importancia, y del todo valedero, el examinar y estudiar detenida y exhaustivamente lo que la Biblia dice en cuanto a la «sodomía». Esto, creo yo, es algo sumamente necesario debido a las implicancias que ello tiene para quien profesa creer en las enseñanzas de Cristo Jesús, independientemente de la filiación religiosa particular de uno. Más allá de si uno sea católico, protestante, ortodoxo, o miembro de alguna de las otras iglesias cristianas existentes en la actualidad, existe el hecho innegable de que todos los adherentes a cualquiera de las iglesias de la cristiandad actual consideran a la Biblia como una autoridad de origen divino, a la cual se suele apelar en diferentes circunstancias y cuestiones vitales.

Para obtener una visión del punto de vista bíblico que se ajuste lo más estrechamente posible a las declaraciones efectivamente expuestas en las Sagradas Escrituras acerca de la «sodomía», y atendiendo a su propia estructura, he considerado necesario examinar las referencias escriturísticas relacionadas con la homosexualidad atendiendo a las dos grandes secciones que son el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

EL ANTIGUO TESTAMENTO Y LA HOMOSEXUALIDAD

Introducción

Se acostumbra a dar el nombre de «Antiguo Testamento» (con el significado de «Pacto Antiguo», y que se refiere al Pacto de la Ley mosaica) a la primera y más antigua de las secciones de la Biblia, y que comprende 39 libros, 929 capítulos y 23.145 versículos, de acuerdo al texto presentado en la Versión Valera Revisada. En estos apuntes, he usado la traducción de la Biblia generalmente conocida como «Versión Reina_Valera Revisada» o «Versión Valera Revisada» [«La Santa Biblia» Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569) Revisada por Cipriano de Valera (1602)], revisión de 1960, en atención a su amplia difusión y aceptación en los países de habla hispana, lo que la hace una traducción interdenominacional. No obstante, en los lugares en que es necesario hacer manifiestas algunas variaciones textuales, lecturas alternas o diferencias notables con esta versión, he citado o hecho referencia a otras versiones o traducciones modernas, a las que he identificado oportuna y claramente en cada caso y lugar.

Muy particularmente cierto en lo que se refiere al Antiguo Testamento es lo que ya antes he afirmado en relación con la entera Biblia: los textos bíblicos que se refieren a la homosexualidad no son tantos, ni tan específicos. En cualquier caso, las referencias veterotestamentarias que pueden citarse como innegables condenas a la «sodomía» en el Antiguo Testamento, son muy desafortunadamente citadas y aplicadas, así como peor explicadas, por la propaganda homofóbica de las iglesias, de las sectas y de ciertas personas que han asumido el papel de moralistas y moralizantes de las demás personas, desatendiendo la atención que en cuanto a este tema deberían dar a su persona, primeramente, así como a las instituciones que representan o de las que forman parte. A esto se refirió Jesucristo, el fundador del cristianismo, cuando dijo: «Dejen de juzgar, para que no sean juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, se les medirá. Entonces, ¿por qué miras la paja que [que hay] en el ojo de tu hermano, pero no tomas en cuenta la viga [que hay] en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes decir a tu hermano: «Permíteme extraer la paja de tu ojo»; cuando ¡mira!, hay una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano.» (Mateo 7:1-5; «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras—Con Referencias», edición revisada de 1987.).

En el Antiguo Testamento, las referencias directas a «Sodoma», «sodomita» y «sodomitas», que se encuentran en ciertas traducciones al español, como la afamada y ampliamente difundida Versión Reina-Valera (o Versión Valera Revisada), revisión de 1995, suman un total de cuarenta y tres versículos, que son: Génesis 10:19; 13:10, 12, 13; 14:2, 8, 10, 11, 12, 17, 21, 22; 18:16, 20, 22, 26; 19:1, 4, 24, 28; Deuteronomio 23:17; 29:23; 32:32; 1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46; Job 36:14; Isaías 1:9, 10; 3:9; 13:19; Jeremías 23:14; 49:18; 50:40; Lamentaciones 4:6; Ezequiel 16:46, 48, 49, 53, 55, 56; Amós 4:11; Sofonías 2:9. Pero, de todas estas referencias mencionadas, en Génesis 10:19 se la cita en relación con los límites de la tierra de Canaán; Génesis 13:10, 12 solamente se refieren al distrito o comarca que escogió Lot, al separarse de su tío Abrán (después renombrado «Abrahán»); las ocho menciones que aparecen en el capítulo 14 de Génesis se refieren a la rebelión de las ciudades de la Pentápolis [«Cinco Ciudades»] del valle de Sidim en contra de la soberanía de Kedorlaomer, rey de Elam, la expedición punitiva realizada por este monarca para castigar a los rebelados, y los resultados finales de esa acción militar; Deuteronomio 29:23 es apenas una referencia a las destruídas ciudades del valle de Sidim en el discurso de Moisés en las llanuras de Moab, poco antes de su muerte, exhortando al pueblo israelita a ser fiel a Yahwêh su Dios; Deuteronomio 32:32 forma parte de un cántico compuesto por Moisés, poco antes de su muerte, también, la letra del cual habría de ser para los israelitas un testimonio adverso si olvidaban a Yahwêh su Dios y traspasaban las estipulaciones establecidas en el Pacto de la Ley; Isaías 1:9 está mencionada como una comparación que hace el profeta, por eso es que en Isaías 1:10, a los líderes del pueblo israelita del reino de Judá se les llama «príncipes [literalmente, «dictadores»] de Sodoma», en tanto que a los israelitas habitantes del reino de Judá se les llama «pueblo de Gomorra»; lo mismo sucede con Isaías 3:9, donde el profeta está refiriéndose al juicio de Dios contra Judá y Jerusalén; Isaías 13:19; Jeremías 49:18; 50:40; Lamentaciones 4:6; Amós 4:11; Sofonías 2:9, hacen referencia a Sodoma solamente para referirse a la destrucción, devastación, despoblamiento, abandono y arruinamiento de Babilonia, Judá, Jerusalén y Samaria; las referencias del capítulo 16 del libro del profeta Ezequiel están todas referidas a la denunciación profética de los reinos israelitas de Judá e Israel. Por lo tanto, luego de este somero avance de análisis de todas las ocurrencias de las palabras «Sodoma», «sodomita» y «sodomitas» a través del entero Antiguo Testamento, quedan por analizar los textos de Génesis 13:13; Deuteronomio 23:17; 1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46 y Job 36:14, sin contar los textos de Levítico 18:22; 20:13 y Deuteronomio 23:18, en los cuales la Versión Valera Revisada de 1960, y la posterior revisión de 1995 de esta misma versión, usa otros términos.

Por lo tanto, resumiendo lo ya visto, las referencias a la «sodomía» que se encuentran en el Antiguo Testamento, de acuerdo a la Versión Reina-Valera Revisada de 1960, son extremadamente pocas: en esta versión, las palabras «sodomita» y «sodomitas» aparecen una vez en la Toráh o Pentateuco (Deuteronomio 23:17), tres veces en los Nevi'ím o Profetas (1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46) y una vez en los Kethuvím o Escritos (Job 36:14). En tanto, una vez aparece la expresión «echarse con varón como con mujer» (Levítico 18:22), como también una vez la frase «ayuntarse con varón como con mujer». (Levítico 20:13.). Aparte de eso, la Toráh hace referencia a «perro» (en hebreo, «kélev»), una vez, en un contexto que hace manifiesto que también se refiere a la «sodomía». (Deuteronomio 23:18.). En total, pues, las referencias explícitas e indudablemente directas a la «sodomía» que aparecen en el Antiguo Testamento se reducen a ocho versículos de un total de 23.145 versículos que contiene el Antiguo Testamento, lo que porcentualmente es ínfimo. Aparte de eso, existen dos relatos que frecuentemente son citados en conexión con el tema: el que se refiere a Sodoma y las otras cuatro ciudades de la llanura baja de Sidim, y el que se refiere a los israelitas de la ciudad benjaminita de Guibeah o Gabaa, el primero en el libro de Génesis (y que es mencionado en otros lugares de la Biblia también), y el segundo en el libro de los Jueces.

En el relato bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo» (Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que «los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.» (Génesis 13:13.). Con todo lo que se ha dicho y escrito a través de siglos de polémica, conviene preguntarse: ¿qué es la «sodomía»?

Porque el mejor argumento que han encontrado ciertas personas para apoyar sus afirmaciones homofóbicas, pretendiendo darles una aureola de autoridad espiritual, proviene, principalmente, del relato bíblico que se halla registrado en Génesis 18:16_19:29. A estos 47 versículos, se suele agregar lo registrado en Génesis 13:13, que dice: «Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.»

 

 

SODOMA, ... LA CIUDAD Y LA COMARCA.

Sodoma fue una antigua ciudad cananea, situada junto al límite suroriental de la tierra de Canaán (Génesis 10:19; 13:12), a menudo mencionada junto con Gomorra, que debió ser la más importante de las cinco ciudades que, de acuerdo al registro bíblico, estaban situadas en la Llanura Baja o Valle de Sidim, y que, actualmente, se encuentra sumergido bajo las aguas poco profundas de la extremidad meridional del mar Muerto, al sur de la actual península de el-Lisan [árabe, «la Lengua»]. (Génesis 14:2, 3.). Al separarse Lot de su tío Abrán, para evitar las disputas entre sus respectivos grupos, aquél escogió la bien regada y fértil zona del «Distrito del Jordán», y asentó sus tiendas en las vecindades de la ciudad-estado de Sodoma, donde se dió cuenta de que «los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.» (Génesis 13:5_13; 2 Pedro 2:7, 8.). Hacia 1953 a. de J.C., aproximadamente, luego de haber estado sometidos a la soberanía de Kedorlaomer, rey de Elam, las cinco ciudades-estados del valle de Sidim se rebelaron. Al año siguiente, Kedorlaomer, auxiliado por las fuerzas militares de otros tres reyes mesopotámicos vasallos suyos, se dirigió a la zona para reimponer su dominio, derrotando a Bera, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a Seméber, rey de Zeboyim, y al rey de Bela (después llamada Zóar), en una batalla librada en la misma llanura baja de Sidim. Los vencedores tomaron botín y cautivos, los cuales fueron recuperados por Abrán mediante un sorpresivo ataque nocturno combinado de sus fuerzas y las de Aner, Escol y Mamré, amorreos confederados suyos.

Evidentemente, la derrota de los reyes mesopotámicos, significó la consolidación de la independencia para las ciudades de la tierra de Sidim, como para las demás ciudades y pueblos del Levante previamente sometidos a la soberanía elamita. La ciudad-estado de Sodoma, evidentemente, pasó a detentar la hegemonía sobre las demás ciudades-estados sidimitas, ya que su nombre pasó a ser sinónimo de toda esa región, y Gomorra debió ser la segunda ciudad-estado en importancia, después de Sodoma. Por lo tanto, Sodoma se convirtió en una ciudad rica, próspera, cuyos habitantes podían sentirse muy seguros en relación con los medios materiales con que contaban.

La religión cananea, como es bien sabido, otorgaba gran importancia a formas cultuales que incluían la prostitución de individuos de ambos sexos para el beneficio de cada uno de los templos a los que estaban consagrados, y el sacrificio de niños, principal y generalmente, los primogénitos, como ofrendas quemadas a las deidades que adoraban.

En efecto, como lo prueban las investigaciones históricas y arqueológicas efectuadas a través de todo el país, los cananeos tenían usos y costumbres que resultan sumamente chocantes para nuestra mentalidad debido a la crueldad y la extremada sexualidad que estaban conectadas con su religión y su forma de expresar su religiosidad. Esto es especialmente cierto de las divinidades que adoraban las tribus cananeas, a las cuales los documentos procedentes de las excavaciones efectuadas en la antigua ciudad cananea de Ugarit (actual Ras Shamra, en la costa septentrional de la actual Siria) presentan como crueles y excesivamente sedientas de sangre, sádicas, sexualmente laxas hasta el extremo de lo increíble. Los cananeos adoraban a sus divinidades en los «bamóhth» [«lugares altos»], esparcidos a través de toda la tierra, tanto en las alturas naturales como en los recintos de las ciudades, junto a ríos, manantiales, bosques o llanadas. En tales templos o santuarios, se levantaban las «columnas sagradas» [massebím] y los «postes sagrados» ['ascherím]. Estos elementos parecen representar los principios masculino y femenino, respectivamente, asociados con el exacerbado culto rendido por la generalidad de los cananeos a la fertilidad. «'Ascheráh» [Aserá], es también el nombre propio de una diosa cananea, atestiguada también en Ugarit, como en otras ciudades de Siria, Palestina y Fenicia. En los santuarios cananeos, había altares para los sacrificios, estantes para el incienso, los símbolos fálicos característicos (postes y columnas sagrados) e imágenes esculpidas de sus deidades. En casi todos, si no en todos, los «bamóhth» o «lugares altos», había prostitutas y prostitutos consagrados al servicio de la divinidad titular, cuyo precio era percibido por el templo como una contribución u ofrenda muy especial. En ciertos rituales cúlticos, no era infrecuente la ocurrencia de incesto, bestialidad, espiritismo, hechicería, magia, y la inmolación sacrificial de niños en el fuego sagrado o como ofrenda quemada, particularmente en la adoración que se tributaba a Mólok (Moloc), y que en Cartago, colonia africana de la ciudad_estado cananea de Tiro, se practicó hasta la destrucción de la ciudad por los romanos. Estas prácticas, atentatorias contra la dignidad y los derechos básicos irrenunciables de toda persona, siempre resultaron detestables, abominables, a la escrupulosidad hebrea. Un texto egipcio representa a las diosas cananeas Aschtoret, Ascherá y Anat como diosas madres y, a la vez, prostitutas sagradas que, paradojalmente, no perdían su virginidad. Su adoración siempre incluía la prostitución en los santuarios o templos que les estaban consagrados. Estas diosas no solamente representaban y simbolizaban a la lujuria, sino también la guerra y el sadismo más exacerbado. Las figurillas de la diosa Aschtoret descubiertas en varios lugares del Levante la representan desnuda y con los órganos sexuales groseramente exagerados. El afamado arqueólogo William F. Albright, ha hecho la siguiente observación acerca de la adoración fálica cananea: «En su peor momento ... el aspecto erótico de su culto debe haberse sumido en profundidades extremadamente sórdidas de degradación social.» («La Arqueología y la Religión de Israel», 1968, páginas 76, 77.). En cuanto a los sacrificios de niños, ofrendados a sus divinidades, Merrill F. Unger, ha informado que «las excavaciones efectuadas en Palestina han puesto al descubierto montones de cenizas y restos de esqueletos infantiles en los cementerios situados cerca de los altares paganos, lo que indica lo extendida que estaba esta práctica cruel y abominable.» («La Arqueología y el Antiguo Testamento», 1964, página 279.). En otra afamada obra de consulta, puede leerse: «Los cananeos, pues, adoraban cometiendo excesos inmorales en presencia de sus dioses, y luego asesinando a sus hijos primogénitos como sacrificio a estos mismos dioses. Parece que en gran parte, la tierra de Canaán había llegado a ser una especie de Sodoma y Gomorra a escala nacional ... ¿Tenía derecho a seguir existiendo una civilización de semejante inmundicia y brutalidad? ... » («Compendio Manual de la Biblia», Henry H. Halley, 1985, página 157.).

En el relato bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo» (Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que «los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.» (Génesis 13:13.). Con todo lo ya señalado en cuanto a las prácticas religiosas y cultuales de los cananeos, es evidente que en las ciudades de la llanura baja de Sidim se estaba dando una condición extrema de laxitud y de desprecio a la dignidad humana que iba mucho más allá de lo que el reverendo William W. Rand llama «el crimen á que los hombres de Sodoma eran muy adictos», en su obra, en el artículo «SODOMITICOS». («El Diccionario de la Santa Biblia», W. W. Rand, página 655.).

LA LLANURA BAJA DE SIDDIM

La «Llanura Baja de Sidim» es un valle que la Biblia relaciona con el antiguamente llamado «mar Salado» o «mar de la Sal» [«Yam ha_Melâh»], al que a veces también se hace referencia como el «mar del Arabá» [«Yam ha_`Aravâh»] o el «mar del Oriente» («mar Oriental» [«Yam ha_Qadhmôhn»]), es decir, el «mar Muerto», llamado por el historiador judío del primer siglo de nuestra era lago «Asfaltites», y que los árabes designan como «Bahr Lut» [«Mar de Lot»]. (Génesis 14:3.). En hebreo, se emplea la palabra «'émeq» con referencia a este valle. «'Emeq» es un término que se refiere a «una larga y ancha extensión entre cadenas paralelas de colinas, en vez de montañas, como en el caso del término precedente [«biq_'âh», que designa a una llanura ancha rodeada de montañas]; ... ['émeq] conlleva la idea de algo bajo y ancho, más bien que algo escarpado o encerrado.» («Ciclopedia de Literatura Bíblica, Teológica y Eclesiástica», John M'Clintock y James Strong, 1881, volúmen 10, página 703.). Fue en esta llanura que los reyes de las ciudades_estados cananeas de Sodoma, Gomorra, Admá, Zeboyim y Bela se enfrentaron con el rey elamita Kedorlaomer [Kudur_lagamal (?)] y sus aliados, luego de la rebelión que protagonizaran estas ciudades, y otras zonas más, tras doce años de sometimiento. Derrotados, los reyes cananeos huyeron, pero parte de sus tropas cayó en los pozos de betún [asfalto] que abundaban en este valle.

Se ha dicho que la llanura baja [o, valle] de Sidim corresponde a la sección del mar Muerto que, en la actualidad, se extiende al sur de la península llamada en árabe el_Lisan [«la Lengua»], y que asemeja una especie de bahía. En un tiempo, esta zona fue un valle fértil, pero, después de la catástrofe que resultó en la destrucción de sus ciudades, quedó sumergida bajo las aguas del mar Muerto, que se extendieron hacia el mediodía. Quizás si ello se haya debido a alguna actividad sísmica o a cambios topográficos provocados en relación con la mencionada destrucción de las «ciudades del Distrito». Todavía sube, de vez en cuando, alguna materia bituminosa a la superficie de las aguas poco profundas de esa parte del mar Muerto. Cabe tener presente que la superficie del mar Muerto se encuentra a unos 427 metros por debajo del nivel del mar Mediterráneo y que el punto más profundo de este mar se encuentra todavía a 433 metros por debajo de su superficie. Hasta mediados del siglo XIX era posible vadear el mar desde la península de el_Lisan hasta la ribera occidental, distancia de apenas 3 kilómetros. Allí quedan rastros de un camino construído por los romanos, evidentemente sobre uno anterior. Al sur de el_Lisan, la profundidad del mar es escasa, alcanzando a unos 5 o 6 metros apenas, y gradualmente se va perdiendo en una marisma salobre llamada Sebkha o Shebkha.

HACIA UNA DEFINICIÓN DEL PECADO DE «SODOMÍA»

En el relato bíblico que se extiende desde Génesis 18:16 hasta Génesis 19:27, se hace mención del «pecado» de Sodoma y Gomorra, el cual «se ha agravado en extremo» (Génesis 18:20), en adición al hecho notorio años antes a Lot en cuanto a que «los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.» (Génesis 13:13.). Con todo lo que se ha dicho y escrito a través de siglos de polémica, conviene preguntarse: ¿qué es la «sodomía»?

Porque el mejor argumento que han encontrado ciertas personas para apoyar sus afirmaciones homofóbicas, pretendiendo darles una aureola de autoridad espiritual, proviene, principalmente, del relato bíblico que se halla registrado en Génesis 18:16-19:29. A estos 47 versículos, se suele agregar lo registrado en Génesis 13:13, que dice: «Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera.»

Mucho es lo que se ha dicho y escrito, en cuanto a lo que en verdad es la «sodomía». Quizás si una de las mejores definiciones de la «sodomía» sea la que aparece en el «Compendio de la Teología Moral de S[an]. Alfonso María de Ligorio», que preparó y publicó, con la correspondiente «Licencia del Ordinario», «el Presbítero de la Diócesis de Rhodez, Canónigo Honorario de la Santa Iglesia de Agen y Misionero», D. Neyraguet. En el «Tratado XI. Del sexto y nono precepto del decálogo», en su «ARTICULO III. De la sodomía», expresa:

«Unos tienen que la sodomía consiste en el concúbito en el vaso indebido y otros en el concúbito con el sexo indebido. Una y otra opinión son probables; pero la segunda, á saber, que la sodomía consiste en el concúbito con el sexo indebido, es más probable y la comun de los teólogos (santo Tomas, Les., Holzm., Elbel etc.). La razon es porque la sodomía propia y verdadera se comete en el congreso con una persona con quien de ningun modo puede efectuarse la generación.

«De aquí se infiere 1º que es verdadera sodomía el coito de una mujer con otra (santo Tomas), aunque Elbel piensa no sin probabilidad que semejante concúbito aun con afecto al vaso posterior no parece sino sodomía impropia, como quiera que no puede darse cópula perfecta entre mujeres. 2º Que es verdadera sodomía cualquier concúbito ó unión de los cuerpos tenida con persona del mismo sexo ya en el vaso posterior, ya en otra parte, pues siempre hay entonces, regularmente hablando, afecto al sexo indebido (Tamb. etc.). Por lo tanto, dicen Ronc., el mismo Tamb. etc. que no hay necesidad de explicar en la confesión si la polucion fue dentro ó fuera del vaso (1) ; pues basta confesar: He pecado con un muchacho, para que el confesor juzgue que hubo sodomía con polucion. Mas si no hubo polucion, debería de explicarse. 3º Con los Salm. etc. y la mas comun que el coito del varon con la mujer en el vaso posterior es sodomía solo imperfecta, distinta en especie de la perfecta, como dicen Tourn. y Tamb., el cual nota con Holzm., Spor. y la comun, segun afirma, que si vir coiret inter crura, brachia aut alias partes mulieris, sería una especie de cópula incoada, á lo menos en el afecto. Por lo cual segun esta doctrina el hombre que tiene cópula con una doncella fuera del vaso, comete dos pecados contra la misma virtud de la castidad, pero de diversa especie, el uno de fornicacion en afecto y el otro contra naturam en efecto. Dicen Spor. etc. que cuando el confesor entienda que la mujer pecó carnalmente fuera del vaso natural ó posterior, no debe preguntar en qué sitio ó cómo.

«Quaeritur 1º an pollutio in ore sit diversae speciei. R. Affirmant Spor. etc., et hoc peccatum vocant irrumationem. Sed probabilius dicunt Holzm. etc. quod si vir polluitur in ore faeminae, erit copula inchoata, ut supra; si vero in ore maris, erit sodomia. Vide tractat. de matrim., núm. 935.

«Se pregunta 2º qué pecado es tener coito con una mujer muerta. Se ha de decir con Holzm etc. comunmente que no es fornicacion, porque se hace con un cadaver, ni bestialidad como quieren algunos, sino polución y fornicacion afectiva.——466.

«Se pregunta 3º si en el pecado de sodomía se ha explicar quién fue agente ó paciente. Niegan los Salm. etc. porque dicen que comunmente tienen ambos polucion; pero ciertamente se debe explicar, porque con mucha mas facilidad la hay en el agente que en el paciente. Holzm., Tourn., Mazzot, Tamb. etc.——468.

«Se pregunta 4º si la sodomía entre parientes consanguíneos ó afines añade especie de incesto. Hay tres opiniones. La primera niega generalmente con Diana etc; pero esta no parece bastante probable. La segunda dice con Bonac, que la cópula sodomítica entre parientes en primero y segundo grado es incesto; pero no el coito entre los que se hallan en tercero y cuarto. La tercera opinion que juzgo mas probable con Lugo, Tourn., Lacroix etc., enseña que toda cópula, ya natural, ya contra naturam entre parientes hasta el cuarto grado, sean consanguíneos ó afines, por cognacion legal o espiritual, lleva malicia de incesto. La razon es porque por la ley eclesiástica ya se debe reverencia y piedad á todos estos, y si se ofende con el coito natural mucho mas con el que es contra naturam. Tambien dicen los Salm. que comete incesto el que tiene polucion por los tactos de algun pariente en cuarto grado; y lo mismo ha de decirse de otros tactos deshonestos, en los cuales debe explicarse la especie del cómplice, si es parienta, casada, etc., segun Tourn., Viva y los Salm., quienes afirman ser comun. Pero notese como cierto que se debe explicar en la confesion si se tuvo la sodomía con violencia, ó con persona que haya hecho voto de castidad, ó con casada, porque la fidelidad del matrimonio requiere que el cónyuge no divida su carne con otros por ninguna especie de concúbito. Sanch., Salm. etc.——469.

«Se pregunta 5º si la mutua polucion tenida entre varones ó hembras es molicie solamente ó sodomía. Si se hace por solo afecto al deleite venereo sin concúbito, es molicie; pero si hace por afecto á aquella persona de sexo indebido, es sodomía en cuanto á la malicia. Vease núm. 467.——485.

«Se pregunta 6º á que penas estan sujetos los sodomitas. Por la ley civil son condenados á pena capital y á ser quemados; mas por el derecho canónico segun la bula de S. Pio V asi los clérigos como los legos religiosos que cometen tan atroz delito, quedan privados de todo privilegio clerical, oficio y beneficio, y ademas manda el santo pontífice que sean entregados á la potestad secular.——470.

«Se pregunta 7º qué condiciones se requieren para incurrir en dichas penas. Mas probablemente se requiere 1º que la sodomía sea consumada con polucion dentro del vaso: asi Ronc., Bonac., Suar. etc. comunmente, porque la ley penal exige siempre que el delito sea perfecto y consumado. 2º Que la sodomía sea de varon con varon, porque el coito sodomítico de varon con hembra no es verdadera sodomía (Bonac., Azor con los Salm. y la mas comun). Por lo cual notan probablemente los Salm. etc. que la sodomía con una mujer no se comprende bajo la reservacion de sodomía; al contrario si se ha reservado el pecado contra naturam. 3º Por lo que toca á las penas de los clérigos se requiere que el acto de sodomía sea frecuente ó continuado en el uso, pues esto es lo que implica la palabra exercentes usada en la bula. Bonac. con Suarez etc. y la comun.——474.

«Se pregunta 8º si los clérigos que son pacientes en el acto sodomítico, incurren en las penas. Niegan Hurt. etc., porque dicen que la palabra exercentes significa propiamente accion y no pasion, y esta opinion parece bastante probable. Pero con razon tienen los Salm. etc. por mas probable la contraria, porque tambien los pacientes son verdaderos sodomitas.——474.

«Se pregunta 9º si se incurre en dichas penas antes de la sentencia. La primera opinion afirma, porque el sumo pontifice dice: Praesentis canonis auctoritate privamus. Asi Azor etc. Pero la segunda mas verdadera y comun niega con Nav., Suarez etc. La razon es porque no se incurre en ninguna pena que prive de algun derecho adquirido, sino despues de la sentencia, aunque en la ley se exprese que se incurre en la pena ipso facto; mas, aunque se diga allí: Nullâ expectatâ judicis sententiâ; pues entonces se requiere á lo menos la sentencia declaratoria del delito. La razon es porque seria demasiado dura una ley por la cual estuviese uno obligado á ejecutar por sí mismo las penas antes de ser condenado por sentencia. Vease el tratado de las leyes, número 448.——472.» («Compendio de la Teología Moral de S. Alfonso María de Ligorio», Madrid, España, 1859, páginas 218_220; en la entera cita se ha respetado la ortografía del original; las bastardillas pertenecen al autor.).

[(1) remite a una nota al pie de la página, que dice: «Aunque para incurrir en caso reservado se requiere la efusion del semen dentro del vaso (H.A., n. 24).»]

Debido a lo anterior es que una moderna obra de consulta, dice: «SODOMIA. f. Relación homosexual masculina. Se aplica particularmente al coito anal. SODOMITICO, CA.» («OCEANO UNO Diccionario Enciclopédico Ilustrado, Editorial Océano, Ediciones Océano Gallach, S. A., Bogotá, Colombia, 1991.) «SODOMITA ADJ. Y S. De Sodoma. adj. y m. Hombre homosexual.» (Opus cit.). Y en el «Diccionario Enciclopédico Larousse», se dice: «SODOMÍA n. f. (de Sodoma). Coito anal.» (Editorial Planeta, S. A., Barcelona, España, 1992, Volúmen 8, página 2225), por lo que define «sodomita» por «que practica la sodomía» y «sodomítico» como «relativo a la sodomía». (Opus cit.). En tanto, la afamada Enciclopedia Universal Sopena, dice: «SODOMÍA. (de Sodoma, antigua ciudad de la Palestina, donde se practicaba todo género de vicios torpes). f. Concúbito entre personas de un mismo sexo o contra naturaleza.» (edición de 1971, tomo 8, página 8112, col. 2.). Y define «sodomita» como « ... Que comete sodomía.» (Opus cit.).

En tanto, una obra de consulta bíblica de prestigio en el mundo de habla hispana, dice lo siguiente en el artículo «SODOMÍTICOS» : «Deut. 23:17, término bíblico aplicado á las personas que en consonancia con una costumbre pagana muy generalizada, practicaban como rito religioso en el culto de Astoret, etc., el crimen de que los hombres de Sodoma eran muy adictos, Gén. 19:4, 5. El término hebreo Kadesh significa "consagración"; y su equivalente femenino KADESA es traducido "ramera" en Gén. 38:21, 22; Deut. 23:17; Os. 4:14. Algunos de los Israelitas adoptaron esta repugnante "consagración" con otras prácticas idólatras, aun cuando estaba expresamente prohibido, I Rey. 14:22-24. Entre las reformas instituidas por Asa, Josafat y Josías, trató de abolirse esta práctica, I Rey. 15:12; 22:46; 2 Rey. 23:7. Com. rom. I:22-29.» («Diccionario de la Santa Biblia», reverendo William W. Rand, 1890, reimpresión sin fecha de Editorial Caribe, San José, Costa Rica, hecha en Barcelona, España; página 655.).

El autor del citado diccionario se contradice y refuta a sí mismo cuando dice que «sodomítico» o «sodomita» es un término bíblico. Porque, paradojalmente, y extraño como parezca, las palabras «sodomía», «sodomita» y «sodomítico» no aparece, ni siquiera una sola vez, en todo el texto hebreo original del Antiguo Testamento, como tampoco aparece en el resto de la Biblia. El término, pues, no es bíblico. La palabra «sodomía», con referencia a la homosexualidad, particularmente a la homosexualidad masculina, es una invención más bien tardía, y la responsabilidad de mentes del todo, e indudablemente, desequilibradas, y cuya única razón para acuñar este término fue darle un claro sentido de ser algo condenado por Dios. Para tales personas desquiciadas y ausentes de la realidad cotidiana, los homosexuales merecían apenas la muerte y el tormento eterno en el fuego inextinguible del infierno, prototipo de lo cual sería el castigo divino a las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las otras «ciudades malditas». La palabra conlleva un altísimo grado de hostilidad y un significado del todo peyorativo.

Es valioso, no obstante, el testimonio del reverendo W. W. Rand, ya citado, en cuanto a que el original hebreo usa la palabra «kadesh [qaddêsch]», y su admisión de que tales personas participaban en un rito religioso relacionado con el culto a la fertilidad. Por eso es que la Versión Regina, católica romana, dice, en Deuteronomio 23:18 (23:17 en otras versiones): «No habrá prostituta sagrada entre las hijas de Yisrael ni prostituto sagrado entre los hijos de Yisrael», en lugar de los arcaísmos erróneos «ramera» y «sodomita» que aparece en la Versión Valera Revisada de 1960. De manera que el versículo siguiente se hace más claro, cuando se lee: «No lleves a la casa de Yahvé, tu Dios, el salario de la prostituta sagrada, ni el precio de un perro ["kélev"; «prostituto sagrado», «hieródulo», La Santa Biblia, Juan Straubinger, Buenos Aires, 1986, nota; «prostituto», La Biblia Completa—Una Traducción Americana, reimpresión de 1951, J. M. Powis Smith y Edgar J. Goodspeed], sea cual fuere el voto, porque ambos son abominables para Yahvé, tu Dios.» (Deuteronomio 23:18; «Sagrada Biblia», Edición Manual, por Pedro Franquesa y José María Solé, misioneros claretianos, Editorial Regina, Barcelona, España, 1968.).

Como puede observarse, por lo ya antes dicho, la declaración del escritor de Génesis no dice nada que lleve a suponer siquiera que la «maldad» y el «pecado» de los habitantes de Sodoma fuera, explícitamente, la homosexualidad. El «pecado» de Sodoma y de Gomorra, así como de las demás ciudades del distrito no era la homosexualidad, o «sodomía», como erróneamente se la llama en forma peyorativa, a pesar de que se la practicara extensamente en todo el mundo antiguo, y aunque esta hubiera sido alguna vez practicada en Sodoma y las otras ciudades del valle de Sidim más allá de todo límite concebible. De todos modos, la homosexualidad no es mencionada ni tan siquiera una sola vez como el «pecado» de que eran culpables los sodomitas y los demás sidimitas. El «pecado» de Sodoma y de las ciudades vecinas a ella era mucho más que eso, y no solamente tenía un ingrediente sexual muy importante y determinante, puesto que la sexualidad era utilizada con fines claramente religiosos, como en muchos otros pueblos. Innegablemente, los pueblos que antiguamente habitaban el antiguo Próximo Oriente tenían usos y costumbres que iban mucho más allá de la simple lujuria por la lujuria, pero que eran del todo distintos a lo que en la actualidad es aceptable para la mayoría de las personas, y para la escrupulosidad religiosa, moral y humanista, y diferían radicalmente de lo que conocían y practicaban los primeros patriarcas hebreos, y estaban en abierto contraste con lo que se estipuló en el Pacto de la Ley en lo tocante a la dignidad de las personas y la sexualidad. Pero esos usos y costumbres de los cananeos estaban del todo acordes con el mundo de ese entonces.

De todas maneras, es del todo inoficioso, vano e inútil el que uno busque en este relato una condena explícita o implícita de la homosexualidad. Dice, refiriéndose a los relatos bíblicos que tienen que ver con Sodoma y con Guibeah (éste último mencionado en el libro de los Jueces), D. H. Field, Licenciado en Letras y Subdirector del Oak Hill College, de Oxford, Inglaterra, que «ninguno de los dos relatos equivale a una condena lisa y llana de todos los actos homosexuales. En ambas ocasiones el pecado que se condena es el intento de llevar a cabo una violación homosexual, y no una relación homosexual amorosa entre partes que consienten.» («Nuevo Diccionario Bíblico», página 611.). La base para el castigo de las ciudades de la Pentápolis sidímica no fue una conducta u orientación sexual que no estaba todavía contemplada en la Ley divina, y sobre la cual no se había dicho nada todavía, en ningún lugar de las Escrituras canónicas.

La clave en cuanto al «pecado» o la «maldad» de que eran culpables los habitantes de las ciudades de Sidim, la da el profeta Ezequiel, quien, al censurar la actitud infiel de los israelitas de su tiempo, les declaró que Yahwêh les decía: «Vuestra madre fue hetea, y vuestro padre amorreo. Y tu hermana mayor es Samaria [el reino norteño de diez tribus de Israel], ella y sus hijas, que habitan al norte de ti; y tu hermana menor es Sodoma con sus hijas, la cual habita al sur de ti. Ni aun anduviste en sus caminos, ni hiciste según sus abominaciones; antes, como si esto fuera poco y muy poco, te corrompiste más que ellas en todos tus caminos. Vivo yo, dice Jehová el Señor, que Sodoma tu hermana y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo ví las quité.» (Ezequiel 16:49, 50.).

De manera que la verdadera culpa de Sodoma y sus ciudades dependientes (llamadas «hijas» por el profeta Ezequiel) de la llanura baja de Sidim fue un excesivamente exacerbado orgullo, una desmedida soberbia, que fue acentuada ante la seguridad que daba a las ciudades de la Pentápolis la desaparición del poderío mesopotámico opresivo y la realidad evidente de que no había en todo el Levante antiguo y sus vecindades ningún poder, ninguna potencia, capaz de someterlas a su soberanía. Por lo demás, el panorama geopolítico de ese entonces, a juzgar por los registros históricos provenientes de las excavaciones efectuadas en los sitios en que antiguamente estuvieron emplazadas las famosas ciudades de Mari, Ebla y Ugarit, por ejemplo, testimonian de la ausencia de un imperialismo efectivo que ejerciera su soberanía y dominio sobre el Levante. Egipto se desarrollaba internamente, y todos sus esfuerzos exteriores se dirigían especialmente a la tierra de Kusch y, en segundo término a la parte occidental de la península del Sinaí. Los principales reinos de la Mesopotamia, en tanto, se debatían en interminables enfrentamientos por obtener la supremacía sobre el resto del país. En la Anatolia, en tanto, la situación no era del todo diferente. Era, pues, el tiempo precisamente apropiado para que las ciudades_estados de la tierra de Canaán, desde el río Purattu [Ferâth; Éufrates] hasta el Nâjal_Mitsrâyim [Wady el_`Arish] pudieran disfrutar de una absoluta y completa libertad política. Eso dió la oportunidad para que se formaran o resurgieran organizaciones políticas locales, tales como Ebla, Iamkhad (Yamkhad [con capital en Khalab, actual Alepo]), Amurru, Qatnah, Qadesch [o Kadesch del Orontes], Dimaschqah [Damasco], Hazzuru [Hazor], Alalakh [Alhalha], Hamath, Gubala [Gebal, la clásica Byblos (Biblos)], Gargamu [Karkemisch], Meguidó, Taanak, Guezer, Gaza, Sidón, Lakísch, Gath, Urshu, Arad, Qadêsch_barnea, entre otras. Es cierto que la mayoría de estas entidades geopolíticas fueron efímeras y que fueron sustituídas o anexadas por otras más poderosas que, también, tuvieron una existencia limitada. En las tablillas cuneiformes desenterradas en Tell Mardikh, por ejemplo, se mencionan, como ciudades importantes a Salem [la ciudad_estado donde reinaba Melquisedec, rey_sacerdote mencionado en el capítulo 14 del Génesis], Gaza, Lakísch, Jopa [Jope], Aschtarot, Dor y Meguidó. Adicionalmente, se dice que la tablilla inventariada con el Nº 1860 nombra a las ciudades de la Pentápolis sidímica en el mismo orden que se las menciona en la Biblia: Sodoma, Gomorra, Admá, Zeboyim y Bela [Belah, Balah, la posterior Zóar], cosa que posteriormente se ha negado.

Innegablemente, la estratégica posición geográfica de Sodoma y las otras ciudades vecinas suyas del valle de Sidim, le dieron el dominio de las rutas comerciales que iban de Norte a Sur y de Este a Oeste, particularmente en lo que respecta al llamado «Camino del Rey» o «Camino Real», que, a través de la Transjordania, comunica el extremo septentrional del actual golfo de 'Aqabah con la región del Purattu [Eufrates] y, por lo tanto, controlaba el comercio que utilizaba esta ruta entre Egipto, Sinaí, el sur de Palestina y la Arabia noroccidental con la Alta Siria, Anatolia, Mesopotamia y las ciudades cananeas [fenicias] de la costa levantina. Al mismo tiempo, dominaba el comercio que se dirigía desde y hacia el sur de Palestina y Filistea a través de las rutas que se internaban hacia Arabia por esta zona. El comercio de la sal y el asfalto, por lo demás, pertenecía en exclusiva a la Pentápolis sidímica. En la ya mencionada tablilla Nº 1.860 de Ebla se menciona que esta antigua ciudad del norte de Siria llevaba a cabo un gran intercambio comercial con las ciudades de la Pentápolis sidímica. El doctor David Noel Freedmen considera que este registro antecede a la gran catástrofe relacionada con la destrucción de dichas ciudades. Esto produjo un exceso de riquezas, una superabundancia de recursos, que resultó, evidentemente, en una mayor disponibilidad de tiempo, en una marcada «abundancia de ociosidad», o, como vierte la Versión Regina, «indolente reposo». Fue un «indolente reposo» porque, al contar con tanta riqueza material, no fueron solidarios con sus semejantes, con las personas que no tenían las cosas mínimas para la subsistencia. Por eso es que el profeta dice, a continuación: «y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso.» En este pasaje, la versión católica-romana de Franquesa y Solé, antes citada, usa los términos «pobre» e «indigente», respectivamente.

Queda, pues, claro, que la abundancia de recursos, la independencia que sentían les estaba asegurada tras la derrota de Kedorlaomer y sus vasallos, y la extensión de su influencia hacia las áreas circundantes, fue lo que hizo que el orgullo y la indolencia fueran la característica más observable en los habitantes de esas tierras. Esa indolencia hizo a los sidimitas, y a los sodomitas en particular, descuidar las atenciones mínimas que se deben a las personas faltas de recursos. En vez de ser solidarios, parece ser que no trepidaban en exigir el cumplimiento de las leyes internacionales sobre las deudas impagas y hacer recaer sobre los deudores todo el peso de las leyes conocidas en esos tiempos, particularmente de los códigos legales antiguos atestiguados en Mesopotamia, de donde procedían no solamente las costumbres y usos más nimios, sino hasta la religión, las ideas políticas y las leyes que se observaban generalmente en la tierra de Canaán. Entre las faltas que evidentemente los sidimitas acostumbraban cometer, estaba el incumplimiento de las leyes internacionales relativas a la hospitalidad que se debía a los viajeros, como queda claro del relato de Génesis, lo cual debió haberse generalizado. Lo que es irredargüible, es que los sidimitas llevaron su religiosidad hasta límites más allá de lo imaginable, particularmente exagerando la brutalidad de los sacrificios humanos y de la prostitución religiosa.

La gran relevancia e importancia que adquirieron estas cinco ciudades cananeas, sin duda, las hizo representativas de todas las ciudades, las tribus y los estados de los cananeos, de la entera nación, para decirlo en un par de palabras. De manera que al decretar el castigo de estas ciudades, Yahwêh 'Elohîm estaba castigando, en ellas, la corrupción moral y la laxitud religiosa de toda la tierra de Canaán, particularmente de aquella parte del territorio cananeo que había de ser la tierra de las tribus de Israel.

Refiriéndose a estas ciudades, el doctor Richard Pietschmann, dice, en su obra, que forma parte de la «Historia Universal» publicada bajo la dirección del eminente historiador alemán Wilhelm Oncken, evaluando ciertas noticias antiguas: «En aquellas ciudades existió en tiempo remotísimo una civilización mucho más adelantada que la que existió en aquel país [la tierra de Canaán] en época histórica cuando vivió allí otro pueblo.» («Historia de los Fenicios», Richard Pietschmann, en el volúmen 4 de la «Historia Universal» de W. Oncken, página 423.).

 

Otros Textos de Referencia

 

Aparte de los textos ya analizados, cabe señalar que queda por explicar lo que dicen Job 36:14 y Levítico 18:22; 20:13. Job 36:14, en la Versón Valera Revisada de 1960, presenta el mismo problema de traducción del vocablo hebreo qaddêsch. «Fallecerá el alma de ellos en su juventud, y su vida entre los sodomitas». En este pasaje, la llamada «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras--Con Referencias», edición revisada de 1987, dice: «Su alma morirá en la juventud misma, y su vida entre prostitutos de templo». De nuevo, es evidente que el «prostituto de templo» [qaddêsch] es el involucrado en la referencia bíblica, y no el homosexual. (Compárese con el texto hebreo presentado en la «Biblia Hebraica Stuttgartensia», editio tertia emendata opera W. Rudolph et H. P. Rüger, Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart, Alemania, 1987, ; y en «Se'fer Torâh Nevi'im Kethuvim», Norman Henry Snaith, The British & Foreign Bible Society, Londres, Inglaterra, U. K., 1984.). \par \par Los textos que quedan por analizar son las dos escrituras que se mencionan en el libro de Levítico. Levítico 18:22, dice: «No te acostarás con varón como con mujer; es una abominación.» Este es el primer texto prohibitivo en toda la Biblia referido al acto o acción de «acostarse» un hombre con otro hombre. Pero, a pesar de la prohibición, no se establece ningún tipo de sanción por este acto o acción. Este texto, en la ya citada Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras--Con Referencias, lee: «Y no debes acostarte con un varón igual a como se acuestan con una mujer. Es cosa detestable.» En tanto, la lectura literal del texto hebreo en español sería: «Y [con] varón no yacerás como yacen con mujer, abominable ello.» (Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español, Ricardo Cerni, tomo I, Pentateuco, Editorial Clie, Barcelona, España, 1990.). Pero, en Levítico 20:13 hay una condena definitiva y un castigo específico para el «acostarse con un varón», pues se lee: «Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.» Aparentemente, y visto de buenas a primeras, ambos textos se referirían a la homosexualidad, lisa y llanamente, y a quienes participan en actos homosexuales. Estas son las dos únicas ocurrencias, en todo el Antiguo Testamento, en que se estipula una prohibición y un castigo. No hay otro lugar en toda la Biblia. Sin embargo, como aptamente lo hace notar el docto escriturario D. H. Field, Licenciado en Letras, subdirector del Oak Hill College de Londres, Inglaterra: «Las severas advertencias de la ley levítica (Lv. [Levítico] 18.22; 20.13) están dirigidas principalmente y al mismo tiempo a la idolatría. La palabra "abominación" (tô`ebâ), por ejemplo, que aparece en ambas referencias, es un término religioso usado a menudo para las prácticas idolátricas. Vistas estrictamente en su contexto, entonces, estas condenas en el A[ntiguo] T[estamento] se aplican a la actividad homosexual llevada a cabo en contexto idolátrico, pero no tienen vigencia más amplia que esta, necesariamente.» («Nuevo Diccionario Bíblico», artículo «HOMOSEXUALIDAD», página 611.). \par \par Como prueba de que no hubo realmente condena ni sanciones contra la homosexualidad en sí misma ni contra los homosexuales per se, está la historia de David y Jonatán. Cuando David se enteró de la muerte de su entrañable amigo Jonatán en batalla contra los filisteos en el monte Tabor, en el norte de la tierra de Israel, David hizo luto y compuso una endecha, titulada «El Arco», en cuya parte final, dice David:

«Estoy angustiado por ti, hermano mío, Jonatán,

muy agradable me fuiste.

Más maravilloso me fue tu amor

que el amor procedente de mujeres.»

(2 Samuel 1:26; Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras—Con Referencias.). «Y David procedió a salmodiar esta endecha sobre Saúl y Jonatán, y a decir que a los hijos de Judá se les debía enseñar "El Arco". ¡Mire! Está escrito en el libro de Jasar.» (2 Samuel 1:17, 18; ibídem.). Obviamente, Saúl, el padre de Jonatán, sabía exactamente lo que estaba ocurriendo entre su hijo Jonatán y el judaíta David, hijo de Jesé, pues el registro bíblico dice que, en cierta oportunidad en que Jonatán intentó interceder ante su padre por su amigo, Saúl, encolerizado, le gritó: «Oh hijo de criada rebelde, ¿no sé yo bien que estás escogiendo al hijo de Jesé para tu propia vergüenza y para vergüenza de las partes naturales de tu madre?» (1 Samuel 20:30; ibídem.). Los entretelones de esta historia de amistad sublime entre dos hombres escapan a los ojos de quienes no quieren ver más allá de lo que sus propios prejuicios les permiten ver. Y las implicancias están muy a las claras.

 

Recapitulación de la Evidencia del Antiguo Testamento

 

Como puede verse, pues, en el lenguaje original de la Biblia no se utilizó jamás el término «sodomía» para querer decir «homosexualidad», como tampoco «sodomita(s)» para «homosexual(es)». El Antiguo Testamento tampoco condena la homosexualidad ni a los homosexuales per se, sino que condena la práctica cultual de la prostitución sagrada, práctica por la que ciertos individuos, hombres y mujeres, «qedheschím» y «qedheschôth», respectivamente, se prostituían como una demostración de su entrega a la divinidad a la que eran devotos o se consagraban (que es lo que significan ambas palabras hebreas). El pago de sus «servicios» o «favores» sexuales estaban también «consagrados» como contribución santa al santuario o templo local de la divinidad a la cual servían y estaban «consagrados» o «consagradas», ya fuera en virtud de algún voto temporal o por toda su «vida útil», en los casos de las personas que pertenecían a los «bamôhth» o santuarios locales de las distintas divinidades cananeas. La Ley [Torâh] de Yahwêh 'Elohîm a Israel prohibía el que se usara a prostitutos sagrados o prostitutas sagradas obligados a vender favores sexuales para financiar las actividades del culto debido a que introduce una nueva concepción de la persona humana, a la que dota de una dignidad irrenunciable que emana del hecho de ser creación divina tanto como verdaderamente hijos e hijas de Dios. Es una ofensa tanto a la Divinidad como a la dignidad humana el prostituirse para financiar actividades cultuales, como lo es el someterse o someter a alguien a torturas, ultrajes o flagelaciones de cualquier tipo so pretexto de estar efectuando servicio religioso en la forma de la mortificación del cuerpo, que son actos o acciones que repugnan a Dios.

 

Toda la evidencia irredargüible de las Sagradas Escrituras muestra que el Texto Sagrado no habla de condenación de la homosexualidad ni de los homosexuales, sino de condena al abuso del cuerpo propio o ajeno bajo pretextos religiosos. A esto se refiere la Biblia. Fue solamente por motivos religiosos que el Antiguo Testamento condena la actividad y existencia de la prostitución sagrada, y por ello fue tan celosamente combatida por reyes, profetas y líderes espirituales hebreos, celosos de dar a Dios el culto debido y en la forma apropiada, sin mancillar la naturaleza humana. Quizás el punto culminante de esta lucha fue el establecimiento dentro de los mismísimos recintos del Templo de Yahwêh en Jerusalén de una residencia especial para la estadía y el desempeño de estos qaddeschím, que ofrecían sus «servicios» a peregrinos y residentes de Jerusalén, el fruto de cuya actividad de consagraba al Templo y al sacerdocio apóstata que lucraba con los dineros provenientes de esta actividad en tiempos bastante difíciles para la propia existencia del reino de Judá. Finalmente, el rey Josías los desalojó, los echó del lugar que ilegalmente ocupaban, y limpió el lugar, demoliendo el edificio en que vivían y ejercían su oficio.

 

Por ello es que las citas veterotestamentarias que tan terriblemente condenan al qaddêsch o prostituto de templo, reflejan, antes que nada, una actitud de enfrentamiento meramente religioso, cultual: el rechazo y la proscripción de una expresión de religiosidad absolutamente contraria al monoteísmo israelita que exaltaba al individuo a un sitial mucho más honroso que el que le reconocían y permitían las religiones del mundo antiguo.

 

La Aplicabilidad de la Ley Mosaica [Torâh] en la Actualidad

 

En el hipotético y extremo caso de que uno pretenda que los dos textos de Levítico sean una condena lisa y llana de todos los actos y acciones homosexuales y de la homosexualidad en sí misma, per se, no existe base ni razón alguna para suponer siquiera que puedan usarse legítimamente hoy en día para intentar dar alguna clase de apoyo a las actitudes homofóbicas que hoy en día se han desarrollado o de las que se han desarrollado en los días pasados bajo las elucubraciones de ciertos tratadistas, juristas y teólogos, puesto que la Torâh o Ley mosaica fue abolida definitiva y completamente con la muerte de Jesucristo, y ya no aplican. «Porque el fin de la Ley [Torâh] es Cristo», escribió el apóstol Pablo a los cristianos de Roma. (Romanos 10:4.). En otra de sus cartas, Pablo declara enfáticamente, también, que Cristo Jesús «es mediador de una alianza también mejor; como que ha sido establecida a base de más preciosas promesas. Pues si aquella Ley anterior [la Torâh] fuera perfecta, no se la sustituiría por una segunda. Y, cierto, en tono de reproche les dice: "Mirad, días vendrán, dice el Señor, en que concertaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva. ..." Al decir "nueva" Alianza declara caducada la anterior», es decir, la Torâh o Ley mosaica ha quedado caducada, junto con todas las disposiciones reglamentarias que contenía, por supuesto. (Hebreos 8:6-8, 13; Versión Regina.).

 

Hoy en día, nadie está legalmente obligado a las disposiciones y sanciones de la Torâh o Ley mosaica, y, por lo tanto, nadie puede ser condenado ni discriminado en base a aquellas disposiciones legales legalmente caducadas con la muerte de Cristo en sacrificio expiatorio perfecto.

 

A más abundar, y como testimonio adicional del hecho de que la Torâh o Ley mosaica ha quedado absolutamente abolida como tal, pueden verse las referencias en Colosenses 2:13, 14, 17; Efesios 2:11-16; Gálatas 4.4, 5; Romanos 7:4, 6.

 

Cualquiera, pues, que insista en la adherencia a la Torâh, en su aplicabilidad, realmente está rechazando a Cristo. Como está escrito: «Cristo nos libertó. Por lo tanto estén firmes, y no se dejen restringir otra vez en un yugo de esclavitud. ¡Miren! Yo, Pablo, les estoy diciendo que si ustedes se circuncidan [señal de adherencia a la Torâh], Cristo no les será de ningún provecho. Además, de nuevo doy testimonio a todo hombre que se circuncida de que está obligado a ejecutar toda la Ley [Torâh]. Quedan separados de Cristo, quienesquiera que sean ustedes que tratan de ser declarados justos por medio de ley; han caído de la bondad inmerecida de él. En cuanto a nosotros, por espíritu estamos aguardando ansiosamente la esperada justicia como resultado de fe. Porque tocante a Cristo Jesús ni la circuncisión es de valor alguno, ni lo es la incircuncisión, sino la fe que opera mediante el amor.» (Gálatas 5:1-6; Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, edición revisada de 1967.). Y, en otro lugar: «Porque el pecado no debe ser amo sobre ustedes, puesto que no están bajo ley sino bajo bondad inmerecida.» (Romanos 6:14; ibídem; véase, también, Efesios 2:8, 9.).

 

Cristo Jesús, como Mediador de un Nuevo y Mejor Pacto, con su muerte sacrificial abolió la Torâh o Ley mosaica, y todas sus disposiciones, de manera que en la actualidad nadie está obligado a esos preceptos ni puede ser condenado tampoco en base a aquellas disposiciones.

 

 

 

Ir a ...

Página Principal

Tributo a la Memoria de Juan Calderón Fabres

Descubre Quién Soy Yo...

En Busca de un Amigo

Algunas Breves Precisiones Acerca de la Condena Bíblica de la Homosexualidad

Ser Homosexual en Chile

Más Maravilloso Me Fue Tu Amor que el Amor de las Mujeres

Todo por el Amor al Amor

 


Agradeceré escribir acerca de esta Página a: Brus Leguás Contreras al e-mail
[email protected]

 

Copyright © 1998 Brus Leguás Contreras
This Home Page was created by
WebEdit,Monday September 21, 1998
Most recent revision Monday September 21, 1998
1