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1 El rey de
Egipto reunió fuerzas numerosas como las arenas que hay a orillas del mar y
muchas naves. Intentaba hacerse por astucia con el reino de Alejandro y
unirlo al suyo.
2 Salió, pues,
para Siria en son de paz y la gente de las ciudades le abría las puertas y
salía a su encuentro, ya que tenían orden del rey Alejandro de salir a
recibirle por ser suegro suyo.
3 Pero una vez
que entraba en las ciudades, Tolomeo ponía tropas de guarnición en cada una
de ellas.
4 Cuando llegó
cerca de Azoto le mostraron el templo de Dagón incendiado, la ciudad y sus
aldeas destruidas, los cadáveres por el suelo y los restos calcinados de los
abrasados en la guerra, pues habían hecho montones de ellos por el recorrido
del rey.
5 Le contaron lo
que Jonatán había hecho para que el rey le censurara, pero el rey guardó
silencio.
6 Jonatán fue al
encuentro del rey a Joppe con fasto; se saludaron y pasaron allí aquella
noche.
7 Acompañó
Jonatán al rey hasta el río llamado Eléuteros y regresó a Jerusalén.
8 Por su parte el
rey Tolomeo se hizo dueño de las ciudades de la costa hasta Seleucia
Marítima y meditaba planes malvados contra Alejandro.
9 Envió
embajadores al rey Demetrio diciéndole: «Ven y concertemos entre nosotros
una alianza. Te daré mi hija, la que tiene Alejandro, y reinarás en el reino
de tu padre.
10 Estoy
arrepentido de haberle dado mi hija pues ha intentado asesinarme.»
11 Le hacía estos
cargos porque codiciaba su reino.
12 Quitándole,
pues, su hija se la dio a Demetrio, rompió con Alejandro y quedó manifiesta
la enemistad entre ambos.
13 Tolomeo entró
en Antioquía y se ciñó la diadema de Asia, con lo que rodeó su frente de dos
diademas, la de Egipto y la de Asia.
14 En este tiempo
se encontraba el rey Alejandro en Cilicia por haberse sublevado la gente de
aquella región.
15 Al saber lo
que ocurría, vino a luchar contra él. Tolomeo salió con fuerzas poderosas,
fue a su encuentro y le derrotó.
16 Alejandro huyó
a Arabia buscando un refugio allí y el rey Tolomeo quedó triunfador.
17 El árabe
Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió a Tolomeo.
18 Pero tres días
después murió el rey Tolomeo y los que estaban en sus plazas fuertes
perecieron a manos de los que las habitaban.
19 Demetrio
comenzó a reinar el año 167.
20 Por aquellos
días juntó Jonatán a los de Judea para atacar la Ciudadela de Jerusalén y
levantó contra ella muchos ingenios de guerra.
21 Entonces
algunos rebeldes que odiaban a su nación acudieron al rey a anunciarle que
Jonatán tenía puesto cerco a la Ciudadela.
22 La noticia le
irritó, y nada más oírla, se puso en marcha y vino a Tolemaida. Escribió a
Jonatán que cesara en el cerco y que viniera a verle lo antes posible a
Tolemaida para entrevistarse con él.
23 Al enterarse,
ordenó Jonatán que se siguiese el cerco, eligió ancianos de Israel y
sacerdotes y se expuso a sí mismo al peligro.
24 Tomando plata,
oro, vestidos y otros presentes en gran cantidad, partió a verse con el rey
en Tolemaida y halló gracia ante él.
25 Algunos sin
ley de la nación le acusaron,
26 pero el rey le
trató como le habían tratado sus predecesores y le honró en presencia de
todos sus amigos.
27 Le confirmó en
el sumo sacerdocio y en todos los honores que antes tenía, e hizo que se le
contara entre sus primeros amigos.
28 Jonatán pidió
al rey que dejara libres de impuesto a Judea y a los tres distritos de
Samaría, a cambio de trescientos talentos que le prometía.
29 Accedió el rey
y escribió a Jonatán una carta sobre todos estos puntos redactada de la
forma siguiente:
30 «El rey
Demetrio saluda a su hermano Jonatán y a la nación de los judíos.
31 Os escribimos
también a vosotros una copia de la carta que sobre vosotros hemos escrito a
nuestro pariente Lástenes para que la conozcáis:
32 El rey
Demetrio saluda a su padre Lástenes.
33 Por sus buenas
disposiciones hacia nosotros hemos decidido conceder favores a la nación de
los judíos, que son amigos nuestros y observan lo que es justo con nosotros.
34 Les
confirmamos la posesión del territorio de Judea y de los tres distritos de
Aferema, Lidda y Ramatáyim que han sido desprendidos de Galilea y agregados
a Judea con todas sus dependencias en favor de los que sacrifican en
Jerusalén, a cambio de los derechos reales que el rey percibía de ellos
antes cada año por los productos de la tierra y el fruto de los árboles.
35 En cuanto a
los otros derechos que tenemos sobre los diezmos y tributos nuestros, sobre
las salinas y coronas que se nos deben, les concedemos desde ahora una
exención total.
36 No será
derogada ni una de estas concesiones a partir de ahora en ningún tiempo.
37 Procurad hacer
una copia de estas disposiciones que le sea entregada a Jonatán para ponerla
en el monte santo en lugar visible.»
38 El rey
Demetrio, viendo que el país estaba en calma bajo su mando y que nada le
ofrecía resistencia, licenció todas sus tropas mandando a cada uno a su
lugar, excepto las tropas extranjeras que había reclutado en las islas de
las naciones. Todas las tropas que había recibido de sus padres se
enemistaron con él.
39 Entonces
Trifón, antiguo partidario de Alejandro, al ver que todas las tropas
murmuraban contra Demetrio, se fue donde el árabe Yamlikú que criaba al niño
Antíoco, hijo de Alejandro,
40 y le instaba a
que se lo entregase para ponerlo en el trono de su padre. Le puso al
corriente de toda la actuación de Demetrio y del odio que le tenían sus
tropas. Permaneció allí muchos días.
41 Entre tanto
envió Jonatán a pedir al rey Demetrio que retirara las guarniciones de la
Ciudadela de Jerusalén y de las plazas fuertes porque hostilizaban a Israel.
42 Demetrio envió
a decir a Jonatán: «No sólo haré esto por ti y por tu nación, sino que os
colmaré de honores a ti y a tu nación cuando tenga oportunidad.
43 Pero ahora
harás bien en enviarme hombres en mi auxilio, pues todas mis tropas me han
abandonado.»
44 Jonatán le
envió a Antioquía 3.000 guerreros valientes, y cuando llegaron, el rey
experimentó gran satisfacción con su venida.
45 Se amotinaron
en el centro de la ciudad los ciudadanos, al pie de 120.000, y querían matar
al rey.
46 El se refugió
en el palacio, y los ciudadanos ocuparon las calles de la ciudad y
comenzaron el ataque.
47 El rey llamó
entonces en su auxilio a los judíos, que se juntaron todos en torno a él y
luego se diseminaron por la ciudad. Aquel día llegaron a matar hasta
100.000.
48 Prendieron
fuego a la ciudad, se hicieron ese mismo día con un botín considerable y
salvaron al rey.
49 Cuando los de
la ciudad vieron que los judíos dominaban la ciudad a su talante, perdieron
el ánimo y levantaron sus clamores al rey suplicándole:
50 «Danos la mano
y cesen los judíos en sus ataques contra nosotros y contra la ciudad.»
51 Depusieron las
armas e hicieron la paz. Los judíos alcanzaron gran gloria ante el rey y
ante todos los de su reino y se volvieron a Jerusalén con un rico botín.
52 El rey
Demetrio se sentó en el trono de su reino y la tierra quedó sosegada en su
presencia.
53 Pero faltó a
todas sus promesas y se indispuso con Jonatán. Lejos de corresponder a los
servicios que le había prestado, le causaba graves molestias.
54 Depués de
estos acontecimientos, volvió Trifón y con él Antíoco, niño todavía, que se
proclamó rey y se ciñó la diadema.
55 Todas las
tropas que Demetrio había licenciado se unieron a él y salieron a luchar
contra Demetrio, le derrotaron y le pusieron en fuga.
56 Trifón tomó
los elefantes y se apoderó de Antioquía.
57 El joven
Antíoco escribió a Jonatán diciéndole: «Te confirmo en el sumo sacerdocio,
te pongo al frente de los cuatro distritos y quiero que te cuentes entre los
amigos del rey.»
58 Le envió copas
de oro y un servicio de mesa, y le concedió autorización de beber en copas
de oro, vestir púrpura y llevar fíbula de oro.
59 A su hermano
Simón le nombró estratega desde la Escalera de Tiro hasta la frontera de
Egipto.
60 Jonatán salió
a recorrer la Transeufratina y sus ciudades, y todas las tropas de Siria se
le unieron como aliadas. Llegó a Ascalón y los habitantes de la ciudad le
salieron a recibir con muchos honores.
61 De allí pasó a
Gaza donde los habitantes le cerraron las puertas. Entonces la sitió y
entregó sus arrabales a las llamas y al pillaje.
62 Los de las
ciudad vinieron a suplicarle y Jonatán les dio la mano, pero tomó como
rehenes a los hijos de los jefes y los envió a Jerusalén. A continuación,
siguió recorriendo la región hasta Damasco.
63 Jonatán se
enteró de que los generales de Demetrio se habían presentado en Kedes de
Galilea con un ejército numeroso para apartarle de su cargo.
64 Entonces dejó
en el país a su hermano Simón y salió a su encuentro.
65 Simón acampó
frente a Bet Sur, la atacó durante muchos días y la bloqueó.
66 Le pidieron
que les diese la mano y él se la dio. Les hizo salir de allí, ocupó la
ciudad y puso en ella una guarnición.
67 Por su parte,
Jonatán y su ejército acamparon junto a las aguas de Gennesar, y muy de
madrugada partieron para la llanura de Asor
68 donde el
ejército extranjero les vino al encuentro en la llanura después de dejar
hombres emboscados en los montes. Mientras este ejército se presentaba de
frente,
69 surgieron de
sus puestos los emboscados y entablaron combate.
70 Todos los
hombres de Jonatán se dieron a la fuga sin que quedara ni uno de ellos, a
excepción de Matatías, hijo de Absalón, y de Judas, hijo de Kalfi, capitanes
del ejército.
71 Jonatán
entonces rasgó sus vestidos, echó polvo sobre su cabeza y oró.
72 Vuelto al
combate, derrotó al enemigo y le puso en fuga.
73 Al verlo, sus
hombres que huían volvieron a él y con él persiguieron al enemigo hasta su
campamento en Kedes y acamparon allí.
74 Cayeron aquel
día del ejército extranjero hasta 3.000 hombres. Jonatán regresó a
Jerusalén.
1 Viendo Jonatán
que las circunstancias le eran favorables, escogió hombres y los envió a
Roma con el fin de confirmar y renovar la amistad con ellos.
2 Con el mismo
objeto envió cartas a los espartanos y a otros lugares.
3 Se fueron,
pues, a Roma y entrando en el Senado dijeron: «Jonatán, sumo sacerdote, y la
nación de los judíos nos han enviado para que se renueve con ellos la
amistad y la alianza como antes.»
4 Les dieron los
romanos cartas para la gente de cada lugar recomendando que se les condujera
en paz hasta el país de Judá.
5 Esta es la
copia de la carta que escribió Jonatán a los espartanos:
6 «Jonatán, sumo
sacerdote, el senado de la nación, los sacerdotes y el resto del pueblo
judío saludan a sus hermanos los espartanos.
7 Ya en tiempos
pasados, Areios, que reinaba entre vosotros, envió una carta al sumo
sacerdote Onías en que le decía que erais vosotros hermanos nuestros como lo
atestigua la copia adjunta.
8 Onías recibió
con honores al embajador y tomó la carta que hablaba claramente de alianza y
amistad.
9 Nosotros,
aunque no tenemos necesidad de esto por tener como consolación los libros
santos que están en nuestras manos,
10 hemos
procurado enviaros embajadores para renovar la fraternidad y la amistad con
vosotros y evitar que vengamos a seros extraños, pues ha pasado mucho tiempo
ya desde que nos enviasteis vuestra embajada.
11 Por nuestra
parte, en las fiestas y demás días señalados, os recordamos sin cesar en
toda ocasión en los sacrificios que ofrecemos y en nuestras oraciones, como
es justo y conveniente acordarse de los hermanos.
12 Nos alegramos
de vuestra gloria.
13 A nosotros, en
cambio, nos han rodeado muchas tribulaciones y guerras, pues nos hemos visto
atacados por los reyes vecinos.
14 Pero en estas
luchas no hemos querido molestaros a vosotros ni a los demás aliados y
amigos nuestros,
15 porque
contamos con el auxilio del Cielo que, viniendo en nuestra ayuda, nos ha
librado de nuestros enemigos y a ellos los ha humillado.
16 Hemos, pues,
elegido a Numenio, hijo de Antíoco, y a Antípatro, hijo de Jasón, y les
hemos enviado a los romanos para renovar la amistad y la alianza que antes
teníamos,
17 y les hemos
dado orden de pasar también donde vosotros para saludaros y entregaros
nuestra carta sobre la renovación de nuestra fraternidad.
18 Y ahora haréis
bien en contestarnos a esto.»
19 Esta es la
copia de la carta enviada a Onías:
20 «Areios, rey
de los espartanos, saluda a Onías, sumo sacerdote.
21 Se ha
encontrado un documento relativo a espartanos y judíos de que son hermanos y
que son de la raza de Abraham.
22 Y ahora que
estamos enterados de esto, haréis bien escribiéndonos sobre vuestro
bienestar.
23 Nosotros por
nuestra parte os escribimos: Vuestro ganado y vuestros bienes son nuestros,
y los nuestros vuestros son. Damos orden de que se os envíe un mensaje en
tal sentido.»
24 Tuvo noticia
Jonatán de que los generales de Demetrio habían vuelto con fuerzas mayores
que antes con ánimo de atacarle.
25 Partió, pues,
de Jerusalén y fue a encontrarles a la región de Jamat, sin darles tiempo a
irrumpir en su país.
26 Envió
exploradores al campamento enemigo y supo por ellos, a su vuelta, que los
enemigos estaban dispuestos para caer sobre ellos a la noche.
27 Cuando se puso
el sol, ordenó Jonatán a los suyos que se mantuviesen despiertos y sobre las
armas toda la noche, preparados para entrar en combate, y dispuso
avanzadillas alrededor del campamento.
28 Cuando
supieron los enemigos que Jonatán y los suyos estaban preparados para el
combate, sintieron miedo y, llenos de pánico, encendieron fogatas por su
campamento y se retiraron.
29 Jonatán y los
suyos, como veían brillar las fogatas, no se percataron de su partida hasta
el amanecer.
30 Entonces se
lanzó Jonatán en su persecución, pero no les pudo dar alcance porque habían
atravesado ya el río Eléuteros.
31 Jonatán se
volvió contra los árabes llamados zabadeos, los derrotó y se hizo con sus
despojos.
32 Levantó luego
el campamento, llegó a Damasco y recorrió toda la región.
33 Simón por su
parte hizo una expedición hasta Ascalón y las plazas vecinas. Se volvió
luego hacia Joppe y la tomó,
34 pues había
oído que sus habitantes querían entregar aquella plaza fuerte a los
partidarios de Demetrio, y dejó en ella una guarnición para defenderla.
35 Jonatán, de
vuelta, reunió la asamblea de los ancianos del pueblo, y decidió con ellos
edificar fortalezas en Judea,
36 dar mayor
altura a las murallas de Jerusalén y levantar un alto muro entre la
Ciudadela y la ciudad para separarlas y para que quedara la Ciudadela
aislada y no pudieran comprar ni vender.
37 Se reunieron,
pues, para reconstruir la ciudad, pues había caído un trecho de la muralla
que daba al torrente por la parte de levante; restauró también el barrio
llamado Cafenatá.
38 Por su lado,
Simón reconstruyó Jadidá en la Tierra Baja, la fortificó y la guarneció de
puertas y cerrojos.
39 Trifón
aspiraba a reinar en Asia, ceñirse la diadema y extender su mano contra el
rey Antíoco.
40 Temiendo que
Jonatán se lo estorbara y le hiciera la guerra, trataba de apoderarse de él
y matarle. Se puso, pues, en marcha y llegó a Bet San.
41 Jonatán salió
a su encuentro con 40.000 hombres escogidos para la guerra y llegó a Bet
San.
42 Vio Trifón que
había venido con un ejército numeroso y temió extender la mano contra él.
43 Le recibió con
honores, le presentó a todos sus amigos, le hizo regalos y dio orden a sus
amigos y a sus tropas que le obedeciesen como a él mismo.
44 Y dijo a
Jonatán: «¿Por qué has fatigado a toda esta gente no habiendo guerra entre
nosotros?
45 Envíalos a sus
casas, elige algunos hombres que te acompañen y ven conmigo a Tolemaida. Te
entregaré la ciudad, las demás fortalezas, el resto de las fuerzas y a todos
los funcionarios, y luego emprenderé el regreso pues para eso he venido.»
46 Le creyó
Jonatán y obró como le decía: despachó sus tropas, que partieron para el
país de Judá,
47 y conservó
consigo 3.000 hombres de los cuales dejó 2.000 en Galilea y mil le
acompañaron.
48 Pero apenas
entró Jonatán en Tolemaida cuando los tolemaiditas cerraron las puertas, le
apresaron a él y pasaron a filo de espada a cuantos con él habían entrado.
49 Envió Trifón
tropas y caballería a Galilea y a la Gran Llanura para acabar con todos los
partidarios de Jonatán,
50 pero éstos,
enterados de que él había sido apresado y muerto con los que le acompañaban,
se animaron unos a otros y avanzaron, cerradas las filas, prontos para
combatir.
51 Sus
perseguidores, al ver que luchaban por su vida, se volvieron.
52 Aquéllos
llegaron todos en paz al país de Judá, lloraron a Jonatán y a sus compañeros
y un gran temor se apoderó de ellos. Todo Israel hizo un gran duelo.
53 Todos los
gentiles circunvecinos trataban de aniquilarles: «No tienen jefe - decían -
ni quien les ayude. Esta es la ocasión de atacarles y borrar su recuerdo de
entre los hombres.»
1 Supo Simón que
había juntado Trifón un ejército numeroso para ir a devastar el país de
Judá.
2 Viendo al
pueblo espantado y medroso, subió a Jerusalén, reunió al pueblo
3 y le exhortó
diciendo: «Vosotros sabéis todo lo que hemos hecho mis hermanos, la casa de
mi padre y yo por la Ley y el Lugar Santo, y las guerras y tribulaciones que
hemos sufrido.
4 Por esta causa,
por Israel, han muerto mis hermanos todos y he quedado yo solo.
5 Lejos de mí
ahora mirar por salvar mi vida en cualquier tiempo de angustia, que no soy
yo mejor que mis hermanos;
6 sino que
vengaré a mi nación, al Lugar Santo y a vuestras mujeres e hijos, puesto
que, impulsados por el odio, se han unido todos los gentiles para
aniquilarnos.»
7 Al oír estas
palabras, se enardecieron los ánimos del pueblo
8 y respondieron
en alta voz diciendo: «Tú eres nuestro guía en lugar de Judas y de tu
hermano Jonatán;
9 toma la
dirección de nuestra guerra y haremos cuanto nos mandes».
10 Reunió
entonces Simón a todos los hombres aptos para la guerra y se dio prisa en
acabar las murallas de Jerusalén hasta que la fortificó en todo su contorno.
11 Envió a
Jonatán, hijo de Absalón, a Joppe con un importante destacamento, el cual
expulsó a los que en la ciudad estaban y se estableció en ella.
12 Partió Trifón
de Tolemaida con un ejercito numeroso para entrar en el país de Judá
llevando consigo prisionero a Jonatán.
13 Simón puso su
campamento en Jadidá, frente a la llanura.
14 Al enterarse
Trifón de que Simón había sucedido en el mando a su hermano Jonatán y que
estaba preparado para entrar con él en batalla, le envió mensajeros
diciéndole:
15 «Tenemos
detenido a tu hermano Jonatán por las deudas contraídas con el tesoro real
en el desempeño de su cargo.
16 Envíanos,
pues, cien talentos de plata y a dos de sus hijos como rehenes, no sea que
una vez libre se rebele contra nosotros. Entonces le soltaremos.»
17 Simón, aunque
se dio cuenta de que le hablaban con falsedad, envió a buscar el dinero y
los niños para no provocar contra sí una gran enemistad del pueblo que
diría:
18 «Porque no
envié yo el dinero y los niños, ha muerto Jonatán.»
19 Envió, pues,
los niños y los cien talentos, pero Trifón faltó a su palabra y no soltó a
Jonatán.
20 Después de
esto, se puso Trifón en marcha para invadir la región y devastarla. Dio un
rodeo por el camino de Adorá, mientras Simón y su ejército obstaculizaban su
marcha dondequiera que iba.
21 Los de la
Ciudadela enviaron a Trifón legados dándole prisa a que viniese donde ellos
a través del desierto y les enviase víveres.
22 Preparó Trifón
toda su caballería para ir, pero aquella noche cayó tal cantidad de nieve
que le impidió acudir allá. Partió de allí y se fue a la región de Galaad.
23 Cuando se
encontraba cerca de Bascamá, hizo matar a Jonatán, que fue enterrado allí.
24 Luego dio
Trifón la vuelta y se marchó a su país.
25 Envió Simón a
recoger los huesos de su hermano Jonatán y le dio sepultura en Modín, ciudad
de sus padres.
26 Todo Israel
hizo gran duelo por él y le lloró muchos días.
27 Simón
construyó sobre el sepulcro de su padre y sus hermanos un mausoleo alto, que
pudiera verse, de piedras pulidas por delante y por detrás.
28 Levantó siete
pirámides, una frente a otra, dedicadas a su padre, a su madre y a sus
cuatro hermanos.
29 Levantó
alrededor de ellas grandes columnas y sobre las columnas hizo panoplias para
recuerdo eterno. Al lado de las panoplias esculpió unas naves que pudieran
ser contempladas por todos los que navegaran por el mar.
30 Tal fue el
mausoleo que construyó en Modín y que subsiste en nuestros días.
31 Trifón,
procediendo insidiosamente con el joven rey Antíoco, le dio muerte.
32 Ocupó el reino
en su lugar, se ciñó la diadema de Asia y causó grandes estragos en el país.
33 Simón, por su
parte, reconstruyó las fortalezas de Judea, las rodeó de altas torres y
grandes murallas con puertas y cerrojos, y almacenó víveres en ellas.
34 Además escogió
Simón hombres que envió al rey Demetrio intentando conseguir una remisión
para la región, dado que toda la actividad de Trifón había sido un continuo
robo.
35 El rey
Demetrio contestó a su petición y le escribió la siguiente carta:
36 «El rey
Demetrio saluda a Simón, sumo sacerdote y amigo de reyes, a los ancianos y a
la nación de los judíos.
37 Hemos recibido
la corona de oro y la palma que nos habéis enviado y estamos dispuestos a
concertar con vosotros una paz completa y a escribir a los funcionarios que
os concedan la remisión de las deudas.
38 Cuanto hemos
decidido sobre vosotros, quede firme y sean vuestras las fortalezas que
habéis construido.
39 Os perdonamos
los errores y delitos cometidos hasta el día de hoy y la corona que nos
debéis. Si algún otro tributo se percibía en Jerusalén, ya no se exija.
40 Y si algunos
de vosotros son aptos para alistarse en nuestra guardia, alístense y haya
paz entre nosotros.»
41 El año 170
quedó Israel libre del yugo de los gentiles
42 y el pueblo
comenzó a escribir en las actas y contratos: «En el año primero de Simón,
gran sumo sacerdote, estratega y hegumeno de los judíos.
43 Por aquellos
días puso cerco Simón a Gázara y la rodeó con sus tropas. Construyó una
torre móvil que acercó a la ciudad y abriendo brecha en un baluarte, lo
tomó.
44 Saltaron los
de la torre a la ciudad y se produjo en ella gran agitación.
45 Los
habitantes, rasgados los vestidos, subieron a la muralla con sus mujeres e
hijos y pidieron a grandes gritos a Simón que les diese la mano.
46 «No nos
trates, le decían, según nuestras maldades, sino según tu misericordia.»
47 Simón se
reconcilió con ellos y no les atacó, pero les echó de la ciudad y mandó
purificar las casas en que había ídolos. Entonces entró en ella con himnos y
bendiciones.
48 Echó de ella
toda impureza, estableció en ella hombres observantes de la Ley, la
fortificó y se construyó en ella para sí una residencia.
49 Los de la
Ciudadela de Jerusalén se veían imposibilitados de entrar y salir por la
región, de comprar y de vender. Sufrían grave escasez y bastantes de ellos
habían perecido de hambre.
50 Clamaron a
Simón que hiciera con ellos la paz y Simón se lo concedió. Les echó de allí
y purificó de inmundicias la Ciudadela.
51 Entraron en
ella el día veintitrés del segundo mes del año 171 con aclamaciones y ramos
de palma, con liras, címbalos y arpas, con himnos y cantos, porque un gran
enemigo había sido vencido y expulsado de Israel.
52 Simón dispuso
que este día se celebrara con júbilo cada año. Fortificó el monte del Templo
que está al lado de la Ciudadela y habitó allí con los suyos.
53 Y viendo Simón
que su hijo Juan era todo un hombre, le nombró jefe de todas las fuerzas con
residencia en Gázara.
1 El año 172
juntó el rey Demetrio su ejército y partió para Media para procurarse ayuda
con que combatir a Trifón.
2 Pero al
enterarse Arsaces, rey de Persia y Media, de que Demetrio había entrado en
su término, mandó a uno de sus generales para capturarle vivo.
3 Partió éste y
derrotó al ejército de Demetrio, le hizo prisionero y le llevó ante Arsaces
que le puso en prisión.
4 El país de Judá
gozó de paz durante todos los días de Simón. El procuró el bien a su nación,
les fue grato su gobierno y su gloria en todo tiempo.
5 Además de toda
su gloria, tomó a Joppe como puerto y se abrió paso a las islas del mar.
6 Ensanchó las
fronteras de su nación, se hizo dueño del país,
7 y repatrió
numerosos cautivos. Tomó Gázara, Bet Sur y la Ciudadela, la limpió de sus
impurezas y no hubo quien le resistiera.
8 Cultivaban en
paz sus tierras; la tierra daba sus cosechas y los árboles del llano sus
frutos.
9 Los ancianos se
sentaban en las plazas, todos conversaban sobre el bienestar y los jóvenes
vestían galas y armadura.
10 Procuró
bastimentos a las ciudades, las protegió con fortificaciones hasta llegar la
fama de su gloria a los confines de la tierra.
11 Estableció la
paz en el país y gozó Israel de gran alegría.
12 Se sentaba
cada cual bajo su parra y su higuera y no había nadie que les inquietara.
13 No quedó en el
país quien les combatiera y fueron derrotados los reyes en aquellos días.
14 Dio apoyo a
los humildes de su pueblo hizo desaparecer a todo impío y malvado. Observó
fielmente la Ley,
15 dio gloria al
Lugar Santo y multiplicó su ajuar.
16 Cuando llegó a
Roma y hasta Esparta la noticia de la muerte de Jonatán, lo sintieron mucho;
17 pero cuando
supieron que su hermano Simón le había sucedido en el sumo sacerdocio y
había tomado el mando del país y sus ciudades,
18 le escribieron
en planchas de bronce para renovar con él la amistad y la alianza que habían
establecido con sus hermanos Judas y Jonatán.
19 Se leyeron en
Jerusalén ante la asamblea.
20 Esta es la
copia de la carta enviada por los espartanos: «Los magistrados y la ciudad
de los espartanos saludan al sumo sacerdote Simón, a los ancianos, a los
sacerdotes y al resto del pueblo de los judíos, nuestros hermanos.
21 Los
embajadores enviados a nuestro pueblo nos han informado de vuestra gloria y
honor y nos hemos alegrado con su venida.
22 Hemos
registrado sus declaraciones entre las decisiones del pueblo en estos
términos: Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatros, hijo de Jasón, embajadores
de los judíos, se nos han presentado para renovar la amistad con nosotros.
23 Ha sido del
agrado del pueblo recibir con honor a estos personajes y depositar la copia
de sus discursos en los archivos públicos para que el pueblo espartano
conserve su recuerdo. Se ha sacado una copia de esto para el sumo sacerdote
Simón.»
24 Después, envió
Simón a Roma a Numenio con un gran escudo de oro de mil minas de peso para
confirmar la alianza con ellos.
25 Cuando estos
hechos llegaron a conocimiento del pueblo, dijeron: «¿Cómo mostraremos
nuestro reconocimiento a Simón y a sus hijos?
26 Porque se ha
mostrado valiente, tanto él como sus hermanos y la casa de su padre, ha
combatido y rechazado a los enemigos de Israel y le ha conseguido su
libertad.» Grabaron una inscripción en planchas de bronce y las fijaron en
estelas en el monte Sión.
27 Esta es la
copia de la inscripción: «El dieciocho de Elul del año 172, año tercero del
gran sumo sacerdote Simón, en Asaramel,
28 en la gran
asamblea de los sacerdotes, del pueblo, de los príncipes de la nación y de
los ancianos del país, se nos hizo saber lo siguiente:
29 «En los muchos
combates que se dieron en nuestra región, Simón hijo de Matatías, sacerdote
descendiente de los hijos de Yehoyarib, y sus hermanos se expusieron al
peligro, hicieron frente a los enemigos de su nación para mantener en pie su
Lugar Santo y la Ley y alcanzaron inmensa gloria para su nación.
30 Jonatán
realizó la unidad de la nación y llegó a ser sumo sacerdote suyo hasta que
fue a reunirse con su pueblo.
31 Quisieron los
enemigos de los judíos invadir el país para devastarlo y llevar su mano
contra el Lugar Santo.
32 Pero entonces
se levantó Simón para combatir por su nación y gastó mucha hacienda propia
en armar las tropas de su nación y pagarles la soldada.
33 Fortificó las
ciudades de Judea y Bet Sur, ciudad fronteriza de Judea, donde se
encontraban antes las armas de los enemigos, y puso en ella una guarnición
de guerreros judíos.
34 Fortificó
Joppe, situada junto al mar, y Gázara, en los límites de Azoto, donde
habitaban anteriormente los enemigos, y estableció en ella una población
judía a la que proveyó de todo lo necesario para su sustento.
35 Viendo el
pueblo la fidelidad de Simón y la gloria que procuraba alcanzar para su
nación, le nombró su hegumeno y sumo sacerdote por todos los servicios que
había prestado, por la justicia y fidelidad que había guardado a su nación y
por sus esfuerzos de toda clase por exaltar a su pueblo.
36 En sus días se
consiguió felizmente por su medio exterminar a los gentiles de su país y a
los que se encontraban en la Ciudad de David, en Jerusalén, donde se habían
hecho una Ciudadela desde la que hacían salidas y mancillaban los
alrededores del Lugar Santo causando graves ultrajes a su santidad.
37 Estableció en
ella guerreros judíos, la fortificó para defensa de la región y de la ciudad
y dio mayor altura a las murallas de Jerusalén.
38 En
consecuencia, el rey Demetrio le concedió el sumo sacerdocio,
39 le contó en el
número de sus amigos y le colmó de honores,
40 pues había
sabido que los romanos llamaban a los judíos amigos, aliados y hermanos, que
habían recibido con honor a los embajadores de Simón
41 y que a los
judíos y a los sacerdotes les había parecido bien que fuese Simón su
hegumeno y sumo sacerdote para siempre hasta que apareciera un profeta digno
de fe,
42 y también que
fuese su estratega, que estuviese a su cuidado designar los encargados de
las obras del Lugar Santo, de la administración del país, de los armamentos
y de las plazas fuertes
43 (que estuviese
a su cuidado el Lugar Santo), que todos le obedeciesen, que se redactasen en
su nombre todos los documentos en el país, que vistiese de púrpura y llevase
adornos de oro.
44 A nadie del
pueblo ni de los sacerdotes le estará permitido rechazar ninguna de estas
disposiciones, ni contradecir sus órdenes, ni convocar en el país asambleas
sin contar con él, ni vestir de púrpura, ni llevar fíbula de oro.
45 Todo aquel que
obre contrariamente a estas decisiones o anule alguna de ellas, será reo.
46 El pueblo
entero estuvo de acuerdo en conceder a Simón el derecho de obrar conforme a
estas disposiciones,
47 y Simón aceptó
y le pareció bien ejercer el sumo sacerdocio, ser estratega y etnarca de los
judíos y sacerdotes y estar al frente de todos.»
48 Decretaron que
este documento se grabase en planchas de bronce, que se fijasen estas en el
recinto del Lugar Santo, en lugar visible,
49 y que se
archivasen copias en el Tesoro a disposición de Simón y de sus hijos.
1 Envió Antíoco,
hijo del rey Demetrio, desde las islas del mar una carta a Simón, sacerdote
y etnarca de los judíos, y a toda la nación,
2 redactada en
los siguientes términos: «El rey Antíoco saluda a Simón, sumo sacerdote y
etnarca, y a la nación de los judíos.
3 Puesto que una
peste de hombres ha venido a apoderarse del reino de nuestros padres, y he
resuelto reivindicar mis derechos sobre él y restablecerlo como
anteriormente estaba, y he reclutado fuerzas considerables y equipado navíos
de guerra,
4 y quiero
desembarcar en el país para encontrarme con los que lo han arruinado y han
devastado muchas ciudades de mi reino,
5 ratifico ahora
en tu favor todas las exenciones que te concedieron los reyes anteriores a
mí y cuantas dispensas de otras donaciones te otorgaron.
6 Te autorizo a
acuñar moneda propia de curso legal en tu país.
7 Jerusalén y el
Lugar Santo sean libres. Todas las armas que has fabricado y las fortalezas
que has contruido y ocupas, queden en tu poder.
8 Cuanto debes al
tesoro real y cuanto en el futuro dejes a deber, te sea perdonado desde
ahora para siempre.
9 Y cuando
hayamos ocupado nuestro reino, te honraremos a ti, a tu nación y al
santuario con tales honores que vuestra gloria será conocida en toda la
tierra.»
10 El año 174
partió Antíoco para el país de sus padres y todas las tropas se pasaron a él
de modo que pocos quedaron con Trifón.
11 Antíoco se
lanzó en su persecución y Trifón se refugió en Dora a orillas del mar,
12 porque veía
que las desgracias se abatían sobre él y se encontraba abandonado de sus
tropas.
13 Antíoco puso
cerco a Dora con los 120.000 combatientes y los 8.000 jinetes que consigo
tenía.
14 Bloqueó la
ciudad, y de la parte del mar se acercaron las naves, de modo que estrechó a
la ciudad por tierra y por mar sin dejar que nadie entrase o saliese.
15 Entre tanto,
regresaron de Roma Numenio y sus acompañantes trayendo cartas para los reyes
y países, escritas de este modo:
16 «Lucio, cónsul
de los romanos, saluda al rey Tolomeo.
17 Han venido a
nosotros, en calidad de amigos y aliados nuestros, los embajadores de los
judíos para renovar nuestra antigua amistad y alianza, enviados por el sumo
sacerdote Simón y por el pueblo de los judíos,
18 y nos han
traído un escudo de oro de mil minas.
19 Nos ha
parecido bien, en consecuencia, escribir a los reyes y países que no
intenten causarles mal alguno, ni les ataquen a ellos ni a sus ciudades ni a
su país, y que no presten su apoyo a los que los ataquen.
20 Hemos decidido
aceptar de ellos el escudo.
21 Si, pues,
individuos perniciosos huyen de su país y se refugian en el vuestro,
entregadlos al sumo sacerdote Simón para que los castigue según su ley.»
22 Cartas iguales
fueron remitidas al rey Demetrio, a Atalo, a Ariarates, a Arsaces
23 y a todos los
países: a Sámpsamo, a los espartanos, a Delos, a Mindos, a Sición, a Caria,
a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a
Side, a Arados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene.
24 Redactaron
además una copia de esta carta para el sumo sacerdote Simón.
25 El rey
Antíoco, pues, tenía puesto cerco a Dora en los arrabales, lanzaba sin
tregua sus tropas contra la ciudad y construía ingenios de guerra. Tenía
bloqueado a Trifón y nadie podía entrar ni salir.
26 Simón le envió
2.000 hombres escogidos para ayudarle en la lucha, además de plata, oro y
abundante material.
27 Pero no quiso
recibir el envío; antes bien rescindió cuanto había convenido anteriormente
con Simón y se mostró hostil con él.
28 Envió donde él
a Atenobio, uno de sus amigos, a entrevistarse con él y decirle: «Vosotros
ocupáis Joppe, Gázara y la Ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino.
29 Habéis
devastado sus territorios, causado graves daños en el país y os habéis
adueñado de muchas localidades de mi reino.
30 Devolved,
pues, ahora las ciudades que habéis tomado y los impuestos de las
localidades de que os habéis adueñado fuera de los límites de Judea.
31 O bien, pagad
en compensación quinientos talentos de plata y otros quinientos talentos por
los estragos que habéis causado y por los impuestos de las ciudades. De lo
contrario iremos y os haremos la guerra.»
32 Llegó, pues,
Atenobio, el amigo del rey, a Jerusalén y al ver la magnificencia de Simón,
su aparador con vajilla de oro y plata y todo el esplendor que le rodeaba,
quedó asombrado. Le comunicó el mensaje del rey
33 y Simón le
respondió con estas palabras: «Ni nos hemos apoderado de tierras ajenas ni
nos hemos apropiado bienes de otros, sino de la heredad de nuestros padres.
Por algún tiempo la poseyeron injustamente nuestros enemigos
34 y nosotros,
aprovechando una ocasión favorable, hemos recuperado la heredad de nuestros
padres.
35 En cuanto a
Joppe y Gázara que nos reclamas, esas ciudades causaban graves daños al
pueblo y asolaban nuestro país. Por ellas daremos cien talentos.» No
respondió palabra Atenobio,
36 sino que se
volvió furioso donde el rey y le refirió la respuesta, la magnificencia de
Simón y todo lo que había visto. El rey montó en violenta cólera.
37 Trifón,
embarcado en una nave, huyó a Ortosia.
38 Entonces el
rey nombró a Cendebeo epistratega de la Zona Marítima y le entregó tropas de
infantería y de caballería,
39 con la orden
de acampar frente a Judea, construir Cedrón, fortificar sus puertas y
combatir contra el pueblo. El rey partió en seguimiento de Trifón.
40 Cendebeo llegó
a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo, efectuar incursiones por Judea,
capturar prisioneros y matar.
41 Reconstruyó
Cedrón donde alojó caballería y tropas para recorrer en salidas los caminos
de Judea como se lo tenía ordenado el rey.
1 Subió Juan de
Gázara y comunicó a su padre Simón las actividades de Cendebeo.
2 Simón llamó
entonces a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: «Mis hermanos y
yo y la casa de mi padre hemos combatido a los enemigos de Israel desde
nuestra juventud hasta el día de hoy y llevamos muchas veces a feliz término
la liberación de Israel;
3 pero ahora ya
estoy viejo mientras que vosotros, por la misericordia del Cielo, estáis en
buena edad. Ocupad, pues, mi puesto y el de mi hermano, salid a combatir por
nuestra nación y que el auxilio del Cielo sea con vosotros.»
4 Escogió luego
en el país 20.000 combatientes y jinetes que partieron contra Cendebeo y
pasaron la noche en Modín.
5 Al levantarse
de mañana, avanzaron hacia la llanura y he aquí que un ejército numeroso,
infantería y caballería, venía a su encuentro. Un torrente se interponía
entre ellos.
6 Juan con sus
tropas tomó posiciones frente al enemigo y advirtiendo que sus tropas tenían
miedo de pasar el torrente, lo pasó él el primero, y sus hombres, al verle,
pasaron detrás de él.
7 Dividió su
ejército (en dos cuerpos) y puso a los jinetes en medio de los de a pie,
pues la caballería de los contrarios era muy numerosa.
8 Tocaron las
trompetas y Cendebeo y su ejército salieron derrotados. Muchos de ellos
cayeron heridos de muerte y los que quedaron huyeron en dirección a la
fortaleza.
9 Entonces cayó
herido Judas, el hermano de Juan. Pero Juan los persiguió hasta que Cendebeo
entró en Cedrón que él había construido.
10 Fueron también
a refugiarse en las torres que hay por los campos de Azoto y Juan le prendió
fuego. Unos 2.000 de ellos sucumbieron y Juan regresó en paz a Judea.
11 Tolomeo, hijo
de Abubos, había sido nombrado estratega de la llanura de Jericó y poseía
mucha plata y oro,
12 pues era yerno
del sumo sacerdote.
13 Su corazón se
ensoberbeció tanto que aspiró a apoderarse del país, para lo cual tramaba
quitar a traición la vida a Simón y a sus hijos.
14 Yendo Simón de
inspección por las ciudades del país preocupándose de su administración,
bajó con sus hijos, Matatías y Judas, a Jericó. Era el año 177 en el
undécimo mes que es el mes de Sebat.
15 El hijo de
Abubos los recibió traidoramente en una pequeña fortaleza llamada Dok que él
había construido, les dio un gran banquete y ocultó allí hombres.
16 Cuando Simón y
sus hijos estuvieron bebidos, se levantó Tolomeo con los suyos, tomaron sus
armas y lanzándose sobre Simón en la sala del banquete, le mataron a él, a
sus dos hijos y a algunos de sus servidores.
17 Cometió de
esta manera una gran alevosía y devolvió mal por bien.
18 Luego escribió
Tolemeo al rey contándole lo ocurrido y pidiéndole que le enviara tropas en
su auxilio para entregarle el país y sus ciudades.
19 Envió otros a
Gázara para quitar de en medio a Juan. Escribió a los quiliarcos
invitándoles a venir donde él para darles plata, oro y otras dádivas.
20 Envió otros
que se apoderasen de Jerusalén y del monte del santuario.
21 Pero
adelantándose uno, anunció a Juan en Gázara que su padre y sus hermanos
había perecido y añadió: «Ha enviado gente a matarte a ti también.»
22 Al oír estas
noticias quedó profundamente afectado, prendió a los hombres que venían a
matarle y les dio muerte, pues sabía que pretendían asesinarle.
23 Las restantes
actividades de Juan, sus guerras, las proezas que llevó a cabo, las murallas
que levantó y otras empresas suyas
24 están escritas
en el libro de los Anales de su pontificado a partir del día en que fue
nombrado sumo sacerdote como sucesor de su padre.