1 Alejandro de
Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Kittim, derrotó a Darío, rey
de los persas y los medos, y reinó en su lugar, empezando por la Hélada.
2 Suscitó muchas
guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra.
3 Avanzó hasta
los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La
tierra enmudeció en su presencia y su corazón se ensoberbeció y se llenó de
orgullo.
4 Juntó un
ejército potentísimo y ejerció el mando sobre tierras, pueblos y príncipes,
que le pagaban tributo.
5 Después, cayó
enfermo y cononció que se moría.
6 Hizo llamar
entonces a sus servidores, a los nobles que con él se habían criado desde su
juventud, y antes de morir, repartió entre ellos su reino.
7 Reinó Alejandro
doce años y murió.
8 Sus servidores
entraron en posesión del poder, cada uno en su región.
9 Todos a su
muerte se ciñeron la diadema y sus hijos después de ellos durante largos
años; y multiplicaron los males sobre la tierra.
10 De ellos
surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había
estado como rehén en Roma. Subió al trono el año 137 del imperio de los
griegos.
11 En aquellos
días surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos
diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque
desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.»
12 Estas palabras
parecieron bien a sus ojos,
13 y algunos del
pueblo se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización
para seguir las costumbres de los gentiles.
14 En
consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos,
15 rehicieron sus
prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los
gentiles, y se vendieron para obrar el mal.
16 Antíoco, una
vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de
Egipto para ser rey de ambos reinos.
17 Con un fuerte
ejército, con carros, elefantes, (jinetes) y numerosa flota, entró en Egipto
18 y trabó
batalla con el rey de Egipto, Tolomeo. Tolomeo rehuyó su presencia y huyó;
muchos cayeron heridos.
19 Ocuparon las
ciudades fuertes de Egipto y Antíoco se alzó con los despojos del país.
20 El año 143,
después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra
Israel y llegó a Jerusalén con un fuerte ejército.
21 Entró con
insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la
luz con todos sus accesorios,
22 la mesa de la
proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro,
la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la
fachada del Templo.
23 Se apropió
también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo
encontrar.
24 Tomándolo
todo, partió para su tierra después de derramar mucha sangre y de hablar con
gran insolencia.
25 En todo el
país hubo gran duelo por Israel.
26 Jefes y
ancianos gimieron, languidecieron doncellas y jóvenes, la belleza de las
mujeres se marchitó.
27 El recién
casado entonó un canto de dolor, sentada en el lecho nupcial, la esposa
lloraba.
28 Se estremeció
la tierra por sus habitantes, y toda la casa de Jacob se cubrió de
vergüenza.
29 Dos años
después, envió el rey a las ciudades de Judá al Misarca, que se presentó en
Jerusalén con un fuerte ejército.
30 Habló
dolosamente palabras de paz y cuando se hubo ganado la confianza, cayó de
repente sobre la ciudad y le asestó un duro golpe matando a muchos del
pueblo de Israel.
31 Saqueó la
ciudad, la incendió y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.
32 Sus hombres
hicieron cautivos a mujeres y niños y se adueñaron del ganado.
33 Después
reconstruyeron la Ciudad de David con una muralla grande y fuerte, con
torres poderosas, y la hicieron su Ciudadela.
34 Establecieron
allí una raza pecadora de rebeldes, que en ella se hicieron fuertes.
35 La proveyeron
de armas y vituallas y depositaron en ella el botín que habían reunido del
saqueo de Jerusalén. Fue un peligroso lazo.
36 Se convirtió
en asechanza contra el santuario, en adversario maléfico para Israel en todo
tiempo.
37 Derramaron
sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron.
38 Por ellos los
habitantes de Jerusalén huyeron; vino a ser ella habitación de extraños,
extraña para los que en ella nacieron, pues sus hijos la abandonaron.
39 Quedó su
santuario desolado como un desierto, sus fiestas convertidas en duelo, sus
sábados en irrisión, su honor en desprecio.
40 A medida de su
gloria creció su deshonor, su grandeza se volvió aflicción.
41 El rey publicó
un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo
42 y abandonara
cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto
real
43 y muchos
israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el
sábado.
44 También a
Jerusalén y a la ciudades de Judá hizo el rey llegar, por medio de
mensajeros, el edicto que ordenaba seguir costumbres extrañas al país.
45 Debían
suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar
sábados y fiestas;
46 mancillar el
santuario y lo santo;
47 levantar
altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y
animales impuros;
48 dejar a sus
hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de
impurezas y profanaciones,
49 de modo que
olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres.
50 El que no
obrara conforme a la orden del rey, moriría.
51 En el mismo
tono escribió a todo su reino, nombró inspectores para todo el pueblo, y
ordenó a las ciudades de Judá que en cada una de ellas se ofrecieran
sacrificios.
52 Muchos del
pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos. Causaron males
al país
53 y obligaron a
Israel a ocultarse en toda suerte de refugios.
54 El día quince
del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar de los
holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en
las ciudades de alrededor de Judá.
55 A las puertas
de las casas y en las plazas quemaban incienso.
56 Rompían y
echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar.
57 Al que
encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que
observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a
muerte.
58 Actuaban
violentamente contra los israelitas que sorprendían un mes y otro en las
ciudades;
59 el día
veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre
el altar de los holocaustos.
60 A las mujeres
que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme al
edicto,
61 con sus
criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los
que habían efectuado la circuncisión.
62 Muchos en
Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura.
63 Prefirieron
morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa;
y murieron.
64 Inmensa fue la
Cólera que descargó sobre Israel.
1 Por aquel
tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de
Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.
2 Tenía cinco
hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;
3 Simón, llamado
Tasí;
4 Judas, llamado
Macabeo;
5 Eleazar,
llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.
6 Al ver las
impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,
7 exclamó: «¡Ay
de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad
santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su
santuario en poder de extraños?
8 Ha quedado su
Templo como hombre sin honor,
9 los objetos que
eran su gloria, llevados como botín, muertos en las plazas sus niños, y sus
jóvenes por espada enemiga.
10 ¿Qué pueblo no
ha venido a heredar su reino
11 y a entrar en
posesión de sus despojos? Todos sus adornos le han sido arrancados y de
libre que era, ha pasado a ser esclava.
12 Mirad nuestro
santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto,
miradlo profanado de los gentiles.
13 ¿Para qué
vivir más?»
14 Matatías y sus
hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un
profundo dolor.
15 Los enviados
del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín
para los sacrificios.
16 Muchos
israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron
convocados.
17 Tomando
entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le
dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien
apoyado de hijos y hermanos.
18 Acércate,
pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las
naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces
tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis
honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»
19 Matatías
contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio
del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y
acaten sus órdenes,
20 yo, mis hijos
y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.
21 El Cielo nos
guarde de abandonar la Ley y los preceptos.
22 No
obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la
derecha ni a la izquierda.»
23 Apenas había
concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la
vista de todos, para sacrificar en el altar de Modín, conforme al decreto
real.
24 Al verle
Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en
justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.
25 Al punto mató
también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.
26 Emuló en su
celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.
27 Luego, con
fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la
Ley y mantenga la alianza, que me siga.»
28 Y dejando en
la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.
29 Por entonces
muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para
establecerse allí
30 con sus
mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.
31 La gente del
rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la
denuncia de que unos hombres que habían rechazado el mandato del rey habían
bajado a los lugares ocultos del desierto.
32 Muchos
corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para
atacarles el día del sábado.
33 Les dijeron:
«Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»
34 Ellos les
contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el
día de sábado.»
35 Asaltados al
instante,
36 no replicaron
ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:
37 «Muramos todos
en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis
injustamente.»
38 Les atacaron,
pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil
personas.
39 Lo supieron
Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.
40 Pero se
dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos
contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos
exterminarán de la tierra.»
41 Aquel mismo
día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día
de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros
hermanos en las cuevas.»
42 Se les unió
por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de
corazón a la Ley.
43 Además, todos
aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron
su apoyo.
44 Formaron así
un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su
furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su
salvación.
45 Matatías y sus
amigos hicieron correrías destruyendo altares,
46 obligando a
circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel
47 y persiguiendo
a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:
48 arrancaron la
Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se
impusiera.
49 Los días de
Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la
insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.
50 Ahora, hijos,
mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros
padres.
51 Recordad las
gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron; alcanzaréis inmensa
gloria, inmortal nombre.
52 ¿No fue
hallado Abraham fiel en la prueba y se le reputó por justicia?
53 José, en el
tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.
54 Pinjás,
nuestro padre, por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio
eterno.
55 Josué, por
cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.
56 Caleb, por su
testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.
57 David, por su
piedad, heredó un trono real para siempre.
58 Elías, por su
ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.
59 Ananías,
Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.
60 Daniel por su
rectitud, escapó de las fauces de los leones.
61 Advertid,
pues, que de generación en generación todos los que esperan en El jamás
sucumben.
62 No temáis
amenazas de hombre pecador: su gloria parará en estiércol y gusanos;
63 estará hoy
encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus
maquinaciones se desvanecerán.
64 Hijos, sed
fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.
65 Ahí tenéis a
Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él
será vuestro padre.
66 Tenéis a Judas
Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y
dirigirá la guerra contra los pueblos.
67 Vosotros,
atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,
68 devolved a los
gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»
69 A
continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.
70 Murió el año
146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo
gran duelo por él.
1 Se levantó en
su lugar su hijo Judas, llamado Macabeo.
2 Todos sus
hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y
sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel.
3 El dilató la
gloria de su pueblo; como gigante revistió la coraza y se ciñó sus armas de
guerra. Empeñó batallas, protegiendo al ejército con su espada,
4 semejante al
león en sus hazañas, como cachorro que ruge sobre su presa.
5 Persiguió a los
impíos hasta sus rincones, dio a las llamas a los perturbadores de su
pueblo.
6 Por el miedo
que les infundía, se apocaron los impíos, se sobresaltaron todos los que
obraban la iniquidad; la liberación en su mano alcanzó feliz éxito.
7 Amargó a muchos
reyes, regocijó a Jacob con sus hazañas; su recuerdo será eternamente
bendecido.
8 Recorrió las
ciudades de Judá, exterminó de ellas a los impíos y apartó de Israel la
Cólera.
9 Su nombre llegó
a los confines de la tierra y reunió a los que estaban perdidos.
10 Apolonio
reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a
Israel.
11 Judas, al
tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos
sucumbieron y los demás se dieron a la fuga.
12 Recogido el
botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre
en combate con ella.
13 Serón, general
del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una
multitud de fieles y gente de guerra,
14 se dijo:
«Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a
los suyos, que desprecian las órdenes del rey.»
15 Partió, pues,
a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar
venganza de los hijos de Israel.
16 Cuando se
aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos
pocos hombres.
17 Al ver éstos
el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos
combatir, siendo tan pocos, con una multitud tan poderosa? Además estamos
extenuados por no haber comido hoy en todo el día.»
18 Judas
respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo
le da lo mismo salvar con muchos que con pocos;
19 que en la
guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la
fuerza que viene del Cielo.
20 Ellos vienen
contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos
a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros
despojos;
21 nosotros, en
cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes;
22 El les
quebrantará ante nosotros; no les temáis.»
23 Cuando acabó
de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron
derrotados ante él.
24 Les
persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos
ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos.
25 Comenzó a
cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los
gentiles circunvecinos.
26 Su nombre
llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de
Judas.
27 El rey
Antíoco, al oír esto, se encendió en violenta ira; mandó juntar las fuerzas
todas de su reino, un ejército poderosísimo;
28 abrió su
tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que
estuviesen preparadas a todo evento.
29 Entonces
advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de
la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había
provocado en el país al suprimir las leyes en vigor desde los primeros
tiempos.
30 Temió no
tener, como otras veces, para los gastos y para los donativos que solía
antes prodigar con larga mano, superando en ello a los reyes que le
precedieron.
31 Hallándose,
pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia a recoger los tributos de
aquellas provincias y reunir mucho dinero.
32 Dejó a Lisias,
personaje de la nobleza y de la familia real, al frente de los negocios del
rey desde el río Eufrates hasta la frontera de Egipto;
33 le confió la
tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;
34 puso a su
disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, y le dio orden de
ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y
Jerusalén,
35 debía enviar
contra ellos un ejército que quebrantara y deshiciera las fuerzas de Israel
y lo que quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo del lugar.
36 Luego
establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría entre ellos sus
tierras.
37 El rey,
tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de
su reino, el año 147. Atravesó el río Eufrates y prosiguió su marcha a
través de la región alta.
38 Lisias eligió
a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre
los amigos del rey,
39 y les envió
con 40.000 infantes y 7.000 de a caballo a invadir el país de Judá y
arrasarlo, como lo había mandado el rey.
40 Partieron con
todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la Tierra Baja.
41 Los mercaderes
de la región, que oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y
oro, además de grilletes, y se fueron al campamento con intención de
adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Se les unió también una fuerza
de Idumea y del país de los filisteos.
42 Judas y sus
hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba
acampado dentro de su territorio y conocían la consigna del rey de destruir
el pueblo y acabar con él.
43 Y se dijeron
unos a otros: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por
nuestro pueblo y por el Lugar Santo.»
44 Se convocó la
asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y
misericordia.
45 Pero Jerusalén
estaba despoblada como un desierto, ninguno de sus hijos entraba ni salía;
conculcado el santuario, hijos de extraños en la Ciudadela, convertida en
albergue de gentiles. Había desaparecido la alegría de Jacob, la flauta y la
lira habían enmudecido.
46 Por eso, una
vez reunidos, se fueron a Masfá, frente a Jerusalén, porque tiempos atrás
había habido en Masfá un lugar de oración para Israel.
47 Ayunaron aquel
día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron
sus vestidos.
48 Desenrollaron
el libro de la Ley para buscar en él lo que los gentiles consultan a las
imágenes de sus ídolos.
49 Trajeron los
ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer
a los nazireos que habían cumplido el tiempo de su voto.
50 Levantaron sus
clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con éstos? ¿A dónde los
llevaremos?
51 Tu Lugar Santo
está conculcado y profanado, tus sacerdotes en duelo y humillación,
52 y ahí están
los gentiles coligados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que
traman contra nosotros.
53 ¿Cómo podremos
resistir frente a ellos si no acudes en nuestro auxilio?»
54 Hicieron sonar
las trompetas y prorrumpieron en grandes gritos.
55 A
continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien,
de cincuenta y de diez.
56 A los que
estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o de plantar viñas
y a los cobardes, les mandó, conforme a la Ley, que se volvieran a sus
casas.
57 Luego, se puso
en marcha el ejército y acamparon al sur de Emaús.
58 Judas les
dijo: «Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para
entrar en batalla con estos gentiles que se han coligado contra nosotros
para destruirnos y destruir nuestro Lugar Santo.
59 Porque es
mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación
y del Lugar Santo.
60 Lo que el
Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá.»
1 Gorgias,
tomando 5.000 hombres y mil jinetes escogidos, partió con ellos de noche
2 para caer sobre
el campamento de los judíos y vencerles por sopresa. La gente de la
Ciudadela los guiaba.
3 Pero lo supo
Judas y salió él a su vez con sus guerreros con intención de batir al
ejército real que quebada en Emaús
4 mientras
estaban todavía dispersas las tropas fuera del campamento.
5 Gorgias llegó
de noche al campamento de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo
buscando por las montañas, pues decía: «Estos van huyendo de nosotros.»
6 Al rayar el
día, apareció Judas en la llanura con 3.000 hombres. Sólo que no tenían las
armas defensivas y las espadas que hubiesen querido,
7 mientras veían
el campamento de los gentiles fuerte, bien atrincherado, rodeado de la
caballería y todos diestros en la guerra.
8 Judas entonces
dijo a los que con él iban: «No temáis a esa muchedumbre ni su pujanza os
acobarde.
9 Recordad cómo
se salvaron nuestros padres en el mar Rojo, cuando Faraón les perseguía con
su ejército.
10 Clamemos ahora
al Cielo, a ver si nos tiene piedad, recuerda la alianza de nuestros padres
y quebranta hoy este ejército ante nosotros.
11 Entonces
reconocerán todas las naciones que hay quien rescata y salva a Israel.»
12 Los
extranjeros alzaron los ojos y, viendo a los judíos que venían contra ellos,
13 salieron del
campamento a presentar batalla. Los soldados de Judas hicieron sonar la
trompeta
14 y entraron en
combate. Salieron derrotados los gentiles y huyeron hacia la llanura.
15 Los rezagados
cayeron todos a filo de espada. Los persiguieron hasta Gázara y hasta las
llanuras de Idumea, Azoto y Yamnia. Cayeron de ellos al pie de 3.000
hombres.
16 Judas, al
volver con su ejército de la persecución,
17 dijo a su
gente: «Contened vuestros deseos de botín, que otra batalla nos amenaza;
18 Gorgias y su
ejército se encuentran cerca de nosotros en la montaña. Haced frente ahora a
nuestros enemigos y combatid con ellos; después podréis con tranquilidad
haceros con el botín.»
19 Apenas había
acabado Judas de hablar, cuando se dejó ver un destacamento que asomaba por
la montaña.
20 Advirtieron
éstos que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado,
como se lo daba a entender el humo que divisaban.
21 Viéndolo se
llenaron de pavor y al ver por otro lado en la llanura el ejército de Judas
dispuesto para el combate,
22 huyeron todos
al país de los filisteos.
23 Judas se
volvió entonces al campamento para saquearlo. Recogieron mucho oro y plata,
telas teñidas en púrpura marina, y muchas otras riquezas.
24 De regreso
cantaban y bendecían al Cielo: "Porque es bueno, porque es eterno su amor."
25 Hubo aquel día
gran liberación en Israel.
26 Los
extranjeros que habían podido escapar se fueron donde Lisias y le
comunicaron todo lo que había pasado.
27 Al oírles
quedó consternado y abatido porque a Israel no le había sucedido lo que él
quería ni las cosas habían salido como el rey se lo tenía ordenado.
28 Al año
siguiente, reunió Lisias 60.000 hombres escogidos y 5.000 jinetes para
combatir contra ellos.
29 Llegaron a
Idumea y acamparon en Bet Sur. Judas fue a su encuentro con 10.000 hombres
30 y cuando vio
aquel poderoso ejército, oró diciendo: «Bendito seas, Salvador de Israel,
que quebraste el ímpetu del poderoso guerrero por mano de tu siervo David y
entregaste el ejército de los filisteos en manos de Jonatán, hijo de Saúl, y
de su escudero.
31 Pon de la
misma manera este ejército en manos de tu pueblo Israel y queden corridos de
sus fuerzas y de su caballería.
32 Infúndeles
miedo, rompe la confianza que en su fuerza ponen y queden abatidos con su
derrota.
33 Hazles
sucumbir bajo la espada de los que te aman, y entonen himnos en tu alabanza
todos los que conocen tu nombre.»
34 Vinieron a las
manos y cayeron en el combate unos 5.000 hombres del ejército de Lisias.
35 Al ver Lisias
la derrota sufrida por su ejército y la intrepidez de los soldados de Judas,
y cómo estaban resueltos a vivir o morir valerosamente, partió para
Antioquía, donde reclutó mercenarios con ánimo de presentarse de nuevo en
Judea con fuerzas más numerosas.
36 Judas y sus
hermanos dijeron: «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a
purificar el Lugar Santo y a celebrar su dedicación.»
37 Se reunió todo
el ejército y subieron al monte Sión.
38 Cuando vieron
el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, arbustos
nacidos en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las
salas destruidas,
39 rasgaron sus
vestidos, dieron muestras de gran dolor y pusieron ceniza sobre sus cabezas.
40 Cayeron luego
rostro en tierra y a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores
al Cielo.
41 Judas dio
orden a sus hombres de combatir a los de la Ciudadela hasta terminar la
purificación del Lugar Santo.
42 Luego eligió
sacerdotes irreprochables, celosos de la Ley,
43 que
purificaron el Lugar Santo y llevaron las piedras de la contaminación a un
lugar inmundo.
44 Deliberaron
sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba
profanado.
45 Con buen
parecer acordaron demolerlo para evitarse un oprobio, dado que los gentiles
lo habían contaminado. Lo demolieron, pues,
46 y depositaron
sus piedras en el monte de la Casa, en un lugar conveniente, hasta que
surgiera un profeta que diera respuesta sobre ellas.
47 Tomaron luego
piedras sin labrar, como prescribía la Ley, y contruyeron un nuevo altar
como el anterior.
48 Repararon el
Lugar Santo y el interior de la Casa y santificaron los atrios.
49 Hicieron
nuevos objetos sagrados y colocaron dentro del templo el candelabro, el
altar del incienso y la mesa.
50 Quemaron
incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro, que
lucieron en el Templo.
51 Pusieron panes
sobre la mesa, colgaron las cortinas y dieron fin a la obra que habían
emprendido.
52 El día
veinticinco del noveno mes, llamado Kisléu, del año 148, se levantaron al
romper el día
53 y ofrecieron
sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido un sacrificio
conforme a la Ley.
54 Precisamente
fue inaugurado el altar, con cánticos, cítaras, liras y címbalos, en el
mismo tiempo y el mismo día en que los gentiles la habían profanado.
55 El pueblo
entero se postró rostro en tierra, y adoró y bendijo al Cielo que los había
conducido al triunfo.
56 Durante ocho
días celebraron la dedicación del altar y ofrecieron con alegría holocaustos
y el sacrificio de comunión y acción de gracias.
57 Adornaron la
fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las
entradas y las salas y les pusieron puertas.
58 Hubo
grandísima alegría en el pueblo, y el ultraje inferido por los gentiles
quedó borrado.
59 Judas, de
acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada
año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes
de Kisléu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la
dedicación del altar.
60 Por aquel
tiempo, levantaron en torno al monte Sión altas murallas y fuertes torres,
no fuera que otra vez se presentaran como antes los gentiles y lo
pisotearan.
61 Puso Judas
allí una guarnición que lo defendiera y para que el pueblo tuviese una
fortaleza frente a Idumea, fortificó Bet Sur.
1 Cuando los
pueblos circunvecinos supieron que había sido reconstruido el altar y
restaurado como antes el santuario, se irritaron sobremanera.
2 Decidieron
acabar con los descendientes de Jacob que entre ellos vivían y comenzaron a
matar y exterminar gente del pueblo.
3 Judas movió la
guerra a los hijos de Esaú en Idumea, al país de Acrabatena, porque tenían
asediados a los israelitas. Les infligió fuerte derrota, les rechazó y se
alzó con sus despojos.
4 Recordó luego
la maldad de los hijos de Baián, que eran un lazo y una trampa para el
pueblo por las emboscadas que en los caminos le tendían.
5 Les obligó a
encerrarse en sus torres, les puso cerco y dándolos al anatema, abrasó las
torres con todos los que estaban dentro.
6 Pasó a
continuación a los ammonitas, donde encontró una fuerte tropa y una
población numerosa cuyo jefe era Timoteo.
7 Después de
muchos combates, los derrotó y deshizo.
8 Ocupó Yazer y
sus aldeas, y regresó a Judea.
9 Los gentiles de
Galaad se unieron para exterminar a los israelitas que vivían en su
territorio, pero ellos se refugiaron en la fortaleza de Datemá.
10 Enviaron
cartas a Judas y sus hermanos diciéndoles: «Los gentiles que nos rodean se
han unido para exterminarnos;
11 se preparan
para venir a tomar la fortaleza donde nos hemos refugiado, y Timoteo está al
frente de su ejército.
12 Ven, pues,
ahora a librarnos de sus manos, que muchos de entre nosotros han caído ya;
13 todos nuestros
hermanos que vivían en el país de Tubías han sido muertos, llevados cautivos
sus mujeres, hijos y bienes, y han perecido allí unos mil hombres.»
14 Estaban
todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con los vestidos
rasgados, llegaron de Galilea con esta noticia:
15 «Se han unido
los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los Gentiles para acabar
con nosotros.»
16 Cuando Judas y
el pueblo oyeron tales noticias, reunieron una gran asamblea para deliberar
sobre lo que habían de hacer para socorrer a sus hermanos puestos en
angustia y combatidos de enemigos.
17 Judas dijo a
su hermano Simón: «Toma gente contigo y parte a librar a tus hermanos de
Galilea; mi hermano Jonatán y yo iremos a la región de Galaad.»
18 Dejó para
defensa de Judea a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, jefe del pueblo, con
el resto del ejército,
19 dándoles esta
orden: «Estad al frente del pueblo y no entréis en batalla con los gentiles
hasta que nosotros regresemos.»
20 Se le dieron
3.000 hombres a Simón para la campaña de Galilea y 8.000 a Judas para la de
Galaad.
21 Simón partió
para Galilea y luego de empeñar muchos combates con los gentiles, los
derrotó
22 y los
persiguió hasta la entrada de Tolemaida. Sucumbieron unos 3.000 gentiles y
se llevó sus despojos.
23 Tomó luego
consigo a los judíos de Galilea y Arbattá, con sus mujeres, hijos y cuanto
poseían, y en medio de una gran alegría los llevó a Judea.
24 Por su parte,
Judas Macabeo y su hermano Jonatán atravesaron el Jordán y caminaron tres
jornadas por el desierto.
25 Se encontraron
con los nabateos, que les acogieron amistosamente y les pusieron al tanto de
lo que les ocurría a sus hermanos de la región de Galaad:
26 que muchos de
ellos se encontraban encerrados en Bosorá y Bosor, en Alemá, Casfó, Maqued y
Carnáyim, todas ellas ciudades fuertes y grandes;
27 que también
los había encerrados en las demás ciudades de la región de Galaad, y que sus
enemigos habían fijado el día siguiente para atacar las fortalezas, tomarlas
y exterminarlos a todos en un solo día.
28 Inmediatamente
Judas hizo que su ejército tomara el camino de Bosorá, a través del
desierto; tomó la ciudad y después de pasar a filo de espada a todo varón y
de saquearla por completo, la incendió.
29 Partió de allí
por la noche y avanzó hasta las cercanías de la fortaleza.
30 Cuando, al
llegar el día, alzaron los judíos sus ojos, vieron una muchedumbre
innumerable que levantaba escalas e ingenios para tomar la plaza, y había
comenzado ya el ataque.
31 Al ver que el
ataque se había iniciado y que un inmenso griterío y sonido de trompetas se
levantaba de la ciudad hasta el cielo,
32 Judas dijo a
los hombres de su ejército: «Combatid hoy por vuestros hermanos.»
33 Y, ordenados
en tres columnas, les hizo avanzar detrás del enemigo tocando las trompetas
y gritando invocaciones.
34 El ejército de
Timoteo, al reconocer que era Macabeo, huyeron ante él, sufrieron una fuerte
derrota y dejaron tendidos unos 8.000 hombres aquel día.
35 Volvióse luego
Judas contra Alemá. La atacó, la tomó y después de matar a todos los varones
y saquearla, la dio a las llamas.
36 Partiendo de
allí, se apoderó de Casfó, Maqued, Bosor y de las restantes ciudades de la
región de Galaad.
37 Después de
estos acontecimientos, juntó Timoteo un nuevo ejército y acampó frente a
Rafón, al otro lado del torrente.
38 Judas envió a
reconocer el campamento y le trajeron el siguiente informe: «Todos los
gentiles de nuestro alrededor se le han unido y forman un ejército
considerable.
39 Tienen además,
como auxiliares, árabes tomados a sueldo. Acampan al otro lado del torrente
y están preparados para venir a atacarte.» Judas salió a su encuentro.
40 Cuando se
aproximaba con su ejército al torrente de agua, dijo Timoteo a los capitanes
de sus tropas: «Si él lo pasa primero y viene sobre nosotros, no podremos
resistirle, porque nos vencerá seguramente,
41 pero si
muestra miedo y acampa al otro lado del río, lo atravesaremos nosotros,
iremos sobre él y le venceremos.»
42 Cuando Judas
llegó al borde del torrente de agua, situó a los escribas del pueblo a la
orilla y les dio esta orden: «No dejéis acampar a nadie; que todos vayan al
combate.»
43 Pasó él el
primero contra el enemigo y toda su gente le siguió. Los gentiles todos,
derrotados ante ellos, tiraron las armas y corrieron a buscar refugio en el
templo de Carnáyim.
44 Pero los
judíos tomaron la ciudad y quemaron el templo con todos los que había
dentro. Carnáyim fue arrasada. Y ya nadie pudo resistir a Judas.
45 Judas reunió a
todos los israelitas de la región de Galaad, pequeños y grandes, a sus
mujeres, hijos y bienes, una inmensa muchedumbre, para llevarlos al país de
Judá.
46 Llegaron a
Efrón, ciudad importante y muy fuerte, situada en el camino. Necesariamente
tenían que pasar por ella, por no haber posibilidad de desviarse ni a la
derecha ni a la izquierda.
47 Pero los
habitantes les negaron el paso y bloquearon las entradas con piedras.
48 Judas les
envió un mensaje en son de paz diciéndoles: «Pasaremos por vuestro país para
llegar al nuestro; nadie os hará mal alguno; no limitaremos a pasar a pie.»
Pero no quisieron abrirle.
49 Entonces Judas
hizo anunciar por el ejército que cada uno tomara posición donde se
encontrara.
50 La gente de
guerra tomó posición y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la noche,
hasta que cayó en sus manos.
51 Hizo pasar a
filo de espada a todos los varones, la arrasó, la saqueó, y atravesó la
ciudad por encima de los cadáveres.
52 Pasaron el
Jordán para entrar en la Gran Llanura frente a Bet San.
53 Judas fue
durante toda la marcha recogiendo a los rezagados y animando al pueblo hasta
llegar a la tierra de Judá.
54 Subieron al
monte Sión con alborozo y alegría y ofrecieron holocaustos por haber
regresado felizmente sin haber perdido a ninguno de los suyos.
55 Cuando Judas y
Jonatán estaban en el país de Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente
a Tolemaida,
56 José, hijo de
Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, al oír las proezas y combates que
aquéllos habían realizado,
57 se dijeron:
«Hagamos nosotros también célebre nuestro nombre saliendo a combatir a los
gentiles de los alrededores.»
58 Y dieron orden
a la tropa que estaba bajo su mando de ir sobre Yamnia.
59 Gorgias salió
de la ciudad con su gente para irles al encuentro y entrar en batalla.
60 Y José y
Azarías fueron derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea.
Sucumbieron aquel día alrededor de 2.000 hombres del pueblo de Israel.
61 Sobrevino este
grave revés al pueblo por no haber obedecido a Judas y sus hermanos,
creyéndose capaces de grandes hazañas.
62 Pero no eran
ellos de aquella casta de hombres a quienes estaba confiada la salvación de
Israel.
63 El valiente
Judas y sus hermanos alcanzaron gran honor ante todo Israel y todas las
naciones a donde su nombre llegaba.
64 Las
muchedumbres se agolpaban a su alrededor para aclamarles.
65 Salió Judas
con sus hermanos a campaña contra los hijos de Esaú, al país del mediodía.
Tomó Hebrón y sus aldeas, arrasó sus murallas y prendió fuego a las torres
de su contorno.
66 Partió luego
en dirección al país de los filisteos y atravesó Marisá.
67 Al querer
señalarse tomando parte imprudentemente en el combate, cayeron aquel día
algunos sacerdotes.
68 Dobló luego
Judas sobre Azoto, territorio de los filisteos, y destruyó sus altares, dio
fuego a las imágenes de sus dioses y saqueó sus ciudades. Después, regresó
al país de Judá.