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1 El rey Antíoco,
en su recorrido por la región alta, tuvo noticia de que había una ciudad en
Persia, llamada Elimaida, famosa por sus riquezas, su plata y su oro.
2 Tenía un templo
rico en extremo, donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas
dejadas allí por Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia, que fue el
primer rey de los griegos.
3 Allá se fue con
intención de tomar la ciudad y entrar a saco en ella. Pero no lo consiguió,
porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus propósitos,
4 le ofrecieron
resistencia armada, y tuvo que salir huyendo y marcharse de allí con gran
tristeza para volverse a Babilonia.
5 Todavía se
hallaba en Persia, cuando llegó un mensajero anunciándole la derrota de las
tropas enviadas a la tierra de Judá.
6 Lisias, en
primer lugar, había ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido
que huir ante los judíos. Estos se habían crecido con las tropas y los
muchos despojos tomados a los ejércitos vencidos.
7 Habían
destruido la Abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén.
Habían rodeado de altas murallas como antes el santuario, así como a Bet
Sur, ciudad del rey.
8 Ante tales
noticias, quedó el rey consternado, presa de intensa agitación, y cayó en
cama enfermo de pesadumbre por no haberle salido las cosas como él quisiera.
9 Muchos días
permaneció allí, renovándosele sin cesar la profunda tristeza, hasta que
sintió que se iba a morir.
10 Hizo venir
entonces a todos sus amigos y les dijo: «Huye el sueño de mis ojos y mi
corazón desfallece de ansiedad.
11 Me decía a mí
mismo: ¿Por qué he llegado a este extremo de aflicción y me encuentro en tan
gran tribulación, siendo así que he sido bueno y amado en mi gobierno?
12 Pero ahora
caigo en cuenta de los males que hice en Jerusalén, cuando me llevé los
objetos de plata y oro que en ella había y envié gente para exterminar sin
motivo a los habitantes de Judá.
13 Reconozco que
por esta causa me han sobrevenido los males presentes y muero de inmensa
pesadumbre en tierra extraña.»
14 Llamó luego a
Filipo, uno de sus amigos, y le puso al frente de todo su reino.
15 Le dio su
diadema, sus vestidos y su anillo, encargándole que educara a su hijo
Antíoco y le preparara para que fuese rey.
16 Allí murió el
rey Antíoco el año 149.
17 Lisias, al
saber la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, al que había
educado desde niño, y le dio el sobrenombre de Eupátor.
18 La guarnición
de la Ciudadela tenía sitiado a Israel en el recinto del Lugar Santo;
buscaba siempre ocasión de causarle mal y de ofrecer apoyo a los gentiles.
19 Resuelto Judas
a exterminarlos, convocó a todo el pueblo para sitiarles.
20 El año 150,
una vez reunidos, dieron comienzo al sitio de la Ciudadela y construyeron
plataformas de tiro e ingenios de guerra.
21 Pero algunos
de los sitiados lograron romper el cerco y juntándoseles otros de entre los
impíos de Israel,
22 acudieron al
rey para decirle: «¿Hasta cuándo vas a estar sin hacer justicia y sin vengar
a nuestros hermanos?
23 Nosotros
aceptamos de buen grado servir a tu padre, seguir sus órdenes y obedecer sus
edictos.
24 Esta es la
causa por la que nuestros conciudadanos se nos muestran hostiles. Han matado
a cuantos de nosotros han caído en sus manos y nos han arrebatado nuestras
haciendas.
25 Pero no sólo
han alzado su mano sobre nosotros, sino también sobre todos tus territorios.
26 He aquí que
hoy tienen puesto cerco a la Ciudadela de Jerusalén con intención de tomarla
y han fortificado el santuario y Bet Sur.
27 Si no te
apresuras a atajarles, se atreverán a más, y ya te será imposible
contenerles.»
28 Al oírlo el
rey, montó en cólera y convocó a todos sus amigos, capitanes del ejército y
comandantes de la caballería.
29 Le llegaron
tropas mercenarias de otros reinos y de la islas del mar.
30 El número de
sus fuerzas era de 10.000 infantes, 20.000 jinetes y 32 elefantes
adiestrados para la guerra.
31 Viniendo por
Idumea, pusieron cerco a Bet Sur y la atacaron durante mucho tiempo,
valiéndose de ingenios de guerra. Pero los sitiados, en salidas que hacían,
se los quemaban y peleaban valerosamente.
32 Entonces Judas
partió de la Ciudadela y acampó en Bet Zacaría, frente al campamento real.
33 El rey se
levantó de madrugada y puso en marcha el ejército con todo su ímpetu por el
camino de Bet Zacaría. Los ejércitos se dispusieron para entrar en batalla y
se tocaron las trompetas.
34 A los
elefantes les habían mostrado zumo de uvas y moras para prepararlos al
combate.
35 Las bestias
estaban repartidas entre las falanges. Mil hombres, con cota de malla y
casco de bronce en la cabeza, se alineaban al lado de cada elefante. Además,
con cada bestia iban quinientos jinetes escogidos,
36 que estaban
donde el animal estuviese y le acompañaban adonde fuese, sin apartarse de
él.
37 Cada elefante
llevaba sobre sí, sujeta con cinchas, una torre fuerte de madera como
defensa y tres guerreros que combatían desde ella, además del conductor.
38 Al resto de la
caballería el rey lo colocó a un lado y otro, en los flancos del ejército,
con la misión de hostigar al enemigo y proteger las falanges.
39 Cuando el sol
dio sobre los escudos de oro y bronce, resplandecieron los montes a su
fulgor y brillaron como antorchas encendidas.
40 Una parte del
ejército real se desplegó por las alturas de los montes, mientras algunos lo
hicieron por el llano; y avanzaban con seguridad y buen orden.
41 Se estremecían
todos los que oían el griterío de aquella muchedumbre y el estruendo que
levantaba al marchar y entrechocar las armas; era, en efecto, un ejército
muy grande y fuerte.
42 Judas y su
ejército se adelantaron para entrar en batalla, y sucumbieron seiscientos
hombres del ejército real.
43 Eleazar,
llamado Avarán, viendo una de las bestias que iba protegida de una coraza
real y que aventajaba en corpulencia a todas las demás, creyó que el rey iba
en ella,
44 y se entregó
por salvar a su pueblo y conseguir un nombre inmortal.
45 Corrió
audazmente hasta la bestia, metiéndose entre la falange, matando a derecha e
izquierda y haciendo que los enemigos se apartaran de él a un lado y a otro;
46 se deslizó
debajo del elefante e hiriéndole por debajo, lo mató. Cayó a tierra el
animal sobre él y allí murió Eleazar.
47 Los judíos, al
fin, viendo la potencia del reino y la impetuosidad de sus tropas, cedieron
ante ellas.
48 El ejército
real subió a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó contra
Judea y contra el monte Sión.
49 Hizo la paz
con los de Bet Sur, que salieron de la ciudad al no tener allí víveres para
sostener el sitio por ser año sabático para la tierra.
50 El rey ocupó
Bet Sur y dejó allí una guarnición para su defensa.
51 Muchos días
estuvo sitiando el santuario. Levantó allí plataformas de tiro e ingenios de
guerra, lanzallamas, catapultas, escorpiones de lanzar flechas y hondas.
52 Por su parte,
los sitiados construyeron ingenios contra los ingenios de los otros y
combatieron durante muchos días.
53 Pero no había
víveres en los almacenes, porque aquel era año séptimo, y además los
israelitas liberados de los gentiles y traídos a Judea habían consumido las
últimas reservas.
54 Víctimas,
pues, del hambre, dejaron unos pocos hombres en el Lugar Santo y los demás
se dispersaron cada uno a su casa.
55 Se enteró
Lisias de que Filipo, aquel a quien el rey Antíoco había confiado antes de
morir la educación de su hijo Antíoco para el trono,
56 había vuelto
de Persia y Media y con él las tropas que acompañaron al rey, y que trataba
de hacerse con la dirección del gobierno.
57 Entonces se
apresuró a señalar la conveniencia de volverse, diciendo al rey, a los
capitanes del ejército y a la tropa: «De día en día venimos a menos; las
provisiones faltan; la plaza que asediamos está bien fortificada y los
negocios del reino nos urgen.
58 Demos, pues,
la mano a estos hombres, hagamos la paz con ellos y con toda su nación
59 y
permitámosles vivir según sus costumbres tradicionales, pues irritados por
habérselas abolido nosotros, se han portado de esta manera.»
60 El rey y los
capitanes aprobaron la idea y el rey envió a proponer la paz a los sitiados.
Estos la aceptaron
61 y el rey y los
capitanes se la juraron. Con esta garantía salieron de la fortaleza
62 y el rey entró
en el monte Sión. Pero al ver la fortaleza de aquel lugar, violó el
juramento que había hecho y ordenó destruir la muralla que lo rodeaba.
63 Luego, a toda
prisa, partió y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño de la
ciudad. Le atacó y se apoderó de la ciudad por la fuerza.
1 El año 151,
Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y, con unos pocos hombres, arribó a
una ciudad marítima donde se proclamó rey.
2 Cuando se
disponía a entrar en la residencia real de sus padres, el ejército apresó a
Antíoco y a Lisias para llevarlos a su presencia.
3 Al saberlo,
dijo: «No quiero ver sus caras.»
4 El ejército los
mató y Demetrio se sentó en su trono real.
5 Entonces todos
los hombres sin ley e impíos de Israel acudieron a él, con Alcimo al frente,
que pretendía el sumo sacerdocio.
6 Ya en su
presencia, acusaron al pueblo diciendo: «Judas y sus hermanos han hecho
perecer a todos tus amigos y a nosotros nos han expulsado de nuestro país.
7 Envía, pues,
ahora una persona de tu confianza, que vaya y vea los estragos que en
nosotros y en la provincia del rey han causado, y los castigue a ellos y a
todos los que les apoyan.»
8 El rey eligió a
Báquides, uno de los amigos del rey, gobernador de Transeufratina, grande en
el reino y fiel al rey.
9 Le envió con el
impío Alcimo, a quien concedió el sacerdocio, a tomar venganza de los
israelitas.
10 Partieron con
un ejército numeroso y en llegando a la tierra de Judá, enviaron mensajeros
a Judas y sus hermanos con falsas proposiciones de paz.
11 Pero éstos no
hicieron caso de sus palabras, porque vieron que habían venido con un
ejército numeroso.
12 No obstante,
un grupo de escribas se reunió con Alcimo y Báquides, tratando de encontrar
una solución justa.
13 Los asideos
eran los primeros entre los israelitas en pedirles la paz,
14 pues decían:
«Un sacerdote del linaje de Aarón ha venido con el ejército: no nos hará
ningún mal.»
15 Habló con
ellos amistosamente y les aseguró bajo juramento: «No intentaremos haceros
mal ni a vosotros ni a vuestros amigos.»
16 Le creyeron,
pero él prendió a sesenta de ellos y les hizo morir en un mismo día, según
la palabra que estaba escrita:
17 = «Esparcieron
la carne y la sangre de tus santos en torno a Jerusalén y no hubo quien les
diese sepultura.» =
18 Con esto, el
miedo hacia ellos y el espanto se apoderó del pueblo, que decía: «No hay en
ellos verdad ni justicia, pues han violado el pacto y el juramento que
habían jurado.»
19 Báquides
partió de Jerusalén y acampó en Bet Zet. De allí mandó a prender a muchos
que habían desertado donde él y a algunos del pueblo, los mató y los arrojó
en el pozo grande.
20 Luego puso la
provincia en manos de Alcimo, dejó con él tropas que le sostuvieran y se
marchó adonde el rey.
21 Alcimo luchó
por el sumo sacerdocio.
22 Se le unieron
todos los perturbadores del pueblo, se hicieron dueños de la tierra de Judá
y causaron graves males a Israel.
23 Viendo Judas
todo el daño que Alcimo y los suyos hacían a los hijos de Israel, mayor que
el que habían causado los gentiles,
24 salió a
recorrer todo el territorio de Judea para tomar venganza de los desertores y
no dejarles andar por la región.
25 Al ver Alcimo
que Judas y los suyos cobraban fuerza y que él no podía resistirles, se
volvió donde el rey y les acusó de graves delitos.
26 El rey envió a
Nicanor, uno de sus generales más distinguidos y enemigo declarado de
Israel, y le mandó exterminar al pueblo.
27 Nicanor llegó
a Jerusalén con un ejército numeroso y envió a Judas y sus hermanos un
insidioso mensaje de paz diciéndoles:
28 «No haya lucha
entre vosotros y yo; iré a veros amistosamente con una pequeña escolta.»
29 Fue pues,
donde Judas y ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban
preparados para raptar a Judas.
30 Al conocer que
había venido a él con engaños, se atemorizó Judas y no quiso verle más.
31 Viendo
descubiertos sus planes, Nicanor salió a enfrentarse con Judas cerca de
Cafarsalamá.
32 Cayeron unos
quinientos hombres del ejército de Nicanor y los demás huyeron a la Ciudad
de David.
33 Después de
estos sucesos, subió Nicanor al monte Sión. Salieron del Lugar Santo
sacerdotes y ancianos del pueblo para saludarle amistosamente y mostrarle el
holocausto que se ofrecía por el rey.
34 Pero él se
burló de ellos, les escarneció, les mancilló y habló insolentemente.
35 Colérico, les
dijo con juramento: «Si esta vez no se me entrega Judas y su ejército en mis
manos, cuando vuelva, hecha la paz, prenderé fuego a esta Casa.» Y salió
lleno de furor.
36 Entraron los
sacerdotes y, de pie ante el altar y el santuario, exclamaron llorando:
37 «Tú has
elegido esta Casa para que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de
oración y súplica para tu pueblo;
38 toma vengaza
de este hombre y de su ejército y caigan bajo la espada. Acuérdate, de sus
blasfemias y no les des tregua.»
39 Nicanor partió
de Jerusalén y acampó en Bet Jorón, donde se le unió un contingente de
Siria.
40 Judas acampó
en Adasá con 3.000 hombres y oró diciendo:
41 «Cuando los
enviados del rey blasfemaron, salió tu ángel y mató a 185.000 de ellos;
42 destruye
también hoy este ejército ante nosotros y reconozcan los que queden que su
jefe profirió palabras impías contra tu Lugar Santo; júzgale según su
maldad.»
43 El día trece
del mes de Adar trabaron batalla los ejércitos y salió derrotado el de
Nicanor. Nicanor cayó el primero en el combate,
44 y su ejército,
al verle caído, arrojó las armas y se dio a la fuga.
45 Les estuvieron
persiguiendo un día entero, desde Adasá hasta llegar a Gázara, dando aviso
tras ellos con el sonido de las trompetas.
46 Salió gente de
todos los pueblos judíos del contorno y, envolviéndoles, les obligaron a
volverse los unos sobre los otros. Todos cayeron a espada; no quedó ni uno
de ellos.
47 Tomaron los
despojos y el botín; cortaron la cabeza de Nicanor y su mano derecha,
aquella que había extendido insolentemente, y las llevaron para exponerlas a
la vista de Jerusalén.
48 El pueblo se
llenó de gran alegría; celebraron aquel día como un gran día de regocijo
49 y acordaron
conmemorarlo cada año el trece de Adar.
1 La fama de los
romanos llegó a oídos de Judas. Decían que eran poderosos, se mostraban
benévolos con todos los que se les unían, establecían amistad con cuantos
acudían a ellos
2 (y eran
poderosos). Le contaron sus guerras y las proezas que habían realizado entre
los galos, cómo les habían dominado y sometido a tributo;
3 todo cuanto
habían hecho en la región de Espanña para hacerse con las minas de plata y
oro de allí,
4 cómo se habían
hecho dueños de todo el país gracias a su prudencia y perseverancia (a pesar
de hallarse aquel país a larga distancia del suyo); a los reyes venidos
contra ellos desde los confines de la tierra, los habían derrotado e
inferido fuerte descalabro, y los demás les pagaban tributo cada año;
5 habían vencido
en la guerra a Filipo, a Perseo, rey de los Kittim, y a cuantos se habían
alzado contra ellos, y los habían sometido;
6 Antíoco el
Grande, rey de Asia, había ido a hacerles la guerra con 120 elefantes,
caballería, carros y tropas muy numerosas, y fue derrotado,
7 le apresaron
vivo y le obligaron, a él y a sus sucesores en el trono, a pagarles un gran
tributo, a entregar rehenes y a ceder
8 algunas de sus
mejores provincias: la provincia índica, Media y Lidia, que le quitaron para
dárselas al rey Eumeno;
9 los de Grecia
habían concebido el proyecto de ir a exterminarlos,
10 y en
sabiéndolo los romanos, enviaron contra ellos a un solo general, les
hicieron la guerra, mataron a muchos de ellos, llevaron cautivos a sus
mujeres y niños, saquearon sus bienes, subyugaron el país, arrasaron sus
fortalezas y les sometieron a servidumbre hasta el día de hoy;
11 a los demás
reinos y a las islas, a cuantos en alguna ocasión les hicieron frente, los
destruyeron y redujeron a servidumbre.
12 En cambio, a
sus amigos y a los que en ellos buscaron apoyo, les mantuvieron su amistad.
Tienen bajo su dominio a los reyes vecinos y a los lejanos y todos cuantos
oyen su nombre les temen.
13 Aquellos a
quienes quieren ayudar a conseguir el trono, reinan; y deponen a los que
ellos quieren. Han alcanzado gran altura.
14 No obstante,
ninguno de ellos se ciñe la diadema ni se viste de púrpura para engreírse
con ella.
15 Se han creado
un Consejo, donde cada día 320 consejeros deliberan constantemente en favor
del pueblo para mantenerlo en buen orden.
16 Confían cada
año a uno solo el mando sobre ellos y el dominio de toda su tierra. Todos
obedecen a este solo hombre sin que haya entre ellos envidias ni celos.
17 Judas eligió a
Eupólemo, hijo de Juan, y de Haqcós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los envió
a Roma a concertar amistad y alianza,
18 para sacudirse
el yugo de encima, porque veían que el reino de los griegos tenía a Israel
sometido a servidumbre.
19 Partieron,
pues, para Roma y luego de un larguísimo viaje, entraron en el Consejo,
donde tomando la palabra, dijeron:
20 Judas, llamado
Macabeo, sus hermanos y el pueblo judío nos han enviado donde vosotros para
concertar con vosotros alianza y paz y para que nos inscribáis en el número
de vuestros aliados y amigos.»
21 La propuesta
les pareció bien.
22 Esta es la
copia de la carta que enviaron a Jerusalén, grabada en planchas de bronce,
para que fuesen allí para ellos documento de paz y alianza:
23 «Felicidad a
los romanos y a la nación de los judíos por mar y tierra para siempre. Lejos
de ellos la espada y el enemigo.
24 Pero, si le
sobreviene una guerra primero a Roma o a cualquiera de sus aliados en
cualquier parte de sus dominios,
25 la nación de
los judíos luchará a su lado, según las circunstancias se lo dicten, de todo
corazón.
26 No darán a los
enemigos ni les suministrarán trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha
decidido Roma. Guardarán sus compromisos sin recibir compensación alguna.
27 De la misma
manera, si sobreviene una guerra primero a la nación de los judíos, los
romanos lucharán a su lado, según las circunstancías se lo dicten, con toda
el alma.
28 No darán a los
combatientes trigo, armas, dinero ni naves. Así lo ha decidido Roma.
Guardarán sus compromisos sin dolo.
29 En estos
términos se han concertado los romanos con el pueblo de los judíos.
30 Si
posteriormente unos y otros deciden añadir o quitar algo, lo podrán hacer a
su agrado, y lo que añadan o quiten será valedero.
31 «En cuanto a
los males que el rey Demetrio les ha causado, le hemos escrito diciéndole:
"¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre nuestros amigos y
aliados los judíos?
32 Si otra vez
vuelven a quejarse de ti, nosotros les haremos justicia y te haremos la
guerra por mar y tierra."»
1 Cuando supo
Demetrio que Nicanor y su ejército habían caído en la guerra, envió a la
tierra de Judá, en una nueva expedición, a Báquides y Alcimo con el ala
derecha de su ejército.
2 Tomaron el
camino de Galilea y pusieron cerco a Mesalot en el territorio de Arbelas; se
apoderaron de ella y mataron mucha gente.
3 El primer mes
del año 152 acamparon frente a Jerusalén,
4 de donde
partieron con 20.000 hombres y 2.000 jinetes en dirección a Beerzet.
5 Judas tenía
puesto su campamento en Eleasá y estaban con él 3.000 hombres escogidos.
6 Pero al ver la
gran muchedumbre de los enemigos, les entró mucho miedo y muchos escaparon
del campamento; no quedaron más que ochocientos hombres.
7 Judas vio que
su ejército estaba desbandado y que la batalla le apremiaba, y se le
quebrantó el corazón, pues no había tiempo de volverlos a juntar.
8 Aunque
desfallecido, dijo a los que le habían quedado: «Levantémonos y subamos
contra nuestros adversarios por si podemos hacerles frente.»
9 Trataban de
disuadirle diciéndole: «No podemos; salvemos nuestras vidas de momento y
volvamos luego con nuestros hermanos para combatir contra ellos, que ahora
estamos pocos.»
10 Judas replicó:
«¡Eso nunca, obrar así y huir ante ellos! Si nuestra hora ha llegado,
muramos con valor por nuestros hermanos y no dejemos tacha a nuestra
gloria.»
11 Salió la tropa
del campamento y se ordenó para irles al encuentro: la caballería dividida
en dos escuadrones, arqueros y honderos en avanzadilla, y los más aguerridos
en primera línea;
12 Báquides
ocupaba el ala derecha. La falange se acercó por los dos lados y tocaron las
trompetas. Los que estaban con Judas tocaron también las suyas,
13 y la tierra se
estremeció con el estruendo de los ejércitos. Se trabó el combate y se
mantuvo desde el amanecer hasta la caída de la tarde.
14 Vio Judas que
Báquides y sus mejores tropas se encontraban en la parte derecha; se unieron
a él los más esforzados,
15 y derrotaron
al ala derecha y la persiguieron hasta los montes de Azara.
16 Pero el ala
izquierda, al ver derrotada el ala derecha, se volvió sobre los pasos de
Judas y los suyos, por detrás.
17 La lucha se
encarnizó y cayeron muchos de uno y otro bando.
18 Judas cayó y
los demás huyeron.
19 Jonatán y
Simón tomaron a su hermano Judas y le dieron sepultura en el sepulcro de sus
padres en Modín.
20 Todo Israel le
lloró, hizo gran duelo por él y muchos días estuvieron repitiendo esta
lamentación:
21 «¡Cómo ha
caído el héroe que salvaba a Israel!»
22 Las demás
empresas de Judas, sus guerras, proezas que realizó, ocasiones en que
alcanzó gloria, fueron demasiado numerosas para ser escritas.
23 Con la muerte
de Judas asomaron los sin ley por todo el territorio de Israel y levantaron
cabeza todos los que obraban la iniquidad.
24 Hubo entonces
un hambre extrema y el país se pasó a ellos.
25 Báquides
escogió hombres impíos y los puso al frente del país.
26 Se dieron
éstos a buscar con toda su suerte de pesquisas a los amigos de Judas y los
llevaban a Báquides, que les castigaba y escarnecía.
27 Tribulación
tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer
profetas.
28 Entonces todos
los amigos de Judas se reunieron y dijeron a Jonatán:
29 «Desde la
muerte de tu hermano Judas no tenemos un hombre semejante a él que salga y
vaya contra los enemigos, contra Báquides y contra los que odian a nuestra
nación.
30 Por eso, te
elegimos hoy a ti para que, ocupando el lugar de tu hermano, seas nuestro
jefe y guía en la lucha que sostenemos.»
31 En aquel
momento Jonatán tomó el mando como sucesor de su hermano Judas.
32 Al enterarse
Báquides trataba de hacer morir a Jonatán.
33 Pero Jonatán
lo supo y su hermano Simón y todos sus partidarios y huyeron al desierto de
Técoa, donde establecieron su campamento junto a las aguas de la cisterna de
Asfar.
34 (Báquides se
enteró un día de sábado y pasó con todas las tropas al lado de allá del
Jordán.)
35 Jonatán envió
a su hermano, jefe de la tropa, a pedir a sus amigos los nabateos
autorización para dejar con ellos su impedimenta, que era mucha.
36 Pero los hijos
de Amrai, los de Medabá, hicieron una salida, se apoderaron de Juan y de
cuanto llevaba y se alejaron con su presa.
37 Después de
esto, Jonatán y su hermano Simón, recibieron la noticia de que los hijos de
Amrai celebraban una espléndida boda y traían de Nabatá, en medio de gran
pompa, a la novia, hija de uno de los principales de Canaán.
38 Recordaron
entonces el sangriento fin de su hermano Juan y subieron a ocultarse al
abrigo de la montaña.
39 Al alzar los
ojos, vieron que avanzaba en medio de confusa algazara una numerosa
caravana, y que a su encuentro venía el novio, acompañado de sus amigos y
hermanos, con tambores, música y gran aparato.
40 Salieron
entonces de su emboscada y cayeron sobre ellos para matarlos. Muchos cayeron
muertos y los demás huyeron a la montaña. Se hicieron con todos sus
despojos.
41 = La boda
acabó en duelo y la música en lamentación. =
42 Una vez tomada
venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a las orillas pantanosas
del Jordán.
43 Al enterarse
Báquides, vino el día de sábado con numerosa tropa a las riberas del Jordán.
44 Jonatán dijo a
su gente: «Levantémonos y luchemos por nuestras vidas, que hoy no es como
ayer y anteayer.
45 Delante de
nosotros y detrás, la guerra; por un lado y por otro, las aguas del Jordán,
las marismas, las malezas: no hay lugar a donde retirarse.
46 Levantad,
pues, ahora la voz al Cielo para salvaros de las manos de vuestros
enemigos.»
47 Entablado el
combate, Jonatán tendió su mano para herir a Báquides y éste le esquivó
echándose atrás,
48 con lo que
Jonatán y los suyos pudieron lanzarse al Jordán y ganar a nado la orilla
opuesta. Sus enemigos no atravesaron el río en su persecución.
49 Unos mil
hombres del ejército de Báquides sucumbieron aquel día.
50 Vuelto a
Jerusalén, hizo Báquides levantar ciudades fortificadas en Judea: la
fortaleza de Jericó, Emaús, Bet Jorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón, con
altas murallas, puertas y cerrojos
51 y puso en
ellas guarniciones que hostilizaran a Israel.
52 Fortificó
también la ciudad de Bet Sur, Gázara y la Ciudadela, y puso en ellas tropas
y depósitos de víveres.
53 Tomó como
rehenes a los hijos de los principales de la región y los dejó bajo guardia
en la Ciudadela de Jerusalén.
54 El segundo mes
del año 153, ordenó Alcimo demoler el muro del atrio interior del Lugar
Santo. Destruía con ello la obra de los profetas. Había comenzado la
demolición,
55 cuando en
aquel tiempo sufrió Alcimo un ataque y su obra quedó parada. Se le obstruyó
la boca y se le quedó paralizada, de suerte que no le fue posible ya
pronunciar palabra ni dar disposiciones en la tocante a su casa.
56 Alcimo murió
entonces en medio de grandes sufrimientos.
57 Cuando
Báquides vio que había muerto Alcimo, se volvió adonde el rey y hubo
tranquilidad en el país de Judá por espacio de dos años.
58 Todos los sin
ley se confabularon diciendo: «Jonatán y los suyos viven tranquilos y
confiados. Hagamos, pues, venir ahora a Báquides y los prenderá a todos
ellos en una sola noche.»
59 Fueron a
comunicar el plan con él,
60 y Báquides se
puso en marcha con un fuerte ejército. Envió cartas secretas a sus alidados
de Judea ordenándoles prender a Jonatán y a los suyos. Pero no pudieron,
porque fueron conocidas sus intenciones,
61 antes bien
ellos prendieron a unos cincuenta hombres de la región, cabecillas de esta
maldad, y les dieron muerte.
62 A
continuación, Jonatán, Simón y los suyos se retiraron a Bet Basí, en el
desierto, repararon lo que en aquella plaza estaba derruido y la
fortificaron.
63 En sabiéndolo
Báquides, juntó a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.
64 Llegó y puso
cerco a Bet Basí, la atacó durante muchos días y construyó ingenios de
guerra.
65 Jonatán,
dejando a su hermano Simón en la ciudad, salió por la región y fue con una
pequeña tropa,
66 con la que
derrotó en su campamento a Odomerá y a sus hermanos, así como a los hijos de
Fasirón. Estos empezaron a herir y a subir con las tropas.
67 Simón y sus
hombres, por su parte, salieron de la ciudad y dieron fuego a los ingenios.
68 Trabaron
combate con Báquides, le derrotaron y le dejaron sumido en profunda
amargura, porque habían fracasado su plan y su ataque.
69 Montó en
cólera contra los hombres sin ley que le habían aconsejado venir a la
región, mató a muchos de ellos y decidió volverse a su tierra.
70 Al saberlo, le
envió Jonatán legados para concertar con él la paz y conseguir que les
devolviera los prisioneros.
71 Báquides
aceptó y accedió a las peticiones de Jonatán. Se comprometió con juramento a
no hacerle mal en todos los días de su vida,
72 y le devolvió
los prisioneros que anteriormente había capturado en el país de Judá. Partió
luego para su tierra y no volvió más a territorio judío.
73 Así descansó
la espada en Israel. Jonatán se estableció en Mikmas, comenzó a juzgar al
pueblo e hizo desaparecer de Israel a los impíos.
1 El año 160,
Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, vino por mar y ocupó Tolemaida donde,
siendo bien acogido, se proclamó rey.
2 Al tener
noticia de ello, el rey Demetrio juntó un ejército muy numeroso y salió a su
encuentro para combatir con él.
3 Envió también
Demetrio una carta amistosa a Jonatán en que prometía engrandecerle,
4 porque se
decía: «Adelantémonos a hacer la paz con ellos antes que Jonatán la haga con
Filipo contra nosotros,
5 al recordar los
males que le causamos a él, a sus hermanos y a su nación.»
6 Le concedía
autorización para reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus
aliados. Mandaba, además, que le fuesen entregados los rehenes que se
encontraban en la Ciudadela.
7 Jonatán fue a
Jerusalén y leyó la carta a oídos de todo el pueblo y de los que ocupaban la
Ciudadela.
8 Les entró mucho
miedo cuando oyeron que el rey le concedía autorización para reclutar
tropas.
9 La gente de la
Ciudadela entregó los rehenes a Jonatán y él los devolvió a sus padres.
10 Jonatán fijó
su residencia en Jerusalén y se dio a reconstruir y restaurar la ciudad.
11 Ordenó a los
encargados de las obras levantar las murallas y rodear el monte Sión con
piedras de sillería para fortificarlo, y así lo hicieron.
12 Los
extranjeros que ocupaban las fortalezas levantadas por Báquides, huyeron;
13 abandonando
sus puestos partieron cada uno para su país.
14 Sólo en Bet
Sur quedaron algunos de los que habían abandonado la Ley y los preceptos
porque esta plaza era su refugio.
15 El rey
Alejandro se enteró de los ofrecimientos que Demetrio había hecho a Jonatán.
Le contaron además las guerras y proezas que él y sus hermanos habían
realizado y los trabajos que habían sufrido.
16 Y dijo:
«¿Podremos hallar otro hombre como éste? Hagamos de él un amigo y un aliado
nuestro.»
17 Le escribió,
pues, y le envió una carta redactada en los siguientes términos:
18 «El rey
Alejandro saluda a su hermano Jonatán.
19 Hemos oído que
eres un valiente guerrero y digno de ser amigo nuestro.
20 Por eso te
nombramos hoy sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de amigo
del rey - le enviaba al mismo tiempo una clámide de púrpura y una corona de
oro -. Por tu parte, haz tuya nuestra causa y guárdanos tu amistad.»
21 El séptimo mes
del año 160, con ocasión de la fiesta de las Tiendas, vistió Jonatán los
ornamentos sagrados; reclutó tropas y fabricó gran cantidad de armanento.
22 Demetrio, al
saber lo sucedido, dijo disgustado:
23 «¿Qué hemos
hecho para que Alejandro se nos haya adelantado en ganar la amistad y el
apoyo de los judíos?
24 Les escribiré
también yo con ofrecimientos de dignidades y riquezas para que sean
auxiliares míos.»
25 Y les escribió
en estos términos:
26 El rey
Demetrio saluda a la nación de los judíos. Nos hemos enterado con
satisfacción de que habéis guardado los términos de nuestra alianza y
perseverado en nuestra amistad sin pasaros al bando de nuestros enemigos.
27 Continuad,
pues guardándonos fidelidad y os recompensaremos por todo lo que por
nosotros hagáis.
28 Os
descargaremos de muchas obligaciones y os concederemos favores.
29 Y ya desde
ahora os libero y descargo a todos los judíos de las contribuciones, del
impuesto de la sal y de las coronas.
30 Renuncio
también de hoy en adelante a percibir el tercio de los granos y la mitad de
los frutos de los árboles que me correspondían, del país de Judá y también
de los tres distritos que le son anexionados de Samaría - Galilea... a
partir de hoy para siempre.
31 Jerusalén sea
santa y exenta, así como todo su territorio, sus diezmos y tributos.
32 Renuncio
asimismo a mi soberanía sobre la Ciudadela de Jerusalén y se la cedo al sumo
sacerdote que podrá poner en ella de guarnición a los hombres que él elija.
33 A todo judío
llevado cautivo de Judá a cualquier parte de mi reino, le devuelvo la
libertad sin rescate. Todos queden libres de tributo, incluso sobre sus
ganados.
34 Todas las
fiestas, los sábados y los novilunios y, además del día fijado, los tres
días que las preceden y los tres que las siguen, sean todos ellos días de
inmunidad y franquicia para todos los judíos residentes en mi reino:
35 nadie tendrá
autorización para demandarles ni inquietarles a ninguno de ellos por ningún
motivo.
36 En los
ejércitos del rey sean alistados hasta 30.000 judíos que percibirán la
soldada asignada a las demás tropas del rey.
37 De ellos,
algunos serán apostados en las fortalezas importantes del rey y otros
ocuparán puestos de confianza en el reino. Sus oficiales y jefes salgan de
entre ellos, y vivan conforme a sus leyes, como lo ha dispuesto el rey para
el país de Judá.
38 Los tres
distritos incorporados a Judea, de la provincia de Samaría, queden
anexionados a Judea y contados por suyos, de modo que, sometidos a un mismo
jefe, no acaten otra autoridad que la del sumo sacerdote.
39 Entrego
Tolemaida y sus dominios como obsequio al Lugar Santo de Jerusalén para
cubrir los gastos normales del Lugar Santo.
40 Por mi parte,
daré cada año 15.000 siclos de plata, que se tomarán de los ingresos reales
en las localidades convenientes.
41 Todo el
excedente que los funcionarios no hayan entregado como en años anteriores,
lo darán desde ahora para las obras de la Casa.
42 Además, los
5.000 siclos de plata que se deducían de los ingresos del Lugar Santo en la
cuenta de cada año, los cedo por ser emolumento de los sacerdotes en
servicio del culto.
43 Todo aquel que
por deudas con los impuestos reales, o por cualquier otra deuda, se refugie
en el Templo de Jerusalén o en su recinto, quede inmune, él y cuantos bienes
posea en mi reino.
44 Los gastos que
se originen de las construcciones y reparaciones en el Lugar Santo correrán
a cuenta del rey.
45 Los gastos de
la construcción de las murallas de Jerusalén y la fortificación de su
recinto correrán asimismo a cuenta del rey, como también la reconstrucción
de murallas en Judea.»
46 Cuando Jonatán
y el pueblo oyeron tales ofrecimientos, no les dieron crédito ni los
aceptaron, porque recordaban los graves males que Demetrio había causado a
Israel y la opresión tan grande a que les había sometido.
47 Se decidieron,
pues, por el partido de Alejandro que, a su parecer, les ofrecía mayores
ventajas y fueron aliados suyos en todo tiempo.
48 El rey
Alejandro juntó un gran ejército y acampó frente a Demetrio.
49 Los dos reyes
trabaron combate y salió huyendo el ejército de Alejandro. Demetrio se lanzó
en su persecución y prevaleció sobre ellos.
50 Mantuvo
vigorosamente el combate hasta la puesta del sol. Pero en aquella jornada
Demetrio sucumbió.
51 Alejandro
envió embajadores a Tolomeo, rey de Egipto, con el siguiente mensaje:
52 «Vuelto a mi
reino, me he sentado en el trono de mis padres y ocupado el poder después de
derrotar a Demetrio y hacerme dueño de nuestro país;
53 porque trabé
combate con él y luego de derrotarle a él y a su ejército, nos hemos sentado
en su trono real.
54 Establezcamos,
pues, vínculos de amistad entre nosotros y dame a tu hija por esposa; seré
tu yerno y te haré, como a ella, presentes dignos de ti.»
55 El rey Tolomeo
le contestó diciendo: «¡Dichoso el día en que, vuelto al país de tus padres,
te sentaste en el trono de su reino!
56 Pues bien,
haré por tí lo que has escrito. Pero ven a encontrarme en Tolemaida donde
nos veamos el uno al otro, y te tomaré por yerno como has dicho.»
57 Tolomeo partió
de Egipto llevando consigo a su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida. Era el
año 162.
58 El rey
Alejandro fue a su encuentro, y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra y
celebró la boda en Tolemaida con la gran magnificencia que suelen los reyes.
59 El rey
Alejandro escribió a Jonatán que fuera a verle.
60 Partió éste
con gran pompa hacia Tolemaida, se entrevistó con los reyes, les dio a ellos
y a sus amigos plata y oro, les hizo numerosos presentes y halló gracia a
sus ojos.
61 Entonces se
unieron contra él algunos rebeldes, peste de Israel, para querellarse de él,
pero el rey no les hizo ningún caso;
62 antes bien,
dio orden de que le quitaran a Jonatán sus vestidos y le vistieran de
púrpura. Cumplida la orden,
63 le hizo el rey
sentar a su lado y dijo a sus capitanes: «Salid con él por medio de la
ciudad y anunciad a voz de heraldo que nadie le levante acusación alguna ni
le molesten por ningún motivo.»
64 Sus
acusadores, que vieron el honor que a voz de heraldo se le hacía y a él
vestido de púrpura, huyeron todos.
65 El rey,
queriendo honrarle, le inscribió entre sus primeros amigos y le nombró
estratega y meridarca.
66 Jonatán
regresó a Jerusalén con paz y alegría.
67 El año 165,
Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta al país de sus padres.
68 Al enterarse
el rey Alejandro, quedó muy disgustado y se volvió a Antioquía.
69 Demetrio
confirmó a Apolonio como gobernador de Celesiria, el cual, juntando un
numeroso ejército, acampó en Yamnia y envió a decir a Jonatán, sumo
sacerdote:
70 «Tú eres el
único en levantarte contra nosotros, y por tu causa he venido a ser yo
objeto de irrisión y desprecio. ¿Por qué ejerces tu poder contra nosotros
desde las montañas?
71 Si es que
tienes confianza en tus fuerzas, baja ahora a encontrarte con nosotros en la
llanura y allí nos mediremos, que conmigo está la fuerza de las ciudades.
72 Pregunta y
sabrás quién soy yo y quiénes los auxiliares nuestros. Ellos dicen que no
podréis manteneros frente a nosotros, que ya dos veces tus padres fueron
derrotados en su país,
73 y que ahora no
podrás resistir a la caballería y a un ejército tan grande en la llanura
donde no hay piedra, ni roca, ni lugar donde huir.»
74 Cuando Jonatán
oyó las palabras de Apolonio, se le sublevó el espíritu. Escogió 10.000
hombres y partió de Jerusalén. Su hermano Simón fué a su encuentro para
ayudarle.
75 Acampó frente
a Joppe. Los de la ciudad le cerraron las puertas, porque había en Joppe una
guarnición de Apolonio. La atacaron
76 y la gente de
la ciudad, atemorizada, les abrió las puertas, y Jonatán se hizo dueño de
Joppe.
77 Cuando
Apolonio se enteró, puso en pie de guerra 3.000 jinetes y un numeroso
ejército y partió en dirección a Azoto, como que quería pasar por allí, pero
al mismo tiempo se iba adentrando en la llanura porque tenía mucha
caballería y confiaba en ella.
78 Jonatán fue
tras él persiguiéndole hacia Azoto y ambos ejércitos trabaron combate.
79 Había dejado
Apolonio mil jinetes ocultos a espaldas de ellos.
80 Se dio cuenta
Jonatán de que a sus espaldas había una emboscada. Estos rodearon su
ejército y dispararon tiros sobre la tropa desde la mañana hasta el
atardecer;
81 pero la tropa
se mantuvo firme, como lo había ordenado Jonatán, y los caballos de los
enemigos se cansaron.
82 Sacó entonces
Simón su ejército y atacó a la falange - pues ya la caballería estaba
agotada - la derrotó y puso en fuga,
83 mientras la
caballería se desbandaba por la llanura. En su huida llegaron a Azoto y
entraron en Bet Dagón, el templo de su ídolo, para salvarse.
84 Pero Jonatán
prendió fuego a Azoto y a las ciudades que la rodeaban , se hizo con el
botín y abrasó el templo de Dagón y a los que en él se habían refugiado.
85 Los muertos
por la espada y los abrasados por el fuego fueron unos 8.000 hombres.
86 Partió de allí
Jonatán y acampó frente a Ascalón, donde los habitantes salieron a recibirle
con grandes honores.
87 Luego Jonatán
regresó a Jerusalén con los suyos, cargados de rico botín.
88 Cuando el rey
Alejandro se enteró de estos acontecimientos, concedió nuevos honores a
Jonatán,
89 le envió una
fíbula de oro, como es costumbre conceder a los parientes de los reyes, y le
dio en propiedad Acarón y todo su territorio.