"EVANGELLIO SEGUN SAN LUCAS"
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1 Y sucedió que,
estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus
discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.»
2 El les dijo:
«Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino,
3 danos cada día
nuestro pan cotidiano,
4 y perdónanos
nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación.»
5 Les dijo
también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche,
le dice: "Amigo, préstame tres panes,
6 porque ha
llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle",
7 y aquél, desde
dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos
y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos",
8 os aseguro, que
si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su
importunidad, y le dará cuanto necesite.»
9 Yo os digo:
«Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
10 Porque todo el
que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
11 ¿Qué padre hay
entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una
culebra;
12 o, si pide un
huevo, le da un escorpión?
13 Si, pues,
vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto
más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
14 Estaba
expulsando un demonio que era mudo; sucedió que, cuando salió el demonio,
rompió a hablar el mudo, y las gentes se admiraron.
15 Pero algunos
de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los
demonios.»
16 Otros, para
ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.
17 Pero él,
conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo
queda asolado, y casa contra casa, cae.
18 Si, pues,
también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su
reino?.. porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul.
19 Si yo expulso
los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso,
ellos serán vuestros jueces.
20 Pero si por el
dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino
de Dios.
21 Cuando uno
fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro;
22 pero si llega
uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba
confiado y reparte sus despojos.»
23 «El que no
está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
24 «Cuando el
espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca
de reposo; y, al no encontrarlo, dice: "Me volveré a mi casa, de donde
salí."
25 Y al llegar la
encuentra barrida y en orden.
26 Entonces va y
toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el
final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.»
27 Sucedió que,
estando él diciendo estas cosas, alzó la voz una mujer de entre la gente, y
dijo: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»
28 Pero él dijo:
«Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»
29 Habiéndose
reunido la gente, comenzó a decir: «Esta generación es una generación
malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás.
30 Porque, así
como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para
esta generación.
31 La reina del
Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los
condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría
de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.
32 Los ninivitas
se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos
se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
33 «Nadie
enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino
sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor.
34 La lámpara de
tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está
luminoso; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras.
35 Mira, pues,
que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36 Si, pues, tu
cuerpo está enteramente luminoso, no teniendo parte alguna oscura, estará
tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor.»
37 Mientras
hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se
puso a la mesa.
38 Pero el
fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de
comer.
39 Pero el Señor
le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el
plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad.
40 ¡Insensatos!
el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior?
41 Dad más bien
en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros.
42 Pero, ¡ay de
vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de
toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo
que había que practicar aunque sin omitir aquello.
43 ¡Ay de
vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que
se os salude en las plazas!
44 ¡Ay de
vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan
los hombres sin saberlo!»
45 Uno de los
legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias
a nosotros!»
46 Pero él dijo:
«¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas
intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!
47 «¡Ay de
vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres
mataron!
48 Por tanto,
sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque
ellos los mataron y vosotros edificáis.
49 «Por eso dijo
la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los
matarán y perseguirán,
50 para que se
pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada
desde la creación del mundo,
51 desde la
sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y
el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación.
52 «¡Ay de
vosotros, los legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No
entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.»
53 Y cuando salió
de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y
hacerle hablar de muchas cosas,
54 buscando, con
insidias, cazar alguna palabra de su boca.
1 En esto,
habiéndose reunido miles y miles de personas, hasta pisarse unos a otros, se
puso a decir primeramente a sus discípulos: «Guardaos de la levadura de los
fariseos, que es la hipocresía.
2 Nada hay
encubierto que no haya de ser descubierto ni oculto que no haya de saberse.
3 Porque cuanto
dijisteis en la oscuridad, será oído a la luz, y lo que hablasteis al oído
en las habitaciones privadas, será proclamado desde los terrados.
4 «Os digo a
vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de
esto no pueden hacer más.
5 Os mostraré a
quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para
arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése.
6 «¿No se venden
cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante
Dios.
7 Hasta los
cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que
muchos pajarillos.
8 «Yo os digo:
Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del
hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.
9 Pero el que me
niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
10 «A todo el que
diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que
blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
11 Cuando os
lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os
preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis,
12 porque el
Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»
13 Uno de la
gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.»
14 El le
respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre
vosotros?»
15 Y les dijo:
«Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de
uno no está asegurada por sus bienes.»
16 Les dijo una
parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto;
17 y pensaba
entre sí, diciendo: "¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?"
18 Y dijo: "Voy a
hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y
reuniré allí todo mi trigo y mis bienes,
19 y diré a mi
alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa,
come, bebe, banquetea."
20 Pero Dios le
dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que
preparaste, ¿para quién serán?"
21 Así es el que
atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.»
22 Dijo a sus
discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué
comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis:
23 porque la vida
vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido;
24 fijaos en los
cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los
alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves!
25 Por lo demás,
¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la
medida de su vida?
26 Si, pues, no
sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás?
27 Fijaos en los
lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su
gloria se vistió como uno de ellos.
28 Pues si a la
hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste
¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe!
29 Así pues,
vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos.
30 Que por todas
esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que
tenéis la necesidad de eso.
31 Buscad más
bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura.
32 «No temas,
pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros
el Reino.
33 «Vended
vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro
inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla;
34 porque donde
esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
35 «Estén ceñidos
vuestros lomos y las lámparas encendidas,
36 y sed como
hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto
llegue y llame, al instante le abran.
37 Dichosos los
siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se
ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
38 Que venga en
la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de
ellos!
39 Entendedlo
bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no
dejaría que le horadasen su casa.
40 También
vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el
Hijo del hombre.»
41 Dijo Pedro:
«Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?»
42 Respondió el
Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor
pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración
conveniente?
43 Dichoso aquel
siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
44 De verdad os
digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
45 Pero si aquel
siervo se dice en su corazón: "Mi señor tarda en venir", y se pone a golpear
a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse,
46 vendrá el
señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le
separará y le señalará su suerte entre los infieles.
47 «Aquel siervo
que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado
conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;
48 el que no la
conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio
mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.
49 «He venido a
arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
encendido!
50 Con un
bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se
cumpla!
51 «¿Creéis que
estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división.
52 Porque desde
ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos
contra tres;
53 estarán
divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra
la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera
contra la suegra.»
54 Decía también
a la gente: «Cuando veis una nube que se levanta en el occidente, al momento
decís: "Va a llover", y así sucede.
55 Y cuando sopla
el sur, decís: "Viene bochorno", y así sucede.
56 ¡Hipócritas!
Sabéis explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploráis,
pues, este tiempo?
57 «¿Por qué no
juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?
58 Cuando vayas
con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no
sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el
alguacil te meta en la cárcel.
59 Te digo que no
saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
1 En aquel mismo
momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre
había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2 Les respondió
Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás
galileos, porque han padecido estas cosas?
3 No, os lo
aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.
4 O aquellos
dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis
que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?
5 No, os lo
aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»
6 Les dijo esta
parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar
fruto en ella y no lo encontró.
7 Dijo entonces
al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y
no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?"
8 Pero él le
respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su
alrededor y echaré abono,
9 por si da fruto
en adelante; y si no da, la cortas."»
10 Estaba un
sábado enseñando en una sinagoga,
11 y había una
mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba
encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.
12 Al verla
Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
13 Y le impuso
las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
14 Pero el jefe
de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado,
decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos
días a curaros, y no en día de sábado.»
15 Replicóle el
Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a
vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar?
16 Y a ésta, que
es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba
bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»
17 Y cuando decía
estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la
gente se alegraba con las maravillas que hacía.
18 Decía, pues:
«¿A qué es semejante el Reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
19 Es semejante a
un grano de mostaza, que tomó un hombre y lo puso en su jardín, y creció
hasta hacerse árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.»
20 Dijo también:
«¿A qué compararé el Reino de Dios?
21 Es semejante a
la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta
que fermentó todo.»
22 Atravesaba
ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.
23 Uno le dijo:
«Señor, ¿son pocos los que se salvan?» El les dijo:
24 «Luchad por
entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y
no podrán.
25 «Cuando el
dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis
fuera a llamar a la puerta, diciendo: "¡Señor, ábrenos!" Y os responderá:
"No sé de dónde sois."
26 Entonces
empezaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en
nuestras plazas";
27 y os volverá a
decir: "No sé de dónde sois. = ¡Retiraos de mí, todos los agentes de
injusticia!" =
28 «Allí será el
llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a
todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera.
29 Y vendrán de
oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino
de Dios.
30 «Y hay últimos
que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.»
31 En aquel mismo
momento se acercaron algunos fariseos, y le dijeron: «Sal y vete de aquí,
porque Herodes quiere matarte.»
32 Y él les dijo:
«Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y
mañana, y al tercer día soy consumado.
33 Pero conviene
que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta
perezca fuera de Jerusalén.
34 «¡Jerusalén,
Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados.
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada
bajo las alas, y no habéis querido!
35 Pues bien, se
os va a dejar vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que
llegue el día en que digáis: = ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» =
1 Y sucedió que,
habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para
comer, ellos le estaban observando.
2 Había allí,
delante de él, un hombre hidrópico.
3 Entonces
preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado,
o no?»
4 Pero ellos se
callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió.
5 Y a ellos les
dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de
sábado y no lo saca al momento?»
6 Y no pudieron
replicar a esto.
7 Notando cómo
los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola:
8 «Cuando seas
convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea
que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú,
9 y viniendo el
que os convidó a ti y a él, te diga: "Deja el sitio a éste", y entonces
vayas a ocupar avergonzado el último puesto.
10 Al contrario,
cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que,
cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Y esto
será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa.
11 Porque todo el
que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
12 Dijo también
al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus
amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no
sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.
13 Cuando des un
banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos;
14 y serás
dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la
resurrección de los justos.»
15 Habiendo oído
esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el
Reino de Dios!»
16 El le
respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos;
17 a la hora de
la cena envió a su siervo a decir a los invitados: "Venid, que ya está todo
preparado."
18 Pero todos a
una empezaron a excusarse. El primero le dijo: "He comprado un campo y tengo
que ir a verlo; te ruego me dispenses."
19 Y otro dijo:
"He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me
dispenses."
20 Otro dijo: "Me
he casado, y por eso no puedo ir."
21 «Regresó el
siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo
a su siervo: "Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz
entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos."
22 Dijo el
siervo: "Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio."
23 Dijo el señor
al siervo: "Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene
mi casa."
24 Porque os digo
que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»
25 Caminaba con
él mucha gente, y volviéndose les dijo:
26 «Si alguno
viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a
sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo
mío.
27 El que no
lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28 «Porque ¿quién
de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular
los gastos, y ver si tiene para acabarla?
29 No sea que,
habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean
se pongan a burlarse de él, diciendo:
30 "Este comenzó
a edificar y no pudo terminar."
31 O ¿qué rey,
que sale a enfrentarse contra otro rey, no se sienta antes y delibera si con
10.000 puede salir al paso del que viene contra él con 20.000?
32 Y si no,
cuando está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz.
33 Pues, de igual
manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede
ser discípulo mío.
34 «Buena es la
sal; mas si también la sal se desvirtúa, ¿con qué se la sazonará?
35 No es útil ni
para la tierra ni para el estercolero; la tiran afuera. El que tenga oídos
para oír, que oiga.»
1 Todos los
publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2 y los fariseos
y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con
ellos.»
3 Entonces les
dijo esta parábola.
4 «¿Quién de
vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el
desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
5 Y cuando la
encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
6 y llegando a
casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque
he hallado la oveja que se me había perdido."
7 Os digo que, de
igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se
convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
8 «O, ¿qué mujer
que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la
casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
9 Y cuando la
encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque
he hallado la dracma que había perdido."
10 Del mismo
modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo
pecador que se convierta.»
11 Dijo: «Un
hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de
ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me
corresponde." Y él les repartió la hacienda.
13 Pocos días
después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde
malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14 «Cuando hubo
gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar
necesidad.
15 Entonces, fue
y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus
fincas a apacentar puercos.
16 Y deseaba
llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se
las daba.
17 Y entrando en
sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia,
mientras que yo aquí me muero de hambre!
18 Me levantaré,
iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
19 Ya no merezco
ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
20 Y,
levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su
padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21 El hijo le
dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado
hijo tuyo."
22 Pero el padre
dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un
anillo en su mano y unas sandalias en los pies.
23 Traed el
novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,
24 porque este
hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido
hallado." Y comenzaron la fiesta.
25 «Su hijo mayor
estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y
las danzas;
26 y llamando a
uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 El le dijo:
"Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha
recobrado sano."
28 El se irritó y
no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
29 Pero él
replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir
una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con
mis amigos;
30 y ¡ahora que
ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has
matado para él el novillo cebado!"
31 «Pero él le
dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32 pero convenía
celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y
ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»
1 Decía también a
sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien
acusaron ante él de malbaratar su hacienda;
2 le llamó y le
dijo: "¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no
podrás seguir administrando."
3 Se dijo a sí
mismo el administrador: "¿Qué haré, pues mi señor me quita la
administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
4 Ya sé lo que
voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en
sus casas."
5 «Y convocando
uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi
señor?"
6 Respondió:
"Cien medidas de aceite." El le dijo: "Toma tu recibo, siéntate en seguida y
escribe cincuenta."
7 Después dijo a
otro: "Tú, ¿cuánto debes?" Contestó: "Cien cargas de trigo." Dícele: "Toma
tu recibo y escribe ochenta."
8 «El señor alabó
al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de
este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.
9 «Yo os digo:
Haceos amigos con el Dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os
reciban en las eternas moradas.
10 El que es fiel
en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo,
también lo es en lo mucho.
11 Si, pues, no
fuisteis fieles en el Dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero?
12 Y si no
fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?
13 «Ningún criado
puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien
se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al
Dinero.»
14 Estaban oyendo
todas estas cosas los fariseos, que eran amigos del dinero, y se burlaban de
él.
15 Y les dijo:
«Vosotros sois los que os la dais de justos delante de los hombres, pero
Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres,
es abominable ante Dios.
16 «La Ley y los
profetas llegan hasta Juan; desde ahí comienza a anunciarse la Buena Nueva
del Reino de Dios, y todos se esfuerzan con violencia por entrar en él.
17 «Más fácil es
que el cielo y la tierra pasen, que no que caiga un ápice de la Ley.
18 «Todo el que
repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa
con una repudiada por su marido, comete adulterio.
19 «Era un hombre
rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas
fiestas.
20 Y uno pobre,
llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
21 deseaba
hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían
y le lamían las llagas.
22 Sucedió, pues,
que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió
también el rico y fue sepultado.
23 «Estando en el
Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a
Lázaro en su seno.
24 Y, gritando,
dijo: "Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en
agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en
esta llama."
25 Pero Abraham
le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro,
al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.
26 Y además,
entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que
quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde
nosotros."
27 «Replicó: "Con
todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28 porque tengo
cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este
lugar de tormento."
29 Díjole
Abraham: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan."
30 El dijo: "No,
padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se
convertirán."
31 Le contestó:
"Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un
muerto resucite."»
1 Dijo a sus
discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por
quien vienen!
2 Más le vale que
le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que
escandalizar a uno de estos pequeños.
3 Cuidaos de
vosotros mismos. «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente,
perdónale.
4 Y si peca
contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: "Me
arrepiento", le perdonarás.»
5 Dijeron los
apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe.»
6 El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro:
"Arráncate y plántate en el mar", y os habría obedecido.»
7 «¿Quién de
vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo,
le dice: "Pasa al momento y ponte a la mesa?"
8 ¿No le dirá más
bien: "Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya
comido y bebido, y después comerás y beberás tú?"
9 ¿Acaso tiene
que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado?
10 De igual modo
vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos
siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.»
11 Y sucedió que,
de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaria y Galilea,
12 y, al entrar
en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon
a distancia
13 y, levantando
la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!»
14 Al verlos, les
dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban,
quedaron limpios.
15 Uno de ellos,
viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz;
16 y postrándose
rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un
samaritano.
17 Tomó la
palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve,
¿dónde están?
18 ¿No ha habido
quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?»
19 Y le dijo:
«Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
20 Habiéndole
preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «El
Reino de Dios viene sin dejarse sentir.
21 Y no dirán:
"Vedlo aquí o allá", porque el Reino de Dios ya está entre vosotros.»
22 Dijo a sus
discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo
del hombre, y no lo veréis.
23 Y os dirán:
"Vedlo aquí, vedlo allá." No vayáis, ni corráis detrás.
24 Porque, como
relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el
Hijo del hombre en su Día.
25 Pero, antes,
le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.
26 «Como sucedió
en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre.
27 Comían,
bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca;
vino el diluvio y los hizo perecer a todos.
28 Lo mismo, como
sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban,
construían;
29 pero el día
que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los
hizo perecer a todos.
30 Lo mismo
sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.
31 «Aquel Día, el
que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y
de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás.
32 Acordaos de la
mujer de Lot.
33 Quien intente
guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará.
34 Yo os lo digo:
aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro
dejado;
35 habrá dos
mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada.»
36 Y le dijeron:
«¿Dónde, Señor?» El les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se
reunirán los buitres.»
1 Les decía una
parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer.
2 «Había un juez
en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.
3 Había en
aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: "¡Hazme justicia
contra mi adversario!"
4 Durante mucho
tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: "Aunque no temo a Dios ni
respeto a los hombres,
5 como esta viuda
me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente
a importunarme."»
6 Dijo, pues, el
Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto;
7 y Dios, ¿no
hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les
hace esperar?
8 Os digo que les
hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la
fe sobre la tierra?»
9 Dijo también a
algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, esta parábola:
10 «Dos hombres
subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.
11 El fariseo, de
pie, oraba en su interior de esta manera: "¡Oh Dios! Te doy gracias porque
no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como
este publicano.
12 Ayuno dos
veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias."
13 En cambio el
publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al
cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios! ¡Ten compasión de
mí, que soy pecador!"
14 Os digo que
éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce,
será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»
15 Le presentaban
también los niños pequeños para que los tocara, y al verlo los discípulos,
les reñían.
16 Mas Jesús
llamó a los niños, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo
impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
17 Yo os aseguro:
el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.»
18 Uno de los
principales le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en
herencia vida eterna?»
19 Le dijo Jesús:
«¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios.
20 Ya sabes los
mandamientos: = No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso
testimonio, honra a tu padre y a tu madre.» =
21 El dijo: «Todo
eso lo he guardado desde mi juventud.»
22 Oyendo esto
Jesús, le dijo: «Aún te falta una cosa. Todo cuanto tienes véndelo y
repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y
sígueme.»
23 Al oír esto,
se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Viéndole
Jesús, dijo: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino
de Dios!
25 Es más fácil
que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el
Reino de Dios.»
26 Los que lo
oyeron, dijeron: «¿Y quién se podrá salvar?»
27 Respondió: «Lo
imposible para los hombres, es posible para Dios.»
28 Dijo entonces
Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.»
29 El les dijo:
«Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o
hijos por el Reino de Dios,
30 quedará sin
recibir mucho más al presente y, en el mundo venidero, vida eterna.»
31 Tomando
consigo a los Doce, les dijo: «Mirad que subimos a Jerusalén, y se cumplirá
todo lo que los profetas escribieron para el Hijo del hombre;
32 pues será
entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido;
33 y después de
azotarle le matarán, y al tercer día resucitará.»
34 Ellos nada de
esto comprendieron; estas palabras les quedaban ocultas y no entendían lo
que decía.
35 Sucedió que,
al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo
limosna;
36 al oír que
pasaba gente, preguntó qué era aquello.
37 Le informaron
que pasaba Jesús el Nazoreo
38 y empezó a
gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»
39 Los que iban
delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo
de David, ten compasión de mí!»
40 Jesús se
detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó:
41 «¿Qué quieres
que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!»
42 Jesús le dijo:
«Ve. Tu fe te ha salvado.»
43 Y al instante
recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al
verlo, alabó a Dios.
1 Habiendo
entrado en Jericó, atravesaba la ciudad.
2 Había un hombre
llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico.
3 Trataba de ver
quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña
estatura.
4 Se adelantó
corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí.
5 Y cuando Jesús
llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque
conviene que hoy me quede yo en tu casa.»
6 Se apresuró a
bajar y le recibió con alegría.
7 Al verlo, todos
murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»
8 Zaqueo, puesto
en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y
si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»
9 Jesús le dijo:
«Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de
Abraham,
10 pues el Hijo
del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
11 Estando la
gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues estaba él cerca de
Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a
otro.
12 Dijo pues: «Un
hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y
volverse.
13 Habiendo
llamado a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: "Negociad hasta
que vuelva."
14 Pero sus
ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: "No
queremos que ése reine sobre nosotros."
15 «Y sucedió
que, cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a
aquellos siervos suyos, a los que había dado el dinero, para saber lo que
había ganado cada uno.
16 Se presentó el
primero y dijo: "Señor, tu mina ha producido diez minas."
17 Le respondió:
"¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el
gobierno de diez ciudades."
18 Vino el
segundo y dijo: "Tu mina, Señor, ha producido cinco minas."
19 Dijo a éste:
"Ponte tú también al mando de cinco ciudades."
20 «Vino el otro
y dijo: "Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo;
21 pues tenía
miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste, y
cosechas lo que no sembraste."
22 Dícele: "Por
tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo,
que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré;
23 pues ¿por qué
no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado
con los intereses."
24 Y dijo a los
presentes: "Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas."
25 Dijéronle:
"Señor, tiene ya diez minas."
26 - "Os digo que
a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se
le quitará."
27 «"Pero a
aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos,
traedlos aquí y matadlos delante de mí."»
28 Y habiendo
dicho esto, marchaba por delante subiendo a Jerusalén.
29 Y sucedió que,
al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos,
envió a dos de sus discípulos,
30 diciendo: «Id
al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino
atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y
traedlo.
31 Y si alguien
os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", diréis esto: "Porque el Señor lo
necesita."»
32 Fueron, pues,
los enviados y lo encontraron como les había dicho.
33 Cuando
desataban el pollino, les dijeron los dueños: «¿Por qué desatáis el
pollino?»
34 Ellos les
contestaron: «Porque el Señor lo necesita.»
35 Y lo trajeron
donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús.
36 Mientras él
avanzaba, extendían sus mantos por el camino.
37 Cerca ya de la
bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos
de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los
milagros que habían visto.
38 Decían: =
«Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! = Paz en el cielo y gloria en
las alturas.»
39 Algunos de los
fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: «Maestro, reprende a tus
discípulos.»
40 Respondió: «Os
digo que si éstos callan gritarán las piedras.»
41 Al acercarse y
ver la ciudad, lloró por ella,
42 diciendo: «¡Si
también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado
oculto a tus ojos.
43 Porque vendrán
días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y
te apretarán por todas partes,
44 y te
estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no
dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu
visita.»
45 Entrando en el
Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46 diciéndoles:
«Está escrito: = Mi Casa será Casa de oración. = ¡Pero vosotros la habéis
hecho = una cueva de bandidos!» =
47 Enseñaba todos
los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y
también los notables del pueblo buscaban matarle,
48 pero no
encontraban qué podrían hacer, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus
labios.
1 Y sucedió que
un día enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Nueva; se
acercaron los sumos sacerdotes y los escribas junto con los ancianos,
2 y le
preguntaron: «Dinos: ¿Con qué autoridad haces esto, o quién es el que te ha
dado tal autoridad?»
3 El les
respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa. Decidme:
4 El bautismo de
Juan, ¿era del cielo o de los hombres?»
5 Ellos
discurrían entre sí: «Si decimos: "Del cielo", dirá: "¿Por qué no le
creísteis?"
6 Pero si
decimos: "De los hombres", todo el pueblo nos apedreará, pues están
convencidos de que Juan era un profeta.»
7 Respondieron,
pues, que no sabían de dónde era.
8 Jesús entonces
les dijo: «Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»
9 Se puso a decir
al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos
labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
10 «A su debido
tiempo, envió un siervo a los labradores, para que le diesen parte del fruto
de la viña. Pero los labradores, después de golpearle, le despacharon con
las manos vacías.
11 Volvió a
enviar otro siervo, pero ellos, después de golpearle e insultarle, le
despacharon con las manos vacías.
12 Tornó a enviar
un tercero, pero ellos, después de herirle, le echaron.
13 Dijo, pues, el
dueño de la viña: "¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo querido; tal vez le
respeten."
14 Pero los
labradores, al verle, se dijeron entre sí: "Este es el heredero; matémosle,
para que la herencia sea nuestra."
15 Y, echándole
fuera de la viña, le mataron. «¿Qué hará, pues, con ellos el dueño de la
viña?
16 Vendrá y dará
muerte a estos labradores, y entregará la viña a otros.» Al oír esto,
dijeron: «De ninguna manera.»
17 Pero él
clavando en ellos la mirada, dijo: «Pues, ¿qué es lo que está escrito: = La
piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido?
=
18 Todo el que
caiga sobre esta piedra, se destrozará, y a aquel sobre quien ella caiga, le
aplastará.»
19 Los escribas y
los sumos sacerdotes trataron de echarle mano en aquel mismo momento - pero
tuvieron miedo al pueblo - porque habían comprendido que aquella parábola la
había dicho por ellos.
20 Quedándose
ellos al acecho, le enviaron unos espías, que fingieran ser justos, para
sorprenderle en alguna palabra y poderle entregar al poder y autoridad del
procurador.
21 Y le
preguntaron: «Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, y que no
tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con
franqueza el camino de Dios:
22 ¿Nos es lícito
pagar tributo al César o no?»
23 Pero él,
habiendo conocido su astucia, les dijo:
24 «Mostradme un
denario. ¿De quién lleva la imagen y la inscripción?» Ellos dijeron: «Del
César.»
25 El les dijo:
«Pues bien, lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios.»
26 No pudieron
sorprenderle en ninguna palabra ante el pueblo y, maravillados por su
respuesta, se callaron.
27 Acercándose
algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le
preguntaron:
28 «Maestro,
Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado
y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su
hermano.
29 Eran siete
hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos;
30 y la tomó el
segundo,
31 luego el
tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos.
32 Finalmente,
también murió la mujer.
33 Esta, pues,
¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la
tuvieron por mujer.»
34 Jesús les
dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido;
35 pero los que
alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de
entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido,
36 ni pueden ya
morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la
resurrección.
37 Y que los
muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando
llama al Señor = el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. =
38 No es un Dios
de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
39 Algunos de los
escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.»
40 Pues ya no se
atrevían a preguntarle nada.
41 Les preguntó:
«¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
42 Porque David
mismo dice en el libro de los Salmos: = Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a
mi diestra
43 hasta que
ponga a tus enemigos por escabel de tus pies. =
44 David, pues,
le llama Señor; ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?»
45 Estando todo
el pueblo oyendo, dijo a los discípulos:
46 «Guardaos de
los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje y quieren ser saludados en
las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas, y los primeros
puestos en los banquetes;
47 y que devoran
la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una
sentencia más rigurosa.»
1 Alzando la
mirada, vió a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro;
2 vio también a
una viuda pobre que echaba allí dos moneditas,
3 y dijo: «De
verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos.
4 Porque todos
éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha
echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir.»
5 Como dijeran
algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas
votivas, él dijo:
6 «Esto que veis,
llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida.»
7 Le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas
cosas están para ocurrir?»
8 El dijo:
«Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y
diciendo: "Yo soy" y "el tiempo está cerca". No les sigáis.
9 Cuando oigáis
hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que
sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.»
10 Entonces les
dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
11 Habrá grandes
terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y
grandes señales del cielo.
12 «Pero, antes
de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas
y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre;
13 esto os
sucederá para que deis testimonio.
14 Proponed,
pues, en vuestro corazón no preparar la defensa,
15 porque yo os
daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni
contradecir todos vuestros adversarios.
16 Seréis
entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de
vosotros,
17 y seréis
odiados de todos por causa de mi nombre.
18 Pero no
perecerá ni un cabello de vuestra cabeza.
19 Con vuestra
perseverancia salvaréis vuestras almas.
20 «Cuando veáis
a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su
desolación.
21 Entonces, los
que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la
ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;
22 porque éstos
son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
23 ¡Ay de las que
estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran
calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;
24 y caerán a
filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y =
Jerusalén = será = pisoteada por los gentiles, = hasta que se cumpla el
tiempo de los gentiles.
25 «Habrá señales
en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las
gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,
26 muriéndose los
hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo;
porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
27 Y entonces
verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28 Cuando
empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se
acerca vuestra liberación.»
29 Les añadió una
parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles.
30 Cuando ya
echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca.
31 Así también
vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está
cerca.
32 Yo os aseguro
que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
33 El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
34 «Guardaos de
que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la
embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de
improviso sobre vosotros,
35 como un lazo;
porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.
36 Estad en vela,
pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que
está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»
37 Por el día
enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los
Olivos.
38 Y todo el
pueblo madrugaba para ir donde él y escucharle en el Templo.
1 Se acercaba la
fiesta de los Azimos, llamada Pascua.
2 Los sumos
sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían al
pueblo.
3 Entonces
Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce;
4 y se fue a
tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de
entregárselo.
5 Ellos se
alegraron y quedaron con él en darle dinero.
6 El aceptó y
andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo
advirtiera.
7 Llegó el día de
los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;
8 y envió a Pedro
y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
9 Ellos le
dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
10 Les dijo:
«Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un
cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre,
11 y diréis al
dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer
la Pascua con mis discípulos?"
12 El os enseñará
en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los
preparativos.»
13 Fueron y lo
encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
14 Cuando llegó
la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;
15 y les dijo:
«Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;
16 porque os digo
que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de
Dios.»
17 Y recibiendo
una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18 porque os digo
que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que
llegue el Reino de Dios.»
19 Tomó luego
pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo
que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
20 De igual modo,
después de cenar, la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi
sangre, que es derramada por vosotros.
21 «Pero la mano
del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa.
22 Porque el Hijo
del hombre se marcha según está determinado. Pero, ¡ay de aquel por quien es
entregado!»
23 Entonces se
pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer
aquello.
24 Entre ellos
hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
25 El les dijo:
«Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que
ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;
26 pero no así
vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que
gobierna como el que sirve.
27 Porque, ¿quién
es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la
mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28 «Vosotros sois
los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
29 yo, por mi
parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
30 para que
comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar
a las doce tribus de Israel.
31 «¡Simón,
Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
32 pero yo he
rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto,
confirma a tus hermanos.»
33 El dijo:
«Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.»
34 Pero él dijo:
«Te digo, Pedro: No cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces
que me conoces.»
35 Y les dijo:
«Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?»
Ellos dijeron: «Nada.»
36 Les dijo:
«Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome y lo mismo alforja, y el que no
tenga que venda su manto y compre una espada;
37 porque os digo
que es necesario que se cumpla en mí esto que está escrito: = "Ha sido
contado entre los malhechores." = Porque lo mío toca a su fin.»
38 Ellos dijeron:
«Señor, aquí hay dos espadas.» El les dijo: «Basta.»
39 Salió y, como
de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron.
40 Llegado al
lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
41 Y se apartó de
ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba
42 diciendo:
«Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya.»
43 Entonces, se
le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
44 Y sumido en
agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de
sangre que caían en tierra.
45 Levantándose
de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la
tristeza;
46 y les dijo:
«¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en
tentación.»
47 Todavía estaba
hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce,
iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso.
48 Jesús le dijo:
«¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!»
49 Viendo los que
estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?»
50 y uno de ellos
hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
51 Pero Jesús
dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja le curó.
52 Dijo Jesús a
los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían
venido contra él: «¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y
palos?
53 Estando yo
todos los días en el Templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima;
pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
54 Entonces le
prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo
Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
55 Habían
encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro
se sentó entre ellos.
56 Una criada, al
verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Este también
estaba con él.»
57 Pero él lo
negó: «¡Mujer, no le conozco!»
58 Poco después,
otro, viéndole, dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro dijo: «Hombre,
no lo soy!»
59 Pasada como
una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues
además es galileo.»
60 Le dijo Pedro:
«¡Hombre, no sé de qué hablas!» Y en aquel momento, estando aún hablando,
cantó un gallo,
61 y el Señor se
volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le
dijo: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
62 Y, saliendo
fuera, rompió a llorar amargamente.
63 Los hombres
que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban;
64 y cubriéndole
con un velo le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?»
65 Y le
insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66 En cuanto se
hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo, sumos sacerdotes y
escribas, le hicieron venir a su Sanedrín
67 y le dijeron:
«Si tú eres el Cristo, dínoslo.» El respondió: «Si os lo digo, no me
creeréis.
68 Si os
pregunto, no me responderéis.
69 De ahora en
adelante, el Hijo del hombre = estará sentado a la diestra = del poder = de
Dios.» =
70 Dijeron todos:
«Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» El les dijo: «Vosotros lo decís: Yo
soy.»
71 Dijeron ellos:
«¿Qué necesidad tenemos ya de testigos, pues nosotros mismos lo hemos oído
de su propia boca?»
1 Y levantándose
todos ellos, le llevaron ante Pilato.
2 Comenzaron a
acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo,
prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey.»
3 Pilato le
preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo
dices.»
4 Pilato dijo a
los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre.»
5 Pero ellos
insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde
Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»
6 Al oír esto,
Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.
7 Y, al saber que
era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos
días estaba también en Jerusalén.
8 Cuando Herodes
vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por
las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.
9 Le preguntó con
mucha palabrería, pero él no respondió nada.
10 Estaban allí
los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.
11 Pero Herodes,
con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un
espléndido vestido y le remitió a Pilato.
12 Aquel día
Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.
13 Pilato convocó
a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo
14 y les dijo:
«Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he
interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de
los delitos de que le acusáis.
15 Ni tampoco
Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la
muerte.
16 Así que le
castigaré y le soltaré.»
18 Toda la
muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»
19 Este había
sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.
20 Pilato les
habló de nuevo, intentando librar a Jesús,
21 pero ellos
seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»
22 Por tercera
vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito
que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré.»
23 Pero ellos
insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran
cada vez más fuertes.
24 Pilato
sentenció que se cumpliera su demanda.
25 Soltó, pues,
al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a
Jesús se lo entregó a su voluntad.
26 Cuando le
llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y
le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.
27 Le seguía una
gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.
28 Jesús,
volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad
más bien por vosotras y por vuestros hijos.
29 Porque
llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no
engendraron y los pechos que no criaron!
30 Entonces se
pondrán a = decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas:
¡Cubridnos! =
31 Porque si en
el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»
32 Llevaban
además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.
33 Llegados al
lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a
la derecha y otro a la izquierda.
34 Jesús decía:
«Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus
vestidos, echando a suertes.
35 Estaba el
pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que
se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.»
36 También los
soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre
37 y le decían:
«Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»
38 Había encima
de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.»
39 Uno de los
malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a
ti y a nosotros!»
40 Pero el otro
le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma
condena?
41 Y nosotros con
razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste
nada malo ha hecho.»
42 Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.»
43 Jesús le dijo:
«Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»
44 Era ya cerca
de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la
tierra hasta la hora nona.
45 El velo del
Santuario se rasgó por medio
46 y Jesús, dando
un fuerte grito, dijo: «Padre, = en tus manos pongo mi espíritu» = y, dicho
esto, expiró.
47 Al ver el
centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre
era justo.»
48 Y todas las
gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se
volvieron golpeándose el pecho.
49 Estaban a
distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le
habían seguido desde Galilea.
50 Había un
hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,
51 que no había
asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, ciudad de
Judea, y esperaba el Reino de Dios.
52 Se presentó a
Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús
53 y, después de
descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en
la roca en el que nadie había sido puesto todavía.
54 Era el día de
la Preparación, y apuntaba el sábado.
55 Las mujeres
que habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y
cómo era colocado su cuerpo,
56 Y regresando,
prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.
1 El primer día
de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que
habían preparado.
2 Pero
encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
3 y entraron,
pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 No sabían que
pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos
resplandecientes.
5 Como ellas
temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis
entre los muertos al que está vivo?
6 No está aquí,
ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando estaba todavía en Galilea,
diciendo:
7 "Es necesario
que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea
crucificado, y al tercer día resucite. "»
8 Y ellas
recordaron sus palabras.
9 Regresando del
sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los Once y a todos los demás.
10 Las que decían
estas cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de
Santiago y las demás que estaban con ellas.
11 Pero todas
estas palabras les parecían como desatinos y no les creían.
12 Pedro se
levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero sólo vio las vendas y se
volvió a su casa, asombrado por lo sucedido.
13 Aquel mismo
día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta
estadios de Jerusalén,
14 y conversaban
entre sí sobre todo lo que había pasado.
15 Y sucedió que,
mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió
con ellos;
16 pero sus ojos
estaban retenidos para que no le conocieran.
17 El les dijo:
«¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon
con aire entristecido.
18 Uno de ellos
llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que
no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»
19 El les dijo:
«¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta
poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20 cómo nuestros
sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.
21 Nosotros
esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas
cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
22 El caso es que
algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de
madrugada al sepulcro,
23 y, al no
hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de
ángeles, que decían que él vivía.
24 Fueron también
algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres
habían dicho, pero a él no le vieron.»
25 El les dijo:
«¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los
profetas!
26 ¿No era
necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
27 Y, empezando
por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había
sobre él en todas las Escrituras.
28 Al acercarse
al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
29 Pero ellos le
forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha
declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
30 Y sucedió que,
cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo
partió y se lo iba dando.
31 Entonces se
les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
32 Se dijeron uno
a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos
hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
33 Y,
levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a
los Once y a los que estaban con ellos,
34 que decían:
«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»
35 Ellos, por su
parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido
en la fracción del pan.
36 Estaban
hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo:
«La paz con vosotros.»
37 Sobresaltados
y asustados, creían ver un espíritu.
38 Pero él les
dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
39 Mirad mis
manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene
carne y huesos como véis que yo tengo.»
40 Y, diciendo
esto, los mostró las manos y los pies.
41 Como ellos no
acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo:
«¿Tenéis aquí algo de comer?»
42 Ellos le
ofrecieron parte de un pez asado.
43 Lo tomó y
comió delante de ellos.
44 Después les
dijo: «Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba
con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley
de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí."»
45 Y, entonces,
abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras,
46 y les dijo:
«Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos
al tercer día
47 y se predicara
en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones,
empezando desde Jerusalén.
48 Vosotros sois
testigos de estas cosas.
49 «Mirad, y voy
a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced
en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.»
50 Los sacó hasta
cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo.
51 Y sucedió que,
mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52 Ellos, después
de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo,
53 y estaban
siempre en el Templo bendiciendo a Dios.