"EVANGELIO SEGUN SAN JUAN"
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11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21.
1 En el principio
existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
2 Ella estaba en
el principio con Dios.
3 Todo se hizo
por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
4 En ella estaba
la vida y la vida era la luz de los hombres,
5 y la luz brilla
en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6 Hubo un hombre,
enviado por Dios: se llamaba Juan.
7 Este vino para
un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por
él.
8 No era él la
luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
9 La Palabra era
la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
10 En el mundo
estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
11 Vino a su
casa, y los suyos no la recibieron.
12 Pero a todos
los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que
creen en su nombre;
13 la cual no
nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
14 Y la Palabra
se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su
gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de
verdad.
15 Juan da
testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de
mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
16 Pues de su
plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
17 Porque la Ley
fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por
Jesucristo.
18 A Dios nadie
le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha
contado.
19 Y este fue el
testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén
sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»
20 El confesó, y
no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.»
21 Y le
preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú
el profeta?» Respondió: «No.»
22 Entonces le
dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han
enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
23 Dijo él: «Yo
soy = voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, =
como dijo el profeta Isaías.»
24 Los enviados
eran fariseos.
25 Y le
preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni
el profeta?»
26 Juan les
respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien
no conocéis,
27 que viene
detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su
sandalia.»
28 Esto ocurrió
en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
29 Al día
siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
30 Este es por
quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.
31 Y yo no le
conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a
Israel.»
32 Y Juan dio
testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del
cielo y se quedaba sobre él.
33 Y yo no le
conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre
quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza
con Espíritu Santo."
34 Y yo le he
visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»
35 Al día
siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.
36 Fijándose en
Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.»
37 Los dos
discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
38 Jesús se
volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le
respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?»
39 Les respondió:
«Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él
aquel día. Era más o menos la hora décima.
40 Andrés, el
hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían
seguido a Jesús.
41 Este se
encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al
Mesías» - que quiere decir, Cristo.
42 Y le llevó
donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el
hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".
43 Al día
siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le
dice: «Sígueme.»
44 Felipe era de
Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
45 Felipe se
encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y
también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de
Nazaret.»
46 Le respondió
Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo
verás.»
47 Vio Jesús que
se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en
quien no hay engaño.»
48 Le dice
Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te
llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
49 Le respondió
Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
50 Jesús le
contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de
ver cosas mayores.»
51 Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de
Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
1 Tres días
después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de
Jesús.
2 Fue invitado
también a la boda Jesús con sus discípulos.
3 Y, como faltara
vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre:
«No tienen vino.»
4 Jesús le
responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»
5 Dice su madre a
los sirvientes: = «Haced lo que él os diga.» =
6 Había allí seis
tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o
tres medidas cada una.
7 Les dice Jesús:
«Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.
8 «Sacadlo ahora,
les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.
9 Cuando el
maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era
(los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el
maestresala al novio
10 y le dice:
«Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior.
Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.»
11 Así, en Caná
de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y
creyeron en él sus discípulos.
12 Después bajó a
Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron
allí muchos días.
13 Se acercaba la
Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
14 Y encontró en
el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en
sus puestos.
15 Haciendo un
látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los
bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas;
16 y dijo a los
que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre
una casa de mercado.»
17 Sus discípulos
se acordaron de que estaba escrito: = El celo por tu Casa me devorará. =
18 Los judíos
entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?»
19 Jesús les
respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.»
20 Los judíos le
contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este
Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
21 Pero él
hablaba del Santuario de su cuerpo.
22 Cuando
resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que
había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había
dicho Jesús.
23 Mientras
estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su
nombre al ver las señales que realizaba.
24 Pero Jesús no
se confiaba a ellos porque los conocía a todos
25 y no tenía
necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él
conocía lo que hay en el hombre.
1 Había entre los
fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
2 Fue éste donde
Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como
maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no
está con él.»
3 Jesús le
respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no
puede ver el Reino de Dios.»
4 Dícele
Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra
vez en el seno de su madre y nacer?»
5 Respondió
Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu
no puede entrar en el Reino de Dios.
6 Lo nacido de la
carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu.
7 No te asombres
de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto.
8 El viento sopla
donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así
es todo el que nace del Espíritu.»
9 Respondió
Nicodemo: «¿Cómo puede ser eso?»
10 Jesús le
respondió: «Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas?
11 «En verdad, en
verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo
que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio.
12 Si al deciros
cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del
cielo?
13 Nadie ha
subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
14 Y como Moisés
levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del
hombre,
15 para que todo
el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque tanto
amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no
ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo
se salve por él.
18 El que cree en
él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído
en el Nombre del Hijo único de Dios.
19 Y el juicio
está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que
la luz, porque sus obras eran malas.
20 Pues todo el
que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean
censuradas sus obras.
21 Pero el que
obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras
están hechas según Dios.»
22 Después de
esto, se fue Jesús con sus discípulos al país de Judea; y allí se estaba con
ellos y bautizaba.
23 Juan también
estaba bautizando en Ainón, cerca de Salim, porque había allí mucha agua, y
la gente acudía y se bautizaba.
24 Pues todavía
Juan no había sido metido en la cárcel.
25 Se suscitó una
discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación.
26 Fueron, pues,
donde Juan y le dijeron: «Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del
Jordán, aquel de quien diste testimonio, mira, está bautizando y todos se
van a él.»
27 Juan
respondió: «Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo.
28 Vosotros
mismos me sois testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo, sino que he sido
enviado delante de él."
29 El que tiene a
la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se
alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha
alcanzado su plenitud.
30 Es preciso que
él crezca y que yo disminuya.
31 El que viene
de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra
y habla de la tierra. El que viene del cielo,
32 da testimonio
de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta.
33 El que acepta
su testimonio certifica que Dios es veraz.
34 Porque aquel a
quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin
medida.
35 El Padre ama
al Hijo y ha puesto todo en su mano.
36 El que cree en
el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida,
sino que la cólera de Dios permanece sobre él.»
1 Cuando Jesús se
enteró de que había llegado a oídos de los fariseos que él hacía más
discípulos y bautizaba más que Juan -
2 aunque no era
Jesús mismo el que bautizaba, sino sus discípulos -,
3 abandonó Judea
y volvió a Galilea.
4 Tenía que pasar
por Samaria.
5 Llega, pues, a
una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su
hijo José.
6 Allí estaba el
pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado
junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
7 Llega una mujer
de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.»
8 Pues sus
discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer
samaritana:
9 «¿Cómo tú,
siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque
los judíos no se tratan con los samaritanos.)
10 Jesús le
respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame
de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.»
11 Le dice la
mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde,
pues, tienes esa agua viva?
12 ¿Es que tú
eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y
sus hijos y sus ganados?»
13 Jesús le
respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;
14 pero el que
beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le
dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
15 Le dice la
mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que
venir aquí a sacarla.»
16 El le dice:
«Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»
17 Respondió la
mujer: «No tengo marido.» Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes
marido,
18 porque has
tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has
dicho la verdad.»
19 Le dice la
mujer: «Señor, veo que eres un profeta.
20 Nuestros
padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar
donde se debe adorar.»
21 Jesús le dice:
«Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén
adoraréis al Padre.
22 Vosotros
adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos.
23 Pero llega la
hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre
en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le
adoren.
24 Dios es
espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.»
25 Le dice la
mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo
explicará todo.»
26 Jesús le dice:
«Yo soy, el que te está hablando.»
27 En esto
llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero
nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?»
28 La mujer,
dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
29 «Venid a ver a
un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
30 Salieron de la
ciudad e iban donde él.
31 Entretanto,
los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come.»
32 Pero él les
dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.»
33 Los discípulos
se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?»
34 Les dice
Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a
cabo su obra.
35 ¿No decís
vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad
vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya
36 el segador
recibe el salario, y recoge fruto para vida eterna, de modo que el sembrador
se alegra igual que el segador.
37 Porque en esto
resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador:
38 yo os he
enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y
vosotros os aprovecháis de su fatiga.»
39 Muchos
samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer
que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»
40 Cuando
llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se
quedó allí dos días.
41 Y fueron
muchos más los que creyeron por sus palabras,
42 y decían a la
mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y
sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»
43 Pasados los
dos días, partió de allí para Galilea.
44 Pues Jesús
mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria.
45 Cuando llegó,
pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque
habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues
también ellos habían ido a la fiesta.
46 Volvió, pues,
a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un
funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm.
47 Cuando se
enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde él y le
rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir.
48 Entonces Jesús
le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis.»
49 Le dice el
funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo.»
50 Jesús le dice:
«Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había
dicho y se puso en camino.
51 Cuando bajaba,
le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía.
52 El les
preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron:
«Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.»
53 El padre
comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive»,
y creyó él y toda su familia.
54 Esta nueva
señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
1 Después de
esto, hubo una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2 Hay en
Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda,
que tiene cinco pórticos.
3 En ellos yacía
una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación
del agua.
4 Porque el Ángel
del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el
primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de
cualquier mal que tuviera.
5 Había allí un
hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
6 Jesús, viéndole
tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?»
7 Le respondió el
enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita
el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.»
8 Jesús le dice:
«Levántate, toma tu camilla y anda.»
9 Y al instante
el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado
aquel día.
10 Por eso los
judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido
llevar la camilla.»
11 El le
respondió: «El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y anda.»
12 Ellos le
preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?»
13 Pero el curado
no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente
en aquel lugar.
14 Más tarde
Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques
más, para que no te suceda algo peor.»
15 El hombre se
fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
16 Por eso los
judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17 Pero Jesús les
replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo.»
18 Por eso los
judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el
sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual
a Dios.
19 Jesús, pues,
tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no
puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace
él, eso también lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el
Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras
aún mayores que estas, para que os asombréis.
21 Porque, como
el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la
vida a los que quiere.
22 Porque el
Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo,
23 para que todos
honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al
Padre que lo ha enviado.
24 En verdad, en
verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado,
tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a
la vida.
25 En verdad, en
verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán
la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.
26 Porque, como
el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida
en sí mismo,
27 y le ha dado
poder para juzgar, porque es Hijo del hombre.
28 No os
extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros
oirán su voz
29 y saldrán los
que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho
el mal, para una resurrección de juicio.
30 Y no puedo
hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
31 «Si yo diera
testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido.
32 Otro es el que
da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí.
33 Vosotros
mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad.
34 No es que yo
busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.
35 El era la
lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su
luz.
36 Pero yo tengo
un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha
encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de
mí, de que el Padre me ha enviado.
37 Y el Padre,
que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis
oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro,
38 ni habita su
palabra en vosotros, porque no creéis al que El ha enviado.
39 «Vosotros
investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas
son las que dan testimonio de mí;
40 y vosotros no
queréis venir a mí para tener vida.
41 La gloria no
la recibo de los hombres.
42 Pero yo os
conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
43 Yo he venido
en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a
ése le recibiréis.
44 ¿Cómo podéis
creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria
que viene del único Dios?
45 No penséis que
os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién
habéis puesto vuestra esperanza.
46 Porque, si
creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí.
47 Pero si no
creéis en sus escritos, cómo vais a creer en mis palabras?»
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