"EVANGELIO SEGUN SAN JUAN"
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1 Os he dicho
esto para que no os escandalicéis.
2 Os expulsarán
de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate
piense que da culto a Dios.
3 Y esto lo harán
porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
4 Os he dicho
esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había
dicho. «No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros.
5 Pero ahora me
voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde
vas?"
6 Sino que por
haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza.
7 Pero yo os digo
la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a
vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré:
8 y cuando él
venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la
justicia y en lo referente al juicio;
9 en lo referente
al pecado, porque no creen en mí;
10 en lo
referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis;
11 en lo
referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.
12 Mucho tengo
todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.
13 Cuando venga
él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no
hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que
ha de venir.
14 El me dará
gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros.
15 Todo lo que
tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo
anunciará a vosotros.
16 «Dentro de
poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver.»
17 Entonces
algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice:
"Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y
"Me voy al Padre"?»
18 Y decían:
«¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir.»
19 Se dio cuenta
Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca
de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me
volveréis a ver?"
20 «En verdad, en
verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará.
Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
21 La mujer,
cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero
cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de
que ha nacido un hombre en el mundo.
22 También
vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro
corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.
23 Aquel día no
me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: lo que pidáis al Padre
os lo dará en mi nombre.
24 Hasta ahora
nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro
gozo sea colmado.
25 Os he dicho
todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en
parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre.
26 Aquel día
pediréis en mi nombre y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
27 pues el Padre
mismo os quiere, porque me queréis a mí y creéis que salí de Dios.
28 Salí del Padre
y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre.»
29 Le dicen sus
discípulos: «Ahora sí que hablas claro, y no dices ninguna parábola.
30 Sabemos ahora
que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por esto creemos que
has salido de Dios.»
31 Jesús les
respondió: «¿Ahora creéis?
32 Mirad que
llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro
lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33 Os he dicho
estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación.
Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo.»
1 Así habló
Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora;
glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
2 Y que según el
poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los
que tú le has dado.
3 Esta es la vida
eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has
enviado, Jesucristo.
4 Yo te he
glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste
realizar.
5 Ahora, Padre,
glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el
mundo fuese.
6 He manifestado
tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran
y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra.
7 Ahora ya saben
que todo lo que me has dado viene de ti;
8 porque las
palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y
han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has
enviado.
9 Por ellos
ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son
tuyos;
10 y todo lo mío
es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos.
11 Yo ya no estoy
en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo,
cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.
12 Cuando estaba
yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado
por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se
cumpliera la Escritura.
13 Pero ahora voy
a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría
colmada.
14 Yo les he dado
tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no
soy del mundo.
15 No te pido que
los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.
16 Ellos no son
del mundo, como yo no soy del mundo.
17 Santifícalos
en la verdad: tu Palabra es verdad.
18 Como tú me has
enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
19 Y por ellos me
santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
20 No ruego sólo
por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán
en mí,
21 para que todos
sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en
nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
22 Yo les he dado
la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:
23 yo en ellos y
tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has
enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
24 Padre, los que
tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que
contemplan mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la
creación del mundo.
25 Padre justo,
el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que
tú me has enviado.
26 Yo les he dado
a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con
que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»
1 Dicho esto,
pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había
un huerto, en el que entraron él y sus discípulos.
2 Pero también
Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido
allí muchas veces con sus discípulos.
3 Judas, pues,
llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y
fariseos, con linternas, antorchas y armas.
4 Jesús, que
sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién
buscáis?»
5 Le contestaron:
«A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba
también con ellos.
6 Cuando les
dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra.
7 Les preguntó de
nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno».
8 Respondió
Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar
a éstos.»
9 Así se
cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a
ninguno.»
10 Entonces Simón
Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote,
y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.
11 Jesús dijo a
Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la
voy a beber?»
12 Entonces la
cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le
ataron
13 y le llevaron
primero a casa de Anás, pues era suero de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel
año.
14 Caifás era el
que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el
pueblo.
15 Seguían a
Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo
Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote,
16 mientras Pedro
se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el
conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro.
17 La muchacha
portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
Dice él: «No lo soy.»
18 Los siervos y
los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se
calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose.
19 El Sumo
Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina.
20 Jesús le
respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre
en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he
hablado nada a ocultas.
21 ¿Por qué me
preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben
lo que he dicho.»
22 Apenas dijo
esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús,
diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?»
23 Jesús le
respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado
bien, ¿por qué me pegas?»
24 Anás entonces
le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás.
25 Estaba allí
Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus
discípulos?» El lo negó diciendo: «No lo soy.»
26 Uno de los
siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la
oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con él?»
27 Pedro volvió a
negar, y al instante cantó un gallo.
28 De la casa de
Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el
pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua.
29 Salió entonces
Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?»
30 Ellos le
respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado.»
31 Pilato
replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley.» Los judíos
replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie.»
32 Así se
cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir.
33 Entonces
Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el
Rey de los judíos?»
34 Respondió
Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?»
35 Pilato
respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han
entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
36 Respondió
Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi
gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi
Reino no es de aquí.»
37 Entonces
Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy
Rey. Yo para esto he nacido y para est he venido al mundo: para dar
testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.»
38 Le dice
Pilato: «¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos
y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.
39 Pero es
costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua.
¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?»
40 Ellos
volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» Barrabás era un
salteador.
1 Pilato entonces
tomó a Jesús y mandó azotarle.
2 Los soldados
trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron
un manto de púrpura;
3 y, acercándose
a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
4 Volvió a salir
Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no
encuentro ningún delito en él.»
5 Salió entonces
Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles
Pilato: «Aquí tenéis al hombre.»
6 Cuando lo
vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo,
crucifícalo!» Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo
ningún delito encuentro en él.»
7 Los judíos le
replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se
tiene por Hijo de Dios.»
8 Cuando oyó
Pilato estas palabras, se atemorizó aún más.
9 Volvió a entrar
en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le dio
respuesta.
10 Dícele Pilato:
«¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para
crucificarte?»
11 Respondió
Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de
arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.»
12 Desde entonces
Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no
eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.»
13 Al oír Pilato
estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar
llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá.
14 Era el día de
la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos:
«Aquí tenéis a vuestro Rey.»
15 Ellos
gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!» Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey
voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que
el César.»
16 Entonces se lo
entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús,
17 y él cargando
con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama
Gólgota,
18 y allí le
crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
19 Pilato redactó
también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el
Nazareno, el Rey de los judíos.»
20 Esta
inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido
crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo,
latín y griego.
21 Los sumos
sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: "El Rey de los
judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos".»
22 Pilato
respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito.»
23 Los soldados,
después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron
cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin
costura, tejida de una pieza de arriba abajo.
24 Por eso se
dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca.»
Para que se cumpliera la Escritura: = Se han repartido mis vestidos, han
echado a suertes mi túnica. = Y esto es lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la
cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de
Clopás, y María Magdalena.
26 Jesús, viendo
a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
27 Luego dice al
discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la
acogió en su casa.
28 Después de
esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la
Escritura, dice: = «Tengo sed.» =
29 Había allí una
vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada
en vinagre y se la acercaron a la boca.
30 Cuando tomó
Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó
el espíritu.
31 Los judíos,
como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la
cruz el sábado - porque aquel sábado era muy solemne - rogaron a Pilato que
les quebraran las piernas y los retiraran.
32 Fueron, pues,
los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con
él.
33 Pero al llegar
a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas,
34 sino que uno
de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió
sangre y agua.
35 El que lo vio
lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para
que también vosotros creáis.
36 Y todo esto
sucedió para que se cumpliera la Escritura: = No se le quebrará hueso
alguno. =
37 Y también otra
Escritura dice: = Mirarán al que traspasaron. =
38 Después de
esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por
miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de
Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
39 Fue también
Nicodemo - aquel que anteriormente había ido a verle de noche - con una
mezcla de mirra y áloe de unas cien libras.
40 Tomaron el
cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la
costumbre judía de sepultar.
41 En el lugar
donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro
nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado.
42 Allí, pues,
porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba
cerca, pusieron a Jesús.
1 El primer día
de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía
estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro.
2 Echa a correr y
llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les
dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han
puesto.»
3 Salieron Pedro
y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro.
4 Corrían los dos
juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y
llegó primero al sepulcro.
5 Se inclinó y
vio las vendas en el suelo; pero no entró.
6 Llega también
Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo,
7 y el sudario
que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar
aparte.
8 Entonces entró
también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio
y creyó,
9 pues hasta
entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar
de entre los muertos.
10 Los
discípulos, entonces, volvieron a casa.
11 Estaba María
junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el
sepulcro,
12 y ve dos
ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la
cabecera y otro a los pies.
13 Dícenle ellos:
«Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi
Señor, y no sé dónde le han puesto.»
14 Dicho esto, se
volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
15 Le dice Jesús:
«Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el
encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo
has puesto, y yo me lo llevaré.»
16 Jesús le dice:
«María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» - que quiere decir:
«Maestro» -.
17 Dícele Jesús:
«No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis
hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro
Dios.»
18 Fue María
Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho
estas palabras.
19 Al atardecer
de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los
judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se
presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
20 Dicho esto,
les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al
Señor.
21 Jesús les dijo
otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os
envío.»
22 Dicho esto,
sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
23 A quienes
perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos.»
24 Tomás, uno de
los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los
otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
25 Pero él les
contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo
en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»
26 Ocho días
después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se
presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con
vosotros.»
27 Luego dice a
Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi
costado, y no seas incrédulo sino creyente.»
28 Tomás le
contestó: «Señor mío y Dios mío.»
29 Dícele Jesús:
«Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han
creído.»
30 Jesús realizó
en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en
este libro.
31 Estas han sido
escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que
creyendo tengáis vida en su nombre.
1 Después de
esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de
Tiberíades. Se manifestó de esta manera.
2 Estaban juntos
Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los
de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les
dice: «Voy a pescar.» Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo.»
Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya
amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era
Jesús.
5 Díceles Jesús:
«Muchachos, ¿no tenéis pescado?» Le contestaron: «No.»
6 El les dijo:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y
ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.
7 El discípulo a
quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor», se puso el vestido -
pues estaba desnudo - y se lanzó al mar.
8 Los demás
discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no
distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
9 Nada más saltar
a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan.
10 Díceles Jesús:
«Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.»
11 Subió Simón
Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y
tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red.
12 Jesús les
dice: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
«¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor.
13 Viene entonces
Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez.
14 Esta fue ya la
tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de
entre los muertos.
15 Después de
haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que
éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús:
«Apacienta mis corderos.»
16 Vuelve a
decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor,
tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.»
17 Le dice por
tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le
preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes
todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.
18 «En verdad, en
verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde
querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá
y te llevará adonde tú no quieras.»
19 Con esto
indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto,
añadió: «Sígueme.»
20 Pedro se
vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que
además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho:
«Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»
21 Viéndole
Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?»
22 Jesús le
respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú,
sígueme.»
23 Corrió, pues,
entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no
había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que
yo venga.»
24 Este es el
discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros
sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Hay además
otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que
ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.