"EVANGELIO SEGUN SAN JUAN"
Versículo anterior >> Juan 10:42
1 Había un cierto
enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta.
2 María era la
que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su
hermano Lázaro era el enfermo.
3 Las hermanas
enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo.»
4 Al oírlo Jesús,
dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
5 Jesús amaba a
Marta, a su hermana y a Lázaro.
6 Cuando se
enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se
encontraba.
7 Al cabo de
ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»
8 Le dicen los
discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y
vuelves allí?»
9 Jesús
respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza,
porque ve la luz de este mundo;
10 pero si uno
anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él.»
11 Dijo esto y
añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»
12 Le dijeron sus
discípulos: «Señor, si duerme, se curará.»
13 Jesús lo había
dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño.
14 Entonces Jesús
les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,
15 y me alegro
por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde
él.»
16 Entonces
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también
nosotros a morir con él.»
17 Cuando llegó
Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
18 Betania estaba
cerca de Jerusalén como a unos quince estadios,
19 y muchos
judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su
hermano.
20 Cuando Marta
supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María
permanecía en casa.
21 Dijo Marta a
Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
22 Pero aun ahora
yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
23 Le dice Jesús:
«Tu hermano resucitará.»
24 Le respondió
Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.»
25 Jesús le
respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
26 y todo el que
vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
27 Le dice ella:
«Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a
venir al mundo.»
28 Dicho esto,
fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te
llama.»
29 Ella, en
cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él.
30 Jesús todavía
no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había
encontrado.
31 Los judíos que
estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente
y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
32 Cuando María
llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si
hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
33 Viéndola
llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se
conmovió interiormente, se turbó
34 y dijo:
«¿Dónde lo habéis puesto?» Le responden: «Señor, ven y lo verás.»
35 Jesús se echó
a llorar.
36 Los judíos
entonces decían: «Mirad cómo le quería.»
37 Pero algunos
de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho
que éste no muriera?»
38 Entonces Jesús
se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y
tenía puesta encima una piedra.
39 Dice Jesús:
«Quitad la piedra.» Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya
huele; es el cuarto día.»
40 Le dice Jesús:
«¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?»
41 Quitaron,
pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre,
te doy gracias por haberme escuchado.
42 Ya sabía yo
que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para
que crean que tú me has enviado.»
43 Dicho esto,
gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!»
44 Y salió el
muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario.
Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar.»
45 Muchos de los
judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho,
creyeron en él.
46 Pero algunos
de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
47 Entonces los
sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos?
Porque este hombre realiza muchas señales.
48 Si le dejamos
que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro
Lugar Santo y nuestra nación.»
49 Pero uno de
ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros
no sabéis nada,
50 ni caéis en la
cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la
nación.»
51 Esto no lo
dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año,
profetizó que Jesús iba a morir por la nación
52 - y no sólo
por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que
estaban dispersos.
53 Desde este
día, decidieron darle muerte.
54 Por eso Jesús
no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la
región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con
sus discípulos.
55 Estaba cerca
la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes
de la Pascua para purificarse.
56 Buscaban a
Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que
no vendrá a la fiesta?»
57 Los sumos
sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde
estaba, lo notificara para detenerle.
1 Seis días antes
de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús
había resucitado de entre los muertos.
2 Le dieron allí
una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
3 Entonces María,
tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de
Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.
4 Dice Judas
Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar:
5 «¿Por qué no se
ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»
6 Pero no decía
esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía
la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.
7 Jesús dijo:
«Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura.
8 Porque pobres
siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre tendréis.»
9 Gran número de
judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino
también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
10 Los sumos
sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,
11 porque a causa
de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.
12 Al día
siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la
fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén,
13 tomaron ramas
de palmera y salieron a su encuentro gritando: = «¡ Hosanna! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor, = y el Rey de Israel!»
14 Jesús,
habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito:
15 = No temas,
hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna. =
16 Esto no lo
comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado,
cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él, y que era lo que
le habían hecho.
17 La gente que
estaba con él cuando llamó a Lázaro de la tumba y le resucitó de entre los
muertos, daba testimonio.
18 Por eso
también salió la gente a su encuentro, porque habían oído que él había
realizado aquella señal.
19 Entonces los
fariseos se dijeron entre sí: «¿Veis cómo no adelantáis nada?, todo el mundo
se ha ido tras él.»
20 Había algunos
griegos de los que subían a adorar en la fiesta.
21 Estos se
dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor,
queremos ver a Jesús.»
22 Felipe fue a
decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
23 Jesús les
respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.
24 En verdad, en
verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él
solo; pero si muere, da mucho fruto.
25 El que ama su
vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una
vida eterna.
26 Si alguno me
sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si
alguno me sirve, el Padre le honrará.
27 Ahora mi alma
está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he
llegado a esta hora para esto!
28 Padre,
glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y
de nuevo le glorificaré.»
29 La gente que
estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha
hablado un ángel.»
30 Jesús
respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros.
31 Ahora es el
juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera.
32 Y yo cuando
sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.»
33 Decía esto
para significar de qué muerte iba a morir.
34 La gente le
respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para
siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado?
¿Quién es ese Hijo del hombre?»
35 Jesús les
dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad
mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que
camina en tinieblas, no sabe a dónde va.
36 Mientras
tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se
marchó Jesús y se ocultó de ellos.
37 Aunque había
realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en él;
38 para que se
cumpliera el oráculo pronunciado por el profeta Isaías: = Señor, ¿quién dio
crédito a nuestras palabras? Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló? =
39 No podían
creer, porque también había dicho Isaías:
40 = Ha cegado
sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con los ojos, ni
comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los sane. =
41 Isaías dijo
esto porque vio su gloria y habló de él.
42 Sin embargo,
aun entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero, por los fariseos, no
lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga,
43 porque
prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
44 Jesús gritó y
dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado;
45 y el que me ve
a mí, ve a aquel que me ha enviado.
46 Yo, la luz, he
venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas.
47 Si alguno oye
mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para
juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
48 El que me
rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que
yo he hablado, ésa le juzgará el último día;
49 porque yo no
he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado
lo que tengo que decir y hablar,
50 y yo sé que su
mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me
lo ha dicho a mí.»
1 Antes de la
fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de
este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los
amó hasta el extremo.
2 Durante la
cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo
de Simón, el propósito de entregarle,
3 sabiendo que el
Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios
volvía,
4 se levanta de
la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó.
5 Luego echa agua
en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos
con la toalla con que estaba ceñido.
6 Llega a Simón
Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?»
7 Jesús le
respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más
tarde.»
8 Le dice Pedro:
«No me lavarás los pies jamás.» Jesús le respondió: «Si no te lavo, no
tienes parte conmigo.»
9 Le dice Simón
Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»
10 Jesús le dice:
«El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros
estáis limpios, aunque no todos.»
11 Sabía quién le
iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos.»
12 Después que
les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
13 Vosotros me
llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy.
14 Pues si yo, el
Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros
los pies unos a otros.
15 Porque os he
dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con
vosotros.
16 «En verdad, en
verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que
le envía.
17 «Sabiendo
esto, dichosos seréis si lo cumplís.
18 No me refiero
a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse
la Escritura: = El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. =
19 «Os lo digo
desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo
Soy.
20 En verdad, en
verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja
a mí, acoge a Aquel que me ha enviado.»
21 Cuando dijo
estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en
verdad os digo que uno de vosotros me entregará.»
22 Los discípulos
se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba.
23 Uno de sus
discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.
24 Simón Pedro le
hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.»
25 El,
recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?»
26 Le responde
Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Y, mojando el
bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.
27 Y entonces,
tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer,
hazlo pronto.»
28 Pero ninguno
de los comensales entendió por qué se lo decía.
29 Como Judas
tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que
nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres.
30 En cuanto tomó
Judas el bocado, salió. Era de noche.
31 Cuando salió,
dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido
glorificado en él.
32 Si Dios ha
sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le
glorificará pronto.»
33 «Hijos míos,
ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo
que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os
digo también ahora a vosotros.
34 Os doy un
mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he
amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
35 En esto
conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los
otros.»
36 Simón Pedro le
dice: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes
seguirme ahora; me seguirás más tarde.»
37 Pedro le dice:
«¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»
38 Le responde
Jesús: «¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará
el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.»
1 «No se turbe
vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí.
2 En la casa de
mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a
prepararos un lugar.
3 Y cuando haya
ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que
donde esté yo estéis también vosotros.
4 Y adonde yo voy
sabéis el camino.»
5 Le dice Tomás:
«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
6 Le dice Jesús:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
7 Si me conocéis
a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis
visto.»
8 Le dice Felipe:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
9 Le dice Jesús:
«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me
ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?
10 ¿No crees que
yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las
digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las
obras.
11 Creedme: yo
estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.
12 En verdad, en
verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y
hará mayores aún, porque yo voy al Padre.
13 Y todo lo que
pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el
Hijo.
14 Si me pedís
algo en mi nombre, yo lo haré.
15 Si me amáis,
guardaréis mis mandamientos;
16 y yo pediré al
Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
17 el Espíritu de
la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce.
Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
18 No os dejaré
huérfanos: volveré a vosotros.
19 Dentro de poco
el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también
vosotros viviréis.
20 Aquel día
comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
21 El que tiene
mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será
amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»
22 Le dice Judas
- no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a
nosotros y no al mundo?»
23 Jesús le
respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y
vendremos a él, y haremos morada en él.
24 El que no me
ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del
Padre que me ha enviado.
25 Os he dicho
estas cosas estando entre vosotros.
26 Pero el
Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo
enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.
27 Os dejo la
paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro
corazón ni se acobarde.
28 Habéis oído
que os he dicho: "Me voy y volveré a vosotros." Si me amarais, os
alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
29 Y os lo digo
ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
30 Ya no hablaré
muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no
tiene ningún poder;
31 pero ha de
saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.
Levantaos. Vámonos de aquí.»
1 «Yo soy la vid
verdadera, y mi Padre es el viñador.
2 Todo sarmiento
que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que
dé más fruto.
3 Vosotros estáis
ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.
4 Permaneced en
mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en
mí.
5 Yo soy la vid;
vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho
fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.
6 Si alguno no
permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los
recogen, los echan al fuego y arden.
7 Si permanecéis
en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo
conseguiréis.
8 La gloria de mi
Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.
9 Como el Padre
me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
10 Si guardáis
mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
11 Os he dicho
esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.
12 Este es el
mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
13 Nadie tiene
mayor amor que el que da su vida por sus amigos.
14 Vosotros sois
mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15 No os llamo ya
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he
llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a
conocer.
16 No me habéis
elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he
destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de
modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
17 Lo que os
mando es que os améis los unos a los otros.»
18 «Si el mundo
os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros.
19 Su fuerais del
mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al
elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo.
20 Acordaos de la
palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han
perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra,
también la vuestra guardarán.
21 Pero todo esto
os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
22 Si yo no
hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no
tienen excusa de su pecado.
23 El que me
odia, odia también a mi Padre.
24 Si no hubiera
hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado;
pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.
25 Pero es para
que se cumpla lo que está escrito en su Ley: = Me han odiado sin motivo. =
26 Cuando venga
el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad,
que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27 Pero también
vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.