"EVANGELIO SEGUN SAN JUAN"
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1 Después de
esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades,
2 y mucha gente
le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos.
3 Subió Jesús al
monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
4 Estaba próxima
la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Al levantar
Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde
vamos a comprar panes para que coman éstos?»
6 Se lo decía
para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
7 Felipe le
contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un
poco.»
8 Le dice uno de
sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
9 «Aquí hay un
muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para
tantos?»
10 Dijo Jesús:
«Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se
recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000.
11 Tomó entonces
Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que
estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
12 Cuando se
saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada
se pierda.»
13 Los
recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes
de cebada que sobraron a los que habían comido.
14 Al ver la
gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el
profeta que iba a venir al mundo.»
15 Dándose cuenta
Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó
de nuevo al monte él solo.
16 Al atardecer,
bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
17 y subiendo a
una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya
oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos;
18 soplaba un
fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
19 Cuando habían
remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre
el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo.
20 Pero él les
dijo: «Soy yo. No temáis.»
21 Quisieron
recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a
donde se dirigían.
22 Al día
siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí
no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus
discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.
23 Pero llegaron
barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
24 Cuando la
gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a
las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
25 Al encontrarle
a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
26 Jesús les
respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque
habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis
saciado.
27 Obrad, no por
el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna,
el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios,
ha marcado con su sello.»
28 Ellos le
dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
29 Jesús les
respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
30 Ellos entonces
le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra
realizas?
31 Nuestros
padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: = Pan del cielo
les dio a comer.» =
32 Jesús les
respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan
del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
33 porque el pan
de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
34 Entonces le
dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
35 Les dijo
Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el
que crea en mí, no tendrá nunca sed.
36 Pero ya os lo
he dicho: Me habéis visto y no creéis.
37 Todo lo que me
dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
38 porque he
bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha
enviado.
39 Y esta es la
voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado,
sino que lo resucite el último día.
40 Porque esta es
la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga
vida eterna y que yo le resucite el último día.»
41 Los judíos
murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del
cielo.»
42 Y decían: «¿No
es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir
ahora: He bajado del cielo?»
43 Jesús les
respondió: «No murmuréis entre vosotros.
44 «Nadie puede
venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el
último día.
45 Está escrito
en los profetas: = Serán todos enseñados por Dios. = Todo el que escucha al
Padre y aprende, viene a mí.
46 No es que
alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto
al Padre.
47 En verdad, en
verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
48 Yo soy el pan
de la vida.
49 Vuestros
padres comieron el maná en el desierto y murieron;
50 este es el pan
que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
51 Yo soy el pan
vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el
pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52 Discutían
entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53 Jesús les
dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del
hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi
carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi
carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56 El que come mi
carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
57 Lo mismo que
el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me
coma vivirá por mí.
58 Este es el pan
bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el
que coma este pan vivirá para siempre.»
59 Esto lo dijo
enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.
60 Muchos de sus
discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede
escucharlo?»
61 Pero sabiendo
Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo:
«¿Esto os escandaliza?
62 ¿Y cuando
veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?...
63 «El espíritu
es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho
son espíritu y son vida.
64 «Pero hay
entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
65 Y decía: «Por
esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»
66 Desde entonces
muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
67 Jesús dijo
entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
68 Le respondió
Simón Pedro: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida
eterna,
69 y nosotros
creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»
70 Jesús les
respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es
un diablo.»
71 Hablaba de
Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los
Doce.
1 Después de
esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los
judíos buscaban matarle.
2 Pero se
acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
3 Y le dijeron
sus hermanos: «Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos
vean las obras que haces,
4 pues nadie
actúa en secreto cuando quiere ser conocido. Si haces estas cosas, muéstrate
al mundo.»
5 Es que ni
siquiera sus hermanos creían en él.
6 Entonces les
dice Jesús: «Todavía no ha llegado mi tiempo, en cambio vuestro tiempo
siempre está a mano.
7 El mundo no
puede odiaros; a mí sí me aborrece, porque doy testimonio de que sus obras
son perversas.
8 Subid vosotros
a la fiesta; yo no subo a esta fiesta porque aún no se ha cumplido mi
tiempo.»
9 Dicho esto, se
quedó en Galilea.
10 Pero después
que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió no
manifiestamente, sino de incógnito.
11 Los judíos,
durante la fiesta, andaban buscándole y decían: «¿Dónde está ése?»
12 Entre la gente
había muchos comentarios acerca de él. Unos decían: «Es bueno.» Otros
decían: «No, sino que engaña al pueblo.»
13 Pero nadie
hablaba de él abiertamente por miedo a los judíos.
14 Mediada ya la
fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar.
15 Los judíos,
asombrados, decían: «¿Cómo entiende de letras sin haber estudiado?»
16 Jesús les
respondió: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado.
17 Si alguno
quiere cumplir su voluntad, verá si mi doctrina es de Dios o hablo yo por mi
cuenta.
18 El que habla
por su cuenta, busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que
le ha enviado, ese es veraz; y no hay impostura en él.
19 ¿No es Moisés
el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis
matarme?»
20 Respondió la
gente: «Tienes un demonio. ¿Quién quiere matarte?»
21 Jesús les
respondió: «Una sola obra he hecho y todos os maravilláis.
22 Moisés os dio
la circuncisión (no que provenga de Moisés, sino de los patriarcas) y
vosotros circuncidáis a uno en sábado.
23 Si se
circuncida a un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os
irritáis contra mí porque he curado a un hombre entero en sábado?
24 No juzguéis
según la apariencia. Juzgad con juicio justo.»
25 Decían algunos
de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar?
26 Mirad cómo
habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las
autoridades que este es el Cristo?
27 Pero éste
sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de
dónde es.»
28 Gritó, pues,
Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de
dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me
envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis.
29 Yo le conozco,
porque vengo de él y él es el que me ha enviado.»
30 Querían, pues,
detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
31 Y muchos entre
la gente creyeron en él y decían: «Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales
que las que ha hecho éste?»
32 Se enteraron
los fariseos que la gente hacía estos comentarios acerca de él y enviaron
guardias para detenerle.
33 Entonces él
dijo: «Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, y me voy al que me ha
enviado.
34 Me buscaréis y
no me encontraréis; y adonde yo esté, vosotros no podéis venir.»
35 Se decían
entre sí los judíos: «¿A dónde se irá éste que nosotros no le podamos
encontrar? ¿Se irá a los que viven dispersos entre los griegos para enseñar
a los griegos?
36 ¿Qué es eso
que ha dicho: "Me buscaréis y no me encontraréis", y "adonde yo esté,
vosotros no podéis venir"?»
37 El último día
de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene
sed, venga a mí, y beba
38 el que crea en
mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.
39 Esto lo decía
refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque
aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.
40 Muchos entre
la gente, que le habían oído estas palabras, decían: «Este es verdaderamente
el profeta.»
41 Otros decían:
«Este es el Cristo.» Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el
Cristo?
42 ¿No dice la
Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el
pueblo de donde era David?»
43 Se originó,
pues, una disensión entre la gente por causa de él.
44 Algunos de
ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano.
45 Los guardias
volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron:
«¿Por qué no le habéis traído?»
46 Respondieron
los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre.»
47 Los fariseos
les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar?
48 ¿Acaso ha
creído en él algún magistrado o algún fariseo?
49 Pero esa gente
que no conoce la Ley son unos malditos.»
50 Les dice
Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús:
51 «¿Acaso
nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que
hace?»
52 Ellos le
respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no
sale ningún profeta.»
53 Y se volvieron
cada uno a su casa.
1 Mas Jesús se
fue al monte de los Olivos.
2 Pero de
madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él.
Entonces se sentó y se puso a enseñarles.
3 Los escribas y
fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio
4 y le dicen:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
5 Moisés nos
mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»
6 Esto lo decían
para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se
puso a escribir con el dedo en la tierra.
7 Pero, como
ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros
que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»
8 E inclinándose
de nuevo, escribía en la tierra.
9 Ellos, al oír
estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más
viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.
10 Incorporándose
Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»
11 Ella
respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en
adelante no peques más.»
12 Jesús les
habló otra vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no
caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.»
13 Los fariseos
le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale.»
14 Jesús les
respondió: «Aunque yo dé testimonio de mí mismo, mi testimonio vale, porque
sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo
ni a dónde voy.
15 Vosotros
juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie;
16 y si juzgo, mi
juicio es verdadero, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha
enviado.
17 Y en vuestra
Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
18 Yo soy el que
doy testimonio de mí mismo y también el que me ha enviado, el Padre, da
testimonio de mí.»
19 Entonces le
decían: «¿Dónde está tu Padre?» Respondió Jesús: «No me conocéis ni a mí ni
a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre.»
20 Estas palabras
las pronunció en el Tesoro, mientras enseñaba en el Templo. Y nadie le
prendió, porque aún no había llegado su hora.
21 Jesús les dijo
otra vez: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado.
Adonde yo voy, vosotros no podéis ir.»
22 Los judíos se
decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: "Adonde yo voy, vosotros no
podéis ir?»
23 El les decía:
«Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo
no soy de este mundo.
24 Ya os he dicho
que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis
en vuestros pecados.»
25 Entonces le
decían: «¿Quién eres tú?» Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que
os estoy diciendo.
26 Mucho podría
hablar de vosotros y juzgar pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le
he oído a él es lo que hablo al mundo.»
27 No
comprendieron que les hablaba del Padre.
28 Les dijo,
pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis
que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el
Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.
29 Y el que me ha
enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le
agrada a él.»
30 Al hablar así,
muchos creyeron en él.
31 Decía, pues,
Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra,
seréis verdaderamente mis discípulos,
32 y conoceréis
la verdad y la verdad os hará libres.»
33 Ellos le
respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido
esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?»
34 Jesús les
respondió: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un
esclavo.
35 Y el esclavo
no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre.
36 Si, pues, el
Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.
37 Ya sé que sois
descendencia de Abraham; pero tratáis de matarme, porque mi Palabra no
prende en vosotros.
38 Yo hablo lo
que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde
vuestro padre.»
39 Ellos le
respondieron: «Nuestro padre es Abraham.» Jesús les dice: «Si sois hijos de
Abraham, haced las obras de Abraham.
40 Pero tratáis
de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo
Abraham.
41 Vosotros
hacéis las obras de vuestro padre.» Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos
nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios.»
42 Jesús les
respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he
salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha
enviado.
43 ¿Por qué no
reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra.
44 Vosotros sois
de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre.
Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque
no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro,
porque es mentiroso y padre de la mentira.
45 Pero a mí,
como os digo la verdad, no me creéis.
46 ¿Quién de
vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me
creéis?
47 El que es de
Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no
sois de Dios.»
48 Los judíos le
respondieron: «¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que tienes un
demonio?»
49 Respondió
Jesús: «Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me
deshonráis a mí.
50 Pero yo no
busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga.
51 En verdad, en
verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.»
52 Le dijeron los
judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y
también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará
la muerte jamás."
53 ¿Eres tú acaso
más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También los profetas
murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?»
54 Jesús
respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es
mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "El es nuestro Dios",
55 y sin embargo
no le conocéis, yo sí que le conozco, y si dijera que no le conozco, sería
un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra.
56 Vuestro padre
Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró.»
57 Entonces los
judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?»
58 Jesús les
respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo
Soy.»
59 Entonces
tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
1 Vio, al pasar,
a un hombre ciego de nacimiento.
2 Y le
preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que
haya nacido ciego?»
3 Respondió
Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras
de Dios.
4 Tenemos que
trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la
noche, cuando nadie puede trabajar.
5 Mientras estoy
en el mundo, soy luz del mundo.»
6 Dicho esto,
escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos
del ciego
7 y le dijo:
«Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se
lavó y volvió ya viendo.
8 Los vecinos y
los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se
sentaba para mendigar?»
9 Unos decían:
«Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él
decía: «Soy yo.»
10 Le dijeron
entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?»
11 El respondió:
«Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo:
"Vete a Siloé y lávate." Yo fui, me lavé y vi.»
12 Ellos le
dijeron: «¿Dónde está ése?» El respondió: «No lo sé.»
13 Lo llevan
donde los fariseos al que antes era ciego.
14 Pero era
sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
15 Los fariseos a
su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso
barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
16 Algunos
fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y
había disensión entre ellos.
17 Entonces le
dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los
ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»
18 No creyeron
los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los
padres del que había recobrado la vista
19 y les
preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo,
pues, ve ahora?»
20 Sus padres
respondieron: «Nosotros sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego.
21 Pero, cómo ve
ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo
sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo.»
22 Sus padres
decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de
acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la
sinagoga.
23 Por eso
dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.»
24 Le llamaron
por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a
Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
25 Les respondió:
«Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.»
26 Le dijeron
entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?»
27 El replicó:
«Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra
vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?»
28 Ellos le
llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre;
nosotros somos discípulos de Moisés.
29 Nosotros
sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.»
30 El hombre les
respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me
haya abierto a mí los ojos.
31 Sabemos que
Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su
voluntad, a ése le escucha.
32 Jamás se ha
oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento.
33 Si éste no
viniera de Dios, no podría hacer nada.»
34 Ellos le
respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a
nosotros?» Y le echaron fuera.
35 Jesús se
enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú
crees en el Hijo del hombre?»
36 El respondió:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
37 Jesús le dijo:
«Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.»
38 El entonces
dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.
39 Y dijo Jesús:
«Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los
que ven, se vuelvan ciegos.»
40 Algunos
fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también
nosotros somos ciegos?»
41 Jesús les
respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: "Vemos"
vuestro pecado permanece.»
1 «En verdad, en
verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,
sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
2 pero el que
entra por la puerta es pastor de las ovejas.
3 A éste le abre
el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por
una y las saca fuera.
4 Cuando ha
sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque
conocen su voz.
5 Pero no
seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de
los extraños.»
6 Jesús les dijo
esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
7 Entonces Jesús
les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las
ovejas.
8 Todos los que
han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les
escucharon.
9 Yo soy la
puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará
pasto.
10 El ladrón no
viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y
la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen
pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
12 Pero el
asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al
lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las
dispersa,
13 porque es
asalariado y no le importan nada las ovejas.
14 Yo soy el buen
pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
15 como me conoce
el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
16 También tengo
otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que
conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
17 Por eso me ama
el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo.
18 Nadie me la
quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para
recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»
19 Se produjo
otra vez una disensión entre los judíos por estas palabras.
20 Muchos de
ellos decían: «Tiene un demonio y está loco. ¿Por qué le escucháis?»
21 Pero otros
decían: «Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio
abrir los ojos de los ciegos?»
22 Se celebró por
entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno.
23 Jesús se
paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.
24 Le rodearon
los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el
Cristo, dínoslo abiertamente.»
25 Jesús les
respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en
nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí;
26 pero vosotros
no creéis porque no sois de mis ovejas.
27 Mis ovejas
escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen.
28 Yo les doy
vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.
29 El Padre, que
me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la
mano del Padre.
30 Yo y el Padre somos uno.»
31 Los judíos
trajeron otra vez piedras para apedrearle.
32 Jesús les
dijo: «Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de
esas obras queréis apedrearme?»
33 Le
respondieron los judíos: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena,
sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo
Dios.»
34 Jesús les
respondió: «¿No está escrito en vuestra Ley: = Yo he dicho: dioses sois? =
35 Si llama
dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios - y no puede
fallar la Escritura -
36 a aquel a
quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que
blasfema por haber dicho: "Yo soy Hijo de Dios"?
37 Si no hago las
obras de mi Padre, no me creáis;
38 pero si las
hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y
conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
39 Querían de
nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos.
40 Se marchó de
nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado antes
bautizando, y se quedó allí.
41 Muchos fueron
donde él y decían: «Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo
Juan de éste, era verdad.»
42 Y muchos allí
creyeron en él.