"EVANGELLIO SEGUN SAN LUCAS"
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23,
24.
1 Puesto que
muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado
entre nosotros,
2 tal como nos
las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y
servidores de la Palabra,
3 he decidido yo
también, después de haber investigado diligentemente todo desde los
orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo,
4 para que
conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
5 Hubo en los
días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de
Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel;
6 los dos eran
justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y
preceptos del Señor.
7 No tenían
hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
8 Sucedió que,
mientras oficiaba delante de Dios, en el turno de su grupo,
9 le tocó en
suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del
Señor para quemar el incienso.
10 Toda la
multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
11 Se le apareció
el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
12 Al verle
Zacarías, se turbó, y el temor se apoderó de él.
13 El ángel le
dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu
mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan;
14 será para ti
gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento,
15 porque será
grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu
Santo ya desde el seno de su madre,
16 y a muchos de
los hijos de Israel, les convertirá al Señor su Dios,
17 e irá delante
de él con el espíritu y el poder de Elías, = para hacer volver los corazones
de los padres a los hijos, = y a los rebeldes a la prudencia de los justos,
para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.»
18 Zacarías dijo
al ángel: = «¿En qué lo conoceré? = Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada
en edad.»
19 El ángel le
respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado
para hablarte y anunciarte esta buena nueva.
20 Mira, te vas a
quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas,
porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su
tiempo.»
21 El pueblo
estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de su demora en el Santuario.
22 Cuando salió,
no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el
Santuario; les hablaba por señas, y permaneció mudo.
23 Y sucedió que
cuando se cumplieron los días de su servicio, se fue a su casa.
24 Días después,
concibió su mujer Isabel; y se mantuvo oculta durante cinco meses
25 diciendo:
«Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar
mi oprobio entre los hombres.»
26 Al sexto mes
fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada
Nazaret,
27 a una virgen
desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la
virgen era María.
28 Y entrando, le
dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29 Ella se
conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30 El ángel le
dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31 vas a concebir
en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32 El será grande
y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David,
su padre;
33 reinará sobre
la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34 María
respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35 El ángel le
respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado
Hijo de Dios.
36 Mira, también
Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto
mes de aquella que llamaban estéril,
37 = porque
ninguna cosa es imposible para Dios.» =
38 Dijo María:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel
dejándola se fue.
39 En aquellos
días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una
ciudad de Judá;
40 entró en casa
de Zacarías y saludó a Isabel.
41 Y sucedió que,
en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e
Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
42 y exclamando
con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu
seno;
43 y ¿de dónde a
mí que la madre de mi Señor venga a mí?
44 Porque, apenas
llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno.
45 ¡Feliz la que
ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del
Señor!»
46 Y dijo María:
«Engrandece mi alma al Señor
47 y mi espíritu
= se alegra en Dios mi salvador =
48 porque = ha
puesto los ojos en la humildad de su esclava, = por eso desde ahora todas
las generaciones me llamarán bienaventurada,
49 porque ha
hecho en mi favor maravillas el Poderoso, = Santo es su nombre =
50 = y su
misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. =
51 Desplegó la
fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
52 = Derribó a
los potentados = de sus tronos = y exaltó a los humildes. =
53 = A los
hambrientos colmó de bienes = y despidió a los ricos sin nada.
54 = Acogió a
Israel, su siervo, acordándose de la misericordia =
55 - como había
anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los
siglos.»
56 María
permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
57 Se le cumplió
a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.
58 Oyeron sus
vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se
congratulaban con ella.
59 Y sucedió que
al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de
su padre, Zacarías,
60 pero su madre,
tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan.»
61 Le decían: «No
hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre.»
62 Y preguntaban
por señas a su padre cómo quería que se le llamase.
63 El pidió una
tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Y todos quedaron admirados.
64 Y al punto se
abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios.
65 Invadió el
temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas
estas cosas;
66 todos los que
las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?»
Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.
67 Zacarías, su
padre, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo:
68 = «Bendito el
Señor Dios de Israel = porque ha visitado y = redimido a su pueblo. =
69 y nos ha
suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo,
70 como había
prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas,
71 que nos
salvaría de nuestros = enemigos y de las manos de = todos = los que nos
odiaban =
72 haciendo =
misericordia = a = nuestros padres y recordando su = santa = alianza =
73 y el juramento
que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos
74 que, libres de
manos enemigas, podamos servirle sin temor
75 en santidad y
justicia delante de él todos nuestros días.
76 Y tú, niño,
serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante = del Señor = para =
preparar sus caminos =
77 y dar a su
pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados,
78 por las
entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz
de la altura,
79 a fin de
iluminar = a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte = y guiar
nuestros pasos por el = camino de la paz.» =
80 El niño crecía
y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su
manifestación a Israel.
1 Sucedió que por
aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase
todo el mundo.
2 Este primer
empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
3 Iban todos a
empadronarse, cada uno a su ciudad.
4 Subió también
José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David,
que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
5 para
empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
6 Y sucedió que,
mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento,
7 y dio a luz a
su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre,
porque no tenían sitio en el alojamiento.
8 Había en la
misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno
durante la noche su rebaño.
9 Se les presentó
el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se
llenaron de temor.
10 El ángel les
dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el
pueblo:
11 os ha nacido
hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;
12 y esto os
servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre.»
13 Y de pronto se
juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios,
diciendo:
14 «Gloria a Dios
en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»
15 Y sucedió que
cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían
unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el
Señor nos ha manifestado.»
16 Y fueron a
toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el
pesebre.
17 Al verlo,
dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño;
18 y todos los
que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
19 María, por su
parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.
20 Los pastores
se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y
visto, conforme a lo que se les había dicho.
21 Cuando se
cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús,
el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.
22 Cuando se
cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés,
llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor,
23 como está
escrito en la Ley del Señor: = Todo varón primogénito será consagrado al
Señor =
24 y para ofrecer
en sacrificio = un par de tórtolas o dos pichones =, conforme a lo que se
dice en la Ley del Señor.
25 Y he aquí que
había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y
piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu
Santo.
26 Le había sido
revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto
al Cristo del Señor.
27 Movido por el
Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús,
para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él,
28 le tomó en
brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 «Ahora, Señor,
puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
30 porque han
visto mis ojos tu salvación,
31 la que has
preparado a la vista de todos los pueblos,
32 luz para
iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.»
33 Su padre y su
madre estaban admirados de lo que se decía de él.
34 Simeón les
bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación
de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -
35 ¡y a ti misma
una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las
intenciones de muchos corazones.»
36 Había también
una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada;
después de casarse había vivido siete años con su marido,
37 y permaneció
viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo
a Dios noche y día en ayunos y oraciones.
38 Como se
presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos
los que esperaban la redención de Jerusalén.
39 Así que
cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su
ciudad de Nazaret.
40 El niño crecía
y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre
él.
41 Sus padres
iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
42 Cuando tuvo
doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta
43 y, al
volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo
su padres.
44 Pero creyendo
que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre
los parientes y conocidos;
45 pero al no
encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
46 Y sucedió que,
al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los
maestros, escuchándoles y preguntándoles;
47 todos los que
le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
48 Cuando le
vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has
hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
49 El les dijo:
«Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi
Padre?»
50 Pero ellos no
comprendieron la respuesta que les dio.
51 Bajó con ellos
y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente
todas las cosas en su corazón.
52 Jesús
progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los
hombres.
1 En el año
quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de
Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea
y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
2 en el
pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo
de Zacarías, en el desierto.
3 Y se fue por
toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón
de los pecados,
4 como está
escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: = Voz del que clama
en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; =
5 = todo barranco
será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos. =
6 = Y todos verán
la salvación de Dios. =
7 Decía, pues, a
la gente que acudía para ser bautizada por él: «Raza de víboras, ¿quién os
ha enseñado a huir de la ira inminente?
8 Dad, pues,
frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior:
"Tenemos por padre a Abraham"; porque os digo que puede Dios de estas
piedras dar hijos a Abraham.
9 Y ya está el
hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto
será cortado y arrojado al fuego.»
10 La gente le
preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?»
11 Y él les
respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene;
el que tenga para comer, que haga lo mismo.»
12 Vinieron
también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos
hacer?»
13 El les dijo:
«No exijáis más de lo que os está fijado.»
14 Preguntáronle
también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No
hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con
vuestra soldada.»
15 Como el pueblo
estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan,
si no sería él el Cristo;
16 respondió Juan
a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte
que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os
bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17 En su mano
tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero
la paja la quemará con fuego que no se apaga.»
18 Y, con otras
muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.
19 Pero Herodes,
el tetrarca, reprendido por él a causa de Herodías, la mujer de su hermano,
y a causa de todas las malas acciones que había hecho,
20 añadió a todas
ellas la de encerrar a Juan en la cárcel.
21 Sucedió que
cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto
en oración, se abrió el cielo,
22 y bajó sobre
él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del
cielo: = «Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado.» =
23 Tenía Jesús,
al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José, hijo de
Helí,
24 hijo de
Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Jannái, hijo de José,
25 hijo de
Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangay,
26 hijo de Maaz,
hijo de Mattatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,
27 hijo de
Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí,
28 hijo de Melkí,
hijo de Addí, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er,
29 hijo de Jesús,
hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Mattat, hijo de Leví,
30 hijo de
Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,
31 hijo de Meleá,
hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David,
32 hijo de Jesé,
hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón,
33 hijo de
Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de
Judá,
34 hijo de Jacob,
hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,
35 hijo de Serug,
hijo de Ragáu, hijo de Fálek, hijo de Eber, hijo de Sala,
36 hijo de
Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek,
37 hijo de
Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam,
38 hijo de Enós,
hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios.
1 Jesús, lleno de
Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el
desierto,
2 durante
cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al
cabo de ellos, sintió hambre.
3 Entonces el
diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en
pan.»
4 Jesús le
respondió: «Esta escrito: = No sólo de pan vive el hombre.» =
5 Llevándole a
una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;
6 y le dijo el
diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me
ha sido entregada, y se la doy a quien quiero.
7 Si, pues, me
adoras, toda será tuya.»
8 Jesús le
respondió: «Esta escrito: = Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás
culto.» =
9 Le llevó a
Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de
Dios, tírate de aquí abajo;
10 porque está
escrito: = A sus ángeles te encomendará para que te guarden. =
11 Y: = En sus
manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.» =
12 Jesús le
respondió: «Está dicho: = No tentarás al Señor tu Dios.» =
13 Acabada toda
tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.
14 Jesús volvió a
Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la
región.
15 El iba
enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.
16 Vino a Nazará,
donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de
sábado, y se levantó para hacer la lectura.
17 Le entregaron
el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje
donde estaba escrito:
18 = El Espíritu
del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena
Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a
los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos =
19 = y proclamar
un año de gracia del Señor. =
20 Enrollando el
volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos
estaban fijos en él.
21 Comenzó, pues,
a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.»
22 Y todos daban
testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que
salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?»
23 El les dijo:
«Seguramente me vais a decir el refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo lo
que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu
patria.»
24 Y añadió: «En
verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria.»
25 «Os digo de
verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró
el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país;
26 y a ninguna de
ellas fue enviado Elías, sino a = una mujer viuda de Sarepta de Sidón. =
27 Y muchos
leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos
fue purificado sino Naamán, el sirio.»
28 Oyendo estas
cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira;
29 y,
levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura
escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para
despeñarle.
30 Pero él,
pasando por medio de ellos, se marchó.
31 Bajó a
Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba.
32 Quedaban
asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.
33 Había en la
sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y se puso a
gritar a grandes voces:
34 «¡Ah! ¿Qué
tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé
quién eres tú: el Santo de Dios.»
35 Jesús entonces
le conminó diciendo: «Cállate, y sal de él.» Y el demonio, arrojándole en
medio, salió de él sin hacerle ningún daño.
36 Quedaron todos
pasmados, y se decían unos a otros: «¡Qué palabra ésta! Manda con autoridad
y poder a los espíritus inmundos y salen.»
37 Y su fama se
extendió por todos los lugares de la región.
38 Saliendo de la
sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha
fiebre, y le rogaron por ella.
39 Inclinándose
sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al
punto, se puso a servirles.
40 A la puesta
del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los
llevaban; y, poniendo él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
41 Salían también
demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él,
conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.
42 Al hacerse de
día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y,
llegando donde él, trataban de retenerle para que no les dejara.
43 Pero él les
dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino
de Dios, porque a esto he sido enviado.»
44 E iba
predicando por las sinagogas de Judea.
1 Estaba él a la
orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la
Palabra de Dios,
2 cuando vio dos
barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de
ellas, y lavaban las redes.
3 Subiendo a una
de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra;
y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4 Cuando acabó de
hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para
pescar.»
5 Simón le
respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado
nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.»
6 Y, haciéndolo
así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban
romperse.
7 Hicieron señas
a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron,
pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
8 Al verlo Simón
Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que
soy un hombre pecador.»
9 Pues el asombro
se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces
que habían pescado.
10 Y lo mismo de
Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo
a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»
11 Llevaron a
tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
12 Y sucedió que,
estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a
Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: «Señor, si quieres,
puedes limpiarme.»
13 El extendió la
mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció
la lepra.
14 Y él le ordenó
que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz
la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de
testimonio.»
15 Su fama se
extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser
curados de sus enfermedades.
16 Pero él se
retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
17 Un día que
estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que
habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El
poder del Señor le hacía obrar curaciones.
18 En esto, unos
hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle,
para ponerle delante de él.
19 Pero no
encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado,
le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio,
delante de Jesús.
20 Viendo Jesús
la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.»
21 Los escribas y
fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién
puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
22 Conociendo
Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros
corazones?
23 ¿Qué es más
fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y
anda"?
24 Pues para que
sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados,
- dijo al paralítico -: "A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a
tu casa".»
25 Y al instante,
levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su
casa, glorificando a Dios.
26 El asombro se
apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy
hemos visto cosas increíbles.»
27 Después de
esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de
impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
28 El, dejándolo
todo, se levantó y le siguió.
29 Leví le
ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y
de otros que estaban a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y
sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis
con los publicanos y pecadores?»
31 Les respondió
Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal.
32 No he venido a
llamar a conversión a justos, sino a pecadores.»
33 Ellos le
dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones,
igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.»
34 Jesús les
dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el
novio está con ellos?
35 Días vendrán
en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.»
36 Les dijo
también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a
uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el
remiendo del nuevo.
37 «Nadie echa
tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo
reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a
perder;
38 sino que el
vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos.
39 Nadie, después
de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el
bueno.»