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1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías tocante a todo el pueblo de Judá el año cuarto de
Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, - o sea el año primero de
Nabucodonosor, rey de Babilonia -,
2 la cual
pronunció e profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a toda la población
de Jerusalén, en estos términos:
3 Desde el año
trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, veintitrés años
hace que me es dirigida la palabra de Yahveh, y os la he comunicado
puntualmente (pero no habéis oído.
4 También os
envió Yahveh puntualmente a todos sus siervos los profetas, y tampoco
oísteis ni aplicasteis el oído),
5 diciendo: Ea,
volveos cada cual de su mal camino y de sus malas acciones, y volveréis al
solar que os dio Yahveh a vosotros y a vuestros padres, desde siempre hasta
siempre.
6 (No vayáis en
pos de otros dioses para servirles y adorarles, no me provoquéis con las
hechuras de vuestras manos, y no os haré mal.)
7 Pero no me
habéis oído (- oráculo de Yahveh - de suerte que con las hechuras de
vuestras manos me provocasteis, para vuestro mal).
8 Por eso, así
dice Yahveh Sebaot: Puesto que no habéis oído mis palabras,
9 he aquí que yo
mando a buscar a todos los linajes del norte (- oráculo de Yahveh - y a mi
siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia), y los traeré contra esta tierra y
contra sus moradores (y contra todas estas gentes de alrededor); los
anatematizaré y los pondré por pasmo, rechifla y ruinas eternos,
10 y haré
desaparecer de ellos voz de gozo y voz de alegría, la voz del novio y la voz
de la novia, el ruido de la muela y la luz de la candela.
11 Será reducida
toda esta tierra a pura desolación, y servirán estas gentes al rey de
Babilonia setenta años.
12 (Luego, en
cumpliéndose los setenta años, visitaré al rey de Babilonia y a dicha gente
por su delito - oráculo de Yahveh - y a la tierra de los caldeos trocándola
en ruinas eternas).
13 Y atraeré
sobre aquella tierra todas las palabras que he hablado respecto a ella, todo
lo que está escrito en este libro. Lo que profetizó Jeremías tocante a la
generalidad de las naciones.
14 (Pues también
a ellos los reducirán a servidumbre muchas naciones y reyes grandes, y les
pagaré según sus obras y según la hechura de sus manos.)
15 Así me ha
dicho Yahveh Dios de Israel: Toma esta copa de vino de furia, y hazla beber
a todas las naciones a las que yo te envíe;
16 beberán, y
trompicarán, y se enloquecerán ante la espada que voy a soltar entre ellas.
17 Tomé la copa
de mano de Yahveh, e hice beber a todas las naciones a las que me había
enviado Yahveh:
18 (a Jerusalén y
a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus principales, para trocarlo todo
en desolación, pasmo, rechifla y maldición, como hoy está sucediendo);
19 a Faraón, rey
de Egipto, a sus siervos, a sus principales y a todo su pueblo,
20 a todos los
mestizos (a todos los reyes de Us); a todos los reyes de Filistea: a
Ascalón, Gaza, Ecrón y al residuo de Asdod;
21 a Edom, Moab,
y los ammonitas,
22 a (todos) los
reyes de Tiro, a (todos) los reyes de Sidón y a los reyes de las islas de
allende el mar;
23 a Dedán, Temá,
Buz; a todos los que se afeitan las sienes,
24 a todos los
reyes de Arabia y a todos los reyes de los mestizos habitantes del desierto;
25 (a todos los
reyes de Zimrí) a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media,
26 a todos los
reyes del norte, los próximos y los remotos, cada uno con su hermano, y a
todos los reinos que hay sobre la haz de la tierra. (Y el rey de Sesak
beberá después de ellos.)
27 Y les dirás:
Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Bebed, emborrachaos, vomitad,
caed y no os levantéis delante de la espada que yo voy a soltar entre
vosotros.
28 Y si rehúsan
tomar la copa de tu mano para beber, les dices: Así dice Yahveh Sebaot:
Tenéis que beber sin falta,
29 porque
precisamente por la ciudad que lleva mi Nombre empiezo a castigar; ¿y
vosotros, quedaréis impunes?: ¡no, no quedaréis!, porque a la espada llamo
yo contra todos los habitantes de la tierra - oráculo de Yahveh Sebaot -.
30 Tú, pues, les
profetizas todas estas palabras y les dices: Yahveh desde lo alto ruge, y
desde su santa Morada da su voz. Ruge contra su aprisco: grita como los
lagareros. A todos los habitantes de la tierra
31 llega el eco,
hasta el fin de la tierra. Porque pleitea Yahveh con las naciones y vence en
juicio a toda criatura. A los malos los entrega a la espada - oráculo de
Yahveh -.
32 Así dice
Yahveh Sebaot: Mirad que una desgracia se propaga de nación a nación, y una
gran tormenta surge del fin del mundo.
33 Habrá víctimas
de Yahveh en aquel día de cabo a cabo de la tierra; no serán plañidos ni
recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de la
tierra.
34 Ululad,
pastores, y clamad; revolcaos, mayorales, porque se han cumplido vuestros
días para la matanza, y caeréis como objetos escogidos.
35 No habrá
evasión para los pastores ni escapatoria para los mayorales.
36 Se oye el
grito de los pastores, el ulular de los mayorales, porque devasta Yahveh su
pastizal,
37 y son
aniquiladas las estancias más seguras por la ardiente cólera de Yahveh.
38 Ha dejado el
león su cubil, y se ha convertido su tierra en desolación ante la cólera
irresistible, ante la ardiente cólera.
1 Al principio
del reinado de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida a
Jeremías esta palabra de Yahveh:
2 Así dice
Yahveh: Párate en el patio de la Casa de Yahveh y habla a todas las ciudades
de Judá, que vienen a adorar en la Casa de Yahveh, todas las palabras que yo
te he mandado hablarles, sin omitir ninguna.
3 Puede que oigan
y se torne cada cual de su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que
estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras.
4 Les dirás,
pues: «Así dice Yahveh: Si no me oís para andar según mi Ley que os propuse,
5 oyendo las
palabras de mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no
habéis hecho caso),
6 entonces haré
con esta Casa como con Silo, y esta ciudad entregaré a la maldición de todas
las gentes de la tierra.»
7 Oyeron los
sacerdotes y profetas y todo el pueblo a Jeremías decir estas palabras en la
Casa de Yahveh,
8 y luego que
hubo acabado Jeremías de hablar todo lo que le había ordenado Yahveh que
hablase a todo el pueblo, le prendieron los sacerdotes, los profetas y todo
el pueblo diciendo: «¡Vas a morir!
9 ¿Por qué has
profetizado en nombre de Yahveh, diciendo: "Como Silo quedará esta Casa, y
esta ciudad será arrasada, sin quedar habitante"?» Y se juntó todo el pueblo
en torno a Jeremías en la Casa de Yahveh.
10 Oyeron esto
los jefes de Judá, y subieron de la casa del rey a la Casa de Yahveh, y se
sentaron a la entrada de la Puerta Nueva de la Casa de Yahveh.
11 Y los
sacerdotes y profetas, dirigiéndose a los jefes y a todo el pueblo, dijeron:
«¡Sentencia de muerte para este hombre, por haber profetizado contra esta
ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!»
12 Dijo Jeremías
a todos los jefes y al pueblo todo: «Yahveh me ha enviado a profetizar sobre
esta Casa y esta ciudad todo lo que habéis oído.
13 Ahora bien,
mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahveh vuestro
Dios, y se arrepentirá Yahveh del mal que ha pronunciado contra vosotros.
14 En cuanto a
mí, aquí me tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más
acertado os parezca.
15 Empero, sabed
de fijo que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre
vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad Yahveh me ha
enviado a vosotros para pronunciar en vuestros oídos todas estas palabras.»
16 Dijeron los
jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No merece este hombre
sentencia de muerte, porque en nombre de Yahveh nuestro Dios nos ha
hablado.»
17 Y se
levantaron algunos de los más viejos del país y dijeron a toda la asamblea
del pueblo:
18 «Miqueas de
Moréset profetizaba en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el
pueblo de Judá: Así dice Yahveh Sebaot: = Sión será un campo que se ara,
Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la Casa un otero
salvaje. =
19 ¿Por ventura
le mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió a Yahveh y suplicó
a la faz de Yahveh, y se arrepintió Yahveh del daño con que les había
amenazado? Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a nosotros
mismos.»
20 Pero también
hubo otro que decía profetizar en nombre de Yahveh - Urías hijo de Semaías
de Quiryat Yearim - el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta
tierra enteramente lo mismo que Jeremías,
21 y oyó el rey
Yoyaquim y todos sus grandes señores y jefes sus palabras, y el rey buscaba
matarle. Enteróse Urías, tuvo miedo, huyó y entró en Egipto.
22 Pero envió el
rey Yoyaquim a Elnatán, hijo de Akbor, y otros con él a Egipto,
23 y sacaron a
Urías de Egipto y lo trajeron al rey Yoyaquim, quien lo acuchilló y echó su
cadáver a la fosa común.
24 Gracias a que
Ajicam, hijo de Safán, defendió a Jeremías, impidiendo entregarlo en manos
del pueblo para matarle.
1 (Al principio
del reinado de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta
palabra a Jeremías de parte de Yahveh:)
2 Así me ha dicho
Yahveh: «Hazte unas coyundas y un yugo, póntelo sobre la cerviz,
3 y envíalos al
rey de Edom, al rey de Moab y al rey de los ammonitas, al rey de Tiro y al
rey de Sidón por medio de los embajadores que vienen a Jerusalén a ver a
Sedecías, rey de Judá,
4 y dales estas
instrucciones para sus señores: «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel:
Así diréis a vuestros señores:
5 Yo hice la
tierra, el hombre y las bestias que hay sobre la haz de la tierra, con mi
gran poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo.
6 Ahora yo he
puesto todos estos países en manos de mi siervo Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y también los animales del campo le he dado para servirle
7 (y todas las
naciones le servirán a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que llegue
también el turno a su propio país - y le reducirán a servidumbre muchas
naciones y reyes grandes -).
8 Así que las
naciones y reinos que no sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no
sometan su cerviz al yugo del rey de Babilonia, con la espada, con el hambre
y con la peste los visitaré - oráculo de Yahveh - hasta acabarlos por medio
de él.
9 Vosotros, pues,
no oigáis a vuestros profetas, adivinos, soñadores, augures ni hechiceros
que os hablan diciendo: "No serviréis al rey de Babilonia",
10 porque cosa
falsa os profetizan para alejaros de sobre vuestro suelo, de suerte que yo
os arroje y perezcáis.
11 Pero la nación
que someta su cerviz al yugo de Babilonia y le sirva, yo la dejaré tranquila
en su suelo - oráculo de Yahveh - y lo labrará y morará en él.»
12 A Sedecías,
rey de Judá, le hablé en estos mismos términos, diciendo: «Someted vuestras
cervices al yugo del rey de Babilonia, servidle a él y a su pueblo, y
quedaréis con vida.
13 (¿A qué morir
tú y tu pueblo por la espada, el hambre y la peste, como ha amenazado Yahveh
a aquella nación que no sirva al rey de Babilonia?)
14 ¡No oigáis,
pues, las palabras de los profetas que os dicen: "No serviréis al rey de
Babilonia", porque cosa falsa os profetizan,
15 pues yo no les
he enviado - oráculo de Yahveh - y ellos andan profetizando en mi Nombre
falsamente; no sea que yo os arroje, y perezcáis vosotros y los profetas que
os profetizan.»
16 Y a los
sacerdotes y a todo este pueblo les hablé diciendo: «Así dice Yahveh: No
oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan diciendo: "He
aquí que el ajuar de la Casa de Yahveh va a ser devuelto de Babilonia en
seguida", porque cosa falsa os profetizan.
17 (No les hagáis
caso. Servid al rey de Babilonia y quedaréis con vida. ¿Para qué ha de
quedar esta ciudad arrasada?)
18 Y si ellos son
profetas y la palabra de Yahveh les acompaña, que conjuren, ea, a Yahveh
Sebaot para que los objetos que quedaron en la Casa de Yahveh, en la casa
del rey de Judá y en Jerusalén no vayan a Babilonia.
19 Porque así
dice Yahveh Sebaot de las columnas, del Mar, de las basas y de los demás
objetos que quedaron en esta ciudad,
20 de los cuales
no se apoderó Nabucodonosor, rey de Babilonia, al deportar a Jeconías, hijo
de Yoyaquim, rey de Judá, de Jerusalén a Babilonia (así como a todos los
nobles de Judá y Jerusalén).
21 Sí, porque así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, respecto a los objetos que quedaron
en la Casa de Yahveh, en la casa del rey de Judá y en Jerusalén:
22 A Babilonia
serán llevados (y allí estarán hasta el día que yo los visite) - oráculo de
Yahveh - (y entonces los subiré y devolveré a este lugar).»
1 Aconteció en
aquel mismo año - al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el
año cuarto, en el mes quinto - que se dirigió a mí el profeta Jananías, hijo
de Azzur, que era de Gabaón, en la Casa de Yahveh, a vista de los sacerdotes
y de todo el pueblo diciendo:
2 «Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia.
3 Dentro de dos
años completos yo hago devolver a este lugar todos los objetos de la Casa de
Yahveh que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó de este lugar y llevó a
Babilonia;
4 y a Jeconías,
hijo de Yoyaquim, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que han ido
a Babilonia, yo les hago volver a este lugar - oráculo de Yahveh - en cuanto
rompa el yugo del rey de Babilonia.»
5 Dijo el profeta
Jeremías al profeta Jananías, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo,
que estaban parados en la Casa de Yahveh;
6 dijo, pues, el
profeta Jeremías: «¡Amen! Así haga Yahveh. Confirme Yahveh las palabras que
has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos de la
Casa de Yahveh, y a todos los deportados.
7 Pero, oye ahora
esta palabra que pronunció a oídos tuyos y de todo el pueblo:
8 Profetas hubo
antes de mí y de ti desde siempre, que profetizaron a muchos países y a
grandes reinos la guerra, el mal y la peste.
9 Si un profeta
profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que
le había enviado Yahveh de verdad.»
10 Entonces tomó
el profeta Jananías el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y lo
rompió;
11 y habló
Jananías delante de todo el pueblo: «Así dice Yahveh: Así romperé el yugo de
Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, de sobre la
cerviz de todas las naciones.» Y se fue el profeta Jeremías por su camino.
12 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos, después que el
profeta Jananías hubo roto el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías:
13 «Ve y dices a
Jananías: Así dice Yahveh: Yugo de palo has roto, pero tú lo reemplazarás
por yugo de hierro.
14 Porque así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la
cerviz de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y le servirán (y también los animales del campo le he dado...).»
15 Dijo también
el profeta Jeremías al profeta Jananías: «Oye, Jananías: No te envió Yahveh,
y tú has hecho confiar a este pueblo en cosa falsa.
16 Por eso, así
dice Yahveh: He aquí que yo te arrojo de sobre la haz del suelo. Este año
morirás (porque rebelión has predicado contra Yahveh).»
17 Y murió el
profeta Jananías aquel mismo año, en el mes séptimo.
1 Este es el
tenor de la carta que envió el profeta Jeremías desde Jerusalén al resto de
los ancianos de la deportación, a los sacerdotes, profetas y pueblo en
general, que había deportado Nabucodonosor desde Jerusalén a Babilonia
2 - después de
salir de Jerusalén el rey Jeconías y la Gran Dama, los eunucos, los jefes de
Judá y Jerusalén, los herreros y cerrajeros -,
3 por mediación
de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes
Sedecías, rey de Judá, envió a Babilonia, donde Nabucodonosor, rey de
Babilonia:
4 «Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, a toda la deportación que deporté de
Jerusalén a Babilonia:
5 Edificad casas
y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto;
6 tomad mujeres y
engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a
maridos para que den a luz hijos e hijas, y medrad allí y no mengüéis;
7 procurad el
bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahveh, porque
su bien será el vuestro.
8 Así dice Yahveh
Sebaot, el dios de Israel: No os embauquen los profetas que hay entre
vosotros ni vuestros adivinos, y no hagáis caso de vuestros soñadores que
sueñan por cuenta propia,
9 porque
falsamente os profetizan en mi Nombre. Yo no los he enviado - oráculo de
Yahveh -.
10 «Pues así dice
Yahveh: Al filo de cumplírsele a Babilonia setenta años, yo os visitaré y
confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este lugar;
11 que bien me sé
los pensamientos que pienso sobre vosotros - oráculo de Yahveh -
pensamientos de paz, y no de desgracia, de daros un porvenir de esperanza.
12 Me invocaréis
y vendréis a rogarme, y yo os escucharé.
13 Me buscaréis y
me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón;
14 me dejaré
encontrar de vosotros (- oráculo de Yahveh -; devolveré vuestros cautivos,
os recogeré de todas las naciones y lugares a donde os arrojé - oráculo de
Yahveh - y os haré tornar al sitio de donde os hice que fueseis
desterrados).
15 «En cuanto a
eso que decís: "Nos ha suscitado Yahveh profetas en Babilonia",
16 así dice
Yahveh del rey que se sienta sobre el solio de David y de todo el pueblo que
se asienta en esta ciudad, los hermanos vuestros que no salieron con
vosotros al destierro;
17 así dice
Yahveh Sebaot: He aquí que yo suelto contra ellos la espada, el hambre y la
peste, y los pondré como aquellos higos reventados,, tan malos que no se
podían comer.
18 Los perseguiré
con la espada, el hambre y la peste, y los convertiré en espantajo para
todos los reinos de la tierra: maldición, pasmo, rechifla y oprobio entre
todas las naciones a donde los arroje,
19 por cuanto que
no oyeron las palabras - oráculo de Yahveh - que les envié por mis siervos
los profetas asiduamente; pero no oísteis - oráculo de Yahveh -.
20 Vosotros,
pues, oíd la palabra de Yahveh, todos los deportados que envié de Jerusalén
a Babilonia.
21 «Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colaías, y sobre
Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi Nombre: He
aquí que yo los pongo en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; él los
herirá ante vuestros ojos,
22 y de ellos
tomarán esta maldición todos los deportados de Judá que se encuentran en
Babilonia: "Vuélvate Yahveh como a Sedecías y como a Ajab, a quienes asó al
fuego el rey de Babilonia",
23 porque obraron
con fatuidad en Jerusalén, cometieron adulterio con las mujeres de sus
prójimos y fingieron pronunciar en mi Nombre palabras que yo no les mandé.
Yo soy sabedor y testigo - oráculo de Yahveh -.»
24 Semaías el
najlamita despachó en su propio nombre cartas (a todo el pueblo que hay en
Jerusalén) a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías (y a todos los
sacerdotes), diciendo:
26 «Yahveh te ha
puesto por sacerdote en vez del sacerdote Yehoyadá como inspector en la Casa
de Yahveh de todos los locos y seudoprofetas: tú debes meterlos en los cepos
y en el calabozo.
27 Pues entonces,
¿por qué no has sancionado a Jeremías de Anatot que se os hace pasar por
profeta?
28 Porque, en
efecto, nos ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo: "Es para largo.
Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto"»
29 El sacerdote
Sofonías leyó esta carta a oídos del profeta Jeremías.
30 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos:
31 «Envía este
mensaje a todos los deportados: Así dice Yahveh respecto a Semaías el
najlamita, por haberos profetizado sin haberle yo enviado, inspirándoos una
falsa seguridad.
32 Sí, por
cierto, así dice Yahveh: He aquí que yo voy a visitar a Semaías el najlamita
y a su descendencia. No habrá en ella ninguno que se siente en medio de este
pueblo ni que vea el bien que yo haga a mi pueblo - oráculo de Yahveh -
porque predicó la desobediencia a Yahveh.»
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Así dice Yahveh
el Dios de Israel: Escríbete todas las palabras que te he hablado en un
libro.
3 Pues he aquí
que vienen días - oráculo de Yahveh - en que haré tornar a los cautivos de
mi pueblo Israel (y de Judá) - dice Yahveh - y les haré volver a la tierra
que di a sus padres en posesión.
4 Estas son las
palabras que dirigió Yahveh a Israel (y a Judá).
5 Así dice
Yahveh: Voces estremecedoras oímos: ¡Pánico, y no paz!
6 Id a preguntar,
y ved si pare el macho. Entonces ¿por qué he visto a todo varón con las
manos en las caderas, como la que da a luz, y todas las caras se han vuelto
amarillas?
7 ¡Ay! porque
grande es aquel día, sin semejante, y tiempo de angustia es para Jacob; pero
de ella quedará salvo.
8 (Acontecerá
aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot - que romperé el yugo de sobre tu
cerviz y tus coyundas arrancaré, y no te servirán más los extranjeros,
9 sino que Israel
y Judá servirán a Yahveh su Dios y a David su rey, que yo les suscitaré.)
10 Pero tú no
temas, siervo mío Jacob - oráculo de Yahveh - ni desmayes, Israel, pues mira
que yo acudo a salvarte desde lejos y tu linaje del país de su cautiverio;
volverá Jacob, se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete,
11 pues contigo
estoy yo - oráculo de Yahveh - para salvarte: pues acabaré con todas las
naciones entre las cuales te dispersé. pero contigo no acabaré; aunque sí te
corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.
12 Porque así
dice Yahveh: Irremediable es tu quebranto, incurable tu herida.
13 Estás
desahuciado; para una herida hay cura, para ti no hay remedio.
14 Todos tus
amantes te olvidaron, por tu salud no preguntaron. Porque con herida de
enemigo te herí, castigo de hombre cruel, (por tu gran culpa, porque son
enormes tus pecados).
15 ¿Por qué te
quejas de tu quebranto? Irremediable es tu sufrimiento; por tu gran culpa,
por ser enormes tus pecados te he hecho esto.
16 No obstante
todos los que te devoran serán devorados, y todos tus opresores, todos
ellos, irán al cautiverio; serán tus despojadores despojados, y a todos tus
saqueadores los entregaré al saqueo.
17 Sí; haré que
tengas alivio, de tus llagas te curaré - oráculo de Yahveh -. Porque «La
Repudiada» te llamaron. «Sión de la que nadie se preocupa».
18 Así dice
Yahveh: He aquí que yo hago volver a los cautivos de las tiendas de Jacob y
de sus mansiones me apiadaré; será reedificada la ciudad sobre su montículo
de ruinas y el alcázar tal como era será restablecido.
19 Y saldrá de
entre ellos loor y voz de gente alegre; los multiplicaré y no serán pocos,
los honraré y no serán menguados,
20 sino que serán
sus hijos como antes, su comunidad ante mí estará en pie, y yo visitaré a
todos sus opresores.
21 Será su
soberano uno de ellos, su jefe de entre ellos saldrá, y le haré acercarse y
él llegará hasta mí, porque ¿quién es el que se jugaría la vida por llegarse
hasta mí? - oráculo de Yahveh -.
22 Y vosotros
seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios.
23 Mirad que una
tormenta de Yahveh ha estallado, un torbellino remolinea: sobre la cabeza de
los malos descarga.
24 No ha de
apaciguarse el ardor de la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los
designios de su corazón. En días futuros os percataréis de ello.
1 En aquel tiempo
- oráculo de Yahveh - seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos
serán mi pueblo.
2 Así dice
Yahveh: Halló gracia en el desierto el pueblo que se libró de la espada: va
a su descanso Israel.
3 De lejos Yahveh
se me apareció. Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia
para ti.
4 Volveré a
edificarte y serás reedificada, virgen de Israel; aún volverás a tener el
adorno de tus adufes, y saldrás a bailar entre gentes festivas.
5 Aún volverás a
plantar viñas en los montes de Samaría: (plantarán los plantadores, y
disfrutarán).
6 Pues habrá un
día en que griten los centinelas en la montaña de Efraím: «¡Levantaos y
subamos a Sión, adonde Yahveh, el Dios nuestro!»
7 Pues así dice
Yahveh: Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las
naciones; hacedlo oír, alabad y decid: «¡Ha salvado Yahveh a su pueblo, al
Resto de Israel!»
8 Mirad que yo
los traigo del país del norte, y los recojo de los confines de la tierra.
Entre ellos, el ciego y el cojo, la preñada y la parida a una. Gran asamblea
vuelve acá.
9 Con lloro
vienen y con súplicas los devuelvo, los llevo a arroyos de agua por camino
llano, en que no tropiecen. Porque yo soy para Israel un padre, y Efraím es
mi primogénito.
10 Oíd la palabra
de Yahveh, naciones, y anunciad por las islas a lo lejos, y decid: «El que
dispersó a Israel le reunirá y le guardará cual un pastor su hato.»
11 Porque ha
rescatado Yahveh a Jacob, y le ha redimido de la mano de otro más fuerte.
12 Vendrán y
darán hurras en la cima de Sión y acudirán al regalo de Yahveh: al grano, al
mosto, y al aceite virgen, a las crías de ovejas y de vacas, y será su alma
como huerto empapado, no volverán a estar ya macilentos.
13 Entonces se
alegrará la doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré
su duelo en regocijo, y les consolaré y alegraré de su tristeza;
14 empaparé el
alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo de mi regalo se hartará -
oráculo de Yahveh -.
15 Así dice
Yahveh: En Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo. Raquel que llora por
sus hijos, que rehúsa consolarse - por sus hijos - porque no existen.
16 Así dice
Yahveh: Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para
tu trabajo - oráculo de Yahveh -: volverán de tierra hostil,
17 y hay
esperanza para tu futuro - oráculo de Yahveh -: volverán los hijos a su
territorio.
18 Bien he oído a
Efraím lamentarse: «Me corregiste y corregido fui, cual becerro no domado.
Hazme volver y volveré, pues tú, Yahveh, eres mi Dios.
19 Porque luego
de desviarme, me arrepiento, y luego de darme cuenta, me golpeo el pecho, me
avergüenzo y me confundo luego, porque aguanto el oprobio de mi mocedad.»
20 ¿Es un hijo
tan caro para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que
hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis
entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme - oráculo de Yahveh -.
21 Plántate
hitos, ponte jalones de ruta, presta atención a la calzada al camino que
anduviste. Vuelve, virgen de Israel, vuelve a estas ciudades.
22 ¿Hasta cuándo
darás rodeos, oh díscola muchacha? Pues ha creado Yahveh una novedad en la
tierra: la Mujer ronda al Varón.
23 Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Todavía dirán este refrán en tierra de
Judá y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: «¡Bendígate
Yahveh, oh estancia justa, oh monte santo!»
24 Y morarán allí
Judá y todas sus ciudades juntamente, los labradores y los que trashuman con
el rebaño,
25 porque yo
empaparé el alma agotada y toda alma macilenta colmaré.
26 En esto, me
desperté y vi que mi sueño era sabroso para mí.
27 He aquí que
días vienen - oráculo de Yahveh - en que sembraré la casa de Israel y la
casa de Judá de simiente de hombres y ganados.
28 Entonces, del
mismo modo que anduve presto contra ellos para extirpar, destruir, arruinar,
perder y dañar, así andaré respecto a ellos para reconstruir y replantar -
oráculo de Yahveh -.
29 En aquellos
días no dirán más: «Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos
sufren de dentera»;
30 sino que cada
uno por su culpa morirá: quienquiera que coma el agraz tendrá la dentera.
31 He aquí que
días vienen - oráculo de Yahveh - en que yo pactaré con la casa de Israel (y
con la casa de Judá) una nueva alianza;
32 no como la
alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles
de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago en ellos -
oráculo de Yahveh -.
33 Sino que esta
será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días
- oráculo de Yahveh -: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la
escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
34 Ya no tendrán
que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo:
«Conoced a Yahveh», pues todos ellos me conocerán del más chico al más
grande - - oráculo de Yahveh - cuando perdone su culpa, y de su pecado no
vuelva a acordarme.
35 Así dice
Yahveh, el que da el sol para alumbrar el día, y gobierna la luna y las
estrellas para alumbrar la noche, el que agita el mar y hace bramar sus
olas, cuyo nombre es Yahveh Sebaot.
36 Si fallaren
estas normas en mi presencia - oráculo de Yahveh - también la prole de
Israel dejaría de ser una nación en mi presencia a perpetuidad.
37 Así dice
Yahveh: Si fueren medidos los cielos por arriba, y sondeadas las bases de la
tierra por abajo, entonces también yo renegaría de todo el linaje de Israel
por todo cuanto hicieron - oráculo de Yahveh -.
38 He aquí que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que será reconstruida la ciudad de
Yahveh desde la torre de Jananel hasta la Puerta del Angulo;
39 y volverá a
salir la cuerda de medir toda derecha hasta la cuesta de Gareb, y torcerá
hasta Goá,
40 y toda la
hondonada de los Cuerpos Muertos y de la Ceniza, y toda la Campa del Muerto
hasta el torrente Cedrón, hasta la esquina de la Puerta de los Caballos
hacia oriente será sagrado de Yahveh: no volverá a ser destruido ni dado al
anatema nunca jamás.
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh el año diez de Sedecías, rey de Judá
- o sea, el año dieciocho de Nabucodonosor:
2 A la sazón las
fuerzas del rey de Babilonia sitiaban a Jerusalén, mientras el profeta
Jeremías estaba detenido en el patio de la guardia de la casa del rey de
Judá,
3 donde le tenía
detenido Sedecías, rey de Judá, bajo esta acusación: «¿Por qué has
profetizado: Así dice Yahveh: He aquí que yo entrego esta ciudad en manos
del rey de Babilonia, que la tomará,
4 y el rey de
Judá, Sedecías, no escapará de manos de los caldeos, sino que será entregado
sin remisión en manos del rey de Babilonia, con quien hablará boca a boca, y
sus ojos se encontrarán con sus ojos,
5 y a Babilonia
llevará a Sedecías, y allí estará (hasta que yo le visite - oráculo de
Yahveh. ¡Aunque luchéis con los caldeos, no triunfaréis!)»
6 Dijo Jeremías:
He recibido una palabra de Yahveh que dice así:
7 «He aquí que
Janamel, hijo de tu tío Sallum, va a dirigirse a ti diciendo: "Ea, cómprame
el campo de Anatot, porque a ti te toca el derecho de rescate para
comprarlo."»
8 Vino, pues, a
mí Janamel, hijo de mi tío, conforme al dicho de Yahveh, al patio de la
guardia, y me dijo: «Ea, cómprame el campo de Anatot - que cae en territorio
de Benjamín - porque tuyo es el derecho de adquisición y a ti te toca el
rescate. Cómpratelo.» Yo reconocí en aquello la palabra de Yahveh,
9 y compré a
Janamel, hijo de mi tío, el campo que está en Anatot. Le pesé la plata:
diecisiete siclos de plata.
10 Lo apunté en
mi escritura, sellé, aduje testigos y pesé la plata en la balanza.
11 Luego tomé la
escritura de la compra, el documento sellado según ley y la copia abierta,
12 y pasé la
escritura de la compra a Baruc, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, a vista
de mi primo Janamel y de los testigos firmantes en la escritura de la
compra, y a vista de todos los judíos presentes en el patio de la guardia,
13 y a vista de
todos ellos di a Baruc este encargo:
14 Así dice
Yahveh Sebaot el Dios de Israel: Toma estas escrituras: la escritura de
compra, el documento sellado y la copia abierta, y las pones en un cántaro
de arcilla para que duren mucho tiempo.
15 Porque así
dice Yahveh Sebaot el Dios de Israel: «Todavía se comprarán casas y campos y
viñas en esta tierra.»
16 Después de
haber entregado la escritura de propiedad a Baruc, hijo de Neriyías, oré a
Yahveh diciendo:
17 «¡Ay, Señor
Yahveh! He aquí que tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y
tenso brazo: nada es extraordinario para ti,
18 el que hace
merced a millares, que se cobra la culpa de los padres a costa de los hijos
que les suceden, el Dios grande, el Fuerte, cuyo nombre es Yahveh Sebaot,
19 grande en
designios y rico en recursos, que tiene los ojos fijos en la conducta de los
humanos, para dar a cada uno según su conducta y el fruto de sus obras;
20 tú que has
obrado señales y portentos en Egipto, hasta hoy, y en Israel y en la
humanidad entera, y te has hecho un nombre, como hoy se ve;
21 y sacaste a tu
pueblo Israel de Egipto con señales y prodigios y con mano fuerte y tenso
brazo y con gran aparato,
22 y les diste
esta tierra que habías jurado darla a sus padres: tierra que mana leche y
miel.
23 Entraron en
ella y la poseyeron, pero no hicieron caso de tu voz, ni conforme a tus
leyes anduvieron: nada de lo que les mandaste hacer hicieron, y les
conminaste con esta calamidad.
24 He aquí que
los terraplenes llegan a la ciudad para tomarla y la ciudad está ya a merced
de los caldeos que la atacan, por causa de la espada y del hambre y de la
peste; lo que habías dicho, ha sido, y tú mismo lo estás viendo.
25 ¡Precisamente
tú me has dicho, oh Señor Yahveh: "Cómprate el campo y aduce testigos"
cuando la ciudad está entregada a manos de los caldeos!»
26 Entonces me
fue dirigida la palabra de Yahveh como sigue:
27 Mira que yo
soy Yahveh, el Dios de toda carne. ¿Habrá cosa extraordinaria para mi?
28 Pues así dice
Yahveh: He aquí que yo pongo esta ciudad en manos de los caldeos y en manos
de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la tomará,
29 y entrarán los
caldeos que atacan a esta ciudad y le prenderán fuego incendiándola junto
con las casas en cuyos terrados se incensaba a Baal y se libaban libaciones
a otros dioses para provocarme.
30 Porque los
hijos de Israel y los hijos de Judá no han hecho otra cosa sino lo que me
disgusta desde sus mocedades (porque los hijos de Israel no han hecho más
que provocarme con las obras de sus manos - oráculo de Yahveh -).
31 Porque motivo
de mi furor y de mi ira ha sido para mí esta ciudad, desde el día en que la
edificaron hasta hoy, que es como para quitármela de delante,
32 por toda la
maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que, para provocarme,
obraron ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y profetas, el hombre de
Judá y el habitante de Jerusalén,
33 y me volvieron
la espalda, que no la cara. Yo les adoctriné asiduamente, mas ellos no
quisieron aprender la lección,
34 sino que
pusieron sus Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre,
profanándola,
35 y fraguaron
los altos del Baal que hay en el Valle de Ben Hinnom para hacer pasar por el
fuego a sus hijos e hijas en honor del Moloc - lo que no les mandé ni me
pasó por las mientes -, obrando semejante abominación con el fin de hacer
pecar a Judá.
36 Ahora, pues,
en verdad así dice Yahveh, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad que - al
decir de vosotros - está ya a merced del rey de Babilonia por la espada, por
el hambre y por la peste.
37 He aquí que yo
los reúno de todos los países a donde los empujé en mi ira y mi furor y
enojo grande, y les haré volver a este lugar, y les haré vivir en seguridad,
38 serán mi
pueblo, y yo seré su Dios;
39 y les daré
otro corazón y otro camino, de suerte que me teman todos los días para bien
de ellos y de sus hijos después de ellos.
40 Les pactaré
alianza eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y
pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí;
41 me dedicaré a
hacerles bien, y los plantaré en esta tierra firmemente, con todo mi corazón
y con toda mi alma.
42 Porque así
dice Yahveh: Como he traído sobre este pueblo todo este gran perjuicio, así
yo mismo voy a traer sobre ellos todo el beneficio que pronuncio sobre
ellos,
43 y se comprarán
campos en esta tierra de la que decís vosotros que es una desolación, sin
personas ni ganados, y que está a merced de los caldeos;
44 se comprarán
campos con dinero, anotándose en escritura, sellándose y llamando testigos,
en la tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén, en las ciudades de
Judá, en las de la Montaña, en las de la Tierra Baja y en las del Négueb,
pues haré tornar a sus cautivos - oráculo de Yahveh -.
1 De nuevo fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías, que estaba aún detenido en el
patio de la guardia, en estos términos:
2 Así dice
Yahveh, hacedor de la tierra, que la formó para hacerla subsistir, Yahveh es
su nombre:
3 Llámame y te
responderé y mostraré cosas grandes, inaccesibles, que desconocías.
4 Porque así dice
Yahveh, el Dios de Israel, tocante a las casas de esta ciudad y a las de los
reyes de Judá que han sido derruidas. Junto a los terraplenes y a la espada,
5 se traba
combate con los caldeos para llenar la ciudad de cadáveres humanos, a los
que herí en mi ira y mi furor, y por cuya malicia oculté mi rostro de esta
ciudad.
6 He aquí que yo
les aporto su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré una corona
de paz y seguridad.
7 Haré tornar a
los cautivos de Judá y a los cautivos de Israel y los reedificaré como en el
pasado,
8 y los
purificaré de toda culpa que cometieron contra mí, y perdonaré todas las
culpas que cometieron contra mí, y con que me fueron rebeldes.
9 Jerusalén será
para mí un nombre evocador de alegría, será prez y ornato para todas las
naciones de la tierra que oyeren todo el bien que voy a hacerle, y se
asustarán y estremecerán de tanta bondad y de tanta paz como voy a
concederle.
10 Así dice
Yahveh: Aún se oirá en este lugar, del que vosotros decís que está
abandonado, sin personas ni ganados, en todas las ciudades de Judá y en las
calles de Jerusalén desoladas, sin personas ni habitantes ni ganados,
11 voz de gozo y
de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de cuantos traigan
sacrificios de alabanza a la Casa de Yahveh diciendo: «Alabad a Yahveh
Sebaot, porque es bueno Yahveh, porque es eterno su amor», pues haré tomar a
los cautivos del país, y volverán a ser como antes - dice Yahveh -.
12 Así dice
Yahveh Sebaot: Aún habrá en este lugar abandonado de hombres y ganados y en
todas sus ciudades, dehesa de pastores que hagan acostarse a las ovejas:
13 en las
ciudades de la Montaña, y en las de la Tierra Baja, en las del Négueb y en
la tierra de Benjamín y en los contornos de Jerusalén y en las ciudades de
Judá, volverán a pasar ovejas ante la mano del que las cuente - dice Yahveh.
14 Mirad que días
vienen - oráculo de Yahveh - en que confirmaré la buena palabra que dije a
la casa de Israel y a la casa de Judá.
15 En aquellos
días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, y practicará
el derecho y la justicia en la tierra.
16 En aquellos
días estará a salvo Judá, y Jerusalén vivirá en seguro. Y así se la llamará:
«Yahveh, justicia nuestra.»
17 Pues así dice
Yahveh: No le faltará a David quien se siente en el trono de la casa de
Israel;
18 y a los
sacerdotes levíticos no les faltará quien en presencia mía eleve holocaustos
y queme incienso de oblación y haga sacrificio cada día.
19 Fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue:
20 Así dice
Yahveh: Si llegareis a romper mi alianza con el día y con la noche, de
suerte que no sea de día o de noche a su debido tiempo,
21 entonces
también mi alianza romperíais con mi siervo David, de suerte que le falte un
hijo que reine sobre su trono y con los levitas sacerdotes, mis servidores.
22 Así como es
incontable el ejército de los cielos, e incalculable la arena de la mar, así
multiplicaré el linaje de mi siervo David y de los levitas que me sirven.
23 Fue dirigida
la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue:
24 ¿No has visto
qué ha dicho este pueblo?: «Los dos linajes que había elegido Yahveh, los ha
rechazado», y a mi pueblo menosprecian, como que ni lo tienen por nación.
25 Pues bien,
dice Yahveh: Si no he creado el día y la noche, ni las leyes de los cielos y
la tierra he puesto,
26 en ese caso
también rechazaré el linaje de Jacob y de mi siervo David, para no escoger
más de su linaje a quienes imperen sobre el linaje de Abraham, Isaac y
Jacob, cuando yo haga tornar a sus cautivos y les tenga misericordia.
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, mientras Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y todas sus fuerzas y todos los reinos de la tierra sometidos a
su poder y todos los pueblos atacaban a Jerusalén y a todas sus ciudades:
2 Así dice Yahveh
el Dios de Israel: Ve y dices a Sedecías, rey de Judá; le dices: Así dice
Yahveh: «Mira que yo entrego esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y la
incendiará.
3 En cuanto a ti,
no te escaparás de su mano, sino que sin falta serás capturado, y en sus
manos te pondré y tus ojos verán los ojos del rey de Babilonia, y su boca
hablará a tu boca, y a Babilonia irás.
4 Empero, oye una
palabra de Yahveh, oh Sedecías, rey de Judá: Así dice Yahveh respecto a ti:
No morirás por la espada.
5 En paz morirás.
Y como se quemaron perfumes por tus padres, los reyes antepasados que te
precedieron, así los quemarán por ti, y con el «¡ay, señor!» te plañirán,
porque lo digo yo - oráculo de Yahveh -.
6 Y habló el
profeta Jeremías a Sedecías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén,
7 mientras las
fuerzas del rey de Babilonia atacaban a Jerusalén y a todas las ciudades de
Judá que quedaban: a Lakís y Azecá, pues estas dos plazas fuertes habían
quedado de todas las ciudades de Judá.
8 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, después de llegar el rey Sedecías a
un acuerdo con todo el pueblo de Jerusalén, proclamándoles una manumisión,
9 en orden a
dejar cada uno a su siervo o esclava hebreos libres dándoles la libertad de
suerte que ningún judío fuera siervo de su hermano.
10 Todos los
jefes y todo el pueblo que entraba en el acuerdo obedecieron, dejando libres
quién a su siervo, quién a su esclava, dándoles la libertad de modo que no
hubiese entre ellos más esclavos: obedecieron y les dejaron libres.
11 Pero luego
volvieron a apoderarse de los siervos y esclavas que habían manumitido y los
redujeron a servidumbre y esclavitud.
12 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en estos términos:
13 Así dice
Yahveh, el Dios de Israel: yo hice alianza con vuestros padres el día que
los saqué de Egipto, de la casa de servidumbre, diciendo:
14 «Al cabo de
siete años cada uno de vosotros dejará libre al hermano hebreo que se le
hubiera vendido. Te servirá por seis años, y le enviarás libre de junto a
ti.» Pero no me hicieron caso vuestros padres ni aplicaron el oído.
15 Vosotros os
habéis convertido hoy y habéis hecho lo que es recto a mis ojos proclamando
manumisión general, y llegando a un acuerdo en mi presencia, en la Casa que
se llama por mi Nombre;
16 pero os habéis
echado atrás y profanado mi Nombre, os habéis apoderado de vuestros
respectivos siervos y esclavas a quienes habíais manumitido, reduciéndolos
de nuevo a esclavitud.
17 Por tanto, así
dice Yahveh: Vosotros no me habéis hecho caso al proclamar manumisión
general. He aquí que yo proclamo contra vosotros manumisión de la espada, de
la peste y del hambre - oráculo de Yahveh - y os doy por espantajo de todos
los reinos de la tierra.
18 Y a los
individuos que traspasaron mi acuerdo, aquellos que no han hecho válidos los
términos del acuerdo que firmaron en mi presencia, yo los volveré como el
becerro que cortaron en dos y por entre cuyos pedazos pasaron:
19 a los jefes de
Judá, los jefes de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo
de la tierra que han pasado por entre los pedazos del becerro,
20 les pondré en
manos de sus enemigos y de quienes buscan su muerte y sus cadáveres serán
pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra.
21 Y a Sedecías,
rey de Judá, y a sus jefes les pondré en manos de sus enemigos y de quienes
buscan su muerte y del ejército del rey de Babilonia que se ha retirado de
vosotros.
22 Mirad que yo
lo ordeno - oráculo de Yahveh - y les hago volver sobre esta ciudad, y la
atacarán, la tomarán y le darán fuego, y las ciudades de Judá las trocaré en
desolación sin habitantes.
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, en tiempo de Yoyaquim, hijo de
Josías, rey de Judá.
2 «Ve a la casa
de los rekabitas y les hablas. Les llevas a la Casa de Yahveh, a una de las
cámaras, y les escancias vino.»
3 Tomé, pues, a
Yazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabassinías, y a sus hermanos, a todos
sus hijos y a toda la casa de los rekabitas,
4 y les llevé a
la Casa de Yahveh, a la cámara de Ben Yojanán, hijo de Yigdalías, hombre de
Dios, la cual cámara está al lado de la de los jefes, y encima de la de
Maaseías, hijo de Sallum, guarda del umbral,
5 y presentando a
los hijos de la casa de los rekabitas unos jarros llenos de vino y tazas,
les dije: «¡Bebed vino!»
6 Dijeron ellos:
«No bebemos vino, porque nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, nos dio este
mandato: "No beberéis vino ni vosotros ni vuestros hijos nunca jamás,
7 ni edificaréis
casa, ni sembraréis semilla, ni plantaréis viñedo, ni poseeréis nada, sino
que en tiendas pasaréis toda vuestra existencia, para que viváis muchos días
sobre la faz del suelo, donde sois forasteros."
8 Nosotros hemos
obedecido a la voz de nuestro padre Yonadab, hijo de Rekab, en todo cuanto
nos mandó, absteniéndonos de beber vino de por vida, nosotros, nuestras
mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas,
9 y no edificando
casas donde vivir, ni poseyendo viña ni campo de sementera,
10 sino que hemos
vivido en tiendas, obedeciendo y obrando en todo conforme a lo que nos mandó
nuestro padre Yonadab.
11 Pero al subir
Nabucodonosor, rey de Babilonia, contra el país, dijimos: "Venid y entremos
en Jerusalén, para huir de las fuerzas caldeas y de las de Arán", y nos
instalamos en Jerusalén.»
12 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías como sigue:
13 Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Ve y dices a los hombres de Judá y a los
habitantes de Jerusalén: ¿ No aprenderéis la lección que os invita a
escuchar mis palabras? - oráculo de Yahveh -.
14 Se ha cumplido
la palabra de Yonadab, hijo de Rekab, que prohibió a sus hijos beber vino, y
no han bebido hasta la fecha, porque obedecieron la orden de su padre. Yo me
afané en hablaros a vosotros y no me oísteis.
15 Me afané en
enviaros a todos mis siervos los profetas a deciros: Ea, tornad cada uno de
vuestro mal camino, mejorad vuestras acciones y no andéis en pos de otros
dioses para servirles, y os quedaréis en la tierra que os di a vosotros y a
vuestros padres; mas no aplicasteis el oído ni me hicisteis caso.
16 Así, los hijos
de Yonadab, hijo de Rekab, han cumplido el precepto que su padre les impuso,
mientras que este pueblo no me ha hecho caso.
17 Por tanto, así
ha dicho Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo
contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todo el mal que pronuncié
respecto a ellos, por cuanto les hablé y no me oyeron, les llamé y no me
respondieron.
18 A la casa de
los rekabitas dijo Jeremías: «Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Por
cuanto que habéis hecho caso del precepto de vuestro padre Yonadab y habéis
guardado todos esos preceptos y obrado conforme a cuanto os mandó,
19 por lo mismo,
así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: No faltará a Yonadab, hijo de
Rekab, quien siga ante mi faz todos los días.»
1 Aconteció que
en el año cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, fue dirigida esta
palabra a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Tómate un rollo
de escribir, y apuntas en él todas las palabras que te he hablado tocante a
Israel, a Judá y a todas las naciones, desde la fecha en que te vengo
hablando - desde los tiempos de Josías hasta hoy -.
3 A ver si la
casa de Judá se entera de todo el mal que he pensado hacerle, de modo que se
convierta cada uno de su mal camino, y entonces yo perdonaría su culpa y su
pecado.
4 Llamó, pues,
Jeremías a Baruc, hijo de Neriyías, y apuntó Baruc al dictado de Jeremías
todas las palabras que Yahveh le había hablado, en un rollo de escribir.
5 Dio Jeremías a
Baruc estas instrucciones: «Yo estoy detenido; no puedo ir a la Casa de
Yahveh.
6 Así que, vete
tú, y lees en voz alta el rollo en que has apuntado al dictado mío las
palabras de Yahveh, a oídos del público de la Casa de Yahveh el día del
ayuno, y las lees también a oídos de todos los de Judá que vienen de sus
ciudades;
7 a ver si
presentan sus súplicas a Yahveh, y se vuelven cada uno de su mal camino;
porque grande es la ira y el furor que ha expresado Yahveh contra este
pueblo.»
8 Hizo Baruc,
hijo de Neriyías, conforme a todo cuanto le había mandado el profeta
Jeremías, y leyó en el libro las palabras de Yahveh en la Casa de Yahveh.
9 Precisamente en
el año quinto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, el mes noveno, se
proclamaba ayuno general delante de Yahveh, tanto para el pueblo de
Jerusalén como para toda la gente venida de las ciudades de Judá a
Jerusalén.
10 Baruc, pues,
leyó en el libro las palabras de Jeremías en la Casa de Yahveh, en la cámara
de Guemarías, hijo de Safán el escriba, en el patio alto, a la entrada de la
Puerta Nueva de la Casa de Yahveh, a oídos de todo el pueblo.
11 Oye Miqueas,
hijo de Guemarías, hijo de Safán, todas las palabras de Yahveh según el
libro,
12 baja a la casa
del rey, al cuarto del escriba, y se encuentra con que allí estaban todos
los jefes sentados: el escribano Elisamá, Delaías, hijo de Semaías, Elnatán,
hijo de Akbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de Jananías, y todos
los demás jefes.
13 Y Miqueas
declaró todas las palabras que había oído leer a Baruc en el libro a oídos
del pueblo.
14 Entonces todos
los jefes enviaron a Yehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de
Kusí a decir a Baruc: «Toma en tus propias manos el rollo en el que has
leído en voz alta al pueblo y vente.» Baruc, hijo de Neriyías, tomó el rollo
en sus manos y se dirigió adonde ellos.
15 Dícenle: «Ea,
siéntate y ten a bien leérnoslo a nosotros.» Y Baruc se lo leyó.
16 Como oyeron
todas aquellas palabras, se asustaron y dijeron cada cual a su vecino:
«Anunciemos sin falta al rey todas estas palabras.»
17 Y a Baruc le
pidieron: «Explícanos cómo has escrito todas estas palabras.»
18 Díceles Baruc:
«Al dictado. El me recitaba todas estas palabras y yo las iba escribiendo en
el libro con tinta.»
19 Dicen los
jefes a Baruc: «Vete, escondeos tú y Jeremías, y que nadie sepa dónde
estáis.»
20 Y entraron
adonde el rey, a la corte (el rollo lo consignaron en la cámara de Elisamá
el escriba) y anunciaron a oídos del rey todas aquellas palabras.
21 Entonces envió
el rey a Yehudí a apoderarse del rollo, y éste lo tomó del cuarto de Elisamá
el escriba. Y Yehudí lo leyó en voz alta al rey y a todos los jefes que
estaban en pie en torno al rey.
22 El rey estaba
sentado en la casa de invierno, - era en el mes noveno -, con un brasero
delante encendido.
23 Y así que
había leído Yehudí tres hojas o cuatro, él las rasgaba con el cortaplumas
del escriba y las echaba al fuego del brasero, hasta terminar con todo el
rollo en el fuego del brasero.
24 Ni se
asustaron ni se rasgaron los vestidos el rey ni ninguno de sus siervos que
oían todas estas cosas,
25 y por más que
Elnatán, Delaías y Guemarías suplicaron el rey que no quemara el rollo, no
les hizo caso.
26 Luego el rey
ordenó a Yerajmeel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías,
hijo de Abdel, apoderarse del escriba Baruc y del profeta Jeremías, pero
Yahveh los ocultó.
27 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías - tras de haber quemado el rey el
rollo y las cosas que había escrito Baruc al dictado de Jeremías - como
sigue:
28 «Vuelve a
tomar otro rollo y escribe en él todas las cosas que antes había en el
primer rollo que quemó Yoyaquim, rey de Judá.
29 Y a Yoyaquim,
rey de Judá, le dices: Así dice Yahveh: Tú has quemado aquel rollo,
diciendo: "¿Por qué has escrito en él: Vendrá sin falta el rey de Babilonia
y destruirá esta tierra y se llevará cautivos de ella a hombres y bestias?"
30 Por tanto, así
dice Yahveh a propósito de Yoyaquim, rey de Judá: No tendrá quien le suceda
en el trono de David y su propio cadáver yacerá tirado, expuesto al calor
del día y al frío de la noche.
31 Yo pasaré
revista a sus culpas y las de su linaje y sus siervos, y traeré sobre ellos
y sobre todos los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá todo el mal
que les dije, sin que hicieran caso.»
32 Entonces
Jeremías tomó otro rollo, que dio al escriba Baruc, hijo de Neriyías, y éste
escribió al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que había
quemado Yoyaquim, rey de Judá, e incluso se añadió a aquéllas otras muchas
por el estilo.
1 Vino a reinar,
en vez de Konías, hijo de Yoyaquim, el rey Sedecías, hijo de Josías, al que
Nabucodonosor, rey de Babilonia, puso por rey en tierra de Judá,
2 pero tampoco él
ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra, hicieron caso de las palabras que
Yahveh había hablado por medio del profeta Jeremías.
3 El rey Sedecías
envió a Yukal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maaseías,
a decir al profeta Jeremías: «¡Ea! Ruega por nosotros a nuestro Dios
Yahveh.»
4 Y Jeremías iba
y venía en público, pues no le habían encarcelado.
5 Las fuerzas de
Faraón salieron de Egipto, y al oír hablar de ellos los caldeos que sitiaban
a Jerusalén, levantaron el sitio de Jerusalén.
6 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh al profeta Jeremías:
7 Así dice
Yahveh, el Dios de Israel: Así diréis al rey de Judá que os envía a mí, a
consultarme: He aquí que las fuerzas de Faraón que salían en vuestro socorro
se han vuelto a su tierra de Egipto,
8 y volverán los
caldeos que atacan a esta ciudad, la tomarán y la incendiarán.
9 Así dice
Yahveh: No cobréis ánimos diciendo: «Seguro que los caldeos terminarán por
dejarnos y marcharse»; porque no se marcharán,
10 pues aunque
hubieseis derrotado a todas las fuerzas de los caldeos que os atacan y les
quedaren sólo hombres acribillados, se levantarían cada cual en su tienda e
incendiarían esta ciudad.
11 Cuando las
tropas caldeas estaban levantando el sitio de Jerusalén, replegándose ante
las tropas del Faraón, aconteció que
12 Jeremías salía
de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a asistir a un reparto en el
pueblo.
13 Y
encontrándose él en la puerta de Benjamín, donde había un vigilante llamado
Yiriyías, hijo de Selemías, hijo de Jananías, éste prendió al profeta
Jeremías diciendo: «¡Tú te pasas a los caldeos!»
14 Dice Jeremías:
«¡Falso! Yo no me paso a los caldeos.» Pero Yiriyías no le hizo caso, y
poniendo preso a Jeremías, le llevó a los jefes,
15 los cuales se
irritaron contra Jeremías, le dieron de golpes y le encarcelaron en casa del
escriba Jonatán, convertida en prisión.
16 Así que
Jeremías ingresó en el calabozo y en las bóvedas y permaneció allí mucho
tiempo.
17 El rey
Sedecías mandó traerle, y le interrogó en su casa, en secreto: «¿Hay algo de
parte de Yahveh?» Dijo Jeremías: «Lo hay.» Y añadió: «En mano del rey de
Babilonia serás entregado.»
18 Y dijo
Jeremías al rey Sedecías: «¿En qué te he faltado a ti, a tus siervos y a
este pueblo, para que me hayáis puesto en prisión?
19 ¿Pues dónde
están vuestros profetas que os profetizaban: "No vendrá el rey de Babilonia
contra vosotros ni contra esta tierra?
20 Ahora, pues,
oiga el rey mi señor, caiga bien en tu presencia mi petición de gracia y no
me vuelvas a casa del escriba Jonatán, no muera yo allí.»
21 Entonces el
rey Sedecías mandó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia y se
le diese un rosco de pan por día de la calle de los panaderos, hasta que se
acabase todo el pan de la ciudad. Y Jeremías permaneció en el patio de la
guardia.
1 Oyeron
Sefatías, hijo de Mattán, Guedalías, hijo de Pasjur, hijo de Malkiyías, las
palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo:
2 «Así dice
Yahveh: Quien se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de
peste, mas el que se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando.
3 Así dice
Yahveh: Sin remisión será entregada esta ciudad en mano de las tropas del
rey de Babilonia, que la tomará.»
4 Y dijeron
aquellos jefes al rey: «Ea, hágase morir a ese hombre, porque con eso
desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe,
diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien
del pueblo, sino su daño.»
5 Dijo el rey
Sedecías: «Ahí le tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra
vosotros.»
6 Ellos se
apoderaron de Jeremías, y lo echaron a la cisterna de Malkiyías, hijo del
rey, que había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas.
En el pozo no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en el fango.
7 Pero Ebed Mélek
el kusita - un eunuco de la casa del rey - oyó que habían metido a Jeremías
en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de Benjamín.
8 Salió Ebed
Mélek de la casa del rey, y habló al rey en estos términos:
9 «Oh mi señor el
rey, está mal hecho todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta
Jeremías, arrojándole a la cisterna. Total lo mismo se iba a morir de
hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.»
10 Entonces
ordenó el rey a Ebed Mélek el kusita: «Toma tú mismo de aquí treinta
hombres, y subes al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.»
11 Ebed Mélek
tomó consigo a los hombres y entrando en la casa del rey, al vestuario del
tesoro, tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los descolgó por
la cisterna hasta Jeremías.
12 Dijo Ebed
Mélek el kusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas
entre los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías,
13 y halando a
Jeremías con las sogas le subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el
patio de la guardia.
14 Entonces el
rey Sedecías mandó traer al profeta Jeremías a la entrada tercera que había
en la Casa de Yahveh, y dijo el rey a Jeremías: «Yo te pregunto una cosa: no
me ocultes nada.»
15 Dijo Jeremías
a Sedecías: «Si te soy sincero, seguro que me matarás; y aunque te aconseje,
no me escucharás.»
16 El rey
Sedecías juró a Jeremías en secreto: «Por vida de Yahveh, y por la vida que
nos ha dado, que no te haré morir ni te entregaré en manos de estos hombres
que andan buscando tu muerte.»
17 Dijo Jeremías
a Sedecías: «Así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Si sales a
entregarte a los jefes del rey de Babilonia, vivirás tú mismo y esta ciudad
no será incendiada: tanto tú como los tuyos viviréis.
18 Pero si no te
entregas a los jefes del rey de Babilonia, esta ciudad será puesta en manos
de los caldeos e incendiada, y tú no escaparás de sus manos.»
19 Dijo el rey
Sedecías a Jeremías: «Me preocupan los judíos que se han pasado a los
caldeos, no vaya a ser que me entreguen en sus manos, y éstos hagan mofa de
mí.»
20 Pero replicó
Jeremías: «No te entregarán. ¡Ea!, oye la voz de Yahveh en esto que te digo,
que te resultará bien y quedarás con vida.
21 Mas si rehusas
a salir, esto es lo que me ha mostrado Yahveh.
22 Mira que todas
las mujeres que han permanecido en la casa del rey de Judá serán sacadas
adonde los jefes del rey de Babilonia, e irán diciendo: Te empujaron y
pudieron contigo aquellos con quienes te saludabas. Se hundieron en el lodo
tus pies, hiciéronse atrás.
23 Y a todas tus
mujeres y tus hijos irán sacando adonde los caldeos, y tú no escaparás de
ellos, sino que en manos del rey de Babilonia serás puesto, y esta ciudad
será incendiada.»
24 Entonces dijo
Sedecías a Jeremías: «Que nadie sepa nada de esto, y no morirás.
25 Aunque se
enteren los jefes de que he estado hablando contigo, y viniendo a ti te
digan: "Decláranos qué has dicho al rey sin ocultárnoslo, y así no te
mataremos, como también lo que el rey te ha hablado",
26 tú les dirás:
"He pedido al rey la gracia de que no se me devuelva a casa de Jonatán a
morirme allí."»
27 En efecto,
vinieron todos los jefes a Jeremías, le interrogaron, y él les respondió
conforme a lo que queda dicho que le había mandado el rey: y ellos quedaron
satisfechos, porque nada se sabía de lo hablado.
28 Así quedó
Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día en que fue tomada
Jerusalén. Ahora bien, cuando fue tomada Jerusalén...