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1 En el año nueve
de Sedecías, rey de Judá, el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de
Babilonia, con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron.
2 En el año once
de Sedecías, el cuarto mes, el nueve del mes, se abrió una brecha en la
ciudad,
3 y entraron
todos los jefes del rey de Babilonia y se instalaron en la Puerta Central:
Nergal Sareser, Samgar Nebo, Sar Sekim, jefe superior, Nergal Sareser, alto
funcionario y todos los demás jefes del rey de Babilonia.
4 Al verles
Sedecías, rey de Judá, y todos los guerreros, huyeron de la ciudad salieron
de noche camino del parque del rey por la puerta que está entre los dos
muros, y se fueron por el camino de la Arabá.
5 Las tropas
caldeas les persiguieron y dando alcance a Sedecías en los llanos de Jericó,
le prendieron y le subieron a Riblá, en tierra de Jamat, adonde
Nabucodonosor, rey de Babilonia, que lo sometió a juicio.
6 Y el rey de
Babilonia degolló a los hijos de Sedecías en Riblá a la vista de éste; luego
el rey de Babilonia degolló a toda la aristocracia de Judá,
7 y habiendo
cegado los ojos a Sedecías le ató con doble cadena de bronce para llevárselo
a Babilonia.
8 Los caldeos
incendiaron la casa del rey y las casas del pueblo y demolieron los muros de
Jerusalén;
9 cuanto al resto
del pueblo que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado a
él y a los artesanos restantes los deportó Nebuzaradán, jefe de la guardia,
a Babilonia.
10 En cuanto a la
plebe baja, los que no tienen nada, hízoles quedar Nebuzaradán, jefe de la
guardia, en tierra de Judá, y en aquella ocasión les dio viñas y parcelas.
11 Nabucodonosor,
rey de Babilonia, había dado instrucciones a Nebuzaradán, jefe de la
guardia, respecto a Jeremías en este sentido:
12 «Préndele y
tenle a la vista; y no le hagas daño alguno, antes harás con él lo que él
mismo te diga.»
13 Entonces
(Nebuzaradán, jefe de la guardia) Nebusazbán, jefe superior, Nergal Sareser,
oficial superior, y todos los grandes del rey de Babilonia
14 enviaron en
busca de Jeremías, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán,
para que le hiciese salir a casa, y permaneció entre la gente.
15 Estando
Jeremías detenido en el patio de la guardia, le había sido dirigida la
palabra de Yahveh en estos términos:
16 Vete y dices a
Ebed Mélek el kusita: Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mira que yo
hago llegar mis palabras a esta ciudad para su daño, que no para su bien, y
tú serás testigo en aquel día,
17 pero yo te
salvaré a ti aquel día - oráculo de Yahveh - y no serás puesto en manos de
aquellos cuya presencia evitas temeroso,
18 antes bien te
libraré, y no caerás a espada. Saldrás ganando la propia vida, porque
confiaste en mí - oráculo de Yahveh.
1 Palabra
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, luego que Nebuzaradán, jefe de la
guardia, le dejó libre en Ramá, cuando le tomó aparte, estando él esposado
con todos los deportados de Jerusalén y Judá que iban camino de Babilonia.
2 En efecto, el
jefe de la guardia tomó aparte a Jeremías y le dijo: «Tu Dios Yahveh había
predicho esta desgracia a este lugar,
3 y lo ha
cumplido. Yahveh ha hecho conforme había predicho. Y esto os ha sucedido
porque pecasteis contra Yahveh y no oísteis su voz.
4 Ahora bien,
desde hoy te suelto las esposas de tus muñecas. Si te parece bien venirte
conmigo a Babilonia, vente, y yo miraré por ti. Pero si te parece mal
venirte conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, tienes toda la tierra por
delante; adonde mejor y más cómodo te parezca ir, vete.»
5 Aún no había
dado media vuelta cuando le dijo: «Vuelve adonde Godolías, hijo de Ajicam,
hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha encargado de las ciudades de
Judá, y quédate a vivir con él entre esta gente. En suma, vete adonde mejor
te acomode.» Luego el jefe de la guardia le proporcionó algunos víveres y
ayuda de costa y le despidió.
6 Jeremías, por
su parte, vino al lado de Godolías, hijo de Ajicam, a Mispá, y se quedó a
vivir con él entre la población que había quedado en el país.
7 Todos los jefes
de guerrilleros, así como sus hombres, oyeron cómo el rey de Babilonia había
encargado del país a Godolías, hijo de Ajicam, y cómo le había encargado de
los hombres, mujeres, niños y de aquella gente baja de la tierra, que no
habían sido deportados a Babilonia,
8 y fueron donde
Godolías, a Mispá, Ismael, hijo de Netanías, Yojanán y Jonatán, hijo de
Caréaj, Seraías, hijo de Tanjumet, los hijos de Efay el netofita y Yaazanías
de Maaká en compañía de sus hombres.
9 Godolías, hijo
de Ajicam, hijo de Safán, les hizo un juramento a ellos y a sus hombres: «No
temáis ser siervos de los caldeos. Quedaos en el país y servid al rey de
Babilonia, y os irá bien.
10 Por mi parte,
aquí me tenéis establecido en Mispá, para responder a los caldeos que vengan
a nosotros; y vosotros cosechad vino, mieses y aceite, metedlo en vuestras
vasijas, y vivid en las ciudades que hayáis recuperado.»
11 También todos
los judíos que había en Moab, entre los ammonitas, y en Edom, y los que
había en todos los demás países oyeron que había dejado el rey de Babilonia
un resto a Judá y que había encargado de él a Godolías, hijo de Ajicam, hijo
de Safán.
12 Todos estos
judíos regresaron de los distintos lugares adonde se habían refugiado y
venidos al país de Judá, junto a Godolías, a Mispá, cosecharon vino y mieses
en gran abundancia.
13 Entonces
Yojanán, hijo de Caréaj, y todos sus jefes de guerrilleros vinieron adonde
Godolías a Mispá
14 y le dijeron:
«¿Sabes que Baalís, rey de los ammonitas, ha enviado a Ismael, hijo de
Netanías, para asesinarte?» Godolías, hijo de Ajicam, no les dio crédito.
15 Entonces
Yojanán, hijo de Caréaj, dijo a Godolías secretamente en Mispá: «Ea, iré yo
y asestaré el golpe a Ismael, hijo de Netanías, sin que nadie lo sepa. ¿Por
qué tiene que asesinarte él a ti, lo que supondría la desbandada de todo
Judá, apiñado en torno tuyo, y la pérdida del resto de Judá?»
16 Godolías, hijo
de Ajicam, replicó a Yojanán, hijo de Caréaj: «No hagas eso, porque es falso
lo que dices de Ismael.»
1 Pues bien, el
mes séptimo, Ismael, hijo de Netanías, hijo de Elisamá, de linaje real, se
dirigió en compañía de algunos grandes del rey y diez hombres a Godolías,
hijo de Ajicam, a Mispá, y allí en Mispá comieron juntos.
2 Se levantó
Ismael, hijo de Netanías, y los diez que estaban con él, y acuchillaron a
Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y dieron muerte a aquel a quien el
rey de Babilonia había encargado del país.
3 También mató
Ismael a todos los judíos que estaban con él, con Godolías, en Mispá y a los
guerreros caldeos que se hallaban allí.
4 Era al día
siguiente del asesinato de Godolías, y nadie lo sabía.
5 Unos hombres
venían de Siquem de Silo y de Samaría, ochenta entre todos, la barba raída,
harapientos y arañados, portadores de oblaciones e incienso que traían a la
Casa de Yahveh.
6 Salió Ismael,
hijo de Netanías, a su encuentro desde Mispá. Iba llorando mientras
caminaba, y llegando junto a ellos, les dijo: «Venid adonde Godolías, hijo
de Ajicam.»
7 Y así que
hubieron entrado dentro de la ciudad, Ismael, hijo de Netanías, los degolló
con la ayuda de sus hombres, y los echó dentro de una cisterna.
8 Entre aquellos
hombres hubo diez que dijeron a Ismael: «No nos mates, que en el campo
tenemos escondites de trigo, cebada, aceite y miel.» Y no les mató como a
sus hermanos.
9 La cisterna
adonde echó Ismael todos los cadáveres de los hombres que mató, era la
cisterna grande. Es la que hizo el rey Asá para prevenirse contra Basá, rey
de Israel; Ismael, hijo de Netanías, la llenó de asesinados.
10 Luego Ismael
hizo prisioneros a todo el resto del pueblo que quedaba en Mispá, a las
hijas del rey y a todo el pueblo que quedaba en Mispá, que Nebuzaradán, jefe
de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ajicam; y de madrugada
se fue Ismael, hijo de Netanías, a pasarse a los ammonitas.
11 Oyó Yojanán,
hijo de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban, todos
los crímenes que había hecho Ismael, hijo de Netanías.
12 Tomando a
todos sus hombres fueron a luchar con Ismael, hijo de Netanías, al que
encontraron junto a la gran alberca, que está en Gabaón.
13 Apenas toda la
gente que esta con Ismael vio a Yojanán, hijo de Caréaj, y a todos los jefes
de las fuerzas que le acompañaban, se llenaron de gozo,
14 y dando media
vuelta toda aquella gente que Ismael llevaba prisionera de Mispá, regresaron
al lado de Yojanán, hijo de Caréaj,
15 en tanto que
Ismael, hijo de Netanías, se escapaba de Yojanán con ocho hombres, rumbo a
los ammonitas.
16 Yojanán, hijo
de Caréaj, y todos los jefes de las fuerzas que le acompañaban recogieron de
Mispá a todo el resto de la gente que Ismael, hijo de Netanías, había hecho
prisionera después que hubo matado a Godolías, hijo de Ajicam - hombres,
gente de guerra, mujeres, niños y eunucos -, a los cuales hizo volver de
Gabaón.
17 Ellos se
fueron y se instalaron en el Refugio de Kimham, que está al lado de Belén,
para seguir luego hasta Egipto
18 huyendo de los
caldeos, pues les temían por haber matado Ismael, hijo de Netanías, a
Godolías, hijo de Ajicam, a quien el rey de Babilonia había encargado del
país.
1 Entonces se
llegaron todos los jefes de las fuerzas, así como Yojanán, hijo de Caréaj,
Azarías, hijo de Hosaías y el pueblo en masa, del chico al grande,
2 y dijeron al
profeta Jeremías: «Caiga bien nuestra demanda de favor ante ti, y ruega a tu
Dios Yahveh por nosotros, por todo este resto, pues hemos quedado pocos de
muchos que éramos, como tus ojos están viendo,
3 y que nos
indique tu Dios Yahveh el camino por donde hemos de ir y lo que hemos de
hacer.»
4 Díceles el
profeta Jeremías: «De acuerdo: ahora mismo me pongo a rogar a vuestro Dios
Yahveh como decís, y sea cual fuere la respuesta de Yahveh para vosotros, yo
os la declararé sin ocultaros palabra.»
5 Y ellos dijeron
a Jeremías: «Séanos Yahveh testigo veraz y leal, si no obramos conforme a
cualquier mensaje que tu Dios Yahveh te envía para nosotros.
6 Sea grata o sea
ingrata, nosotros oiremos la voz de nuestro Dios Yahveh a quien te enviamos,
por cuanto que bien nos va cuando oímos la voz de nuestro Dios Yahveh.»
7 Pues bien, al
cabo de diez días fue dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías.
8 Este llamó a
Yojanán, hijo de Caréaj, a todos los jefes de las fuerzas que había con él y
al pueblo todo, del chico al grande,
9 y les dijo:
«Así dice Yahveh, el Dios de Israel, a quien me habéis enviado en demanda de
su favor:
10 Si os quedáis
a vivir en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no
os arrancaré, porque me pesa del mal que os he hecho.
11 No temáis al
rey de Babilonia, que tanto os asusta: no temáis nada de él - oráculo de
Yahveh - que con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano.
12 Haré que se os
tenga compasión y él os la tendrá y os devolverá a vuestro suelo.
13 Pero si decís
vosotros: "No nos quedamos en este país", desoyendo así la voz de vuestro
Dios Yahveh,
14 diciendo: "No,
sino que al país de Egipto iremos, donde no veamos guerra, ni oigamos toque
de cuerno, ni tengamos hambre de pan, y allí nos quedaremos";
15 ¡pues bien! en
ese caso, oíd la palabra de Yahveh, oh resto de Judá. Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Si vosotros enderezáis rumbo a Egipto, y entráis
como refugiados allí,
16 entonces la
espada que teméis os alcanzará allí en Egipto, y el hambre que receláis,
allá os irá pisando los talones; y allí, en Egipto mismo, moriréis.
17 Así sucederá
que todos los que enderecen rumbo a Egipto como refugiados morirán por la
espada, por el hambre y por la peste, y no les quedará superviviente ni
evadido del daño que yo traiga sobre ellos.
18 Porque así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Como se vertió mi ira y mi cólera
sobre los habitantes de Jerusalén, así se verterá mi cólera contra vosotros
como entréis en Egipto, y seréis tema de imprecación y asombro, de maldición
y oprobio, y no veréis más este lugar.
19 Ha dicho
Yahveh respecto a vosotros, resto de Judá: "No entréis en Egipto." Podéis
estar seguros que os lo he avisado hoy,
20 que os estáis
engañando a vosotros mismos, pues que vosotros me habéis enviado a vuestro
Dios Yahveh diciendo: "Ruega por nosotros a nuestro Dios Yahveh, y cuanto
diga nuestro Dios Yahveh nos lo declaras, que lo haremos."
21 Yo os lo he
declarado hoy, pero no hacéis caso de vuestro Dios Yahveh en nada de cuanto
me ha enviado a deciros.
22 Ahora, pues,
podéis estar seguros de que por la espada, el hambre y la peste moriréis en
aquel lugar adonde deseáis refugiaros.»
1 Ahora bien, así
que hubo acabado Jeremías de transmitir a todo el pueblo el recado de Yahveh
su Dios, que Yahveh le había dado para ellos,
2 dijo Azarías,
hijo de Hosaías, y también Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los hombres
insolentes se pusieron a decir a Jeremías: «Estás mintiendo. No te ha
encargado nuestro Dios Yahveh decir: "No vayáis a Egipto como refugiados
allí"».
3 Sino que Baruc,
hijo de Neriyías, te azuza contra nosotros con objeto de ponernos en manos
de los caldeos para que nos hagan morir y nos deporten a Babilonia.
4 Además, ni
Yojanán, hijo de Caréaj, ni ninguno de los jefes de las tropas, ni nadie del
pueblo escuchó la voz de Yahveh que mandaba quedarse en tierra de Judá;
5 antes bien,
Yojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas tomaron consigo a
todo el resto de Judá, los que habían regresado, para habitar en tierra de
Judá, de todas las naciones adonde habían sido rechazados:
6 a hombres,
mujeres, niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nebuzaradán, jefe
de la guardia, había dejado en paz con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de
Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Neriyías,
7 y entrando en
la tierra de Egipto, - pues desoyeron la voz de Yahveh -, se adentraron
hasta Tafnis.
8 Entonces fue
dirigida la palabra de Yahveh a Jeremías en Tafnis como sigue:
9 Toma en tus
manos piedras grandes, y las hundes en el cemento de la terraza que hay a la
entrada del palacio de Faraón en Tafnis, a vista de los judíos,
10 y les dices:
Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo mando en busca de
mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y pondrá su sede por encima de
estas piedras que he enterrado, y desplegaré su pabellón sobre ellas.
11 Vendrá y
herirá a Egipto, quien sea para la muerte, a la muerte; quien para el
cautiverio, al cautiverio; quien para la espada, a la espada;
12 y prenderá
fuego a los templos de los dioses de Egipto, los incendiará, y a los dioses
les hará cautivos. Despiojará a Egipto como despioja un pastor su zalea, y
saldrá de allí victorioso.
13 Romperá los
cipos de Bet Semes que hay en Egipto, y los templos de los dioses egipcios
abrasará.
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías con destino a todos los judíos establecidos en
territorio egipcio en Migdol, Tafnis, Nof, y en territorio de Patrós.
2 Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros habéis visto la calamidad que he
acarreado a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, y ahí las tenéis
arruinadas hoy en día, sin que haya en ellas habitante,
3 en vista de la
maldad que hicieron para irritarme, yendo a incensar y servir a otros dioses
desconocidos de ellos, de vosotros y de vuestros padres.
4 Yo me afané por
enviaros a todos mis siervos, los profetas, a deciros: «Ea, no hagáis esta
abominación que detesto.»
5 Mas no oyeron
ni aplicaron el oído para convertirse de su malicia y dejar de incensar a
otros dioses.
6 Derramóse mi
cólera y mi ira y ardió en las ciudades de Judá y en las calles de
Jerusalén, que fueron reducidas a ruinas desoladas, como lo están hoy día.
7 Ahora, pues,
así dice Yahveh, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis tanto
daño a vosotros mismos, hasta borraros a hombre y mujer, niño y lactante de
en medio de Judá sin que os quede resto,
8 irritándome con
las hechuras de vuestras manos, quemando incienso a otros dioses en Egipto,
adonde habéis venido como refugiados, como queriendo acabar de borraros a
vosotros mismos y acabar en tema de maldición y oprobio en todas las
naciones de la tierra?
9 ¿Si será que
habéis olvidado las maldades de vuestros padres y las de los reyes de Judá y
de sus caudillos, y las propias vuestras y las de vuestras mujeres; maldades
que hacían en tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?
10 No se han
compungido hasta la fecha, ni han temido ni andado en la Ley y los preceptos
que propuse a vosotros y a vuestros padres.
11 Por tanto, así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mirad que yo me fijo en vosotros para
mal, y para raer a todo Judá.
12 Echaré mano al
resto de Judá - los que enderezaron rumbo a Egipto, para entrar allí como
refugiados - y serán acabados todos ellos en Egipto, y caerán por la espada,
por el hambre serán acabados. Del chico al grande por la espada y por el
hambre morirán, y serán tema de imprecación y asombro, de maldición y
oprobio.
13 Visitaré a los
que viven en Egipto, lo mismo que visité a Jerusalén: con la espada, el
hambre y la peste,
14 y del resto de
Judá, que, como refugiados vinieron acá a Egipto, no quedará evadido ni
superviviente para volver a tierra de Judá, adonde se prometen volver para
quedarse allí, porque ya no volverán más que algunos huidos.
15 Respondieron a
Jeremías todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a
otros dioses, y todas las mujeres presentes - una gran concurrencia - y todo
el pueblo establecido en territorio egipcio, en Patrós:
16 «En eso que
nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso,
17 sino que
cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a
la Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros
y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y
en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y
ningún mal nos sucedía.
18 En cambio,
desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle
libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados.»
19 «Pues y cuando
nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a
hacerle libaciones, ¿ acaso sin contar con nuestros maridos le hacíamos
pasteles con su efigie derramando libaciones?»
20 Jeremías dijo
a todo el pueblo, a hombres, a mujeres y a todos sus interlocutores:
21 «¿No es aquel
incienso que ofrecíais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén
vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y jefes y el pueblo de la tierra
lo que ha recordado Yahveh y le ha venido a las mientes?
22 ¿Y no pudiendo
Yahveh aguantar más el espectáculo de vuestras malas acciones, de las
abominaciones que habíais hecho, ha venido a ser la tierra vuestra una
ruina, tema de pasmo y maldición y sin habitantes - como lo es hoy día -;
23 y porque
ofrecisteis incienso y pecasteis contra Yahveh y desoísteis la voz de
Yahveh, y no os condujisteis según su Ley, sus preceptos y sus estatutos,
pronunció contra vosotros esta calamidad, como sucede hoy día?»
24 Y dijo
Jeremías a todo el pueblo y a todas las mujeres: «Oíd la palabra de Yahveh -
todo Judá, los que vivís en Egipto -.
25 Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con
vuestras bocas, y con vuestras manos cumplisteis lo dicho: "Sin falta
realizaremos los votos que hicimos de quemar incienso a la Reina de los
Cielos y de hacerle libaciones." Mantened, pues, vosotras vuestros votos y
realizad vuestros votos sin falta.
26 Empero, oíd la
palabra de Yahveh, todo Judá, los que vivís en Egipto. Mirad que yo he
jurado por mi gran Nombre - dice Yahveh - que no será más mi Nombre
pronunciado por boca de ninguno de Judá que diga: "¡Por vida del Señor
Yahveh!" en toda la tierra de Egipto.
27 Mirad que yo
estoy alerta sobre ellos para mal, no para bien, y serán consumidos todos
los de Judá que están en Egipto, por la espada y el hambre hasta su
acabamiento,
28 sólo unos
pocos, escapados de la espada, volverán de Egipto a Judá y sabrá todo el
resto de Judá, los que han venido a Egipto como refugiados aquí, qué palabra
se mantendrá: si la mía o la suya.
29 Y esto será
para vosotros señal - oráculo de Yahveh - de que os visito yo en este lugar,
de suerte que sepáis que han de mantenerse sin falta mis palabras para
desgracia vuestra.
30 Así dice
Yahveh: Mirad que yo entrego al Faraón Jofrá, rey de Egipto, en manos de sus
enemigos y de los que buscan su muerte, como entregué a Sedecías, rey de
Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba
su muerte.»
1 Palabra que
dijo el profeta Jeremías a Baruc, hijo de Neriyías, cuando éste copiaba
estas palabras en un libro al dictado de Jeremías, en el año cuarto de
Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
2 Así dice
Yahveh, el Dios de Israel, respecto a ti, oh Baruc:
3 Tú dijiste:
«¡Ay de mí, que añade Yahveh congoja a mi sufrimiento! Me he agotado en mi
jadeo, pero sosiego no hallé.»
4 Así le dirás:
Esto dice Yahveh: Mira que lo que edifiqué, yo lo derribo, y aquello que
planté, yo lo arranco, esto por toda la tierra.
5 ¡Y tú andas
buscándote grandezas! No las busques porque mira que yo traigo desgracia
sobre toda carne - oráculo de Yahveh - pero a ti te daré la vida salva por
botín a donde quiera que vayas.
1 Lo que fue
dicho por Yahveh al profeta Jeremías sobre las naciones.
2 Para Egipto.
Sobre el ejército del Faraón Nekó, rey de Egipto, que estuvo sobre el río
Eufrates, en Karkemis, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año
cuarto de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá.
3 Ordenad escudo
y pavés, y avanzad a la batalla.
4 Uncid los
caballos y montad, caballeros. Poneos firmes con los cascos, pulid las
lanzas, vestíos las cotas.
5 ¡Pero qué veo!
Ellos se desmoralizan, retroceden, y sus valientes son batidos y huyen a la
desbandada sin dar la cara. Terror por doquier - oráculo de Yahveh -.
6 No huirá el
ligero, ni escapará el valiente: al norte, a la orilla del Eufrates,
tropezaron y cayeron.
7 ¿Quién es ése
que como el Nilo sube, y como los ríos de entrechocantes aguas?
8 Egipto como el
Nilo sube, y como ríos de entrechocantes aguas. Y dice: «Voy a subir, voy a
cubrir la tierra. Haré perecer a la ciudad y a los que viven en ella.
9 Subid,
caballos, y enfureceos, carros, y salgan los valientes de Kus y de Put que
manejan escudo, y los ludios que asestan el arco.»
10 Aquel día será
para el Señor Yahveh, día de venganza para vengarse de sus adversarios.
Devorará la espada y se hartará y se abrevará de su sangre; pues será la
matanza de Yahveh Sebaot en la tierra del norte, cabe el río Eufrates.
11 Sube a Galaad
y recoge bálsamo, virgen, hija de Egipto; en vano menudeas las curas: alivio
no hay para ti.
12 Han oído las
naciones tu deshonra, y tu alarido llenó la tierra, porque valiente contra
valiente tropezaron, a una cayeron entrambos.
13 La palabra que
habló Yahveh al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey
de Babilonia, para atacar a Egipto.
14 Anunciad en
Egipto y hacedlo oír en Migdol, y hacedlo en Nof y en Tafnis. Decid: Tente
tieso y erguido, que ha devorado la espada tus contornos.
15 ¡Cómo es que
ha huido Apis y tu forzudo no se ha sostenido! Es que Yahveh le empujó.
16 Hizo menudear
los tropezones, hasta hacer caer al uno sobre el otro; y decía: «Arriba, y
volvamos a nuestro pueblo y a nuestra patria, ante la espada irresistible.»
17 Llamad a
Faraón, rey de Egipto: «Ruido. - Dejó pasar la ocasión.»
18 ¡Por vida mía!
- oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot - que cual el Tabor entre los
montes, y como el Carmelo sobre el mar ha de venir.
19 Avíos de
destierro haz para ti, población, hija de Egipto, porque Nof parará en
desolación, y quedará arrasada sin habitantes.
20 Novilla
hermosísima era Egipto: un tábano del norte vino sobre ella.
21 Asimismo sus
mercenarios que había en ella eran como novillos de engorde. Pues también
ellos volvieron la cara, huyeron a una, sin pararse, cuando el día de su
infortunio les sobrevino, el tiempo de su castigo.
22 Una voz emite
como de serpiente que silba, mientras en torno suyo andan y con hachas le
acometen, como leñadores.
23 Talaron su
selva - oráculo de Yahveh - porque era impenetrable, pues eran más numerosos
que la langosta, y no se les podía contar.
24 Han puesto en
vergüenza a la hija de Egipto: ha sido entregada al pueblo del norte.
25 Dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo visito a Amón de No, a Faraón y a
Egipto y a sus dioses y reyes, a Faraón y a los que confían en él,
26 y los pongo en
manos de los que buscan su muerte, en manos de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y en manos de sus siervos; tras de lo cual será repoblado como
antaño - oráculo de Yahveh.
27 Pero tú no
temas, siervo mío Jacob, ni desmayes, Israel, pues mira que yo acudo a
salvarte desde lejos y a tu linaje del país de su cautiverio; volverá Jacob,
se sosegará y estará tranquilo, y no habrá quien le inquiete.
28 Tú no temas,
siervo mío Jacob, - oráculo de Yahveh - que contigo estoy yo, pues acabaré
con todas las naciones adonde te empujé, pero contigo no acabaré; aunque sí
te corregiré como conviene, ya que impune no te dejaré.
1 Lo que fue
dicho por Yahveh al profeta Jeremías sobre los filisteos, en vísperas de
batir el Faraón a Gaza.
2 Así dice
Yahveh: He aquí unas aguas que suben del norte y se hacen torrente
inundante, y van a inundar la tierra y lo que la llena, la ciudad y los que
moran en ella; y clamará la gente, y ululará todo morador de la tierra
3 al son del
galopar de los caballos de sus adalides, al ruido de sus carros y al
estrépito de sus ruedas. No se volverán padres a hijos, por el cansancio de
sus brazos,
4 hasta que
llegue el día de asolar a toda Filistea, y de raer a Tiro y a Sidón todo
auxiliar fugado, porque va a asolar Yahveh a Filistea, residuo de la isla de
Kaftor.
5 Llegó la
rapadura a Gaza, muda ha quedado Ascalón; tú, el resto de su valle, ¿hasta
cuándo te arañarás?
6 ¡Ay, espada de
Yahveh! ¿Cómo va a estarse quieta? Recógete a tu vaina, date reposo y calla.
7 ¿Cómo va a
estarse quieta, si Yahveh la mandó? En Ascalón y el litoral marítimo, allá
la citó.
1 Sobre Moab. Así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, porque ha sido saqueada!
Está confusa, ha sido tomada Quiryatáyim. Está confusa la acrópolis y
anonadada.
2 Ya no existe la
prez de Moab. En Jesbón han planeado su ruina: «Vamos y borrémosla de entre
las naciones.» También a ti, Madmén, se te hará callar. La espada te va a la
zaga.
3 Gritos desde
Joronáyim, devastación y quebranto grande.
4 Quebrantada fue
Moab. Hácense oír los gritos de sus pequeños.
5 La cuesta de
Lujit, llorando se la suben, y a la bajada de Joronáyim gritos desgarrados
se oyen.
6 «Huid, poneos
en salvo, haced como el onagro en el desierto.»
7 En réplica a tu
confianza en tus obras y tus tesoros, también tú eres tomada, y sale Kemós
desterrado, sus sacerdotes y jefes a una,
8 Viene el
devastador a todas las ciudades, y ni una ciudad se salva. Y se pierde el
valle, y es asolada la meseta: tal ha dicho Yahveh.
9 Dad alas, a
Moab, porque ha de salir volando, y sus ciudades se volverán desolación sin
nadie que las habite.
10 (Maldito quien
haga el trabajo de Yahveh con dejadez, y maldito el que prive a sus espada
de sangre).
11 Tranquilo
estaba Moab desde su mocedad, y quieto se estaba en sus atalayas. Nunca fue
trasegado, ni al destierro marchó. Por eso le duraba su gusto, y su sabor no
se picó.
12 Empero, he
aquí que días vienen, - oráculo de Yahveh - en que yo le he de enviar
decantadores que lo decanten. Sus vasijas vaciarán, y sus odres reventarán.
13 Se avergonzará
Moab de Kemós, como se avergonzó la casa de Israel de Betel, en el que
confiaba.
14 ¿Cómo decís:
«Valientes somos, y hombres fuertes para la guerra»?
15 Moab está
devastado; han escalado sus ciudades, y la flor de sus mancebos bajaron a la
matanza - oráculo del Rey cuyo nombre es Yahveh Sebaot.
16 El infortunio
de Moab es inminente, y su calamidad se precipita.
17 Lloradle,
todos sus vecinos y todos los que conocen su nombradía. Decid: «¿Cómo ha
sido quebrantada la vara poderosa, el báculo precioso?»
18 Desciende del
honor y siéntate en la tierra seca, población hija de Dibón, porque el
devastador de Moab ha subido contra ti, ha destruido tus fortalezas.
19 En el camino
párate y otea, población de Aroer; pregunta al fugitivo y al escapado; di:
«¿Qué ha sucedido?»
20 Confuso está
Moab porque fue destruido. Ululad y clamad. Anunciad en el Arnón que ha sido
saqueado Moab.
21 Y la sentencia
ha llegado a la meseta, a Jolón, a Yahsá y a Mefaat,
22 a Dibón, a
Nebo y a Bet Diblatáyim,
23 a
Quiryatáyim, a Bet Gamul y a Bet Maón,
24 a Queriyyot, a
Bosrá y a todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las
cercanas.
25 «Se partió el
cuerno de Moab y su brazo se rompió», - oráculo de Yahveh -.
26 Emborrachadle
porque contra Yahveh se engrandeció. Moab se revolcará en su vómito, y
quedará en ridículo él también.
27 Pues qué, ¿no
te pareció a ti ridículo Israel? ¿o quizá entre ladrones fue sorprendido,
que siempre que hablas de él meneas la cabeza?
28 «Dejad las
ciudades y acomodaos en la peña, habitantes de Moab, sed como la paloma
cuando anida en las paredes de las simas...»
29 Hemos oído la
arrogancia de Moab: ¡es muy arrogante!, su orgullo, su arrogancia, su
altanería y la soberbia de su corazón.
30 Conozco -
oráculo de Yahveh - su presunción, y que sus bravatas no son como sus
hechos.
31 Así que, por
Moab ulularé y por Moab entero gritaré; por los hombres de Quir Jeres
suspiraré:
32 Más que se
lloró a Yazer lloraré por ti, ¡oh viña de Sibmá! Tus sarmientos pasaban la
mar, hasta Yazer alcanzaban. Sobre tu cosecha y sobre tu vendimia el
saqueador se abatió,
33 y fue quitada
alegría y alborozo de Carmelo y del país de Moab, y el vino a los trujales
he quitado, no se oye el grito alegre del pisador, ya no se oyen gritos.
34 De tanto
gritar en Jesbón, hasta Elalé, hasta Yahas llegaron las voces desde Soar
hasta Joronáyim, - Eglat Selisiyyá -, porque también las aguas de Nimrim se
han trocado en aridez.
35 Quitaré a Moab
- oráculo de Yahveh - de subirse al alto e incensar a sus dioses.
36 Por eso mi
corazón por Moab como flauta resuena, porque cuanto habían guardado se
perdió,
37 pues toda
cabeza ha sido rapada y toda barba raída: en todas las manos arañazos y en
todos los lomos saco,
38 en todos los
terrados de Moab y por sus calles todo el mundo se lamentaba, porque he
quebrantado a Moab como vaso de desecho - oráculo de Yahveh -.
39 ¡Cómo has sido
destruida! ululad. ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab con vergüenza, y ha
venido a ser Moab la burla y el espanto de todos sus vecinos!
40 Porque así ha
dicho Yahveh: (Ved cómo cual un águila se remonta y extiende sus alas sobre
Moab.)
41 Tomadas fueron
las plazas, y las fortalezas ocupadas. (Vendrá a ser el corazón de los
valientes de Moab en aquel día como corazón de mujer en parto.)
42 Devastado está
Moab que ya no es pueblo, porque contra Yahveh se engrandeció.
43 Pánico, hoya y
trampa contra ti, morador de Moab, - oráculo de Yahveh.
44 El que huya
del pánico, caerá en la hoya y el que suba de la hoya será preso en la
trampa, porque voy a hacer que se llegue a ella, a Moab, el año de su
castigo - oráculo de Yahveh -.
45 A la sombra de
Jesbón se pararon sin fuerza los fugitivos, cuando fuego salió de Jesbón y
llama de la casa de Sijón, y devoró las sienes de Moab y el cráneo de los
hijos del ruido.
46 ¡Ay de ti
Moab! Pereció el pueblo de Kemós, pues han sido tomados sus hijos en
cautiverio y sus hijas en cautividad.
47 Pero yo haré
volverse a los cautivos de Moab en días futuros - oráculo de Yahveh -. Hasta
aquí la sentencia de Moab.
1 A los
ammonitas. Así dice Yahveh: ¿Hijos no tiene Israel? ¿o heredero no tiene?
Entonces ¿por qué ha heredado Milkom a Gad, y su pueblo en las ciudades de
éste habita?
2 Por eso, he
aquí que días vienen - oráculo de Yahveh - en que haré oír a Rabbá de los
ammonitas el clamoreo del combate y ella parará el montículo de ruinas; y
sus hijas serán abrasadas y heredará Israel a los que le heredaron - oráculo
de Yahveh -.
3 Ulula, Jesbón,
porque Ar ha sido devastada. Gritad, hijas de Rabbá, ceñíos de sayal,
lamentaos y discurrid por las cercas. Porque Milkom al destierro va, sus
sacerdotes y sus jefes a una.
4 ¿Por qué te
jactas de tu Valle, criatura independiente, confiada en sus tesoros: «¿Quién
llegará hasta mí?»
5 Mira que yo
traigo sobre ti espanto - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - por todos tus
alrededores, y seréis ahuyentados cada uno por su lado y no habrá quien
reúna a los errantes.
6 (Tras de lo
cual haré volverse a los cautivos, de los ammonitas - oráculo de Yahveh -.)
7 A Edom. Así
dice Yahveh Sebaot: ¿No queda ya sabiduría en Temán? ¿Pereció la prudencia
de los entendidos, se evaporó su sabiduría?
8 Huid, dad media
vuelta, buscad profunda morada, moradores de Dedán, porque el infortunio de
Esaú he traído sobre él, la hora de su visita.
9 Si vinieran a
ti vendimiadores, ¿no dejarían rebuscos? Si ladrones por la noche, dañarían
hasta donde les bastase.
10 Pues bien, yo
he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no puede. Ha
sido aniquilado su linaje, sus hermanos y vecinos, y él mismo no aparece.
11 Deja a tus
huérfanos, yo haré que vivan, y tus viudas en mí confiarán.
12 Pues así dice
Yahveh: Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú
precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin falta la
beberás.
13 Porque por mí
lo he jurado - oráculo de Yahveh - que en desolación se convertirá Bosrá, y
todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas.
14 Una nueva he
oído de parte de Yahveh, un mensajero entre las naciones enviado: «Juntaos y
venid contra él y poneos en pie de guerra.»
15 Porque es
cierto que pequeño te hice yo entre las naciones, despreciable entre los
hombres.
16 El espanto que
infundías te engañó, la soberbia de tu corazón, tú, el que habitas en las
hendiduras de la roca, que ocupas lo alto de la cuesta. Aunque pongas en
alto, como el águila, tu nido, de allí te haré bajar - oráculo de Yahveh -.
17 Edom parará en
desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver todas
sus heridas.
18 Cual la
catástrofe de Sodoma y Gomorra y sus vecinas - dice Yahveh - donde no vive
nadie, ni reside en ellas ser humano.
19 Vedlo como
león que sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un
instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me plazca.
Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el pastor que
aguante en mi presencia?
20 Así pues, oíd
la decisión que Yahveh ha tomado sobre Edom y sus planes sobre los moradores
de Temán. Juro que les han de llevar a rastras las crías de los rebaños, que
asolarán sobre ellos sus pastizales.
21 Al son de su
caída retumbó la tierra y el griterío hasta el mar de las Cañas se dejó oír.
22 Ved cómo cual
un águila sube, se remonta y extiende sus alas sobre Bosrá; y vendrá a ser
el corazón de los valientes de Edom en aquel día como corazón de mujer en
parto.
23 A Damasco.
Avergonzadas están Jamat y Arpad. Porque una noticia mala oyeron, su corazón
tembló de espanto; como el mar que no se puede calmar.
24 Flaqueó
Damasco, dio vuelta para huir y escalofríos la sobrecogieron: apuro y
dolores la acometieron como a parturienta.
25 ¡Cómo! ¿No fue
abandonada la ciudad celebrada, la villa de mi contento?
26 En verdad,
caerán sus jóvenes escogidos en sus plazas, y todos los guerreros perecerán
aquel día - oráculo de Yahveh Sebaot -.
27 Prenderé fuego
a la muralla de Damasco, y consumirá los alcázares de Ben Hadad.
28 A Quedar y a
los reinos de Jasor, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Así dice
Yahveh: Alzaos, subid a Quedar y saquead a los hijos de oriente.
29 Sus tiendas y
rebaños serán tomados; sus toldos y todo su ajuar y sus camellos les serán
arrebatados, y a ellos se les llamará «Terror por doquier».
30 Huid, emigrad
muy lejos, buscad profunda morada, moradores de Jasor - oráculo de Yahveh -
porque ha tomado contra vosotros Nabucodonosor, rey de Babilonia, una
decisión, y ha trazado un plan contra vosotros.
31 Alzaos, subid
contra la nación pacífica que vive confiada - oráculo de Yahveh -. Ni
puertas ni cerrojos tiene. En aislamiento viven.
32 Y serán sus
camellos objeto del pillaje y el tropel de sus ganados para botín, y
esparciré a todo viento a los que se afeitan las sienes, y de todos sus
aledaños traeré su infortunio - oráculo de Yahveh -.
33 Y vendrá a ser
Jasor guarida de chacales, desolación sempiterna, donde no se asienta nadie
y en la que no reside ser humano.
34 Lo que fue
dicho por Yahveh al profeta Jeremías tocante a Elam en el principio del
reinado de Sedecías, rey de Judá.
35 Así dice
Yahveh Sebaot: He aquí que yo rompo el arco de Elam, primicia de su fuerza
36 y voy a traer
sobre Elam los cuatro vientos desde los cuatro cabos de los cielos, y a
ellos les esparciré a todos estos vientos, y no habrá nación a donde no
lleguen los arrojados de Elam.
37 Haré desmayar
a Elam ante sus enemigos y ante los que buscan su muerte y traeré sobre
ellos cosa mala, el ardor de mi ira - oráculo de Yahveh - y soltaré tras
ellos la espada hasta acabarlos.
38 Pondré mi
trono en Elam y haré desaparecer de allí a rey y jefes - oráculo de Yahveh
-.
39 Luego, en días
futuros, haré volver a los cautivos de Elam - oráculo de Yahveh -.
1 La palabra que
habló Yahveh contra Babilonia, contra el país de los caldeos, por medio del
profeta Jeremías.
2 Anunciadlo y
hacedlo oír entre las gentes; levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis;
decid: Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel, desmayó Marduk, están
confusos sus ídolos, (desmayaron sus inmundicias).
3 Porque subió
contra ella una gente del norte, que va a convertir su territorio en
desolación, y no habrá en él habitante. Tanto personas como bestias
emigraron, se fueron.
4 En aquellos
días y en aquella sazón - oráculo de Yahveh - vendrán los hijos de Israel,
(y los hijos de Judá junto con ellos), andando y llorando, en busca de
Yahveh su Dios.
5 De Sión
preguntaron por el camino, allá se dirigen: «Venid y aliémonos a Yahveh con
pacto eterno, inolvidable.»
6 Ovejas perdidas
era mi pueblo. Sus pastores las descarriaron, extraviándolas por los montes.
De monte en collado andaban, olvidaron su aprisco.
7 Cualquiera que
les topaba los devoraba, y sus contrarios decían: «No cometemos ningún
delito, puesto que ellos pecaron contra Yahveh, ¡el pastizal de justicia y
la esperanza de sus padres - Yahveh!»
8 Emigrad de
Babilonia, y del país de los caldeos salid. Sed como los machos cabríos al
frente del rebaño.
9 Porque mirad
que yo hago que despierte y suba contra Babilonia una confederación de
grandes naciones del norte, que se organizarán contra ella. Y por allí será
tomada. Sus saetas, cual de valiente experto, no volverán de vacío.
10 Entonces será
entregada Caldea al saqueo: todos los que la saqueen se hartarán, - oráculo
de Yahveh.
11 Porque os
alegrasteis, porque gozasteis, depredadores de mi heredad, porque dabais
corcovos como novilla en dehesa, y relinchos como animales fuertes.
12 Vergonzosa
está vuestra madre sobremanera, abochornada la que os dio a luz. Es ahora la
última de las naciones: desierto, sequedad y paramera.
13 Por la cólera
de Yahveh no será poblada, mas estará desolada toda ella. Todo el que pase a
la vera de Babilonia quedará atónito, y silbará al ver todas sus heridas.
14 Ordenaos
contra Babilonia en derredor, todos los que asestáis arco; tirad contra
ella, no escatiméis las flechas pues ha pecado contra Yahveh.
15 Dad gritos
contra ella en derredor. Ella tiende su mano. Fallaron sus cimientos, se
derrumbaron sus muros. Era la venganza de Yahveh. Tomad venganza de ella:
Tal cual hizo, haced con ella.
16 Suprimid de
Babilonia al sembrador y al que maneja la hoz al tiempo de la siega. Ante la
espada irresistible, cada uno enfilará hacia su pueblo, cada uno huirá a su
tierra.
17 Rebaño
disperso es Israel: leones lo ahuyentaron. El rey de Asiria lo devoró el
primero, y Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo quebrantó después.
18 Por tanto, así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo visito al rey de
Babilonia y su territorio, lo mismo que visité al rey de Asiria.
19 Y devolveré a
Israel a sus pastizal, y pacerá el Carmelo y el Basán, y en la montaña de
Efraím y Galaad se saciará.
20 En aquellos
días y en aquella sazón - oráculo de Yahveh -, se buscará la culpa de Israel
y no la habrá, y el pecado de Judá y no se hallará, porque seré piadoso con
el resto que yo deje.
21 «Sube a la
tierra de Meratáyim, sube contra ella; y a los habitantes de Pecod pásalos a
espada y dalos al anatema hasta el último - oráculo de Yahveh -: haz en todo
según te lo he mandado.»
22 Ruido de
guerra en el país y quebranto grande.
23 ¡Cómo se
partió y fue quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo vino a ser pasmo
Babilonia entre las naciones!
24 Te puse lazo y
quedaste atrapada, Babilonia, sin darte cuenta; se dio contigo y fuiste
capturada, porque contra Yahveh te sublevaste.
25 Abrió Yahveh
su arsenal y sacó las armas de su ira. Era la tarea del Señor Yahveh Sebaot
en tierra de caldeos.
26 «Venid a ella
desde el confín, abrid sus almacenes. Haced con ellos montones y dadlos al
anatema: no quede de ella reliquia.
27 Acuchillad
todos sus bueyes, bajen a la degollina. ¡Ay de ellos, que llegó su día, la
hora de su castigo!»
28 ¡Voces de
huidos y escapados del país de Babilonia anunciando en Sión la venganza de
Yahveh nuestro Dios, la venganza de su santuario!
29 Haced leva de
flecheros contra Babilonia, todos los que asestáis arco acampad en torno
suyo. Que no se escape nadie. Pagadle lo que vale su trabajo, Tal cual hizo,
haced con ella, porque contra Yahveh se insolentó, contra el Santo de
Israel.
30 En verdad,
caerán sus mancebos escogidos en sus plazas, y todos sus guerreros perecerán
aquel día - oráculo de Yahveh -.
31 Heme aquí
contra ti, «Insolencia», - oráculo del Señor Yahveh Sebaot - porque ha
llegado tu día, la hora en que yo te castigue.
32 Tropezará
«Insolencia» y caerá, sin tener quien la levante. Prenderé fuego a sus
ciudades, y devorará todos sus contornos.
33 Así dice
Yahveh Sebaot: Oprimidos estaban los hijos de Israel y los hijos de Judá a
una. Todos sus cautivadores los retenían, se negaban a soltarlos.
34 Su Redentor
esforzado, Yahveh Sebaot se llama. El tomará la defensa de su causa hasta
hacer temblar la tierra y estremecerse a los habitantes de Babilonia.
35 ¡Espada a los
caldeos - oráculo de Yahveh - y a los habitantes de Babilonia, a sus jefes y
a sus sabios!
36 Espada a sus
adivinos, y quedarán por necios. Espada a sus valientes, y desmayarán.
37 Espada a sus
caballos y a sus carros, a toda la mezcolanza de gentes que hay dentro de
ella, y serán como mujeres. Espada a sus tesoros y serán saqueados.
38 ¡Sequía a sus
aguas y se secarán; porque tierra de ídolos es aquélla, y por sus Espantos
pierden la cabeza!
39 Por eso
vivirán las hienas con los chacales y vivirán en ella las avestruces, y no
será habitada nunca jamás ni será poblada por siglos y siglos.
40 Como en la
catástrofe causada por Dios a Sodoma, Gomorra y sus vecinas - oráculo de
Yahveh - donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano.
41 Mirad que un
pueblo viene del norte, una gran nación, y muchos reyes se despiertan de los
confines de la tierra.
42 Arco y lanza
blanden, crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo
van montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti, hija
de Babel.
43 Oyó el rey de
Babilonia nuevas de ellos y flaquean sus manos. Angustia le asaltó, dolor
como de parturienta.
44 Vedlo como
león que sube del boscaje del Jordán hacia el pastizal perenne, cuando en un
instante le haré salir huyendo de allí, para colocar allí a quien me plazca.
Porque ¿quién como yo, y quién me emplazará, y quién es el pastor que
aguante en mi presencia?
45 Así pues, oíd
la decisión que Yahveh ha tomado sobre Babilonia y sus planes sobre el país
de los caldeos. Juro que les han de llevar a rastras las crías de los
rebaños, que asolarán sobre ellos sus pastizales.
46 Al son de la
conquista de Babilonia retumbó la tierra, y el griterío de las naciones se
dejó oír.
1 Así dice
Yahveh: Mirad que yo despierto contra Babilonia y los habitantes de Leb
Camay un viento destructor.
2 Enviaré a
Babilonia beldadores que la bielden y dejen vacío su territorio, porque se
la acosará por todas partes el día aciago.
3 El arquero que
no aseste su arco, ni se jacte de su cota. No tengáis piedad para sus
jóvenes escogidos: dad al anatema todo su ejército.
4 Caerán heridos
en tierra de Caldea, y traspasados en sus calles.
5 Pero no ha
enviudado Israel ni Judá de su Dios, de Yahveh Sebaot. Sus tierras estaban
llenas de delitos contra el Santo de Israel.
6 Huid del
interior de Babilonia, (y salvad cada cual vuestra vida), no perezcáis por
su culpa, pues es hora de venganza para Yahveh: le está pagando su merecido.
7 Copa de oro era
Babilonia en la mano de Yahveh, que embriagaba toda la tierra. De su vino
bebieron las naciones, lo que las hizo enloquecer.
8 De pronto cayó
Babilonia y se rompió. Ululad por ella, tomad bálsamo para su sufrimiento, a
ver si sana.
9 Hemos curado a
Babilonia, pero no ha sanado, dejadla y vayamos, cada cual a su tierra,
porque ha llegado a los cielos el juicio contra ella, se ha elevado hasta
las nubes.
10 Yahveh hizo
patente nuestra justicia; venid y cantemos en Sión las obras de Yahveh
nuestro Dios.
11 Aguzad las
saetas, llenad las aljabas. Ha despertado Yahveh el espíritu de los reyes de
Media, porque sobre Babilonia está su designio de destruirla, porque esta
será la venganza de Yahveh, la venganza de su santuario.
12 Sobre las
murallas de Babilonia izad bandera, reforzad la guardia, apostad centinelas,
preparad celadas; que también Yahveh ha tomado un acuerdo, también él va a
cumplir lo que dijo sobre los habitantes de Babilonia.
13 Tú, la que
estás instalada sobre ingentes aguas, la de ingentes tesoros, llegó tu fin,
el término de tus ganancias.
14 Lo ha jurado
Yahveh Sebaot por sí mismo: Yo he de colmarte de hombres como de langostas,
y entonarán contra ti el cantar de los lagareros.
15 El es quien
hizo la tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con
su inteligencia expandió los cielos.
16 Cuando da
voces, hay estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el
extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento
de sus depósitos.
17 Todo hombre es
torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus
estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
18 Vanidad son,
cosa ridícula; al tiempo de su visita perecerán.
19 No es así la
«Parte de Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuy heredero
es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre.
20 Un martillo
eras tú para mí, un arma de guerra: contigo machaqué naciones, contigo
destruí reinos,
21 contigo
machaqué caballo y caballero, contigo machaqué el carro y a quien lo monta.
22 contigo
machaqué a hombre y mujer, contigo machaqué al viejo y al muchacho, contigo
machaqué al joven y a la doncella,
23 contigo
machaqué al pastor y su hato, contigo machaqué al labrador y su yunta,
contigo machaqué a gobernadores y magistrados.
24 Y haré que
Babilonia y todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que
hicieron en Sión, delante de vuestros ojos - oráculo de Yahveh -.
25 Heme aquí en
contra tuya, montaña destructora - oráculo de Yahveh -, destructora toda la
tierra. Voy a echarte mano y a hacerte rodar desde las peñas, y a
convertirte en montaña quemada.
26 No tomarán de
ti piedra angular ni piedra de cimientos, porque desolación por siempre
serás - oráculo de Yahveh -.
27 Alzad bandera
en la tierra, tocad cuerno en las naciones. Haced leva santa contra ella en
las naciones, citad contra ella a los reinos. de Ararat, Minní y Askenaz,
estableced contra ella reclutador, haced que ataque la caballería cual
langosta.
28 Haced leva
santa contra ella en las naciones, los reyes de Media, sus gobernadores y
todos sus magistrados y todo el país de su dominio.
29 Y retiembla la
tierra, y da vueltas, por haberse cumplido contra Babilonia los planes de
Yahveh, de convertir la tierra de Babel en desolación sin habitantes.
30 Cesaron de
guerrear los valientes de Babilonia, se han quedado en las fortalezas.
Agotóse su bravura, se volvieron mujeres; quemaron sus aposentos, se
rompieron sus barras.
31 Correo al
alcance de correo corre, e informador al alcance de informador, para
informar al rey de Babilonia que ha sido tomada su ciudad de cabo a cabo,
32 y sus vados
fueron ocupados y los cañaverales incendiados, y los guerreros se
atemorizaron.
33 Porque así
dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: La hija de Babel es como era al
tiempo de apisonarla; un poco más, y le habrá llegado el tiempo de la siega.
34 Me comió, me
arrebañó el rey de Babilonia, me dejó como cacharro vacío, me tragó como un
dragón, llenó su vientre con mis buenos trozos, me expulsó.
35 «Mi atropello
y mis sufrimientos sobre Babilonia», dirá la población de Sión; y «mi sangre
sobre los habitantes de Caldea», dirá Jerusalén.
36 Por tanto, así
dice Yahveh: Heme aquí, que defiendo tu causa y vengo tu venganza, y deseco
el mar de el y dejo enjuto su hontanar,
37 y vendrá a ser
Babilonia montón de piedras, guarida de chacales, tema de pasmo y rechifla,
sin ningún habitante.
38 A una cual
leones rugen, gruñen como cachorros de leonas.
39 En teniendo
ellos calor les serviré su bebida y les embriagaré de modo que se alegren, y
dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo de Yahveh -.
40 Les haré bajar
como corderos al matadero, como carneros y machos cabríos.
41 ¡Cómo fue
tomada Sesac, y ocupada la prez de toda la tierra! ¡Cómo vino a ser pasmo
Babilonia entre las naciones!
42 Subió contra
Babilonia el mar, por el tropel de sus olas quedó cubierta.
43 Vinieron a
quedar sus ciudades devastadas, tierra reseca y yerma, no vive en ellas
nadie, ni discurre por ellas ser humano.
44 Visitaré a Bel
en Babilonia, y le sacaré su bocado de la boca, y no afluirán a él ya más
las naciones. Hasta la muralla de Babilonia ha caído.
45 Salid de en
medio de ella, pueblo mío, que cada cual salve su vida del ardor de la ira
de Yahveh.
46 Y que no se
marchite vuestro corazón y tengáis miedo por el rumor que se oirá en la
tierra. Cierto correrá un año tal rumor, y luego al año siguiente, otro
distinto: violencia en la tierra, y domeñador sobre domeñador.
47 Pues bien,
mirad que vienen días en que visitaré a los ídolos de Babilonia, y todo su
territorio se abochornará, y todos sus heridos caerán en medio de ella.
48 Y harán corro
contra Babilonia cielos y tierra y todo cuanto hay en ellos, cuando del
norte lleguen los devastadores - oráculo de Yahveh -.
49 También
Babilonia caerá, oh heridos de Israel. También por Babilonia cayeron los
heridos de toda la tierra.
50 Escapados de
la espada, andad, no os paréis, recordad desde lejos a Yahveh, y que
Jerusalén os venga en mientes.
51 - «Quedamos
abochornados al oír tal afrenta; cubrió la vergüenza nuestros rostros.
¡Habían penetrado extranjeros hasta los santuarios de la Casa de Yahveh!»
52 - Pues bien,
mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que visitaré a sus ídolos, y
en todo su territorio se quejarán los heridos.
53 Aunque suba
Babilonia a los cielos y encastille en lo alto su poder, de mi parte
llegarán saqueadores hasta ella - oráculo de Yahveh -.
54 Suenan gritos
de socorro desde Babilonia, y un fragor desde Caldea.
55 Es que devasta
Yahveh a Babilonia, apaga de ella el gran ruido, y mugen sus olas como las
de alta mar, cuyo son es estruendoso.
56 Es que viene
sobre ella, sobre Babilonia el devastador, van a ser apresados sus
valientes, se han aflojado sus arcos. Porque Dios retribuidor es Yahveh:
cierto pagará.
57 Yo embriagaré
a sus jefes y a sus sabios, a sus gobernadores y a sus magistrados y a sus
valientes, y dormirán un sueño eterno y no se despertarán - oráculo del Rey
cuyo nombre es Yahveh Sebaot -.
58 Así dice
Yahveh Sebaot: Aquella ancha muralla de Babilonia ha de ser socavada, y
aquellas sus altas puertas con fuego han de ser quemadas, y se habrán
fatigado pueblos para nada, y naciones para el fuego se habrán cansado.
59 Orden que dio
el profeta Jeremías a Seraías, hijo de Neriyías, hijo de Majseías, al partir
éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año cuarto de su
reinado, siendo Seraías jefe de etapas.
60 Escribió,
pues, Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro -
todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia -
61 y dijo
Jeremías a Seraías: «En llegando tú a Babilonia, mira de leer en voz alta
todas estas palabras,
62 y dirás:
"Yahveh, tú has hablado respecto a este lugar, de destruirlo sin que haya en
él habitante, ya sea persona o animal, sino que soledad por siempre será."
63 Luego, en
acabando tú de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arroja
al Eufrates,
64 y dices: "Así
se hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer
sobre ella."» Hasta aquí las palabras de Jeremías.
1 Veintiún años
tenía Sedecías cuando comenzó a reinar y reinó once años en Jerusalén; el
nombre de su madre era Jamital, hija de Jeremías, de Libná.
2 Hizo el mal a
los ojos de Yahveh, enteramente como había hecho Yoyaquim.
3 Esto sucedió a
causa de la cólera de Yahveh contra Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó
de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.
4 En el año
noveno de su reinado, en el mes décimo, el diez del mes, vino Nabucodonosor,
rey de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén, acampó contra
ella, y la cercaron con una empalizada.
5 La ciudad
estuvo sitiada hasta el año once del rey Sedecías.
6 El mes cuarto,
el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para
la gente del pueblo,
7 se abrió una
brecha en la ciudad y al verlo el rey y todos los guerreros, huyeron de la
ciudad saliendo de noche, por el camino de la puerta que está entre los dos
muros que dan al jardín del rey, mientras los caldeos estaban alrededor de
la ciudad, y se fueron por el camino de la Arabá.
8 Las tropas
caldeas persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance en los llanos de
Jericó; entonces todo el ejército se dispersó de su lado.
9 Capturaron al
rey y lo subieron a Riblá, en la tierra de Jamat, donde el rey de Babilonia,
que le sometió a juicio.
10 Los hijos de
Sedecías fueron degollados a su vista, y lo mismo a todos los jefes de Judá
degolló en Riblá.
11 A Sedecías le
sacó los ojos, lo encadenó con cadenas de bronce, y el rey de Babilonia lo
llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el día de su muerte.
12 En el mes
quinto, el diez del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la guardia, uno de los que servían ante el
rey de Babilonia, vino a Jerusalén.
13 Incendió la
Casa de Yahveh y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén.
14 Todas las
tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas
que rodeaban a Jerusalén.
15 Cuanto (a una
parte de los pobres del país) al resto del pueblo que quedaba en la ciudad,
los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y el resto de los
artesanos, Nebuzaradán, jefe de la guardia, los deportó,
16 Nebuzaradán el
jefe de la guardia, dejó algunos de entre la gente pobre como viñadores y
labradores.
17 Los caldeos
rompieron las columnas de bronce que había en la Casa de Yahveh, las basas,
el Mar de bronce de la Casa de Yahveh, y se llevaron todo el bronce a
Babilonia.
18 Tomaron
también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, los acetres, las cucharas
y todos los utensilios de bronce de que se servían.
19 El jefe de la
guardia tomó las vasijas, los incensarios y los aspersorios, los ceniceros,
los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto había de oro y plata.
20 Cuanto a las
dos columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que estaban bajo el Mar y
las basas que Salomón había hecho para la Casa de Yahveh, no se pudo
calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos.
21 La altura de
una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía su
perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por dentro,
22 y encima tenía
un capitel de bronce; la altura del capitel era de cinco codos; había un
trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo para la
segunda columna.
23 Había noventa
y seis granadas que pendían a los lados. En total había cien granadas
rodeando el trenzado.
24 El jefe de la
guardia tomó preso a Seraías, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo
sacerdote, y a los tres encargados del umbral.
25 Tomó a un
eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, siete
hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al
secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de
la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad.
26 Nebuzaradán,
jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia,
27 y el rey de
Babilonia los hirió haciéndoles morir en Riblá, en el país de Jamat. Así fue
deportado Judá, lejos de su tierra.
28 Este es el
número de los deportados por Nabucodonosor. El año séptimo: 3.023 de Judá;
29 el año
dieciocho de Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén 832 personas;
30 el año
veintitrés de Nabucodonosor, Nebuzaradán, jefe de la guardia, deportó a 745
de Judá. En total: 4.600 personas.
31 En el año
treinta y seis de la deportación de Joaquín, rey de Judá, en el mes doce, el
veinticinco del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo gracia en el año
en que comenzó a reinar, a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel.
32 Le habló con
benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que
estaban con él en Babilonia.
33 Joaquín se
quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los
días de su vida.
34 Le fue dado
constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras día,
hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.