1 Palabras de
Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de
Benjamín,
2 a quien fue
dirigida la palabra de Yahveh en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de
Judá, en el año trece de su reinado,
3 y después en
tiempo de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año
undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, o sea, hasta la
deportación de Jerusalén en el mes quinto.
4 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
5 Antes de
haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te
tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.
6 Yo dije: «¡Ah,
Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.»
7 Y me dijo
Yahveh: No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás,
y todo lo que te mande dirás.
8 No les tengas
miedo, que contigo estoy yo para salvarte - oráculo de Yahveh -.
9 Entonces alargó
Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh: Mira que he puesto mis
palabras en tu boca.
10 Desde hoy
mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y
destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar.
11 Entonces me
fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo,
Jeremías?» «Una rama de almendro estoy viendo.»
12 Y me dijo
Yahveh: «Bien has visto. Pues así soy yo, velador de mi palabra para
cumplirla.»
13 Nuevamente me
fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo?»
«Un puchero hirviendo estoy viendo, que se vuelca de norte a sur.»
14 Y me dijo
Yahveh: «Es que desde el norte se iniciará el desastre sobre todos los
moradores de esta tierra.
15 Porque en
seguida llamo yo a todas las familias reinos del norte - oráculo de Yahveh -
y vendrán a instalarse a las mismas puertas de Jerusalén, y frente a todas
sus murallas en torno, y contra todas las ciudades de Judá,
16 a las que yo
sentenciaré por toda su malicia: por haberme dejado a mí para ofrecer
incienso a otros dioses, y adorar la obra de sus propias manos.
17 Por tu parte,
te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No
desmayes ante ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos;
18 pues, por mi
parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en
muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de
Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la
guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh -
para salvarte.»
1 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
2 Ve y grita a
los oídos de Jerusalén: Así dice Yahveh: De ti recuerdo tu cariño juvenil,
el amor de tu noviazgo; aquel seguirme tú por el desierto, por la tierra no
sembrada.
3 Consagrado a
Yahveh estaba Israel, primicias de su cosecha. «Quienquiera que lo coma,
será reo; mal le sucederá» - oráculo de Yahveh -.
4 Oíd la palabra
de Yahveh, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.
5 Así dice
Yahveh: ¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido, que se alejaron
de mi vera, y yendo en pos de la Vanidad se hicieron vanos?
6 En cambio no
dijeron: «¿Dónde está Yahveh, que nos subió de la tierra de Egipto, que nos
llevó por el desierto, por la estepa y la paramera, por tierra seca y
sombría, tierra por donde nadie pasa y en donde nadie se asienta?»
7 Luego os traje
a la tierra del vergel, para comer su fruto y su bien. Llegasteis y
ensuciasteis mi tierra, y pusisteis mi heredad asquerosa.
8 Los sacerdotes
no decían: «¿Dónde está Yahveh?»; ni los peritos de la Ley me conocían; y
los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaban por Baal, y
en pos de los Inútiles andaban.
9 Por eso,
continuaré litigando con vosotros - oráculo de Yahveh - y hasta con los
hijos de vuestros hijos litigaré.
10 Porque, en
efecto, pasad a las islas de los Kittim y ved, enviad a Quedar quien
investigue a fondo, pensadlo bien y ved si aconteció cosa tal:
11 si las gentes
cambiaron de dioses - ¡aunque aquéllos no son dioses! -. Pues mi pueblo ha
trocado su Gloria por el Inútil.
12 Pasmaos,
cielos, de ello, erizaos y cobrad gran espanto - oráculo de Yahveh -.
13 Doble mal ha
hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse
cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen.
14 ¿Es un esclavo
Israel, o nació siervo? Pues ¿cómo es que ha servido de botín?
15 Contra él
rugieron leoncillos, dieron voces y dejaron su país hecho una desolación,
sus ciudades incendiadas, sin habitantes.
16 Hasta los
hijos de Nof y de Tafnis te han rapado el cráneo.
17 ¿No te ha
sucedido esto por haber dejado a Yahveh tu Dios cuando te guiaba en tu
camino?
18 Y entonces,
¿qué cuenta te tiene encaminarte a Egipto para beber las aguas del Nilo?, o
¿qué cuenta te tiene encaminarte a Asur para beber las aguas del Río?
19 Que te enseñe
tu propio daño, que tus apostasías te escarmienten; reconoce y ve lo malo y
amargo que te resulta el dejar a Yahveh tu Dios y no temblar ante mí -
oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.
20 Oh tú, que
rompiste desde siempre el yugo y, sacudiendo las coyundas, decías: «¡No
serviré!», tú, que sobre todo otero prominente y bajo todo árbol frondoso
estabas yaciendo, prostituta.
21 Yo te había
plantado de la cepa selecta, toda entera de simiente legítima. Pues ¿cómo te
has mudado en sarmiento de vid bastarda?
22 Porque, así te
blanquees con salitre y te des cantidad de lejía, se te nota la culpa en mi
presencia - oráculo del Señor Yahveh -.
23 Cómo dices:
«No estoy manchada; en pos de los Baales no anduve?» ¡Mira tu rastro en el
Valle! Reconoce lo que has hecho, camellita liviana que trenza sus
derroteros,
24 irrumpe en el
desierto y en puro celo se bebe los vientos: su estro, ¿quién lo calmará?
Cualquiera que la busca la topa, ¡bien acompañada la encuentra!
25 Guarda tu pie
de la descalcez y tu garganta de la sed. Pero tú dices: «No hay remedio: a
mí me gustan los extranjeros, y tras ellos he de ir.»
26 Cual se
avergüenza el ladrón cuando es sorprendido, así se ha avergonzado la casa de
Israel: ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas,
27 los que dicen
al madero: «Mi padre eres tú», y a la piedra: «Tú me diste a luz.» Tras de
volverme la espalda, que no la cara, al tiempo de su mal dice: «¡Levántate y
sálvanos!»
28 Pues ¿dónde
están tus dioses, los que tú mismo te hiciste? ¡Que se levanten ellos, a ver
si te salvan en tiempo de desgracia! Pues cuantas son tus ciudades, otros
tantos son tus dioses, Judá; (y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros
tantos altares hay de Baal).
29 ¿Por qué os
querelláis conmigo, si todos vosotros os habéis rebelado contra mí? -
oráculo de Yahveh -.
30 En vano golpeé
a vuestros hijos, pues no aprendieron. Ha devorado vuestra espada a vuestos
profetas, como el león cuando estraga.
31 ¡Vaya
generación la vuestra!; atended a la palabra de Yahveh: ¿Fui yo un desierto
para Israel o una tierra malhadada? ¿Por qué, entonces, dice mi pueblo:
«¡Bajemos! No vendremos más a ti.»?
32 ¿Se olvida la
doncella de su aderezo, la novia de su cinta? Pues mi pueblo sí que me ha
olvidado días sin número.
33 ¡Qué hermoso
te parece tu camino en busca del amor! A la verdad, hasta con maldades
aprendiste tus caminos.
34 En tus mismas
haldas se encontraban manchas de sangre de las almas de pobres inocentes: no
los sorprendiste en escalo. Y con todo eso,
35 dices: «Soy
inocente; basta ya de ira contra mí.» Pues bien, aquí me tienes para
discutir contigo eso que has dicho: «No he pecado.»
36 ¡Cuánta
ligereza la tuya para cambiar de dirección! También de Egipto te
avergonzarás como te avergonzaste de Asur.
37 También de
ésta saldrás con las manos en la cabeza. Porque Yahveh ha rechazado aquello
en que confías, y no saldrás bien de ello.
1 «Supongamos que
despide un marido a su mujer; ella se va de su lado y es de otro hombre:
¿podrá volver a él? ¿no sería como una tierra manchada?» Pues bien, tú has
fornicado con muchos compañeros, ¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahveh
-.
2 Alza los ojos a
los calveros y mira: ¿en dónde no fuiste gozada? A la vera de los caminos te
sentabas para ellos, como el árabe en el desierto, y manchaste la tierra con
tus fornicaciones y malicia.
3 Se suspendieron
las lloviznas de otoño, y faltó lluvia tardía; pero tú tenías rostro de
mujer descarada, rehusaste avergonzarte.
4 ¿Es que
entonces mismo no me llamabas: «Padre mío; el amigo de mi juventud eres tú?;
5 ¿tendrá rencor
para siempre?, ¿lo guardará hasta el fin?» Ahí tienes cómo has hablado; las
maldades que hiciste las has colmado.
6 Yahveh me dijo
en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata?
Andaba ella sobre cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso,
fornicando allí.
7 En vista de lo
que había hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana
Judá, la pérfida;
8 vio que a causa
de todas las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido
dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida,
sino que fue y fornicó también ella,
9 tanto que por
su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el
leño.
10 A pesar de
todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino
engañosamente - oráculo de Yahveh.
11 Y me dijo
Yahveh: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la
pérfida.
12 Anda y pregona
estas palabras al Norte y di: Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahveh
-; no estará airado mi semblante contra vosotros, porque piadoso soy -
oráculo de Yahveh - no guardo rencor para siempre.
13 Tan sólo
reconoce tu culpa, pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste, frecuentaste a
extranjeros bajo todo árbol frondoso, y mi voz no oísteis - oráculo de
Yahveh -.
14 Volved, hijos
apóstatas - oráculo de Yahveh - porque yo soy vuestro Señor. Os iré
recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os
traeré a Sión.
15 Os pondré
pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia.
16 Y luego,
cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo
de Yahveh - no se hablará más del arca de la alianza de Yahveh, no vendrá en
mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.
17 En aquel
tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahveh» y se incorporarán a ella todas
las naciones en el nombre de Yahveh, en Jerusalén, sin seguir más la dureza
de sus perversos corazones.
18 En aquellos
días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde
tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.
19 Yo había
dicho: «Sí, te tendré como a un hijo y te daré una tierra espléndida, flor
de las heredades de las naciones.» Y añadí: «Padre me llamaréis y de mi
seguimiento no os volveréis.»
20 Pues bien,
como engaña una mujer a su compañero, así me ha engañado la casa de Israel,
oráculo de Yahveh.
21 Voces sobre
los calveros se oían: rogativas llorosas de los hijos de Israel, porque
torcieron su camino, olvidaron a su Dios Yahveh.
22 - Volved,
hijos apóstatas; yo remediaré vuestras apostasías. - Aquí nos tienes de
vuelta a ti, porque tú, Yahveh, eres nuestro Dios.
23 ¡Luego eran
mentira los altos, la barahúnda de los montes! ¡Luego por Yahveh, nuestro
Dios, se salva Israel!
24 La Vergüenza
se comió la laceria de nuestros padres desde nuestra mocedad: sus ovejas y
vacas, sus hijos e hijas.
25 Acostémonos en
nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra propia confusión, ya que contra
Yahveh nuestro Dios hemos pecado nosotros como nuestros padres desde nuestra
mocedad hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahveh nuestro Dios.
1 ¡Si volvieras,
Israel!, oráculo de Yahveh, ¡si a mí volvieras!, si quitaras tus Monstruos
abominables, y de mí no huyeras!
2 Jurarías: «¡Por
vida de Yahveh!» con verdad, con derecho y con justicia, y se bendecirían
por él las naciones, y por él se alabarían.
3 Porque así dice
Yahveh al hombre de Judá y a Jerusalén: - Cultivad el barbecho y no sembréis
sobre cardos.
4 Circuncidaos
para Yahveh y extirpad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá
y habitantes de Jerusalén; no sea que brote como fuego mi saña, y arda y no
haya quien la apague, en vista de vuestras perversas acciones.
5 Avisad en Judá
y que se oiga en Jerusalén. Tañed el cuerno por el país, pregonad a voz en
grito: ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes!
6 ¡Izad bandera
hacia Sión! ¡Escapad, no os paréis! Porque yo traigo una calamidad del norte
y un quebranto grande.
7 Se ha levantado
el león de su cubil, y el devorador de naciones se ha puesto en marcha:
salió de su lugar para dejar la tierra desolada. Tus ciudades quedarán
arrasadas, sin habitantes.
8 Por ende,
ceñíos de sayal, endechad y plañid: - «¡No; no se va de nosotros la ardiente
ira de Yahveh!»
9 Sucederá aquel
día - oráculo de Yahveh - que se perderá el ánimo del rey y el de los
príncipes, se pasmarán los sacerdotes, y los profetas se espantarán.
10 Y yo digo:
«¡Ay, Señor Yahveh! ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén diciendo:
"Paz tendréis", y ha penetrado la espada hasta el alma!»
11 En aquella
sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén: - Un viento ardiente viene por el
desierto, camino de la hija de mi pueblo, no para beldar, ni para limpiar.
12 Un viento
lleno de amenazas viene de mi parte. Ahora me toca a mí alegar mis razones
respecto a ellos.
13 Ved cómo se
levanta cual las nubes, como un huracán sus carros, y ligeros más que
águilas sus corceles. - ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!
14 - Limpia de
malicia tu corazón, Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo durarán en
ti tus pensamientos torcidos?
15 Una voz avisa
desde Dan y da la mala nueva desde la sierra de Efraím.
16 Pregonad:
«¡Los gentiles! ¡Ya están aquí!»; hacedlo oír en Jerusalén. Los enemigos
vienen de tierra lejana y dan voces contra las ciudades de Judá.
17 Como guardas
de campo se han puesto frente a ella en torno, porque contra mí se rebelaron
- oráculo de Yahveh -.
18 Tu proceder y
fechorías te acarrearon esto; esto tu desgracia te ha penetrado hasta el
corazón porque te rebelaste contra mí.
19 - ¡Mis
entrañas, mis entrañas!, ¡me duelen las telas del corazón, se me salta el
corazón del pecho! No callaré, porque mi alma ha oído sones de cuerno, el
clamoreo del combate.
20 Se anuncia
quebranto sobre quebranto, porque es saqueada toda la tierra. En un punto
son saqueadas mis tiendas, y en un cerrar de ojos mis toldos.
21 ¿Hasta cuándo
veré enseñas, y oiré sones de cuerno?
22 - Es porque mi
pueblo es necio: A mí no me conocen. Criaturas necias son, carecen de
talento. Sabios son para lo malo, ignorantes para el bien.
23 Miré a la
tierra, y he aquí que era un caos; a los cielos, y faltaba su luz.
24 Miré a los
montes, y estaban temblando, y todos los cerros trepidaban.
25 Miré, y he
aquí que no había un alma, y todas las aves del cielo se habían volado.
26 Miré, y he
aquí que el vergel era yermo, y todas las ciudades estaban arrasadas delante
de Yahveh y del ardor de su ira.
27 Porque así
dice Yahveh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con
ella.
28 Por eso ha de
enlutarse la tierra, y se oscurecerán los cielos arriba; pues tengo resuelta
mi decisión y no me pesará ni me volveré atrás de ella.
29 Al ruido de
jinetes y flecheros huía toda la ciudad. Se metían por los bosques y
trepaban por las peñas. Toda ciudad quedó abandonada, sin quedar en ellas
habitantes.
30 Y tú, asolada,
¿qué vas a hacer? Aunque te vistas de grana, aunque te enjoyes con joyel de
oro, aunque te pintes con polvos los ojos, en vano te hermoseas: te han
rechazado tus amantes: ¡tu muerte es lo que buscan!
31 Y entonces oí
una voz como de parturienta, gritos como de primeriza: era la voz de la hija
de Sión, que gimiendo extendía sus palmas: «¡Ay, pobre de mí, que mi alma
desfallece a manos de asesinos!»
1 Recorred las
calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si
topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la
perdonaría.
2 Pues, si bien
dicen: «¡Por vida de Yahveh!», también juran en falso.
3 - ¡Oh Yahveh!
tus ojos, ¿no son para la verdad? Les heriste, mas no acusaron el golpe;
acabaste con ellos, pero no quisieron aprender. Endurecieron sus caras más
que peñascos, rehusaron convertirse.
4 Yo decía:
«Naturalmente, el vulgo es necio, pues ignora el camino de Yahveh, el
derecho de su Dios.
5 Voy a acudir a
los grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de Yahveh,
el derecho de su Dios.» Pues bien, todos a una habían quebrado el yugo y
arrancado las coyundas.
6 Por eso los
herirá el león de la selva, el lobo de los desiertos los destrozará, el
leopardo acechará sus ciudades: todo el que saliere de ellas será
despedazado. - Porque son muchas sus rebeldías, y sus apostasías son
grandes.
7 ¿Cómo te voy a
perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no - dios. Yo los
harté, y ellos se hicieron adúlteros, y el lupanar frecuentaron.
8 Son caballos
lustrosos y vagabundos: cada cual relincha por la mujer de su prójimo.
9 ¿Y de esto no
pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi
alma?
10 Escalad sus
murallas, destruid, mas no acabéis con ella. Quitad sus sarmientos porque no
son de Yahveh.
11 Porque bien me
engañaron, la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo de Yahveh -.
12 Renegaron de
Yahveh diciendo: «¡El no cuenta!, ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada
ni hambre veremos!
13 Cuanto a los
profetas, el viento se los lleve, pues carecen de Palabra.» - Así les será
hecho.
14 Por tanto, así
dice Yahveh, el Dios Sebaot: Por haber hablado ellos tal palabra, he aquí
que yo pongo las mías en tu boca como fuego, y a este pueblo como leños, y
los consumirá.
15 He aquí que yo
traigo sobre vosotros, una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! -
oráculo de Yahveh -; una nación que no mengua, nación antiquísima aquélla,
nación cuya lengua ignoras y no entiendes los que habla;
16 cuyo carcaj es
como tumba abierta: todos son valientes.
17 Comerá tu mies
y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá tus
viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas fuertes en que confías.
18 Por lo demás,
en los días aquellos - oráculo de Yahveh - todavía no acabaré con vosotros.
19 - Y cuando
dijereis: «¿Por qué nos hace Yahveh nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo
mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en vuestra
tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.»
20 Anunciad esto
a la casa de Jacob y hacedlo oír en Judá:
21 - Ea, oíd
esto, pueblo necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen -:
22 ¿A mí no me
temeréis? - oráculo de Yahveh -, ¿delante de mí no temblaréis, que puse la
arena por término al mar, límite eterno, que no traspasará? Se agitará, mas
no lo logrará; mugirán sus olas, pero no pasarán.
23 Pero este
pueblo tiene un corazón traidor y rebelde: traicionaron llegando hasta el
fin.
24 Y no se les
ocurrió decir: «Ea, temamos a Yahveh nuestro Dios, que da la lluvia
tempranera y la tardía a su tiempo; que nos garantiza las semanas que
regulan la siega.»
25 Todo esto lo
trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del bien.
26 Porque se
encuentran en mi pueblo malhechores: preparan la red, cual paranceros montan
celada: ¡hombres son atrapados!
27 Como jaula
llena de aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron
y se enriquecieron,
28 engordaron, se
alustraron. Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no juzgaban y
el derecho de los pobres no sentenciaban.
29 ¿Y de esto no
pediré cuentas? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así no se vengará mi
alma?
30 Algo pasmoso y
horrendo se ha dado en la tierra:
31 los profetas
profetizaron con mentira, y los sacerdotes dispusieron a su guisa. Pero mi
pueblo lo prefiere así. ¿A dónde vais a parar?
1 Escapad, hijos
de Benjamín, de dentro de Jerusalén, en Técoa tañed el cuerno, y sobre Bet
Hakkérem izad bandera, porque una desgracia amenaza del norte y un quebranto
grande.
2 ¿Acaso a una
deliciosa pradera te comparas, hija de Sión?
3 A ella vienen
pastores con sus rebaños, han montado las tiendas, junto a ella en derredor,
y apacientan cada cual su manada.
4 - «¡Declaradle
la guerra santa! ¡En pie y subamos contra ella a mediodía!... ¡Ay de
nosotros, que el día va cayendo, y se alargan las sombras de la tarde!...
5 ¡Pues arriba y
subamos de noche y destruiremos sus alcázares!»
6 Porque así dice
Yahveh Sebaot: «Talad sus árboles y alzad contra Jerusalén un terraplén.» Es
la ciudad de visita. Todo el mundo se atropella en su interior.
7 Cual mana un
pozo sus aguas, tal mana ella su malicia. «¡Atropello!», «¡despojo!» - se
oye decir en ella; ante mí de continuo heridas y golpes.
8 Aprende,
Jerusalén, no sea que se despegue mi alma de ti, no sea que te convierta en
desolación, en tierra despoblada.
9 Así dice Yahveh
Sebaot: Busca, rebusca como en una cepa en el resto de Israel; vuelve a
pasar tu mano como el vendimiador por los pámpanos.
10 - ¿A quiénes
que me oigan voy a hablar y avisar? He aquí que su oído es incircunciso y no
pueden entender. He aquí que la palabra de Yahveh se les ha vuelto oprobio:
no les agrada.
11 También yo
estoy lleno de la saña de Yahveh y cansado de retenerla. La verteré sobre el
niño de la calle y sobre el grupo de mancebos juntos. También el hombre y la
mujer serán apresados, el viejo con la anciana.
12 Pasarán sus
casas a otros, campos y mujeres a la vez, cuando extienda yo mi mano sobre
los habitantes de esta tierra - oráculo de Yahveh -.
13 Porque desde
el más chiquito de ellos hasta el más grande, todos andan buscando su
provecho, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude.
14 Han curado el
quebranto de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!», cuando no había
paz.
15 ¿Se
avergonzaron de las abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se
avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron; por tanto caerán con los que
cayeren; tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh.
16 Así dice
Yahveh: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos
antiguos, cuál es el camino bueno, y andad por él, y encontraréis sosiego
para vuestras almas. Pero dijeron: «No vamos.»
17 Entonces les
puse centinelas: «¡Atención al toque de cuerno!» Pero dijeron: «No
atendemos.»
18 Por tanto,
oíd, naciones, y conoce, asamblea, lo que vendrá sobre ellos;
19 oye, tierra:
He aquí que traigo desgracia a este pueblo, como fruto de sus pensamientos,
porque a mis razones no atendieron, y por lo que respecta a mi Ley, la
desecharon.
20 - ¿A qué
traerme incienso de Seba y canela fina de país remoto? Ni vuestros
holocaustos me son gratos, ni vuestros sacrificios me complacen.
21 Por tanto, así
dice Yahveh: Mirad que pongo a este pueblo tropiezos y tropezarán en ellos
padres e hijos a una, el vecino y su prójimo perecerán.
22 Así dice
Yahveh: Mirad que un pueblo viene de tierras del norte y una gran nación se
despierta de los confines de la tierra.
23 Arco y lanza
blanden, crueles son y sin entrañas. Su voz como la mar muge, y a caballo
van montados, ordenados como un solo hombre para la guerra contra ti, hija
de Sión.
24 - Oímos su
fama, flaquean nuestras manos, angustia nos asalta, dolor como de
parturienta.
25 No salgáis al
campo, no andéis por el camino, que el enemigo lleva espada: terror por
doquier.
26 - Hija de mi
pueblo, cíñete de sayal y revuélcate en ceniza, haz por ti misma un duelo de
hijo único, una endecha amarguísima, porque en seguida viene el saqueador
sobre nosotros.
27 - A ti te puse
en mi pueblo por inquisidor sagaz para que examinaras y probaras su
conducta.
28 - Todos ellos
son rebeldes que andan difamando; bronce y hierro; todos son degenerados.
29 Jadeó el
fuelle, el plomo se consumió por el fuego. En vano afinó el afinador, porque
la ganga no se desprendió.
30 Serán llamados
«plata de desecho», porque Yahveh los desechó.
1 Palabra que
llegó de parte de Yahveh a Jeremías:
2 Párate en la
puerta de la Casa de Yahveh y proclamarás allí esta palabra. Dirás: Oíd la
palabra de Yahveh, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros
ante Yahveh.
3 Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os
quedéis en este lugar.
4 No fiéis en
palabras engañosas diciendo: «¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de
Yahveh es éste!»
5 Porque si
mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia
mutua
6 y no oprimís al
forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este
lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño,
7 entonces yo me
quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres
desde siempre hasta siempre.
8 Pero he aquí
que vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven,
9 para robar,
matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses
que no conocíais.
10 Luego venís y
os paráis ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos
seguros!», para seguir haciendo todas esas abominaciones.
11 ¿En cueva de
bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi
Nombre? ¡Que bien visto lo tengo! - oráculo de Yahveh -.
12 Pues andad
ahora a mi lugar de Silo, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo
que hice con él ante la maldad de mi pueblo Israel.
13 Y ahora, por
haber hecho vosotros todo esto - oráculo de Yahveh - por más que os hablé
asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis,
14 yo haré con la
Casa que se llama por mi Nombre, en la que confiáis, y con el lugar que os
di a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo,
15 y os echaré de
mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de
Efraím.
16 En cuanto a
ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me
insistas, porque no te oiré.
17 ¿Es que no ves
lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén?
18 Los hijos
recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas
a la Reina de los Cielos, y se liba en honor de otros dioses para
exasperarme.
19 ¿A mí me
exasperan ésos? - oráculo de Yahveh -, ¿no es a sí mismos, para vergüenza de
sus rostros?
20 Por tanto, así
dice el Señor Yahveh: He aquí que mi ira y mi saña se vuelca sobre este
lugar, sobre hombres y bestias bestias, sobre los árboles del campo y el
fruto del suelo; arderá y no se apagará.
21 Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros
sacrificios y comeos la carne.
22 Que cuando yo
saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada
tocante a holocausto y sacrificio.
23 Lo que les
mandé fue esto otro: «Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros
seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os
vaya bien.»
24 Mas ellos no
escucharon ni prestaron el oído, sino que procedieron en sus consejos según
la pertinacia de su mal corazón, y se pusieron de espaldas, que no de cara;
25 desde la fecha
en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os
envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente.
26 Pero no me
escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor
que sus padres.
27 Les dirás,
pues, todas estas palabras, mas no te escucharán. Les llamarás y no te
responderán.
28 Entonces les
dirás: Esta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahveh su Dios, ni ha
querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca.
29 Córtate tus
guedejas y tíralas, y entona por los calveros una elegía; que Yahveh ha
desechado y repudiado a la generación objeto de su cólera.
30 Los hijos de
Judá han hecho lo que me parece malo - oráculo de Yahveh -: han puesto sus
Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre profanándola,
31 y han
construido los altos de Tófet - que está en el valle de Ben Hinnom - para
quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó
por las mientes.
32 Por tanto, he
aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de
Tófet, ni del valle de Ben Hinnom, sino del "valle de la Matanza". Se harán
enterramientos en Tófet por falta de sitio,
33 y los
cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las
bestias de la tierra, sin que haya quien las espante.
34 Suspenderé en
las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén toda voz de gozo y
alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque toda la tierra
quedará desolada.
1 En aquel tiempo
- oráculo de Yahveh - sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá,
los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los
profetas y los huesos de los moradores de Jerusalén,
2 y los
dispersarán ante el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron
y sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron, para no ser
recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de la
tierra.
3 Y será
preferible la muerte a la vida para todo el resto que subsistiere de este
linaje malo adondequiera que yo les relegue - oráculo de Yahveh Sebaot -.
4 Les dirás: Así
dice Yahveh: Los que caen ¿no se levantan? y si uno se extravía ¿no cabe
tornar?
5 Pues ¿por qué
este pueblo sigue apostatando, Jerusalén con apostasía perpetua? Se aferran
a la mentira, rehúsan convertirse.
6 He escuchado
atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo: «¿Qué
he hecho?» Todos se extravían, cada cual en su carrera, cual caballo que
irrumpe en la batalla.
7 Hasta la
cigüeña en el cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la
grulla observan la época de sus migraciones. Pero mi pueblo ignora el
derecho de Yahveh.
8 ¿Cómo decís:
«Somos sabios, y poseemos la Ley de Yahveh?» Cuando es bien cierto que en
mentira la ha cambiado el cálamo mentiroso de los escribas.
9 Los sabios
pasarán vergüenza, serán abatidos y presos. He aquí que han desechado la
palabra de Yahveh, y su sabiduría ¿de qué les sirve?
10 Así que yo
daré sus mujeres a otros, sus campos a nuevos amos, porque del más chiquito
al más grande todos andan buscando su provecho, y desde el profeta hasta el
sacerdote, todos practican el fraude.
11 Han curado el
quebranto de la hija de mi pueblo a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!»,
cuando no había paz.
12 ¿Se
avergonzaron de las abominaciones que hicieron? ¡Avergonzarse, no se
avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron! Por tanto caerán con los que
cayeren; tropezarán cuando se les visite - dice Yahveh -.
13 Quisiera
recoger de ellos alguna cosa - oráculo de Yahveh - pero no hay racimos en la
vid ni higos en la higuera, y están mustias sus hojas. Es que yo les he dado
quien les despoje.
14 - «¿Por qué
nos quedamos tranquilos? ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes para enmudecer
allí, pues Yahveh nuestro Dios nos hace morir y nos propina agua envenenada,
porque hemos pecado contra Yahveh!
15 Esperábamos
paz, y no hubo bien alguno; el tiempo de la cura, y se presenta el miedo.
16 Desde Dan se
deja oír. el resuello de sus caballos. Al relincho sonoro de sus corceles
tembló la tierra toda. Vendrán y comerán el país y sus bienes, la ciudad y
sus habitantes.»
17 - Sí, he aquí
que yo envío contra vosotros sierpes venenosas contra las que no existe
encantamiento, y os picarán - oráculo de Yahveh -.
18 Sin remedio el
dolor me acomete, el corazón me falla;
19 he aquí el
grito lastimero de la hija de mi pueblo desde todos los rincones del país:
«¿No está Yahveh en Sión? ¿su Rey no mora ya en ella? (¿Por qué me han
irritado con sus ídolos, con esas Vanidades traídas del extranjero?)
20 La siega pasó,
el verano acabó, mas nosotros no estamos a salvo.»
21 Me duele el
quebranto de la hija de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de
mí.
22 ¿No hay
sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿cómo es que no llega el
remedio para la hija de mi pueblo?
23 ¡Quién
convirtiera mi cabeza en llanto, mis ojos en manantial de lágrimas para
llorar día y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!
1 ¡Quién me diese
en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y
alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo de
traidores
2 que tienden su
lengua como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en
esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahveh desconocen.
3 ¡Que cada cual
se guarde de su prójimo!, ¡desconfiad de cualquier hermano!, porque todo
hermano pone la zancadilla, y todo prójimo propala la calumnia.
4 Se engañan unos
a otros, no dicen la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han
pervertido, incapaces
5 de convertirse.
Fraude por fraude, engaño por engaño, se niegan a reconocer a Yahveh.
6 Por ende, así
dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo voy a afinarlos y probarlos; mas ¿cómo
haré para tratar a la hija de mi pueblo?
7 Su lengua es
saeta mortífera, las palabras de su boca, embusteras. Se saluda al prójimo,
pero por dentro se le pone celada.
8 Y por estas
acciones, ¿no les he de castigar? - oráculo de Yahveh -, ¿de una nación así
no se vengará mi alma?
9 Alzo sobre los
montes lloro y lamento, y una elegía por las dehesas del desierto, porque
han sido incendiadas; nadie pasa por allí, y no se oyen los gritos del
ganado. Desde las aves del cielo hasta las bestias, todas han huido, se han
marchado.
10 Voy a hacer de
Jerusalén un montón de piedras, guarida de chacales, y de las ciudades de
Judá haré una soledad sin ningún habitante.
11 ¿Quién es el
sabio?, pues que entienda esto; a quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues
que lo diga; ¿por qué el país se ha perdido, incendiado como el desierto
donde no pasa nadie?
12 Yahveh lo ha
dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado
mi voz ni la han seguido;
13 sino que han
ido en pos de la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales
que sus padres les enseñaron.
14 Por eso, así
dice Yahveh Sebaot, el dios de Israel: He aquí que voy a dar de comer a este
pueblo ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada.
15 Les voy a
dispersar entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y
enviaré detrás de ellos la espada hasta exterminarlos.
16 Así habla
Yahveh Sebaot: ¡Hala! Llamad a las plañideras, que vengan: mandad por las
más hábiles, que vengan.
17 ¡Pronto! que
entonen por nosotros una lamentación. Dejen caer lágrimas nuestros ojos, y
nuestros párpados den curso al llanto.
18 Sí, una
lamentación se deja oír desde Sión: «¡Ay, que somos saqueados!, ¡qué
vergüenza tan grande, que se nos hace dejar nuestra tierra, han derruido
nuestros hogares!»
19 Oíd, pues,
mujeres, la palabra de Yahveh; reciba vuestro oído la palabra de su boca:
Enseñad a vuestras hijas esta lamentación, y las unas a las otras esta
elegía:
20 «La muerte ha
trepado por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, barriendo de
la calle al chiquillo, a los mozos de las plazas.
21 ¡Habla! Tal es
el oráculo de Yahveh: Los cadáveres humanos yacen como boñigas por el campo,
como manojos detrás del segador, y no hay quien los reúna.»
22 Así dice
Yahveh: No se alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por
su valentía, ni se alabe el rico por su riqueza;
23 mas en esto se
alabe quien se alabare: en tener seso y conocerme, por que yo soy Yahveh,
que hago merced, derecho y justicia sobre la tierra, porque en eso me
complazco - oráculo de Yahveh -.
24 He aquí que
vienen días - oráculo de Yahveh - en que he de visitar a todo circuncidado
que sólo lo sea en su carne:
25 a Egipto,
Judá, Edom y a los hijos de Ammón, a Moab, y a todos los de sien rapada, los
que moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son. Pero también los
de la casa de Israel son incircuncisos de corazón.
1 Oíd la palabra
que os dedica Yahveh, oh casa de Israel.
2 Así dice
Yahveh: Al proceder de los gentiles no os habituéis, ni de los signos
celestes os espantéis. ¡Que se espanten de ellos los gentiles!
3 Porque las
costumbres de los gentiles son vanidad: un madero del bosque, obra de manos
del maestro que con el hacha lo cortó,
4 con plata y oro
lo embellece, con clavos y a martillazos se lo sujeta para que no se menee.
5 Son como
espantajos de pepinar, que ni hablan. Tienen que ser transportados, porque
no andan. No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal.
6 No hay como tú,
Yahveh; grande eres tú, y grande tu Nombre en poderío.
7 ¿Quién no te
temerá, Rey de las naciones? Porque a ti se te debe eso. Porque entre todos
los sabios de las naciones y entre todos sus reinos no hay nadie como tú.
8 Todos a la par
son estúpidos y necios: lección de madera la que dan los ídolos.
9 Plata laminada,
de Tarsis importada, y oro de Ofir; hechura de maestro y de manos de platero
(de púrpura violeta y escarlata es su vestido): todos son obra de artistas.
10 Pero Yahveh es
el Dios verdadero; es el Dios vivo y el Rey eterno. Cuando se irrita,
tiembla la tierra, y no aguantan las naciones su indignación.
11 (Así les
diréis: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perecerán de la
tierra y de debajo del cielo.»)
12 El es quien
hizo la tierra con su poder, el que estableció el orbe con su saber, y con
su inteligencia expandió los cielos.
13 Cuando da
voces, hay estruendo de aguas en los cielos, y hace subir las nubes desde el
extremo de la tierra. El hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento
de sus depósitos.
14 Todo hombre es
torpe para comprender, se avergüenza del ídolo todo platero, porque sus
estatuas son una mentira y no hay espíritu en ellas.
15 Vanidad son,
cosa ridícula; al tiempo de su visita perecerán.
16 No es así la
«Parte de Jacob», pues él es el plasmador del universo, y aquel cuyo
heredero es Israel; Yahveh Sebaot es su nombre.
17 Recoge del
suelo tu mercancía, oh tú, que estás sitiada:
18 porque así
dice Yahveh: He aquí que yo voy a hondear a los moradores del país - ¡esta
vez va de veras! - y les apremiaré de modo que den conmigo.
19 - «¡Ay de mí,
por mi quebranto! ¡me duele la herida! Y yo que decía: "Ese es un
sufrimiento, pero me lo aguantaré"...
20 Mi tienda ha
sido saqueada, y todos mis tensores arrancados. Mis hijos me han sido
quitados y no existen. No hay quien despliegue ya mi tienda ni quien ice mis
toldos.»
21 - Es que han
sido torpes los pastores y no han buscado a Yahveh; así no obraron
cuerdamente, y toda su grey fue dispersada.
22 ¡Se oye un
rumor! ¡ya llega!: un gran estrépito del país del norte, para trocar las
ciudades de Judá en desolación, guarida de chacales.
23 Yo sé, Yahveh,
que no depende del hombre su camino, que no es del que anda enderezar su
paso.
24 Corrígeme,
Yahveh, pero con tino, no con tu ira, no sea que me quede en poco.
25 Vierte tu
cólera sobre las naciones que te desconocen, y sobre los linajes que no
invocan tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta consumirle, lo han
devorado y su mansión han desolado.