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1 Palabra que
llegó de parte de Yahveh a Jeremías:
2 Oíd los
términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes
de Jerusalén,
3 y diles: Así
dice Yahveh, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos
de esta alianza
4 que mandé a
vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro,
diciéndoles: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así
seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios,
5 en orden a
cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que
mana leche y miel - como se cumple hoy.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahveh!
6 Y me dijo
Yahveh: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las
calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos:
7 que bien
advertí a vuestros padres el día que les hice subir de Egipto, y hasta la
fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz!
8 Mas no oyeron
ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su
corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha
alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.»
9 Y me dijo
Yahveh: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los
habitantes de Jerusalén.
10 Han reincidido
en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han
ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la casa de Israel y
la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.
11 Por ende, así
dice Yahveh: He aquí que yo les traigo una desgracia a la que no podrán
hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré.
12 ¡Que vayan las
ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses
a quienes inciensan!, que lo que es salvarles, no les salvarán al tiempo de
su desgracia.
13 Pues cuantas
son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta
Jerusalén, otros tantos altares a la Vergüenza, otros tantos altares hay de
Baal.
14 En cuanto a
ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración,
porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia.
15 ¿Qué hace mi
amada en mi Casa?; su obrar ¿no es pura doblez? ¿Es que los votos y la carne
consagrada harán pasar de ti tu desgracia? Entonces sí que te regocijarías.
16 «Olivo
frondoso, lozano, de fruto hermoso» te había puesto Yahveh por nombre. Pero
con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías.
17 Yahveh Sebaot,
que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la casa de
Israel y la casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.
18 Yahveh me lo
hizo saber, y me enteré de ello. Entonces me descubriste, Yahveh, sus
maquinaciones.
19 Y yo que
estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí
tramaban maquinaciones: «Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la
tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»
20 ¡Oh Yahveh
Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu
venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.
21 Y en efecto,
así dice Yahveh tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte diciendo: «No
profetices en nombre de Yahveh, y no morirás a nuestras manos».
22 Por eso así
dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo les voy a visitar. Sus mancebos morirán
por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,
23 y no quedará
de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año
en que sean visitados.
1 Tu llevas la
razón, Yahveh, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un
punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malos, y son felices todos los
felones?
2 Los plantas, y
enseguida arraigan, van a más y dan fruto. Cerca estás tú de sus bocas, pero
lejos de sus riñones.
3 En cambio a mí
ya me conoces, Yahveh; me has visto y has comprobado que mi corazón está
contigo. Llévatelos como ovejas al matadero, y conságralos para el día de la
matanza.
4 (¿Hasta cuándo
estará de luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la
maldad de los que moran en ella han desaparecido bestias y aves.) Porque han
dicho: «No ve Dios nuestros senderos.»
5 - Si con los de
a pie corriste y te cansaron, ¿cómo competirás con los de a caballo? Y si en
tierra abierta te sientes seguro. ¿qué harás entre el boscaje del Jordán?
6 Porque incluso
tus hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus
espaldas gritarán. No te fíes de ellos cuando te digan hermosas palabras.
7 Dejé mi casa,
abandoné mi heredad, entregué el cariño de mi alma en manos de sus enemigos.
8 Se ha portado
conmigo mi heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por
eso la aborrecí.
9 ¿Es por ventura
un pájaro pinto mi heredad? Las rapaces merodean sobre ella. ¡Andad,
juntaos, fieras todas del campo: id al yantar!
10 Entre muchos
pastores destruyeron mi viña, hollaron mi heredad, trocaron mi mejor campa
en un yermo desolado.
11 La
convirtieron en desolación lamentable, en inculta para mí. Totalmente
desolado está todo el país porque no hay allí nadie que lo sienta.
12 Sobre todos
los calveros del desierto han venido saqueadores (porque una espada tiene
Yahveh devorada), de un cabo al otro de la tierra no hubo cuartel para alma
viviente.
13 Sembraron
trigo, y espinos segaron, se afanaron sin provecho. Vergüenza les dan sus
cosechas, por causa de la ira ardiente de Yahveh.
14 Así dice
Yahveh: En cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la heredad que di
en precio a mi pueblo Israel, he aquí que yo los arranco de su solar. (Y a
la casa de Judá voy a arrancarla de en medio de ellos.)
15 Pero luego de
haberlos arrancado, me volveré y les tendré lástima, y les haré retornar,
cada cual a su heredad y a su tierra.
16 Y entonces, si
de veras aprendieron el camino de mi pueblo jurando en mi Nombre: «¡Por vida
de Yahveh!» - lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal -
serán restablecidos a la par de mi pueblo.
17 Mas si no
obedecen, arrancaré a aquella gente y arrancada quedará y la haré perecer -
oráculo de Yahveh -.
1 Yahveh me dijo
así: «Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no
la metas en agua.»
2 Compré la faja,
según la orden de Yahveh, y me la puse a la cintura.
3 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh por la segunda vez:
4 «Toma la faja
que has comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Eufrates y
la escondes allí en un resquicio de la peña.»
5 Yo fui y la
escondí en el Eufrates como me había mandado Yahveh.
6 Al cabo de
mucho tiempo me dijo Yahveh: «Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí
la faja que te mandé que escondieras allí.»
7 Yo fui al
Eufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y he aquí
que se había echado a perder la faja: no valía para nada.
8 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
9 «Así dice
Yahveh: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de
Jerusalén.
10 Ese pueblo
malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus
corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán
como esta faja que no vale para nada.
11 Porque así
como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a
toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahveh - con
idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no
me oyeron.
12 Diles este
refrán: Así dice Yahveh, el Dios de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de
vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede
llenar de vino?»
13 Entonces les
dices: «Pues así dice Yahveh: He aquí que yo lleno de borrachera a todos los
habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los
sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén,
14 y los
estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de
Yahveh - sin que piedad, compasión y lástima me quiten de destruirlos.»
15 Oíd y
escuchad, no seáis altaneros, porque habla Yahveh.
16 Dad gloria a
vuestro Dios Yahveh antes que haga oscurecer, y antes que se os vayan los
pies sobre la sierra oscura, y esperéis la luz, y él la haya convertido en
negrura, la haya trocado en tiniebla densa.
17 Pero si no le
oyereis, en silencio llorará mi alma por ese orgullo, y dejarán caer mi ojos
lágrimas, y verterán copiosas lágrimas, porque va cautiva la grey de Yahveh.
18 Di al rey y a
la Gran Dama: Humillaos, sentaos, porque ha caído de vuestras cabezas
vuestra diadema preciosa.
19 Las ciudades
del Négueb están cercadas, y no hay quien abra. Todo Judá es deportado,
deportado en masa.
20 Alza tus ojos,
Jerusalén, y mira a los que vienen del norte. ¿Dónde está la grey que se te
dio, tus preciosas ovejas?
21 ¿Qué dirás
cuando te visiten con autoridad sobre ti? Pues lo que tú les enseñabas a
hacer sobre ti eran caricias. ¿No te acometerán dolores como de parturienta?
22 Pero acaso
digas en tus adentros: «¿Por qué me ocurren estas cosas?» Por tu gran culpa
han sido alzadas tus faldas y han sido forzados tus calcañales.
23 ¿Muda el
kusita su piel, o el leopardo sus pintas? ¡También vosotros podéis entonces
hacer el bien, los avezados a hacer el mal!
24 Por eso os
esparcí como paja liviana al viento de la estepa.
25 Esa es tu
suerte, el tanto por tu medida que te toca de mi parte - oráculo de Yahveh
-: por cuanto que me olvidaste y te fiaste de la Mentira.
26 Pues también
yo te he levantado las faldas sobre tu rostro, y se ha visto tu indecencia.
27 ¡Ah, tus
adulterios y tus relinchos, la bajeza de tu prostitución! Sobre los altos,
por la campiña he visto tus Monstruos abominables. ¡Ay de ti, Jerusalén, que
no estás pura! ¿Hasta cuándo todavía...?
1 Palabra de
Yahveh a Jeremías, a propósito de la sequía.
2 Judá está de
luto, y sus ciudades lánguidas: están sórdidas de tierra, y sube el alarido
de Jerusalén.
3 Sus nobles
mandaban a los pequeños por agua: llegaban a los aljibes y no la
encontraban; volvían con sus cántaros vacíos. Quedaban confundidos y
avergonzados y se cubrían la cabeza.
4 El suelo está
consternado por no haber lluvia en la tierra. Confusos andan los labriegos,
se han cubierto la cabeza.
5 Hasta la cierva
en el campo parió y abandonó, porque no había césped.
6 Los onagros se
paraban sobre los calveros, aspiraban el aire como chacales, tenían los ojos
consumidos por falta de hierba.
7 Aunque nuestras
culpas atesten contra nosotros, Yahveh, obra por amor de tu Nombre. Cierto,
son muchas nuestras apostasías, contra ti hemos pecado.
8 ¡Oh esperanza
de Israel, Yahveh, Salvador suyo en tiempo de angustia! ¿Por qué has de ser
cual forastero en la tierra, o cual viajero que se tumba para hacer noche?
9 ¿Por qué has de
ser como un pasmado, como un valiente incapaz de ayudar? Pues tú estás entre
nosotros, Yahveh, y por tu Nombre se nos llama, ¡no te deshagas de nosotros!
10 Así dice
Yahveh de este pueblo: ¡Cómo les gusta vagabundear!, no contienen sus pies.
Pero Yahveh no se complace en ellos: ahora se va a acordar de su culpa y a
castigar su pecado.
11 Y me dijo
Yahveh: «No intercedas en pro de este pueblo.
12 Así ayunen, no
escucharé su clamoreo; y así levanten holocausto y ofrenda, no me
complacerán; sino que con espada, con hambre y con peste voy a acabarlos.»
13 Dije yo: «¡Ah,
Señor Yahveh! Pues he aquí que los profetas están diciéndoles: No veréis
espada, ni tendréis hambre, sino que voy a daros paz segura en este lugar.»
14 Y me dijo
Yahveh: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no les he enviado
ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio fútil y
delirio de sus corazones os dan por profecía.
15 Por tanto, así
dice Yahveh: Tocante a los profetas que profetizan en mi nombre sin haberles
enviado yo, y que dicen: No habrá espada ni hambre en este país, con espada
y con hambre serán rematados los tales profetas,
16 y el pueblo al
que profetizan yacerá derribado por las calles de Jerusalén, por causa del
hambre y de la espada, y no habrá sepulturero para ellos ni para sus
mujeres, sus hijos y sus hijas; pues volcaré sobre ellos mismos su maldad.»
17 Les dirás esta
palabra: Dejen caer mis ojos lágrimas de noche y de día sin parar, porque de
quebranto grande es quebrantada la doncella, hija de mi pueblo, de golpe
gravísimo,
18 Si salgo al
campo encuentro heridos de espada; y si entro en la ciudad, encuentro
desfallecidos de hambre. Y aun el mismo profeta, aun el mismo sacerdote
andan errantes por el país y nada saben.
19 - ¿Es que has
desechado a Judá? ¿o acaso de Sión se ha hastiado tu alma? ¿Por qué nos has
herido, que no tenemos cura? Esperábamos paz, y no hubo bien alguno; el
tiempo de la cura, y se presenta el miedo.
20 Reconocemos,
Yahveh, nuestras maldades, la culpa de nuestros padres; que hemos pecado
contra ti.
21 No desprecies,
por amor de tu Nombre, no deshonres la sede de tu Gloria. Recuerda, no
anules tu alianza con nosotros.
22 ¿Hay entre las
Vanidades gentílicas quienes hagan llover? ¿o acaso los cielos dan de suyo
la llovizna? ¿No eres tú mismo, oh Yahveh? ¡Dios nuestro, esperamos en ti,
porque tú hiciste todas estas cosas!
1 Y me dijo
Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por delante, no estará mi alma
por este pueblo. Échales de mi presencia y que salgan.
2 Y como te
digan: «¿A dónde salimos?», les dices: Así dice Yahveh: Quien sea para la
muerte, a la muerte; quien para la espada, a la espada; quien para el
hambre, al hambre, y quien para el cautiverio, al cautiverio.
3 Haré que se
encarguen de ellos cuatro géneros (de males) - oráculo de Yahveh -: la
espada para degollar, los perros para despedazar, las aves del cielo y las
bestias terrestres para devorar y estragar.
4 Los convertiré
en espantajo para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés, hijo
de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
5 ¿Quién, pues,
te tendrá lástima, Jerusalén? ¿quién meneará la cabeza por ti? ¿quién se
alargará a saludarte?
6 Tú me has
abandonado - oráculo de Yahveh - de espaldas te has ido. Pues yo extiendo mi
mano sobre ti y te destruyo. Estoy cansado de apiadarme,
7 y voy a
beldarlos con el bieldo en las puertas del país. He dejado sin hijos, he
malhadado a mi pueblo, porque de sus caminos no se convertían.
8 Yo les he hecho
más viudas que la arena de los mares. He traído sobre las madres de los
jóvenes guerreros al saqueador en el pleno mediodía. He hecho caer sobre
ellos de pronto sobresalto y alarma.
9 Mal lo pasó la
madre de siete hijos: exhalaba el alma, se puso su sol siendo aún de día, se
avergonzó y se abochornó. Y lo que queda de ellos, a la espada voy a
entregarlo delante de sus enemigos - oráculo de Yahveh -.
10 ¡Ay de mí,
madre mía, porque me diste a luz varón discutido y debatido por todo el
país! Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen!
11 Di, Yahveh, si
no te he servido bien: intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su
mal y de su apuro.
12 ¿Se mella el
hiero, el hierro del norte, y el bronce?
13 Tu haber y tus
tesoros al pillaje voy a dar gratis, por todos tus pecados en todas tus
fronteras,
14 y te haré
esclavo de tus enemigos en un país que no conoces, porque un fuego ha
saltado en mi ira que sobre vosotros estará encendido.
15 Tú lo sabes.
Yahveh, acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No dejes
que por alargarse tu ira sea yo arrebatado. Sábelo: he soportado por ti el
oprobio.
16 Se presentaban
tus palabras, y yo las devoraba; era tu palabra para mí un gozo y alegría de
corazón, porque se me llamaba por tu Nombre Yahveh, Dios Sebaot.
17 No me senté en
peña de gente alegre y me holgué: por obra tuya, solitario me senté, porque
de rabia me llenaste.
18 ¿Por qué ha
resultado mi penar perpetuo, y mi herida irremediable, rebelde a la
medicina? ¡Ay! ¿serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas?
19 Entonces
Yahveh dijo así: Si te vuelves por que yo te haga volver, estarás en mi
presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que ellos
se vuelvan a ti, y no tú a ellos.
20 Yo te pondré
para este pueblo por muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo,
pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte - oráculo
de Yahveh -.
21 Te salvaré de
mano de los malos y te rescataré del puño de esos rabiosos.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 No tomes mujer
ni tengas hijos ni hijas en este lugar.
3 Que así dice
Yahveh de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de sus madres que los
dieron a luz y de sus padres que los engendraron en esta tierra:
4 De muertes
miserables morirán, sin que sean plañidos ni sepultados. Se volverán
estiércol sobre la haz del suelo. Con espada y hambre serán acabados, y
serán sus cadáveres pasto para las aves del cielo y las bestias de la
tierra.
5 Sí, así dice
Yahveh: No entres en casa de duelo, ni vayas a plañir, ni les consueles;
pues he retirado mi paz de este pueblo - oráculo de Yahveh - la merced y la
compasión.
6 Morirán grandes
y chicos en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se
arañarán ni se raparán por ellos,
7 ni se partirá
el pan al que está de luto para consolarle por el muerto, ni le darán a
beber la taza consolatoria por su padre o por su madre.
8 Y en casa de
convite tampoco entres a sentarte con ellos a comer y beber.
9 Que así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que voy a hacer desaparecer de
este lugar, a vuestros propios ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y
alegría, la voz del novio y la voz de la novia.
10 Luego, cuando
hayas comunicado a este pueblo todas estas palabras, y te digan: «¿Por qué
ha pronunciado Yahveh contra nosotros toda esta gran desgracia? ¿cuál es
nuestra culpa, y cuál nuestro pecado que hemos cometido contra Yahveh
nuestro Dios?»,
11 tú les dirás:
«Es porque me dejaron vuestros padres - oráculo de Yahveh - y se fueron tras
otros dioses y les sirvieron y adoraron, y a mí me dejaron, y mi Ley no
guardaron.
12 Y vosotros
mismos habéis hecho peor que vuestros padres, pues he aquí que va cada uno
en pos de la dureza de su mal corazón, sin escucharme.
13 Pero yo os
echaré lejos de esta tierra, a otra que no habéis conocido vosotros ni
vuestros padres, y serviréis allí a otros dioses día y noche, pues no os
otorgaré perdón.»
14 En efecto,
mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por
vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!»,
15 sino: «¡Por
vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel del país del norte, y de
todos los países a donde los arrojara!» Pues yo los devolveré a su solar,
que di a sus padres.
16 He aquí que
envío a muchos pescadores - oráculo de Yahveh - y los pescarán. Y luego de
esto enviaré a muchos cazadores, y los cazarán de encima de cada monte y de
cada cerro y de los resquicios de las peñas.
17 Porque mis
ojos están puestos sobre todos sus caminos: no se me ocultan, ni se zafa su
culpa de delante de mis ojos.
18 Pagaré doblado
por su culpa y su pecado, porque ellos execraron mi tierra con la carroña de
sus Monstruos abominables, y de sus Abominaciones llenaron mi heredad.
19 ¡Oh Yahveh, mi
fuerza y mi refuerzo, mi refugio en día de apuro! A ti las gentes vendrán de
los confines de la tierra y dirán: ¡Luego Mentira recibieron de herencia
nuestros padres, Vanidad y cosas sin provecho!
20 ¿Es que va a
hacerse el hombre dioses para sí? ¡aunque aquellos no son dioses!
21 Por tanto, he
aquí que yo les hago conocer - esta vez sí - mi mano y mi poderío, y sabrán
que mi nombre es Yahveh.
1 El pecado de
Judá está escrito con buril de hierro; con punta de diamante está grabado
sobre la tabla de su corazón y en los cuernos de sus aras,
2 así, recordarán
sus hijos sus aras y sus cipos cabe los árboles frondosos, sobre los oteros
altos,
3 mi monte, en la
campiña. Tu haber y todos tus tesoros al pillaje voy a dar, en pago por
todos tus pecados de los altos, en todas tus fronteras.
4 Tendrás que
deshacerte de tu heredad que yo te di, y te haré esclavo de tus enemigos en
un país que no conoces, porque un fuego ha saltado en mi ira que para
siempre estará encendido.
5 Así dice
Yahveh: Maldito sea aquel que fía en hombre, y hace de la carne su apoyo, y
de Yahveh se aparta en su corazón.
6 Pues es como el
tamarisco en la Arabá, y no verá el bien cuando viniere. Vive en los sitios
quemados del desierto, en saladar inhabitable.
7 Bendito sea
aquel que fía en Yahveh, pues no defraudará Yahveh su confianza.
8 Es como árbol
plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa sus
raíces. No temerá cuando viene el calor, y estará su follaje frondoso; en
año de sequía no se inquieta ni se retrae de dar fruto.
9 El corazón es
lo más retorcido; no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?
10 Yo, Yahveh,
exploro el corazón, pruebo los riñones, para dar a cada cual según su
camino, según el fruto de sus obras.
11 La perdiz
incuba lo que no ha puesto; así es el que hace dinero, mas no con justicia:
en mitad de sus días lo ha de dejar y a la postre resultará un necio.
12 Solio de
Gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario...
13 Esperanza de
Israel, Yahveh: todos los que te abandonan serán avergonzados, y los que se
apartan de ti, en la tierra serán escritos, por haber abandonado el
manantial de aguas vivas, Yahveh.
14 Cúrame,
Yahveh, y sea yo curado; sálvame, y sea yo salvo, pues mi prez eres tú.
15 Mira que ellos
me dicen: «¿Dónde está la palabra de Yahveh? ¡vamos, que venga!»
16 Yo nunca te
apremié a hacer daño; el día irremediable no he anhelado; tú lo sabes: lo
salido de mis labios enfrente de tu faz ha estado.
17 No seas para
mí espanto, ¡oh tú, mi amparo en el día aciago!
18 Avergüéncense
mis perseguidores, y no me avergüence yo; espántense ellos, y no me espante
yo. Trae sobre ellos el día aciago, y con doble quebrantamiento
quebrántalos.
19 Yahveh me dijo
así: Ve y te paras a la puerta de los Hijos del pueblo, por la que entran
los reyes de Judá y por la que salen, y asimismo en todas las puertas de
Jerusalén,
20 y les dices:
Oíd la palabra de Yahveh, reyes de Judá, y todo Judá y los habitantes de
Jerusalén que entráis por estas puertas.
21 Así dice
Yahveh: «Guardaos, por vida vuestra, de llevar carga en día de sábado y
meterla por las puertas de Jerusalén.
22 No saquéis
tampoco carga de vuestras casas en sábado, ni hagáis trabajo alguno, antes
bien santificad el sábado como mandé a vuestros padres.
23 Mas no oyeron
ni aplicaron el oído, sino que atiesaron su cerviz sin oír ni aprender.
24 Que si me
hacéis caso - oráculo de Yahveh - no metiendo carga por las puertas de esta
ciudad en sábado y santificando el día de sábado sin realizar en él trabajo
alguno,
25 entonces
entrarán por las puertas de esta ciudad reyes que se sienten sobre el trono
de David, montados en carros y caballos, ellos y sus oficiales, la gente de
Judá y los habitantes de Jerusalén. Y durará esta ciudad para siempre.
26 Y vendrán de
las ciudades de Judá, de los aledaños de Jerusalén, del país de Benjamín, de
la Tierra Baja, de la Sierra y del Négueb a traer holocaustos, sacrificios,
oblaciones e incienso y a traer ofrendas de acción de gracias a la Casa de
Yahveh.
27 Pero si no me
oyereis en cuanto a santificar el sábado y no llevar carga ni meterla por
las puertas de Jerusalén en sábado, entonces prenderé fuego a sus puertas,
que consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.
1 Palabra que fue
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh:
2 Levántate y
baja a la alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras.
3 Bajé a la
alfarería, y he aquí que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno.
4 El cacharro que
estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero, y éste volvió
a empezar, trasformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le pareció
al alfarero.
5 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
6 ¿No puedo hacer
yo con vosotros, casa de Israel, lo mismo que este alfarero? - oráculo de
Yahveh -. Mirad que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros
en mi mano, casa de Israel.
7 De pronto hablo
contra una nación o reino, de arrancar, derrocar y perder;
8 pero se vuelve
atrás de su mal aquella gente contra la que hablé, y yo también desisto del
mal que pensaba hacerle.
9 Y de pronto
hablo, tocante a una nación o un reino, de edificar y plantar;
10 pero hace lo
que parece malo desoyendo mi voz, y entonces yo también desisto del bien que
había decidido hacerle.
11 Ahora, pues,
di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así dice Yahveh:
«Mirad que estoy ideando contra vosotros cosa mala y pensando algo contra
vosotros. Ea, pues; volveos cada cual de su mal camino y mejorad vuestra
conducta y acciones.»
12 Pero van a
decir: «Es inútil; porque iremos en pos de nuestros pensamientos y cada uno
de nosotros hará conforme a la terquedad de su mal corazón.»
13 Por tanto, así
dice Yahveh: Vamos, preguntad entre las naciones: ¿Quién oyó tal cosa? ¡Bien
fea cosa ha hecho la virgen de Israel!
14 ¿Faltará acaso
de la peña excelsa la nieve del Líbano? ¿o se agotarán las aguas crecidas,
frescas, corrientes?
15 Pues bien, mi
pueblo me ha olvidado. A la Nada inciensan. Han tropezado en sus caminos,
aquellos senderos de siempre, para irse por trochas, por camino no trillado.
16 Es para trocar
su tierra en desolación, en eterna rechifla: todo el que pasare se asombrará
de ella y meneará la cabeza.
17 Como el viento
solano los esparciré delante del enemigo. La espalda, que no la cara, les
mostraré el día de su infortunio.
18 Entonces
dijeron: «Venid y tramemos algo contra Jeremías, porque no va a faltarle la
ley al sacerdote, el consejo al sabio, ni al profeta la palabra. Venid e
hirámosle por su propia lengua: no estemos atentos a todas sus palabras.»
19 Estáte atento
a mí, Yahveh, y oye lo que dicen mis contrincantes.
20 ¿Es que se
paga mal por bien? (Porque han cavado una hoya para mi persona.) Recuerda
cuando yo me ponía en tu presencia para hablar en bien de ellos, para
apartar tu cólera de ellos.
21 Por tanto,
entrega a sus hijos al hambre y desángralos a filo de espada; queden sus
mujeres sin hijos y viudas, sean sus varones asesinados, sus mancebos
acuchillados en la guerra.
22 Oigase
griterío en sus casas, cuando traigas sobre ellos pillaje repentino. Porque
han cavado una hoya para prenderme, y trampas han escondido para mis pies.
23 Pero tú,
Yahveh, conoces todo su plan de muerte contra mí. ¡No disimules su culpa, no
borres de tu presencia su pecado! ¡Que caigan ante ti, al tiempo de tu ira,
descarga en ellos!
1 Entonces Yahveh
dijo a Jeremías: Ve y compras un jarro de cerámica; tomas contigo a algunos
ancianos del pueblo y algunos sacerdotes,
2 sales al valle
de Ben Hinnom, a la entrada de la puerta de las Tejoletas, y pregonas allí
las palabras que voy a decirte.
3 Dirás: Oíd la
palabra de Yahveh, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahveh
Sebaot, el Dios de Israel: «He aquí que yo traigo sobre este lugar una
desgracia, que a todo el que la oyere le zumbarán los oídos.
4 Porque me han
dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses
que ni ellos ni sus padres conocían. Los reyes de Judá han llenado este
lugar de sangre de inocentes,
5 y han
construido los altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego, en
holocausto a Baal, - lo que no les mandé ni les dije ni me pasó por las
mientes -.
6 Por tanto, he
aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tofet
ni del valle de Ben Hinnom, sino del "Valle de la Matanza".
7 Vaciaré la
prudencia de Judá y Jerusalén a causa de este lugar: les haré caer a espada
ante sus enemigos por mano de los que busquen su muerte; daré sus cadáveres
por comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra,
8 y convertiré
esta ciudad en desolación y en rechifla: todo el que pase a su vera se
quedará atónito y silbará en vista de sus heridas.
9 Les haré comer
la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerán cada uno la carne
de su prójimo, en el aprieto y la estrechez con que les estrecharán sus
enemigos y los que busquen su muerte.»
10 Luego rompes
el jarro a la vista de los hombres que vayan contigo
11 y les dices:
Así dice Yahveh Sebaot: «Asimismo quebrantaré yo a este pueblo y a esta
ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo.
«Y se harán enterramientos en Tófet, hasta que falte sitio para enterrar.
12 Así haré con
este lugar - oráculo de Yahveh - y con sus habitantes, hasta dejar a esta
ciudad lo mismo que Tófet,
13 y que sean las
casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá como el lugar de Tófet: una
inmundicia; todas las casas en cuyas azoteas incensaron a toda la tropa
celeste y libaron libación a otros dioses.»
14 Partió
Jeremías de Tófet a donde le había enviado Yahveh a profetizar y, parándose
en el atrio de la Casa de Yahveh, dijo a todo el pueblo:
15 «Así dice
Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: He aquí que yo traigo a esta ciudad y a
todos sus aledaños toda la calamidad que he pronunciado contra ella, porque
ha atiesado su cerviz, desoyendo mis palabras.»
1 El sacerdote
Pasjur, hijo de Immer, que era inspector jefe de la Casa de Yahveh, oyó a
Jeremías profetizar dichas palabras.
2 Pasjur hizo dar
una paliza al profeta Jeremías y le hizo meter en el calabozo de la Puerta
Alta de Benjamín - la que está en la Casa de Yahveh -.
3 Al día
siguiente sacó Pasjur a Jeremías del calabozo. Díjole Jeremías: No es Pasjur
el nombre que te ha puesto Yahveh, sino «Terror en torno».
4 Porque así dice
Yahveh: «He aquí que yo te convierto en terror para ti mismo y para todos
tus allegados, los cuales caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos
lo estarán viendo. Y asimismo a todo Judá entregaré en manos del rey de
Babilonia, que los deportará a Babilonia y los acuchillará.
5 Y entregaré
todas las reservas de esta ciudad y todo lo atesorado, todas sus
preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos de sus
enemigos que los pillarán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia.
6 En cuanto a ti,
Pasjur, y todos los moradores de tu casa, iréis al cautiverio. En Babilonia
entrarás, allí morirás y allí mismo serás sepultado tú y todos tus allegados
a quienes has profetizado en falso.»
7 Me has
seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He
sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban.
8 Pues cada vez
que hablo es para clamar: «¡Atropello!», y para gritar: «¡Expolio!». La
palabra de Yahveh ha sido para mí oprobio y befa cotidiana.
9 Yo decía: «No
volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón
algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajada
por ahogarlo, no podía.
10 Escuchaba las
calumnias de la turba: «¡Terror por doquier!, ¡denunciadle!,
¡denunciémosle!» Todos aquellos con quienes me saludaba estaban acechando un
traspiés mío: «¡A ver si se distrae, y le podremos, y tomaremos venganza de
él!»
11 Pero Yahveh
está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perseguidores tropezarán
impotentes; se avergonzarán mucho de su imprudencia: confusión eterna,
inolvidable.
12 ¡Oh Yahveh
Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu
venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.
13 Cantad a
Yahveh, alabad a Yahveh, porque ha salvado la vida de un pobrecillo de manos
de malhechores.
14 ¡Maldito el
día en que nací! ¡el día que me dio a luz mi madre no sea bendito!
15 ¡Maldito aquel
que felicitó a mi padre diciendo: «Te ha nacido un hijo varón», y le llenó
de alegría!
16 Sea el hombre
aquel semejante a las ciudades que destruyó Yahveh sin que le pesara, y
escuche alaridos de mañana y gritos de ataque al mediodía.
17 ¡Oh, que no me
haya hecho morir desde el vientre, y hubiese sido mi madre mi sepultura, con
seno preñado eternamente!
18 ¿Para qué
haber salido del seno, a ver pena y aflicción, y a consumirse en la
vergüenza mis días?
1 Palabra
dirigida a Jeremías de parte de Yahveh, cuando el rey Sedecías mandó donde
él a Pasjur, hijo de Malkiyías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a
decirle:
2 «Ea, consulta
de nuestra parte a Yahveh, porque el rey de Babilonia, Nabucodonosor, nos
ataca. A ver si nos hace Yahveh un milagro de los suyos, y aquél se retira
de encima de nosotros.»
3 Díjoles
Jeremías: «Así diréis a Sedecías:
4 Esto dice
Yahveh, el Dios de Israel: Mirad que yo hago rebotar las armas que tenéis en
las manos y con las que os batís contra el rey de Babilonia y contra los
caldeos que os cercan extramuros, y las amontonaré en medio de esta ciudad.
5 Yo voy a
batirme contra vosotros con mano fuerte y tenso brazo, con ira, con cólera y
con encono grande.
6 Heriré a los
habitantes de esta ciudad, hombres y bestias, con una gran peste; ¡morirán!
7 Y tras de esto
- oráculo de Yahveh - entregaré al rey de Judá, Sedecías, a sus siervos y al
pueblo que en esta ciudad quedare de la peste, de la espada y del hambre, en
manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y de
los que buscan su muerte. El los herirá a filo de espada. No les dará
cuartel, ni les tendrá clemencia ni lástima.»
8 Y a ese pueblo
le dirás: «Así dice Yahveh: Mirad que yo os propongo el camino de la vida y
el camino de la muerte.
9 Quien se quede
en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste. El que salga y caiga
en manos de los caldeos que os cercan, vivirá, y eso saldrá ganando.
10 Porque me he
fijado en esta ciudad para su daño, no para su bien - oráculo de Yahveh -:
será puesta en manos del rey de Babilonia, que la incendiará.»
11 A la casa real
de Judá. ¡Oíd la palabra de Yahveh,
12 casa de David!
Así dice Yahveh: Haced justicia cada mañana, y salvad al oprimido de mano
del opresor, so pena de que brote como fuego mi cólera, y arda y no haya
quien apague, a causa de vuestras malas acciones.
13 Mira que por
ti va, población del valle, la Roca del Llano - oráculo de Yahveh -:
vosotros, los que decís: «¿Quién se nos echará encima? ¿quién entrará en
nuestras guaridas?»
14 (Yo os
visitaré según el fruto de vuestras acciones - oráculo de Yahveh -.)
Encenderé fuego en su bosque, y devorará todos sus contornos.
1 Yahveh dijo
así: Baja a la casa real de Judá y pronuncias allí estas palabras.
2 Dirás: Oye la
palabra de Yahveh, tú, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y tus
servidores y pueblo - los que entran por estas puertas -.
3 Así dice
Yahveh: Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del
opresor, y al forastero, al huérfano y a la viuda no atropelléis; no hagáis
violencia ni derraméis sangre inocente en este lugar.
4 Porque si
ponéis en práctica esta palabra, entonces seguirán entrando por las puertas
de esta casa reyes sucesores de David en el trono, montados en carros y
caballos, junto con sus servidores y su pueblo.
5 Mas si no oís
estas palabras, por mí mismo os juro - oráculo de Yahveh - que en ruinas
parará esta casa.
6 Pues así dice
Yahveh respecto a la casa real de Judá: Galaad eras tú para mí, cumbre del
Líbano: pero ¡vaya si te trocaré en desierto, en ciudades deshabitadas!
7 Voy a consagrar
contra ti a quienes te destruyan: ¡cada uno a sus hachas! Talarán lo selecto
de tus cedros, y lo arrojarán al fuego.
8 Muchas gentes
pasarán a la vera de esta ciudad y dirán cada cual a su prójimo: «¿Por qué
ha hecho Yahveh semejante cosa a esta gran ciudad?»
9 Y les dirán:
«Es porque dejaron la alianza de su Dios Yahveh, y adoraron a otros dioses y
les sirvieron.»
10 No lloréis al
muerto ni plañáis por él: llorad, llorad por el que se va, porque jamás
volverá ni verá su patria.
11 Pues así dice
Yahveh respecto a Sallum, hijo de Josías, rey de Judá y sucesor de su padre
Josías en el reino, el cual salió de este lugar: «No volverá más aquí,
12 sino que en el
lugar a donde le deportaron, allí mismo morirá, y no verá jamás este país.»
13 ¡Ay del que
edifica su casa sin justicia y sus pisos sin derecho! De su prójimo se sirve
de balde y su trabajo no le paga.
14 El que dice:
«Voy a edificarme una casa espaciosa y pisos ventilados», y le abre sus
correspondientes ventanas; pone paneles de cedro y los pinta de rojo.
15 ¿Serás acaso
rey porque seas un apasionado del cedro? Tu padre, ¿no comía y bebía? -
«También hizo justicia y equidad.» - Pues mejor para él.
16 «- Juzgó la
causa del cuitado y del pobrecillo.» - Pues mejor. ¿No es esto conocerme? -
oráculo de Yahveh -.
17 Pero tus ojos
y tu corazón no están más que a tu granjería, - ¡Y a la sangre inocente! -
Para verterla. - ¡Y al atropello y al entuerto! - Para hacer tú lo propio.
18 Por tanto, así
dice Yahveh respecto a Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No plañirán
por él: «¡Ay hermano mío!, ¡ay hermana mía!»; no plañirán por él: «¡Ay
Señor!, ¡ay su Majestad!»
19 El entierro de
un borrico será el suyo: arrastrarlo y tirarlo fuera de las puertas de
Jerusalén.
20 Sube al Líbano
y clama, por Basán da voces y clama desde Abarim, porque han sido
quebrantados todos tus amantes.
21 Te había
hablado en tu prosperidad. Dijiste: «No oigo.» Tal ha sido tu costumbre
desde tu mocedad, nunca oíste mi voz.
22 A todos tus
pastores les pastoreará el viento, y tus amantes cautivos irán. Entonces sí
que estarás avergonzada y confusa de toda tu malicia.
23 Tú, que te
asentabas en el Líbano, que anidabas en los cedros, ¡cómo suspirarás, en
viniéndote los dolores, el trance como de parturienta!
24 Por mi vida -
oráculo de Yahveh -, aunque fuese Konías, el hijo de Yoyaquim, rey de Judá,
un sello en mi mano diestra, de allí te arrancaría.
25 Yo te pondré
en manos de los que buscan tu muerte, y en manos de los que te atemorizan:
en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos;
26 y te arrojaré
a ti y a la madre que te engendró a otra tierra donde no habéis nacido, y
allí moriréis.
27 Pero a la
tierra a donde anhelan volver, no volverán.
28 ¿Es algún
trasto despreciable, roto, este individuo, Konías?; ¿quizá un objeto sin
interés? Pues entonces, ¿por qué han sido arrojados él y su prole, y echados
a una tierra, que no conocían?
29 ¡Tierra,
tierra, tierra! oye la palabra de Yahveh.
30 Así dice
Yahveh: Inscribid a este hombre: «Un sin hijos, un fracasado en la vida»;
porque ninguno de su descendencia tendrá la suerte de sentarse en el trono
de David y de ser jamás señor en Judá.
1 ¡Ay de los
pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! -
oráculo de Yahveh -.
2 Pues así dice
Yahveh, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi
pueblo: Vosotros habéis dispersado las ovejas mías, las empujasteis y no las
atendisteis. Mirad que voy a pasaros revista por vuestras malas obras -
oráculo de Yahveh -.
3 Yo recogeré el
Resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las empujé, las haré tornar
a sus estancias, criarán y se multiplicarán.
4 Y pondré al
frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni
asustadas, ni faltará ninguna - oráculo de Yahveh -.
5 Mirad que días
vienen - oráculo de Yahveh - en que suscitaré a David un Germen justo:
reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra.
6 En sus días
estará a salvo Judá, e Israel vivirá en seguro. Y este es el nombre con que
te llamarán: «Yahveh, justicia nuestra.»
7 Por tanto,
mirad que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se dirá más: «¡Por
vida de Yahveh, que subió a los hijos de Israel de Egipto!»,
8 sino: «¡Por
vida de Yahveh, que subió y trajo la simiente de la casa de Israel de
tierras del norte y de todas las tierras a donde los arrojara!», y habitarán
en su propio suelo.
9 A los profetas.
Se me partió el corazón en mis adentros, estremeciéronse todos mis huesos,
me quedé como un borracho, como aquél a quien le domina el vino, por causa
de Yahveh, por causa de sus santas palabras.
10 «Porque de
fornicadores se ha henchido la tierra. (A causa de una maldición se ha
enlutado la tierra, se han secado los pastos de la estepa.) Se ha vuelto la
carrera de ellos mala y su esfuerzo no recto.
11 Tanto el
profeta como el sacerdote se han vuelto impíos; en mi misma Casa topé con su
maldad - oráculo de Yahveh -.
12 Por ende su
camino vendrá a ser su despeñadero: a la sima serán empujados y caerán en
ella. Porque voy a traer sobre ellos una calamidad, al tiempo de su visita»
- oráculo de Yahveh -.
13 En los
profetas de Samaría, he observado una inepcia: profetizaban por Baal y
hacían errar a mi pueblo Israel.
14 Mas en los
profetas de Jerusalén he observado una monstruosidad: fornicar y proceder
con falsía, dándose la mano con los malhechores, sin volverse cada cual de
su malicia. Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, y los habitantes de la
ciudad, cual Gomorra.
15 Por tanto, así
dice Yahveh Sebaot tocante a los profetas: He aquí que les voy a dar de
comer ajenjo y les voy a dar de beber agua emponzoñada. Porque a partir de
los profetas de Jerusalén se ha propagado la impiedad por toda la tierra.
16 Así dice
Yahveh Sebaot: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan.
Os están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de
Yahveh.
17 Dicen a los
que me desprecian: «Yahveh dice: ¡Paz tendréis!» y a todo el que camina en
terquedad de corazón: «No os sucederá nada malo.»
18 (Porque ¿quién
asistió al consejo de Yahveh y vio y oyó su palabra?, ¿quién escuchó su
palabra y la ha oído?)
19 Mirad que una
tormenta de Yahveh, su ira, ha estallado, un torbellino remolinea, sobre la
cabeza de los malos descarga.
20 No ha de
apaciguarse la ira de Yahveh hasta que la ejecute, y realice los designios
de su corazón. En días futuros os percataréis de ello.
21 Yo no envié a
esos profetas, y ellos corrieron. No les hablé, y ellos profetizaron.
22 Pues si
asistieron a mi consejo, hagan oír mi palabra a mi pueblo, y háganle tornar
de su mal camino y de sus acciones malas.
23 ¿Soy yo un
Dios sólo de cerca - oráculo de Yahveh - y no soy Dios de lejos?
24 ¿O se
esconderá alguno en escondite donde yo no le vea? - oráculo de Yahveh -.
¿Los cielos y la tierra no los lleno yo? - oráculo de Yahveh -.
25 Ya he oído lo
que dicen esos profetas que profetizan falsamente en mi nombre diciendo:
«¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!»
26 ¿Hasta cuándo
va a durar esto en el corazón de los profetas que profetizan en falso y son
profetas de la impostura de su corazón?,
27 ¿los que
piensan hacer olvidarse a mi pueblo de mi Nombre por los sueños que se
cuentan cada cual a su vecino, como olvidaron sus padres mi Nombre por Baal?
28 Profeta que
tenga un sueño, cuente un sueño, y el que tenga consigo mi palabra, que
hable mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? -
oráculo de Yahveh -.
29 ¿No es así mi
palabra, como el fuego, y como un martillo golpea la peña?
30 Pues bien,
aquí estoy yo contra los profetas - oráculo de Yahveh - que se roban mis
palabras el uno al otro.
31 Aquí estoy yo
contra los profetas - oráculo de Yahveh - que usan de su lengua y emiten
oráculo.
32 Aquí estoy yo
contra los profetas que profetizan falsos sueños - oráculo de Yahveh - y los
cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus falsedades y su presunción,
cuando yo ni les he enviado ni dado órdenes, y ellos de ningún provecho han
sido para este pueblo - oráculo de Yahveh -.
33 Y cuando te
pregunte este pueblo - o un profeta o un sacerdote -. «¿Cuál es la carga de
Yahveh?» les dirás: «Vosotros sois la carga, y voy a dejaros en el suelo -
oráculo de Yahveh -.»
34 Y el profeta,
el sacerdote o cualquiera que dijere: «Una carga de Yahveh», yo me las
entenderé con él y con su casa.
35 Así os diréis
cada uno a su prójimo, y cada uno a su hermano: «¿Qué ha respondido Yahveh?,
¿qué ha dicho Yahveh?»
36 Pero de eso de
la «carga de Yahveh» no os acordaréis más, porque tal carga sería para cada
uno su propia palabra. Porque trastornáis las palabras del Dios vivo, Yahveh
Sebaot nuestro Dios.
37 Así diréis al
profeta: «¿Qué te ha respondido Yahveh?, ¿qué ha dicho Yahveh?»
38 Pero como
habléis de «carga de Yahveh», entonces así dice Yahveh: «Por haber dicho eso
de carga de Yahveh por más que os avisé que no dijerais carga de Yahveh,
39 por lo mismo,
he aquí que yo os levanto en alto y os dejo caer a vosotros y a la ciudad
que os di a vosotros y a vuestros padres.
40 Y os pondré
encima oprobio eterno y baldón eterno que no será olvidado.»
1 Hízome ver
Yahveh, y he aquí que había un par de cestos de higos presentados delante
del Templo de Yahveh - esto era después que Nabucodonosor, rey de Babilonia,
hubo deportado de Jerusalén al rey de Judá, Jeconías, hijo de Yoyaquim, a
los principales de Judá y a los herreros y cerrajeros de Jerusalén, y los
llevó a Babilonia -.
2 Un cesto era de
higos muy buenos, como los primerizos, y el otro de higos malos, tan malos
que no se podían comer.
3 Y me dijo
Yahveh: «¿Qué estás viendo Jeremías?» Dije: «Higos. Los higos buenos son muy
buenos; y los higos malos, muy malos, que no se dejan comer de puro malos.»
4 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
5 Así habla
Yahveh, Dios de Israel: Como por estos higos buenos, así me interesaré en
favor de los desterrados de Judá que yo eché de este lugar al país de los
caldeos.
6 Pondré la vista
en ellos para su bien, los devolveré a este país, los reconstruiré para no
derrocarlos y los plantaré para no arrancarlos.
7 Les daré
corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh, y ellos serán mi pueblo y yo
seré su Dios, pues volverán a mí con todo su corazón.
8 Pero igual que
a los higos malos, que no se pueden comer de malos - sí, así dice Yahveh -,
así haré al rey Sedecías, a sus principales y al resto de Jerusalén: a los
que quedaren en este país, y a los que están en el país de Egipto.
9 Haré de ellos
el espantajo, una calamidad, de todos los reinos de la tierra; el oprobio y
el ejemplo, la burla y la maldición por dondequiera que los empuje,
10 daré suelta
entre ellos a la espada, al hambre y a la peste, hasta que sean acabados de
sobre el solar que di a ellos y a sus padres.