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1 Bel se
desploma, Nebó se derrumba, sus ídolos van sobre animales y bestias de
carga; llevados como fardos sobre un animal desfallecido.
2 Se derrumbaron,
se desplomaron todos, no pudieron salvar la carga; ellos mismos van
cautivos.
3 Escuchadme,
casa de Jacob, y todos los supervivientes de la casa de Israel, los que
habéis sido transportados desde el seno, llevados desde el vientre materno.
4 Hasta vuestra
vejez, yo seré el mismo, hasta que se os vuelva el pelo blanco, yo os
llevaré. Ya lo tengo hecho, yo me encargaré, yo me encargo de ello, yo os
salvaré.
5 ¿A quién me
podréis asemejar o comparar? ¿A quién me asemejaréis para que seamos
parecidos?
6 Sacan el oro de
sus bolsas, pesan la plata en la balanza, y pagan a un orfebre para que les
haga un dios, al que adoran y ante el cual se postran.
7 Se lo cargan al
hombro y lo transportan, lo colocan en su sitio y allí se queda. No se mueve
de su lugar. Hasta llegan a invocarle, mas no responde, no salva de la
angustia.
8 Recordad esto y
sed hombres, tened seso, rebeldes,
9 recordad lo
pasado desde antiguo, pues yo soy Dios y no hay ningún otro, yo soy Dios, no
hay otro como yo.
10 Yo anuncio
desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha
sucedido. Yo digo: Mis planes se realizarán y todos mis deseos llevaré a
cabo.
11 Yo llamo del
Oriente un ave rapaz de un país lejano al hombre en quien pensé. Tal como lo
he dicho, así se cumplirá; como lo he planeado, así lo haré.
12 Escuchadme
vosotros, los que habéis perdido el corazón, los que estáis alejados de lo
justo.
13 Yo hago
acercarse mi victoria, no está lejos, mi salvación no tardará. Pondré
salvación en Sión, mi prez será para Israel.
1 Baja, siéntate
en el polvo, virgen, hija de Babel! ¡Siéntate en tierra, destronada, hija de
los caldeos! Ya no se te volverá a llamar la dulce, la exquisita.
2 Toma el molino
y muele la harina. Despójate de tu velo, descubre la cola de tu vestido,
desnuda tus piernas y vadea los ríos.
3 Descubre tu
desnudez y se vean tus vergüenzas. Voy a vengarme y nadie intervendrá.
4 Nuestro
redentor, cuyo nombre es Yahveh Sebaot, el Santo de Israel, dice:
5 Siéntate en
silencio y entra en la tiniebla, hija de los caldeos, que ya no se te
volverá a llamar señora de reinos.
6 Irritado estaba
yo contra mi pueblo, había profanado mi heredad y en tus manos los había
entregado; pero tú no tuviste piedad de ellos; hiciste caer pesadamente tu
yugo sobre el anciano.
7 Tú decías:
«Seré por siempre la señora eterna.» No has meditado esto en tu corazón no
te has acordado de su fin.
8 Pero ahora,
voluptuosa, escucha esto, tú que te sientas en seguro y te dices en tu
corazón: «¡Yo, y nadie más! No seré viuda, ni sabré lo que es carecer de
hijos.»
9 Estas dos
desgracias vendrán sobre ti en un instante, en el mismo día. Carencia de
hijos y viudez caerán súbitamente sobre ti, a pesar de tus numerosas
hechicerías y del poder de tus muchos sortilegios.
10 Te sentías
segura en tu maldad, te decías: «Nadie me ve.» Tu sabiduría y tu misma
ciencia te han desviado. Dijiste en tu corazón: «¡Yo, y nadie más!»
11 Vendrá sobre
ti una desgracia que no sabrás conjurar; caerá sobre ti un desastre que no
podrás evitar. Vendrá sobre ti súbitamente una devastación que no sospechas.
12 ¡Quédate,
pues, con tus sortilegios y tus muchas hechicerías con que te fatigas desde
tu juventud! ¿Te podrán servir de algo? ¿Acaso harás temblar?
13 Te has cansado
de tus planes. Que se presenten, pues, y que te salven los que describen los
cielos, los que observan las estrellas y hacen saber, en cada mes, lo que te
sucederá.
14 Mira, ellos
serán como tamo que el fuego quemará. No librarán sus vidas del poder de las
llamas. No serán brasas para el pan ni llama ante la cual sentarse.
15 Eso serán para
ti tus hechiceros por los que te has fatigado desde tu juventud. Cada uno
errará por su camino, y no habrá quien te salve.
1 Escucha esto,
casa de Jacob, los que lleváis el nombre de Israel, los que habéis salido de
las aguas de Judá. Los que juráis por el nombre de Yahveh, los que invocáis
al Dios de Israel, mas no según verdad y justicia.
2 Porque lleváis
el nombre de la ciudad santa y os apoyáis en el Dios de Israel, cuyo nombre
es Yahveh Sebaot.
3 Yo anuncié
desde hace tiempo las cosas pasadas, salieron de mi boca y las di a conocer;
de pronto, las hice y se cumplieron.
4 Yo sabía que tú
eres obstinado, que es tu cerviz una barra de hierro y tu frente de bronce.
5 Por eso te
anuncié las cosas hace tiempo y antes que ocurrieran te las di a conocer, no
sea que dijeras: «Las hizo mi ídolo, mi estatua, mi imagen fundida lo
ordenó.»
6 Tú has oído
todo esto, ¿no vas a admitirlo? Ahora te hago saber cosas nuevas, secretas,
no sabidas,
7 que han sido
creadas ahora, no hace tiempo, de las que hasta ahora nada oíste, para que
no puedas decir: «Ya lo sabía.»
8 Ni las oíste ni
las hiciste ni de antemano te fue abierto el oído, pues sé muy bien que tú
eres pérfido y se te llama rebelde desde el seno materno.
9 Por amor de mi
nombre retardé mi cólera, a causa de mi alabanza me contuve para no
arrancarte.
10 Mira que te he
apurado, y no había en ti plata, te he probado en el crisol de la desgracia.
11 Por mí, por
mí, lo hago, pues ¿cómo mi nombre sería profanado? No cederé a otro mi
gloria.
12 Escúchame,
Jacob, Israel, a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el
último.
13 Sí, es mi mano
la que fundamentó la tierra y mi diestra la que extendió los cielos. Yo los
llamo y todos se presentan.
14 Reuníos todos
y escuchad: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? «Mi amigo cumplirá mi
deseo contra Babilonia y la raza de los caldeos.»
15 Yo mismo le he
hablado, le he llamado, le he hecho que venga y triunfe en sus empresas.
16 Acercaos a mí
y escuchad esto: Desde el principio no he hablado en oculto, desde que
sucedió estoy yo allí. Y ahora el Señor Yahveh me envía con su espíritu.
17 Así dice
Yahveh, tu redentor, el Santo de Israel. Yo, Yahveh, tu Dios, te instruyo en
lo que es provechoso y te marco el camino por donde debes ir.
18 ¡Si hubieras
atendido a mis mandatos, tu dicha habría sido como un río y tu victoria como
las olas del mar!
19 ¡Tu raza sería
como la arena los salidos de ti como sus granos! ¡Nunca habría sido
arrancado ni borrado de mi presencia su nombre!
20 ¡Salid de
Babilonia! ¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber,
proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: Yahveh ha rescatado a su
siervo Jacob!
21 No padecieron
sed en los sequedales a donde los llevó; hizo brotar para ellos agua de la
roca. Rompió la roca y corrieron las aguas.
22 No hay paz
para los malvados, dice Yahveh.
1 ¡Oídme, islas,
atended, pueblos lejanos! Yahveh desde el seno materno me llamó; desde las
entrañas de mi madre recordó mi nombre.
2 Hizo mi boca
como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta
aguda, en su carcaj me guardó.
3 Me dijo: «Tú
eres mi siervo (Israel), en quien me gloriaré.»
4 Pues yo decía:
«Por poco me he fatigado, en vano e inútilmente mi vigor he gastado. ¿De
veras que Yahveh se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo?»
5 Ahora, pues,
dice Yahveh, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para
hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era glorificado
a los ojos de Yahveh, mi Dios era mi fuerza.
6 «Poco es que
seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver
los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi
salvación alcance hasta los confines de la tierra.»
7 Así dice
Yahveh, el que rescata a Israel, el Santo suyo, a aquel cuya vida es
despreciada, y es abominado de las gentes, al esclavo de los dominadores:
Veránlo reyes y se pondrán en pie, príncipes y se postrarán por respeto a
Yahveh, que es leal, al Santo de Israel, que te ha elegido.
8 Así dice
Yahveh: En tiempo favorable te escucharé, y en día nefasto te asistiré. Yo
te formé y te he destinado a ser alianza del pueblo, para levantar la
tierra, para repartir las heredades desoladas,
9 para decir a
los presos: «Salid», y a los que están en tinieblas: «Mostraos». Por los
caminos pacerán y en todos los calveros tendrán pasto.
10 No tendrán
hambre ni sed, ni les dará el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad
de ellos los conducirá, y a manantiales de agua los guiará.
11 Convertiré
todos mis montes en caminos, y mis calzadas serán levantadas.
12 Mira: Estos
vienen de lejos, esos otros del norte y del oeste, y aquéllos de la tierra
de Sinim.
13 ¡Aclamad,
cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues
Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido.
14 Pero dice
Sión: «Yahveh me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.»
15 - ¿Acaso
olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus
entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.
16 Míralo, en las
palmas de mis manos te tengo tatuada, tus muros están ante mí perpetuamente.
17 Apresúrense
los que te reedifican, y salgan de ti los que te arruinaron y demolieron.
18 Alza en torno
los ojos y mira: todos ellos se han reunido y han venido a ti. ¡Por mi vida!
- oráculo de Yahveh - que con todos ellos como con velo nupcial te vestirás,
y te ceñirás con ellos como una novia.
19 Porque tus
ruinas y desolaciones y tu tierra arrasada van a ser ahora demasiado
estrechas para tanto morador, y se habrán alejado tus devoradores.
20 Todavía te
dirán al oído los hijos de que fuiste privada: «El lugar es estrecho para
mí, Cédeme sitio para alojarme.»
21 Y dirás para
ti misma: «¿Quién me ha dado a luz éstos? Pues yo había quedado sin hijos y
estéril, desterrada y aparte, y a éstos ¿quién los crió? He aquí que yo
había quedado sola, pues éstos ¿dónde estaban?»
22 Así dice el
Señor Yahveh: He aquí que yo voy a alzar hacia las gentes de mi mano, y
hacia los pueblos voy a levantar mi bandera; traerán a tus hijos en brazos,
y tus hijas serán llevadas a hombros.
23 Reyes serán
tus tutores, y sus princesas, nodrizas tuyas. Rostro en tierra se postrarán
ante ti, y el polvo de tus pies lamerán. Y sabrás que yo soy Yahveh; no se
avergonzarán los que en mí esperan.
24 ¿Se arrebata
al valiente la presa, o se escapa el prisionero del guerrero?
25 Pues así dice
Yahveh: Sí, al valiente se le quitará el prisionero, y la presa del guerrero
se le escapará; con tus litigantes yo litigaré, y a tus hijos yo salvaré.
26 Haré comer a
tus opresores su propia carne, como con vino nuevo, con su sangre se
embriagarán. Y sabrá todo el mundo que yo, Yahveh, soy el que te salva, y el
que te rescata, el Fuerte de Jacob.
1 Así dice
Yahveh: ¿Dónde está esa carta de divorcio de vuestra madre a quien repudié?
o ¿a cuál de mis acreedores os vendí? Mirad que por vuestras culpas fuisteis
vendidos, y por vuestras rebeldías fue repudiada vuestra madre.
2 ¿Por qué cuando
he venido no había nadie, cuando he llamado no hubo quien respondiera?
¿Acaso se ha vuelto mi mano demasiado corta para rescatar o quizá no habrá
en mí vigor para salvar? He aquí que con un gesto seco el mar, convierto los
ríos en desierto; quedan en seco sus peces por falta de agua y mueren de
sed.
3 Yo visto los
cielos de crespón y los cubro de sayal.
4 El Señor Yahveh
me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra
alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los
discípulos;
5 el Señor Yahveh
me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.
6 Ofrecí mis
espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi
rostro no hurté a los insultos y salivazos.
7 Pues que Yahveh
habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el
pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.
8 Cerca está el
que me justifica: ¿quién disputará conmigo? Presentémonos juntos: ¿quién es
mi demandante? ¡que se llegue a mí!
9 He aquí que el
Señor Yahveh me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido
se gastarán, la polilla se los comerá.
10 El que de
entre vosotros tema a Yahveh oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras
y carece de claridad confíe en el nombre de Yahveh y apóyese en su Dios.
11 ¡Oh vosotros,
todos los que encendéis fuego, los que sopláis las brasas! Id a la lumbre de
vuestro propio fuego y a las brasas que habéis encendido. Esto os vendrá de
mi mano: en tormento yaceréis.
1 Prestadme oído,
seguidores de lo justo, los que buscáis a Yahveh. Reparad en la peña de
donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde fuisteis
excavados.
2 Reparad en
Abraham vuestro padre, y en Sara, que os dio a luz; pues uno solo era cuando
le llamé, pero le bendije y le multipliqué.
3 Cuando haya
consolado Yahveh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el
desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahveh, regocijo y alegría se
encontrarán en ella, alabanza y son de canciones.
4 Préstame
atención, pueblo mío, mi nación, escúchame; que una instrucción saldrá de
mí, y juicio mío para luz de las naciones. Inminente,
5 cercana está mi
justicia, saldrá mi liberación, y mis brazos juzgarán a los pueblos. Las
islas esperan en mí y cuentan con mi brazo.
6 Alzad a los
cielos vuestros ojos y contemplad la tierra abajo, pues los cielos como
humareda se disiparán, la tierra como un vestido se gastará y sus moradores
como el mosquito morirán. Pero mi salvación por siempre será, y mi justicia
se mantendrá intacta.
7 Prestadme oído,
sabedores de lo justo, pueblo consciente de mi ley. No temáis las injurias
de los hombres, y de sus ultrajes no os asustéis;
8 pues como un
vestido se los comerá la polilla, y como lana los comerá la tiña. Pero mi
justicia por siempre será, y mi salvación por generaciones de generaciones.
9 ¡Despierta,
despierta, revístete de poderío, oh brazo de Yahveh! ¡Despierta como en los
días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que partió a
Ráhab, el que atravesó al Dragón?
10 ¿No eres tú el
que secó la Mar, las aguas del gran Océano, el que trocó las honduras del
mar en camino para que pasasen los rescatados?
11 Los redimidos
de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría
eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, el
penar y suspiros!
12 Yo, yo soy tu
consolador. ¿Quién eres tú, que tienes miedo del mortal y del hijo del
hombre, al heno equiparado?
13 Olvidas a
Yahveh, tu hacedor, el que extendió los cielos y cimentó la tierra; y te
estás despavorido todo a lo largo del día ante la furia del opresor, en
cuanto se aplica a destruir. Pues ¿dónde está esa furia del opresor?
14 Pronto saldrá
libre el que está en la cárcel, no morirá en la hoya, no le faltará el pan.
15 Yo soy Yahveh
tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas; Yahveh Sebaot es mi
nombre.
16 Yo he puesto
mis palabras en tu boca y te he escondido a la sombra de mi mano, cuando
extendía los cielos y cimentaba la tierra, diciendo a Sión: «Mi pueblo eres
tú.»
17 ¡Despierta,
despierta! ¡Levántate, Jerusalén! Tú, que has bebido de mano de Yahveh la
copa de su ira. El cáliz del vértigo has bebido hasta vaciarlo.
18 No hay quien
la guíe de entre todos los hijos que ha dado a luz, no hay quien la tome de
la mano de entre todos los hijos que ha criado.
19 Estas dos
cosas te han acaecido - ¿quién te conduele? - saqueo y quebranto, hambre y
espada - ¿quién te consuela? -
20 Tus hijos
desfallecen, yacen, en la esquina de todas las calles como antílope en la
red, llenos de la ira de Yahveh, de la amenaza de tu Dios.
21 Por eso,
escucha esto, pobrecilla, ebria, pero no de vino.
22 Así dice tu
Señor Yahveh, tu Dios, defensor de tu pueblo. Mira que yo te quito de la
mano la copa del vértigo, el cáliz de mi ira; ya no tendrás que seguir
bebiéndolo.
23 Yo lo pondré
en la mano de los que te afligían, de los que a ti misma te decían:
«Póstrate para que pasemos», y tú pusiste tu espalda como suelo y como calle
de los que pasaban.
1 ¡Despierta,
despierta! ¡Revístete de tu fortaleza, Sión! ¡Vístete tus ropas de gala,
Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni
impuros.
2 Sacúdete el
polvo, levántate, cautiva Jerusalén, Líbrate de las ligaduras de tu cerviz,
cautiva hija de Sión.
3 Porque así dice
Yahveh: De balde fuisteis vendidos, y sin plata seréis rescatados.
4 Sí, así dice el
Señor Yahveh: A Egipto bajó mi pueblo en un principio, a ser forastero allí,
y luego Asiria le oprimió sin motivo.
5 Y ahora, ¿qué
voy a hacer aquí - oráculo de Yahveh - pues mi pueblo ha sido arrebatado sin
motivo? Sus dominadores profieren gritos - oráculo de Yahveh - y todo a lo
largo del día mi nombre es blasfemado.
6 Por eso mi
pueblo conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que
decía: «Aquí estoy.»
7 ¡Qué hermosos
son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae
buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios!»
8 ¡Una voz! Tus
vigías alzan la voz, a una dan gritos de júbilo, porque con sus propios ojos
ven el retorno de Yahveh a Sión.
9 Prorrumpid a
una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahveh
a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.
10 Ha desnudado
Yahveh su santo brazo a los ojos de todas las naciones, y han visto todos
los cabos de la tierra la salvación de nuestro Dios.
11 ¡Apartaos,
apartaos, salid de allí! ¡Cosa impura no toquéis! ¡Salid de en medio de
ella, manteneos limpios, portadores del ajuar de Yahveh!
12 Pues sin prisa
habréis de salir, no iréis a la desbandada, que va al frente de vosotros
Yahveh, y os cierra la retaguardia el Dios de Israel.
13 He aquí que
prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera.
14 Así como se
asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no
parecía hombre, ni su apariencia era humana -
15 otro tanto se
admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que
nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.
1 ¿Quién dio
crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló?
2 Creció como un
retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni
presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.
3 Despreciable y
desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante
quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.
4 ¡Y con todo
eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que
soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.
5 El ha sido
herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el
castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.
6 Todos nosotros
como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre
él la culpa de todos nosotros.
7 Fue oprimido, y
él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y
como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la
boca.
8 Tras arresto y
juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue
arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido
herido;
9 y se puso su
sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo
atropello ni hubo engaño en su boca.
10 Mas plugo a
Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá
descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su
mano.
11 Por las
fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi
Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.
12 Por eso le
daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que
indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él
llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.
1 Grita de
júbilo, estéril que no das a luz, rompe en gritos de júbilo y alegría, la
que no ha tenido los dolores; que más son los hijos de la abandonada, que
los hijos de la casada, dice Yahveh.
2 Ensancha el
espacio de tu tienda las cortinas extiende, no te detengas; alarga tus
sogas, tus clavijas asegura;
3 porque a
derecha e izquierda te expandirás, tu prole heredará naciones y ciudades
desoladas poblarán.
4 No temas, que
no te avergonzarás, ni te sonrojes, que no quedarás confundida, pues la
vergüenza de tu mocedad olvidarás, y la afrenta de tu viudez no recordarás
jamás.
5 Porque tu
esposo es tu Hacedor, Yahveh Sebaot es su nombre; y el que te rescata, el
Santo de Israel, Dios de toda la tierra se llama.
6 Porque como a
mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahveh; y la mujer de
la juventud ¿es repudiada? - dice tu Dios.
7 Por un breve
instante te abandoné, pero con gran compasión te recogeré.
8 En un arranque
de furor te oculté mi rostro por un instante, pero con amor eterno te he
compadecido - dice Yahveh tu Redentor.
9 Será para mí
como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas de Noé más sobre
la tierra, así he jurado que no me irritaré mas contra ti ni te amenazaré.
10 Porque los
montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se
apartará y mi alianza de paz no se moverá - dice Yahveh, que tiene compasión
de ti.
11 Pobrecilla,
azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en carbunclos tus
piedras y voy a cimentarte con zafiros.
12 Haré de rubí
tus baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras
preciosas.
13 Todos tus
hijos serán discípulos de Yahveh, y será grande la dicha de tus hijos.
14 En justicia
serás consolidada. Manténte lejos de la opresión, pues ya no temerás, y del
terror, pues no se acercará a ti.
15 Si alguien te
ataca, no será de parte mía; quienquiera que te ataque, contra ti se
estrellará.
16 He aquí que yo
he creado al herrero, que sopla en el fuego las brasas y saca los
instrumentos para su trabajo.
17 Yo he creado
al destructor para aniquilar. Ningún arma forjada contra ti tendrá éxito, e
impugnarás a toda lengua que se levante a juicio contigo. Tal será la
heredad de los siervos de Yahveh y las victorias que alcanzarán por mí -
oráculo de Yahveh -.
1 ¡Oh, todos los
sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed,
sin plata, y sin pagar, vino y leche!
2 ¿Por qué gastar
plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso
y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso.
3 Aplicad el oído
y acudid a mí, oíd y vivirá vuestra alma. Pues voy a firmar con vosotros una
alianza eterna: las amorosas y fieles promesas hechas a David.
4 Mira que por
testigo de las naciones le he puesto, caudillo y legislador de las naciones.
5 Mira que a un
pueblo que no conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti
correrá por amor de Yahveh tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha
honrado.
6 Buscad a Yahveh
mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano.
7 Deje el malo su
camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Yahveh, que tendrá
compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar.
8 Porque no son
mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos
- oráculo de Yahveh -.
9 Porque cuanto
aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y
mis pensamientos a los vuestros.
10 Como
descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que
empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al
sembrador y pan para comer,
11 así será mi
palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya
realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.
12 Sí, con
alegría saldréis, y en paz seréis traídos. Los montes y las colinas romperán
ante vosotros en gritos de júbilo, y todos los árboles del campo batirán
palmas.
13 En lugar del
espino crecerá el ciprés, en lugar de la ortiga crecerá el mirto. Será para
renombre de Yahveh, para señal eterna que no será borrada.
1 Así dice
Yahveh: Velad por la equidad y practicad la justicia, que mi salvación está
para llegar y mi justicia para manifestarse.
2 Dichoso el
mortal que tal haga, el hombre que persevere en ello, guardándose de
profanar el sábado, guardando su mano de hacer nada malo.
3 Que el
extranjero que se adhiera a Yahveh, no diga: «¡De cierto que Yahveh me
separará de su pueblo!» No diga el eunuco: «Soy un árbol seco.»
4 Pues así dice
Yahveh: Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello que
me agrada y se mantienen firmes en mi alianza,
5 yo he de darles
en mi Casa y en mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre
eterno les daré que no será borrado.
6 En cuanto a los
extranjeros adheridos a Yahveh para su ministerio, para amar el nombre de
Yahveh, y para ser sus siervos, a todo aquel que guarda el sábado sin
profanarle y a los que se mantienen firmes en mi alianza,
7 yo les traeré a
mi monte santo y les alegraré en mi Casa de oración. Sus holocaustos y
sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi Casa será llamada Casa de
oración para todos los pueblos.
8 Oráculo del
Señor Yahveh que reúne a los dispersos de Israel. A los ya reunidos todavía
añadiré otros.
9 Bestias todas
del campo, venid a comer, bestias todas del bosque.
10 Sus vigías son
ciegos, ninguno sabe nada; todos son perros mudos, no pueden ladrar; ven
visiones, se acuestan, amigos de dormir.
11 Son perros
voraces, no conocen hartura, y ni los pastores saben entender. Cada uno
sigue su propio camino cada cual, hasta el último, busca su provecho
12 «Venid, voy a
sacar vino y nos emborracharemos de licor, que el día de mañana será como el
de hoy, o muchísimo mejor.»
1 El justo
perece, y no hay quien haga caso; los hombres buenos son arrebatados, y no
hay quien lo considere. Cuando ante la desgracia es arrebatado el justo,
2 se va en paz.
¡Descansen en sus lechos todos los que anduvieron en camino recto!
3 Pero vosotros
venid acá, hijos de hechicera, raza adúltera que te prostituyes:
4 ¿De quién os
mofáis? ¿Contra quién abrís la boca y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros
engendros de pecado, prole bastarda?
5 Los que entráis
en calor entre terebintos, bajo cualquier árbol frondoso, degolladores de
niños en las torrenteras, debajo de los resquicios de las peñas.
6 En las piedras
lisas del torrente tengas tu parte: ¡ellas, ellas te toquen en suerte! Que
también sobre ellas vertiste libaciones, hiciste oblación. ¿Acaso con estas
cosas me voy a aplacar?
7 Sobre montaña
alta y empinada pusiste tu lecho. Hasta allí subiste a hacer el sacrificio.
8 Detrás de la
puerta y de la jamba pusiste tu memorial. Sí, te desnudaste, subiste, y no
conmigo, a tu lecho, y lo extendiste. Llegaste a un acuerdo con aquellos con
quienes te plugo acostarte, mirando el monumento.
9 Te has acercado
con aceite para Mélek, multiplicaste tus aromas. Enviaste a tus emisarios
muy lejos, y los hiciste bajar hasta el seol.
10 De tanto
caminar te cansaste, pero sin decir: «Me rindo.» Hallaste el vigor de tu
mano, y así no quedaste debilitada.
11 Pues bien, ¿de
quién te asustaste y tuviste miedo, que fuiste embustera, y de mí no te
acordaste, no hiciste caso de ello? ¿No es que porque me callé desde
siempre, a mí no me temiste?
12 Yo voy a
denunciar tu virtud y tus hechos, y no te aprovecharán.
13 Cuando grites,
que te salven los reunidos en torno a ti, que a todos ellos los llevará el
viento, los arrebatará el aire. Pero aquel que se ampare en mí poseerá la
tierra y heredará mi monte santo.
14 Entonces se
dirá: Reparad, reparad, abrid camino, quitad los obstáculos del camino de mi
pueblo.
15 Que así dice
el Excelso y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo. «En lo
excelso y sagrado yo moro, y estoy también con el humillado y abatido de
espíritu, para avivar el espíritu de los abatidos, para avivar el ánimo de
los humillados.
16 Pues no
disputaré por siempre ni estaré eternamente enojado, pues entonces el
espíritu ante mí desmayaría y las almas que yo he creado.
17 Por culpa de
su codicia me enojé y le herí, ocultándome en mi enojo. Pero el rebelde
seguía su capricho.
18 Sus caminos
vi. Yo le curaré y le guiaré, y le daré ánimos a él y a los que con él
lloraban,
19 poniendo
alabanza en los labios: ¡Paz, paz al de lejos y al de cerca! - dice Yahveh
-. Yo le curaré.»
20 Los malos son
como mar agitada cuando no puede calmarse, cuyas aguas lanzan cieno y lodo.
21 «No hay paz
para los malvados» - dice mi Dios
1 Clama a voz en
grito, no te moderes; levanta tu voz como cuerno y denuncia a mi pueblo su
rebeldía y a la casa de Jacob sus pecados.
2 A mí me buscan
día a día y les agrada conocer mis caminos, como si fueran gente que la
virtud practica y el rito de su Dios no hubiesen abandonado. Me preguntan
por las leyes justas, la vecindad de su Dios les agrada.
3 - ¿Por qué
ayunamos, si tú no lo ves? ¿Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes? - Es
que el día en que ayunabais, buscabais vuestro negocio y explotabais a todos
vuestros trabajadores.
4 Es que ayunáis
para litigio y pleito y para dar de puñetazos a malvados. No ayunéis como
hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz.
5 ¿Acaso es éste
el ayuno que yo quiero el día en que se humilla el hombre? ¿Había que
doblegar como junco la cabeza, en sayal y ceniza estarse echado? ¿A eso
llamáis ayuno y día grato a Yahveh?
6 ¿No será más
bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer
las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo
yugo?
7 ¿No será partir
al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando
veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?
8 Entonces
brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te
precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá.
9 Entonces
clamarás, y Yahveh te responderá, pedirás socorro, y dirá: «Aquí estoy.» Si
apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,
10 repartes al
hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las
tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.
11 Te guiará
Yahveh de continuo, hartará en los sequedales tu alma, dará vigor a tus
huesos, y serás como huerto regado, o como manantial cuyas aguas nunca
faltan.
12 Reedificarán,
de ti, tus ruinas antiguas, levantarás los cimientos de pasadas
generaciones, se te llamará Reparador de brechas, y Restaurador de senderos
frecuentados.
13 Si apartas del
sábado tu pie, de hacer tu negocio en el día santo, y llamas al sábado
«Delicia», al día santo de Yahveh «Honorable», y lo honras evitando tus
viajes, no buscando tu interés ni tratando asuntos,
14 entonces te
deleitarás en Yahveh, y yo te haré cabalgar sobre los altozanos de la
tierra. Te alimentaré con la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de
Yahveh ha hablado.
1 Mirad, no es
demasiado corta la mano de Yahveh para salvar, ni es duro su oído para oír,
2 sino que
vuestras faltas os separaron a vosotros de vuestro Dios, y vuestros pecados
le hicieron esconder su rostro de vosotros para no oír.
3 Porque vuestras
manos están manchadas de sangre y vuestros dedos de culpa, vuestros labios
hablan falsedad y vuestra lengua habla perfidia.
4 No hay quien
clame con justicia ni quien juzgue con lealtad. Se confían en la nada y
hablan falsedad, conciben malicia y dan a luz iniquidad.
5 Hacen que
rompan su cascarón las víboras y tejen telas de araña; el que come de sus
huevos muere, y si son aplastados sale una víbora.
6 Sus hilos no
sirven para vestido ni con sus tejidos se pueden cubrir. Sus obras son obras
inicuas y acciones violentas hay en sus manos.
7 Sus pies corren
al mal y se apresuran a verter sangre inocente. Sus proyectos son proyectos
inicuos, destrucción y quebranto en sus caminos.
8 Camino de paz
no conocen, y derecho no hay en sus pasos. Tuercen sus caminos para provecho
propio, ninguno de los que por ellos pasan conoce la paz.
9 Por eso se
alejó de nosotros el derecho y no nos alcanzó la justicia. Esperábamos la
luz, y hubo tinieblas, la claridad, y anduvimos en oscuridad.
10 Palpamos la
pared como los ciegos y como los que no tienen ojos vacilamos. Tropezamos al
mediodía como si fuera al anochecer, y habitamos entre los sanos como los
muertos.
11 Todos nosotros
gruñimos como osos y zureamos sin cesar como palomas. Esperamos el derecho y
no hubo, la salvación, y se alejó de nosotros.
12 Porque fueron
muchas nuestras rebeldías delante de ti, y nuestros pecados testifican
contra nosotros, pues nuestras rebeldías nos acompañan y conocemos nuestras
culpas:
13 rebelarse y
renegar de Yahveh, apartarse de seguir a nuestro Dios, hablar de opresión y
revueltas, concebir y musitar en el corazón palabras engañosas.
14 Porque ha sido
rechazado el juicio y la justicia queda lejos. Porque la verdad en la plaza
ha tropezado y la rectitud no puede entrar.
15 La verdad se
echa en falta y el que se aparta del mal es despojado. Lo vio Yahveh y
pareció mal a sus ojos que no hubiera derecho.
16 Vio que no
había nadie y se maravilló de que no hubiera intercesor. Entonces le salvó
su brazo y su justicia le sostuvo.
17 Se puso la
justicia como coraza y el casco de salvación en su cabeza. Se puso como
túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto.
18 Según los
merecimientos así pagará: ira para sus opresores y represalia para sus
enemigos. Dará a las islas su merecido.
19 Temerán desde
Occidente el nombre de Yahveh y desde el Oriente verán su gloria, pues
vendrá como un torrente encajonado contra el que irrumpe con fuerza el soplo
de Yahveh.
20 Vendrá a Sión
para rescatar, a aquellos de Jacob que se conviertan de su rebeldía. -
Oráculo de Yahveh -.
21 Cuanto a mí,
esta es la alianza con ellos, dice Yahveh. Mi espíritu que ha venido sobre
ti y mis palabras que he puesto en tus labios no caerán de tu boca ni de la
boca de tu descendencia ni de la boca de la descendencia de tu descendencia,
dice Yahveh, desde ahora y para siempre.
1 ¡Arriba,
resplandece, que ha llegado tu luz, y la gloria de Yahveh sobre ti ha
amanecido!
2 Pues mira cómo
la oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti
amanece Yahveh y su gloria sobre ti aparece.
3 Caminarán las
naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada.
4 Alza los ojos
en torno y mira: todos se reúnen y vienen a ti. Tus hijos vienen de lejos, y
tus hijas son llevadas en brazos.
5 Tú entonces al
verlo te pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque
vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti.
6 Un sin fin de
camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de
Sabá vienen portadores de oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahveh.
7 Todas las
ovejas de Quedar se apiñarán junto a ti, los machos cabríos de Nebayot
estarán a tu servicio. Subirán en holocausto agradable a mi altar, y mi
hermosa Casa hermosearé aún más.
8 ¿Quiénes son
éstos que como nube vuelan, como palomas a sus palomares?
9 Los barcos se
juntan para mí, los navíos de Tarsis en cabeza, para traer a tus hijos de
lejos, junto con su plata y su oro, por el nombre de Yahveh tu Dios y por el
Santo de Israel, que te hermosea.
10 Hijos de
extranjeros construirán tus muros, y sus reyes se pondrán a tu servicio,
porque en mi cólera te herí, pero en mi benevolencia he tenido compasión de
ti.
11 Abiertas
estarán tus puertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán, para
dejar entrar a ti las riquezas de las naciones, traídas por sus reyes.
12 Pues la nación
y el reino que no se sometan a ti perecerán, esas naciones serán arruinadas
por completo.
13 La gloria del
Líbano vendrá a ti, el ciprés, el olmo y el boj a una, a embellecer mi Lugar
Santo y honrar el lugar donde mis pies reposan.
14 Acudirán a ti
encorvados los hijos de los que te humillaban, se postrarán a tus pies todos
los que te menospreciaban, y te llamarán la Ciudad de Yahveh, la Sión del
Santo de Israel.
15 En vez de
estar tú abandonada, aborrecida y sin viandantes, yo te convertiré en
lozanía eterna, gozo de siglos y siglos.
16 Te nutrirás
con la leche de las naciones, con las riquezas de los reyes serás
amamantada, y sabrás que yo soy Yahveh tu Salvador, y el que rescata, el
Fuerte de Jacob.
17 En vez de
bronce traeré oro, en vez de hierro traeré plata, en vez de madera, bronce,
y en vez de piedras, hierro. Te pondré como gobernantes la Paz, y por
gobierno la Justicia.
18 No se oirá más
hablar de violencia en tu tierra, ni de despojo o quebranto en tus
fronteras, antes llamarás a tus murallas «Salvación» y a tus puertas
«Alabanza».
19 No será para
ti ya nunca más el sol luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará
de noche, sino que tendrás a Yahveh por luz eterna, y a tu Dios por tu
hermosura.
20 No se pondrá
jamás tu sol, ni tu luna menguará, pues Yahveh será para ti luz eterna, y se
habrán acabado los días de tu luto.
21 Todos los de
tu pueblo serán justos, para siempre heredarán la tierra; retoño de mis
plantaciones, obra de mis manos para manifestar mi gloria.
22 El más pequeño
vendrá a ser un millar, el más chiquito, una nación poderosa. Yo, Yahveh, a
su tiempo me apresuraré a cumplirlo.
1 El espíritu del
Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh. A anunciar
la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a
pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad;
2 a pregonar año
de gracia de Yahveh, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos
los que lloran,
3 para darles
diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto, alabanza
en vez de espíritu abatido. Se les llamará robles de justicia, plantación de
Yahveh para manifestar su gloria.
4 Edificarán las
ruinas seculares, los lugares de antiguo desolados levantarán, y restaurarán
las ciudades en ruinas, los lugares por siempre desolados.
5 Vendrán
extranjeros y apacentarán vuestros rebaños, e hijos de extraños serán
vuestros labradores y viñadores.
6 Y vosotros
seréis llamados «sacerdotes de Yahveh», «ministros de nuestro Dios» se os
llamará. La riqueza de las naciones comeréis y en su gloria les sucederéis.
7 Por cuanto su
vergüenza había sido doble, y en lugar de afrenta, gritos de regocijo fueron
su herencia, por eso en su propia tierra heredarán el doble, y tendrán ellos
alegría eterna.
8 Pues yo,
Yahveh, amo el derecho y aborrezco la rapiña y el crimen. Les daré el
salario de su trabajo lealmente, y alianza eterna pactaré con ellos.
9 Será conocida
en las naciones su raza y sus vástagos entre los pueblos; todos los que los
vean reconocerán que son raza bendita de Yahveh.
10 «Con gozo me
gozaré en Yahveh, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas
de salvación, en manto de justicia me ha envuelto como el esposo se pone una
diadema, como la novia se adorna con aderezos.
11 Porque, como
una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, así
el Señor Yahveh hace germinar la justicia y la alabanza en presencia de
todas las naciones.»
1 Por amor de
Sión no he de callar, por amor de Jerusalén no he de estar quedo, hasta que
salga como resplandor su justicia, y su salvación brille como antorcha.
2 Verán las
naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre
nuevo que la boca de Yahveh declarará.
3 Serás corona de
adorno en la mano de Yahveh, y tiara real en la palma de tu Dios.
4 No se dirá de
ti jamás «Abandonada», ni de tu tierra se dirá jamás «Desolada», sino que a
ti se te llamará «Mi Complacencia», y a tu tierra, «Desposada». Porque
Yahveh se complacerá en ti, y tu tierra será desposada.
5 Porque como se
casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de
esposo por su novia se gozará por ti tu Dios.
6 Sobre los muros
de Jerusalén he apostado guardianes; ni en todo el día ni en toda la noche
estarán callados. Los que hacéis que Yahveh recuerde, no guardéis silencio.
7 No le dejéis
descansar, hasta que restablezca, hasta que trueque a Jerusalén en alabanza
en la tierra.
8 Ha jurado
Yahveh por su diestra y por su fuerte brazo: «No daré tu grano jamás por
manjar a tus enemigos. No beberán hijos de extraños tu mosto por el que te
fatigaste,
9 sino que los
que lo cosechen lo comerán y alabarán a Yahveh, y los que los recolecten lo
beberán en mis atrios sagrados.»
10 ¡Pasad, pasad
por las puertas! ¡Abrid camino al pueblo! ¡Reparad, reparad el camino, y
limpiadlo de piedras! ¡Izad pendón hacia los pueblos!
11 Mirad que
Yahveh hace oír hasta los confines de la tierra: «Decid a la hija de Sión:
Mira que viene tu salvación; mira, su salario le acompaña, y su paga le
precede.
12 Se les llamará
"Pueblo Santo", "Rescatados de Yahveh"; y a ti se te llamará "Buscada",
"Ciudad no Abandonada".»
1 - ¿Quién es ése
que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo? ¿Ese del vestido
esplendoroso, y de andar tan esforzado? - Soy yo que hablo con justicia, un
gran libertador.
2 - Y ¿por qué
está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero?
3 - El lagar he
pisado yo solo; de mi pueblo no hubo nadie conmigo. Los pisé con ira, los
pateé con furia, y salpicó su sangre mis vestidos, y toda mi vestimenta he
manchado.
4 ¡Era el día de
la venganza que tenía pensada, el año de mi desquite era llegado!
5 Miré bien y no
había auxiliador; me asombré de que no hubiera quien apoyase. Así que me
salvó mi propio brazo, y fue mi furia la que me sostuvo.
6 Pisoteé a
pueblos en mi ira, los pise con furia e hice correr por tierra su sangre.
7 Las
misericordias de Yahveh quiero recordar, las alabanzas de Yahveh, por todo
lo que nos ha premiado Yahveh, por la gran bondad para la casa de Israel,
que tuvo con nosotros en su misericordia, y por la abundancia de sus
bondades.
8 Dijo él: «De
cierto que ellos son mi pueblo, hijos que no engañarán.» Y fue él su
Salvador
9 en todas sus
angustias. No fue un mensajero ni un ángel: él mismo en persona los liberó.
Por su amor y su compasión él los rescató: los levantó y los llevó todos los
días desde siempre.
10 Mas ellos se
rebelaron y contristaron a su Espíritu santo, y él se convirtió en su
enemigo, guerreó contra ellos.
11 Entonces se
acordó de los días antiguos, de Moisés su siervo. ¿Dónde está el que los
sacó de la mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en él su Espíritu
santo,
12 el que hizo
que su brazo fuerte marchase al lado de Moisés, el que hendió las aguas ante
ellos para hacerse un nombre eterno,
13 el que les
hizo andar por los abismos como un caballo por el desierto, sin que
tropezaran,
14 cual ganado
que desciende al valle? El Espíritu de Yahveh los llevó a descansar. Así
guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso.
15 observa desde
los cielos y ve desde tu aposento santo y glorioso. ¿Dónde está tu celo y tu
fuerza, la conmoción de tus entrañas? ¿Es que tus entrañas se han cerrado
para mí?
16 Porque tú eres
nuestro Padre, que Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda. Tú,
Yahveh, eres nuestro Padre, tu nombre es «El que nos rescata» desde siempre.
17 ¿Por qué nos
dejaste errar, Yahveh, fuera de tus caminos, endurecerse nuestros corazones
lejos de tu temor? Vuélvete, por amor de tus siervos, por las tribus de tu
heredad.
18 ¿Por qué el
enemigo ha invalido tu santuario, tu santuario han pisoteado nuestros
opresores?
19 Somos desde
antiguo gente a la que no gobiernas, no se nos llama por tu nombre. ¡Ah si
rompieses los cielos y descendieses - ante tu faz los montes se derretirían,
1 como prende el
fuego en la hojarasca, como el fuego hace hervir al agua - para dar a
conocer tu nombre a tus adversarios, y hacer temblar a las naciones ante ti,
2 haciendo tú
cosas terribles, inesperadas. (Tú descendiste: ante tu faz, los montes se
derretirán.)
3 Nunca se oyó.
No se oyó decir, ni se escuchó, ni ojo vio a un Dios, sino a ti, que tal
hiciese para el que espera en él.
4 Te haces
encontradizo de quienes se alegran y practican justicia y recuerdan tus
caminos. He aquí que estuviste enojado, pero es que fuimos pecadores;
estamos para siempre en tu camino y nos salvaremos.
5 Somos como
impuros todos nosotros, como paño inmundo todas nuestras obras justas.
Caímos como la hoja todos nosotros, y nuestras culpas como el viento nos
llevaron.
6 No hay quien
invoque tu nombre, quien se despierte para asirse a ti. Pues encubriste tu
rostro de nosotros, y nos dejaste a merced de nuestras culpas.
7 Pues bien,
Yahveh, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero,
la hechura de tus manos todos nosotros.
8 No te irrites,
Yahveh, demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa. Ea, mira, todos
nosotros somos tu pueblo.
9 Tus ciudades
santas han quedado desiertas, Sión desierta ha quedado, Jerusalén desolada.
10 Nuestra Casa
santa y gloriosa, en donde te alabaron nuestros padres, ha parado en hoguera
de fuego, y todas nuestras cosas más queridas han parado en ruinas.
11 ¿Es que ante
esto te endurecerás, Yahveh, callarás y nos humillarás sin medida?
1 Me he hecho
encontradizo de quienes no preguntaban por mí; me he dejado hallar de
quienes no me buscaban. Dije: «Aquí estoy, aquí estoy» a gente que no
invocaba mi nombre.
2 Alargué mis
manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en
pos de sus pensamientos;
3 pueblo que me
irrita en mi propia cara de continuo, que sacrifican en los jardines y
queman incienso sobre ladrillos;
4 que habitan en
tumbas y en antros hacen noche; que comen carne de cerdo y bazofia
descompuesta en sus cacharros;
5 los que dicen:
«Quédate ahí, no te llegues a mí, que te santificaría.» Estos son humo en mi
nariz, fuego que abrasa siempre.
6 Mirad que está
escrito delante de mí: no callaré hasta no haber puesto su paga en su seno,
7 la de vuestras
culpas y las de vuestros padres juntamente - dice Yahveh - que quemaron
incienso en los montes y en las colinas me afrentaron; pero yo voy a
medirles la paga de su obra y se la pondré en su seno.
8 Así dice
Yahveh: Como cuando se encuentra mosto en el racimo y se dice: «No lo eches
a perder, porque es una bendición», así haré yo por amor de mis siervos,
evitando destruirlos a todos.
9 Sacaré de Jacob
simiente y de Judá heredero de mis montes; los heredarán mis elegidos y mis
siervos morarán allí.
10 Sarón será
majada de ovejas y el valle de Akor corral de vacas para mi pueblo, los que
me buscaron.
11 Mas vosotros,
los que abandonáis a Yahveh, los que olvidáis mi monte santo, los que ponéis
una mesa a Gad y llenáis una copa a Mení,
12 Yo os destino
a la espada y todos vosotros caeréis degollados, porque os llamé y no
respondisteis, hablé y no oísteis, sino que hicisteis lo que me desagrada, y
lo que no me gusta elegisteis.
13 Por tanto, así
dice el Señor Yahveh: Mirad que mis siervos comerán, mas vosotros tendréis
hambre; mirad que mis siervos beberán, mas vosotros tendréis sed; mirad que
mis siervos se alegrarán, mas vosotros padeceréis vergüenza;
14 mirad que mis
siervos cantarán con corazón dichoso, mas vosotros gritaréis con corazón
triste, y con espíritu quebrantado gemiréis.
15 Dejaréis
vuestro nombre a mis elegidos para que sirva de imprecación: «¡Así te haga
morir el Señor Yahveh...!», pero a sus siervos les dará un nombre nuevo
16 tal que, quien
desee ser bendecido en la tierra, deseará serlo en el Dios del Amén, y quien
jurare en la tierra, jurará en el Dios del Amén; cuando se hayan olvidado
las angustias primeras, y cuando estén ocultas a mis ojos.
17 Pues he aquí
que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los primeros
ni vendrán a la memoria;
18 antes habrá
gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que
yo voy a crear a Jerusalén «Regocijo», y a su pueblo «Alegría»;
19 me regocijaré
por Jerusalén y me alegraré por mi pueblo, sin que se oiga allí jamás lloro
ni quejido.
20 No habrá allí
jamás niño que viva pocos días, o viejo que no llene sus días, pues morir
joven será morir a los cien años, y el que no alcance los cien años será
porque está maldito.
21 Edificarán
casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto.
22 No edificarán
para que otro habite, no plantarán para que otro coma, pues cuanto vive un
árbol vivirá mi pueblo, y mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.
23 No se
fatigarán en vano ni tendrán hijos para sobresalto, pues serán raza bendita
de Yahveh ellos y sus retoños con ellos.
24 Antes que me
llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo les escucharé.
25 Lobo y cordero
pacerán a una, = el león comerá paja como el buey =, y la serpiente se
alimentará de polvo, = no harán más daño ni perjuicio en todo mi santo monte
- dice Yahveh.
1 Así dice
Yahveh: Los cielos son mi trono y la tierra el estrado de mis pies, Pues
¿qué casa vais a edificarme, o qué lugar para mi reposo,
2 si todo lo hizo
mi mano, y es mío todo ello? - Oráculo de Yahveh -. Y ¿en quién voy a
fijarme? En el humilde y contrito que tiembla a mi palabra.
3 Se inmola un
buey, se abate un hombre, se sacrifica una oveja, se desnuca un perro, se
ofrece en oblación sangre de cerdo, se hace un memorial de incienso, se
bendice a los ídolos. Ellos mismos eligieron sus propios caminos y en sus
monstruos abominables halló su alma complacencia.
4 También yo
elegiré el vejarlos y sus temores traeré sobre ellos, por cuanto que llamé y
nadie respondió, hablé y no escucharon, sino que hicieron lo que me parece
mal y lo que no me gusta eligieron.
5 Escuchad la
palabra de Yahveh, los que tembláis a su palabra. Dijeron vuestros hermanos
que os aborrecen, que os rechazan por causa de mi nombre: «Que Yahveh
muestre su gloria y veamos vuestra alegría.» Pero ellos quedarán
avergonzados.
6 Voz estruendosa
viene de la ciudad, voz del Templo: la voz de Yahveh que paga el merecido a
sus enemigos.
7 Antes de tener
dolores dio a luz, antes de llegarle el parto dio a luz varón.
8 ¿Quién oyó tal?
¿Quién vio cosa semejante? ¿Es dado a luz un país en un solo día? ¿O nace un
pueblo todo de una vez? Pues bien: Tuvo dolores y dio a luz Sión a sus
hijos.
9 ¿Abriré yo el
seno sin hacer dar a luz - dice Yahveh - o lo cerraré yo, que hago dar a
luz? - Dice tu Dios.
10 Alegraos,
Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría
por ella todos los que por ella hacíais duelo;
11 de modo que
maméis y os hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os
deleitéis de los pechos de su gloria.
12 Porque así
dice Yahveh: Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal
desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis
llevados y sobre las rodillas seréis acariciados.
13 Como uno a
quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis
consolados).
14 Al verlo se os
regocijará el corazón, vuestros huesos como el césped florecerán, la mano de
Yahveh se dará a conocer a sus siervos, y su enojo a sus enemigos.
15 Pues he aquí
que Yahveh en fuego viene y como torbellino son sus carros, para desfogar su
cólera con ira y su amenaza con llamas de fuego.
16 Porque con
fuego Yahveh va a juzgar y con su espada a toda carne, y serán muchas las
víctimas de Yahveh.
17 Los que se
consagran y los que se purifican en los jardines, detrás de uno que está en
medio, que comen carne de cerdo, cosas inmundas y de rata, a una serán
eliminados con sus acciones y sus pensamientos, - oráculo de Yahveh -.
18 Yo vengo a
reunir a todas las naciones y lenguas; vendrán y verán mi gloria.
19 Pondré en
ellos señal y enviaré de ellos algunos escapados a las naciones: a Tarsis,
Put y Lud, Mések, Ros, Túbal, Yaván; a las islas remotas que no oyeron mi
fama ni vieron mi gloria. Ellos anunciarán mi gloria a las naciones.
20 Y traerán a
todos vuestros hermanos de todas las naciones como oblación a Yahveh - en
caballos, carros, literas, mulos y dromedarios - a mi monte santo de
Jerusalén - dice Yahveh - como traen los hijos de Israel la oblación en
recipiente limpio a la Casa de Yahveh.
21 Y también de
entre ellos tomaré para sacerdotes y levitas - dice Yahveh.
22 Porque así
como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mi
presencia - oráculo de Yahveh - así permanecerá vuestra raza y vuestro
nombre.
23 Así pues, de
luna en luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a
prosternarse ante mí - dice Yahveh.
24 Y en saliendo,
verán los cadáveres de aquellos que se rebelaron contra mí; su gusano no
morirá su fuego no se apagará, y serán el asco de todo el mundo.