1 Visión que
Isaías, hijo de Amós, vio tocante a Judá y Jerusalén en tiempo de Ozías,
Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
2 Oíd, cielos,
escucha, tierra, que habla Yahveh; «Hijos crié y saqué adelante, y ellos se
rebelaron contra mí.
3 Conoce el buey
a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no
discierne.»
4 ¡Ay, gente
pecadora, pueblo tarado de culpa. semilla de malvados, hijos de perdición!
Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de Israel, se han vuelto de
espaldas.
5 ¿En dónde
golpearos ya, si seguís contumaces? La cabeza toda está enferma, toda
entraña doliente.
6 De la planta
del pie a la cabeza no hay en él cosa sana: golpes, magulladuras y heridas
frescas, ni cerradas, ni vendadas, ni ablandadas con aceite.
7 Vuestra tierra
es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego; vuestro suelo delante
de vosotros extranjeros se lo comen, y es una desolación como devastación de
extranjeros.
8 Ha quedado la
hija de Sión como cobertizo en viña, como albergue en pepinar, como ciudad
sitiada.
9 De no habernos
dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo, como Sodoma seríamos, a Gomorra
nos pareceríamos.
10 Oíd una
palabra de Yahveh, regidores de Sodoma. Escuchad una instrucción de nuestro
Dios, pueblo de Gomorra.
11 «¿A mí qué,
tanto sacrificio vuestro? - dice Yahveh -. Harto estoy de holocaustos de
carneros y de sebo de cebones; y sangre de novillos y machos cabríos no me
agrada,
12 cuando venís a
presentaros ante mí. ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura de mis
atrios?
13 No sigáis
trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable.
Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad.
14 Vuestros
novilunios y solemnidades aborrece mi alma: me han resultado un gravamen que
me cuesta llevar.
15 Y al extender
vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos por no veros. Aunque menudeéis la
plegaria, yo no oigo. Vuestras manos están de sangre llenas:
16 lavaos,
limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de
hacer el mal,
17 aprended a
hacer el bien, buscad lo justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia
al huérfano, abogad por la viuda.
18 Venid, pues, y
disputemos - dice Yahveh -: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual
la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana
quedarán.
19 Si aceptáis
obedecer, lo bueno de la tierra comeréis.
20 Pero si
rehusando os oponéis, por la espada seréis devorados, que ha hablado la boca
de Yahveh.
21 ¡Cómo se ha
hecho adúltera la villa leal! Sión llena estaba de equidad, justicia se
albergaba en ella, pero ahora, asesinos.
22 Tu plata se ha
hecho escoria. Tu bebida se ha aguado.
23 Tus jefes,
revoltosos y aliados con bandidos. Cada cual ama el soborno y va tras los
regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la viuda no llega
hasta ellos.
24 Por eso -
oráculo del Señor Yahveh Sebaot, el Fuerte de Israel -: ¡Ay! Voy a
desquitarme de mis contrarios, voy a vengarme de mis enemigos.
25 Voy a volver
mi mano contra ti y purificaré al crisol tu escoria, hasta quitar toda tu
ganga.
26 Voy a volver a
tus jueces como eran al principio, y a tus consejeros como antaño. Tras de
lo cual se te llamará Ciudad de Justicia, Villa-leal.
27 Sión por la
equidad será rescatada, y sus cautivos por la justicia.
28 Padecerán
quebranto rebeldes y pecadores a una, y los desertores de Yahveh se
acabarán.
29 Porque os
avergonzaréis de las encinas que anhelabais, y os afrentaréis de los
jardines que preferíais.
30 Porque seréis
como encina que se le cae la hoja, y como jardín que a falta de agua está.
31 El hombre
fuerte se volverá estopa, y su trabajo, chispa: arderán ambos a una, y no
habrá quien apague.
1 Lo que vio
Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
2 Sucederá en
días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de
los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las
naciones,
3 y acudirán
pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del
Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus
senderos.» Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
4 Juzgará entre
las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas
azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra
nación, ni se ejercitarán más en la guerra.
5 Casa de Jacob,
andando, y vayamos, caminemos a la luz de Yahveh.
6 Has desechado a
tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos de adivinos y evocadores,
como los filisteos, y con extraños chocan la mano;
7 se llenó su
tierra de plata y oro, y no tienen límite sus tesoros; se llenó su tierra de
caballos, y no tienen límite sus carros;
8 se llenó su
tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan, ante lo que
hicieron sus dedos.
9 Se humilla el
hombre, y se abaja el varón: pero no les perdones.
10 Entra en la
peña, húndete en el polvo, lejos de la presencia pavorosa de Yahveh y del
esplendor de su majestad, cuando él se alce para hacer temblar la tierra.
11 Los ojos
altivos del hombre serán abajados, se humillará la altanería humana, y será
exaltado Yahveh solo en aquel día.
12 Pues será
aquel día de Yahveh Sebaot para toda depresión, que sea enaltecida, y para
todo lo levantado, que será rebajado:
13 contra todos
los cedros del Líbano altos y elevados, contra todas las encinas del Basán,
14 contra todos
los montes altos, contra todos los cerros elevados,
15 contra toda
torre prominente, contra todo muro inaccesible,
16 contra todas
las naves de Tarsis, contra todos los barcos cargados de tesoros.
17 Se humillará
la altivez del hombre, y se abajará la altanería humana; será exaltado
Yahveh solo, en aquel día,
18 y los ídolos
completamente abatidos.
19 Entrarán en
las grietas de las peñas y en las hendiduras de la tierra, lejos de la
presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se
alce para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día
arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los
ídolos de oro que él se hizo para postrarse ante ellos,
21 y se meterá en
los agujeros de las peñas y en las hendiduras de las piedras, lejos de la
presencia pavorosa de Yahveh y del esplendor de su majestad, cuando él se
alce para hacer temblar la tierra.
22 Desentendeos
del hombre, en cuya nariz sólo hay aliento, porque ¿qué vale él?
1 Pues he aquí
que el Señor Yahveh Sebaot está quitando de Jerusalén y de Judá todo
sustento y apoyo: (todo sustento de pan y todo sustento de agua);
2 el valiente y
el guerrero, el juez y el profeta, el augur y el anciano,
3 el jefe de
escuadra y el favorito, el consejero, el sabio hechicero y el hábil
encantador.
4 Les daré mozos
por jefes, y mozalbetes les dominarán.
5 Querrá mandar
la gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros y cada cual en su
compañero. Se revolverá el mozo contra el anciano, y el vil contra el hombre
de peso.
6 Pues agarrará
uno a su hermano al de su mismo apellido, diciéndole: «Túnica gastas:
príncipe nuestro seas, toma a tu cargo esta ruina.»
7 Pero el otro
exclamará aquel día: «No seré vuestro médico; en mi casa no hay pan ni
túnica: no me pongáis por príncipe del pueblo.»
8 Así que tropezó
Jerusalén, y Judá ha caído; pues sus lenguas y sus fechorías a Yahveh han
llegado, irritando los ojos de su majestad.
9 La expresión de
su rostro les denuncia, y sus pecados como Sodoma manifiestan, no se
ocultan. ¡Ay de ellos, porque han merecido su propio mal!
10 Decid al justo
que bien, que el fruto de sus acciones comerá.
11 ¡Ay del
malvado! que le irá mal, que el mérito de sus manos se le dará.
12 A mi pueblo le
oprime un mozalbete, y mujeres le dominan. Pueblo mío, tus regidores vacilan
y tus derroteros confunden.
13 Se levanta a
pleitear Yahveh y está en pie para juzgar a los pueblos.
14 Yahveh demanda
en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus jefes. «Vosotros habéis
incendiado la viña, el despojo del mísero tenéis en vuestras casas.
15 Pero ¿qué os
importa? Machacáis a mi pueblo y moléis el rostro de los pobres» - oráculo
del Señor Yahveh Sebaot -.
16 Dice Yahveh:
«Por cuanto son altivas las hijas de Sión, y andan con el cuello estirado y
guiñando los ojos, y andan a pasitos menudos, y con sus pies hacen tintinear
las ajorcas»,
17 rapará el
Señor el cráneo de las hijas de Sión, y Yahveh destapará su desnudez.
18 Aquel día
quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y las lunetas;
19 los aljófares,
las lentejuelas y los cascabeles;
20 los peinados,
las cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de olor y los amuletos,
21 los anillos y
aretes de nariz;
22 los vestidos
preciosos, los mantos, los chales, los bolsos,
23 los espejos,
las ropas finas, los turbantes y las mantillas.
24 Por debajo del
bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja, soga, por debajo de la peluca,
rapadura, y por debajo del traje, refajo de arpillera. y por debajo de la
hermosura, vergüenza.
25 Tus gentes a
espada caerán, y tus campeones en guerra.
26 Y darán ayes y
se dolerán a las puertas, y tú, asolada, te sentarás por tierra.
1 Asirán siete
mujeres a un hombre en aquel día diciendo: «Nuestro pan comeremos, y con
nuestras túnicas nos vestiremos. Tan sólo déjanos llevar tu nombre: quita
nuestro oprobio.»
2 Aquel día el
germen de Yahveh será magnífico y glorioso, y el fruto de la tierra será la
prez y ornato de los bien librados de Israel.
3 A los restantes
de Sión y a los que quedaren de Jerusalén, se les llamará santos: serán
todos los apuntados como vivos en Jerusalén.
4 Cuando haya
lavado el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, y las manchas de sangre
de Jerusalén haya limpiado del interior de ella con viento justiciero y
viento abrasador,
5 creará Yahveh
sobre todo lugar del monte de Sión y sobre toda su reunión, nube y humo de
día, y resplandor de fuego llameante de noche. Y por encima la gloria de
Yahveh será toldo
6 y tienda para
sombra contra el calor diurno, y para abrigo y reparo contra el aguacero y
la lluvia.
1 Voy a cantar a
mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un
fértil otero.
2 La cavó y
despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de
ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio
agraces.
3 Ahora, pues,
habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y
yo:
4 ¿Qué más se
puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese
uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
5 Ahora, pues,
voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será
quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.
6 Haré de ella un
erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las
nubes prohibiré llover sobre ella.
7 Pues bien, viña
de Yahveh Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío
exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay
alaridos.
8 ¡Ay, los que
juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el
sitio y quedaros solos en medio del país!
9 Así ha jurado a
mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y
hermosas, pero sin moradores!
10 Porque diez
yugadas de viña darán sólo una medida, y una carga de simiente producirá una
medida.»
11 ¡Ay, los que
despertando por la mañana andan tras el licor; los que trasnochan,
encandilados por el vino!
12 Sólo hay arpas
y cítaras, pandero y flauta en sus libaciones, y no contemplan la obra de
Yahveh, no ven la acción de sus manos.
13 Por eso fue
deportado mi pueblo sin sentirlo, sus notables estaban muertos de hambre, y
su plebe se resecaba de sed.
14 Por eso
ensanchó el seol su seno dilató su boca sin medida, y a él baja su nobleza y
su plebe y su turba gozosa.
15 Se humilla el
hombre, se abaja el varón, los ojos de los altivos son abajados;
16 es ensalzado
Yahveh Sebaot en juicio, el Dios Santo muestra su santidad por su justicia.
17 Pacerán los
corderos como en su pastizal, y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán.
18 ¡Ay, los que
arrastran la culpa con coyundas de engaños y el pecado como con bridas de
novilla!
19 Los que dicen:
«¡Listo, apresure su acción, de modo que la veamos. Acérquese y venga el
plan del Santo de Israel, y que lo sepamos!»
20 ¡Ay, los que
llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por
oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!
21 ¡Ay, los
sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos!
22 ¡Ay, los
campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor,
23 los que
absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho.
24 Tal devora las
espigas una lengua de fuego y el heno en llamas se derrumba: la raíz de
ellos será como podre, y su flor subirá como tamo. Pues recusaron la
enseñanza de Yahveh Sebaot y despreciaron el dicho del Santo de Israel.
25 Por eso se ha
encendido la ira de Yahveh contra su pueblo, extendió su mano sobre él y le
golpeó. Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían como basura en medio de
las calles. Con todo eso, no se ha calmado su ira, y aún sigue extendida su
mano.
26 Iza bandera a
un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo
aquí, rápido, viene ligero.
27 No hay en él
quien se canse y tropiece, quien se duerma y se amodorre; nadie se suelta el
cinturón de los lomos, ni se rompe la correa de su calzado.
28 Sus saetas son
agudas y todos sus arcos están tensos. Los cascos de sus caballos semejan
pedernal y sus ruedas, torbellino.
29 Tiene un
rugido como de leona, ruge como los cachorros, brama y agarra la presa, la
arrebata, y no hay quien la libre.
30 Bramará contra
él aquel día como el bramido del mar, y oteará la tierra, y habrá densa
oscuridad, pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.
1 El año de la
muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y
sus haldas llenaban el templo.
2 Unos serafines
se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par
se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par
aleteaban,
3 Y se gritaban
el uno al otro: «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la
tierra de su gloria.».
4 Se conmovieron
los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó
de humo.
5 Y dije: «¡Ay de
mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un
pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis
ojos!»
6 Entonces voló
hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas
había tomado de sobre el altar,
7 y tocó mi boca
y dijo: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu
pecado está expiado.»
8 Y percibí la
voz del Señor que decía: «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»?
Dije: «Heme aquí: envíame.»
9 Dijo: «Ve y di
a ese pueblo: "Escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no
comprendáis."
10 Engorda el
corazón de ese pueblo hazle duro de oídos, y pégale los ojos, no sea que vea
con sus ojos. y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se
convierta y se le cure.»
11 Yo dije:
«¿Hasta dónde, Señor?» Dijo: «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin
habitantes, las casas sin hombres, la campiña desolada,
12 y haya alejado
Yahveh a las gentes, y cunda el abandono dentro del país.
13 Aun el décimo
que quede en él volverá a ser devastado como la encina o el roble, en cuya
tala queda un tocón: semilla santa será su tocón.»
1 En tiempo de
Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram,
con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más
no pudieron hacerlo.
2 La casa de
David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se
estremeció el corazón del rey y el corazón de su pueblo, como se estremecen
los árboles del bosque por el viento.
3 Entonces Yahveh
dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la
alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de
Ajaz,
4 y dile:
«¡Alerta, pero ten calma! No temas, ni desmaye tu corazón por ese par de
cabos de tizones humeantes,
5 ya que Aram,
Efraím y el hijo de Remalías han maquinado tu ruina diciendo:
6 Subamos contra
Judá y desmembrémoslo, abramos brecha en él y pongamos allí por rey al hijo
de Tabel."
7 Así ha dicho el
Señor Yahveh: No se mantendrá, ni será así;
8 porque la
capital de Aram es Damasco, y el cabeza de Damasco, Rasón; Pues bien: dentro
de sesenta y cinco años, Efraím dejará de ser pueblo.
9 La capital de
Efraím es Samaría, y el cabeza de Samaría, el hijo de Remalías. Si no os
afirmáis en mí no seréis firmes.»
10 Volvió Yahveh
a hablar a Ajaz diciendo:
11 «Pide para ti
una señal de Yahveh tu Dios en lo profundo del seol o en lo más alto.»
12 Dijo Ajaz: «No
la pediré, no tentaré a Yahveh.»
13 Dijo Isaías:
«Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis
también a mi Dios?
14 Pues bien, el
Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va
a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
15 Cuajada y miel
comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno.
16 Porque antes
que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el
territorio cuyos dos reyes te dan miedo.
17 Yahveh atraerá
sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales no los
hubo desde aquel en que se apartó Efraím de Judá (el rey de Asur).
18 Aquel día
silbará Yahveh al enjambre que hay en los confines de los ríos de Egipto, y
a las abejas que hay en tierra de Asur;
19 vendrán y se
posarán todas ellas en las quebradas, en los resquicios de las peñas, en
todas las corrientes y en todos los arroyos.
20 Aquel día
rapará el Señor con navaja alquilada allende el Río, con el rey de Asur, la
cabeza y el vello de las piernas y también la barba afeitará,
21 Aquel día
criará cada uno una novilla y un par de ovejas.
22 Y así de tanto
dar leche, comerá cuajada, porque «cuajada y miel comerá todo el que quedare
dentro del país».
23 Aquel día,
cualquier lugar donde antes hubo mil cepas por valor de mil piezas de plata,
será de la zarza y el abrojo.
24 Con flechas y
arco se entrará allí, pues zarza y abrojo será toda la tierra,
25 y en ninguno
de los montes que se desbrozan con la azada se podrá entrar por temor de las
zarzas y abrojos; será dehesa de bueyes y pastizal de ovejas.»
1 Yahveh me dijo:
«Toma una placa grande, escribe en ella con buril: de Maher Salal Jas Baz,
2 y toma por
fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.»
3 Me acerqué a la
profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh me dijo: «Llámale Maher
Salal Jas Baz,
4 pues antes que
sepa el niño decir "papá" y "mamá", la riqueza de Damasco y el botín de
Samaría serán llevados ante el rey de Asur.»
5 Volvió Yahveh a
hablarme de nuevo:
6 «Porque ha
rehusado ese pueblo las aguas de Siloé que van de vagar y se ha
desmoralizado ante Rasón y el hijo de Remalías,
7 por lo mismo,
he aquí que el Señor hace subir contra ellos las aguas del Río embravecidas
y copiosas. Desbordará por todos sus cauces, (el rey de Asur y todo su
esplendor) invadirá todas sus riberas.
8 Seguirá por
Judá anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y la envergadura de sus
alas abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel.
9 Sabedlo,
pueblos: seréis destrozados; escuchad, confines todos de la tierra; en
guardia: seréis destrozados; en guardia: seréis destrozados.
10 Trazad un
plan: fracasará. Decid una palabra: no se cumplirá. Porque con nosotros está
Dios.
11 Pues así me ha
dicho Yahveh cuando me tomó de la mano y me apartó de seguir por el camino
de ese pueblo:
12 No llaméis
conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración, ni temáis ni tembléis
de lo que él teme.
13 A Yahveh
Sebaot, a ése tened por santo, sea él vuestro temor y él vuestro temblor.
14 Será un
santuario y piedra de tropiezo y peña de escándalo para entrambas Casas de
Israel; lazo y trampa para los moradores de Jerusalén.
15 Allí
tropezarán muchos, caerán, se estrellarán y serán atrapados y presos.
16 Envuelve el
testimonio, sella la enseñanza entre mis discípulos.
17 Aguardaré por
Yahveh, el que vela su faz de la casa de Jacob, y esperaré por él.
18 Aquí estamos
yo y los hijos que me ha dado Yahveh, por señales y pruebas en Israel, de
parte de Yahveh Sebaot, el que reside en el monte Sión.
19 Y cuando os
dijeren: «Consultad a los nigromantes y a los adivinos que bisbisean y
murmujean; ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses, por los vivos a los
muertos?»:
20 en pro de la
enseñanza y el testimonio ¡Vaya si dirán cosa tal! Lo que no tiene provecho.
21 Pasará por
allí lacerado y hambriento, y así que le dé el hambre, se enojará y faltará
a su rey y a su Dios. Volverá el rostro a lo alto,
22 la tierra
oteará, y sólo habrá cerrazón y negrura, lobreguez prieta y tiniebla espesa.
23 Pues, ¿no hay
lobreguez para quien tiene apretura? Como el tiempo primero ultrajó a la
tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero honró el camino
del mar, allende el Jordán, el distrito de los Gentiles.
1 El pueblo que
andaba a oscuras
2 vio una luz
grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.
Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu
presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín.
3 Porque el yugo
que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su tirano - has roto,
como el día de Madián.
4 Porque toda
bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la
quema, pasto del fuego.
5 Porque una
criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su
hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte»,
«Siempre Padre», «Príncipe de Paz».
6 Grande es su
señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino,
para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y
hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.
7 Una palabra ha
proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
8 Sabedla, pueblo
todo, Efraím y los habitantes de Samaría, los que con arrogancia y
engreimiento dicen:
9 «Los ladrillos
han caído, pero de sillar edificaremos; los sicómoros fueron talados, pero
por cedros los cambiaremos.»
10 Pues bien,
Yahveh ha dado ventaja a su adversario, Rasón, y azuzó a sus enemigos:
11 Aram por
delante y los filisteos por detrás, devoraron a Israel a boca llena. Con
todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
12 Pero el pueblo
no se volvió hacia el que le castigaba, no buscaron a Yahveh Sebaot.
13 Por eso ha
cercenado Yahveh a Israel cabeza y cola, palmera y junco, en un mismo día.
14 El anciano y
honorable es la cabeza, y el profeta impostor es la cola.
15 Los directores
de este pueblo han resultado desviadores, y sus dirigidos, extraviados.
16 Por eso, de
sus jóvenes no se apiadará el Señor, con sus huérfanos y viudas no tendrá
misericordia, pues todos son impíos y malvados, y toda boca profiere
majadería Con todo eso no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano
extendida.
17 Porque ha
ardido como fuego la maldad, zarza y espino devora, y va a prender en las
espesuras del bosque: ya se estiran en columna de humo.
18 Por el
arrebato de Yahveh la tierra ha sido quemada, y es el pueblo como pasto de
fuego; nadie tiene piedad de su hermano,
19 Corta a
diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come
la carne de su brazo.
20 Manasés devora
a Efraím Efraím a Manasés, y ambos a una van contra Judá. Con todo eso no se
ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
1 ¡Ay! los que
decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones,
2 excluyendo del
juicio a los débiles, atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo,
haciendo de las viudas su botín, y despojando a los huérfanos.
3 Pues ¿qué
haréis para el día de la cuenta y la devastación que de lontananza viene? ¿a
quién acudiréis para pedir socorro? ¿dónde dejaréis vuestra gravedad?
4 Con tal de no
arrodillarse entre los prisioneros, entre los muertos caerían. Con todo eso
no se ha calmado su ira, y aún sigue su mano extendida.
5 ¡Ay, Asur,
bastón de mi ira, vara que mi furor maneja!
6 Contra gente
impía voy a guiarlo, contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo, a saquear
saqueo y pillar pillaje, y hacer que lo pateen como el lodo de las calles.
7 Pero él no se
lo figura así, ni su corazón así lo estima, sino que su intención es arrasar
y exterminar gentes no pocas.
8 Pues dice: «¿No
son mis jefes todos ellos reyes?
9 ¿No es Kalnó
como Karkemis? ¿No es Jamat como Arpad? ¿No es Samaría como Damasco?
10 Como alcanzó
mi mano a los reinos de los ídolos - cuyas estatuas eran más que las de
Jerusalén y Samaría -
11 como hice con
Samaría y sus ídolos, ¿no haré asimismo con Jerusalén y sus simulacros?»
12 Pues bien,
cuando hubiere dado remate el Señor a todas sus empresas en el monte Sión y
en Jerusalén, pasará revista al fruto del engreimiento del rey de Asur y al
orgullo altivo de sus ojos.
13 Porque dijo:
«Con el poder de mi mano lo hice, y con mi sabiduría, porque soy
inteligente, he borrado las fronteras de los pueblos, sus almacenes he
saqueado, y he abatido como un fuerte a sus habitantes.
14 Como un nido
ha alcanzado mi mano la riqueza de los pueblos, y como se recogen huevos
abandonados, he recogido yo toda la tierra, y no hubo quien aleteara ni
abriera el pico ni piara.»
15 ¿Acaso se
jacta el hacha frente al que corta con ella? ¿o se tiene por más grande la
sierra que el que la blande? ¡como si la vara moviera al que la levanta!
¡como si a quien no es madera el bastón alzara!
16 Por eso
enviará Yahveh Sebaot entre sus bien comidos, enflaquecimiento, y, debajo de
su opulencia, encenderá un incendio como de fuego.
17 La luz de
Israel vendrá a ser fuego, y su Santo, llama; arderá y devorará su espino y
su zarza en un solo día,
18 y el esplendor
de su bosque y de su vergel en alma y en cuerpo será consumido: será como el
languidecer de un enfermo.
19 Lo que quede
de los árboles de su bosque será tan poco, que un niño los podrá contar.
20 Aquel día no
volverán ya el resto de Israel y los bien librados de la casa de Jacob a
apoyarse en el que los hiere, sino que se apoyarán con firmeza en Yahveh.
21 Un resto
volverá, el resto de Jacob, al Dios poderoso.
22 Que aunque sea
tu pueblo, Israel, como la arena del mar, sólo un resto de él volverá.
Exterminio decidido, rebosante de justicia.
23 Porque es un
exterminio decidido lo que Yahveh Sebaot realizará en medio de toda la
tierra.
24 Por tanto, así
dice el Señor Yahveh Sebaot: «No temas, pueblo mío que moras en Sión, a Asur
que con la vara te da golpes y su bastón levanta contra ti (en el camino de
Egipto).
25 Porque un
poquito más y se habrá consumado el furor, y mi ira los consumirá.»
26 Despertará
contra él Yahveh Sebaot un azote, como cuando la derrota de Madián en la
peña de Horeb, o cuando levantó su bastón contra el mar en el camino de
Egipto.
27 Aquel día te
quitará su carga de encima del hombro y su yugo de sobre tu cerviz será
arrancado. Y el yugo será destruido (...)
28 Vino sobre
Ayyat, pasó por Migrón, en Mikmás pasó revista.
29 Han pasado el
Vado: «Haremos noche en Gueba.» Temblaba Ramá, Guibeá de Saúl huía.
30 ¡Da gritos de
júbilo, Bat Gallim, escucha Laisa! ¡Respóndele, Anatot!
31 Se desbandó
Madmená. Los habitantes de Guebim se han puesto a salvo.
32 Hoy mismo en
Nob haciendo alto menea su mano contra el Monte de la hija de Sión, la
colina de Jerusalén.
33 He aquí que el
Señor Yahveh Sebaot sacude el ramaje con estrépito; las guías más altas
están partidas y las elevadas van a caer.
34 Golpeará las
espesuras del bosque con el hierro, y por los golpes de un Poderoso, caerá.