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1 ¡Ay, los que
bajan a Egipto por ayuda! En la caballería se apoyan, y fían en los carros
porque abundan y en los jinetes porque son muchos; mas no han puesto su
mirada en el Santo de Israel, ni a Yahveh han buscado.
2 Pero también él
es sabio, hará venir el mal, y no retirará sus palabras; se levantará contra
la casa de los malhechores y contra la ayuda de los que obran la iniquidad.
3 En cuanto a
Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu; Yahveh
extenderá su mano, tropezará el ayudador y caerá el ayudado y todos a una
perecerán.
4 Porque así me
ha dicho Yahveh: Como ruge el león y el cachorro sobre su presa, y cuando se
convoca contra él a todos los pastores, de sus voces no se intimida, ni de
su tumulto se apoca: tal será el descenso de Yahveh Sebaot para guerrear
sobre el monte Sión y sobre su colina.
5 Como pájaros
que vuelan, así protegerá Yahveh Sebaot a Jerusalén, protegerá y librará,
perdonará y salvará.
6 Volveos a aquel
de quien profundamente os apartasteis, hijos de Israel.
7 Porque aquel
día repudiará cada uno las divinidades de plata y las divinidades de oro que
hicieron vuestras manos pecadoras.
8 Caerá Asur por
espada no de hombres, y por espada no humana serán devorados; se dará a la
fuga ante la espada, y sus mejores guerreros serán destinados a trabajos.
9 Aterrado,
abandonará su tropa, y sus jefes espantados abandonarán su estandarte.
Oráculo de Yahveh, que tiene fuego en Sión, y horno en Jerusalén.
1 He aquí que
para hacer justicia reinará un rey, y los jefes juzgarán según derecho.
2 Será cada uno
como un sitio abrigado contra el viento y a cubierto del temporal; como
fluir de aguas en sequedal, como sombra de peñón en tierra agostada.
3 No se cerrarán
los ojos de los videntes, y los oídos de los que escuchan percibirán;
4 el corazón de
los alocados se esforzará en aprender, y la lengua de los tartamudos hablará
claro y ligero.
5 No se llamará
ya noble al necio, ni al desaprensivo se le llamará magnífico.
6 Porque el necio
dice necedades y su corazón medita el mal, haciendo impiedad y profiriendo
contra Yahveh desatinos, dejando vacío el estómago hambriento y privando de
bebida al sediento.
7 Cuanto al
desaprensivo, sus tramas son malas, se dedica a inventar maquinaciones para
sorprender a los pobres con palabras engañosas, cuando el pobre expone su
causa.
8 Mientras que el
noble medita nobles cosas, y en las cosas nobles está firme.
9 Mujeres
indolentes, ¡arriba!, oíd mi voz; hijas confiadas, escuchad mi palabra.
10 Dentro de un
año y algunos días temblaréis las que confiáis, pues se habrá acabado la
vendimia para no volver más.
11 Espantaos,
indolentes, temblad, confiadas, desvestíos, desnudaos, ceñid vuestra
cintura,
12 golpeaos el
pecho, por los campos atrayentes, por las viñas fructíferas.
13 Sobre el solar
de mi pueblo zarza y espino crecerá, y también sobre todas las casas de
placer de la villa alegre,
14 porque el
alcázar habrá sido abandonado, el genio de la ciudad habrá desaparecido;
Ofel y el Torreón quedarán en adelante vacíos por siempre, para delicia de
asnos y pastizal de rebaños.
15 Al fin será
derramado desde arriba sobre nosotros espíritu. Se hará la estepa un vergel,
y el vergel será considerado como selva.
16 Reposará en la
estepa la equidad, y la justicia morará en el vergel;
17 el producto de
la justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad perpetua.
18 Y habitará mi
pueblo en albergue de paz, en moradas seguras y en posadas tranquilas.
19 - La selva
será abatida y la ciudad hundida.
20 Dichosos
vosotros, que sembraréis cabe todas las corrientes, y dejaréis sueltos el
buey y el asno.
1 ¡Ay, tú que
saqueas, y no has sido saqueado, que despojas, y no has sido despojado! En
terminando tú de saquear, serás saqueado; así que acabes de despojar, serás
despojado;
2 Yahveh, ten
piedad de nosotros, en ti esperamos. Sé nuestro brazo por las mañanas y
nuestra salvación en tiempo de apretura.
3 Al fragor del
estrépito se dispersan los pueblos, al alzarte tú se desperdigan las gentes,
4 se amontona el
botín como quien amontona saltamontes, se abalanzan sobre él, como se
abalanzan las langostas.
5 Exaltado sea
Yahveh, pues reposa en lo alto; llene a Sión de equidad y de justicia.
6 Sean tus días
estables; la riqueza que salva son la sabiduría y la ciencia, el temor de
Yahveh sea tu tesoro.
7 ¡Mirad! Ariel
se lamenta por las calles, los embajadores de paz amargamente lloran.
8 Han quedado
desiertas las calzadas, ya no hay transeúntes por los caminos. Han violado
la alianza, han recusado los testimonios, no se tiene en cuenta a nadie.
9 La tierra está
en duelo, languidece; el líbano está ajado y mustio. Ha quedado el Sarón
como la estepa, se van pelando el Basán y el Carmelo.
10 «Ahora me
levanto - dice Yahveh - ahora me exalto, ahora me elevo.
11 Concebiréis
forraje, pariréis paja, y mi soplo como fuego os devorará;
12 los pueblos
serán calcinados, espinos cercenados que en fuego arderán.
13 Oíd, los
alejados, lo que he hecho; enteraos, los cercanos, de mi fuerza.»
14 Se espantaron
en Sión los pecadores, sobrecogió el temblor a los impíos: ¿Quién de
nosotros podrá habitar con el fuego consumidor? ¿quién de nosotros podrá
habitar con las llamas eternas?
15 El que anda en
justicia y habla con rectitud; el que rehúsa ganancias fraudulentas, el que
se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno, el que se tapa las
orejas para no oír hablar de sangre, y cierra sus ojos para no ver el mal.
16 Ese morará en
las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las peñas, se le dará su
pan y tendrá el agua segura.
17 Tus ojos
contemplarán un rey en su belleza, verán una tierra dilatada.
18 Tu corazón
musitará con sobresalto: «¿Dónde está el que contaba, dónde el que pesaba,
dónde el que contaba torres?»
19 Y no verás al
pueblo audaz, pueblo de lenguaje oscuro, incomprensible, al bárbaro cuya
lengua no se entiende.
20 Contempla a
Sión, villa de nuestras solemnidades: tus ojos verán a Jerusalén, albergue
fijo, tienda sin trashumancia, cuyas clavijas no serán removidas nunca y
cuyas cuerdas no serán rotas.
21 Sino que allí
Yahveh será magnífico para con nosotros; como un lugar de ríos y amplios
canales, por donde no ande ninguna embarcación de remos, ni navío de alto
bordo lo atraviese.
22 (Porque Yahveh
es nuestro juez, Yahveh nuestro legislador, Yahveh nuestro rey: él nos
salvará.)
23 Se han
distendido las cuerdas, no sujetan derecho el mástil, no despliegan
estandarte. Entonces será repartido un botín numeroso: hasta los cojos
tendrán botín,
24 y no dirá
ningún habitante: «Estoy enfermo»; al pueblo que allí mora le será perdonada
su culpa.
1 Acercaos,
naciones, a oír, atended, pueblos; oiga la tierra y cuanto hay en ella, el
orbe y cuanto en él brota,
2 que ira tiene
Yahveh contra todas las naciones, y cólera contra todas sus mesnadas. Las ha
anatematizado, las ha entregado a la matanza.
3 Sus heridos
yacen tirados, de sus cadáveres sube el hedor, y sus montes chorrean sangre;
4 se esfuma todo
el ejército de los cielos. Se enrollan como un libro los cielos, y todo su
ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja
mustia de higuera.
5 Porque se ha
emborrachado en los cielos mi espada; ya desciende sobre Edom y sobre el
pueblo de mi anatema para hacer justicia.
6 La espada de
Yahveh está llena de sangre, engrasada de sebo, de sangre de carneros y
machos cabríos, de sebo de riñones de carneros, porque tiene Yahveh un
sacrificio en Bosrá, y gran matanza en Edom.
7 En vez de
búfalos caerán pueblos, y en vez de toros un pueblo de valientes. Se
emborrachará su tierra con sangre, y su polvo será engrasado de sebo.
8 Porque es día
de venganza para Yahveh, año de desquite del defensor de Sión.
9 Se convertirán
sus torrentes en pez, su polvo en azufre, y se hará su tierra pez ardiente.
10 Ni de noche ni
de día se apagará, por siempre subirá el humo de ella. De generación en
generación quedará arruinada, y nunca jamás habrá quien pase por ella.
11 La heredarán
el pelícano y el erizo, el ibis y el cuervo residirán en ella. Tenderá
Yahveh sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío.
12 Los sátiros
habitarán en ella, ya no habrá en ella nobles que proclamen la realeza, y
todos sus príncipes serán aniquilados.
13 En sus
alcázares crecerán espinos, ortigas y cardos en sus fortalezas; será morada
de chacales y dominio de avestruces.
14 Los gatos
salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí
reposará Lilit y en él encontrará descanso.
15 Allí anidará
la víbora, pondrá, incubará y hará salir del huevo. También allí se juntarán
los buitres.
16 Buscad el
libro de Yahveh y leed; no faltará ninguno de ellos, ninguno de ellos echará
en falta a otro. Pues su misma boca lo ha ordenado y su mismo espíritu los
junta.
17 Es él mismo el
que los echa a suertes, con su mano les reparte el país a cordel; lo
poseerán por siempre y morarán en él de generación en generación.
1 Que el desierto
y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y la florezca como flor;
2 estalle en flor
y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. La gloria del Líbano le ha sido
dada, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Se verá la gloria de Yahveh, el
esplendor de nuestro Dios.
3 Fortaleced las
manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes.
4 Decid a los de
corazón intranquilo: ¡Animo, no temáis! Mirad que vuestro Dios viene
vengador; es la recompensa de Dios, él vendrá y os salvará.
5 Entonces se
despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán.
6 Entonces
saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.
Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa,
7 se trocará la
tierra abrasada en estanque, y el país árido en manantial de aguas. En la
guarida donde moran los chacales verdeará la caña y el papiro.
8 Habrá allí una
senda y un camino, vía sacra se la llamará; no pasará el impuro por ella, ni
los necios por ella vagarán.
9 No habrá león
en ella, ni por ella subirá bestia salvaje, no se encontrará en ella; los
rescatados la recorrerán.
10 Los redimidos
de Yahveh volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría
eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós, penar
y suspiros!
1 En el año
catorce del rey Ezequías subió Senaquerib, rey de Asur, contra todas las
ciudades fortificadas de Judá y se apoderó de ellas.
2 El rey de Asur
envió desde Lakís a Jerusalén, donde el rey Ezequías, al copero mayor con un
fuerte destacamento. Se colocó éste en el canal de la alberca superior, que
está junto al camino del campo del Batanero.
3 El mayordomo de
palacio, Elyaquim, hijo de Jilquías, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj,
hijo de Asaf, salieron donde él.
4 El copero mayor
les dijo: «Decid a Ezequías: Así habla el gran rey, el rey de Asur: ¿Qué
confianza es ésa en la que fías?
5 Te has pensado
que meras palabras de los labios son consejo y bravura para la guerra. Pero
ahora ¿en quién confías, que te has rebelado contra mí?
6 Mira: te has
confiado al apoyo de esa caña rota, de Egipto, que penetra y traspasa la
mano del que se apoya sobre ella. Pues así es Faraón, rey de Egipto, para
todos los que confían en él.
7 Pero vais a
decirme: "Nosotros confiamos en Yahveh nuestro Dios." ¿No ha sido él,
Ezequías, quien ha suprimido los altos y los altares y ha dicho a Judá y a
Jerusalén: "Os postraréis delante de este altar?"
8 Pues apuesta
ahora con mi señor, el rey de Asur: te daré dos mil caballos si eres capaz
de encontrarte jinetes para ellos.
9 ¿Cómo harías
retroceder a uno solo de los más pequeños servidores de mi señor? ¡Te fías
de Egipto para tener carros y gentes de carro!
10 Y ahora ¿acaso
he subido yo contra esta tierra para destruirla, sin contar con Yahveh?
Yahveh me ha dicho: "Sube contra esta tierra y destrúyela."»
11 Dijeron
Elyaquim, Sebná y Yoaj al copero mayor: «Por favor, háblanos a nosotros tus
siervos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en lengua de Judá a
oídos del pueblo que está sobre la muralla.»
12 El copero
mayor dijo: «¿Acaso mi señor me ha enviado a decir estas cosas a tu señor, o
a ti, y no a los hombres que se encuentran sobre la muralla, que tienen que
comer sus excrementos y beber sus orinas con vosotros?»
13 Se puso en pie
el copero mayor y gritó con gran voz en lengua judía, diciendo: «Escuchad
las palabras del gran rey, el rey de Asur.
14 Así dice el
rey: No os engañe Ezequías, porque no podrá libraros.
15 Que Ezequías
no os haga confiar en Yahveh diciendo: "De cierto nos librará Yahveh, y esta
ciudad no será entregada en manos del rey de Asur."
16 No escuchéis a
Ezequías, porque así dice el rey de Asur: Haced paces conmigo, rendíos a mí,
y comerá cada uno de su viña y de su higuera, y beberá cada uno de su
cisterna,
17 hasta que yo
llegue y os lleve a una tierra como vuestra tierra, tierra de trigo y de
mosto, tierra de pan y de viñas.
18 Que no os
engañe Ezequías, diciendo: "Yahveh nos librará." ¿Acaso los dioses de las
naciones han librado cada uno a su tierra de la mano del rey de Asur?
19 ¿Dónde están
los dioses de Jamat y de Arpad, dónde los dioses de Sefarváyim, dónde están
los dioses de Samaría? ¿Acaso han librado a Samaría de mi mano?
20 ¿Quiénes, de
entre todos los dioses de los países, los han librado de mi poder, para que
libre Yahveh a Jerusalén de mi mano?»
21 Calló el
pueblo y no le respondió una palabra, porque el rey había dado esta orden
diciendo: «No le respondáis.»
22 Elyaquim, hijo
de Jilquías, mayordomo de palacio, el secretario Sebná y el heraldo Yoaj,
hijo de Asaf, fueron donde Ezequías, desgarrados los vestidos, y le
relataron las palabras del copero mayor.
1 Cuando lo oyó
el rey Ezequías desgarró sus vestidos, se cubrió de sayal y se fue a la Casa
de Yahveh.
2 Envió a
Elyaquim, mayordomo, a Sebná, secretario, y a los sacerdotes ancianos
cubiertos de sayal donde el profeta Isaías, hijo de Amós.
3 Ellos le
dijeron: «Así habla Ezequías: Este día es día de angustia, de castigo y de
vergüenza. Los hijos están para salir del seno, pero no hay fuerza para dar
a luz.
4 ¿No habrá oído
Yahveh tu Dios las palabras del copero mayor al que ha enviado el rey de
Asur, su señor, para insultar al Dios vivo? ¿No castigará Yahveh tu Dios las
palabras que ha oído? Dirige una plegaria en favor del Resto que aún queda!»
5 Cuando los
siervos del rey Ezequías llegaron donde Isaías,
6 éste les dijo:
«Así diréis a vuestro señor: Esto dice Yahveh: No tengas miedo por las
palabras que has oído, con las que me insultaron los criados del rey de
Asur.
7 Voy a poner en
él un espíritu, oirá una noticia y se volverá a su tierra, y en su tierra yo
lo haré caer a espada.»
8 El copero mayor
se volvió y encontró al rey de Asur atacando a Libná , pues había oído que
había partido de Lakís,
9 porque había
recibido esta noticia acerca de Tirhacá, rey de Kus: «Ha salido a guerrear
contra ti.» Senaquerib volvió a enviar mensajeros para decir a Ezequías:
10 «Así hablaréis
a Ezequías, rey de Judá: No te engañe tu Dios en el que confías pensando:
"No será entregada Jerusalén en manos del rey de Asur".
11 Bien has oído
lo que los reyes de Asur han hecho a todos los países, entregándolos al
anatema, ¡y tú te vas a librar!
12 ¿Acaso los
dioses de las naciones salvaron a aquellos que mis padres aniquilaron, a
Gozán, a Jarán, a Résef, a los edenitas que estaban en Tel Basar?
13 ¿Dónde está el
rey de Jamat, el rey de Arpad, el rey de Laír, de Sefarváyim, de Hená y de
Ivvá?»
14 Ezequías tomó
la carta de manos de los mensajeros y la leyó. Luego subió a la Casa de
Yahveh y Ezequías la desenrolló ante Yahveh.
15 Hizo Ezequías
esta plegaria ante Yahveh:
16 «Yahveh
Sebaot, Dios de Israel, que estás sobre los Querubines, tú sólo eres Dios en
todos los reinos de la tierra, tú el que has hecho los cielos y la tierra.
17 «Tiende,
Yahveh, tu oído y escucha; abre, Yahveh, tus ojos y mira. Oye las palabras
con que Senaquerib ha enviado a insultar al Dios vivo.
18 Es verdad,
Yahveh, que los reyes de Asur han exterminado a todas las naciones y su
territorio,
19 y han
entregado sus dioses al fuego, porque ellos no son dioses, sino hechuras de
mano de hombre, de madera y de piedra, y por eso han sido aniquilados.
20 Ahora, pues,
Yahveh, Dios nuestro, sálvanos de su mano, y sabrán todos los reinos de la
tierra que sólo tú eres Dios, Yahveh.»
21 Isaías, hijo
de Amós, envió a decir a Ezequías: «Así dice Yahveh, Dios de Israel, a quien
has suplicado acerca de Senaquerib, rey de Asur.
22 Esta es la
palabra que Yahveh pronuncia contra él: Ella te desprecia, ella te hace
burla, la virgen hija de Sión. Mueve la cabeza a tus espaldas la hija de
Jerusalén.
23 ¿A quién has
insultado y blasfemado? ¿Contra quién has alzado tu voz y levantas tus ojos
altaneros? ¡Contra el Santo de Israel!
24 Por tus
siervos insultas a Adonay y dices: "Con mis muchos carros subo a las cumbres
de los montes, a las laderas del Líbano, derribo la altura de sus cedros, la
flor de sus cipreses, alcanzo el postrer de sus refugios su jardín del
bosque.
25 Yo he cavado y
bebido en extranjeras aguas. Secaré bajo la planta de mis pies, todos los
Nilos del Egipto."
26 ¿Lo oyes bien?
Desde antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado, ahora
lo ejecuto. Tú has convertido en cúmulos de ruinas las fuertes ciudades.
27 Sus
habitantes, de débiles manos, confusos y aterrados, son planta del campo,
verdor de hierba, hierba de tejados, pasto quemado por el viento de Oriente.
28 Si te alzas o
te sientas, si sales o entras, yo lo sé; (y que te alzas airado contra mí).
29 Pues que te
alzas airado contra mí y tu arrogancia ha subido a mis oídos, voy a poner mi
anillo en tus narices, mi brida en tu boca, y voy a devolverte por la ruta
por la que has venido.
30 La señal será
ésta: Este año se comerá lo que rebrote, lo que nazca de sí al año
siguiente. Al año tercero sembrad y segad, plantad las viñas y comed su
fruto.
31 El resto que
se salve de la casa de Judá echará raíces por debajo y fruto en lo alto.
32 Pues saldrá un
Resto de Jerusalén, y supervivientes del monte Sión; el celo de Yahveh
Sebaot lo hará.
33 Por eso, así
dice Yahveh del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no lanzará flechas
en ella, no le opondrá escudo, ni alzará en contra de ella empalizada.
34 Volverá por la
ruta que ha traído. No entrará en esta ciudad, oráculo de Yahveh.
35 Yo protegeré a
esta ciudad para salvarla, por quien soy y por mi siervo David.»
36 Aquella misma
noche salió el Angel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a ciento
ochenta y cinco mil hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no
había más que cadáveres.
37 Senaquerib,
rey de Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.
38 Y sucedió que
estando él postrado en el templo de su dios Nisrok, sus hijos Adrammélek y
Saréser le mataron a espada y se pusieron a salvo en el país de Ararat. Su
hijo Asarjaddón reinó en su lugar.
1 En aquellos
días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino
a decirle: «Así habla Yahveh: Haz testamento, porque muerto eres y no
vivirás.»
2 Ezequías volvió
su rostro a la pared y oró a Yahveh.
3 Dijo: «¡Ah,
Yahveh! Dígnate recordar que yo he andado en tu presencia con fidelidad y
corazón perfecto haciendo lo recto a tus ojos.» Y Ezequías lloró con
abundantes lágrimas.
4 Entonces le fue
dirigida a Isaías la palabra de Yahveh, diciendo:
5 «Vete y di a
Ezequías: Así habla Yahveh, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he
visto tus lágrimas y voy a curarte. Dentro de tres días subirás a la Casa de
Yahveh. Añadiré quince años a tus días.
6 Te libraré a ti
y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.»
7 Isaías
respondió: «Esta será para ti de parte de Yahveh, la señal de que Yahveh
hará lo que ha dicho.
8 Mira, voy a
hacer retroceder a la sombra diez gradas de las que ha descendido el sol por
las gradas de Ajaz. Y desanduvo el sol diez gradas por las que había
descendido.
9 Cántico de
Ezequías, rey de Judá cuando estuvo enfermo y sanó de su mal:
10 Yo dije: A la
mitad de mis días me voy; en las puertas del seol se me asigna un lugar para
el resto de mis años.
11 Dije: No veré
a Yahveh en la tierra de los vivos; no veré ya a ningún hombre de los que
habitan el mundo.
12 Mi morada es
arrancada, se me arrebata como tienda de pastor. Enrollo como tejedor mi
vida, del hilo del tejido me cortaste. De la noche a la mañana acabas
conmigo;
13 grité hasta la
madrugada: Como león tritura todos mis huesos. De la noche a la mañana
acabas conmigo.
14 Como grulla,
como golondrina chirrío, zureo como paloma. Se consumen mis ojos de mirar
hacia arriba. Yahveh, estoy oprimido, sal por mí.
15 ¿Qué diré? ¿De
qué le hablaré, cuando él mismo lo ha hecho? Caminaré todos mis años en la
amargura de mi alma.
16 El Señor está
con ellos, viven y todo lo que hay en ellos es vida de su espíritu. Tú me
curarás, me darás la vida.
17 Entonces mi
amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de
la nada, porque te echaste a la espalda todos mis pecados.
18 Que el Seol no
te alaba ni la Muerte te glorifica, ni los que bajan al pozo esperan en tu
fidelidad.
19 El que vive,
el que vive, ése te alaba, como yo ahora. El padre enseña a los hijos tu
fidelidad.
20 Yahveh,
sálvame, y mis canciones cantaremos todos los días de nuestra vida junto a
la Casa de Yahveh.
21 Isaías dijo:
«Traed una masa de higos, aplicadla sobre la úlcera y sanará.»
22 Ezequías dijo:
«¿Cuál será la señal de que subiré a la Casa de Yahveh?»
1 En aquel
tiempo, Merodak Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y
un presente a Ezequías porque había oído que había estado enfermo y se había
curado.
2 Se alegró
Ezequías por ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el
oro, los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en los
tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y en todo su
dominio.
3 Entonces el
profeta Isaías fue donde el rey Ezequías y le dijo: «¿Qué han dicho esos
hombres y de dónde han venido a ti?» Respondió Ezequías: «Han venido de un
país lejano, de Babilonia.»
4 Dijo: «¿Qué han
visto en tu casa?» Respondió Ezequías: «Han visto cuanto hay en mi casa;
nada hay en los tesoros que no les haya enseñado.»
5 Dijo Isaías a
Ezequías: «Escucha la palabra de Yahveh Sebaot:
6 Vendrán días en
que todo cuanto hay en tu casa y cuanto reunieron tus padres hasta el día de
hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará, dice Yahveh.
7 Y se tomará de
entre tus hijos, los que han salido de ti, los que has engendrado, para que
sean eunucos en el palacio del rey de Babilonia.»
8 Respondió
Ezequías a Isaías: «Es buena la palabra de Yahveh que me dices.» Pues
pensaba: «¡Con tal que haya paz y seguridad en mis días!»
1 Consolad,
consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios.
2 Hablad al
corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia, ya
ha satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de Yahveh castigo doble
por todos sus pecados.
3 Una voz clama:
«En el desierto abrid camino a Yahveh, trazad en la estepa una calzada recta
a nuestro Dios.
4 Que todo valle
sea elevado, y todo monte y cerro rebajado; vuélvase lo escabroso llano, y
las breñas planicie.
5 Se revelará la
gloria de Yahveh, y toda criatura a una la verá. Pues la boca de Yahveh ha
hablado.»
6 Una voz dice:
«¡Grita!» Y digo: «¿Qué he de gritar?» - «Toda carne es hierba y todo su
esplendor como flor del campo.
7 La flor se
marchita, se seca la hierba, en cuanto le dé el viento de Yahveh (pues,
cierto, hierba es el pueblo).
8 La hierba se
seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por
siempre.
9 Súbete a un
alto monte, alegre mensajero para Sión; clama con voz poderosa, alegre
mensajero para Jerusalén, clama sin miedo. Di a las ciudades de Judá: «Ahí
está vuestro Dios.»
10 Ahí viene el
Señor Yahveh con poder, y su brazo lo sojuzga todo. Ved que su salario le
acompaña, y su paga le precede.
11 Como pastor
pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y
trata con cuidado a las paridas.
12 ¿Quién midió
los mares con el cuenco de la mano, y abarcó con su palmo la dimensión de
los cielos, metió en un tercio de medida el polvo de la tierra, pesó con la
romana los montes, y los cerros con la balanza?
13 ¿Quién abarcó
el espíritu de Yahveh, y como consejero suyo le enseñó?
14 ¿Con quién se
aconsejó, quién le explicó y le enseñó la senda de la justicia, y le enseñó
la ciencia, y el camino de la inteligencia le mostró?
15 Las naciones
son como gota de un cazo, como escrúpulo de balanza son estimadas. Las islas
como una chinita pesan.
16 El Líbano no
basta para la quema, ni sus animales para holocausto.
17 Todas las
naciones son como nada ante él, como nada y vacío son estimadas por él.
18 Pues ¿con
quién asemejaréis a Dios, qué semejanza le aplicaréis?
19 El fundidor
funde la estatua, el orfebre con oro la recubre y funde cadenas de plata.
20 El que
presenta una ofrenda de pobre escoge madera incorruptible, se busca un hábil
artista para erigir una estatua que no vacile.
21 ¿No lo
sabíais? ¿No lo habíais oído? ¿No os lo había mostrado desde el principio?
¿No lo entendisteis desde que se fundó la tierra?
22 El está
sentado sobre el orbe terrestre, cuyos habitantes son como saltamontes; él
expande los cielos como un tul, y los ha desplegado como una tienda que se
habita.
23 El aniquila a
los tiranos, y a los árbitros de la tierra los reduce a la nada.
24 Apenas han
sido plantados, apenas sembrados, apenas arraiga en tierra su esqueje,
cuando sopla sobre ellos y se secan, y una ráfaga como tamo se los lleva.
25 ¿Con quién me
asemejaréis y seré igualado?, dice el Santo.
26 Alzad a lo
alto los ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al
ejército celeste, y a cada estrella por su nombre llama. Gracias a su
esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una.
27 ¿Por qué
dices, Jacob, y hablas, Israel: «Oculto está mi camino para Yahveh, y a Dios
se le pasa mi derecho?»
28 ¿Es que no lo
sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de
los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia
es inescrutable.
29 Que al cansado
da vigor, y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta.
30 Los jóvenes se
cansan, se fatigan, los valientes tropiezan y vacilan,
31 mientras que a
los que esperan en Yahveh él les renovará el vigor, subirán con alas como de
águilas, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse.
1 Hacedme
silencio, islas, y renueven su fuerza las naciones. Alléguense y entonces
hablarán, reunámonos todos a juicio.
2 ¿Quién ha
suscitado de Oriente a aquel a quien la justicia sale al paso? ¿Quién le
entrega las naciones, y a los reyes abaja? Conviértelos en polvo su espada,
en paja dispersa su arco;
3 les persigue,
pasa incólume, el sendero con sus pies no toca.
4 ¿Quién lo
realizó y lo hizo? El que llama a las generaciones desde el principio: yo,
Yahveh, el primero, y con los últimos yo mismo.
5 Ved, islas, y
temed; confines de la tierra, y temblad. Acercaos y venid.
6 El uno ayuda al
otro y dice a su colega: «¡Animo!»
7 Anima el
fundidor al orfebre, el que pule a martillo al que bate en el yunque,
diciendo de la soldadura: «Está bien.» Y fija el ídolo con clavos para que
no se mueva.
8 Y tú, Israel,
siervo mío, Jacob, a quien elegí, simiente de mi amigo Abraham;
9 que te así
desde los cabos de la tierra, y desde lo más remoto te llamé y te dije:
«Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado»:
10 No temas, que
contigo estoy yo; no receles, que yo soy tu Dios. Yo te he robustecido y te
he ayudado, y te tengo asido con mi diestra justiciera.
11 ¡Oh! Se
avergonzarán y confundirán todos los abrasados en ira contra ti. Serán como
nada y perecerán los que buscan querella.
12 Los buscarás y
no los hallarás a los que disputaban contigo. Serán como nada y nulidad los
que te hacen la guerra.
13 Porque yo,
Yahveh tu Dios, te tengo asido por la diestra. Soy yo quien te digo: «No
temas, yo te ayudo.»
14 No temas,
gusano de Jacob, gente de Israel: yo te ayudo - oráculo de Yahveh - y tu
redentor es el Santo de Israel.
15 He aquí que te
he convertido en trillo nuevo, de dientes dobles. Triturarás los montes y
los desmenuzarás, y los cerros convertirás en tamo.
16 Los beldarás,
y el viento se los llevará, y una ráfaga los dispersará. Y tú te regocijarás
en Yahveh, en el Santo de Israel te gloriarás.
17 Los humildes y
los pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed. Yo,
Yahveh, les responderé, Yo, Dios de Israel, no los desampararé.
18 Abriré sobre
los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el
desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas.
19 Pondré en el
desierto cedros, acacias, arrayanes y olivares. Pondré en la estepa el
enebro, el olmo y el ciprés a una,
20 de modo que
todos vean y sepan, adviertan y consideren que la mano de Yahveh ha hecho
eso, el Santo de Israel lo ha creado.
21 «Aducid
vuestra defensa - dice Yahveh - allegad vuestras pruebas - dice el rey de
Jacob.
22 Alléguense e
indíquennos lo que va a suceder. Indicadnos cómo fue lo pasado, y
reflexionaremos; o bien hacednos oír lo venidero para que lo conozcamos.
23 Indicadnos las
señales del porvenir, y sabremos que sois dioses. En suma, haced algún bien
o algún mal, para que nos pongamos en guardia y os temamos.
24 ¡Oh! Vosotros
sois nada, y vuestros hechos, nulidad, lo mejor de vosotros, abominación.»
25 Le he
suscitado del norte, y viene, del sol naciente le he llamado por su nombre.
Ha hollado a los sátrapas como lodo, como el alfarero patea el barro.
26 ¿Quién lo
indicó desde el principio, para que se supiese, o desde antiguo, para que se
dijese: «Es justo»? Ni hubo quien lo indicase, ni hubo quien lo hiciese oír,
ni hubo quien oyese vuestras palabras.
27 Primicias de
Sión: «¡Aquí están, aquí están!» envío a Jerusalén la buena nueva.
28 Miré, y no
había nadie; entre éstos no había consejeros a quienes yo preguntara y ellos
respondieran.
29 ¡Oh! Todos
ellos son nada; nulidad sus obras, viento y vacuidad sus estatuas.
1 He aquí mi
siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He
puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones.
2 No vociferará
ni alzará el tono, y no hará oír en la calle su voz.
3 Caña quebrada
no partirá, y mecha mortecina no apagará. Lealmente hará justicia;
4 no desmayará ni
se quebrará hasta implantar en la tierra el derecho, y su instrucción
atenderán las islas.
5 Así dice el
Dios Yahveh, el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la
tierra y lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella,
y espíritu a los que por ella andan.
6 Yo, Yahveh, te
he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser
alianza del pueblo y luz de las gentes,
7 para abrir los
ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que viven
en tinieblas.
8 Yo, Yahveh, ese
es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos.
9 Lo de antes ya
ha llegado, y anuncio cosas nuevas; antes que se produzcan os las hago
saber.
10 Cantad a
Yahveh un cántico nuevo, su loor desde los confines de la tierra. Que le
cante el mar y cuanto contiene, las islas y sus habitantes.
11 Alcen la voz
el desierto y sus ciudades, las explanadas en que habita Quedar. Aclamen los
habitantes de Petra, desde la cima de los montes vociferen.
12 Den gloria a
Yahveh, su loor en las islas publiquen.
13 Yahveh como un
bravo sale, su furor despierta como el de un guerrero; grita y vocifera,
contra sus enemigos se muestra valeroso.
14 «Estaba mudo
desde mucho ha, había ensordecido, me había reprimido. Como parturienta
grito, resoplo y jadeo entrecortadamente.
15 Derribaré
montes y cedros, y todo su césped secaré; convertiré los ríos en tierra
firme y las lagunas secaré.
16 Haré andar a
los ciegos por un camino que no conocían, por senderos que no conocían les
encaminaré. Trocaré delante de ellos la tiniebla en luz, y lo tortuoso en
llano. Estas cosas haré, y no las omitiré.»
17 Haceos atrás,
confusos de vergüenza, los que confiáis en ídolos, los que decís a la
estatua fundida: «Vosotros sois nuestros dioses.»
18 ¡Sordos, oíd!
¡Ciegos, mirad y ved!
19 ¿Quién está
ciego, sino mi siervo? ¿y quién tan sordo como el mensajero a quien envío?
(¿Quién es tan ciego como el enviado y tan sordo como el siervo de Yahveh?)
20 Por más que
has visto, no has hecho caso; mucho abrir las orejas, pero no has oído.
21 Yahveh se
interesa, por causa de su justicia, en engrandecer y dar lustre a la Ley.
22 Pero es un
pueblo saqueado y despojado, han sido atrapados en agujeros todos ellos, y
en cárceles han sido encerrados. Se les despojaba y no había quien salvase;
se les depredaba y nadie decía: «¡Devuelve!»
23 ¿Quién de
vosotros escuchará esto, atenderá y hará caso para el futuro?
24 ¿Quién entregó
al pillaje a Jacob, y a Israel a los saqueadores? ¿No ha sido Yahveh, contra
quien pecamos, rehusamos andar por sus caminos, y no escuchamos sus
instrucciones?
25 Vertió sobre
él el ardor de su ira, y la violencia de la guerra le abrasó, por todos
lados sin que se apercibiese, le consumió, sin que él reflexionase.
1 Ahora, así dice
Yahveh tu creador, Jacob, tu plasmador, Israel. «No temas, que yo te he
rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío.
2 Si pasas por
las aguas, yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarán. Si andas por
el fuego, no te quemarás, ni la llama prenderá en ti.
3 Porque yo soy
Yahveh tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador. He puesto por expiación
tuya a Egipto, a Kus y Seba en tu lugar
4 dado que eres
precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo. Pondré la humanidad en tu
lugar, y los pueblos en pago de tu vida.
5 No temas, que
yo estoy contigo; desde Oriente haré volver tu raza, y desde Poniente te
reuniré.
6 Diré al Norte:
"Dámelos"; y al Sur: "No los retengas", Traeré a mis hijos de lejos, y a mis
hijas de los confines de la tierra;
7 a todos los que
se llamen por mi nombre, a los que para mi gloria creé, plasmé e hice.»
8 Haced salir al
pueblo ciego, aunque tiene ojos, y sordo, aunque tiene orejas.
9 Congréguense
todas las gentes y reúnanse los pueblos. ¿Quién de entre ellos anuncia eso,
y desde antiguo nos lo hace oír? Aduzcan sus testigos, y que se justifiquen;
que se oiga para que se pueda decir: «Es verdad.»
10 Vosotros sois
mis testigos - oráculo de Yahveh - y mi siervo a quien elegí, para que me
conozcáis y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue
formado otro dios, ni después de mí lo habrá.
11 Yo, yo soy
Yahveh, y fuera de mí no hay salvador.
12 Yo lo he
anunciado, he salvado y lo he hecho saber, y no hay entre vosotros ningún
extraño. Vosotros sois mis testigos - oráculo de Yahveh - y yo soy Dios;
13 yo lo soy
desde siempre, y no hay quien libre de mi mano. Yo lo tracé, y ¿quién lo
revocará?
14 Así dice
Yahveh que os ha rescatado, el Santo de Israel. Por vuestra causa he enviado
a hacer caer todos sus cerrojos de las prisiones de Babilonia, y se volverán
en ayes los hurras de los caldeos
15 Yo, Yahveh
vuestro Santo, el creador de Israel, vuestro Rey.
16 Así dice
Yahveh, que trazó camino en el mar, y vereda en aguas impetuosas.
17 El que hizo
salir carros y caballos a una con poderoso ejército; a una se echaron para
no levantarse, se apagaron, como mecha se extinguieron.
18 ¿No os
acordáis de lo pasado, ni caéis en la cuenta de lo antiguo?
19 Pues bien, he
aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconocéis? Sí, pongo en
el desierto un camino, ríos en el páramo.
20 Las bestias
del campo me darán gloria, los chacales y las avestruces, pues pondré agua
en el desierto (y ríos en la soledad) para dar de beber a mi pueblo elegido.
21 El pueblo que
yo me he formado contará mis alabanzas.
22 Tú no me has
invocado, Jacob, porque te has fatigado de mí, Israel.
23 No me has
traído tus ovejas en holocausto ni me has honrado con tus sacrificios. No te
obligué yo a servirme con oblación ni te he fatigado a causa del incienso.
24 No me has
comprado cañas con dinero ni con la grasa de tus sacrificios me has saciado;
hasta me has convertido en siervo con tus pecados, y me has cansado con tus
iniquidades.
25 Era yo, yo
mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar
tus pecados.
26 Házmelo
recordar y vayamos a juicio juntos, haz tú mismo el recuento para
justificarte.
27 Pecó tu primer
padre y tus intérpretes se rebelaron contra mí.
28 Destituía los
príncipes de mi santuario; por eso entregué a Jacob al anatema y a Israel a
los ultrajes.
1 Ahora, pues,
escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo elegí.
2 Así dice Yahveh
que te creó, te plasmó ya en el seno y te da ayuda: «No temas, siervo mío,
Jacob, Yesurún a quien yo elegí.
3 Derramaré agua
sobre el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca. Derramaré mi
espíritu sobre tu linaje, mi bendición sobre cuanto de ti nazca.
4 Crecerán como
en medio de hierbas, como álamos junto a corrientes de aguas.
5 El uno dirá:
"Yo soy de Yahveh", el otro llevará el nombre de Jacob. Un tercero escribirá
en su mano: "De Yahveh" y se le llamará Israel.»
6 Así dice Yahveh
el rey de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: «Yo soy el primero y el
último, fuera de mí, no hay ningún dios.
7 ¿Quién como yo?
Que se levante y hable. Que lo anuncie y argumente contra mí; desde que
fundé un pueblo eterno, cuanto sucede, que lo diga, y las cosas del futuro,
que las revele.
8 No tembléis ni
temáis; ¿no lo he dicho y anunciado desde hace tiempo? Vosotros sois
testigos; ¿hay otro dios fuera de mí? ¡No hay otra Roca, yo no la conozco!»
9 ¡Escultores de
ídolos! Todos ellos son vacuidad; de nada sirven sus obras más estimadas;
sus testigos nada ven y nada saben, y por eso quedarán abochornados.
10 ¿Quién modela
un dios o funde un ídolo, sin esperar una ganancia?
11 Mas ved que
todos sus devotos quedarán abochornados y sus artífices, que no son más que
hombres; se reunirán todos y comparecerán; y todos temblarán avergonzados.
12 El forjador
trabaja con los brazos, configura a golpe de martillo, ejecuta su obra a
fuerza de brazo; pasa hambre y se extenúa; no bebe agua y queda agotado.
13 El escultor
tallista toma la medida, hace un diseño con el lápiz, trabaja con la gubia,
diseña a compás de puntos y le da figura varonil y belleza humana, para que
habite en un templo.
14 Taló un cedro
para sí, o tomó un roble, o una encima y los dejó hacerse grandes entre los
árboles del bosque; o plantó un cedro que la lluvia hizo crecer.
15 Sirven ellos
para que la gente haga fuego. Echan mano de ellos para calentarse. O
encienden lumbre para cocer pan. O hacen un dios, al que se adora, un ídolo
para inclinarse ante él.
16 Quema uno la
mitad y sobre las brasas asa carne y come el asado hasta hartarse. También
se calienta y dice: «¡ Ah! ¡me caliento mientras contemplo el resplandor!»
17 Y con el resto
hace un dios, su ídolo, ante el que se inclina, le adora y le suplica,
diciendo: «¡Sálvame, pues tú eres mi dios!»
18 No saben ni
entienden, sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende.
19 No
reflexionan, no tienen ciencia ni entendimiento para decirse: «He quemado
una mitad, he cocido pan sobre las brasas; he asado carne y la he comido; y
¡voy a hacer con lo restante algo abominable! ¡voy a inclinarme ante un
trozo de madera!
20 A quien se
apega a la ceniza, su corazón engañado le extravía. No salvará su vida.
Nunca dirá: «¿Acaso lo que tengo en la mano es engañoso?»
21 Recuerda esto,
Jacob, y que eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo,
Israel, yo no te olvido!
22 He disipado
como una nube tus rebeldías, como un nublado tus pecados. ¡Vuélvete a mí,
pues te he rescatado!
23 ¡Gritad,
cielos, de júbilo, porque Yahveh lo ha hecho! ¡Clamad, profundidades de la
tierra! ¡Lanzad gritos de júbilo, montañas, y bosque con todo su arbolado,
pues Yahveh ha rescatado a Jacob y manifiesta su gloria en Israel!
24 Así dice
Yahveh, tu redentor, el que te formó desde el seno. Yo, Yahveh, lo he hecho
todo, yo, solo, extendí los cielos, yo asenté la tierra, sin ayuda alguna.
25 Yo hago que
fallen las señales de los magos y que deliren los adivinos; hago retroceder
a los sabios y convierto su ciencia en necedad.
26 Yo confirmo la
palabra de mi siervo y hago que triunfe el proyecto de mis mensajeros. Yo
digo a Jerusalén: «Serás habitada», y a las ciudades de Judá: «Seréis
reconstruidas.» ¡Yo levantaré sus ruinas!
27 Yo digo al
abismo: «¡Sécate! Yo desecaré tus ríos.»
28 Yo soy el que
dice a Ciro: «Tú eres mi pastor y darás cumplimiento a todos mis deseos,
cuando digas de Jerusalén: "Que sea reconstruida" y del santuario: "¡Echa
los cimientos!"»
1 Así dice Yahveh
a su Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él a las
naciones y desceñir las cinturas de los reyes, para abrir ante él los
batientes de modo que no queden cerradas las puertas.
2 Yo marcharé
delante de ti y allanaré las pendientes. Quebraré los batientes de bronce y
romperé los cerrojos de hierro.
3 Te daré los
tesoros ocultos y las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy Yahveh,
el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre.
4 A causa de mi
siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he
ennoblecido, sin que tú me conozcas.
5 Yo soy Yahveh,
no hay ningún otro; fuera de mí ningún dios existe. Yo te he ceñido, sin que
tú me conozcas,
6 para que se
sepa desde el sol levante hasta el poniente, que todo es nada fuera de mí.
Yo soy Yahveh, no ningún otro;
7 yo modelo la
luz y creo la tiniebla, yo hago la dicha y creo la desgracia, yo soy Yahveh,
el que hago todo esto.
8 Destilad,
cielos, como rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria. Abrase la
tierra y produzca salvación, y germine juntamente la justicia. Yo, Yahveh,
lo he creado.
9 ¡Ay de quien
litiga con el que la ha modelado, la vasija entre las vasijas de barro!
¿Dice la arcilla al que la modela: «¿Qué haces tú?», y «¿Tu obra no está
hecha con destreza?»
10 ¡Ay del que
dice a su padre!: «¿Qué has engendrado?» y a su madre: «¿Qué has dado a
luz?»
11 Así dice
Yahveh, el Santo de Israel y su modelador: «¿Vais a pedirme señales acerca
de mis hijos y a darme órdenes acerca de la obra de mis manos?
12 Yo hice la
tierra y creé al hombre en ella. Yo extendí los cielos con mis manos y doy
órdenes a todo su ejército.
13 Yo le he
suscitado para la victoria y he allanado todos sus caminos. El reconstruirá
mi ciudad y enviará a mis deportados sin rescate y sin recompensa», dice
Yahveh Sebaot.
14 Así dice
Yahveh: Los productos de Egipto, el comercio de Kus y los sebaítas, de
elevada estatura, vendrán a ti y tuyos serán. Irán detrás de ti,
encadenados, ante ti se postrarán, y te suplicarán: «Sólo en ti hay Dios, no
hay ningún otro, no hay más dioses.»
15 De cierto que
tú eres un dios oculto, el Dios de Israel, salvador.
16 Quedarán
abochornados, afrentados, marcharán con ignominia los fabricadores de
ídolos.
17 Israel será
salvado por Yahveh, con salvación perpetua. No quedaréis abochornados ni
afrentados nunca jamás.
18 Pues así dice
Yahveh, creador de los cielos, él, que es Dios, plasmador de la tierra y su
hacedor, él, que la ha fundamentado, y no la creó caótica, sino que para ser
habitada la plasmó: «Yo soy Yahveh, no existe ningún otro.
19 No he hablado
en oculto ni en lugar tenebroso. No he dicho al linaje de Jacob: Buscadme en
el caos. Yo soy Yahveh, que digo lo que es justo y anuncio lo que es recto.»
20 Reuníos y
venid, acercaos todos, supervivientes de las naciones. No saben nada los que
llevan sus ídolos de madera, los que suplican a un dios que no puede salvar.
21 Exponed,
aducid vuestras pruebas, deliberad todos juntos: «¿Quién hizo oír esto desde
antiguo y lo anunció hace tiempo? ¿No he sido yo Yahveh? No hay otro dios,
fuera de mí. Dios justo y salvador, no hay otro fuera de mí.
22 Volveos a mí y
seréis salvados confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe
ningún otro.
23 Yo juro por mi
nombre; de mi boca sale palabra verdadera y no será vana: Que ante mí se
doblará toda rodilla y toda lengua jurará
24 diciendo:
¡Sólo en Yahveh hay victoria y fuerza! A él se volverán abochornados todos
los que se inflamaban contra él.
25 Por Yahveh
triunfará y será gloriosa toda la raza de Israel.