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1 Jacob, por su
parte, se estableció en el que fue país residencial de su padre, el país de
Canaán.
2 Esta es la
historia de Jacob. José tenía diecisiete años. Estaba de pastor de ovejas
con sus hermanos - él, muchacho todavía, con los hijos de Bilhá y los de
Zilpá, mujeres de su padre. Y José comunicó a su padre lo mal que se hablaba
de ellos.
3 Israel amaba
a José más que a todos los demás hijos, por ser para él el hijo de la
ancianidad. Le había hecho una túnica de manga larga.
4 Vieron sus
hermanos cómo le prefería su padre a todos sus otros hijos, y le
aborrecieron hasta el punto de no poder ni siquiera saludarle.
5 José tuvo un
sueño y lo manifestó a sus hermanos, quienes le odiaron más aún.
6 Les dijo:
«Oíd el sueño que he tenido.
7 Me parecía
que nosotros estábamos atando gavillas en el campo, y he aquí que mi gavilla
se levantaba y se tenía derecha, mientras que vuestras gavillas le hacían
rueda y se inclinaban hacia la mía.»
8 Sus hermanos
le dijeron: «¿Será que vas a reinar sobre nosotros o que vas a tenernos
domeñados?» Y acumularon todavía más odio contra él por causa de sus sueños
y de su palabras.
9 Volvió a
tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Díjoles: «He tenido otro
sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.»
10 Se lo contó
a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió y le dijo: «¿Qué sueño
es ése que has tenido? ¿Es que yo, tu madre y tus hermanos vamos a venir a
inclinarnos ante ti hasta el suelo?»
11 Sus hermanos
le tenían envidia, mientras que su padre reflexionaba.
12 Fueron sus
hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem,
13 y dijo
Israel a José: «¿No están tus hermanos pastoreando en Siquem? Ve de mi parte
a donde ellos.» Dijo: «Estoy listo.»
14 Díjole:
«Anda, vete a ver si tus hermanos siguen sin novedad, y lo mismo el ganado,
y tráeme noticias.» Le envió, pues, desde el valle de Hebrón, y José fue a
Siquem.
15 Encontróse
con él un hombre mientras estaba discurriendo por el campo. El hombre le
preguntó: «¿Qué buscas?»
16 Díjole:
«Estoy buscando a mis hermanos. Indícame, por favor, dónde están
pastoreando.»
17 El hombre le
dijo: «Partieron de aquí, pues yo les oí decir: "Vamos a Dotán."» José fue
detrás de sus hermanos y los encontró en Dotán.
18 Ellos le
vieron de lejos, y antes que se les acercara, conspiraron contra él para
matarle,
19 y se decían
mutuamente: «Por ahí viene el soñador.
20 Ahora, pues,
venid, matémosle y echémosle en un pozo cualquiera, y diremos que algún
animal feroz le devoró. Veremos entonces en qué paran sus sueños.»
21 Rubén lo oyó
y le libró de sus manos. Dijo: «No atentemos contra su vida.»
22 Rubén les
dijo: «No derraméis sangre. Echadle a ese pozo que hay en el páramo, pero no
pongáis la mano sobre él.» Su intención era de salvarle de sus hermanos para
devolverle a su padre.
23 Y ocurrió,
que cuando llegó José donde sus hermanos, éstos despojaron a José de su
túnica - aquella túnica de manga larga que llevaba puesta -,
24 y echándole
mano le arrojaron al pozo. Aquel pozo estaba vacío, sin agua.
25 Luego se
sentaron a comer. Y levantando los ojos divisaron una caravana de ismaelitas
que venían de Galaad, con camellos cargados de almáciga, sandáraca y ládano,
que iban bajando hacia Egipto.
26 Entonces
dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué aprovecha el que asesinemos a nuestro
hermano y luego tapemos su sangre?
27 Venid vamos
a venderle a los ismaelitas, pero no pongamos la mano en él, porque es
nuestro hermano, carne nuestra.» Y sus hermanos asintieron.
28 Pasaron unos
madianitas mercaderes, y descubriéndole subieron a José del pozo. Vendieron
a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata, y éstos se llevaron a
José a Egipto.
29 Vuelve Rubén
al pozo, y he aquí que José nos estaba en el pozo. El desgarró sus ropas,
30 y volviendo
donde sus hermanos les dijo: «El niño no aparece, y yo ¿qué hago ahora?»
31 Entonces
tomaron la túnica de José, y degollando un cabrito, tiñeron la túnica en
sangre,
32 y enviaron
la túnica de manga larga, haciéndola llegar hasta su padre con este recado:
«Esto hemos encontrado: examina si se trata de la túnica de tu hijo, o no.»
33 El la
examinó y dijo: «¡Es la túnica de mi hijo! ¡Algún animal feroz le ha
devorado! ¡José ha sido despedazado!»
34 Jacob
desgarró su vestido, se echó un sayal a la cintura e hizo duelo por su hijo
durante muchos días.
35 Todos sus
hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba consolarse y decía:
«Voy a bajar en duelo al seol donde mi hijo.» Y su padre le lloraba.
36 Por su
parte, los madianitas, llegados a Egipto, le vendieron a Putifar, eunuco de
Faraón y capitán de los guardias.
1 Por aquel
tiempo bajó Judá de donde sus hermanos para dirigirse a cierto individuo de
Adullam llamado Jirá.
2 Allí conoció
Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y tomándola por esposa se llegó a
ella;
3 ella concibió
y dio a luz un hijo, al que llamó Er.
4 Volvió a
concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán.
5 Nuevamente
dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Akzib al darle
a luz.
6 Judá tomó
para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.
7 Er, el
primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahveh, Yahveh le hizo morir.
8 Entonces Judá
dijo a Onán: «Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado con
ella, procurando descendencia a tu hermano.»
9 Onán sabía
que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tuvo relaciones con
su cuñada, derramaba a tierra, evitando el dar descendencia a su hermano.
10 Pareció mal
a Yahveh lo que hacía y le hizo morir también a él.
11 Entonces
dijo Judá a su nuera Tamar: «Quédate como viuda en casa de tu padre hasta
que crezca mi hijo Selá.» Pues se decía: «Por si acaso muere también él, lo
mismo que sus hermanos.» Tamar se fue y quedó en casa de su padre.
12 Pasaron
muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo
consolado, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá su
compañero adulamita.
13 Se lo
notificaron a Tamar: «Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su
rebaño.»
14 Entonces
ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien
disfrazada se sentó en Petaj Enáyim, que está a la vera del camino de Timná.
Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por
mujer.
15 Judá la vio
y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro,
16 y
desviándose hacia ella dijo: «Déjame ir contigo» - pues no la reconoció como
su nuera. Dijo ella: «¿Y qué me das por venir conmigo?» -
17 «Te mandaré
un cabrito de mi rebaño.» - «Si me das prenda hasta que me lo mandes...» -
18 «¿Qué prenda
he de darte?» - «Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano.» El
se lo dio y se unió a ella, la cual quedó encinta de él.
19 Entonces se
marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.
20 Judá, por su
parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para
rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró.
21 Preguntó a
los del lugar: «¿Dónde está la ramera aquella que había en Enáyim, a la vera
del camino?» - «Ahí no ha habido ninguna ramera» - dijeron.
22 Entonces él
se volvió donde Judá y dijo: «No la he encontrado; y los mismos lugareños me
han dicho que allí no ha habido ninguna ramera.»
23 «Pues que se
quede con ello - dijo Judá -; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he
enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado.»
24 Ahora bien,
como a los tres meses aproximadamente, Judá recibió este aviso: «Tu nuera
Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de
ello.» Dijo Judá: «Sacadla y que sea quemada.»
25 Pero cuando
ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: «Del hombre a quien esto
pertenece estoy encinta», y añadía: «Examina, por favor, de quién es este
sello, este cordón y este bastón.»
26 Judá lo
reconoció y dijo: «Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no
la he dado por mujer a mi hijo Selá.» Y nunca más volvió a tener trato con
ella.
27 Al tiempo
del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre.
28 Y ocurrió
que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano, y la partera le agarró y
le ató una cinta escarlata a la mano, diciendo: «Este ha salido primero.»
29 Pero
entonces retiró él la mano, y fue su hermano el que salió. Ella dijo: «¡Cómo
te has abierto brecha!» Y le llamó Peres.
30 Detrás salió
su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj.
1 José fue
bajado a Egipto, y le compró un egipcio, Putifar, eunuco de Faraón y jefe de
los guardias; le compró a los ismaelitas que le habían bajado allá.
2 Yahveh
asistió a José, que llegó a ser un hombre afortunado, mientras estaba en
casa de su señor egipcio.
3 Este echó de
ver que Yahveh estaba con él y que Yahveh hacía prosperar todas sus
empresas.
4 José ganó su
favor y entró a su servicio, y su señor le puso al frente de su casa y todo
cuanto tenía se lo confió.
5 Desde
entonces le encargó de toda su casa y de todo lo que tenía, y Yahveh bendijo
la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de Yahveh
a todo cuanto tenía en casa y en el campo.
6 El mismo dejó
todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de
nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia.
7 Tiempo más
tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: «Acuéstate
conmigo.»
8 Pero él
rehusó y dijo a la mujer de su señor: «He aquí que mi señor no me controla
nada de lo que hay en su casa, y todo cuanto tiene me lo ha confiado.
9 ¿No es él
mayor que y o en esta casa? Y sin embargo, no me ha vedado absolutamente
nada más que a ti misma, por cuanto eres su mujer. ¿Cómo entonces voy a
hacer este mal tan grande, pecando contra Dios?»
10 Ella
insistía en hablar a José día tras día, pero él no accedió a acostarse y
estar con ella.
11 Hasta que
cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no
había ninguno de casa allí dentro.
12 Entonces
ella le asió de la ropa diciéndole: «Acuéstate conmigo.» Pero él, dejándole
su ropa en la mano, salió huyendo afuera.
13 Entonces
ella, al ver que había dejado la ropa en su mano, huyó también afuera y
gritó a los de su casa diciéndoles:
14 - «¡Mirad!
Nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros. Ha venido a mí para
acostarse conmigo, poro yo he gritado,
15 y al oírme
levantar la voz y gritar, ha dejado su vestido a mi lado y ha salido huyendo
afuera.»
16 Ella
depositó junto a sí el vestido de él, hasta que vino su señor a casa,
17 y le repitió
esto mismo: «Ha entrado a mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para
abusar de mí;
18 pero yo he
levantado la voz y he gritado, y entonces ha dejado él su ropa junto a mí y
ha huido afuera.»
19 Al oír su
señor las palabras que acababa de decirle su mujer: - «Esto ha hecho conmigo
tu siervo» - se encolerizó.
20 Y el señor
de José le prendió y le puso en la cárcel, en el sitio donde estaban los
detenidos del rey. Allí se quedó en presidio.
21 Pero Yahveh
asistió a José y le cubrió con su misericordia, haciendo que se ganase el
favor del alcaide.
22 El alcaide
confió a José todos los detenidos que había en la cárcel; todo lo que se
hacía allí, lo hacía él.
23 El alcaide
no controlaba absolutamente nada de cuanto administraba José, ya que Yahveh
le asistía y hacía prosperar todas sus empresas.
1 Después de
estas cosas sucedió que el escanciador y el panadero del rey de Egipto
ofendieron a su señor, el rey de Egipto.
2 Faraón se
enojó contra sus dos eunucos, contra el jefe de los escanciadores y el jefe
de los panaderos,
3 y les puso
bajo la custodia en casa del jefe de los guardias, en prisión, en el lugar
donde estaba detenido José.
4 El jefe de
los guardias encargó de ellos a José, para que les sirviese. Así pasaban los
días en presidio.
5 Aconteció que
ambos soñaron sendos sueños en una misma noche, cada cual con su sentido
propio: el escanciador y el panadero del rey de Egipto que estaban detenidos
en la prisión.
6 José vino a
ellos por la mañana, y los encontró preocupados.
7 Preguntó,
pues, a los eunucos de Faraón, que estaban con él en presidio en casa de su
señor: «¿Por qué tenéis hoy mala cara?»
8 «Hemos soñado
un sueño - le dijeron - y no hay quien lo interprete.» José les dijo: «¿No
son de Dios los sentidos ocultos? Vamos, contádmelo a mí.»
9 El jefe de
los escanciadores contó su sueño a José y le dijo: «Voy con mi sueño.
Resulta que yo tenía delante una cepa,
10 y en la cepa
tres sarmientos, que nada más echar yemas, florecían enseguida y maduraban
las uvas en sus racimos.
11 Yo tenía en
la mano la copa de Faraón, y tomando aquellas uvas, las exprimía en la copa
de Faraón, y ponía la copa en la mano de Faraón.»
12 José dijo:
«Esta es la interpretación: los tres sarmientos, son tres días.
13 Dentro de
tres días levantará Faraón tu cabeza: te devolverá a tu cargo, y pondrás la
copa de Faraón en su mano, lo mismo que antes, cuando eras su escanciador.
14 A ver si te
acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces el favor de hablar de mí a
Faraón para que me saque de esta casa.
15 Pues fui
raptado del país de los hebreos, y por lo demás, tampoco aquí hice nada para
que me metieran en el pozo.»
16 Vio el jefe
panaderos que era buena la interpretación y dijo a José: «Voy con mi sueño:
Había tres cestas de pan candeal sobre mi cabeza.
17 En la cesta
de arriba había de todo lo que come Faraón de panadería, pero los pájaros se
lo comían de la cesta, de encima de mi cabeza.»
18 Respondió
José: «Esta es su interpretación. Las tres cestas, son tres días.
19 A vuelta de
tres días levantará Faraón tu cabeza y te colgará en un madero, y las aves
se comerán la carne que te cubre.»
20 Al tercer
día, que era el natalicio de Faraón, dio éste un banquete para todos sus
servidores, y levantó la cabeza del jefe de escanciadores y la del jefe de
panaderos en presencia de sus siervos.
21 Al jefe de
escanciadores le restituyó en su oficio, y volvió a poner la copa en manos
de Faraón.
22 En cuanto al
jefe de panaderos, le colgó: tal y como les había interpretado José.
23 Pero el jefe
de escanciadores no se acordó de José, sino que le echó en olvido.
1 Al cabo de
dos años. Faraón soñó que se encontraba parado a la vera del río.
2 De pronto
suben del río siete vacas hermosas y lustrosas que se pusieron a pacer en el
carrizal.
3 Pero he aquí
que detrás de aquéllas subían del río otras siete vacas, de mal aspecto y
macilentas, las cuales se pararon cabe las otras vacas en la margen del río,
4 y las vacas
de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y
lustrosas. Entonces Faraón se despertó.
5 Y vuelto a
dormirse soñó otra vez que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas
y buenas.
6 Pero he aquí
que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas
7 y las espigas
flacas consumieron a las siete lozanas y llenas. Despertó Faraón, y he aquí
que era un sueño.
8 Aquella
mañana estaba inquieto su espíritu y envió a llamar a todos los magos y a
todos los sabios de Egipto. Faraón les contó su sueño, pero no hubo quien se
lo interpretara a Faraón.
9 Entonces el
jefe de escanciadores habló a Faraón diciéndole: «Hoy me acuerdo de mi
yerro.
10 Faraón se
había enojado contra sus siervos y me había puesto bajo custodia en casa del
jefe de los guardias a mí y al jefe de panaderos.
11 Entonces
tuvimos sendos sueños en una misma noche, tanto yo como él, cada uno con su
sentido propio.
12 Había allí
con nosotros un muchacho hebreo, siervo del jefe de los guardias. Le
contamos nuestro sueño, y él nos dio el sentido propio de cada cual.
13 Y resultó
que según nos lo había interpretado, así fue: A mí me restituyó Faraón en mi
puesto, y a él le colgó.»
14 Faraón mandó
llamar a José y le sacaron del pozo con premura, se afeitó y mudó de vestido
y compareció ante Faraón.
15 Dijo Faraón
a José: «He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, pero he oído decir
de ti que te basta oír un sueño para interpretarlo.»
16 Respondió
José a Faraón: «No hablemos de mí, que Dios responda en buena hora a
Faraón.»
17 Y refirió
Faraón a José su sueño: «Resulta que estaba yo parado a la orilla del río,
18 cuando de
pronto suben del río siete vacas lustrosas y de hermoso aspecto, las cuales
pacían en el carrizal.
19 Pero he aquí
que otras siete vacas subían detrás de aquéllas, de muy ruin y mala catadura
y macilentas, que jamás vi como aquéllas en toda la tierra de Egipto, de tan
malas.
20 Y las siete
vacas macilentas y malas se comieron a las siete vacas primeras, las
lustrosas.
21 Pero una vez
que las tuvieron dentro, ni se conocía que las tuviesen, pues su aspecto
seguía tan malo como al principio. Entonces me desperté,
22 y volví a
ver en sueños cómo siete espigas crecían en una misma caña, henchidas y
buenas.
23 Pero he aquí
que otras siete espigas secas, flacas y asolanadas, brotaban después de
aquéllas
24 y
consumieron las espigas flacas a las siete espigas hermosas. Se lo he dicho
a los magos, pero no hay quien me lo explique.»
25 José dijo a
Faraón: «El sueño de Faraón es uno solo: Dios anuncia a Faraón lo que va a
hacer.
26 Las siete
vacas buenas son siete años de abundancia y las siete espigas buenas, siete
años son: porque el sueño es uno solo.
27 Y las siete
vacas macilentas y malas que subían después de aquéllas, son siete años; e
igualmente las siete espigas flacas y asolanadas, es que habrá siete años de
hambre.
28 Esto es lo
que yo he dicho a Faraón. Lo que Dios va a hacer lo ha mostrado a Faraón.
29 He aquí que
vienen siete años de gran hartura en todo Egipto.
30 Pero después
sobrevendrán otros siete años de hambre y se olvidará toda la hartura en
Egipto, pues el hambre asolará el país,
31 y no se
conocerá hartura en el país, de tanta hambre como habrá.
32 Y el que se
haya repetido el sueño de Faraón dos veces, es porque la cosa es firme de
parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla.
33 Ahora, pues,
fíjese Faraón en algún hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de
Egipto.
34 Hágalo así
Faraón: ponga encargados al frente del país y exija el quinto a Egipto
durante los siete años de abundancia.
35 Ellos
recogerán todo el comestible de esos años buenos que vienen, almacenarán el
grano a disposición de Faraón en las ciudades, y lo guardarán.
36 De esta
forma quedarán registradas las reservas de alimento del país para los siete
años de hambre que habrá en Egipto, y así no perecerá el país de hambre.»
37 Pareció bien
el discurso a Faraón y a todos sus servidores,
38 y dijo
Faraón a sus servidores: «¿Acaso se encontrará otro como éste que tenga el
espíritu de Dios?»
39 Y dijo
Faraón a José: «Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no hay
entendido ni sabio como tú.
40 Tú estarás
al frente de mi casa, y de tu boca dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el
trono dejaré por encima de ti.»
41 Dijo Faraón
a José: «Mira: te he puesto al frente de todo el país de Egipto.»
42 Y Faraón se
quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José, le hizo vestir
ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello,
43 luego le
hizo montar en su segunda carroza, e iban gritando delante de él: «¡Abrek!»
Así le puso al frente de todo el país de Egipto.
44 Dijo Faraón
a José: «Yo, Faraón: sin tu licencia no levantará nadie mano ni pie en todo
Egipto.»
45 Faraón llamó
a José Safnat Panéai y le dio por mujer a Asnat, hija de Poti Fera,
sacerdote de On. Y salió José con autoridad sobre el país de Egipto.
46 Tenía José
treinta años cuando compareció ante Faraón, rey de Egipto, y salió José de
delante de Faraón, y recorrió todo Egipto.
47 La tierra
produjo con profusión durante los siete años de abundancia
48 y él hizo
acopio de todos los víveres de los siete años en que hubo hartura en Egipto
poniendo en cada ciudad los víveres de la campiña circundante.
49 José
recolectó grano como la arena del mar, una enormidad, hasta tener que
desistir de contar porque era innumerable.
50 Antes que
sobreviniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le dio
Asnat, la hija de Poti Fera, sacerdote de On.
51 Llamó José
al primogénito Manasés, porque - decía - «Dios me ha hecho olvidar todo mi
trabajo y la casa de mi padre,»
52 y al segundo
le llamó Efraím, porque - decía - «me ha hecho fructificar Dios en el país
de mi aflicción».
53
Concluyéronse los siete años de hartura que hubo en Egipto,
54 y empezaron
a llegar los siete años de hambre como había predicho José. Hubo hambre en
todas las regiones; pero en todo Egipto había pan.
55 Toda la
tierra de Egipto sintió también hambre, y el pueblo clamó a Faraón pidiendo
pan. Y dijo Faraón a todo Egipto: «Id a José: haced lo que él os diga.»
56 - El hambre
cundió par toda la haz de la tierra. - Entonces José sacó todas las
existencias y abasteció de grano a Egipto. Arreciaba el hambre en Egipto;
57 de todos los
países venían también a Egipto para proveerse comprando grano a José, porque
el hambre cundía por toda la tierra.
1 Vio Jacob que
se repartía grano en Egipto, y dijo Jacob a sus hijos: «¿Por qué os estáis
ahí mirando?
2 Yo tengo oído
que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que
vivamos y no muramos.»
3 Bajaron,
pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto;
4 pero a
Benjamín, hermano de José, no le envió Jacob con sus hermanos, pues se
decía: «No vaya a sucederle alguna desgracia.»
5 Fueron, pues,
los hijos de Israel a comprar con otros que iban, pues había hambre en el
país cananeo.
6 José era el
que regía en todo el país, y él mismo en persona era el que distribuía grano
a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en
tierra.
7 Vio José a
sus hermanos y los reconoció, pero él no se dio a conocer, y hablándoles con
dureza les dijo: «¿De dónde venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar
víveres.»
8 O sea, que
José reconoció a sus hermanos, pero ellos no le reconocieron.
9 José entonces
se acordó de aquellos sueños que había soñado respecto a ellos, y les dijo:
«Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país.»
10 Dijéronle:
«No, señor, sino que tus siervos han venido a proveerse de víveres.
11 Todos
nosotros somos hijos de un mismo padre, y somos gente de bien: tus siervos
no son espías.»
12 Díjoles:
«Nada de eso: a lo que venís es a ver los puntos desguarnecidos del país.»
13 Dijéronle:
«Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un mismo padre, en el país
cananeo; sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no
existe.»
14 José
replicó: «Lo que yo os dije: sois espías.
15 Con esto
seréis probados, ¡por vida de Faraón!, no saldréis de aquí mientras no venga
vuestro hermano pequeño acá.
16 Enviad a
cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano, mientras los demás
quedáis presos. Así serán comprobadas vuestras afirmaciones, a ver si la
verdad está con vosotros. Que si no, ¡por vida de Faraón!, espías sois.»
17 Y los puso
bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer
día les dijo José: «Haced esto - pues yo también temo a Dios - y viviréis.
19 Si sois
gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión
mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en
vuestras casas.
20 Luego me
traéis a vuestro hermano menor; entonces se verá que son verídicas vuestras
palabras y no moriréis.» - Así lo hicieron ellos. -
21 Y se decían
el uno al otro: «A fe que somos culpables contra nuestro hermano, cuya
angustia veíamos cuando nos pedía que tuviésemos compasión y no le hicimos
caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.»
22 Rubén les
replicó: «!? Nos os decía yo que no pecarais contra el niño y no me
hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!»
23 Ignoraban
ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos.
24 Entonces
José se apartó de su lado y lloró; y volviendo donde ellos tomó a Simeón y
le hizo amarrar a vista de todos.
25 Mandó José
que se les llenaran los envases de grano, que se devolviera a cada uno su
dinero en la talega, y que se les pusiera provisiones para el camino; así se
hizo con ellos.
26 Ellos
pusieron su cargamento de grano sobre los burros, y se fueron de allí.
27 Al ir a
hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro, y vio
que su dinero estaba en la boca de la talega de grano.
28 Y dijo a sus
hermanos: «Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega.» Se
quedaron sin aliento, y se miraban temblando y diciendo: «¿Qué es esto que
ha hecho Dios con nosotros?»
29 Llegaron
donde su padre, a Canaán, y le manifestaron todas sus aventuras, diciéndole:
30 «El hombre
que es señor del país ha hablado con nosotros duramente y nos ha tomado por
espías del país.
31 Nosotros le
hemos dicho que éramos gente de bien y no espías,
32 que éramos
doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que
el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán.
33 Entonces nos
dijo el hombre que es señor del país: "De este modo conoceré si sois gente
de bien; dejad conmigo a uno de vosotros, tomad lo que hace falta en
vuestras casas y marchaos
34 a buscarme a
vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de
bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por
el país."»
35 Ahora bien,
cuando estaban vaciando sus talegas, he aquí que cada uno tenía su dinero en
la talega, y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo.
36 Su padre
Jacob les dijo: «Me dejáis sin hijos: Falta José, falta Simeón, y encima
vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo.»
37 Dijo Rubén a
su padre: «Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíalo a mí y yo
te lo devolveré.»
38 Replicó: «No
bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él.
Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces
haríais bajar mi vejez con pena al seol.»
1 El hambre
seguía abrumando la tierra.
2 Así pues, en
cuanto acabaron de consumir el grano traído de Egipto, les dijo su padre:
«Volved y compradnos algo de comer.»
3 Judá le dijo:
«Bien claro nos dio a entender aquel hombre que no veríamos su rostro si no
estaba con nosotros nuestro hermano.
4 Si mandas a
nuestro hermano con nosotros, bajaremos y te compraremos víveres;
5 pero si no le
mandas, no bajamos, porque aquel hombre nos dijo: "No os presentéis a mí si
no está vuestro hermano con vosotros."»
6 Dijo Israel:
«¿Por qué para desgracia mía hicisteis saber a ese hombre que teníais otro
hermano?»
7 Dijeron: «!Él
empezó preguntándonos por nuestra familia, diciéndonos: ¿Tenéis aún padre?
¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano? Y nosotros nos
limitamos a responder a sus palabras. ¿Podíamos saber que iba a decirnos:
Bajad a vuestro hermano?»
8 Dijo Judá a
su padre Israel: «Deja ir al chico conmigo; deja que vayamos para vivir y no
morir ni nosotros, ni tú, ni nuestros pequeños.
9 Yo respondo
de él, de mi mano lo exigirás si no lo trajere aquí y te lo presentare, y
estaría yo en falta contigo a perpetuidad.
10 Que lo que
es, si no nos hubiéramos entretenido, para estas horas ya estaríamos de
vuelta.»
11 Díjoles su
padre Israel: «Siendo así, hacedlo; llevaos de lo más fino del país en
vuestras cestas, y bajad a aquel hombre un regalo, un poco de sandácara, un
poco de miel, almáciga y ládano, pistachos y almendras.
12 Tomáis
también con vosotros el doble de plata y devolvéis personalmente la plata
devuelta en la boca de vuestras talegas, por si se trata de un error.
13 Tomad, pues,
a vuestro hermano y volved inmediatamente donde ese hombre;
14 que El
Sadday os haga hallar misericordia ante ese hombre, y que él os despache y
suelte a vuestro otro hermano, y a Benjamín. Por mi parte, si he de perder a
mis hijos, qué le vamos a hacer.»
15 Ellos
tomaron dicho regalo y el doble de plata consigo, y asimismo a Benjamín, y
poniéndose en marcha bajaron a Egipto y se presentaron a José.
16 José vio con
ellos a Benjamin, y dijo a su mayordomo: «Lleva a esos hombres a casa, mata
algún animal y lo preparas, porque esos hombres van a comer conmigo a
mediodía.»
17 El hombre
hizo como le había dicho José, y llevó a los hombres a casa de José.
18 Ellos se
asustaron porque se les llevaba a casa de José, y dijeron: «Es por lo de la
plata devuelta en nuestros sacos la otra vez, por lo que se nos trae acá,
para ponernos alguna trampa, caer sobre nosotros y reducirnos a esclavitud,
junto con nuestros asnos.»
19 Y
acercándose al mayordomo de José le dijeron a la puerta de la casa:
20 «Por favor,
señor, nosotros bajamos anteriormente a comprar víveres.
21 Pero resultó
que cuando fuimos a hacer noche y abrimos nuestras talegas de grano, nos
encontramos con que la plata de cada uno estaba en la boca de su talega,
nuestra plata bien pesada, y la hemos devuelto con nosotros,
22 y además
traemos con nosotros más plata para comprar víveres. Ignoramos quién puso
nuestra plata en nuestras talegas.»
23 Díjoles: «La
paz sea con vosotros, no temáis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os
puso ese tesoro en las talegas. Vuestra plata ya me llegó.» Y les sacó a
Simeón.
24 Luego los
introdujo en casa de José, les dio agua y se lavaron los pies, y les dio
pienso para sus asnos.
25 Entonces
ellos prepararon el regalo, mientras llegaba José a mediodía, pues oyeron
que iban a comer allí.
26 Al entrar
José en casa, le presentaron el regalo que llevaban consigo y se inclinaron
hasta el suelo.
27 El les
saludó y les preguntó: «Vuestro anciano padre de quien me hablasteis, ¿vive
aún?»
28 Y le
dijeron: «Está bien tu siervo, nuestro padre: todavía vive.» Y postrándose
se inclinaron.
29 Entonces
José volvió los ojos y vio a Benjamín, su hermano de madre, y dijo: «¿Este
es vuestro hermano menor, de quien me hablasteis?» Y añadió: «Dios te
guarde, hijo mío.»
30 José tuvo
que darse prisa, porque le daban ganas de llorar de emoción por su hermano,
y entrando en el cuarto lloró allí.
31 Luego se
lavó la cara, salió y conteniéndose dijo: «Servid la comida.»
32 Y le
sirvieron a él aparte, aparte a ellos, y aparte a los egipcios que comían
con él, porque los egipcios no soportan comer con los hebreos, cosa
detestable para ellos.
33 Sentáronse,
pues, delante de él por orden de antigüedad, de mayor a menor, y unos a
otros se daban muestras de asombro.
34 El fue
tomando de delante de sí raciones para ellos, y la ración de Benjamín era
cinco veces mayor que la de todos los demás. Ellos bebieron y se alegraron
en su compañía.
1 Entonces él
dio esta orden a su mayordomo: «Llena de víveres las talegas de estos
hombres, cuanto quepa en ellas, y pones el dinero de cada uno en la boca de
su talega.
2 Y mi copa, la
copa de plata, la pones en la boca del saco del pequeño, además del dinero
de su compra.» Y él hizo conforme a lo que había dicho José.
3 Alumbró el
día, y se les despachó a ellos con sus asnos.
4 Salieron de
la ciudad, y no bien se habían alejado, cuando José dijo a su mayordomo:
«Levántate y persigue a esos hombres, les das alcance y les dices: ¿Por qué
habéis pagado mal por bien?
5 ¡Se trata
nada menos que de lo que utiliza mi señor para beber, y también para sus
adivinaciones! ¡Qué mal habéis obrado!»
6 El les
alcanzó y les habló a este tenor.
7 Ellos le
dijeron: «¿Por qué habla mi señor de ese modo? ¡Lejos de tus siervos hacer
semejante cosa!
8 De modo que
te hemos devuelto desde Canaán la plata que encontramos en la boca de
nuestras talegas, ¿e íbamos a robar ahora de casa de nuestro señor plata ni
oro?
9 Aquel de tus
siervos a quien se le encuentre, que muera; y también los demás nos haremos
esclavos del señor.»
10 Dijo: «Sea
así como decís: aquel a quien se le encuentre, será mi esclavo; pero los
demás quedaréis disculpados.»
11 Ellos se
dieron prisa en bajar sus talegas a tierra y fueron abriendo cada cual la
suya;
12 él les
registró empezando por el grande y acabando por el chico, y apareció la copa
en la talega de Benjamín.
13 Entonces
rasgaron ellos sus túnicas, y cargando cada cual su burro regresaron a la
ciudad.
14 Judá y sus
hermanos entraron a casa de José, que todavía estaba allí, y cayeron rostro
en tierra.
15 José les
dijo: «¿Qué habéis hecho? ¡ ignorabais que uno como yo tenía que adivinarlo
sin falta?»
16 Judá dijo:
«¿Qué vamos a decir al señor, qué vamos a hablar, qué excusa vamos a dar?
Dios ha hallado culpables a sus siervos, y henos aquí como esclavos de
nuestro señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder ha aparecido la
copa.»
17 Replicó:
«¡Lejos de mí, hacer eso! Aquel a quien se le ha hallado la copa, ése será
mi esclavo, que los demás subiréis sin novedad donde vuestro padre.»
18 Entonces se
le acercó Judá y le dijo: «Con permiso, señor, tu siervo va a pronunciar una
palabra a los oídos de mi señor, y que no se encienda tu ira contra tu
siervo, pues tú eres como el mismo Faraón.
19 Mi señor
preguntó a sus siervos: "¿Tenéis padre o algún hermano?"
20 Y nosotros
dijimos a mi señor: «"Sí, tenemos padre anciano, y un hijo pequeño de su
ancianidad. Otro hermano de éste murió; sólo le ha quedado éste de su madre,
y su padre le quiere."
21 Entonces tú
dijiste a tus siervos: «Bajádmelo, que ponga mis ojos sobre él."
22 Y dijimos a
mi señor: "Imposible que el muchacho deje a su padre, pues si le dejara,
éste moriría."
23 Pero dijiste
a tus siervos: "Pues si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no
volveréis a verme la cara."
24 Así pues,
cuando subimos nosotros a mi padre, tu siervo, le expusimos las palabras de
mi señor.
25 Nuestro
padre dijo: "Volved y compradnos algo de comer."
26 Dijimos: "No
podemos bajar, a menos que nuestro hermano pequeño vaya con nosotros. En ese
caso sí bajaríamos. Porque no podemos presentarnos a aquel hombre si no está
con nosotros nuestro hermano el pequeño."
27 Mi padre, tu
siervo, nos dijo: "Bien sabéis que mi mujer me dio a los dos:
28 el uno se me
marchó, y dije que seguramente habría sido despedazado, y no le he vuelto a
ver más hasta ahora.
29 Y ahora os
lleváis también a éste de mi presencia, y le ocurre alguna desgracia, y
habréis hecho bajar mi ancianidad al seol con amargura."
30 Ahora, pues,
cuando yo llegue a donde mi padre, tu siervo, y el muchacho no esté con
nosotros, teniendo como tiene el alma tan apegada a la suya,
31 en cuanto
vea que falta el muchacho morirá, y tus siervos habrán hecho bajar la
ancianidad de nuestro padre, tu siervo, con tristeza al seol.
32 La verdad es
que tu siervo ha traído al muchacho de junto a su padre bajo palabra de que:
"Si no te lo traigo, quedaré en falta para con mi padre a perpetuidad."
33 Ahora, pues,
que se quede tu siervo en vez del muchacho como esclavo de mi señor, y suba
el muchacho con sus hermanos.
34 Porque ¿cómo
subo yo ahora a mi padre sin el muchacho conmigo? ¡No quiero ni ver la
aflicción en que caerá mi padre!»
1 Ya no pudo
José contenerse delante de todos los que en pie le asistían y exclamó:
«Echad a todo el mundo de mi lado.» Y no quedó nadie con él mientras se daba
a conocer José a sus hermanos.
2 (Y se echó a
llorar a gritos, y lo oyeron los egipcios, y lo oyó hasta la casa de
Faraón.)
3 José dijo a
sus hermanos: «Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Sus hermanos no podían
contestarle, porque se habían quedado atónitos ante él.
4 José dijo a
sus hermanos: «Vamos, acercaos a mí.» Se acercaron, y él continuó: «Yo soy
vuestro hermano José, a quien vendisteis a los egipcios.
5 Ahora bien,
no os pese mal, ni os dé enojo el haberme vendido acá, pues para salvar
vidas me envió Dios delante de vosotros.
6 Porque con
éste van dos años de hambre por la tierra, y aún quedan cinco años en que no
habrá arada ni siega.
7 Dios me ha
enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la tierra y para
salvaros la vida mediante una feliz liberación.
8 O sea, que no
fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha
convertido en padre de Faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo
Egipto.
9 Subid de
prisa a donde mi padre, y decidle: "Así, dice tu hijo José: Dios me ha hecho
dueño de todo Egipto; baja a mí sin demora.
10 Vivirás en
el país de Gosen, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos y nietos, tus ovejas
y tus vacadas y todo cuanto tienes.
11 Yo te
sustentaré allí, pues todavía faltan cinco años de hambre, no sea que
quedéis en la miseria tú y tu casa y todo lo tuyo."
12 Con vuestros
propios ojos estáis viendo, y también mi hermano Benjamín con los suyos, que
es mi boca la que os habla.
13 Notificad,
pues, a mi padre toda mi autoridad en Egipto y todo lo que habéis visto, y
en seguida bajad a mi padre acá.»
14 Y echándose
al cuello de su hermano Benjamín, lloró; también Benjamín lloraba sobre el
cuello de José.
15 Luego besó a
todos sus hermanos, llorando sobre ellos; después de lo cual sus hermanos
estuvieron conversando con él.
16 En el
palacio de Faraón corrió la voz: «Han venido los hermanos de José.» La cosa
cayó bien a Faraón y sus siervos,
17 y Faraón
dijo a José: «Di a tus hermanos: Haced esto: Cargad vuestras acémilas y
poneos inmediatamente en Canaán ,
18 tomad a
vuestro padre y vuestras familias, y venid a mí, que yo os daré lo mejor de
Egipto, y comeréis lo más pingüe del país.
19 Por tu
parte, ordénales: Haced esto: Tomad de Egipto carretas para vuestros
pequeños y mujeres, y os traéis a vuestro padre.
20 Y vosotros
mismos no tengáis pena de vuestras cosas, que le mejor de Egipto será para
vosotros.»
21 Así lo
hicieron los hijos de Israel; José les proporcionó carretas por orden de
Faraón; y les dio provisiones para el camino.
22 A todos
ellos dio sendas mudas, pero a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y
cinco mudas.
23 A su padre
le envió asimismo diez burros cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas
cargadas de trigo, pan y víveres para el viaje de su padre.
24 Luego
despidió a sus hermanos, y cuando se iban les dijo: «No os excitéis en el
camino.»
25 Subieron,
pues, de Egipto y llegaron a Canaán, a donde su padre Jacob,
26 y le
anunciaron: «Todavía vive José, y es el amo de todo Egipto.» Pero él se
quedó impasible, porque no les creía.
27 Entonces le
repitieron todas las palabras que José les había dicho, vio las carretas que
José había enviado para trasportarle, y revivió el espíritu de su padre
Jacob.
28 Y dijo
Israel: «¡Esto me basta! Todavía vive mi hijo José: iré y le veré antes de
morirme.»
1 Partió Israel
con todas sus pertenencias y llegó a Berseba, donde hizo sacrificios al Dios
de su padre Isaac.
2 Y dijo Dios a
Israel en visión nocturna: «¡Jacob, Jacob!» - «Heme aquí», respondió. -
3 «Yo soy Dios,
el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran
nación.
4 Y bajaré
contigo a Egipto y yo mismo te subiré también. José te cerrará los ojos.»
5 Jacob partió
de Berseba y los hijos de Israel montaron a su padre Jacob, así como a sus
pequeños y mujeres, en las carretas que había mandado Faraón para
trasportarle.
6 También
tomaron sus ganados y la hacienda lograda en Canaán, y fueron a Egipto,
Jacob y toda su descendencia con él.
7 Sus hijos y
nietos, sus hijas y nietas: a toda su descendencia se la llevó consigo a
Egipto.
8 Estos son los
nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El
primogénito de Jacob: Rubén,
9 y los hijos
de Rubén: Henoc, Pallú, Jesrón y Karmí;
10 los hijos de
Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yakín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea;
11 los hijos de
Leví: Guersón, Quehat y Merarí;
12 los hijos de
Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj, (¡pero Er y Onán ya habían muerto en
Canaán!) y los hijos de Peres: Jesrón y Jamul;
13 los hijos de
Isacar: Tolá, Puvá, Yasub y Simrón;
14 los hijos de
Zabulón: Séred, Elón, Yajleel.
15 Estos fueron
los hijos que Lía había dado a Jacob en Paddán Aram, y también su hija Dina.
Sus hijos y sus hijas eran en total 33 personas.
16 Los hijos de
Gad: Sefón, Jagguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí.
17 Los hijos de
Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Séraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá:
Jéber y Malkiel.
18 Estos son
los hijos de Zilpá, la que Labán diera a su hija Lía; ella engendró para
Jacob estas dieciséis personas.
19 Los hijos de
Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.
20 A José le
nacieron en Egipto Manasés y Efraím, de Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote
de On.
21 Los hijos de
Benjamín: Belá, Béker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juppim y Ard.
22 Estos son
los hijos que Raquel dio a Jacob. En total catorce personas.
23 Los hijos de
Dan: Jusim.
24 Los hijos de
Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Sillem.
25 Estos son
los hijos de Bilhá, la que Labán diera a su hija Raquel, y que aquélla
engendró para Jacob: en total siete personas.
26 Todas las
personas que entraron con Jacob en Egipto, nacidas de sus entrañas, - salvo
las mujeres de los hijos de Jacob - hacían un total de 66 personas.
27 Los hijos de
José, que le habían nacido en Egipto, eran dos. Todas las personas de la
casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta.
28 Israel mandó
a Judá por delante a donde José, para que éste le precediera a Gosen: y
llegaron al país de Gosen.
29 José
engancho su carroza y subió a Gosen, al encuentro de su padre Israel; y
viéndole se echó a su cuello y estúvose llorando sobre su cuello.
30 Y dijo
Israel a José: «Ahora ya puedo morir, después de haber visto tu rostro, pues
que tú vives todavía.»
31 José dijo a
sus hermanos y a la familia de su padre: «Voy a subir a avisar a Faraón y
decirle: "Han venido a mí mis hermanos y la casa de mi padre que estaban en
Canaán.
32 Son pastores
de ovejas, pues siempre fueron ganaderos, y, han traído ovejas, vacadas y
todo lo suyo.»
33 Así, cuando
os llame Faraón y os diga. "¿Cuál es vuestro oficio?",
34 le decís:
"Ganaderos hemos sido tus siervos desde la mocedad hasta ahora, lo mismo que
nuestros padres." De esta suerte os quedaréis en el país de Gosen.» Porque
los egipcios detestan a todos los pastores de ovejas.
1 Vino, pues,
José a dar parte a Faraón, diciendo: «Mi padre, mis hermanos, sus ovejas y
vacadas y todo lo suyo han venido de Canaán, y ya están en el país de
Gosen.»
2 Luego, de
entre todos sus hermanos tomó consigo a cinco varones y se los presentó a
Faraón.
3 Dijo Faraón a
los hermanos: «¿Cuál es vuestro oficio?» Respondieron a Faraón: «Pastores de
ovejas son tus siervos, lo mismo que nuestros padres.»
4 Y dijeron a
Faraón: «Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pastos para
los rebaños que tienen tus siervos, por ser grave el hambre en Canaán. Así
pues, deja morar a tus siervos en el país de Gosen.»
5-a Y dijo
Faraón a José:
5-b Jacob, y
sus hijos vinieron a Egipto donde José. Faraón, rey de Egipto, se enteró y
dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
6-a Tienes el
territorio egipcio por delante: en lo mejor del país instala a tu padre y
tus hermanos.»
6-b «Que
residan en el país de Gosen. Y si te consta que hay entre ellos gente
capacitada, ponles por rabadanes de lo mío.»
7 José llevó a
su padre Jacob y le presentó delante de Faraón, y Jacob bendijo a Faraón.
8 Dijo Faraón a
Jacob: «¿Cuántos años tienes?»
9 Respondió
Jacob a Faraón: «Los años de mis andanzas hacen 130 años: pocos y malos han
sido los años de mi vida, y no han llegado a igualar los años de vida de mis
padres, en el tiempo de sus andanzas.»
10 Bendijo,
pues, Jacob a Faraón, y salió de su presencia.
11 José instaló
a su padre y sus hermanos, asignándoles predio en territorio egipcio, en lo
mejor del país, en el país de Ramsés, según lo había mandado Faraón.
12 Y José
proveyó al sustento familiar de su padre y sus hermanos y toda la casa de su
padre.
13 No había pan
en todo el país, porque el hambre era gravísima y tanto Egipto como Canaán
estaban muertos de hambre.
14 Entonces
José se hizo con toda la plata existente en Egipto y Canaán a cambio del
grano que ellos compraban, y llevó José aquella plata al palacio de Faraón.
15 Agotada la
plata de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa a José diciendo: «Danos
pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se ha agotado la
plata?»
16 Dijo José:
«Entregad vuestros ganados y os daré pan por vuestros ganados, ya que se ha
agotado la plata.»
17 Trajeron sus
ganados a José y José les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y
burros. Y les abasteció de pan a trueque de todos sus ganados por aquel año.
18 Cumplido el
año, acudieron al año siguiente y le dijeron: «No disimularemos a nuestro
señor que se ha agotado la plata, y también los ganados pertenecen ya a
nuestro señor; no nos queda a disposición de nuestro señor nada, salvo
nuestros cuerpos y nuestras tierras.
19 ¿Por qué
hemos de morir delante de tus ojos así nosotros como nuestras tierras?
Aprópiate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan, y nosotros con
nuestras tierras pasaremos a ser esclavos de Faraón. Pero danos simiente
para que vivamos y no muramos, y el suelo no quede desolado.»
20 De este modo
se apropió José todo el suelo de Egipto para Faraón, pues los egipcios
vendieron cada uno su campo porque el hambre les apretaba, y la tierra vino
a ser de Faraón.
21 En cuanto al
pueblo, lo redujo a servidumbre, de cabo a cabo de las fronteras de Egipto.
22 Tan sólo las
tierras de los sacerdotes no se las apropió, porque los sacerdotes tuvieron
tal privilegio de Faraón, y comieron de dicho privilegio que les concedió
Faraón. Por lo cual no vendieron sus tierras.
23 Dijo
entonces José al pueblo: «He aquí que os he adquirido hoy para Faraón a
vosotros y vuestras tierras. Ahí tenéis simiente: sembrad la tierra,
24 y luego,
cuando la cosecha, daréis el quinto a Faraón y las otras cuatro partes serán
para vosotros, para siembra del campo, y para alimento vuestro y de vuestros
familiares, para alimento de vuestras criaturas.»
25 Dijeron
ellos: «Nos has salvado la vida. Hallemos gracia a los ojos de mi señor, y
seremos siervos de Faraón.»
26 Y José les
impuso por norma, vigente hasta la fecha respecto a todo el agro egipcio,
dar el quinto a Faraón. Tan sólo el territorio de los sacerdotes no pasó a
ser de Faraón.
27 Israel
residió en Egipto, en el país de Gosen; se afincaron en él y fueron fecundos
y se multiplicaron sobremanera.
28 Jacob vivió
en Egipto diez y siete años, siendo los días de Jacob, los años de su vida,
147 años.
29 Cuando los
días de Israel tocaron a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: «Si he
hallado gracia a tus ojos, pon tu mano debajo de mi muslo y hazme este favor
y lealtad: No me sepultes en Egipto.
30 Cuando yo me
acueste con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro
de ellos.» Respondió: «Yo haré según tu palabra.» -
31 «Júramelo»,
dijo. Y José se lo juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de su
lecho.
1 Sucedió tras
esto que se le dijo a José: «Mira que tu padre está malo.» Entonces él tomó
consigo a sus dos hijos Manasés y Efraím,
2 y se hizo
anunciar a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte.» Entonces Israel,
haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho.
3 Dijo Jacob a
José: «El Saday se me apareció en Luz, en país cananeo; me bendijo
4 y me dijo:
"Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una
asamblea de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad
eterna."
5 Pues bien,
los dos hijos tuyos que te nacieron en Egipto antes de venir yo a Egipto a
reunirme contigo, míos son: Efraím y Manasés, igual que Rubén y Simeón,
serán míos.
6 En cuanto a
la prole que has engendrado después de ellos, tuya será y con el apellido de
sus demás hermanos se la citará en orden a la herencia.
7 Cuando yo
venía de Paddán se me murió en el camino Raquel, tu madre, en el país de los
cananeos, a poco trecho para llegar a Efratá, y allí la sepulté, en el
camino de Efratá, o sea Belén.»
8 Vio Israel a
los hijos de José y preguntó: «¿Quiénes son éstos?»
9 Dijo José a
su padre: «Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.» Y él dijo:
«Tráemelos acá, que yo les bendiga.»
10 Los ojos de
Jacob se habían nublado por la vejez y no podía ver. Acercóselos, pues, y él
los besó y los abrazó.
11 Dijo Israel
a José: «Yo no sospechaba ver más tu rostro, y ahora resulta que Dios me ha
hecho ver también a tus hijos.»
12 José los
sacó de entre las rodillas de su padre, y se postró ante él rostro en
tierra.
13 José los
tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel, y a
Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel, y los acercó a éste.
14 Israel
extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím, aunque era el
menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las
manos, puesto que Manasés era el primogénito;
15 y bendijo a
José diciendo: «El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e
Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta el presente día,
16 el Ángel que
me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos; sean llamados con mi
nombre y con el de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense y crezcan en
medio de la tierra.»
17 Al ver José
que su padre tenía la diestra puesta sobre la cabeza de Efraím, le pareció
mal, y asió la mano de su padre para retirarla de sobre la cabeza de Efraím
a la de Manasés.
18 Y dijo José
a su padre: «Así no, padre mío, que éste es el primogénito; pon tu diestra
sobre su cabeza.
19 Pero rehusó
su padre, y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será grande. Sin
embargo, su hermano será más grande que él, y su descendencia se hará una
muchedumbre de gentes.
20 Y les
bendijo aquel día, diciendo: «Que con vuestro nombre se bendiga en Israel, y
se diga: ¡Hágate Dios como a Efraím y Manasés!» - y puso a Efraím por
delante de Manassés. -
21 Dijo
entonces Israel a José: «Yo muero; pero Dios estará con vosotros y os
devolverá a la tierra de vuestros padres.
22 Yo, por mi
parte, te doy Siquem a ti, mejorándote sobre tus hermanos: lo que tomé al
amorreo con mi espada y con mi arco.»
1 Jacob llamó a
sus hijos y dijo: «Juntaos, y os anunciaré lo que os ha de acontecer en días
venideros:
2 Apiñaos y
oíd, hijos de Jacob, y escuchad a Israel, vuestro padre.
3 Rubén, mi
primogénito eres tú, mi vigor y las primicias de mi virilidad , plétora de
pasión y de ímpetu,
4 espumas como
el agua: ¡Cuidado, no te desbordes! porque subiste al lecho de tu padre;
entonces violaste mi tálamo al subir.
5 Simeón y
Leví, hermanos; llevaron al colmo la violencia con sus intrigas.
6 ¡En su
conciliábulo no entres, alma mía; a su asamblea no te unas, corazón mío!,
porque estando de malas, mataron hombres, y estando de buenas, desjarretaron
toros.
7 ¡Maldita su
ira, por ser tan impetuosa, y su cólera, por ser tan cruel! Los dividiré en
Jacob, y los dispersaré en Israel.
8 A ti, Judá,
te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; inclínense a
ti los hijos de tu padre.
9 Cachorro de
león es Judá; de la presa, hijo mío, has vuelto; se recuesta, se echa cual
león, o cual leona, ¿quién le hará alzar?
10 No se irá de
Judá el báculo, el bastón de mando de entre tus piernas. hasta tanto que se
le traiga el tributo y a quien rindan homenaje las naciones;
11 el que ata a
la vid su borriquillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su
vestimenta, y en sangre de uvas su sayo;
12 el de los
ojos encandilados de vino, el de los dientes blancos de leche.
13 Zabulón
habita en la ribera del mar, y es tripulante de barcos, a horcajadas sobre
Sidón.
14 Isacar es un
borrico corpulento echado entre las aguaderas.
15 Aunque ve
que el reposo es bueno, y que el suelo es agradable, ofrece su lomo a la
carga y termina sometiéndose al trabajo.
16 Dan juzgará
a su pueblo como cualquiera de las tribus de Israel.
17 Sea Dan una
culebra junto al camino, una víbora junto al sendero, que pica al caballo en
los jarretes y cae su jinete de espaldas.
18 En tu
salvación espero, Yahveh.
19 A Gad
atracadores le atracan, pero él atraca su retaguardia.
20 Aser tiene
pingüe su pan, y da manjares de rey
21 Neftalí es
una cierva suelta, que da cervatillos hermosos.
22 Un retoño es
José, retoño junto a la fuente, cuyo vástagos trepan sobre el muro.
23 Le molestan
y acribillan, le asaltan los flecheros;
24 pero es roto
su arco violentamente y se aflojan los músculos de sus brazos por las manos
del Fuerte de Jacob, por el Nombre del Pastor, la Piedra de Israel,
25 por el Dios
de tu padre, pues él te ayudará, el Dios Sadday, pues él te bendecirá con
bendiciones de los cielos desde arriba, bendiciones del abismo que yace
abajo, bendiciones de los pechos y del seno,
26 bendiciones
de espigas y de frutos, amén de las bendiciones de los montes seculares, y
el anhelo de los collados eternos. ¡Sean para la cabeza de José, y para la
frente del consagrado entre sus hermanos!
27 Benjamín,
lobo rapaz; de mañana devora su presa, y a la tarde reparte el despojo.»
28 Todas estas
son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que les dijo su padre,
bendiciéndoles a cada uno con su bendición correspondiente.
29 Luego les
dio este encargo: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis
padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita,
30 en la cueva
que está en el campo de la Makpelá, enfrente de Mambré, en el país de
Canaán, el campo que compró Abraham a Efrón el hitita, como propiedad
sepulcral:
31 allí
sepultaron a Abraham y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer
Rebeca, y allí sepulté yo a Lía.
32 Dicho campo
y la cueva que en él hay fueron adquiridos de los hititas.»
33 Y en
habiendo acabado Jacob de hacer encargos a sus hijos, recogió sus piernas en
el lecho, expiró y se reunió con los suyos.
1 José cayó
sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó.
2 Luego encargó
José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos
embalsamaron a Israel.
3 Emplearon en
ellos cuarenta días, porque este es el tiempo que se emplea con los
embalsamados. Y los egipcios le lloraron durante setenta días.
4 Transcurridos
los días de luto por él, habló José a la casa de Faraón en estos términos:
«Si he hallado gracia a vuestros ojos, por favor, haced llegar a oídos de
Faraón esta palabra:
5 Mi padre me
tomó juramento diciendo: "Yo me muero. En el sepulcro que yo me labré en el
país de Canaán, allí me has de sepultar." Ahora, pues, permíteme que suba a
sepultar a mi padre, y luego volveré.»
6 Dijo Faraón:
«Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar.»
7 Subió José a
enterrar a su padre, y con él subieron todos los servidores de Faraón, los
más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto,
8 así como toda
la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus
pequeñuelos, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen.
9 Subieron con
él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable.
10 Llegados a
Goren Haatad, que está allende el Jordán, hicieron allí un duelo muy grande
y solemne, y José lloró a su padre durante siete días.
11 Los
cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Haatad y dijeron:
«Duelo de importancia es ése de los egipcios.» Por eso se llamó el lugar
Abel Misráyim, que está allende el Jordán.
12 Sus hijos,
pues, hicieron por él como él se lo había mandado;
13 le llevaron
sus hijos al país de Canaán, y le sepultaron en la cueva del campo de la
Makpelá, el campo que había comprado Abraham en propiedad sepulcral a Efrón
el hitita, enfrente de Mambré.
14 Regresó José
a Egipto con sus hermanos, y todos cuantos habían subido con él a sepultar a
su padre.
15 Vieron los
hermanos de José que había muerto su padre y dijeron: «A ver si José nos
guarda rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos.»
16 Por eso
mandaron a José este recado: «Tu padre encargó antes de su muerte:
17 "Así diréis
a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado." Cierto
que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del
Dios de tu padre.» Y José lloró mientras le hablaban.
18 Fueron
entonces sus hermanos personalmente y cayendo delante de él dijeron: «Henos
aquí, esclavos tuyos somos.»
19 Replicóles
José: «No temáis, ¿estoy yo acaso en vez de Dios?
20 Aunque
vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer
sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso.
21 Así que no
temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos.» Y les consoló
y les habló con afecto.
22 José
permaneció en Egipto junto con la familia de su padre, y alcanzó José la
edad de 110 años.
23 José vio a
los biznietos de Efraím; asimismo los hijos de Makir, hijo de Manasés,
nacieron sobre las rodillas de José.
24 Por último,
José dijo a sus hermanos: «Yo muero, pero Dios se ocupará sin falta de
vosotros y os hará subir de este país al país que juró a Abraham, a Isaac y
a Jacob.»
25 José hizo
jurar a los hijos de Israel, diciendo: «Dios os visitará sin falta, y
entonces os llevaréis mis huesos de aquí.»
26 Y José murió
a la edad de 110 años; le embalsamaron, y se le puso en una caja en Egipto.