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1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre:
Había dos mujeres, hijas de la misma madre.
3 Se
prostituyeron en Egipto; se prostituyeron en su juventud. Allí fueron
palpados sus pechos y acariciado su seno virginal.
4 Estos eran sus
nombres: Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana. Fueron mías y dieron a luz
hijos e hijas. Sus nombres: Oholá es Samaria; Oholibá, Jerusalén.
5 Oholá se
prostituyó cuando me pertenecía a mí; se enamoró perdidamente de sus
amantes, los asirios sus vecinos,
6 vestidos de
púrpura, gobernadores y prefectos, todos ellos jóvenes apuestos y hábiles
caballeros.
7 Les otorgó sus
favores - eran todos ellos la flor de los asirios - y, con todos aquellos de
los que se había enamorado, se contaminó al contacto de todas sus basuras.
8 No cejó en sus
prostituciones comenzadas en Egipto, donde se habían acostado con ella en su
juventud, acariciando su seno virginal, y desahogando con ella su lascivia.
9 Por eso yo la
entregué en manos de sus amantes, en manos de los asirios de los que se
había enamorado.
10 Estos
descubrieron su desnudez, se llevaron a sus hijos y sus hijas, y a ella
misma la mataron a espada. Vino así a ser ejemplo para las mujeres, porque
se había hecho justicia de ella.
11 Su hermana
Oholibá vio esto, pero su pasión y sus prostituciones fueron todavía más
escandalosas que las de su hermana.
12 Se enamoró de
los asirios, gobernadores y prefectos, vecinos suyos, magníficamente
vestidos, hábiles caballeros, y todos ellos jóvenes apuestos.
13 Yo vi que
estaba impura; la conducta era la misma para las dos,
14 pero ésta
superó sus prostituciones: vio hombres pintados en la pared, figuras de
caldeos pintadas con bermellón,
15 con cinto en
las caderas y amplios turbantes en sus cabezas, con aspecto de escuderos
todos ellos, que representaban a los babilonios, caldeos de origen,
16 y en cuanto
los vio se enamoró de ellos y les envió mensajeros a Caldea.
17 Los babilonios
vinieron donde ella, a compartir el lecho de los amores y a contaminarla con
su lascivia; y cuando se contaminó con ellos, su deseo se apartó de ellos.
18 Dejó así al
descubierto sus prostituciones y su desnudez; y yo me aparté de ella como me
había apartado de su hermana.
19 Pero ésta
multiplicó sus prostituciones, acordándose de los días de su juventud,
cuando se prostituía en el país de Egipto,
20 y se enamoraba
de aquellos disolutos de carne de asnos y miembros de caballos.
21 Has renovado
así la inmoralidad de tu juventud, cuando en Egipto acariciaban tu busto
palpando tus pechos juveniles.
22 Pues bien,
Oholibá, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo suscito contra ti a todos
tus amantes, de los que te has apartado; los voy a traer contra ti de todas
partes,
23 a los
babilonios y a todos los caldeos, los de Pecod, de Soa y de Coa, y con ellos
a todos los asirios, jóvenes apuestos, gobernadores y prefectos, todos ellos
escuderos de título y hábiles caballeros;
24 y vendrán
contra ti desde el norte carros y carretas, con una asamblea de pueblos. Por
todas partes te opondrán el pavés, el escudo y el yelmo. Yo les daré el
encargo de juzgarte y te juzgarán conforme a su derecho.
25 Desencadenaré
mis celos contra ti, y te tratarán con furor, te arrancarán la nariz y las
orejas, y lo que quede de los tuyos caerá a espada; se llevarán a tus hijos
y a tus hijas, y lo que quede de los tuyos será devorado por el fuego.
26 Te despojarán
de tus vestidos y se apoderarán de tus joyas.
27 Yo pondré fin
a tu inmoralidad y a tus prostituciones comenzadas en Egipto; no levantarás
más tus ojos hacia ellos, ni volverás a acordarte de Egipto.
28 Porque así
dice el Señor Yahveh: He aquí que yo te entrego en manos de los que
detestas, en manos de aquellos de los que te has apartado.
29 Ellos te
tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu trabajo y te dejarán
completamente desnuda. Así quedará al descubierto la vergüenza de tus
prostituciones. Tu inmoralidad y tus prostituciones
30 te han
acarreado todo esto, por haberte prostituido a las naciones, por haberte
contaminado con sus basuras.
31 Has imitado la
conducta de tu hermana, y yo pondré su cáliz en tu mano.
32 Así dice el
Señor Yahveh: Beberás el cáliz de tu hermana, cáliz ancho y profundo, que
servirá de burla e irrisión, tan grande es su cabida.
33 Te empaparás
de embriaguez y de aflicción. Cáliz de desolación y de angustia, el cáliz de
tu hermana Samaria.
34 Lo beberás, lo
apurarás; roerás hasta los cascotes, y te desgarrarás el seno. Porque he
hablado yo, oráculo del Señor Yahveh.
35 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Puesto que me has olvidado y me has arrojado a tus
espaldas, carga tú también con tu inmoralidad y tus prostituciones.
36 Después,
Yahveh me dijo: Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y Oholibá? Repróchales
sus abominaciones.
37 Han cometido
adulterio, están ensangrentadas sus manos, han cometido adulterio con sus
basuras, y hasta a sus hijos, que me habían dado a luz, los han hecho pasar
por el fuego como alimento para ellas.
38 Han llegado a
hacerme hasta esto: han contaminado mi santuario en este día y han profanado
mis sábados;
39 después de
haber inmolado sus hijos a sus basuras, el mismo día, han entrado en mi
santuario para profanarlo. Esto es lo que han hecho en mi propia casa.
40 Más aún,
mandaron en busca de hombres que vinieran de lejos, enviándoles un
mensajero, y cuando vinieron te bañaste, te pintaste los ojos y te pusiste
las joyas;
41 luego te
reclinaste en un espléndido diván, ante el cual estaba aderezada una mesa en
la que habías puesto mi incienso y mi aceite.
42 Se oía allí el
ruido de una turba indolente, por la multitud de hombres, de bebedores
traídos del desierto; ponían ellos brazaletes en las manos de ellas y una
corona preciosa en su cabeza.
43 Y yo decía de
aquella que estaba gastada de adulterios: Todavía sigue entregándose a sus
prostituciones,
44 y vienen donde
ella, como se viene donde una prostituta. Así han venido donde Oholá y
Oholibá, estas mujeres depravadas.
45 Pero hay
hombres justos que les aplicarán el juicio reservado a las adúlteras y a las
que derraman sangre, porque ellas son adúlteras y hay sangre en sus manos.
46 Porque así
dice el Señor Yahveh: Convóquese contra ellas una asamblea para entregarlas
al terror y al pillaje,
47 y la asamblea
las matará a pedradas y las acribillará a golpes de espada; matarán a sus
hijos y a sus hijas, y prenderán fuego a sus casas.
48 Yo pondré fin
a la inmoralidad en esta tierra; todas las mujeres quedarán así avisadas y
no imitarán vuestra inmoralidad.
49 Se hará recaer
sobre vosotras vuestra inmoralidad, cargaréis con los pecados cometidos con
vuestras basuras, y sabréis que yo soy el Señor Yahveh.
1 El año noveno,
el día diez del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre,
escribe la fecha de hoy, de este mismo día, porque el rey de Babilonia se ha
lanzado sobre Jerusalén precisamente en este día.
3 Compón una
parábola sobre esta casa de rebeldía. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh:
Arrima la olla al fuego, arrímala, y echa agua en ella.
4 Amontona dentro
trozos de carne, todos los trozos buenos, pierna y espalda. Llénala de los
huesos mejores.
5 Toma lo mejor
del ganado menor. Apila en torno la leña debajo, hazla hervir a borbotones,
de modo que hasta los huesos se cuezan.
6 Porque así dice
el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla toda roñosa, cuya
herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella!
7 Porque su
sangre está en medio de ella, la ha esparcido sobre la roca desnuda, no la
ha derramado en la tierra recubriéndola de polvo.
8 Para que el
furor desborde, para tomar venganza, he puesto yo su sangre sobre roca
desnuda, para que no fuera recubierta.
9 Pues bien, así
dice el Señor Yahveh: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo voy a hacer
un gran montón de leña.
10 Apila bien la
leña, enciende el fuego, cuece la carne a punto, prepara las especias, que
los huesos se abrasen.
11 Y mantén la
olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se ponga al rojo el
bronce, se funda dentro de ella su suciedad, y su herrumbre se consuma.
12 Pero ni por el
fuego se va la herrumbre de la que está roñosa.
13 De la impureza
de tu inmoralidad he querido purificarte, pero tú no te has dejado purificar
de tu impureza. No serás, pues, purificada hasta que yo no desahogue mi
furor en ti.
14 Yo, Yahveh, he
hablado, y cumplo la palabra: no me retraeré, no tendré piedad ni me
compadeceré. Según tu conducta y según tus obras te juzgarán, oráculo del
Señor Yahveh.
15 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
16 «Hijo de
hombre, mira, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos. Pero tú no te
lamentarás, no llorarás, no te saldrá una lágrima.
17 Suspira en
silencio, no hagas duelo de muertos; ciñe el turbante a tu cabeza, ponte tus
sandalias en los pies, no te cubras la barba, no comas pan ordinario.»
18 Yo hablé al
pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y al día siguiente por
la mañana hice como se me había ordenado.
19 El pueblo me
dijo: «¿No nos explicarás qué significado tiene para nosotros lo que estás
haciendo?»
20 Yo les dije:
«La palabra de Yahveh me ha sido dirigida en estos términos:
21 Di a la casa
de Israel: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a profanar mi
santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de vuestros ojos, pasión de
vuestras almas. Vuestros hijos y vuestras hijas que habéis abandonado,
caerán a espada.
22 Y vosotros
haréis como yo he hecho: no os cubriréis la barba, no comeréis pan
ordinario,
23 seguiréis
llevando vuestros adornos en la cabeza y vuestras sandalias en los pies, no
os lamentaréis ni lloraréis. Os consumiréis a causa de vuestras culpas y
gemiréis los unos con los otros.
24 Ezequiel será
para vosotros un símbolo; haréis todo lo que él ha hecho. Y cuando esto
suceda, sabréis que yo soy el Señor Yahveh.»
25 Y tú, hijo de
hombre, el día en que yo les quite su apoyo, su alegre ornato, el encanto de
sus ojos, el anhelo de su alma, sus hijos y sus hijas,
26 ese día
llegará donde ti el fugitivo que traerá la noticia.
27 Aquel día se
abrirá tu boca para hablar al fugitivo; hablarás y ya no seguirás mudo;
serás un símbolo para ellos, y sabrán que yo soy Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
vuelve tu rostro hacia los ammonitas y profetiza contra ellos.
3 Dirás a los
ammonitas: Escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh:
Por haber dicho: «¡Ja, ja!» sobre mi santuario cuando era profanado, sobre
la tierra de Israel cuando era devastada y sobre la casa de Judá cuando
marchaba al destierro,
4 por eso, he
aquí que yo te entrego en posesión a los hijos de Oriente; emplazarán en ti
sus campamentos, y pondrán en ti sus tiendas; ellos comerán tus frutos y
ellos beberán tu leche.
5 Yo haré de
Rabbá un establo de camellos, y de las ciudades de Ammón un redil de ovejas.
Y sabréis que yo soy Yahveh.
6 Así dice el
Señor Yahveh: Por haber batido palmas y haber pataleado, por haberte
alegrado, con todo tu desprecio y animosidad, a costa de la tierra de
Israel,
7 por eso, he
aquí que yo extiendo mi mano contra ti y te entregaré al saqueo de las
naciones, te extirparé de entre los pueblos y te exterminaré de entre los
países. Te destruiré, y sabrás que yo soy Yahveh.
8 Así dice el
Señor Yahveh: Porque Moab y Seír han dicho: «Mirad, la casa de Judá es igual
que todas las naciones»,
9 por eso, he
aquí que yo voy a abrir las espaldas de Moab, y a destruir de un extremo al
otro sus ciudades, las joyas de ese país, Bet Hayesimot, Baal Meón,
Quiryatáyim.
10 A los hijos de
Oriente, además de los ammonitas, la entrego en posesión, para que no se
recuerde más entre las naciones.
11 Haré justicia
de Moab, y se sabrá que yo soy Yahveh.
12 Así dice el
Señor Yahveh: Porque Edom ha ejecutado su venganza sobre la casa de Judá y
se ha hecho gravemente culpable al vengarse de ella,
13 por eso, así
dice el Señor Yahveh: Yo extenderé mi mano contra Edom y extirparé de ella
hombres y bestias. La convertiré en desierto; desde Temán a Dedán caerán a
espada.
14 Pondré mi
venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom según
mi cólera y mi furor, y se sabrá lo que es mi venganza, oráculo del Señor
Yahveh.
15 Así dice el
Señor Yahveh: Porque los filisteos han actuado vengativamente y han
ejecutado su venganza con desprecio y animosidad, tratando de destruir a
impulsos de un odio eterno,
16 por eso, así
dice el Señor Yahveh: He aquí que yo extiendo mi mano contra los filisteos;
extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda en el litoral del mar.
17 Ejecutaré
contra ellos terribles venganzas, furiosos escarmientos, y sabrán que yo soy
Yahveh, cuando les aplique mi venganza.
1 El año
undécimo, el día primero del mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en
estos términos:
2 Hijo de hombre,
porque Tiro ha dicho contra Jerusalén: «¡Ja, ja! ahí está rota, la puerta de
los pueblos; se vuelve hacia mí, su riqueza está en ruinas»,
3 por eso, así
dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Tiro. Voy a hacer subir contra
ti a naciones numerosas, como el mar hace subir sus olas.
4 Derruirán las
murallas de Tiro y abatirán sus torres. Yo barreré de ella hasta el polvo y
la dejaré como roca pelada.
5 Quedará, en
medio del mar, como un secadero de redes. Porque he hablado yo, oráculo del
Señor Yahveh. Tiro será presa propicia para las naciones.
6 Y sus hijas que
están tierra adentro serán muertas a espada. Y se sabrá que yo soy Yahveh.
7 Pues así dice
el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra Tiro, por el norte, a
Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con caballos, carros y
jinetes y gran número de tropas.
8 A tus hijas que
están tierra adentro las matará a espada. Hará contra ti trincheras,
levantará contra ti un terraplén, alzará contra ti un testudo,
9 lanzará los
golpes de su ariete contra tus murallas, demolerá tus torres con sus
máquinas.
10 Sus caballos
son tan numerosos que su polvo te cubrirá. Al estrépito de su caballería, de
sus carros y carretas, trepidarán tus murallas cuando entre él por tus
puertas, como se entra en una ciudad, brecha abierta.
11 Con los cascos
de sus caballos hollará todas tus calles, a tu pueblo pasará a cuchillo, y
tus grandiosas estelas se desplomarán en tierra.
12 Se llevarán
como botín tus riquezas, saquearán tus mercancías, destruirán tus murallas,
demolerán tus casas suntuosas. Tus piedras, tus vigas y tus escombros los
echarán al fondo de las aguas.
13 Yo haré cesar
la armonía de tus canciones, y no se volverá a oír el son de tus cítaras.
14 Te convertiré
en roca pelada, quedarás como secadero de redes; no volverás a ser
reconstruida, porque yo, Yahveh, he hablado, oráculo del Señor Yahveh.
15 Así dice el
Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, cuando giman las víctimas,
cuando hierva la carnicería en medio de ti, ¿no temblarán las islas?
16 Bajarán de sus
tronos todos los príncipes del mar, se quitarán sus mantos, dejarán sus
vestidos recamados. Se vestirán de pavores, se sentarán en tierra, sin
tregua temblarán y quedarán pasmados por ti.
17 Entonarán por
ti una elegía y te dirán: ¡Ah! ahí estás destruida, desaparecida de los
mares, la ciudad famosa, que fue poderosa en el mar, con tus habitantes, los
que infundían el terror en todo el continente.
18 Ahora tiemblan
las islas en el día de tu caída, las islas del mar están aterradas de tu
fin.
19 Porque así
dice el Señor Yahveh: Cuando yo te convierta en una ciudad en ruinas como
las ciudades despobladas, cuando yo empuje sobre ti el océano, y te cubran
las muchas aguas,
20 entonces te
precipitaré con los que bajan a la fosa, con el pueblo de antaño; te haré
habitar en los infiernos, como las ruinas de antaño, con los que bajan a la
fosa, para que no vuelvas a ser restablecida en la tierra de los vivos.
21 Haré de ti un
objeto de espanto, y no existirás más. Se te buscará y no se te encontrará
jamás, oráculo del Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de
hombre, entona una elegía sobre Tiro.
3 Dirás a Tiro,
la ciudad sentada a la entrada del mar, centro del tráfico de los pueblos
hacia islas sin cuento: Así dice el Señor Yahveh: Tiro, tú decías: Yo soy un
navío de perfecta hermosura.
4 En el corazón
de los mares estaban tus fronteras. Tus fundadores hicieron perfecta tu
hermosura.
5 Con cipreses de
Senir te construyeron todas tus planchas. Del Líbano tomaron un cedro para
erigirte un mástil.
6 De las encinas
de Basán hicieron tus remos. El puente te lo hicieron de marfil incrustado
en cedro de las islas de Kittim.
7 De lino
recamado de Egipto era tu vela que te servía de enseña. Púrpura y escarlata
de las islas de Elisá formaban tu toldo.
8 Los habitantes
de Sidón y de Arvad eran tus remeros. Y tus sabios, Tiro, iban a bordo como
timoneles.
9 En ti estaban
los ancianos de Guebal y sus artesanos para reparar tus averías. Todas las
naves del mar y sus marineros estaban contigo para asegurar tu comercio.
10 Los de Persia,
de Lud y de Put servían en tu ejército como hombres de guerra; suspendían en
ti el escudo y el yelmo, te daban esplendor.
11 Los hijos de
Arvad, con tu ejército, guarnecían por todas partes tus murallas, y los
gammadeos tus torres. Suspendían sus escudos en tus murallas, todo
alrededor, y hacían perfecta tu hermosura.
12 Tarsis era
cliente tuya, por la abundancia de toda riqueza: plata, hierro, estaño y
plomo daba por tus mercancías.
13 Yaván, Túbal y
Mések traficaban contigo: te daban a cambio hombres y utensilios de bronce.
14 Los de Bet
Togarmá daban por tus mercancías caballos de tiro y de silla, y mulos.
15 Los hijos de
Rodán traficaban contigo; numerosas islas eran clientes tuyas; te pagaban
con colmillos de marfil y madera de ébano.
16 Edom era
cliente tuyo por la abundancia de tus productos: daba por tus mercancías
malaquita, púrpura, recamados, batista, coral y rubíes.
17 Judá y la
tierra de Israel traficaban también contigo: te daban a cambio trigo de
Minnit, pannag, miel, aceite y resina.
18 Damasco era
cliente tuya por la abundancia de tus productos; gracias a la abundancia de
toda riqueza, te proveía de vino de Jelbón y lana de Sajar.
19 Dan y Yaván,
desde Uzal, daban por tus mercancías hierro forjado, canela y caña.
20 Dedán
traficaba contigo en sillas de montar.
21 Arabia y todos
los príncipes de Quedar eran también tus clientes: pagaban con corderos,
carneros y machos cabríos.
22 Los mercaderes
de Sabá y de Ramá traficaban contigo: aromas de primera calidad y toda clase
de piedras preciosas y oro daban por tus mercancías.
23 Jarán, Kanné y
Edén, los mercaderes de Sabá, de Asur y de Kilmad traficaban contigo.
24 Traían a tu
mercado vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado, tapices multicolores
y maromas trenzadas.
25 Las naves de
Tarsis formaban tu flota comercial. Estabas repleta y pesada en el corazón
de los mares.
26 A alta mar te
condujeron los que a remo te llevaban. El viento de oriente te ha quebrado
en el corazón de los mares.
27 Tus riquezas,
tus mercancías y tus fletes, tus marineros y tus timoneles, tus calafates,
tus agentes comerciales, todos los guerreros que llevas, toda la tripulación
que transportas, se hundirán en el corazón de los mares el día de tu
naufragio.
28 Al oír los
gritos de tus marinos, se asustarán las costas.
29 Entonces
desembarcarán de sus naves todos los remeros. Los marineros, todos los
hombres de mar, se quedarán en tierra.
30 Lanzarán su
clamor por ti, gritarán amargamente. Se echarán polvo en la cabeza, se
revolcarán en la ceniza;
31 se raparán el
pelo por tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por ti, en la amargura de
su alma, con amargo lamento.
32 Entonarán por
ti, en su duelo, una elegía, harán por ti esta lamentación: «¿Quién era
semejante a Tiro en medio del mar?
33 Cuando tus
mercancías se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de
tus riquezas y productos enriquecías a los reyes de la tierra.
34 Mas ahora
estás ahí quebrada por los mares en las honduras de las aguas. Tu carga y
toda tu tripulación se han hundido contigo.
35 Todos los
habitantes de las islas están pasmados por tu causa. Sus reyes están
estremecidos de terror, descompuesto su rostro.
36 Los mercaderes
de los pueblos silban sobre ti, porque te has convertido en objeto de
espanto, y has desaparecido para siempre.»
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
di al príncipe de Tiro: Así dice el Señor Yahveh: ¡Oh!, tu corazón se ha
engreído y has dicho: «Soy un dios, estoy sentado en un trono divino, en el
corazón de los mares.» Tú que eres un hombre y no un dios, equiparas tu
corazón al corazón de Dios.
3 ¡Oh sí, eres
más sabio que Danel! Ningún sabio es semejante a ti.
4 Con tu
sabiduría y tu inteligencia te has hecho una fortuna, has amontonado oro y
plata en tus tesoros.
5 Por tu gran
sabiduría y tu comercio has multiplicado tu fortuna, y por su fortuna se ha
engreído tu corazón.
6 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Porque has equiparado tu corazón al corazón de Dios,
7 por eso, he
aquí que yo traigo contra ti extranjeros, los más bárbaros entre las
naciones. Desenvainarán la espada contra tu linda sabiduría, y profanarán tu
esplendor;
8 te precipitarán
en la fosa, y morirás de muerte violenta en el corazón de los mares.
9 ¿Podrás decir
aún: «Soy un dios», ante tus verdugos? Pero serás un hombre, que no un dios,
entre las manos de los que te traspasen.
10 Tendrás la
muerte de los incircuncisos, a manos de extranjeros. Porque he hablado yo,
oráculo del Señor Yahveh.
11 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
12 Hijo de
hombre, entona una elegía sobre el rey de Tiro. Le dirás: Así dice el Señor
Yahveh: Eras el sello de una obra maestra, lleno de sabiduría, acabado en
belleza.
13 En Edén
estabas, en el jardín de Dios. Toda suerte de piedras preciosas formaban tu
manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro,
malaquita, esmeralda; en oro estaban labrados los aretes y pinjantes que
llevabas, aderezados desde el día de tu creación.
14 Querubín
protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo
de Dios, caminabas entre piedras de fuego.
15 Fuiste
perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se
halló en ti iniquidad.
16 Por la
amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has
pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín
protector, de en medio de las piedras de fuego.
17 Tu corazón se
ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu
esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a
los reyes.
18 Por la
multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus
santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he
reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban.
19 Todos los
pueblos que te conocían están pasmados por ti. Eres un objeto de espanto, y
has desaparecido para siempre.
20 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
21 Hijo de
hombre, vuelve tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella.
22 Dirás: Así
dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Sidón; en medio de ti seré
glorificado. Se sabrá que yo soy Yahveh, cuando yo haga justicia de ella y
manifieste en ella mi santidad.
23 Mandaré contra
ella la peste, habrá sangre en sus calles; las víctimas caerán en medio de
ella, bajo la espada que la cercará por todas partes, y se sabrá que yo soy
Yahveh.
24 No habrá más,
para la casa de Israel, espina que punce ni zarza que lacere, entre todos
sus vecinos que la desprecian, y se sabrá que yo soy el Señor Yahveh.
25 Así dice el
Señor Yahveh: Cuando yo reúna a la casa de Israel de en medio de los pueblos
donde está dispersa, manifestaré en ellos mi santidad a los ojos de las
naciones. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob;
26 habitarán allí
con seguridad, construirán casas y plantarán viñas; vivirán seguros. Cuando
yo haga justicia de todos sus vecinos que los desprecian, se sabrá que yo
soy Yahveh su Dios.
1 El año décimo,
el día doce del décimo mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
2 Hijo de hombre,
vuelve tu rostro hacia Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra
todo Egipto.
3 Habla y di: Así
dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, gran
cocodrilo, recostado en medio de sus Nilos, tú que has dicho: «Mi Nilo es
mío. yo mismo lo he hecho.»
4 Voy a ponerte
garfios en las quijadas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos, te
sacaré fuera de tus Nilos, con todos los peces de tus Nilos, pegados a tus
escamas.
5 Te arrojaré al
desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos. En la haz del campo caerás,
no serás recogido ni enterrado. A las bestias de la tierra y a las aves del
cielo te entregaré como pasto,
6 y sabrán todos
los habitantes de Egipto que yo soy Yahveh. Porque has sido un apoyo de caña
para la casa de Israel;
7 cuando ellos te
agarraban, te rompías en sus manos y desgarrabas toda su palma; cuando se
apoyaban en tí, te hacías pedazos y hacías vacilar todos los riñones.
8 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra ti la espada, para
extirpar de ti hombres y bestias.
9 El país de
Egipto se convertirá en desolación y ruina, y se sabrá que yo soy Yahveh.
Por haber dicho: «El Nilo es mío, yo mismo lo he hecho»,
10 por eso, aquí
estoy yo contra ti y contra tus Nilos. Convertiré el país de Egipto en
ruinas, devastación y desolación, desde Migdol hasta Siene y hasta la
frontera de Etiopía.
11 No pasará por
él pie de hombre, pie de animal no pasará por él. Quedará deshabitado
durante cuarenta años.
12 Yo haré del
país de Egipto una desolación en medio de países desolados; sus ciudades
serán una desolación entre ciudades en ruinas, durante cuarenta años.
Dispersaré a los egipcios entre las naciones y los esparciré por los países.
13 Porque así
dice el Señor Yahveh: Al cabo de cuarenta años, reuniré a los habitantes de
Egipto de entre los pueblos en los que habían sido dispersados.
14 Recogeré a los
cautivos egipcios y los haré volver al país de Patrós, su país de origen.
Allí formarán un reino modesto.
15 Egipto será el
más modesto de los reinos y no se alzará más sobre las naciones; le haré
pequeño para que no vuelva a imponerse a las naciones.
16 No volverá a
ser para la casa de Israel apoyo de su confianza, que provoque el delito de
irse en pos de él. Y se sabrá que yo soy el Señor Yahveh.
17 El año
veintisiete, el día uno del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida
en estos términos:
18 Hijo de
hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha emprendido con su ejército
grandes movimientos contra Tiro. Todas las cabezas han quedado peladas y
todas las espaldas llagadas, pero no ha obtenido de Tiro, ni para sí ni para
su ejército, ningún provecho de la empresa acometida contra ella.
19 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: He aquí que yo entrego a Nabucodonosor, rey de
Babilonia, el país de Egipto. El saqueará sus riquezas, se apoderará de sus
despojos y se llevará su botín, que será la paga de su ejército.
20 En
compensación de su esfuerzo contra Tiro, yo le entrego el país de Egipto,
porque han trabajado para mí, oráculo del Señor Yahveh.
21 Aquel día yo
haré brotar un cuerno a la casa de Israel, y a ti te permitiré abrir la boca
en medio de ellos. Y sabrán que yo soy Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh: Gemid: «¡Ah, el día aquel!»
3 Porque está
cercano el día, está cercano el día de Yahveh, día cargado de nubarrones, la
hora de las naciones será.
4 Vendrá la
espada sobre Egipto, cundirá el pánico en Kus, cuando las víctimas caigan en
Egipto, cuando sean saqueadas sus riquezas y sus cimientos derruidos.
5 Kus, Put y Lud,
toda Arabia y Kub, y los hijos del país de la alianza, caerán con ellos a
espada.
6 Así dice
Yahveh: Caerán los apoyos de Egipto, se desplomará el orgullo de su fuerza;
desde Migdol a Siene, caerán todos a espada, oráculo del Señor Yahveh.
7 Quedarán
desolados entre los países desolados, y sus ciudades estarán entre las
ciudades en ruinas.
8 Sabrán que yo
soy Yahveh, cuando prenda fuego a Egipto, y se rompan todos sus apoyos.
9 Aquel día
saldrán de mi presencia mensajeros en navíos a sembrar el terror en Kus que
se cree segura. Cundirá el pánico entre sus habitantes, en el día de Egipto,
vedle aquí que llega.
10 Así dice el
Señor Yahveh: Yo pondré fin a la multitud de Egipto, por mano de
Nabucodonosor, rey de Babilonia.
11 El, y su
pueblo con él, la más bárbara de las naciones, serán enviados a asolar el
país. Desenvainarán la espada contra Egipto, y llenarán el país de víctimas.
12 Yo dejaré
secos los Nilos, y venderé el país en manos de malvados. Devastaré el país y
todo lo que encierra, por mano de extranjeros. Yo, Yahveh, he hablado.
13 Así dice el
Señor Yahveh: Haré desaparecer las basuras, y pondré fin a los falsos dioses
de Nof. No habrá más príncipes en Egipto, y yo sembraré el terror en el país
de Egipto.
14 Devastaré
Patrós, prenderé fuego a Soán, haré justicia de No.
15 Derramaré mi
furor en Sin, la fortaleza de Egipto, exterminaré la multitud de No.
16 Prenderé fuego
a Egipto. Sin se retorcerá de dolor, en No se abrirá brecha y cundirán las
aguas.
17 Los jóvenes de
On y de Pi Béset caerán a espada, y las ciudades mismas partirán al
cautiverio.
18 En Tafnis el
día se convertirá en tinieblas cuando yo quiebre allí el yugo de Egipto y se
acabe el orgullo de su fuerza. A ella le cubrirá un nubarrón, y sus hijas
partirán al cautiverio.
19 Así haré
justicia de Egipto, y se sabrá que yo soy Yahveh.
20 El año
undécimo, el día siete del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida
en estos términos:
21 Hijo de
hombre, yo he roto el brazo de Faraón, rey de Egipto, y he aquí que nadie ha
curado su herida aplicándole medicamentos y vendas para curarle, de modo que
recobre el vigor para empuñar la espada.
22 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra Faraón, rey de Egipto; quebraré
sus brazos, el que está sano y el que está roto, y haré que la espada caiga
de su mano.
23 Dispersaré a
Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países.
24 Robusteceré
los brazos del rey de Babilonia, pondré mi espada en su mano y romperé los
brazos de Faraón, que lanzará ante él gemidos de víctima.
25 Robusteceré
los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón desmayarán. Y se
sabrá que yo soy Yahveh, cuando pongo mi espada en la mano del rey de
Babilonia y él la esgrima contra el país de Egipto.
26 Dispersaré a
Egipto entre las naciones, lo esparciré por los países; y se sabrá que yo
soy Yahveh.
1 El año
undécimo, el día uno del tercer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en
estos términos:
2 Hijo de hombre,
di a Faraón, rey de Egipto, y a la multitud de sus súbditos: ¿A quién
compararte en tu grandeza?
3 Mira: a un
cedro del Líbano de espléndido ramaje, de fronda de amplia sombra y de
elevada talla. Entre las nubes despuntaba su copa.
4 Las aguas le
hicieron crecer, el abismo le hizo subir, derramando sus aguas en torno a su
plantación, enviando sus acequias a todos los árboles del campo.
5 Por eso su
tronco superaba en altura a todos los árboles del campo, sus ramas se
multiplicaban, se alargaba su ramaje, por la abundancia de agua que le hacía
crecer.
6 En sus ramas
anidaban todos los pájaros del cielo, bajo su fronda parían todas las
bestias del campo, a su sombra se sentaban naciones numerosas.
7 Era hermoso en
su grandeza, en su despliegue de ramaje, porque sus raíces se alargaban
hacia aguas abundantes.
8 No le igualaban
los demás cedros en el jardín de Dios, los cipreses no podían competir con
su ramaje, los plátanos no tenían ramas como las suyas. Ningún árbol, en el
jardín de Dios, le igualaba en belleza.
9 Yo le había
embellecido con follaje abundante, y le envidiaban todos los árboles de
Edén, los del jardín de Dios.
10 Pues bien, así
dice el Señor Yahveh: Por haber exagerado su talla, levantando su copa por
entre las nubes, y haberse engreído su corazón de su altura,
11 yo le he
entregado en manos del conductor de las naciones, para que le trate conforme
a su maldad; ¡le he desechado!
12 Extranjeros,
los más bárbaros entre las naciones, lo han talado y lo han abandonado. En
los montes y por todos los valles yace su ramaje; sus ramas están
destrozadas por todos los barrancos del país; toda la población del país se
ha retirado de su sombra y lo ha abandonado.
13 Sobre sus
despojos se han posado todos los pájaros del cielo, a sus ramas han venido
todas las bestias del campo.
14 Ha sido para
que ningún árbol plantado junto a las aguas se engría de su talla, ni
levante su copa por entre las nubes, y para que ningún árbol bien regado se
estire hacia ellas con su altura. ¡Porque todos ellos están destinados a la
muerte, a los infiernos, como el común de los hombres, como los que bajan a
la fosa!
15 Así dice el
Señor Yahveh: El día que bajó al seol, en señal de duelo yo cerré sobre él
el abismo, detuve sus ríos, y las aguas abundantes cesaron; por causa de él
llené de sombra el Líbano, y todos los árboles del campo se amustiaron por
él.
16 Hice temblar a
las naciones por el estrépito de su caída, cuando le precipité en el seol,
con los que bajan a la fosa. En los infiernos se consolaron todos los
árboles de Edén, lo más selecto y más bello del Líbano, regados todos por
las aguas.
17 Y al mismo
tiempo que él, bajaron al seol, donde las víctimas de la espada, los que
eran su brazo y moraban a su sombra en medio de las naciones.
18 ¿A quién eras
comparable en gloria y en grandeza, entre los árboles de Edén? Sin embargo
has sido precipitado, con los árboles de Edén, en los infiernos; en medio de
incircuncisos yaces, con las víctimas de la espada: ése es Faraón y toda su
multitud, oráculo del Señor Yahveh.
1 El año
duodécimo, el día uno del duodécimo mes, la palabra de Yahveh me fue
dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
entona una elegía sobre Faraón, rey de Egipto. Le dirás: Leoncillo de las
naciones, estás perdido. Eras como un cocodrilo en los mares, chapoteabas en
tus ríos, enturbiabas el agua con tus patas, agitabas su corriente.
3 Así dice el
Señor Yahveh: Yo echaré sobre ti mi red entre una asamblea de pueblos
numerosos, en mi red te sacarán.
4 Te dejaré
abandonado por tierra, te tiraré sobre la haz del campo, haré que se posen
sobre ti todos los pájaros del cielo, hartaré de ti a todas las bestias de
la tierra.
5 Echaré tu carne
por los montes, de tu carroña llenaré los valles.
6 Regaré el país
con tus despojos, con tu sangre, sobre los montes, y los barrancos se
llenarán de ti.
7 Cuando te
extingas, velaré los cielos y oscureceré las estrellas. Cubriré el sol de
nubes y la luna no dará más su claridad.
8 Oscureceré por
tu causa todos los astros que brillan en el cielo, y traeré tinieblas sobre
tu país, oráculo del Señor Yahveh.
9 Entristeceré el
corazón de muchos pueblos cuando haga llegar la noticia de tu ruina entre
las naciones, hasta países que no conoces.
10 Dejaré
pasmados por ti a muchos pueblos, y sus reyes se estremecerán de horror por
tu causa, cuando yo blanda mi espada ante ellos. Temblarán sin tregua, cada
uno por su vida, el día de tu caída.
11 Porque así
dice el Señor Yahveh: La espada del rey de Babilonia caerá sobre ti.
12 Abatiré la
multitud de tus súbditos, por la espada de guerreros, todos ellos los más
bárbaros de las naciones; arrasarán el orgullo de Egipto y toda su multitud
será exterminada.
13 Y haré perecer
a todo tu ganado, junto a las aguas abundantes. No las enturbiará más pie de
hombre, no volverá a enturbiarlas pezuña de animal.
14 Entonces yo
amansaré sus aguas, haré correr sus ríos como aceite, oráculo del Señor
Yahveh.
15 Cuando yo
convierta a Egipto en desolación, y el país sea despojado de cuanto
contiene, cuando hiera a todos los que lo habitan, sabrán que yo soy Yahveh.
16 Una elegía es
ésta, que cantarán las hijas de las naciones. La cantarán sobre Egipto y
sobre toda su multitud. Cantarán esta elegía, oráculo del Señor Yahveh.
17 El año
duodécimo, el quince del primer mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en
estos términos:
18 Hijo de
hombre, haz una lamentación sobre la multitud de Egipto, hazle bajar, a él y
a las hijas de las naciones, majestuosas, a los infiernos, con los que bajan
a la fosa.
19 ¿A quién
superas en belleza? Baja, acuéstate con los incircuncisos.
20 En medio de
las víctimas de la espada caen (la espada ha sido entregada, la han sacado)
él y todas sus multitudes.
21 Le hablan de
en medio del seol los más esclarecidos héroes, con sus auxiliares: «Han
bajado, yacen ya los incircuncisos, víctimas de la espada».
22 Allí está Asur
y toda su asamblea con sus sepulcros en torno a él, todos caídos, víctimas
de la espada;
23 sus sepulcros
han sido puestos en las profundidades de la fosa, y su asamblea está en
torno a su sepulcro, todos caídos víctimas de la espada, los que sembraban
el pánico en la tierra de los vivos.
24 Allí está Elam
con toda su multitud en torno a su sepulcro; todos caídos víctimas de la
espada, han bajado, incircuncisos, a los infiernos, ellos que sembraban el
pánico en la tierra de los vivos. Soportan su ignominia con los que bajan a
la fosa.
25 En medio de
estas víctimas se le ha preparado un lecho, entre toda su multitud con sus
sepulcros en torno a él; todos ellos incircuncisos, víctimas de la espada,
por haber sembrado el pánico en la tierra de los vivos; soportan su
ignominia con los que bajan a la fosa. Se les ha puesto en medio de estas
víctimas.
26 Allí están
Mesek, Túbal y toda su multitud con sus sepulcros en torno a él, todos
incircuncisos, atravesados por la espada, por haber sembrado el pánico en la
tierra de los vivos.
27 No yacen con
los héroes caídos de antaño, aquellos que bajaron al seol con sus armas de
guerra, a los que se les ha puesto la espada bajo su cabeza y los escudos
sobre sus huesos, porque el pánico de los héroes cundía en la tierra de los
vivos.
28 Pero tú serás
quebrantado en medio de incircuncisos y yacerás con las víctimas de la
espada.
29 Allí está
Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que fueron puestos, a pesar de su
prepotencia, entre las víctimas de la espada. Yacen entre incircuncisos, con
los que bajan a la fosa.
30 Allí están
todos los príncipes del norte, todos los sidonios, que bajaron con las
víctimas, a pesar del pánico que sembraba su prepotencia. Confundidos,
yacen, incircuncisos, entre las víctimas de la espada, y soportan su
ignominia con los que bajan a la fosa.
31 Faraón los
verá y se consolará a la vista de toda esa multitud, víctima de la espada,
Faraón y todo su ejército, oráculo del Señor Yahveh.
32 Porque había
sembrado el pánico en la tierra de los vivos, será tendido en medio de
incircuncisos, con las víctimas de la espada: Faraón y toda su multitud,
oráculo del Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
habla a los hijos de tu pueblo. Les dirás: Si yo hago venir la espada sobre
un país, y la gente de ese país escoge a uno de los suyos y le ponen como
centinela;
3 y éste, al ver
venir la espada sobre el país, toca el cuerno para advertir al pueblo:
4 si resulta que
alguien oye bien el sonido del cuerno, pero no hace caso, de suerte que la
espada sobreviene y le mata, la sangre de este hombre recaerá sobre su
propia cabeza.
5 Ha oído el
sonido del cuerno y no ha hecho caso: su sangre recaerá sobre él. En cambio,
el que haya hecho caso, salvará su vida.
6 Si, por el
contrario, el centinela ve venir la espada y no toca el cuerno, de suerte
que el pueblo no es advertido, y la espada sobreviene y mata a alguno de
ellos, perecerá éste por su culpa, pero de su sangre yo pediré cuentas al
centinela.
7 A ti, también,
hijo de hombre, te he hecho yo centinela de la casa de Israel. Cuando oigas
una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.
8 Si yo digo al
malvado: «Malvado, vas a morir sin remedio», y tú no le hablas para advertir
al malvado que deje su conducta, él, el malvado, morirá por su culpa, pero
de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
9 Si por el
contrario adviertes al malvado que se convierta de su conducta, y él no se
convierte, morirá él debido a su culpa, mientras que tú habrás salvado tu
vida.
10 Y tú, hijo de
hombre, di a la casa de Israel: Vosotros andáis diciendo: «Nuestros crímenes
y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por causa de ellos nos consumimos.
¿Cómo podremos vivir?»
11 Diles: «Por mi
vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del
malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva.
Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir,
casa de Israel?»
12 Y tú, hijo de
hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no le salvará el
día de su perversión, ni la maldad del malvado le hará sucumbir el día en
que se aparte de su maldad. Pero tampoco el justo vivirá en virtud de su
justicia el día en que peque.
13 Si yo digo al
justo: «Vivirás», pero él, fiándose de su justicia, comete la injusticia, no
quedará memoria de toda su justicia, sino que morirá por la injusticia que
cometió.
14 Y si digo al
malvado: «Vas a morir», y él se aparta de pecado y practica el derecho y la
justicia,
15 si devuelve la
prenda, restituye lo que robó, observa los preceptos que dan la vida y deja
de cometer injusticia, vivirá ciertamente, no morirá.
16 Ninguno de los
pecados que cometió se le recordará más: ha observado el derecho y la
justicia; ciertamente vivirá.
17 Y los hijos de
tu pueblo dicen: «No es justo el proceder del Señor.» El proceder de ellos
es el que no es justo.
18 Cuando el
justo se aparta de su justicia para cometer injusticia, muere por ello.
19 Y cuando el
malvado se aparta de su maldad y observa el derecho y la justicia, vive por
ello.
20 Y vosotros
decís: «No es justo el proceder del Señor.» Yo os juzgaré, a cada uno según
su conducta, casa de Israel.
21 El año
duodécimo, el día cinco del décimo mes de nuestra cautividad, llegó donde mí
el fugitivo de Jerusalén y me anunció: «La ciudad ha sido tomada.»
22 La mano de
Yahveh había venido sobre mí, la tarde antes de llegar el fugitivo, y me
había abierto la boca para cuando éste llegó donde mí por la mañana; mi boca
se abrió y no estuve más mudo.
23 Entonces, la
palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de
hombre, los que habitan esas ruinas, en el suelo de Israel, dicen: «Uno solo
era Abraham y obtuvo en posesión esta tierra. Nosotros somos muchos; a
nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.»
25 Pues bien,
diles: Así dice el Señor Yahveh: Vosotros coméis con sangre, alzáis los ojos
hacia vuestras basuras, derramáis sangre, ¡y vais a poseer esta tierra!
26 Confiáis en
vuestras espadas, cometéis abominación, cada cual contamina a la mujer de su
prójimo, ¡y vais a poseer esta tierra!
27 Les dirás: Así
dice el Señor Yahveh: Por mi vida, que los que están entre las ruinas caerán
a espada, a los que andan por el campo los entregaré a las bestias como
pasto, y los que están en las escarpaduras y en las cuevas morirán de peste.
28 Convertiré
esta tierra en soledad desolada, y se acabará el orgullo de su fuerza. Los
montes de Israel serán devastados y nadie pasará más por ellos.
29 Y se sabrá que
yo soy Yahveh, cuando convierta esta tierra soledad desolada, por todas las
abominaciones que han cometido.
30 En cuanto a
ti, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo hablan de ti a la vera de los
muros y a las puertas de las casas. Se dicen unos a otros: «Vamos a escuchar
qué palabra viene de parte de Yahveh.»
31 Y vienen a ti
en masa, y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no
las ponen en práctica. Porque hacen amores con su boca, pero su corazón sólo
anda buscando su interés.
32 Tú eres para
ellos como una canción de amor, graciosamente cantada, con acompañamiento de
buena música. Escuchan tus palabras, pero no hay quien las cumpla.
33 Mas cuando
todo esto llegue - y he aquí que ya llega -, sabrán que había un profeta en
medio de ellos.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores:
Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a
sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño?
3 Vosotros os
habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado
las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño.
4 No habéis
fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a
la que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a la
perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza.
5 Y ellas se han
dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las
fieras del campo; andan dispersas.
6 Mi rebaño anda
errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por
toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su
busca.
7 Por eso,
pastores, escuchad la palabra de Yahveh:
8 Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al
pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de
pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los
pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño;
9 por eso,
pastores, escuchad la palabra de Yahveh.
10 Así dice el
Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus
manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a
apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más
su presa.
11 Porque así
dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré
por él.
12 Como un pastor
vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así
velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían
dispersado en día de nubes y brumas.
13 Las sacaré de
en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a
su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por
todos los poblados de esta tierra.
14 Las apacentaré
en buenos pastos, y su majada estará en los montes de la excelsa Israel.
Allí reposarán en buena majada; y pacerán pingües pastos por los montes de
Israel.
15 Yo mismo
apacentaré mis ovejas y yo las llevaré a reposar, oráculo del Señor Yahveh.
16 Buscaré la
oveja perdida, tornaré a la descarriada, curaré a la herida, confortaré a la
enferma; pero a la que está gorda y robusta la exterminaré: las pastorearé
con justicia.
17 En cuanto a
vosotras, ovejas mías, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo voy a juzgar
entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.
18 ¿Os parece
poco pacer en buenos pastos, para que pisoteéis con los pies el resto de
vuestros pastos? Os parece poco beber en agua limpia, para que enturbiéis el
resto con los pies?
19 ¡Mis ovejas
tienen que pastar lo que vuestros pies han pisoteado y beber lo que vuestros
pies han enturbiado!
20 Por eso, así
les dice el Señor Yahveh: Yo mismo voy a juzgar entre la oveja gorda y la
flaca.
21 Puesto que
vosotras habéis empujado con el flanco y con el lomo y habéis topado con los
cuernos a todas las ovejas más débiles hasta dispersarlas fuera,
22 yo vendré a
salvar a mis ovejas para que no estén más expuestas al pillaje; voy a juzgar
entre oveja y oveja.
23 Yo suscitaré
para ponérselo al frente un solo pastor que las apacentará, mi siervo David:
él las apacentará y será su pastor.
24 Yo, Yahveh,
seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, Yahveh,
he hablado.
25 Concluiré con
ellos una alianza de paz, haré desaparecer de esta tierra las bestias
feroces. Habitarán en seguridad en el desierto y dormirán en los bosques.
26 Yo los
asentaré en los alrededores de mi colina, y mandaré a su tiempo la lluvia,
que será una lluvia de bendición.
27 El árbol del
campo dará su fruto, la tierra dará sus productos, y ellos vivirán en
seguridad en su suelo. Y sabrán que yo soy Yahveh, cuando despedace las
barras de su yugo y los libre de la mano de los que los tienen esclavizados.
28 No volverán a
ser presa de las naciones, las bestias salvajes no volverán a devorarlos.
Habitarán en seguridad y no se les turbará más.
29 Haré brotar
para ellos un plantío famoso; no habrá más víctimas del hambre en el país,
ni sufrirán más el ultraje de las naciones.
30 Y sabrán que
yo, Yahveh su Dios, estoy con ellos, y que ellos, la casa de Israel, son mi
pueblo, oráculo del Señor Yahveh.
31 Vosotras,
ovejas mías, sois el rebaño humano que yo apaciento, y yo soy vuestro Dios,
oráculo del Señor Yahveh.