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1 El espíritu me
elevó y me condujo al pórtico oriental de la Casa de Yahveh, el que mira a
oriente. Y he aquí que a la entrada del pórtico había veinticinco hombres,
entre los cuales vi a Yazanías, hijo de Azzur, y a Pelatías, hijo de
Benaías, jefes del pueblo.
2 El me dijo:
«Hijo de hombre, éstos son los hombres que maquinan el mal, que dan malos
consejos en esta ciudad.
3 Dicen: "¡No es
para pronto el construir casas! Ella es la olla y nosotros somos la carne."
4 Por eso,
profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre.»
5 El espíritu de
Yahveh irrumpió en mí y me dijo: «Di: Así dice Yahveh: Eso es lo que habéis
dicho, casa de Israel, conozco bien vuestra insolencia.
6 Habéis
multiplicado vuestras víctimas en esta ciudad; habéis llenado de víctimas
sus calles.
7 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Las víctimas que habéis tirado en medio de ella son la
carne, y ella es la olla; pero yo os haré salir de ella.
8 Teméis la
espada, pues yo traeré espada contra vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
9 Os sacaré de la
ciudad, os entregaré en mano de extranjeros, y haré justicia de vosotros.
10 A espada
caeréis; en el término de Israel os juzgaré yo, y sabréis que yo soy Yahveh.
11 Esta ciudad no
será olla para vosotros, ni vosotros seréis carne en medio de ella; dentro
del término de Israel os juzgaré yo.
12 Y sabréis que
yo soy Yahveh cuyos preceptos no habéis seguido y cuyas normas no habéis
guardado - por el contrario habéis obrado según las normas de las naciones
que os circundan.»
13 En esto,
mientras yo estaba profetizando, Pelatías, hijo de Benaías, murió. Yo caí
rostro en tierra y grité con voz fuerte: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a
aniquilar al resto de Israel?»
14 Entonces me
fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
15 «Hijo de
hombre; de cada uno de tus hermanos, de tus parientes y de toda la casa de
Israel, dicen los habitantes de Jerusalén: Seguid lejos de Yahveh; a
nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.
16 Por eso, di:
Así dice el Señor Yahveh: Sí, yo los he alejado entre las naciones, y los he
dispersado por los países, pero yo he sido un santuario para ellos, por poco
tiempo, en los países adonde han ido.
17 Por eso, di:
Así dice el Señor Yahveh: Yo os recogeré de en medio de los pueblos, os
congregaré de los países en los que habéis sido dispersados, y os daré la
tierra de Israel.
18 Vendrán y
quitarán de ella todos sus monstruos y abominaciones;
19 yo les daré un
solo corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el
corazón de piedra y les daré un corazón de carne,
20 para que
caminen según mis preceptos, observen mis normas y las pongan en práctica, y
así sean mi pueblo y yo sea su Dios.
21 En cuanto a
aquellos cuyo corazón va en pos de sus monstruos y abominaciones, yo haré
recaer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.»
22 Los querubines
desplegaron sus alas y las ruedas les siguieron, mientras la gloria del Dios
de Israel estaba encima de ellos.
23 La gloria de
Yahveh se elevó de en medio de la ciudad y se detuvo sobre el monte que está
al oriente de la ciudad.
24 El espíritu me
elevó y me llevó a Caldea, donde los desterrados, en visión, en el espíritu
de Dios; y la visión que había contemplado se retiró de mí.
25 Yo conté a los
desterrados todo lo que Yahveh me había dado a ver.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
tú vives en medio de la casa de rebeldía: tienen ojos para ver y no ven,
oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldía.
3 Ahora, pues,
hijo de hombre, prepárate un equipo de deportado y sal deportado en pleno
día, a sus propios ojos. Saldrás del lugar en que te encuentras hacia otro
lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa de rebeldía.
4 Arreglarás tu
equipo como un equipo de deportado, de día, ante sus ojos. Y saldrás por la
tarde, ante sus ojos, como salen los deportados.
5 Haz a vista de
ellos un agujero en la pared, por donde saldrás.
6 A sus ojos,
cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en la oscuridad; te cubrirás
el rostro para no ver la tierra, porque yo he hecho de ti un símbolo para la
casa de Israel.
7 Yo hice como se
me había ordenado; preparé de día mi equipo, como un equipo de deportado, y
por la tarde hice un agujero en la pared con la mano. Y salí en la
oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas, ante sus ojos.
8 Por la mañana
la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
9 Hijo de hombre,
¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta casa de rebeldía: «Qué es lo
que haces»?
10 Diles: Así
dice el Señor Yahveh. Este oráculo se refiere a Jerusalén y a toda la casa
de Israel que está en medio de ella.
11 Di: Yo soy un
símbolo para vosotros; como he hecho yo, así se hará con ellos; serán
deportados, irán al destierro.
12 El príncipe
que está en medio de ellos cargará con su equipo a la espalda, en la
oscuridad, y saldrá; horadarán la muralla para hacerle salir por ella; y se
tapará la cara para no ver la tierra con sus propios ojos.
13 Mas yo tenderé
mi lazo sobre él y quedará preso en mi red; le conduciré a Babilonia, al
país de los caldeos; pero no lo verá, y morirá allí.
14 Y a todo su
séquito, su guardia y todas sus tropas, yo los esparciré a todos los vientos
y desenvainaré la espada detrás de ellos.
15 Y sabrán que
yo soy Yahveh cuando los disperse entre las naciones y los esparza por los
países.
16 Sin embargo,
dejaré que un pequeño número de ellos escapen a la espada, al hambre y a la
peste, para que cuenten todas sus abominaciones entre las naciones adonde
vayan, a fin de que sepan que yo soy Yahveh.
17 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de
hombre, comerás tu pan con temblor y beberás tu agua con inquietud y
angustia;
19 y dirás al
pueblo de la tierra: Así dice el Señor Yahveh a los habitantes de Jerusalén
que andan por el suelo de Israel: comerán su pan con angustia, beberán su
agua con estremecimiento, para que esta tierra y los que en ella se
encuentran queden libres de la violencia de todos sus habitantes.
20 Las ciudades
populosas serán destruidas y esta tierra se convertirá en desolación; y
sabréis que yo soy Yahveh.
21 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
22 Hijo de
hombre, ¿qué queréis decir con ese proverbio que circula acerca del suelo de
Israel: Los días se prolongan y toda visión se desvanece?
23 Pues bien
diles: Así dice el Señor Yahveh: Yo haré que calle ese proverbio; no se le
repetirá más en Israel. Diles en cambio: Llegan los días en que toda visión
se cumplirá,
24 pues ya no
habrá ni visión vana ni presagio mentiroso en medio de la casa de Israel.
25 Yo, Yahveh,
hablaré, y lo que yo hablo es una palabra que cumple sin dilación. Sí, en
vuestros días, casa de rebeldía, yo pronunciaré una palabra y la ejecutaré,
oráculo del Señor Yahveh.
26 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
27 Hijo de
hombre, mira, la casa de Israel está diciendo: «La visión que éste contempla
es para días lejanos, éste profetiza para una época remota.»
28 Pues bien,
diles: Así dice el Señor Yahveh: Ya no habrá más dilación para ninguna de
mis palabras. Lo que yo hablo es una palabra que se cumple, oráculo del
Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
profetiza contra los profetas de Israel; profetiza y di a los que profetizan
por su propia cuenta: Escuchad la palabra de Yahveh.
3 Así dice el
Señor Yahveh: ¡Ay de los profetas insensatos que siguen su propia
inspiración, sin haber visto nada!
4 Como chacales
entre las ruinas, tales han sido tus profetas, Israel.
5 No habéis
escalado a las brechas, no habéis construido una muralla en torno a la casa
de Israel, para que pueda resistir en el combate, en el día de Yahveh.
6 Tienen visiones
vanas, presagio mentiroso los que dicen: «Oráculo de Yahveh», sin que Yahveh
les haya enviado; ¡y esperan que se confirme su palabra!
7 ¿No es cierto
que no tenéis más que visiones vanas, y no anunciáis más que presagios
mentirosos, cuando decís: «Oráculo de Yahveh», siendo así que yo no he
hablado?
8 Pues bien, así
dice el Señor Yahveh: Por causa de vuestras palabras vanas y vuestras
visiones mentirosas, sí, aquí estoy contra vosotros, oráculo del Señor
Yahveh.
9 Extenderé mi
mano contra los profetas de visiones vanas y presagios mentirosos; no serán
admitidos en la asamblea de mi pueblo, no serán inscritos en el libro de la
casa de Israel, no entrarán en el suelo de Israel, y sabréis que yo soy el
Señor Yahveh.
10 Porque, en
efecto, extravían a mi pueblo diciendo: «¡Paz!», cuando no hay paz. Y
mientras él construye un muro, ellos le recubren de argamasa.
11 Di a los que
lo recubren de argamasa: ¡Que haya una lluvia torrencial, que caiga granizo
y un viento de tormenta se desencadene,
12 y ved ahí el
muro derrumbado! ¿No se os dirá entonces: «¿Dónde está la argamasa con que
lo recubristeis?»
13 Pues bien, así
dice el Señor Yahveh: Voy a desencadenar en mi furor un viento de tormenta,
una lluvia torrencial habrá en mi cólera, granizos caerán en mi furia
destructora.
14 Derribaré el
muro que habéis recubierto de argamasa, lo echaré por tierra, y sus
cimientos quedarán al desnudo. Caerá y vosotros pereceréis debajo de él, y
sabréis que yo soy Yahveh.
15 Cuando haya
desahogado mi furor contra el muro y contra los que lo recubren de argamasa,
os diré: Ya no existe el muro ni los que lo revocaban,
16 los profetas
de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y veían para ella visiones de
paz, cuando no había paz, oráculo del Señor Yahveh.
17 Y tú, hijo de
hombre, vuélvete hacia las hijas de tu pueblo que profetizan pro su propia
cuenta, y profetiza contra ellas.
18 Dirás: Así
dice el Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que cosen bandas para todos los puños,
que hacen velos para cabezas de todas las tallas, con ánimo de atrapar a las
almas! Vosotras atrapáis a las almas de mi pueblo, ¿y vais a asegurar la
vida de vuestras propias almas?
19 Me deshonráis
delante de mi pueblo por unos puñados de cebada y unos pedazos de pan,
haciendo morir a las almas que no deben morir y dejando vivir a las almas
que no deben vivir, diciendo mentiras al pueblo que escucha la mentira.
20 Pues bien, así
dice el Señor Yahveh: Heme aquí contra vuestras bandas con las cuales
atrapáis a las almas como pájaros. Yo las desgarraré en vuestros brazos, y
soltaré libres las almas que atrapáis como pájaros.
21 Rasgaré
vuestros velos y libraré a mi pueblo de vuestras manos; ya no serán más
presa en vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
22 Porque afligís
el corazón del justo con mentiras, cuando yo no lo aflijo, y aseguráis las
manos del malvado para que no se convierta de su mala conducta a fin de
salvar su vida,
23 por eso, no
veréis más visiones vanas ni pronunciaréis más presagios. Yo libraré a mi
pueblo de vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahveh.
1 Algunos
ancianos de Israel vinieron a mi casa y se sentaron ante mí.
2 Entonces la
palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
3 Hijo de hombre,
estos hombres han erigido sus basuras en su corazón, han puesto delante de
su rostro la ocasión de sus culpas, ¿y voy a dejarme consultar por ellos?
4 Habla, pues, y
diles: Así dice el Señor Yahveh: A todo aquel de la casa de Israel que erija
sus basuras en su corazón o que ponga delante de su rostro la ocasión de sus
culpas, y luego se presente al profeta, yo mismo, Yahveh, le responderé, a
causa de la multitud de sus basuras,
5 a fin de
prender a la casa de Israel en su corazón, a aquellos que se han alejado de
mí a causa de todas sus basuras.
6 Por eso, di a
la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Convertíos, apartaos de
vuestras basuras, de todas vuestras abominaciones apartad vuestro rostro,
7 porque a todo
hombre de la casa de Israel, o de los forasteros residentes en Israel, que
se aleje de mí para erigir sus basuras en su corazón, que ponga delante de
su rostro la ocasión de sus culpas, y se presente al profeta para
consultarme, yo mismo, Yahveh, le responderé.
8 Volveré mi
rostro contra ese hombre, haré de él ejemplo y proverbio, le extirparé de en
medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy Yahveh.
9 Y si el profeta
se deja seducir y pronuncia una palabra, es que yo, Yahveh, he seducido a
ese profeta; extenderé mi mano contra él y le exterminaré de en medio de mi
pueblo Israel.
10 Cargarán con
el peso de sus culpas ambos: la culpa del profeta será como la del que le
consulte.
11 Así, la casa
de Israel no se desviará más lejos de mí ni seguirá manchándose con todas
sus culpas. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, oráculo del Señor
Yahveh.
12 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
13 Hijo de
hombre, si un país peca contra mí cometiendo infidelidad, y yo extiendo mi
mano contra él, destruyo su provisión de pan y envío contra él el hambre
para extirpar de allí hombres y bestias,
14 y en ese país
se hallan estos tres hombres, Noé, Danel y Job, ellos salvarán su vida por
su justicia, oráculo del Señor Yahveh.
15 Si yo suelto
las bestias feroces contra ese país para privarle de sus hijos y convertirle
en una desolación por donde nadie pase a causa de las bestias,
16 y en ese país
se hallan esos tres hombres: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni
hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos, pero el país
quedará convertido en desolación.
17 O bien, si yo
hago venir contra ese país la espada, si digo: «Pase la espada por este
país», y extirpo de él hombres y bestias,
18 y esos tres
hombres se hallan en ese país: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que no
podrán salvar ni hijos ni hijas; ellos solos se salvarán.
19 O si envío la
peste sobre ese país y derramo en sangre mi furor contra ellos, extirpando
de él hombres y bestias,
20 y en ese país
se hallan Noé, Danel y Job: por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que ni
hijos ni hijas podrán salvar; sólo se salvarán a sí mismos por su justicia.
21 Pues así dice
el Señor Yahveh: Aun cuando yo mande contra Jerusalén mis cuatro terribles
azotes: espada, hambre, bestias feroces y peste, para extirpar de ella
hombres y bestias,
22 he aquí que
quedan en ella algunos supervivientes que han podido salir, hijos e hijas; y
he aquí que salen hacia vosotros, para que veáis su conducta y sus obras y
os consoléis de la desgracia que yo he acarreado sobre Jerusalén, de todo lo
que he acarreado sobre ella.
23 Ellos os
consolarán cuando veáis su conducta y sus obras, y sabréis que no sin motivo
hice yo todo lo que hice en ella, oráculo del Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
¿en qué vale más el leño de la vid que el leño de cualquier rama que haya
entre los árboles del bosque?
3 ¿Se toma de él
madera para hacer alguna cosa? ¿Se hace con él un gancho para colgar algún
objeto?
4 No, se tira al
fuego para que lo devore: el fuego devora los dos cabos; el centro está
quemado, ¿sirve aún para hacer algo?
5 Si ya, cuando
estaba intacto, no se podía hacer nada con él, ¡cuánto menos, cuando lo ha
devorado el fuego y lo ha quemado, se podrá hacer con él alguna cosa!
6 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Lo mismo que el leño de la vid, entre los árboles del
bosque, al cual he arrojado al fuego para que lo devore, así he entregado a
los habitantes de Jerusalén.
7 He vuelto mi
rostro contra ellos. Han escapado al fuego, pero el fuego los devorará. Y
sabréis que yo soy Yahveh, cuando vuelva mi rostro contra ellos.
8 Convertiré esta
tierra en desolación, porque han cometido infidelidad, oráculo del Señor
Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
haz saber a Jerusalén sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice
el Señor Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y tu nacimiento eres del país de
Canaán. Tu padre era amorreo y tu madre hitita.
4 Cuando naciste,
el día en que viniste al mundo, no se te cortó el cordón, no se te lavó con
agua para limpiarte, no se te frotó con sal, ni se te envolvió en pañales.
5 Ningún ojo se
apiadó de ti para brindarte alguno de estos menesteres, por compasión a ti.
Quedaste expuesta en pleno campo, porque dabas repugnancia, el día en que
viniste al mundo.
6 Yo pasé junto a
ti y te vi agitándote en tu sangre. Y te dije, cuando estabas en tu sangre:
«Vive»,
7 y te hice
crecer como la hierba de los campos. Tú creciste, te desarrollaste, y
llegaste a la edad núbil. Se formaron tus senos, tu cabellera creció; pero
estabas completamente desnuda.
8 Entonces pasé
yo junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo de los amores. Extendí sobre
ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; me comprometí con juramento,
hice alianza contigo - oráculo del señor Yahveh - y tú fuiste mía.
9 Te bañé con
agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con óleo.
10 Te puse
vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino fino y un manto
de seda.
11 Te adorné con
joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar a tu cuello.
12 Puse un anillo
en tu nariz, pendientes en tus orejas, y una espléndida diadema en tu
cabeza.
13 Brillabas así
de oro y plata, vestida de lino fino, de seda y recamados. Flor de harina,
miel y aceite era tu alimento. Te hiciste cada día más hermosa, y llegaste
al esplendor de una reina.
14 Tu nombre se
difundió entre las naciones, debido a tu belleza, que era perfecta, gracias
al esplendor de que yo te había revestido - oráculo del Señor Yahveh.
15 Pero tú te
pagaste de tu belleza, te aprovechaste de tu fama para prostituirte,
prodigaste tu lascivia a todo transeúnte entregándote a él.
16 Tomaste tus
vestidos para hacerte altos de ricos colores y te prostituiste en ellos.
17 Tomaste tus
joyas de oro y plata que yo te había dado y te hiciste imágenes de hombres
para prostituirte ante ellas.
18 Tomaste tus
vestidos recamados y las recubriste con ellos; y pusiste ante ellas mi
aceite y mi incienso.
19 El pan que yo
te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te
alimentaba, lo presentaste ante ellas como calmante aroma. Y sucedió incluso
- oráculo del Señor Yahveh -
20 que tomaste a
tus hijos y a tus hijas que me habías dado a luz y se los sacrificaste como
alimento. ¿Acaso no era suficiente tu prostitución,
21 que inmolaste
también a mis hijos y los entregaste haciéndoles pasar por el fuego en su
honor?
22 Y en medio de
todas tus abominaciones y tus prostituciones no te acordaste de los días de
tu juventud, cuando estabas completamente desnuda, agitándote en tu sangre.
23 Y para colmo
de maldad - ¡ay, ay de ti!, oráculo del Señor Yahveh -
24 te construiste
un prostíbulo, te hiciste una altura en todas las plazas.
25 En la cabecera
de todo camino te construiste tu altura y allí contaminaste tu hermosura,
entregaste tu cuerpo a todo transeúnte y multiplicaste tus prostituciones.
26 Te
prostituiste a los egipcios, tus vecinos, de cuerpos fornidos, y
multiplicaste tus prostituciones para irritarme.
27 Entonces yo
levanté mi mano contra ti. Disminuí tu ración y te entregué a la animosidad
de tus enemigas, las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de la
infamia de tu conducta.
28 Y no harta
todavía, te prostituiste a los asirios; te prostituiste sin hartarte
tampoco.
29 Luego,
multiplicaste tus prostituciones en el país de los mercaderes, en Caldea, y
tampoco esta vez quedaste harta.
30 ¡Oh, qué débil
era tu corazón - oráculo del Señor Yahveh - para cometer todas estas
acciones, dignas de una prostituta descarada!
31 Cuando te
construías un prostíbulo a la cabecera de todo camino, cuando te hacías una
altura en todas las plazas, despreciando el salario, no eras como la
prostituta.
32 La mujer
adúltera, en lugar de su marido, toma ajenos.
33 A toda
prostituta se le da un regalo. Tú, en cambio, dabas regalos a todos tus
amantes, y los atraías con mercedes para que vinieron a ti de los
alrededores y se prestasen a tus prostituciones.
34 Contigo ha
pasado en tus prostituciones al revés que con las otras mujeres; nadie
andaba solicitando detrás de ti; eras tú la que pagabas, y no se te pagaba:
¡ha sido al revés!
35 Pues bien,
prostituta, escucha la palabra de Yahveh.
36 Así dice el
Señor Yahveh: Por haber prodigado tu bronce y descubierto tu desnudez en tus
prostituciones con tus amantes y con todas tus abominables basuras, por la
sangre de tus hijos que les has dado,
37 por esto he
aquí que yo voy a reunir a todos los amantes a quienes complaciste, a todos
los que amaste y también a los que aborreciste; los voy a congregar de todas
partes contra ti, y descubriré tu desnudez delante de ellos, para que vean
toda tu desnudez.
38 Voy a
aplicarte el castigo de las mujeres adúlteras y de las que derraman sangre:
te entregaré al furor y a los celos,
39 te entregaré
en sus manos, ellos arrasarán tu prostíbulo y demolerán tus alturas, te
despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus joyas y te dejarán
completamente desnuda.
40 Luego,
incitarán a la multitud contra ti, te lapidarán, te acribillarán con sus
espadas,
41 prenderán
fuego a tus casas y harán justicia de ti, a la vista de una multitud de
mujeres; yo pondré fin a tus prostituciones, y no volverás a dar salario de
prostituta.
42 Desahogaré mi
furor en ti; luego mis celos se retirarán de ti, me apaciguaré y no me
airaré más.
43 Porque no te
has acordado de los días de tu juventud, y con todas estas cosas me has
provocado, he aquí que también yo por mi parte haré recaer tu conducta sobre
tu cabeza, oráculo del Señor Yahveh. Pues ¿no has cometido infamia con todas
tus abominaciones?
44 Mira, todos
los autores de proverbios harán uno a propósito de ti, diciendo: «Cual la
madre, tal la hija.»
45 Hija eres, sí,
de tu madre, que dejó de amar a sus maridos y a sus hijos, y hermana de tus
hermanas, que dejaron de amar a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre era
una hitita y vuestro padre un amorreo.
46 Tu hermana
mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas. Tu hermana menor
es Sodoma, que habita a tu derecha con sus hijas.
47 No has sido
parca en imitar su conducta y en cometer sus abominaciones; te has mostrado
más corrompida que ellas en toda tu conducta.
48 Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que tu hermana Sodoma y sus hijas no obraron como
habéis obrado vosotras, tú y tus hijas.
49 Este fue el
crimen de tu hermana Sodoma: orgullo, voracidad, indolencia de la dulce vida
tuvieron ella y sus hijas; no socorrieron al pobre y al indigente,
50 se
enorgullecieron y cometieron abominaciones ante mí: por eso las hice
desaparecer, como tú viste.
51 En cuanto a
Samaria, ni la mitad de tus pecados ha cometido. Tú has cometido muchas más
abominaciones que ellas y, al cometer tantas abominaciones, has hecho
parecer justas a tus hermanas.
52 Así, pues,
carga con tu ignominia por haber decidido el fallo en favor de tus hermanas:
a causa de los pecados que has cometido, mucho más abominables que los
suyos, ellas resultan ser más justas que tú. Avergüénzate, pues, y carga con
tu ignominia por hacer parecer justas a tus hermanas.
53 Yo las
restableceré. Restableceré a Sodoma y a sus hijas, restableceré a Samaria y
a sus hijas, y después te restableceré a ti en medio de ella,
54 a fin de que
soportes tu ignominia y te avergüences de todo lo que has hecho, para
consuelo de ellas.
55 Tu hermana
Sodoma y sus hijas serán restablecidas en su antiguo estado. Samaria y sus
hijas serán restablecidas en su antiguo estado. Tú y tus hijas seréis
restablecidas también en vuestro antiguo estado.
56 ¿No hiciste
burla de tu hermana Sodoma, el día de tu orgullo,
57 antes que
fuese puesta al descubierto tu desnudez? Como ella, eres tú ahora el blanco
de las burlas de las hijas de Edom y de todas las de los alrededores, de las
hijas de los filisteos, que por todas partes te agobian a desprecios.
58 Tú misma
soportas las consecuencias de tu infamia y tus abominaciones, oráculo de
Yahveh.
59 Pues así dice
el Señor Yahveh: Yo haré contigo como has hecho tú, que menospreciaste el
juramento, rompiendo la alianza.
60 Pero yo me
acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud, y estableceré en
tu favor una alianza eterna.
61 Y tú te
acordarás de tu conducta y te avergonzarás de ella, cuando acojas a tus
hermanas, las mayores y las menores, y yo te las dé como hijas, si bien no
en virtud de tu alianza.
62 Yo mismo
restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahveh,
63 para que te
acuerdes y te avergüences y no oses más abrir la boca de vergüenza, cuando
yo te haya perdonado todo lo que has hecho, oráculo del Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
propón un enigma, presenta una parábola a la casa de Israel.
3 Dirás: Así dice
el Señor Yahveh: El águila grande, de grandes alas, de enorme envergadura,
de espeso plumaje abigarrado, vino al Líbano y cortó la cima del cedro;
4 arrancó la
punta más alta de sus ramas, la llevó a un país de mercaderes y la colocó en
una ciudad de comerciantes.
5 Luego, tomó de
la semilla de la tierra y la puso en un campo de siembra; junto a una
corriente de agua abundante la colocó como un sauce.
6 Y brotó y se
hizo una vid desbordante, de pequeña talla, que volvió sus ramas hacia el
águila, mientras sus raíces estaban bajo ella. Se hizo una vid, echó cepas y
alargó sarmientos.
7 Había otra
águila grande, de grandes alas, de abundante plumaje, y he aquí que esta vid
tendió sus raíces hacia ella, hacia ella alargó sus ramas, para que la
regase desde el terreno donde estaba plantada.
8 En campo
fértil, junto a una corriente de agua abundante, estaba plantada, para echar
ramaje y dar fruto, para hacerse una vid magnífica.
9 Di: Así dice el
Señor Yahveh: ¿Le saldrá bien acaso? ¿No arrancará sus raíces el águila, no
cortará sus frutos, de suerte que se sequen todos los brotes tiernos que
eche, sin que sea menester brazo grande ni pueblo numeroso para arrancarla
de raíz?
10 Vedla ahí
plantada, ¿prosperará tal vez? Al soplar el viento del este, ¿no se secará
totalmente? En el terreno en que brotó, se secará.
11 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
12 Di a esa casa
de rebeldía: ¿No sabéis lo que significa esto? Di: Mirad, el rey de
Babilonia vino a Jerusalén; tomó al rey y a los príncipes y los llevó con él
a Babilonia.
13 Escogió luego
a uno de estirpe real, concluyó un pacto con él y le hizo prestar juramento,
después de haberse llevado a los grandes del país,
14 a fin de que
el reino quedase modesto y sin ambición, para guardar su alianza y
mantenerla.
15 Pero este
príncipe se ha rebelado contra él enviando mensajeros a Egipto en busca de
caballos y tropas en gran número. ¿Le saldrá bien? ¿Se salvará el que ha
hecho esto? Ha roto el pacto ¡y va a salvarse!
16 Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que en el lugar del rey que le puso en el trono,
cuyo juramento despreció y cuyo pacto rompió, allí en medio de Babilonia
morirá.
17 Ni con su gran
ejército y sus numerosas tropas le salvará Faraón en la guerra, cuando se
levanten terraplenes y se hagan trincheras para exterminar muchas vidas
humanas.
18 Ha despreciado
el juramento, rompiendo el pacto; aun después de haber dado su mano, ha
hecho todo esto: ¡no tendrá remedio!
19 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Por mi vida que el juramento mío que ha despreciado,
mi alianza que ha roto, lo haré recaer sobre su cabeza.
20 Extenderé mi
lazo sobre él y quedará preso en mi red; le llevaré a Babilonia y allí le
pediré cuentas de la infidelidad que ha cometido contra mí.
21 Lo más
selecto, entre todas sus tropas, caerá a espada, y los que queden serán
dispersados a todos los vientos. Y sabréis que yo, Yahveh, he hablado.
22 Así dice el
Señor Yahveh: También yo tomaré de la copa del alto cedro, de la punta de
sus ramas escogeré un ramo y lo plantaré yo mismo en una montaña elevada y
excelsa:
23 en la alta
montaña de Israel lo plantaré. Echará ramaje y producirá fruto, y se hará un
cedro magnífico. Debajo de él habitarán toda clase de pájaros, toda clase de
aves morarán a la sombra de sus ramas.
24 Y todos los
árboles del campo sabrán que yo, Yahveh, humillo al árbol elevado y elevo al
árbol humilde, hago secarse al árbol verde y reverdecer al árbol seco. Yo,
Yahveh, he hablado y lo haré.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 ¿Por qué andáis
repitiendo este proverbio en la tierra de Israel: Los padres comieron el
agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera?
3 Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que no repetiréis más este proverbio en Israel.
4 Mirad: todas
las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son. El
que peque es quien morirá.
5 El que es justo
y practica el derecho y la justicia,
6 no come en los
montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina a
la mujer de su prójimo, ni se acerca a una mujer durante su impureza,
7 no oprime a
nadie, devuelve la prenda de una deuda, no comete rapiñas, da su pan al
hambriento y viste al desnudo,
8 no presta con
usura ni cobra intereses, aparta su mano de la injusticia, dicta un juicio
honrado entre hombre y hombre,
9 se conduce
según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un
hombre así es justo: vivirá sin duda, oráculo del Señor Yahveh.
10 Si éste
engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de estas cosas
11 que él mismo
no había hecho, un hijo que come en los montes, contamina a la mujer de su
prójimo,
12 oprime al
pobre y al indigente, comete rapiñas, no devuelve la prenda, alza sus ojos a
las basuras, comete abominación,
13 presta con
usura y cobra intereses, éste no vivirá en modo alguno después de haber
cometido todas estas abominaciones; morirá sin remedio, y su sangre recaerá
sobre él.
14 Y si éste, a
su vez, engendra un hijo que ve todos los pecados que ha cometido su padre,
que los ve sin imitarlos,
15 que no come en
los montes ni alza sus ojos a las basuras de la casa de Israel, no contamina
a la mujer de su prójimo,
16 no oprime a
nadie, no guarda la prenda, no comete rapiñas, da su pan al hambriento,
viste al desnudo,
17 aparta su mano
de la injusticia, no presta con usura, ni cobra intereses, practica mis
normas y se conduce según mis preceptos, éste no morirá por la culpa de su
padre, vivirá sin duda.
18 Su padre,
porque fue violento, cometió rapiñas y no obró bien en medio de su pueblo,
por eso morirá a causa de su culpa.
19 Y vosotros
decís: «¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?» Pero el hijo ha
practicado el derecho y la justicia, ha observado todos mis preceptos y los
ha puesto en práctica: vivirá sin duda.
20 El que peque
es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre
con la culpa de su hijo: al justo se le imputará su justicia y al malvado su
maldad.
21 En cuanto al
malvado, si se aparta de todos los pecados que ha cometido, observa todos
mis preceptos y practica el derecho y la justicia, vivirá sin duda, no
morirá.
22 Ninguno de los
crímenes que cometió se le recordará más; vivirá a causa de la justicia que
ha practicado.
23 ¿Acaso me
complazco yo en la muerte del malvado - oráculo del Señor Yahveh - y no más
bien en que se convierta de su conducta y viva?
24 Pero si el
justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las
abominaciones que comete el malvado, ¿vivirá acaso? No, no quedará ya
memoria de ninguna de las obras justas que había practicado, sino que, a
causa de la infidelidad en que ha incurrido y del pecado que ha cometido,
morirá.
25 Y vosotros
decís: «No es justo el proceder del Señor.» Escuchad, casa de Israel: ¿Que
no es justo mi proceder? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es
justo?
26 Si el justo se
aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha
cometido muere.
27 Y si el
malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la
justicia, conservará su vida.
28 Ha abierto los
ojos y se ha apartado de todos los crímenes que había cometido; vivirá sin
duda, no morirá.
29 Y sin embargo
la casa de Israel dice: «No es justo el proceder del Señor.» ¿Que mi
proceder no es justo, casa de Israel? ¿No es más bien vuestro proceder el
que no es justo?
30 Yo os juzgaré,
pues, a cada uno según su proceder, casa de Israel, oráculo del Señor
Yahveh. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para
vosotros más ocasión de culpa.
31 Descargaos de
todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo
y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?
32 Yo no me
complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh.
Convertíos y vivid.
1 Y tú entona una
elegía sobre los príncipes de Israel.
2 Dirás: ¿Qué era
tu madre? Una leona entre leones. Echada entre los leoncillos, criaba a sus
cachorros.
3 Exaltó a uno de
sus cachorros, que se hizo un león joven; y aprendió a desgarrar su presa,
devoró hombres.
4 Oyeron hablar
de él las naciones, en su fosa quedó preso; con garfios le llevaron al país
de Egipto.
5 Vio ella que su
espera era fallida, fallida su esperanza; y tomo otro de sus cachorros, le
hizo un león joven.
6 Andaba éste
entre los leones, se hizo un león joven, aprendió a desgarrar su presa,
devoró hombres;
7 derribó sus
palacios, devastó sus ciudades; la tierra y sus habitantes estaban aterrados
por la voz de su rugido.
8 Se alzaron
contra él las naciones, las provincias circundantes; tendieron sobre él su
red y en su fosa quedó preso.
9 Con garfios le
cerraron en jaula, le llevaron al rey de Babilonia en calabozos le metieron,
para que no se oyese más su voz por los montes de Israel.
10 Tu madre se
parecía a una vid plantada a orillas de las aguas. Era fecunda, exuberante,
por la abundancia de agua.
11 Tenía ramas
fuertes para ser cetros reales; su talla se elevó hasta dentro de las nubes.
Era imponente por su altura, por su abundancia de ramaje.
12 Pero ha sido
arrancada con furor, tirada por tierra; el viento del este ha agostado su
fruto; ha sido rota, su rama fuerte se ha secado, la ha devorado el fuego.
13 Y ahora está
plantada en el desierto, en tierra de sequía y de sed.
14 Ha salido
fuego de su rama, ha devorado sus sarmientos y su fruto. No volverá a tener
su rama fuerte, su cetro real. Esto es una elegía; y de elegía sirvió.
1 El año séptimo,
el día diez del quinto mes, algunos de los ancianos de Israel vinieron a
consultar a Yahveh y se sentaron ante mí.
2 Entonces me fue
dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:
3 Hijo de hombre,
habla a los ancianos de Israel. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¿A
consultarme venís? Por mi vida, que no me dejaré consultar por vosotros,
oráculo del Señor Yahveh.
4 ¿Vas a
juzgarlos? ¿Vas a juzgar, hijo de hombre? Hazles saber las abominaciones de
sus padres.
5 Les dirás: Así
dice el Señor Yahveh: El día que yo elegí a Israel, alcé mi mano hacia la
raza de la casa de Jacob, me manifesté a ellos en el país de Egipto, y
levanté mi mano hacia ellos diciendo: Yo soy Yahveh, vuestro Dios.
6 Aquel día alcé
mi mano hacia ellos jurando sacarlos del país de Egipto hacia una tierra que
había explorado para ellos, que mana leche y miel, la más hermosa de todas
las tierras.
7 Y les dije:
Arrojad cada uno los monstruos que seducen vuestros ojos, no os contaminéis
con las basuras de Egipto; yo soy Yahveh, vuestro Dios.
8 Pero ellos se
rebelaron contra mí y no quisieron escucharme. Ninguno arrojó los monstruos
que seducían sus ojos; ninguno abandonó las basuras de Egipto. Pensé
entonces, derramar mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi cólera, en
medio del país de Egipto.
9 Pero tuve
consideración a mi nombre y procedí de modo que no fuese profanado a los
ojos de las naciones entre las que ellos se encontraban, y a la vista de las
cuales me había manifestado a ellos, sacándolos del país de Egipto.
10 Por eso, los
saqué del país de Egipto y los conduje al desierto.
11 Les di mis
preceptos y les di a conocer mis normas, por las que el hombre vive, si las
pone en práctica.
12 Y les di
además mis sábados como señal entre ellos y yo, para que supieran que yo soy
Yahveh, que los santifico.
13 Pero la casa
de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no se condujeron según mis
preceptos, rechazaron mis normas por las que vive el hombre, si las pone en
práctica, y no hicieron más que profanar mis sábados. Entonces pensé en
derramar mi furor sobre ellos en el desierto, para exterminarlos.
14 Pero tuve
consideración a mi nombre, y procedí de modo que no fuese profanado a los
ojos de las naciones, a la vista de las cuales los había sacado.
15 Y, una vez más
alcé mi mano hacia ellos en el desierto, jurando que no les dejaría entrar
en la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más hermosa de
todas las tierras.
16 Pues habían
despreciado mis normas, no se habían conducido según mis preceptos y habían
profanado mis sábados; porque su corazón se iba tras sus basuras.
17 Pero tuve una
mirada de piedad para no exterminarlos, y no acabé con ellos en el desierto.
18 Y dije a sus
hijos en el desierto: No sigáis las reglas de vuestros padres, no imitéis
sus normas, no os contaminéis con sus basuras.
19 Yo soy Yahveh,
vuestro Dios. Seguid mis preceptos, guardad mis normas y ponedlas en
práctica.
20 Santificad mis
sábados; que sean una señal entre yo y vosotros, para que se sepa que yo soy
Yahveh, vuestro Dios.
21 Pero los hijos
se rebelaron contra mí, no se condujeron según mis preceptos, no guardaron
ni pusieron en práctica mis normas, aquéllas por las que vive el hombre, si
las pone en práctica, y profanaron mis sábados. Entonces pensé en derramar
mi furor sobre ellos y desahogar en ellos mi cólera, en el desierto.
22 Pero retiré mi
mano y tuve consideración a mi nombre, procediendo de modo que no fuese
profanado a los ojos de las naciones, a la vista de las cuales los había
sacado.
23 Pero una vez
más alcé mi mano hacia ellos, en el desierto, jurando dispersarlos entre las
naciones y esparcirlos por los países.
24 Porque no
habían puesto en práctica mis normas, habían despreciado mis preceptos y
profanado mis sábados, y sus ojos se habían ido tras las basuras de sus
padres.
25 E incluso
llegué a darles preceptos que no eran buenos y normas con las que no podrían
vivir,
26 y los
contaminé con sus propias ofrendas, haciendo que pasaran por el fuego a todo
primogénito, a fin de infundirles horror, para que supiesen que yo soy
Yahveh.
27 Por eso, hijo
de hombre, habla a la casa de Israel. Les dirás: Así dice el Señor Yahveh:
En esto todavía me ultrajaron vuestros padres siéndome infieles.
28 Yo les conduje
a la tierra que, mano en alto, había jurado darles. Allí vieron toda clase
de colinas elevadas, toda suerte de árboles frondosos, y en ellos ofrecieron
sus sacrificios y presentaron sus ofrendas provocadoras; allí depositaron el
calmante aroma y derramaron sus libaciones.
29 Y yo les dije:
¿Qué es el alto adonde vosotros vais?; y se le puso el nombre de = Bamá =,
hasta el día de hoy.
30 Pues bien, di
a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Conque vosotros os
contamináis conduciéndoos como vuestros padres, prostituyéndoos detrás de
sus monstruos,
31 presentando
vuestras ofrendas, haciendo pasar a vuestros hijos por el fuego; os
contamináis con todas vuestras basuras, hasta el día de hoy, ¿y yo voy a
dejarme consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida, oráculo del
Señor Yahveh, que no me dejaré consultar por vosotros.
32 Y no se
realizará jamás lo que se os pasa por la imaginación, cuando decís: «Seremos
como las naciones, como las tribus de los otros países, adoradores del leño
y de la piedra.»
33 Por mi vida,
oráculo del Señor Yahveh, que yo reinaré sobre vosotros, con mano fuerte y
tenso brazo, con furor derramado.
34 Os haré salir
de entre los pueblos y os reuniré de los países donde fuisteis dispersados,
con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado;
35 os conduciré
al desierto de los pueblos y allí os juzgaré cara a cara.
36 Como juzgué a
vuestros padres en el desierto de Egipto, así os juzgaré a vosotros, oráculo
del Señor Yahveh.
37 Os haré pasar
bajo el cayado y os haré entrar por el aro de la alianza;
38 separaré de
vosotros a los rebeldes, a los que se han rebelado contra mí: les haré salir
del país en que residen, pero no entrarán en la tierra de Israel, y sabréis
que yo soy Yahveh.
39 En cuanto a
vosotros, casa de Israel, así dice el Señor Yahveh: Que vaya cada uno a
servir a sus basuras; después, yo juro que me escucharéis y no profanaréis
más mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestras basuras.
40 Porque será en
mi santa montaña, en la alta montaña de Israel - oráculo del Señor Yahveh -
donde me servirá toda la casa de Israel, toda ella en esta tierra. Allí los
acogeré amorosamente y allí solicitaré vuestras ofrendas y las primicias de
vuestros dones, con todas vuestras cosas santas.
41 Como calmante
aroma yo os acogeré amorosamente, cuando os haya hecho salir de entre los
pueblos, y os reúna de en medio de los países en los que habéis sido
dispersados; y por vosotros me mostraré santo a los ojos de las naciones.
42 Sabréis que yo
soy Yahveh, cuando os conduzca al suelo de Israel, a la tierra que, mano en
alto, juré dar a vuestros padres.
43 Allí os
acordaréis de vuestra conducta y de todas las acciones con las que os habéis
contaminado, y cobraréis asco de vosotros mismos por todas las maldades que
habéis cometido.
44 Sabréis que yo
soy Yahveh, cuando actúe con vosotros por consideración a mi nombre, y no
con arreglo a vuestra mala conducta y a vuestras corrompidas acciones, casa
de Israel, oráculo del Señor Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
vuelve tu rostro hacia el mediodía, destila tus palabras hacia el sur,
profetiza contra el bosque de la región del Négueb.
3 Dirás al bosque
del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: He aquí
que yo te prendo fuego, que devorará todo árbol verde y todo árbol seco;
será una llama que no se apagará, y arderá todo, desde el Négueb hasta el
Norte.
4 Todo el mundo
verá que yo, Yahveh, lo he encendido; y no se apagará.
5 - Yo dije: ¡Ah,
Señor Yahveh!, ésos andan diciendo de mí: «¿No es éste un charlatán de
parábolas?» -
6 Entonces, la
palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
7 Hijo de hombre,
vuelve tu rostro hacia Jerusalén, destila tus palabras hacia su santuario y
profetiza contra la tierra de Israel.
8 Dirás a la
tierra de Israel: Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy contra ti; voy a
sacar mi espada de la vaina y extirparé de ti al justo y al malvado.
9 Para extirpar
de ti al justo y al malvado va a salir mi espada de la vaina, contra toda
carne, desde el Négueb hasta el Norte.
10 Y todo el
mundo sabrá que yo, Yahveh, he sacado mi espada de la vaina; no será
envainada.
11 Y tú, hijo de
hombre, lanza gemidos, con corazón quebrantado. Lleno de amargura, lanzarás
gemidos ante sus ojos.
12 Y si acaso te
dicen: «¿Por qué esos gemidos?», dirás: «Por causa de una noticia a cuya
llegada todos los corazones desfallecerán, desmayarán todos los brazos,
todos los espíritus se amilanarán, y todas las rodillas se irán en agua. Ved
que ya llega; es cosa hecha, oráculo del Señor Yahveh.»
13 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
14 Hijo de
hombre, profetiza. Dirás: Así dice el Señor. Di: ¡Espada, espada! Afilada
está, bruñida.
15 Para la
matanza está afilada, para centellear está bruñida...
16 Se la ha hecho
bruñir para empuñarla; ha sido afilada la espada, ha sido bruñida para
ponerla en mano de matador.
17 Grita, da
alaridos, hijo de hombre, porque está destinada a mi pueblo, a todos los
príncipes de Israel destinados a la espada con mi pueblo. Por eso golpéate
el pecho,
18 pues la prueba
está hecha... oráculo del Señor Yahveh.
19 Y tú, hijo de
hombre, profetiza y bate palmas. ¡Golpee la espada dos, tres veces, la
espada de las víctimas, la espada de la gran víctima, que les amenaza en
torno!
20 A fin de que
desmaye el corazón y abunden las ocasiones de caída, en todas las puertas he
puesto yo matanza por la espada, hecha para centellear, bruñida para la
matanza.
21 ¡Toma un
rumbo: a la derecha, vuélvete a la izquierda, donde tus filos sean
requeridos!
22 Yo también
batiré palmas, saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he hablado.
23 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Y tú, hijo de
hombre, marca dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia,
que salgan los dos del mismo país, y marca una señalización, márcala en la
cabecera del camino de la ciudad;
25 trazarás el
camino para que venga la espada hacia Rabbá de los ammonitas y hacia Judá, a
la fortaleza de Jerusalén.
26 Porque el rey
de Babilonia se ha detenido en el cruce, en la cabecera de los dos caminos,
para consultar a la suerte. Ha sacudido las flechas, ha interrogado a los
terafim, ha observado el hígado.
27 En su mano
derecha está la suerte de Jerusalén: para situar arietes, dar la orden de
matanza, lanzar el grito de guerra, situar arietes contra las puertas,
levantar un terraplén, hacer trincheras.
28 Para ellos y a
sus ojos, no es más que un vano presagio: se les había dado un juramento.
Pero él recuerda las culpas por las que caerán presos.
29 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Por haber hecho recordar vuestras culpas, descubriendo
vuestros crímenes, haciendo aparecer vuestros pecados en todas vuestras
acciones, y porque así se os ha recordado, caeréis presos en su mano.
30 En cuanto a
ti, vil criminal, príncipe de Israel, cuya hora ha llegado con la última
culpa,
31 así dice el
Señor Yahveh: La tiara se quitará, se depondrá la corona, todo será
transformado; lo humilde será elevado, lo elevado será humillado.
32 Ruina, ruina,
ruina, eso es lo que haré con él, como jamás la hubo, hasta que llegue aquel
a quien corresponde el juicio y a quien yo se lo entregaré.
33 Y tú, hijo de
hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh a los ammonitas y sus
burlas. Dirás: ¡La espada, la espada está desenvainada para la matanza,
bruñida para devorar, para centellear
34 - mientras se
tienen para ti visiones vanas, y para ti se presagia la mentira -, para
degollar a los viles criminales cuya hora ha llegado con la última culpa!
35 Vuélvela a la
vaina. En el lugar donde fuiste creada, en tu tierra de origen, te juzgaré
yo;
36 derramaré
sobre ti mi ira, soplaré contra ti el fuego de mi furia, y te entregaré en
manos de hombres bárbaros, agentes de destrucción.
37 Serás pasto
del fuego, tu sangre correrá en medio del país, no quedará de ti recuerdo
alguno, porque yo, Yahveh, he hablado.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Y tú, hijo de
hombre, ¿no vas a juzgar? ¿No vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Hazle
saber todas sus abominaciones.
3 Dirás: Así dice
el Señor Yahveh: Ciudad que derramas sangre en medio de ti para que llegue
tu hora, que haces basuras en tu suelo para contaminarte,
4 por la sangre
que derramaste te has hecho culpable, con las basuras que hiciste te has
contaminado; has adelantado tu hora, ha llegado el término de tus años. Por
eso yo he hecho de ti la burla de las naciones y la irrisión de todos los
países.
5 Próximos y
lejanos, se reirán de ti, ciudad de nombre impuro, llena de desórdenes.
6 Ahí están
dentro de ti los príncipes de Israel, cada uno según su poder, sólo ocupados
en derramar sangre.
7 En ti se
desprecia al padre y a la madre, en ti se maltrata al forastero residente,
en ti se oprime al huérfano y a la viuda.
8 No tienes
respeto a mis cosas sagradas, profanas mis sábados.
9 Hay en ti gente
que calumnia para verter sangre. En ti se come en los montes, y se comete
infamia.
10 En ti se
descubre la desnudez del propio padre, en ti se hace violencia a la mujer en
estado de impureza.
11 Un comete
abominación con la mujer de su prójimo, el otro se contamina de manera
infame con su nuera, otro hace violencia a su hermana, la hija de su propio
padre;
12 en ti se
acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e interés, explotas a tu
prójimo con violencia, y te has olvidado de mí, oráculo del Señor Yahveh.
13 Mira, yo voy a
batir palmas a causa de los actos de pillaje que has cometido y de la sangre
que corre en medio de ti.
14 ¿Podrá tu
corazón resistir y tus manos seguir firmes el día en que yo actúe contra ti?
Yo, Yahveh, he hablado y lo haré.
15 Te dispersaré
entre las naciones, te esparciré por los países, borraré la impureza que hay
en medio de ti,
16 por ti misma
te verás profanada a los ojos de las naciones, y sabrás que yo soy Yahveh.
17 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
18 Hijo de
hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos son cobre,
estaño, hierro, plomo, en medio de un horno; ¡escoria son!
19 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Por haberos convertido todos vosotros en escoria, por
eso voy a juntaros en medio de Jerusalén.
20 Como se pone
junto plata, cobre, hierro, plomo y estaño en el horno, y se atiza el fuego
por debajo para fundirlo todo, así os juntaré yo en mi cólera y mi furor; os
pondré y os fundiré.
21 Os reuniré,
atizaré contra vosotros el fuego de mi furia, y os fundiré en medio de la
ciudad.
22 Como se funde
la plata en medio del horno, así seréis fundidos vosotros en medio de ella,
y sabréis que yo, Yahveh, he derramado mi furor sobre vosotros.
23 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
24 Hijo de
hombre, dile: Eres una tierra que no ha tenido lluvia ni inundación en el
día de la Ira;
25 los príncipes
que en ella residen son como un león rugiente que desgarra su presa. Han
devorado a la gente, se han apoderado de haciendas y joyas, han multiplicado
las viudas en medio de ella.
26 Sus sacerdotes
han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho diferencia
entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a distinguir entre lo puro y
lo impuro; se han tapado los ojos para no ver mis sábados, y yo he sido
deshonrado en medio de ellos.
27 Sus jefes, en
medio de ella, son como lobos que desgarran su presa, que derraman sangre,
matando a las personas para robar sus bienes.
28 Sus profetas
los han recubierto de argamasa con sus vanas visiones y sus presagios
mentirosos, diciendo: «Así dice el Señor Yahveh», cuando Yahveh no había
hablado.
29 El pueblo de
la tierra ha hecho violencia y cometido pillaje, ha oprimido al pobre y al
indigente, ha maltratado al forastero sin ningún derecho.
30 He buscado
entre ellos alguno que construyera un muro y se mantuviera de pie en la
brecha ante mí, para proteger la tierra e impedir que yo la destruyera, y no
he encontrado a nadie.
31 Entonces he
derramado mi ira sobre ellos; en el fuego de mi furia los he exterminado: he
hecho caer su conducta sobre su cabeza, oráculo del Señor Yahveh.