1 El año treinta,
el día cinco el cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas
del río Kebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas.
2 El día cinco
del mes - era el año quinto de la deportación del rey Joaquín -
3 la palabra de
Yahveh fue dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los
caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre él la mano de Yahveh.
4 Yo miré: vi un
viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y
resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio
del fuego.
5 Había en el
centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían
forma humana.
6 Tenían cada uno
cuatro caras, y cuatro alas cada uno.
7 Sus piernas
eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del
buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido.
8 Bajo sus alas
había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que
sus caras y sus alas, las de los cuatro.
9 Sus alas
estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de
frente.
10 En cuanto a la
forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león
a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la izquierda, y los cuatro
tenían cara de águila.
11 Sus alas
estaban desplegadas hacia lo alto; cada uno tenía dos alas que se tocaban
entre sí y otras dos que le cubrían el cuerpo;
12 y cada uno
marchaba de frente; donde el espíritu les hacía ir, allí iban, y no se
volvían en su marcha.
13 Entre los
seres había algo como brasas incandescentes, con aspecto de antorchas, que
se movía entre los seres; el fuego despedía un resplandor, y del fuego
salían rayos.
14 Y los seres
iban y venían con el aspecto del relámpago.
15 Miré entonces
a los seres y vi que había una rueda en el suelo, al lado de los seres de
cuatro caras.
16 El aspecto de
las ruedas y su estructura era como el destello del crisólito. Tenían las
cuatro la misma forma y parecían dispuestas como si una rueda estuviese
dentro de la otra.
17 En su marcha
avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha.
18 Su
circunferencia tenía gran altura, era imponente, y la circunferencia de las
cuatro estaba llena de destellos todo alrededor.
19 Cuando los
seres avanzaban, avanzaban las ruedas junto a ellos, y cuando los seres se
elevaban del suelo, se elevaban las ruedas.
20 Donde el
espíritu les hacía ir, allí iban, y las ruedas se elevaban juntamente con
ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
21 Cuando
avanzaban ellos, avanzaban ellas, cuando ellos se paraban, se paraban ellas,
y cuando ellos se elevaban del suelo, las ruedas se elevaban juntamente con
ellos, porque el espíritu del ser estaba en las ruedas.
22 Sobre las
cabezas del ser había una forma de bóveda resplandeciente como el cristal,
extendida por encima de sus cabezas,
23 y bajo la
bóveda sus alas estaban rectas, una paralela a la otra; cada uno tenía dos
que le cubrían el cuerpo.
24 Y oí el ruido
de sus alas, como un ruido de muchas aguas, como la voz de Sadday; cuando
marchaban, era un ruido atronador, como ruido de batalla; cuando se paraban,
replegaban sus alas.
25 Y se produjo
un ruido.
26 Por encima de
la bóveda que estaba sobre sus cabezas, había algo como una piedra de zafiro
en forma de trono, y sobre esta forma de trono, por encima, en lo más alto,
una figura de apariencia humana.
27 Vi luego como
el fulgor del electro, algo como un fuego que formaba una envoltura, todo
alrededor, desde lo que parecía ser sus caderas para arriba; y desde lo que
parecía ser sus caderas para abajo, vi algo como fuego que producía un
resplandor en torno,
28 con el aspecto
del arco iris que aparece en las nubes los días de lluvia: tal era el
aspecto de este resplandor, todo en torno. Era algo como la forma de la
gloria de Yahveh. A su vista caí rostro en tierra y oí una voz que hablaba.
1 Me dijo: «Hijo
de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte».
2 El espíritu
entró en mí como se me había dicho y me hizo tenerme en pie; y oí al que me
hablaba.
3 Me dijo: «Hijo
de hombre, yo te envío a los israelitas, a la nación de los rebeldes, que se
han rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han sido contumaces hasta este
mismo día.
4 Los hijos
tienen la cabeza dura y el corazón empedernido; hacia ellos te envío para
decirles: Así dice el señor Yahveh.
5 Y ellos,
escuchen o no escuchen, ya que son una casa de rebeldía, sabrán que hay un
profeta en medio de ellos.
6 Y tú, hijo de
hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo de sus palabras si te
contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones. No tengas
miedo de sus palabras, no te asustes de ellos, porque son una casa de
rebeldía.
7 Les comunicarás
mis palabras, escuchen o no escuchen, porque son una casa de rebeldía.
8 «Y tú, hijo de
hombre, escucha lo que voy a decirte, no seas rebelde como esa casa de
rebeldía. Abre la boca y come lo que te voy a dar.»
9 Yo miré: vi una
mano que estaba tendida hacia mí, y tenía dentro un libro enrollado.
10 Lo desenrolló
ante mi vista: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había
escrito: «Lamentaciones, gemidos y ayes.»
1 Y me dijo:
«Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo y ve luego a
hablar a la casa de Israel.»
2 Yo abrí mi boca
y él me hizo comer el rollo,
3 y me dijo:
«Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.» Lo comí
y fue en mi boca dulce como la miel.
4 Entonces me
dijo: «Hijo de hombre, ve a la casa de Israel y háblales con mis palabras.
5 Pues no eres
enviado a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil, sino a la casa de
Israel.
6 No a pueblos
numerosos, de habla oscura y de lengua difícil cuyas palabras no
entenderías. Si te enviara a ellos, ¿no es verdad que te escucharían?
7 Pero la casa de
Israel no quiere escucharte a ti porque no quiere escucharme a mí, ya que
toda la casa de Israel tiene la cabeza dura y el corazón empedernido.
8 Mira, yo he
hecho tu rostro duro como su rostro, y tu frente tan dura como su frente;
9 yo te hecho tu
frente dura como el diamante, que es más duro que la roca. No los temas, no
tengas miedo de ellos, porque son una casa de rebeldía.»
10 Luego me dijo:
«Hijo de hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu
corazón y escúchalas atentamente,
11 y luego, anda,
ve donde los deportados, donde los hijos de tu pueblo; les hablarás y les
dirás: "Así dice el Señor Yahveh", escuchen o no escuchen.»
12 Entonces, el
espíritu me levantó y oí detrás de mí el ruido de una gran trepidación:
«Bendita sea la gloria de Yahveh, en el lugar donde está»,
13 el ruido que
hacían las alas de los seres al batir una contra otra, y el ruido de las
ruedas junto a ellos, ruido de gran trepidación.
14 Y el espíritu
me levantó y me arrebató; yo iba amargado con quemazón de espíritu, mientras
la mano de Yahveh pesaba fuertemente sobre mí.
15 Llegué donde
los deportados de Tel Abib que residían junto al río Kebar - era aquí donde
ellos residían -, y permanecí allí siete días, aturdido, en medio de ellos.
16 Al cabo de los
siete días, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
17 «Hijo de
hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi
boca la palabra y les advertirás de mi parte.
18 Cuando yo diga
al malvado: "Vas a morir", si tú no le adviertes, si no hablas para advertir
al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado,
morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.
19 Si por el
contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala
conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.
20 Cuando el
justo se aparte de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un
obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él por su
pecado y no se recordará la justicia que había practicado, pero de su sangre
yo te pediré cuentas a ti.
21 Si por el
contrario adviertes al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber
sido advertido, y tú habrás salvado tu vida.»
22 Allí fue sobre
mí la mano de Yahveh; me dijo: «Levántate, sal a la vega, y allí te
hablaré.»
23 Me levanté y
salí a la vega, y he aquí que la gloria de Yahveh estaba parada allí,
semejante a la gloria que yo había visto junto al río Kebar, y caí rostro en
tierra.
24 Entonces, el
espíritu entró en mí y me hizo tenerme en pie, y me habló. Me dijo: «Ve a
encerrarte en tu casa.
25 Hijo de
hombre, he aquí que se te van a echar cuerdas con las que serás atado, para
que no aparezcas en medio de ellos.
26 Yo haré que tu
lengua se te pegue al paladar, quedarás mudo y dejarás de ser su censor,
porque son una casa de rebeldía.
27 Mas cuando yo
te hable, abriré tu boca y les dirás: Así dice el Señor Yahveh; quien quiera
escuchar, que escuche, y quien no quiera, que lo deje; porque son una casa
de rebeldía.»
1 Tú, hijo de
hombre, toma un ladrillo y ponlo delante de ti; grabarás en él una ciudad,
Jerusalén,
2 y emprenderás
contra ella un asedio: construirás contra ella trincheras, levantarás contra
ella terraplenes, emplazarás contra ella campamentos, instalarás contra ella
arietes, todo alrededor.
3 Toma luego una
sartén de hierro y colócala como un muro de hierro entre ti y la ciudad.
Fijarás tu rostro sobre ella, y quedará en estado de sitio: tú la sitiarás.
Es una señal para la casa de Israel.
4 Acuéstate del
lado izquierdo y pon sobre ti la culpa de la casa de Israel. Todo el tiempo
que estés acostado así, llevarás su culpa.
5 Yo te he
impuesto los años de su culpa en una duración de trescientos noventa días,
durante los cuales cargarás con la culpa de la casa de Israel.
6 Cuando hayas
terminado estos últimos, te acostarás otra vez del lado derecho, y llevarás
la culpa de la casa de Judá durante cuarenta días. Yo te he impuesto un día
por año.
7 Después fijarás
tu rostro y tu brazo desnudo sobre el asedio de Jerusalén, y profetizarás
contra ella.
8 He aquí que yo
te he atado con cuerdas, y no te darás vuelta de un lado a otro hasta que no
hayas cumplido los días de tu reclusión.
9 Toma, pues,
trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, espelta: ponlo en una misma vasija y
haz con ello tu pan. Durante todo el tiempo que estés acostado de un lado -
trescientos noventa días - comerás de ello.
10 El alimento
que comas será de un peso de veinte siclos por día, que comerás de tal a tal
hora.
11 También
beberás el agua con medida, beberás la sexta parte de un sextario, de tal a
tal hora.
12 Comerás este
alimento en forma de galleta de cebada que será cocida, a la vista de ellos,
sobre excrementos humanos.»
13 Y dijo Yahveh:
«Así comerán los israelitas su alimento impuro en medio de las naciones
donde yo los arrojaré.»
14 Yo dije
entonces: «¡Ah, Señor Yahveh!, mi alma no está impura. Desde mi infancia
hasta el presente jamás he comido bestia muerta o despedazada, ni carne
corrompida entró en mi boca.»
15 El me dijo:
«Bien, en lugar de excrementos humanos te permito usar boñiga de buey para
que hagas tu pan encima.»
16 Luego me dijo:
«Hijo de hombre, he aquí que yo voy a destruir la provisión de pan en
Jerusalén: comerán el pan con peso y con angustia; y el agua con medida y
con ansiedad la beberán,
17 porque
faltarán el pan y el agua: quedarán pasmados todos juntos y se consumirán
por sus culpas.»
1 Tú, hijo de
hombre, toma una espada afilada, tómala como navaja de barbero, y pásatela
por tu cabeza y tu barba. Luego tomarás una balanza y dividirás en partes lo
que hayas cortado.
2 A un tercio le
prenderás fuego en medio de la ciudad, al cumplirse los días del asedio. El
otro tercio lo tomarás y lo cortarás con la espada todo alrededor de la
ciudad. El último tercio lo esparcirás al viento, y yo desenvainaré la
espada detrás de ellos.
3 Pero de aquí
tomarás una pequeña cantidad que recogerás en el vuelo de tu manto,
4 y de éstos
tomarás todavía un poco, lo echarás en medio del fuego y lo quemarás en él.
De ahí saldrá el fuego hacia toda la casa de Israel.
5 Así dice el
Señor Yahveh: Esta es Jerusalén; yo lo había colocado en medio de las
naciones, y rodeado de países.
6 Pero ella se ha
rebelado contra mis normas con más perversidad que las naciones, y contra
mis decretos más que los países que la rodean. Sí, han rechazado mis normas
y no se han conducido según mis decretos.
7 Por eso, así
dice el Señor Yahveh: Porque vuestro tumulto es mayor que el de las naciones
que os rodean, porque no os habéis conducido según mis decretos ni habéis
observado mis normas, y ni siquiera os habéis ajustado a las normas de las
naciones que os rodean,
8 por eso, así
dice el Señor Yahveh: También yo me declaro contra ti, ejecutaré mis juicios
en medio de ti a los ojos de las naciones,
9 y haré contigo
lo que jamás he hecho y lo que no volveré a hacer jamás, a causa de todas
tus abominaciones.
10 Por eso, los
padres devorarán a sus hijos, en medio de ti, y los hijos devorarán a sus
padres. Yo haré justicia de ti y esparciré lo que quede de ti a todos los
vientos.
11 Por eso, por
mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que de la misma manera que tú has
contaminado mi santuario con todos tus horrores y todas tus abominaciones,
yo también te rechazaré a ti sin una mirada de piedad, tampoco yo perdonaré.
12 Un tercio de
los tuyos morirá de peste o perecerá de hambre en medio de ti, otro tercio
caerá a espada, en tus alrededores, y al otro tercio lo esparciré yo a todos
los vientos, desenvainando la espada detrás de ellos.
13 Mi cólera se
desahogará y saciaré en ellos mi furor; me vengaré y sabrán entonces que yo,
Yahveh, he hablado en mi celo, cuando desahogue mi furor en ellos.
14 Y haré de ti
una ruina, un oprobio entre las naciones que te rodean, a los ojos de todos
los transeúntes.
15 Serás oprobio
y blanco de insultos, ejemplo y asombro para las naciones que te rodean,
cuando yo haga justicia de ti con cólera y furor, con furiosos escarmientos.
Yo, Yahveh, he hablado.
16 Cuando lance
contra ellos las terribles flechas del hambre, que causan el exterminio, y
que yo enviaré para exterminaros, añadiré el hambre contra vosotros, y
destruiré vuestras provisiones de pan.
17 Enviaré contra
vosotros el hambre y las bestias feroces, que te dejarán sin hijos; la peste
y la sangre pasarán por ti, y haré venir contra ti la espada. Yo, Yahveh, he
hablado.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
vuelve tu rostro hacia los montes de Israel y profetiza contra ellos.
3 Dirás: Montes
de Israel, escuchad la palabra del Señor Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a
los montes, a las colinas, a los barrancos y a los valles: He aquí que yo
voy a hacer venir contra vosotros la espada y destruiré vuestros altos.
4 Vuestros
altares serán devastados, vuestros braseros de incienso serán rotos, haré
caer a vuestros habitantes, acribillados, delante de vuestras basuras,
5 pondré los
cadáveres de los israelitas delante de sus basuras, y esparciré sus huesos
alrededor de vuestros altares.
6 En todo lugar
donde habitéis, las ciudades quedarán en ruinas y los altos serán
devastados, de forma que vuestros altares queden en ruinas, como cosa
culpable, vuestras basuras sean destrozadas y aventadas, vuestros braseros
de incienso hechos pedazos y aniquiladas vuestras obras.
7 Caerán las
víctimas en medio de vosotros, y sabréis que yo soy Yahveh.
8 Pero haré que
os queden, entre las naciones, algunos supervivientes de la espada, cuando
seáis dispersados por los países.
9 Y vuestros
supervivientes se acordarán de mí, entre las naciones adonde hayan sido
deportados, aquellos a quienes yo haya quebrantado el corazón adúltero que
se apartó de mí y los ojos que se prostituyeron detrás de sus basuras.
Tendrán horror de sí mismos por las maldades que cometieron con todas sus
abominaciones.
10 Y sabrán que
yo soy Yahveh: no había hablado en vano de infligirles todos estos males.
11 Así dice el
Señor Yahveh. Bate las manos, patalea y di: «¡Ay!», por todas las execrables
abominaciones de la casa de Israel, que va a caer por la espada, el hambre y
la peste.
12 El que esté
lejos morirá de peste, el que esté cerca caerá a espada, el que quede
sitiado morirá de hambre, porque yo desahogaré mi furor en ellos.
13 Y sabréis que
yo soy Yahveh, cuando sus víctimas queden allí entre sus basuras alrededor
de sus altares, en toda colina elevada, en la cima de todos los montes, bajo
todo árbol verde, bajo toda encina frondosa, dondequiera que ofrecen
calmante aroma a todas sus basuras.
14 Extenderé mi
mano contra ellos y haré de esta tierra una soledad desolada, desde el
desierto hasta Riblá, en todo lugar donde habiten; y sabrán que yo soy
Yahveh.
1 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
2 Hijo de hombre,
di: Así dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel: ¡El fin! Llega el fin
sobre los cuatro extremos de esta tierra.
3 Ahora es el fin
para ti; voy a desencadenar mi cólera contra ti, para juzgarte según tu
conducta y pedirte cuentas de todas tus abominaciones.
4 No tendré para
ti una mirada de piedad, no te perdonaré, sino que te pediré cuentas de tu
conducta; aparecerán tus abominaciones en medio de ti, y sabréis que yo soy
Yahveh.
5 Así dice el
Señor Yahveh: ¡Desgracia única! ¡Ya viene la desgracia!
6 Se acerca el
fin, el fin se acerca vigilante sobre ti, es ya inminente.
7 Te llega el
turno, habitante del país. Llega el tiempo, está cercano el día,
consternación, que no ya ¡hurra!, en los montes.
8 Ahora voy a
derramar sin tregua mi furor sobre ti y a desahogar mi cólera en ti; voy a
juzgarte según tu conducta y a pedirte cuentas de todas tus abominaciones.
9 No tendré una
mirada de piedad, no perdonaré; te pediré cuentas de tu conducta; tus
abominaciones aparecerán en medio de ti, y sabréis que yo soy Yahveh, el que
hiere.
10 He aquí el
día, hele que viene: sale el turno, la vara está florida, florida la
insolencia.
11 Se ha erguido
la violencia para hacerse vara de maldad...
12 Ha llegado el
momento, está cercano el día. No se alegre el comprador, no se entristezca
el vendedor, porque la ira es contra toda su multitud.
13 El vendedor no
volverá a lo vendido, mientras viva entre los vivos, pues la ira contra toda
su multitud no será revocada; y nadie, por su iniquidad, tendrá segura su
vida.
14 Se tocará la
trompeta, todo estará a punto, pero nadie marchará al combate, porque mi ira
es contra toda su multitud.
15 Está la espada
afuera, la peste y el hambre dentro. El que se encuentre en el campo morirá
a espada, y al que esté en la ciudad, el hambre y la peste lo devorarán.
16 Sus
supervivientes escaparán, andarán por los montes, como las palomas de los
valles, todos ellos gimiendo, cada uno por sus culpas.
17 Todas las
manos desmayarán, todas las rodillas se irán en agua.
18 Se ceñirán
ellos de sayal, un escalofrío los invadirá. En todos los rostros la
vergüenza, todas las cabezas rasuradas.
19 Arrojarán su
plata por las calles y su oro se convertirá en inmundicia; ni su plata, ni
su oro les podrán salvar el día del enojo de Yahveh. No se saciarán más, no
llenarán más su vientre, porque ello era la ocasión de su culpa.
20 De la
hermosura de sus joyas hicieron el objeto de su orgullo: con ellas
fabricaron las imágenes de sus monstruos abominables; por eso yo se lo
convertiré en inmundicia.
21 Yo lo
entregaré al saqueo de los extranjeros, al despojo de los más impíos de la
tierra, que lo profanarán.
22 Retiraré mi
rostro de ellos, mi tesoro será profanado: los invasores penetrarán en él y
lo profanarán.
23 Haz una
cadena, porque esta tierra está llena de delitos de sangre, la ciudad
repleta de violencia.
24 Yo haré venir
a las naciones más crueles, que se apoderarán de sus casas. Pondré fin al
orgullo de los poderosos y sus santuarios serán profanados.
25 Llega el
terror; ellos buscarán la paz, pero no la habrá.
26 Vendrá
desastre tras desastre, noticia tras noticia: se pedirá al profeta una
visión, le faltará al sacerdote la ley, el consejo a los ancianos.
27 El rey estará
en duelo, el príncipe hundido en la desolación, las manos del pueblo de la
tierra temblarán. Yo los trataré según su conducta, los juzgaré según sus
juicios, y sabrán que yo soy Yahveh.
1 El año sexto,
el día cinco del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa y los ancianos de
Judá sentados ante mí, cuando se posó allí sobre mí la mano del Señor
Yahveh.
2 Miré: había
allí una forma con aspecto de hombre. Desde lo que parecían ser sus caderas
para abajo era de fuego, y desde sus caderas para arriba era algo como un
resplandor, como el fulgor del electro.
3 Alargó una
especie de mano y me agarró por un mechón de mi cabeza; el espíritu me elevó
entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén, en visiones divinas, a la
entrada del pórtico interior que mira al norte, allí donde se alza el ídolo
de los celos, que provoca los celos.
4 Y he aquí que
la gloria del Dios de Israel estaba allí; tenía el aspecto de lo que yo
había visto en la vega.
5 El me dijo:
«Hijo de hombre, levanta tus ojos hacia el norte.» Levanté mis ojos hacia el
norte y vi que al norte del pórtico del altar estaba este ídolo de los
celos, a la entrada.
6 Me dijo: «Hijo
de hombre, ¿ves lo que hacen éstos, las grandes abominaciones que la casa de
Israel comete aquí para alejarme de mi santuario? Todavía has de ver otras
grandes abominaciones».
7 Me llevó a la
entrada del atrio. Yo miré: había un agujero en la pared.
8 Y me dijo:
«Hijo de hombre, perfora la pared.» Perforé la pared y se hizo una abertura.
9 Y me dijo:
«Entra y contempla las execrables abominaciones que éstos cometen ahí.»
10 Entré y
observé: toda clase de representaciones de reptiles y animales repugnantes,
y todas las basuras de la casa de Israel estaban grabados en la pared, todo
alrededor.
11 Y setenta
hombres, de los ancianos de la casa de Israel - uno de ellos era Yazanías,
hijo de Safán -, estaban de pie delante de ellos cada uno con su incensario
en la mano. Y el perfume de la nube de incienso subía.
12 Me dijo
entonces: «¿Has visto, hijo de hombre, lo que hacen en la oscuridad los
ancianos de la casa de Israel, cada uno en su estancia adornada de pinturas?
Están diciendo: "Yahveh no nos ve, Yahveh ha abandonado esta tierra."»
13 Y me dijo:
«Todavía les verás cometer otras grandes abominaciones.»
14 Me llevó a la
entrada del pórtico de la Casa de Yahveh que mira al norte, y vi que allí
estaban sentadas las mujeres, plañiendo a Tammuz.
15 Me dijo: «¿Has
visto, hijo de hombre? Todavía verás abominaciones mayores que éstas.»
16 Me condujo
luego al atrio interior de la Casa de Yahveh. Y he aquí que a la entrada del
santuario de Yahveh, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco
hombres que, vuelta la espalda al santuario de Yahveh y la cara a oriente,
se postraban en dirección a oriente hacia el sol.
17 Y me dijo:
«¿Has visto, hijo de hombre? ¿Aún no le bastan a la casa de Judá las
abominaciones que cometen aquí, para que llenen también la tierra de
violencia y vuelvan a irritarme? Mira cómo se llevan el ramo a la nariz.
18 Pues yo
también he de obrar con furor; no tendré una mirada de piedad, no perdonaré.
Con voz fuerte gritarán a mis oídos, pero yo no les escucharé.
1 Entonces gritó
a mis oídos con voz fuerte: «¡Se acercan los castigos de la ciudad, cada uno
con su azote en la mano!»
2 Y en esto
vinieron, de la dirección del pórtico superior que mira al norte, seis
hombres, cada cual con su azote en la mano. En medio de ellos había un
hombre vestido de lino con una cartera de escriba a la cintura. Entraron y
se detuvieron ante al altar de bronce.
3 La gloria del
Dios de Israel se levantó de sobre los querubines sobre los cuales estaba,
hacia el umbral de la Casa. Llamó entonces al hombre vestido de lino que
tenía la cartera de escriba a la cintura;
4 y Yahveh le
dijo: «Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y marca una cruz en la frente de
los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en
medio de ella.»
5 Y a los otros
oí que les dijo: «Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis una
mirada de piedad, no perdonéis;
6 a viejos,
jóvenes, doncellas, niños y mujeres matadlos hasta que no quede uno. Pero al
que lleve la cruz en la frente, no le toquéis. Empezad a partir de mi
santuario.» Empezaron, pues, por los ancianos que estaban delante de la
Casa.
7 Luego les dijo:
«Manchad la Casa, llenad de víctimas los atrios; salid.» Salieron y fueron
hiriendo por la ciudad.
8 Mientras ellos
herían, yo quedé solo allí y caí rostro en tierra. Exclamé: «¡Ah, Señor
Yahveh!, ¿vas a exterminar a todo el resto de Israel, derramando tu furor
contra Jerusalén?»
9 Me dijo: «La
culpa de la casa de Israel y de Judá es muy grande, mucho; la tierra está
llena de sangre, la ciudad llena de perversidad. Pues dicen: "Yahveh ha
abandonado la tierra, Yahveh no ve nada."
10 Pues bien,
tampoco yo tendré una mirada de piedad ni perdonaré. Haré caer su conducta
sobre su cabeza».
11 En aquel
momento el hombre vestido de lino que llevaba la cartera a la cintura, vino
a hacer su relación: «He ejecutado lo que me ordenaste.»
1 Miré y vi que
sobre el firmamento que estaba sobre la cabeza de los querubines aparecía,
semejante a la piedra de zafiro, algo como una forma de trono, por encima de
ellos.
2 Y dijo al
hombre vestido de lino: «Métete entre las ruedas, debajo de los querubines,
toma a manos llenas brasas ardientes de entre los querubines y espárcelas
por la ciudad.» Y él entró, ante mis ojos.
3 Los querubines
estaban parados a la derecha de la Casa cuando el hombre entró, y la nube
llenaba el atrio interior.
4 La gloria de
Yahveh se elevó de encima de los querubines hacia el umbral de la Casa y la
Casa se llenó de la nube, mientras el atrio estaba lleno del resplandor de
la gloria de Yahveh.
5 Y el ruido de
las alas de los querubines llegaba hasta el atrio exterior, semejante a la
voz del Dios Sadday cuando habla.
6 Cuando dio esta
orden al hombre vestido de lino: «Toma fuego de en medio de las ruedas, de
entre los querubines», el hombre fue y se detuvo junto a la rueda;
7 el querubín
alargó su mano de entre los querubines hacia el fuego que había en medio de
los querubines, lo tomó y lo puso en las manos del hombre vestido de lino.
Este lo tomó y salió.
8 Entonces
apareció en los querubines una especie de mano humana debajo de sus alas.
9 Miré: había
cuatro ruedas al lado de los querubines, cada rueda junto a cada querubín, y
el aspecto de las ruedas era como el destello del crisólito.
10 Las cuatro
parecían tener la misma forma, como si una rueda estuviese dentro de la
otra.
11 En su marcha,
avanzaban en las cuatro direcciones; no se volvían en su marcha; seguían, en
efecto, la dirección del lado adonde miraba la cabeza, y no se volvían en su
marcha.
12 Y todo su
cuerpo, su espalda, sus manos y sus alas, así como las ruedas, estaban
llenos de destellos todo alrededor; sus ruedas, las de los cuatro.
13 Oí que a las
ruedas se les daba el nombre de «galgal».
14 Y cada uno
tenía cuatro caras: la primera era la cara del querubín, la segunda una cara
de hombre, la tercera una cara de león y la cuarta una cara de águila.
15 Los querubines
se levantaron: era el ser que yo había visto sobre el río Kebar.
16 Cuando los
querubines avanzaban, avanzaban las ruedas a su lado; cuando los querubines
desplegaban sus alas para elevarse del suelo, las ruedas no se volvían
tampoco de su lado.
17 Cuando ellos
se paraban, se paraban ellas, y cuando ellos se elevaban, se elevaban con
ellos las ruedas, porque el espíritu del ser estaba en ellas.
18 La gloria de
Yahveh salió de sobre el umbral de la Casa y se posó sobre los querubines.
19 Los querubines
desplegaron sus alas y se elevaron del suelo ante mis ojos, al salir, y las
ruedas con ellos. Y se detuvieron a la entrada del pórtico oriental de la
Casa de Yahveh; la gloria del Dios de Israel estaba encima de ellos.
20 Era el ser que
yo había visto debajo del Dios de Israel en el río Kebar; y supe que eran
querubines.
21 Cada uno tenía
cuatro caras y cuatro alas, y bajo sus alas formas de manos humanas.
22 En cuanto a la
forma de sus caras, tenían la apariencia de las caras que yo había visto
junto al río Kebar. Cada uno marchaba de frente a derecho.