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1 El insomnio por
la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el
sueño.
2 Las
preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.
3 Se afana el
rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.
4 Se afana el
pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.
5 El que ama el
oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.
6 Muchos se
arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.
7 Es leño de
tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso
en él.
8 Feliz el rico
que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.
9 ¿Quién es, y le
felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién sufrió
esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién
pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?
11 Sus bienes se
consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.
12 ¿En mesa
suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de
cosas hay aquí!»
13 Recuerda que
es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por
eso, por cualquier cosa llora.
14 Donde mire tu
huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que
él.
15 Juzga al
prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.
16 Come como
hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no
hacerte odioso.
17 Termina el
primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.
18 Si en medio de
muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.
19 ¡Qué poco le
basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella.
20 A vientre
moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio,
vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.
21 Si te viste
obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.
22 Oyeme, hijo, y
no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé
moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.
23 Al espléndido
en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es
firme.
24 Al mezquino en
la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.
25 Con el vino no
te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.
26 El horno
prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de
orgullosos.
27 Como la vida
es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien
le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?
28 Regocijo del
corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.
29 Amargura del
alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.
30 La embriaguez
acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y
provoca las heridas.
31 En banquete no
reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra
injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.
1 ¿Te han
nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás como uno de ellos;
atiéndeles, y después te sientas.
2 Cuando hayas
cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y
por tu acierto recibas la corona.
3 Habla, anciano,
que te está bien, pero con discreción y sin estorbar la música.
4 Durante la
audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a destiempo.
5 Sello de
carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de un banquete.
6 Sello de
esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino delicioso.
7 Habla, joven,
si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta.
8 Resume tu
discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9 Entre grandes
no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en hablar.
10 Al trueno se
adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la gracia.
11 Llegada la
hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.
12 Allí,
diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras insolentes.
13 Y por todo
esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes.
14 El que teme al
Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor.
15 El que busca
la ley se llena de ella, al hipócrita le sirve de tropiezo.
16 Los que temen
al Señor son justificados, hacen brillar sus buenas acciones como luz.
17 El pecador
rehúye la reprensión, según su voluntad encuentra excusa.
18 El varón de
consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se encogen de
miedo.
19 Sin consejo no
hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones.
20 Por caminos
escabrosos no vayas, y no tropezarás en piedras.
21 No te confies
en camino inexplorado,
22 y de tus hijos
guárdate.
23 En todos tus
actos vela sobre ti, que esto es también guardar los mandamientos.
24 El que tiene
confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza
en el Señor no sufre daño.
1 Al que teme al
Señor ningún mal le sucede, aunque sufra una prueba, se verá librado.
2 El varón sabio
no aborrece la ley, mas el que finge observarla es como nave en borrasca.
3 El hombre
inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como
un oráculo.
4 Prepara tu
discurso, y serás así escuchado, concentra tu saber y responde.
5 Rueda de carro
son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.
6 Caballo de
remonta, así el amigo burlón, bajo todo el que lo monta relincha.
7 ¿Por qué un día
es superior a otro, si toda la luz de cada día del año viene del sol?
8 En la mente del
Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y fiestas.
9 A unos los
ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.
10 Así todos los
hombres vienen del suelo, de la tierra fue creado Adán.
11 Con su gran
sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos.
12 A unos los
bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo
y humilló y los derribó de su puesto.
13 Como la
arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad
-, así los hombres en la mano de su Hacedor, que a cada uno da según su
juicio.
14 Frente al mal
está el bien, frente a la muerte, la vida. Así frente al piadoso, el
pecador.
15 Fíjate, pues,
en todas las obras del Altísimo, dos a dos, una frente a otra.
16 También yo, el
último, me he desvelado, como quien racima tras de los viñadores.
17 Por la
bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar.
18 Mirad que no
para mí solo me he afanado, sino para todos los que buscan la instrucción.
19 Escuchadme,
grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído.
20 A hijo y
mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti en vida tuya. No des a otros
tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.
21 Mientras vivas
y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie.
22 Pues es mejor
que tus hijos te pidan, que no que tengas que mirar a los manos de tus
hijos.
23 En todas tus
obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria.
24 Cuando se
acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.
25 Al asno,
forraje, palo y carga, al criado, pan, instrucción y trabajo.
26 Haz trabajar
al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la
libertad.
27 Yugo y riendas
doblegan la cerviz, al mal criado torturas e inquisiciones.
28 Mándale
trabajar para que no esté ocioso, que mucho mal enseñó la ociosidad.
29 Ponle trabajo
como le corresponde, si no obedece, carga sus pies de grillos.
30 Pero no te
sobrepases con nadie, no hagas nada sin equidad.
31 Si tienes un
criado, sea como tú, porque con sangre lo adquiriste.
32 Si tienes un
criado, trátale como hermano, porque has menester de él como de ti mismo.
33 Si le
maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?
1 Las esperanzas
vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.
2 Tratar de asir
una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.
3 Espejo y sueño
son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro.
4 De los impuros,
¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir?
5 Adivinaciones,
augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en
parto.
6 A menos que te
sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.
7 Que a muchos
extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban.
8 Sin dolo se ha
de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección.
9 Hombre que ha
corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con
inteligencia.
10 Quien no ha
pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza.
11 Muchas cosas
he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi
inteligencia.
12 Bien de veces
he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.
13 El espíritu de
los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que
los salva.
14 Quien teme al
Señor de nada tiene miedo, y no se intimida, porque él es su esperanza.
15 Feliz el alma
del que teme al Señor: ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?
16 Los ojos del
Señor sobre quienes le aman, poderosa protección, probado apoyo, abrigo
contra el viento abrasador, abrigo contra el ardor del mediodía, guardia
contra tropiezos, auxilio contra caídas,
17 que levanta el
alma, alumbra los ojos, da salud, vida y bendición.
18 Sacrificar
cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los
presentes de los sin ley.
19 No se complace
el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los
pecados.
20 Inmola a un
hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de
los humildes.
21 Pan de
indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre
sanguinario.
22 Mata a su
prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal
al jornalero.
23 Uno edifica,
el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas?
24 Uno bendice,
el otro maldice, ¿a quién de los dos escuchará el amo?
25 Quien se
purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con
su baño de purificación?
26 Así el hombre
que ayuna por sus pecados y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su
oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?
1 Observar la ley
es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de
comunión.
2 Devolver favor
es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de
alabanza.
3 Apartarse del
mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la
injusticia.
4 No te presentes
ante el Señor con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el
mandamiento.
5 La ofrenda del
justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.
6 El sacrificio
del justo es aceptado, su memorial no se olvidará.
7 Con ojo
generoso glorifica al Señor, y no escatimes las primicias de tus manos.
8 En todos tus
dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos.
9 Da al Altísimo
como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios.
10 Porque el
Señor sabe pagar, y te devolverá siete veces más.
11 No trates de
corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio
injusto.
12 Porque el
Señor es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie.
13 No hace
acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.
14 No desdeña la
súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento.
15 Las lágrimas
de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las
provocó?
16 Quien sirve de
buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes.
17 La oración del
humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela
él.
18 Y no desiste
hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta
el juicio.
19 Y el Señor no
se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia,
20 hasta no haber
machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las
naciones,
21 haber
extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos,
22 hasta no haber
pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus
intenciones,
23 haber hecho
justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia.
24 Grata es la
misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de
sequía.
1 Ten piedad de
nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre
todas las naciones.
2 Alza tu mano
contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.
3 Como ante ellas
te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande con
ellas.
4 Que te
reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti,
Señor.
5 Renueva las
señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.
6 Despierta tu
furor y derrama tu ira, extermina al adversario, aniquila al enemigo.
7 Acelera la
hora, recuerda el juramento, y que se publiquen tus grandezas.
8 Que el fuego de
la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo hallen la
perdición.
9 Aplasta la
cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Nadie más que nosotros.»
10 Congrega todas
las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio.
11 Ten piedad,
Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el
primogénito.
12 Ten compasión
de tu santa ciudad, de Jerusalén, lugar de tu reposo.
13 Llena a Sión
de tu alabanza, y de tu gloria tu santuario.
14 Da testimonio
a tus primeras criaturas, mantén las profecías dichas en tu nombre.
15 Da su
recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados.
16 Escucha,
Señor, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu
pueblo.
17 Y todos los de
la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.
18 Todo alimento
traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros.
19 El paladar
distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las
palabras mentirosas.
20 El corazón
perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido.
21 A cualquier
marido acepta la mujer, pero unas hijas son mejores que otras.
22 La belleza de
la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna cosa.
23 Si en su
lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres.
24 El que
adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante
a él y columna de apoyo.
25 Donde no hay
valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, gime un hombre a la
deriva.
26 ¿Quién se
fiará del ladrón ágil que salta de ciudad en ciudad?
27 Así tampoco
del hombre que no tiene nido y que se alberga donde la noche le sorprende.
1 Todo amigo
dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigo que lo es sólo de nombre.
2 ¿No es para uno
una mortal tristeza un compañero o amigo trocado en enemigo?
3 ¡Oh intención
perversa! ¿de dónde saliste para cubrir la tierra de engaño?
4 El compañero
disfruta en el contento del amigo, pero al tiempo de tribulación se volverá
contra él.
5 El compañero
compadece al amigo por interés, y cuando llega el combate embraza el escudo.
6 No te olvides
de tu amigo en tu alma, ni pierdas su recuerdo cuando seas rico.
7 Todo consejero
da consejos, pero hay quien aconseja en su interés.
8 Del consejero
guarda tu alma, conoce primero qué necesita - porque en su propio interés
dará consejo -, no sea que eche sobre ti la suerte,
9 y te diga:
«Bueno es tu camino», quedándose enfrente para ver qué te sucede.
10 No te
aconsejes del que te mira con desprecio, y de los que te envidian oculta tu
consejo;
11 ni te
aconsejes con mujer sobre su rival, con cobarde acerca la guerra, con
negociante respecto del comercio, con comprador sobre la venta, con
envidioso sobre la gratitud, con despiadado sobre la generosidad, con
perezoso sobre cualquier trabajo, con temporero sobre el término de una
obra, con siervo ocioso sobre un trabajo grande: no cuentes con éstos para
ningún consejo.
12 Sino recurre
siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los
mandamientos, cuya alma es según tu alma, y que, si caes, sufrirá contigo.
13 Y mantén firme
el consejo de tu corazón, que nadie es para ti más fiel que él.
14 Pues el alma
del hombre puede a veces advertir más que siete vigías sentados en lo alto
para vigilar.
15 Y por encima
de todo esto suplica al Altísimo, para que enderece tu camino en la verdad.
16 Principio de
toda obra es la palabra, y antes de toda acción está el consejo.
17 Raíz de los
pensamientos es el corazón, de él salen cuatro ramas:
18 bien y mal,
vida y muerte, mas la que siempre los domina es la lengua.
19 Hay hombre
diestro que adoctrina a muchos, y para sí mismo es un inútil.
20 Hay quien se
hace el sabio en palabras y es aborrecido, y que acabará sin tener qué
comer.
21 Pues no se le
dio la gracia que viene del Señor, porque estaba vacío de toda sabiduría.
22 Hay quien para
sí mismo es sabio, y los frutos de su inteligencia son, según él, dignos de
fe.
23 El varón sabio
enseña a su pueblo, y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.
24 El varón sabio
es colmado de bendiciones, y le llaman feliz todos los que le ven.
25 La vida del
hombre tiene días contados, mas los días de Israel no tienen número.
26 El sabio en su
pueblo se gana la confianza, y su nombre vivirá por los siglos.
27 Hijo, en tu
vida prueba tu alma, ve lo que es malo para ella y no se los des.
28 Pues no a
todos les conviene todo, y no a todo el mundo le gusta lo mismo.
29 No seas
insaciable de todo placer, y no te abalances sobre la comida,
30 porque en el
exceso de alimento hay enfermedad, y la intemperancia acaba en cólicos.
31 Por
intemperancia han muerto muchos, pero el que se vigila prolongará su vida.
1 Da al médico,
por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el
Señor.
2 Pues del
Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe.
3 La ciencia del
médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado.
4 El Señor puso
en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña.
5 ¿No fue el agua
endulzada con un leño para que se conociera su virtud?
6 El mismo dio a
los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas.
7 Con ellas cura
él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas.
8 Así nunca se
acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra.
9 Hijo, en tu
enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará.
10 Aparta las
faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón.
11 Ofrece
incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus
medios.
12 Recurre luego
al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado,
pues de él has menester.
13 Hay momentos
en que en su mano está la solución,
14 pues ellos
también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y
hacia la curación para salvar tu vida.
15 El que peca
delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico!
16 Hijo, por un
muerto lágrimas derrama, como quien sufre cruelmente, entona la lamentación;
según el ceremonial entierra su cadáver y no seas negligente con su
sepultura.
17 Llora
amargamente, date fuertes golpes de pecho, haz el duelo según su dignidad,
un día o dos, para evitar murmullos; después, consuélate de la tristeza.
18 Porque de la
tristeza sale la muerte, la tristeza del corazón enerva las fuerzas.
19 En la
adversidad permanece también la tristeza, una vida de miseria va contra el
corazón.
20 No des tu
corazón a la tristeza, evítala acordándote del fin.
21 No lo olvides:
no hay retorno, a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo.
22 «Recuerda mi
sentencia, que será también la tuya: a mí ayer, a ti te toca hoy.»
23 Cuando un
muerto reposa, deja en paz su memoria, consuélate de él, porque su espíritu
ha partido.
24 La sabiduría
del escriba se adquiere en los ratos de sosiego, el que se libera de
negocios se hará sabio.
25 ¿Cómo va a
hacerse sabio el que empuña el arado, y se gloría de tener por lanza el
aguijón, el que conduce bueyes, los arrea en sus trabajos y no sabe hablar
más que de novillos?
26 Aplica su
corazón a abrir surcos, y sus vigilias a cebar terneras.
27 De igual modo
todo obrero o artesano, que trabaja día y noche; los que graban las efigies
de los sellos, y su afán se centra en variar los detalles; ponen todo su
corazón en igualar el modelo y gastan sus vigilias en rematar la obra.
28 También el
herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos del hierro; el vaho
del fuego sus carnes derrite, en el calor de la fragua se debate, el ruido
del martillo le ensordece, y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos;
pone su corazón en concluir sus obras, y sus vigilias en adornarlas al
detalle.
29 De igual modo
el alfarero sentado a su tarea y dando a la rueda con sus pies, preocupado
sin cesar por su trabajo, toda su actividad concentrada en el número;
30 con su brazo
moldea la arcilla, con sus pies vence su resistencia; pone su corazón en
acabar el barnizado, y gasta sus vigilias en limpiar el horno.
31 Todos éstos
ponen su confianza en sus manos, y cada uno se muestra sabio en su tarea.
32 Sin ellos no
se construiría ciudad alguna, ni se podría habitar ni circular por ella.
33 Mas para el
consejo del pueblo no se les busca, ni se les distingue en la asamblea. No
se sientan en sitial de juez, ni meditan en la alianza del juicio.
34 No demuestran
instrucción ni juicio, ni se les encuentra entre los que dicen máximas. Pero
aseguran la creación eterna, el objeto de su oración son los trabajos de su
oficio.
1 No así el que
aplica su alma a meditar la ley del Altísimo. La sabiduría de todos los
antiguos rebusca, a los profecías consagra sus ocios,
2 conserva los
relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra,
3 busca los
secretos de los proverbios y en los enigmas de las parábolas insiste.
4 En medio de los
grandes ejerce su servicio, ante los jefes aparece; viaja por tierras
extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres.
5 Aplica su
corazón a ir bien de mañana donde el Señor su Hacedor; suplica ante el
Altísimo, abre su boca en oración y por sus pecados suplica.
6 Si el gran
Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. El mismo derramará
como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al
Señor.
7 Enderezará su
consejo y su ciencia. y en sus misterios ocultos hará meditación.
8 Mostrará la
instrucción recibida, y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.
9 Muchos
elogiarán su inteligencia, jamás será olvidada. No desaparecerá su recuerdo,
su nombre vivirá de generación en generación.
10 Su sabiduría
comentarán las naciones, su elogio, lo publicará la asamblea.
11 Mientras viva,
su nombre dejará atrás a mil, y cuando descanse, él le bastará.
12 Aún voy a
hablar después de meditar, que estoy colmado como la luna llena.
13 Escuchadme,
hijos piadosos, y creced como rosa que brota junto a corrientes de agua.
14 Como incienso
derramad buen olor, abríos en flor como el lirio, exhalad perfume, cantad un
cantar, bendecid al Señor por todas sus obras.
15 Engrandeced su
nombre, dadle gracias por su alabanza, con los cantares de vuestros labios y
con cítaras, decid así en acción de gracias:
16 ¡Qué hermosas
son todas las obras del Señor! todas sus órdenes se ejecutan a su hora. No
hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, que todo se ha de buscar
a su tiempo.
17 A su orden el
agua se detiene en una masa, a la palabra de su boca se forman los depósitos
de las aguas.
18 A una orden
suya se hace todo lo que desea, y no hay quien pueda estorbar su salvación.
19 Las obras de
toda carne están delante de él, y nada puede ocultarse a sus ojos.
20 Su mirada
abarca de eternidad a eternidad, y nada hay admirable para él.
21 No hay por qué
decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, pues todo ha sido creado con un fin.
22 Su bendición
se ha desbordado como un río, como un diluvio ha inundado la tierra.
23 De igual modo
las naciones recibirán en herencia su ira, como cuando él cambió las aguas
en salinas.
24 Sus caminos
rectos son para los santos, así como para los sin ley son piedras de
tropiezo.
25 Los bienes
están desde el principio creados para los buenos, así como los males para
los pecadores.
26 De primera
necesidad para la vida del hombre es el agua, el fuego, el hierro y la sal,
la flor de harina de trigo, la leche y la miel, el jugo de uva, el aceite y
el vestido.
27 Todo esto son
bienes para los piadosos, mas para los pecadores se truecan en males.
28 Hay vientos
creados para el castigo, en su furor ha endurecido él sus látigos; al tiempo
de la consumación su fuerza expanden, y desahogan el furor del que los hizo.
29 Fuego y
granizo, hambre y muerte, para el castigo ha sido creado todo esto.
30 Y dientes de
fieras, escorpiones, víboras y espada vengadora para la perdición del impío.
31 Todos hallan
contento en hacer su mandato, en la tierra están prontos para su menester, y
llegada la ocasión no traspasarán su orden.
32 Por eso desde
el principio me reafirmé, medité y he puesto por escrito:
33 «Las obras del
Señor son todas buenas, a su tiempo provee él a toda necesidad.
34 No hay por qué
decir: Esto es peor que aquello, porque todo a su tiempo es aprobado.
35 Y ahora con
todo el corazón y la boca cantad himnos y bendecid el nombre del Señor.»
1 Grandes
trabajos han sido creados para todo hombre, un yugo pesado hay sobre los
hijos de Adán, desde el día que salieron del vientre de su madre, hasta el
día del retorno a la madre de todo.
2 Sus
reflexiones, el miedo de su corazón es la idea del futuro, el día de la
muerte.
3 Desde el que
está sentado en un trono glorioso, hasta el que en tierra y ceniza está
humillado,
4 desde el que
lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre de tela grosera, sólo furor,
envidia, turbación, inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y discordia.
5 A la hora del
descanso en la cama, el sueño de la noche altera el conocimiento.
6 Poco, casi
nada, reposa, y ya en sueños, como en día de guardia, se ve turbado por las
visiones de su corazón, como el que ha huído ante el combate.
7 A la hora de su
turno se despierta, sorprendido de su vano temor.
8 Para toda
carne, del hombre hasta la bestia, mas para los pecadores siete veces más:
9 Muerte, sangre,
discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.
10 Contra los sin
ley fue creado todo esto, y por su culpa se produjo el diluvio.
11 Todo cuanto de
tierra viene, a tierra vuelve, y cuanto de agua, en el mar desemboca.
12 Todo don e
injusticia serán aventados, más la fidelidad subsistirá por siempre.
13 Las riquezas
de los injustos se esfumarán como un torrente, como un gran trueno que en
tormenta estalla.
14 Cuando él abre
las manos, se contenta, así los transgresores desaparecerán por completo.
15 Los vástagos
de los impíos no tienen muchas ramas, las raíces impuras sólo hallan piedra
áspera.
16 Caña que brota
en toda agua o borde de río será arrancada antes que toda hierba.
17 La caridad es
como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre.
18 La vida del
que se basta a sí mismo y del obrero es dulce, pero más que ambos el que
encuentra un tesoro.
19 Los hijos y la
fundación de una ciudad perpetúan el nombre, pero más que ambas cosas es
estimada la mujer intachable.
20 El vino y la
música ponen contento el corazón, pero más que ambas cosas el amor a la
sabiduría.
21 La flauta y el
salterio hacen el canto suave, pero más que ambas cosas la lengua dulce.
22 Gracia y
belleza el ojo anhela, pero más que ambas cosas el verdor del sembrado.
23 Amigo y
compañero se encuentran a su hora, pero más que ambos la mujer con el
marido.
24 Amigos y
socorro para el tiempo de tribulación, pero más que ambos salva la limosna.
25 Oro y plata
hacen el paso firme, pero más que ambos se estima el consejo.
26 La riqueza y
la fuerza realzan el corazón, pero más que las dos, el temor del Señor. En
el temor del Señor no existe mengua, con él no hay ya por qué buscar ayuda.
27 El temor del
Señor como un paraíso de bendición, protege él más que toda gloria.
28 Hijo, no
lleves una vida de mendicidad, que más vale morir que mendigar.
29 Hombre que
mira a la mesa de otro no merece el nombre de vida su existencia. Con comida
ajena mancha su boca, pero el hombre instruido y educado de ello se
guardará.
30 En la boca del
descarado la mendicidad resulta dulce, pero en su vientre es un fuego que
abrasa.
1 ¡Oh muerte, qué
amargo es tu recuerdo para el hombre que vive en paz entre sus bienes, para
el varón desocupado a quien en todo le va bien, y todavía con fuerzas para
servirse el alimento!
2 ¡Oh muerte,
buena es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para
el viejo acabado, ahíto de cuidados, que se rebela y ha perdido la
paciencia!
3 No temas la
sentencia de la muerte, recuerda tus comienzos y tu fin.
4 Esta sentencia
viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del
Altísimo? Ya se viva diez, cien, mil años, no se reprocha en el seol la
vida.
5 Hijos
abominables son los hijos de los pecadores que viven en vecindad de impíos.
6 La herencia de
los hijos de los pecadores va a la ruina, con su linaje se perpetúa el
oprobio.
7 Al padre impío
le reprochan sus hijos, porque por causa de él viven en oprobio.
8 ¡Ay de
vosotros, impíos, que la ley del Altísimo habéis abandonado!
9 Si nacéis, para
la maldición nacéis, si morís, la maldición heredáis.
10 Todo cuanto
viene de tierra, a tierra volverá, así irán los impíos de la maldición a la
ruina.
11 El duelo de
los hombres se dirige a sus cuerpos, pero el nombre de los pecadores, que no
es bueno, se borrará.
12 Preocúpate de
tu nombre, que eso te queda, más que mil grandes tesoros de oro.
13 La vida buena
tiene un límite de días, pero el buen nombre permanece para siempre.
14 Conservad la
instrucción en paz, hijos. Sabiduría escondida y tesoro invisible, ¿qué
provecho hay en ambos?
15 Más vale
hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría.
16 Así pues,
ruborizaos de lo que os voy a señalar, que no es bueno guardar toda
vergüenza, ni todo es apreciato fielmente por todos.
17 Ante un padre
y una madre avergonzaos de la fornicación, de la mentira, ante el jefe y el
poderoso;
18 del extravío,
ante juez y el magistrado, de la iniquidad, ante la asamblea y el pueblo;
19 de la
injusticia, ante el compañero y el amigo, del robo, ante el lugar en que
resides;
20 y ante la
verdad de Dios y la alianza: de clavar los codos en los panes,
21 de despreciar
la recepción y el don, de callarse ante los que saludan,
22 de mirar a
mujer prostituta, de volver la cara a tu pariente,
23 de quitar la
parte y el don de otro, de clavar los ojos en mujer casada,
24 de intimidades
con la criada - ¡no te acerques a su lecho! -
25 de palabras
injuriosas ante los amigos - después de dar no hagas reproches -
26 de repetir la
palabra oída, de revelar las palabras secretas.
27 Serás entonces
de verdad un hombre ruboroso, y ante todo el mundo hallarás gracia.
1 Pero de lo que
sigue no te avergüences, y no peques por tener acepción de personas:
2 de la ley del
Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,
3 de contar con
compañero de viaje, de dar la herencia a compañeros,
4 de la exactitud
de balanzas y pesas, de obtener grandes y pequeñas ganancias,
5 de provecho en
la venta a comerciantes, de la copiosa instrucción de los hijos, de
ensangrentar las costillas de un mal siervo.
6 Con mujer mala
es bueno usar el sello, y, donde hay muchas manos, echa la llave.
7 Lo que
entregues, hazlo con cuenta y medida, el haber y el debe, sea todo por
escrito.
8 No te
avergüences de enseñar al tonto y al necio, y al viejo acabado juzgado como
joven. Serás entonces de verdad educado, y estimado de todo viviente.
9 Una hija es
para el padre un secreto desvelo, aleja el sueño la inquietud por ella. En
su juventud, miedo a que se le pase la edad, si está casada, a que sea
aborrecida.
10 Cuando virgen,
no sea mancillada y en la casa paterna quede encinta. Cuando casada, a que
sea infiel, cohabitando, a que sea estéril.
11 Sobre la hija
desenvuelta refuerza la vigilancia, no sea que te haga la irrisión de tus
enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y ante el vulgo
espeso te avergüence.
12 De ningún
hombre te quedes mirando la belleza, y entre mujeres no te sientes.
13 Porque de los
vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.
14 Vale más
maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio.
15 Voy a evocar
las obras del Señor, lo que tengo visto contaré. Por las palabras del Señor
fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.
16 El sol mira a
todo iluminándolo, de la gloria del Señor está llena su obra.
17 No son capaces
los Santos del Señor de contar todas sus maravillas, que firmemente
estableció el Señor omnipotente, para que en su gloria el universo
subsistiera.
18 El sondea el
abismo y el corazón humano, y sus secretos cálculos penetra. Pues el
Altísimo todo saber conoce, y fija sus ojos en las señales de los tiempos.
19 Anuncia lo
pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas secretas.
20 No se le
escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.
21 Las grandezas
de su sabiduría las puso en orden, porque él es antes de la eternidad y por
la eternidad; nada le ha sido añadido ni quitado, y de ningún consejero
necesita.
22 ¡Qué amables
son todas sus obras!: como una centella hay que contemplarlas.
23 Todo esto vive
y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece.
24 Todas las
cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha hecho deficiente.
25 Cada cosa
afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria?
1 Orgullo de las
alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de
gloria.
2 El sol
apareciendo proclama a su salida: «¡Qué admirable la obra del Altísimo!»
3 En su mediodía
reseca la tierra, ante su ardor, ¿quién puede resistir?
4 Se atiza el
horno para obras de forja: tres veces más el sol que abrasa las montañas;
vapores ardientes despide, ciega los ojos con el brillo de sus rayos.
5 Grande es el
Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera.
6 También la
luna: sale siempre a su hora, para marcar los tiempos, señal eterna.
7 De la luna
procede la señal de las fiestas, astro que mengua, después del plenilunio.
8 Lleva el mes su
nombre; crece ella maravillosamente cuando cambia, enseña del ejército
celeste que brilla en el firmamento del cielo.
9 Hermosura del
cielo es la gloria de las estrellas. orden radiante en las alturas del
Señor.
10 Por las
palabras del Señor están fijas según su orden. y no aflojan en su puesto de
guardia.
11 Mira el arco
iris y a su Hacedor bendice, ¡qué bonito en su esplendor!
12 Rodea el cielo
con aureola de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.
13 Con su orden
precipita la nieve, y fulmina los rayos según su decreto.
14 Por eso se
abren sus cilleros, y vuelvan las nubes como pájaros.
15 Con su
grandeza hace espesas las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.
16 a su vista se
conmueven los montes. A su voluntad sopla el viento del sur,
17 El bramido de
su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones.
18 Como pájaros
que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo.
Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el
corazón.
19 El derrama
también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como
pinchos de espinas.
20 El viento frío
del norte sopla y se forma el hielo sobre el agua; sobre toda masa de agua
se posa, y el agua se reviste como de coraza.
21 Devora los
montes, quema el desierto, y consume como fuego el verdor.
22 Como remedio
de todo llega presto la niebla, el rocío, después del viento ardiente,
devuelve la alegría.
23 Según su
designio domeña el abismo, y planta islas en él.
24 Los que surcan
el mar hablan de sus peligros, y de lo que oyen nuestros oídos nos
maravillamos.
25 Allí están las
cosas raras y maravillosas, variedad de animales, especies de monstruos
marinos.
26 Gracias a Dios
tiene éxito su mensajero, y por su palabra todo está en su sitio.
27 Muchos más
podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: «El lo es
todo.»
28 ¿Dónde hallar
fuerza para glorificarle? ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras!
29 Temible es el
Señor, inmensamente grande, maravilloso su poderío.
30 Con vuestra
alabanza ensalzad al Señor, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al
ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.
31 ¿Quién le ha
visto para que pueda describirle? ¿quién puede engrandecerle tal como es?
32 Mayores que
éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto.
33 Porque el
Señor lo hizo todo, y dio a los piadosos la sabiduría.
1 Hagamos ya el
elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión.
2 Grandes glorias
que creó el Señor, grandezas desde tiempos antiguos.
3 Hubo soberanos
en sus reinos, hombres renombrados por su poderío, consejeros por su
inteligencia, vaticinadores de oráculos en sus profecías,
4 guías del
pueblo por sus consejos, por su inteligencia de la literatura popular, -
sabias palabras había en su instrucción -
5 inventores de
melodías musicales, compositores de escritos poéticos,
6 hombres ricos
bien provistos de fuerza, viviendo en paz en sus moradas.
7 Todos estos
fueron honrados en su generación, objeto de gloria fueron en sus días.
8 Hubo entre
ellos quienes dejaron nombre, para que se hablara de ellos con elogio.
9 De otros no ha
quedado recuerdo, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron cual
si a ser no llegaran, así como sus hijos después de ellos.
10 Mas de otro
modo estos hombres de bien, cuyas acciones justas no han quedado en olvido.
11 Con su linaje
permanece una rica herencia, su posteridad.
12 En las
alianzas se mantuvo su linaje, y sus hijos gracias a ellos.
13 Para siempre
permanece su linaje, y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos
fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones.
15 Su sabiduría
comentarán los pueblos, su elogio lo publicará la asamblea.
16 Henoc agradó
al Señor, y fue arrebatado, ejemplo de penitencia para las generaciones.
17 Perfectamente
justo Noé fue hallado, en el tiempo de la ira se hizo reconciliación.
Gracias a él tuvo un resto la tierra, cuando llegó el diluvio.
18 Alianzas
eternas fueron con él pactadas, para que no fuera ya aniquilada por el
diluvio toda carne.
19 Abraham, padre
insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en
gloria.
20 El guardó la
ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su carne grabó la alianza, y
en la prueba fue hallado fiel.
21 Por eso Dios
le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones,
multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su
linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines
de la tierra.
22 A Isaac le
aseguró lo mismo, en gracia a su padre Abraham.
23 La bendición
de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en la cabeza de Jacob. Le
confirmó en sus bendiciones, y le otorgó su herencia. El dividió sus partes
y las repartió entre las doce tribus.
1 Hizo salir de
él un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios
y por los hombres, Moisés, cuya memoria está envuelta en bendiciones.
2 Le hizo en
gloria comparable a los santos, le engrandeció para temor de los enemigos.
3 Por su palabra
puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los reyes; le dio para
su pueblo mandamientos, y le mostró algo de su gloria.
4 En fidelidad y
mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne.
5 Le hizo oír su
voz, y le introdujo en la calígine; cara a cara le dio los mandamientos, la
ley de vida y de saber, para enseñar a Jacob su alianza, y sus decretos a
Israel.
6 Exaltó a Aarón,
un santo semejante a éste, su hermano, de la tribu de Leví.
7 Le afirmó como
alianza eterna, y le dio el sacerdocio del pueblo. Le hizo feliz con su
espléndido ornamento, le ciño de gloriosa vestidura.
8 Le vistió de
honor perfecto, y le confirmó con insignias de poder, calzones, túnica y
efod.
9 Le puso
alrededor granadas, y campanillas de oro, bien de ellas todo en torno, para
que tintinearan al andar y resonaran bien por todo el Templo, como memorial
para los hijos de su pueblo;
10 y vestimenta
sacra, de oro y de jacinto y de púrpura, obra de bordador, y pectoral del
juicio, el Urim y el Tummim, hilado de escarlata, obra de artista;
11 piedras
preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, para
memorial por la escritura grabada, según el número de las tribus de Israel;
12 corona de oro
por encima de la tiara, inscripción del sello de consagración, prestigio de
honor, obra magnífica, delicia de los ojos este adorno.
13 Galanuras no
hubo tales antes de él, y jamás se las vistió extranjero, sino sólo sus
hijos, sus vástagos por siempre.
14 Sus
sacrificios se consumían totalmente dos veces al día sin interrupción.
15 Llenó Moisés
sus manos, le ungió con óleo santo. Fue ello para él alianza eterna, y para
su linaje cuanto dure el cielo, para presidir el culto, ejercer el
sacerdocio y bendecir a su pueblo en nombre del Señor.
16 Le eligió
entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y
el aroma en memorial, y hacer expiación por el pueblo.
17 Le dio, por
sus mandamientos, potestad sobre las prescripciones legales, para enseñar a
Jacob sus dictámenes e ilustrar a Israel en su ley.
18 Se
confabularon contra él extranjeros y en el desierto tuvieron celos de él,
los hombres de Datán y de Abirón, la banda de Coré, llena de ira y de furor.
19 Lo vió el
Señor y se irritó, y acabó con ellos en el ardor de su ira. Hizo prodigios
contra ellos, devorándolos por el fuego de su llama.
20 Aumentó la
gloria de Aarón y le dio una heredad, le otorgó las primicias, sobre todo el
pan a saciedad.
21 Por eso comen
ellos los sacrificios del Señor, que él le concedió a él y a su linaje.
22 Aunque en la
tierra del pueblo no tiene heredad, ni hay en el pueblo parte para él: que
«Yo soy tu parte y tu heredad».
23 Pinjás, hijo
de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del temor del Señor, y se
mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía de su alma resuelta,
y obtuvo así el perdón para Israel.
24 Por eso se
hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y a su pueblo, para
que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo sacerdocio por los
siglos.
25 Hubo también
alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá, herencia real de hijo
a hijo sólo, mientras la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.
26 Dé Dios
sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con justicia, y que no
se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus generaciones.
1 Esforzado en la
guerra fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés como profeta; él fue, de
acuerdo con su nombre, grande para salvar a los elegidos del Señor, para
tomar venganza de los enemigos que surgían e introducir a Israel en su
heredad.
2 ¡Qué gloria
ganó cuando alzaba la mano y blandía la espada contra las ciudades!
3 ¿Quién antes de
él tan firme fue? ¡Que las batallas del Señor él las hacía!
4 ¿No se detuvo
el sol ante su mano y un día llegó a ser como dos?
5 El invocó al
Altísimo Soberano, cuando los enemigos por todas partes le estrechaban, y le
atendió el Gran Señor lanzando piedras de granizo de terrible violencia.
6 Cayó de golpe
sobre la nación hostil, y en la bajada aniquiló a los adversarios, para que
conocieran las naciones la fuerza de sus armas, porque era frente al Señor
la guerra de ellas.
7 Pues caminó en
seguimiento del Todopoderoso, hizo el bien en los días de Moisés, él y
también Caleb, hijo de Yefunné, resistiendo ante la asamblea, cerrando al
pueblo el paso del pecado, reduciendo a silencio la murmuración de la
maldad.
8 Y ellos dos
solos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie, para ser
introducidos en la herencia, en la tierra que mana leche y miel.
9 Y el Señor dio
a Caleb la fuerza que le duró hasta su vejez, le hizo subir a lo alto de la
tierra, que como herencia conservó su linaje,
10 para que sepan
todos los hijos de Israel que es bueno caminar en seguimiento del Señor.
11 También los
jueces, cada cual según su nombre, ellos cuyo corazón no se prostituyó, y
que del Señor no se apartaron: ¡sea su recuerdo lleno de bendición,
12 reflorezcan
sus huesos en la tumba, y sus nombres se renueven en los hijos de estos
hombres ilustres!
13 Amado fue de
su Señor Samuel, profeta del Señor fundó la realeza, y ungió a los príncipes
puestos sobre su pueblo.
14 Según la ley
del Señor juzgó a la asamblea, y el Señor pueso sus ojos en Jacob.
15 Por su
fidelidad se acreditó como profeta, por sus oráculos fue reconocido fiel
vidente.
16 Invocó al
Señor Todopoderoso cuando los enemigos por todas partes le estrechaban,
ofreciendo un cordero lechal.
17 Y tronó el
Señor desde los cielos, con gran ruido hizo resonar su voz;
18 aplastó a los
jefes adversarios y a todos los príncipes de los filisteos.
19 Antes de la
hora de su sueño eterno, dio testimonio ante el Señor y su ungido: «Bienes,
ni siquiera sandalias, a nadie le he tomado», y nadie reclamó nada de él.
20 Y después de
dormido todavía profetizó y anunció al rey su fin; del seno de la tierra
alzó su voz en profecía para borrar la iniquidad del pueblo.
1 Después de él
surgió Natán para profetizar en los días de David.
2 Como grasa
puesta aparte en el sacrificio de comunión, así David de entre los hijos de
Israel.
3 Con leones jugó
cual con cabritos, con osos como con corderos.
4 ¿No mató de
joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, blandiendo en la mano la
piedra de la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat?
5 Pues invocó al
Señor Altísimo, que a su diestra dio vigor, para aniquilar a un potente
guerrero, y realzar el cuerno de su pueblo.
6 Por eso le
dieron gloria por diez mil, y le alabaron con las bendiciones del Señor,
ofreciéndole la diadema de gloria.
7 Pues él aplastó
a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para
siempre quebrantó su cuerno.
8 En todas sus
obras elevó acción de gracias al Santo Altísimo en oráculo de gloria. Con
todo su corazón entonó himnos, mostrando su amor a su Hacedor.
9 Ante el altar
instituyó salmistas y con sus voces dio dulzura a los cantos.
10 Dio a las
fiestas esplendor, vistosidad acabada a las solemnidades, cuando ellos
alaban el santo nombre del Señor, cuando resuena desde la aurora el
santuario.
11 El Señor le
perdonó sus pecados y exaltó su cuerno para siempre: le otorgó la alianza
real, un trono de gloria en Israel.
12 Después de él
surgió un hijo sabio, que gracias a él vivió en holgura.
13 Reinó Salomón
en días de paz, Dios le concedió reposo por doquier, para que levantara una
Casa a su nombre y preparara un santuario eterno.
14 ¡Qué sabio
eras en tu juventud, lleno de inteligencia como un río!
15 Cubrió tu alma
la tierra, la llenaste de proverbios enigmáticos.
16 Tu nombre
llegó hasta las islas lejanas, y fuiste amado en medio de tu paz.
17 Por tus
cantos, tus sentencias, tus proverbios y tus interpretaciones te admiraron
los países.
18 En nombre del
Señor Dios, el llamado Dios de Israel, amontonaste oro como estaño, como
plomo multiplicaste plata.
19 Mas reclinaste
tu costado en mujeres, y te dejaste dominar en tu cuerpo.
20 Pusiste así
tacha a tu gloria, y profanaste tu linaje, acarreando la ira sobre tus hijos
y llenándoles de aflicción por tu locura,
21 hasta quedar
partida en dos la dinastía y surgir de Efraím un reino apóstata.
22 Pero el Señor
no renuncia jamás a su misericordia, no deja que se pierdan sus palabras ni
que se borre la descendencia de su elegido, el linaje de quien le amó no
extirpa. Por eso dio a Jacob un resto, y un brote a David salido de él.
23 Descansó
Salomón con sus padres, y después de él dejó a uno de su linaje, lo más loco
del pueblo, falto de inteligencia, Roboam, que apartó de su cordura al
pueblo.
24 Y Jeroboam,
hijo de Nabat, fue el que hizo pecar a Israel, y señaló a Efraím el camino
del pecado. Desde entonces se multiplicaron sus pecados tanto que expulsaron
al pueblo de su tierra.
25 Toda clase de
maldades frecuentaron, hasta que vino sobre ellos el castigo.
1 Después surgió
el profeta Elías como fuego, su palabra abrasaba como antorcha.
2 El atrajo sobre
ellos el hambre, y con su celo los diezmó.
3 Por la palabra
del Señor cerró los cielos, e hizo también caer fuego tres veces.
4 ¡Qué glorioso
fuiste, Elías, en tus portentos! ¿quién puede jactarse de ser igual que tú?
5 Tú que
despertaste a un cadáver de la muerte y del seol, por la palabra del
Altísimo;
6 que hiciste
caer a reyes en la ruina, y a hombres insignes fuera de su lecho;
7 oíste en el
Sinaí la reprensión, y en el Horeb los decretos de castigo;
8 ungiste reyes
para tomar venganza, y profetas para ser tus sucesores;
9 en torbellino
de fuego fuiste arrebatado en carro de caballos ígneos;
10 fuiste
designado en los reproches futuros, para calmar la ira antes que estallara,
= para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, = y restablecer
las tribus de Jacob.
11 Felices
aquellos que te vieron y que se durmieron en el amor, que nosotros también
viviremos sin duda.
12 Cuando Elías
en el torbellino quedó envuelto, Eliseo se llenó de su espíritu. En sus días
no fue zarandeado por príncipe, y no pudo dominarle nadie.
13 Nada era
imposible para él, hasta en el sueño de la muerte profetizó su cuerpo.
14 Durante su
vida hizo prodigios, y después de su muerte fueron admirables sus obras.
15 Con todo esto,
el pueblo no se arrepintió, ni de sus pecados se apartaron, hasta que fueron
deportados de la tierra y esparcidos por el mundo entero.
16 Sólo quedó un
pueblo reducido, con un príncipe de la casa de David. Algunos de ellos
hicieron lo agradable a Dios, pero otros multiplicaron los pecados.
17 Fortificó
Ezequías su ciudad y metió el agua dentro de ella; con el hierro horadó la
roca y construyó cisternas para el agua.
18 En sus días,
subió Senaquerib, que envió por delante a Rabsaqués; éste partió, levantó
contra Sión la mano, y se engrió en su altanería.
19 Temblaron
entonces corazones y manos, y sufrieron dolores cual mujeres en parto.
20 Invocaron al
Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él. Y el Santo, desde el
cielo, les escuchó al instante, y los rescató por mano de Isaías.
21 Hirió el real
de los asirios, y su Angel los exterminó.
22 Porque hizo
Ezequías lo que agrada al Señor, y se mantuvo firme en los caminos de David
su padre, como le ordenó el profeta Isaías, el grande y digno de fe en sus
visiones.
23 En sus días el
sol retrocedió, y él prolongó la vida del rey.
24 Con el poder
del espíritu vio el fin de los tiempos, y consoló a los afligidos de Sión.
25 Hasta la
eternidad reveló el porvenir y las cosas ocultas antes que sucedieran.
1 La memoria de
Josías es mixtura de incienso preparado por arte de perfumista. En toda boca
es dulce como miel, como música en medio de un banquete.
2 El llevó a buen
fin la conversión del pueblo, y extirpó la abominación de la iniquidad.
3 Enderezó su
corazón hacia el Señor, en los días de los impíos reafirmó la piedad.
4 Fuera de David,
Ezequías y Josías, todos abundaron en sus culpas. Porque abandonaron la ley
del Altísimo, los reyes de Judá fueron abandonados.
5 Pues entregaron
a otros su cuerno, y su gloria a una nación extraña.
6 Prendieron
fuego a la elegida ciudad del santuario, dejaron desiertas sus calles,
7 según la
palabra de Jeremías, a quien habían maltratado, a él, consagrado profeta
desde el vientre de su madre, = para extirpar =, destruir = y perder = y
también = para construir y plantar =.
8 Ezequiel tuvo
la visión de la gloria que Dios le manifestó en el carro de Querubines,
9 porque se
acordó de los enemigos en la tempestad, y favoreció a los que seguían el
camino derecho.
10 Cuanto a los
doce profetas, que sus huesos reflorezcan en su tumba. Porque ellos
consolaron a Jacob, y lo rescataron por la fidelidad y la esperanza.
11 ¿Cómo
celebraremos a Zorobabel? ¡Fue él como sello en la mano derecha,
12 así como Josué
hijo de Josedec! Ellos en sus días construyeron la Casa y levantaron el
Templo consagrado al Señor, destinado a una gloria eterna.
13 También de
Nehemías es grande la memoria, él, que nos levantó las murallas en ruinas,
puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras moradas.
14 Nadie fue
creado en la tierra igual a Henoc, pues él fue arrebatado de la tierra.
15 Ni como José
nació hombre alguno, el guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; sus huesos
fueron visitados.
16 Sem y Set
fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de toda criatura viviente
está Adán.
1 Simón, hijo de
Onías, fue el sumo sacerdote que en su vida reparó la Casa, y en sus días
fortificó el santuario.
2 El echó los
cimientos de la altura doble, del alto contrafuerte de la cerca del Templo.
3 En sus días fue
excavado el depósito de agua, un estanque como el mar de ancho.
4 El cuidó de su
pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra el asedio.
5 ¡Que glorioso
era, rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del velo!
6 Como el lucero
del alba en medio de las nubes, como la luna llena,
7 como el sol que
brilla sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes
de gloria,
8 como flor del
rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como brote del Líbano
en verano,
9 como fuego e
incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de
piedras preciosas,
10 como olivo
floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes.
11 Cuando se
ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos, al subir al
santo altar, llenaba de gloria el recinto del santuario.
12 Y cuando
recibía las porciones de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al
hogar del altar, y en torno a él la corona de sus hermanos, como brotes de
cedros en el Líbano; le rodeaban como tallos de palmera
13 todos los
hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, en
presencia de toda la asamblea de Israel.
14 Y cuando
cumplía el ministerio de los altares ordenando la ofrenda del Altísimo
Todopoderoso,
15 alargaba su
mano a la copa, hacía la libación del jugo de racimo, y lo derramaba al pie
del altar, como calmante aroma al Altísimo Rey universal.
16 Entonces
prorrumpían en gritos los hijos de Aarón, tocaban con sus trompetas de metal
batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo.
17 Todo el pueblo
entonces de repente, en masa, caía rostro en tierra, para adorar a su Señor,
al Todopoderoso, Dios Altísimo.
18 Y los
salmistas también le alababan con sus voces, el son vibrante formaba una
dulce melodía.
19 Y suplicaba el
pueblo al Señor Altísimo, orando ante el Misericordioso, hasta que terminaba
la ceremonia del Señor y concluía su liturgia.
20 Entonces
bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel,
para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de
pronunciar su nombre.
21 Y por segunda
vez todos se postraban para recibir la bendición del Altísimo.
22 Y ahora
bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas,
el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su
misericordia.
23 Que nos dé
contento de corazón, y que haya paz en nuestros días en Israel por los
siglos de los siglos.
24 Que su
misericordia sea fiel con nosotros y en nuestros días nos rescate.
25 Hay dos
naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación:
26 los habitantes
de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquem.
27 Instrucción de
inteligencia y ciencia ha grabado en este libro Jesús, hijo de Sirá,
Eleazar, de Jerusalén, que vertió de su corazón sabiduría a raudales.
28 Feliz quien
repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio.
29 Y si lo
practica, para todo será fuerte, porque la huella que sigue es la luz del
Señor.
1 Quiero darte
gracias, Señor, Rey, y alabarte, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy
gracias.
2 Pues protector
y auxilio has sido para mí, y has rescatado mi cuerpo de la perdición, del
lazo de la lengua insidiosa, de los labios que urden mentira; frente a mis
adversarios has sido auxilio y me has rescatado,
3 según la
abundancia de tu misericordia y la gloria de tu nombre, de las dentelladas
de los dispuestos a devorarme, de la mano de los que buscan mi alma, de las
muchas tribulaciones que he sufrido,
4 del ahogo del
fuego que me envolvía, de entre el fuego que yo no había encendido,
5 de la hondura
de las entrañas del seol, de la lengua impura, de la palabra mentirosa,
6 - calumnia de
lengua injusta ante el rey. Cerca de la muerte estaba mi alma, mi vida
estaba junto al seol, abajo.
7 Por todas
partes me asediaban y no había quien auxiliara, volví los ojos a un apoyo
humano y no había ninguno.
8 Entonces me
acordé de tu misericordia, Señor, y de tu actuación desde la eternidad, que
tú levantas a los que en ti esperan, y los salvas de la mano de enemigos.
9 Y elevé de la
tierra mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte.
10 Clamé al
Señor, padre de mi Señor: «No me abandones en días de tribulación, en la
hora de los orgullosos, cuando no hay socorro. Alabaré tu nombre sin cesar,
te cantaré en acción de gracias.»
11 Y mi oración
fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste del
momento malo.
12 Por eso te
daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.
13 Siendo joven
aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en
mi oración,
14 a la puerta
delante del templo la pedí, y hasta mi último día la andaré buscando.
15 En su flor,
como en racimo que madura, se recreó mi corazón. Mi pie avanzó en derechura,
desde mi juventud he seguido sus huellas.
16 Incliné un
poco mi oído y la recibí, y me encontré una gran enseñanza.
17 Gracias a ella
he hecho progesos, a quien me dio sabiduría daré gloria.
18 Pues decidí
ponerla en práctica, tuve celo por el bien y no quedaré confundido.
19 Mi alma ha
luchado por ella, a la práctica de la ley he estado atento, he tendido mis
manos a la altura y he llorado mi ignorancia de ella.
20 Hacia ella
endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón
desde el principio, por eso no quedaré abandonado.
21 Mis entrañas
se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición.
22 Me dio el
Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré.
23 Acercaos a mí,
ignorantes, instalaos en la casa de instrucción.
24 ¿Por qué
habéis de decir que estáis privados de ella, cuando vuestras almas tienen
tanta sed?
25 He abierto mi
boca y he hablado: Adquiridla sin dinero;
26 someted al
yugo vuestro cuello, que vuestra alma reciba la instrucción: está ahí a
vuestro alcance.
27 Ved con
vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado
para mí.
28 Participad de
la instrucción con una gran suma de dinero, que mucho oro adquiriréis con
ella.
29 Que vuestra
alma se recree en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su
alabanza.
30 Ejecutad
vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra
recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.