"ECLESIÁSTICO"

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Eclesiástico 31

1 El insomnio por la riqueza consume las carnes, las preocupaciones que trae ahuyentan el sueño.

2 Las preocupaciones del día impiden dormir, la enfermedad grave quita el sueño.

3 Se afana el rico por juntar riquezas, y cuando descansa, se hastía de sus placeres.

4 Se afana el pobre por falta de sustento, y cuando descansa, se acaba en la indigencia.

5 El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.

6 Muchos se arruinaron por causa del oro, su perdición la tenían delante.

7 Es leño de tropiezo para los que le ofrecen sacrificios, y todo insensato queda preso en él.

8 Feliz el rico que fue hallado intachable, que tras el oro no se fue.

9 ¿Quién es, y le felicitaremos?, pues obró maravillas en su pueblo.

10 ¿Quién sufrió esta prueba y fue hallado perfecto? será para él motivo de gloria. ¿Quién pudo prevaricar y no prevaricó, hacer mal y no lo hizo?

11 Sus bienes se consolidarán, y la asamblea hablará de sus bondades.

12 ¿En mesa suntuosa te has sentado?, no abras hacia ella tus fauces, no digas: «¡Qué de cosas hay aquí!»

13 Recuerda que es cosa mala tener un ojo ávido, ¿qué ha sido creado peor que el ojo? por eso, por cualquier cosa llora.

14 Donde mire tu huésped no extiendas tú la mano, y no te eches sobre el plato al tiempo que él.

15 Juzga al prójimo como a ti mismo, y en todo asunto actúa con reflexión.

16 Come como hombre bien educado lo que tienes delante, no te muestres glotón, para no hacerte odioso.

17 Termina el primero por educación, no seas insaciable, y no tendrás tropiezo.

18 Si en medio de muchos te has sentado a la mesa, no alargues tu mano antes que ellos.

19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado!, y luego en el lecho no resuella.

20 A vientre moderado, sueño saludable, se levanta temprano y es dueño de sí. Insomnio, vómitos y cólicos le esperan al hombre insaciable.

21 Si te viste obligado a comer demasiado, levántate, vomítalo lejos, y quedarás tranquilo.

22 Oyeme, hijo, y no me desprecies, al fin comprenderás mis palabras. En todo lo que hagas sé moderado, y no te vendrá enfermedad alguna.

23 Al espléndido en las comidas le bendicen los labios, el testimonio de su munificencia es firme.

24 Al mezquino en la comida le murmura la ciudad, el testimonio de su mezquindad es minucioso.

25 Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino.

26 El horno prueba el temple del acero, así el vino a los corazones en disputa de orgullosos.

27 Como la vida es el vino para el hombre, si lo bebes con medida. ¿Qué es la vida a quien le falta el vino, que ha sido creado para contento de los hombres?

28 Regocijo del corazón y contento del alma es el vino bebido a tiempo y con medida.

29 Amargura del alma, el vino bebido con exceso por provocación o desafío.

30 La embriaguez acrecienta el furor del insensato hasta su caída, disminuye la fuerza y provoca las heridas.

31 En banquete no reproches a tu prójimo, no le desprecies cuando está contento, palabra injuriosa no le digas ni le molestes reclamándole dinero.

Eclesiástico 32

1 ¿Te han nombrado presidente? No te engrías, sé entre los demás como uno de ellos; atiéndeles, y después te sientas.

2 Cuando hayas cumplido todo tu menester, tomo asiento, para que con ellos te alegres, y por tu acierto recibas la corona.

3 Habla, anciano, que te está bien, pero con discreción y sin estorbar la música.

4 Durante la audición, no derrames locuacidad, no te hagas el sabio a destiempo.

5 Sello de carbunclo en alhaja de oro, así es un concierto musical de un banquete.

6 Sello de esmeralda en montura de oro, así es una melodía entre vino delicioso.

7 Habla, joven, si te es necesario, dos veces a lo sumo, si se te pregunta.

8 Resume tu discurso, di mucho en poco, sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.

9 Entre grandes no te iguales a ellos, si otro habla, no te excedas en hablar.

10 Al trueno se adelanta el relámpago, así al modesto le antecede la gracia.

11 Llegada la hora levántate, no te rezagues, ve corriendo a casa, no te hagas el remolón.

12 Allí, diviértete y haz lo que te plazca, mas no peques con palabras insolentes.

13 Y por todo esto bendice a tu Hacedor, que te colma de sus bienes.

14 El que teme al Señor acepta la instrucción, los que madrugan encuentran su favor.

15 El que busca la ley se llena de ella, al hipócrita le sirve de tropiezo.

16 Los que temen al Señor son justificados, hacen brillar sus buenas acciones como luz.

17 El pecador rehúye la reprensión, según su voluntad encuentra excusa.

18 El varón de consejo no descuida la reflexión, el extraño y el orgulloso no se encogen de miedo.

19 Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones.

20 Por caminos escabrosos no vayas, y no tropezarás en piedras.

21 No te confies en camino inexplorado,

22 y de tus hijos guárdate.

23 En todos tus actos vela sobre ti, que esto es también guardar los mandamientos.

24 El que tiene confianza en la ley atiende a los mandamientos, y el que pone su confianza en el Señor no sufre daño.

Eclesiástico 33

1 Al que teme al Señor ningún mal le sucede, aunque sufra una prueba, se verá librado.

2 El varón sabio no aborrece la ley, mas el que finge observarla es como nave en borrasca.

3 El hombre inteligente pone su confianza en la ley, la ley es para él digna de fe como un oráculo.

4 Prepara tu discurso, y serás así escuchado, concentra tu saber y responde.

5 Rueda de carro son las entrañas del necio, como eje que da vueltas, su razonamiento.

6 Caballo de remonta, así el amigo burlón, bajo todo el que lo monta relincha.

7 ¿Por qué un día es superior a otro, si toda la luz de cada día del año viene del sol?

8 En la mente del Señor fueron diferenciados, él hizo distintas estaciones y fiestas.

9 A unos los ensalzó y santificó, a otros los hizo días ordinarios.

10 Así todos los hombres vienen del suelo, de la tierra fue creado Adán.

11 Con su gran sabiduría los diferenció el Señor, e hizo distintos sus caminos.

12 A unos los bendijo y ensalzó, los santificó y los puso junto a sí; a otros los maldijo y humilló y los derribó de su puesto.

13 Como la arcilla del alfarero está en su mano, - y todos sus caminos en su voluntad -, así los hombres en la mano de su Hacedor, que a cada uno da según su juicio.

14 Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida. Así frente al piadoso, el pecador.

15 Fíjate, pues, en todas las obras del Altísimo, dos a dos, una frente a otra.

16 También yo, el último, me he desvelado, como quien racima tras de los viñadores.

17 Por la bendición del Señor me he adelantado, y como viñador he llenado el lagar.

18 Mirad que no para mí solo me he afanado, sino para todos los que buscan la instrucción.

19 Escuchadme, grandes del pueblo, jefes de la asamblea, prestad oído.

20 A hijo y mujer, a hermano y amigo no des poder sobre ti en vida tuya. No des a otros tus riquezas, no sea que, arrepentido, tengas que suplicar por ellas.

21 Mientras vivas y haya aliento en ti, no te enajenes a ti mismo a nadie.

22 Pues es mejor que tus hijos te pidan, que no que tengas que mirar a los manos de tus hijos.

23 En todas tus obras muéstrate con dominio, no pongas mancha en tu gloria.

24 Cuando se acaben los días de tu vida, a la hora de la muerte, reparte tu herencia.

25 Al asno, forraje, palo y carga, al criado, pan, instrucción y trabajo.

26 Haz trabajar al siervo, y encontrarás descanso, deja libres sus manos, y buscará la libertad.

27 Yugo y riendas doblegan la cerviz, al mal criado torturas e inquisiciones.

28 Mándale trabajar para que no esté ocioso, que mucho mal enseñó la ociosidad.

29 Ponle trabajo como le corresponde, si no obedece, carga sus pies de grillos.

30 Pero no te sobrepases con nadie, no hagas nada sin equidad.

31 Si tienes un criado, sea como tú, porque con sangre lo adquiriste.

32 Si tienes un criado, trátale como hermano, porque has menester de él como de ti mismo.

33 Si le maltratas, y levantándose, se escapa, ¿por qué camino irás a buscarle?

Eclesiástico 34

1 Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos.

2 Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños.

3 Espejo y sueño son casas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro.

4 De los impuros, ¿qué pureza puede resultar? de la mentira, ¿qué verdad puede salir?

5 Adivinaciones, augurios y sueños cosas vanas son, como fantasías de corazón de mujer en parto.

6 A menos que te sean enviadas por el Altísimo en visita, no abras tu corazón a estas cosas.

7 Que a muchos extraviaron los sueños, y cayeron los que en ellos esperaban.

8 Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección.

9 Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia.

10 Quien no ha pasado pruebas poco sabe, quien ha corrido mundo posee gran destreza.

11 Muchas cosas he visto en el curso de mis viajes, más vasta que mis palabras es mi inteligencia.

12 Bien de veces he estado en peligro de muerte, y me salvé gracias a todo esto.

13 El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está puesta en aquel que los salva.

14 Quien teme al Señor de nada tiene miedo, y no se intimida, porque él es su esperanza.

15 Feliz el alma del que teme al Señor: ¿en quién se sostiene? ¿cuál es su apoyo?

16 Los ojos del Señor sobre quienes le aman, poderosa protección, probado apoyo, abrigo contra el viento abrasador, abrigo contra el ardor del mediodía, guardia contra tropiezos, auxilio contra caídas,

17 que levanta el alma, alumbra los ojos, da salud, vida y bendición.

18 Sacrificar cosa injusta es hacer ofrenda rechazada, no logran complacencia los presentes de los sin ley.

19 No se complace el Altísimo en ofrendas de impíos, ni por el cúmulo de víctimas perdona los pecados.

20 Inmola a un hijo a los ojos de su padre quien ofrece víctima a costa de los bienes de los humildes.

21 Pan de indigentes es la vida de los pobres, quien se lo quita es un hombre sanguinario.

22 Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero.

23 Uno edifica, el otro destruye, ¿qué ganan con ello más que fatigas?

24 Uno bendice, el otro maldice, ¿a quién de los dos escuchará el amo?

25 Quien se purifica del contacto de un muerto y le vuelve a tocar, ¿qué ha ganado con su baño de purificación?

26 Así el hombre que ayuna por sus pecados y que vuelve otra vez a hacer lo mismo; su oración, ¿quién la escuchará? ¿de qué le ha servido el humillarse?

Eclesiástico 35

1 Observar la ley es hacer muchas ofrendas, atender a los mandamientos es hacer sacrificios de comunión.

2 Devolver favor es hacer oblación de flor de harina, hacer limosna es ofrecer sacrificios de alabanza.

3 Apartarse del mal es complacer al Señor, sacrificio de expiación apartarse de la injusticia.

4 No te presentes ante el Señor con las manos vacías, pues todo esto es lo que prescribe el mandamiento.

5 La ofrenda del justo unge el altar, su buen olor sube ante el Altísimo.

6 El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidará.

7 Con ojo generoso glorifica al Señor, y no escatimes las primicias de tus manos.

8 En todos tus dones pon tu rostro alegre, con contento consagra los diezmos.

9 Da al Altísimo como él te ha dado a ti, con ojo generoso, con arreglo a tus medios.

10 Porque el Señor sabe pagar, y te devolverá siete veces más.

11 No trates de corromperle con presentes, porque no los acepta, no te apoyes en sacrificio injusto.

12 Porque el Señor es juez, y no cuenta para él la gloria de nadie.

13 No hace acepción de personas contra el pobre, y la plegaria del agraviado escucha.

14 No desdeña la súplica del huérfano, ni a la viuda, cuando derrama su lamento.

15 Las lágrimas de la viuda, ¿no bajan por su mejilla, y su clamor contra el que las provocó?

16 Quien sirve de buena gana, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes.

17 La oración del humilde las nubes atraviesa, hasta que no llega a su término no se consuela él.

18 Y no desiste hasta que vuelve los ojos el Altísimo, hace justicia a los justos y ejecuta el juicio.

19 Y el Señor no se tardará, ni tendrá con éstos más paciencia,

20 hasta no haber machacado los lomos de los sin entrañas, y haber tomado venganza de las naciones,

21 haber extirpado el tropel de los soberbios, y quebrado el cetro de los injustos,

22 hasta no haber pagado a cada cual según sus actos, las obras de los hombres según sus intenciones,

23 haber hecho justicia a su pueblo, y haberles dado contento con su misericordia.

24 Grata es la misericordia en tiempo de tribulación, como nubes de lluvia en tiempo de sequía.

Eclesiástico 36

1 Ten piedad de nosotros, Dios, dueño de todas las cosas, mira y siembra tu temor sobre todas las naciones.

2 Alza tu mano contra las naciones extranjeras, para que reconozcan tu señorío.

3 Como ante ellas te has mostrado santo con nosotros, así ante nosotros muéstrate grande con ellas.

4 Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor.

5 Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho.

6 Despierta tu furor y derrama tu ira, extermina al adversario, aniquila al enemigo.

7 Acelera la hora, recuerda el juramento, y que se publiquen tus grandezas.

8 Que el fuego de la ira devore al que se escape, y los que hacen daño a tu pueblo hallen la perdición.

9 Aplasta la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: «Nadie más que nosotros.»

10 Congrega todas las tribus de Jacob, dales su heredad como al principio.

11 Ten piedad, Señor, del pueblo llamado con tu nombre, de Israel, a quien igualaste con el primogénito.

12 Ten compasión de tu santa ciudad, de Jerusalén, lugar de tu reposo.

13 Llena a Sión de tu alabanza, y de tu gloria tu santuario.

14 Da testimonio a tus primeras criaturas, mantén las profecías dichas en tu nombre.

15 Da su recompensa a los que te aguardan, y que tus profetas queden acreditados.

16 Escucha, Señor, la súplica de tus siervos, según la bendición de Aarón sobre tu pueblo.

17 Y todos los de la tierra reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.

18 Todo alimento traga el vientre, pero unos alimentos son mejores que otros.

19 El paladar distingue por el gusto la carne de caza, así el corazón inteligente las palabras mentirosas.

20 El corazón perverso da tristeza, pero el hombre de experiencia le da su merecido.

21 A cualquier marido acepta la mujer, pero unas hijas son mejores que otras.

22 La belleza de la mujer recrea la mirada, y el hombre la desea más que ninguna cosa.

23 Si en su lengua hay ternura y mansedumbre, su marido ya no es como los demás hombres.

24 El que adquiere una mujer, adquiere el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y columna de apoyo.

25 Donde no hay valla, la propiedad es saqueada, donde no hay mujer, gime un hombre a la deriva.

26 ¿Quién se fiará del ladrón ágil que salta de ciudad en ciudad?

27 Así tampoco del hombre que no tiene nido y que se alberga donde la noche le sorprende.

Eclesiástico 37

1 Todo amigo dice: «También yo soy tu amigo», pero hay amigo que lo es sólo de nombre.

2 ¿No es para uno una mortal tristeza un compañero o amigo trocado en enemigo?

3 ¡Oh intención perversa! ¿de dónde saliste para cubrir la tierra de engaño?

4 El compañero disfruta en el contento del amigo, pero al tiempo de tribulación se volverá contra él.

5 El compañero compadece al amigo por interés, y cuando llega el combate embraza el escudo.

6 No te olvides de tu amigo en tu alma, ni pierdas su recuerdo cuando seas rico.

7 Todo consejero da consejos, pero hay quien aconseja en su interés.

8 Del consejero guarda tu alma, conoce primero qué necesita - porque en su propio interés dará consejo -, no sea que eche sobre ti la suerte,

9 y te diga: «Bueno es tu camino», quedándose enfrente para ver qué te sucede.

10 No te aconsejes del que te mira con desprecio, y de los que te envidian oculta tu consejo;

11 ni te aconsejes con mujer sobre su rival, con cobarde acerca la guerra, con negociante respecto del comercio, con comprador sobre la venta, con envidioso sobre la gratitud, con despiadado sobre la generosidad, con perezoso sobre cualquier trabajo, con temporero sobre el término de una obra, con siervo ocioso sobre un trabajo grande: no cuentes con éstos para ningún consejo.

12 Sino recurre siempre a un hombre piadoso, de quien sabes bien que guarda los mandamientos, cuya alma es según tu alma, y que, si caes, sufrirá contigo.

13 Y mantén firme el consejo de tu corazón, que nadie es para ti más fiel que él.

14 Pues el alma del hombre puede a veces advertir más que siete vigías sentados en lo alto para vigilar.

15 Y por encima de todo esto suplica al Altísimo, para que enderece tu camino en la verdad.

16 Principio de toda obra es la palabra, y antes de toda acción está el consejo.

17 Raíz de los pensamientos es el corazón, de él salen cuatro ramas:

18 bien y mal, vida y muerte, mas la que siempre los domina es la lengua.

19 Hay hombre diestro que adoctrina a muchos, y para sí mismo es un inútil.

20 Hay quien se hace el sabio en palabras y es aborrecido, y que acabará sin tener qué comer.

21 Pues no se le dio la gracia que viene del Señor, porque estaba vacío de toda sabiduría.

22 Hay quien para sí mismo es sabio, y los frutos de su inteligencia son, según él, dignos de fe.

23 El varón sabio enseña a su pueblo, y los frutos de su inteligencia son dignos de fe.

24 El varón sabio es colmado de bendiciones, y le llaman feliz todos los que le ven.

25 La vida del hombre tiene días contados, mas los días de Israel no tienen número.

26 El sabio en su pueblo se gana la confianza, y su nombre vivirá por los siglos.

27 Hijo, en tu vida prueba tu alma, ve lo que es malo para ella y no se los des.

28 Pues no a todos les conviene todo, y no a todo el mundo le gusta lo mismo.

29 No seas insaciable de todo placer, y no te abalances sobre la comida,

30 porque en el exceso de alimento hay enfermedad, y la intemperancia acaba en cólicos.

31 Por intemperancia han muerto muchos, pero el que se vigila prolongará su vida.

Eclesiástico 38

1 Da al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor.

2 Pues del Altísimo viene la curación, como una dádiva que del rey se recibe.

3 La ciencia del médico realza su cabeza, y ante los grandes es admirado.

4 El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña.

5 ¿No fue el agua endulzada con un leño para que se conociera su virtud?

6 El mismo dio a los hombres la ciencia para que se gloriaran en sus maravillas.

7 Con ellas cura él y quita el sufrimiento, con ellas el farmacéutico hace mixturas.

8 Así nunca se acaban sus obras, y de él viene la paz sobre la haz de la tierra.

9 Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará.

10 Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón.

11 Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz pingües ofrendas según tus medios.

12 Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, pues de él has menester.

13 Hay momentos en que en su mano está la solución,

14 pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida.

15 El que peca delante de su Hacedor ¡caiga en manos del médico!

16 Hijo, por un muerto lágrimas derrama, como quien sufre cruelmente, entona la lamentación; según el ceremonial entierra su cadáver y no seas negligente con su sepultura.

17 Llora amargamente, date fuertes golpes de pecho, haz el duelo según su dignidad, un día o dos, para evitar murmullos; después, consuélate de la tristeza.

18 Porque de la tristeza sale la muerte, la tristeza del corazón enerva las fuerzas.

19 En la adversidad permanece también la tristeza, una vida de miseria va contra el corazón.

20 No des tu corazón a la tristeza, evítala acordándote del fin.

21 No lo olvides: no hay retorno, a él no le aprovechará, y te harás daño a ti mismo.

22 «Recuerda mi sentencia, que será también la tuya: a mí ayer, a ti te toca hoy.»

23 Cuando un muerto reposa, deja en paz su memoria, consuélate de él, porque su espíritu ha partido.

24 La sabiduría del escriba se adquiere en los ratos de sosiego, el que se libera de negocios se hará sabio.

25 ¿Cómo va a hacerse sabio el que empuña el arado, y se gloría de tener por lanza el aguijón, el que conduce bueyes, los arrea en sus trabajos y no sabe hablar más que de novillos?

26 Aplica su corazón a abrir surcos, y sus vigilias a cebar terneras.

27 De igual modo todo obrero o artesano, que trabaja día y noche; los que graban las efigies de los sellos, y su afán se centra en variar los detalles; ponen todo su corazón en igualar el modelo y gastan sus vigilias en rematar la obra.

28 También el herrero sentado junto al yunque, atento a los trabajos del hierro; el vaho del fuego sus carnes derrite, en el calor de la fragua se debate, el ruido del martillo le ensordece, y en el modelo del objeto tiene fijos sus ojos; pone su corazón en concluir sus obras, y sus vigilias en adornarlas al detalle.

29 De igual modo el alfarero sentado a su tarea y dando a la rueda con sus pies, preocupado sin cesar por su trabajo, toda su actividad concentrada en el número;

30 con su brazo moldea la arcilla, con sus pies vence su resistencia; pone su corazón en acabar el barnizado, y gasta sus vigilias en limpiar el horno.

31 Todos éstos ponen su confianza en sus manos, y cada uno se muestra sabio en su tarea.

32 Sin ellos no se construiría ciudad alguna, ni se podría habitar ni circular por ella.

33 Mas para el consejo del pueblo no se les busca, ni se les distingue en la asamblea. No se sientan en sitial de juez, ni meditan en la alianza del juicio.

34 No demuestran instrucción ni juicio, ni se les encuentra entre los que dicen máximas. Pero aseguran la creación eterna, el objeto de su oración son los trabajos de su oficio.

Eclesiástico 39

1 No así el que aplica su alma a meditar la ley del Altísimo. La sabiduría de todos los antiguos rebusca, a los profecías consagra sus ocios,

2 conserva los relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra,

3 busca los secretos de los proverbios y en los enigmas de las parábolas insiste.

4 En medio de los grandes ejerce su servicio, ante los jefes aparece; viaja por tierras extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres.

5 Aplica su corazón a ir bien de mañana donde el Señor su Hacedor; suplica ante el Altísimo, abre su boca en oración y por sus pecados suplica.

6 Si el gran Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. El mismo derramará como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al Señor.

7 Enderezará su consejo y su ciencia. y en sus misterios ocultos hará meditación.

8 Mostrará la instrucción recibida, y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.

9 Muchos elogiarán su inteligencia, jamás será olvidada. No desaparecerá su recuerdo, su nombre vivirá de generación en generación.

10 Su sabiduría comentarán las naciones, su elogio, lo publicará la asamblea.

11 Mientras viva, su nombre dejará atrás a mil, y cuando descanse, él le bastará.

12 Aún voy a hablar después de meditar, que estoy colmado como la luna llena.

13 Escuchadme, hijos piadosos, y creced como rosa que brota junto a corrientes de agua.

14 Como incienso derramad buen olor, abríos en flor como el lirio, exhalad perfume, cantad un cantar, bendecid al Señor por todas sus obras.

15 Engrandeced su nombre, dadle gracias por su alabanza, con los cantares de vuestros labios y con cítaras, decid así en acción de gracias:

16 ¡Qué hermosas son todas las obras del Señor! todas sus órdenes se ejecutan a su hora. No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, que todo se ha de buscar a su tiempo.

17 A su orden el agua se detiene en una masa, a la palabra de su boca se forman los depósitos de las aguas.

18 A una orden suya se hace todo lo que desea, y no hay quien pueda estorbar su salvación.

19 Las obras de toda carne están delante de él, y nada puede ocultarse a sus ojos.

20 Su mirada abarca de eternidad a eternidad, y nada hay admirable para él.

21 No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, pues todo ha sido creado con un fin.

22 Su bendición se ha desbordado como un río, como un diluvio ha inundado la tierra.

23 De igual modo las naciones recibirán en herencia su ira, como cuando él cambió las aguas en salinas.

24 Sus caminos rectos son para los santos, así como para los sin ley son piedras de tropiezo.

25 Los bienes están desde el principio creados para los buenos, así como los males para los pecadores.

26 De primera necesidad para la vida del hombre es el agua, el fuego, el hierro y la sal, la flor de harina de trigo, la leche y la miel, el jugo de uva, el aceite y el vestido.

27 Todo esto son bienes para los piadosos, mas para los pecadores se truecan en males.

28 Hay vientos creados para el castigo, en su furor ha endurecido él sus látigos; al tiempo de la consumación su fuerza expanden, y desahogan el furor del que los hizo.

29 Fuego y granizo, hambre y muerte, para el castigo ha sido creado todo esto.

30 Y dientes de fieras, escorpiones, víboras y espada vengadora para la perdición del impío.

31 Todos hallan contento en hacer su mandato, en la tierra están prontos para su menester, y llegada la ocasión no traspasarán su orden.

32 Por eso desde el principio me reafirmé, medité y he puesto por escrito:

33 «Las obras del Señor son todas buenas, a su tiempo provee él a toda necesidad.

34 No hay por qué decir: Esto es peor que aquello, porque todo a su tiempo es aprobado.

35 Y ahora con todo el corazón y la boca cantad himnos y bendecid el nombre del Señor.»

Eclesiástico 40

1 Grandes trabajos han sido creados para todo hombre, un yugo pesado hay sobre los hijos de Adán, desde el día que salieron del vientre de su madre, hasta el día del retorno a la madre de todo.

2 Sus reflexiones, el miedo de su corazón es la idea del futuro, el día de la muerte.

3 Desde el que está sentado en un trono glorioso, hasta el que en tierra y ceniza está humillado,

4 desde el que lleva púrpura y corona, hasta el que se cubre de tela grosera, sólo furor, envidia, turbación, inquietud, miedo a la muerte, resentimiento y discordia.

5 A la hora del descanso en la cama, el sueño de la noche altera el conocimiento.

6 Poco, casi nada, reposa, y ya en sueños, como en día de guardia, se ve turbado por las visiones de su corazón, como el que ha huído ante el combate.

7 A la hora de su turno se despierta, sorprendido de su vano temor.

8 Para toda carne, del hombre hasta la bestia, mas para los pecadores siete veces más:

9 Muerte, sangre, discordia, espada, adversidades, hambre, tribulación, azote.

10 Contra los sin ley fue creado todo esto, y por su culpa se produjo el diluvio.

11 Todo cuanto de tierra viene, a tierra vuelve, y cuanto de agua, en el mar desemboca.

12 Todo don e injusticia serán aventados, más la fidelidad subsistirá por siempre.

13 Las riquezas de los injustos se esfumarán como un torrente, como un gran trueno que en tormenta estalla.

14 Cuando él abre las manos, se contenta, así los transgresores desaparecerán por completo.

15 Los vástagos de los impíos no tienen muchas ramas, las raíces impuras sólo hallan piedra áspera.

16 Caña que brota en toda agua o borde de río será arrancada antes que toda hierba.

17 La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre.

18 La vida del que se basta a sí mismo y del obrero es dulce, pero más que ambos el que encuentra un tesoro.

19 Los hijos y la fundación de una ciudad perpetúan el nombre, pero más que ambas cosas es estimada la mujer intachable.

20 El vino y la música ponen contento el corazón, pero más que ambas cosas el amor a la sabiduría.

21 La flauta y el salterio hacen el canto suave, pero más que ambas cosas la lengua dulce.

22 Gracia y belleza el ojo anhela, pero más que ambas cosas el verdor del sembrado.

23 Amigo y compañero se encuentran a su hora, pero más que ambos la mujer con el marido.

24 Amigos y socorro para el tiempo de tribulación, pero más que ambos salva la limosna.

25 Oro y plata hacen el paso firme, pero más que ambos se estima el consejo.

26 La riqueza y la fuerza realzan el corazón, pero más que las dos, el temor del Señor. En el temor del Señor no existe mengua, con él no hay ya por qué buscar ayuda.

27 El temor del Señor como un paraíso de bendición, protege él más que toda gloria.

28 Hijo, no lleves una vida de mendicidad, que más vale morir que mendigar.

29 Hombre que mira a la mesa de otro no merece el nombre de vida su existencia. Con comida ajena mancha su boca, pero el hombre instruido y educado de ello se guardará.

30 En la boca del descarado la mendicidad resulta dulce, pero en su vientre es un fuego que abrasa.

Eclesiástico 41

1 ¡Oh muerte, qué amargo es tu recuerdo para el hombre que vive en paz entre sus bienes, para el varón desocupado a quien en todo le va bien, y todavía con fuerzas para servirse el alimento!

2 ¡Oh muerte, buena es tu sentencia para el hombre necesitado y carente de fuerzas, para el viejo acabado, ahíto de cuidados, que se rebela y ha perdido la paciencia!

3 No temas la sentencia de la muerte, recuerda tus comienzos y tu fin.

4 Esta sentencia viene del Señor sobre toda carne, ¿por qué desaprobar el agrado del Altísimo? Ya se viva diez, cien, mil años, no se reprocha en el seol la vida.

5 Hijos abominables son los hijos de los pecadores que viven en vecindad de impíos.

6 La herencia de los hijos de los pecadores va a la ruina, con su linaje se perpetúa el oprobio.

7 Al padre impío le reprochan sus hijos, porque por causa de él viven en oprobio.

8 ¡Ay de vosotros, impíos, que la ley del Altísimo habéis abandonado!

9 Si nacéis, para la maldición nacéis, si morís, la maldición heredáis.

10 Todo cuanto viene de tierra, a tierra volverá, así irán los impíos de la maldición a la ruina.

11 El duelo de los hombres se dirige a sus cuerpos, pero el nombre de los pecadores, que no es bueno, se borrará.

12 Preocúpate de tu nombre, que eso te queda, más que mil grandes tesoros de oro.

13 La vida buena tiene un límite de días, pero el buen nombre permanece para siempre.

14 Conservad la instrucción en paz, hijos. Sabiduría escondida y tesoro invisible, ¿qué provecho hay en ambos?

15 Más vale hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría.

16 Así pues, ruborizaos de lo que os voy a señalar, que no es bueno guardar toda vergüenza, ni todo es apreciato fielmente por todos.

17 Ante un padre y una madre avergonzaos de la fornicación, de la mentira, ante el jefe y el poderoso;

18 del extravío, ante juez y el magistrado, de la iniquidad, ante la asamblea y el pueblo;

19 de la injusticia, ante el compañero y el amigo, del robo, ante el lugar en que resides;

20 y ante la verdad de Dios y la alianza: de clavar los codos en los panes,

21 de despreciar la recepción y el don, de callarse ante los que saludan,

22 de mirar a mujer prostituta, de volver la cara a tu pariente,

23 de quitar la parte y el don de otro, de clavar los ojos en mujer casada,

24 de intimidades con la criada - ¡no te acerques a su lecho! -

25 de palabras injuriosas ante los amigos - después de dar no hagas reproches -

26 de repetir la palabra oída, de revelar las palabras secretas.

27 Serás entonces de verdad un hombre ruboroso, y ante todo el mundo hallarás gracia.

Eclesiástico 42

1 Pero de lo que sigue no te avergüences, y no peques por tener acepción de personas:

2 de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,

3 de contar con compañero de viaje, de dar la herencia a compañeros,

4 de la exactitud de balanzas y pesas, de obtener grandes y pequeñas ganancias,

5 de provecho en la venta a comerciantes, de la copiosa instrucción de los hijos, de ensangrentar las costillas de un mal siervo.

6 Con mujer mala es bueno usar el sello, y, donde hay muchas manos, echa la llave.

7 Lo que entregues, hazlo con cuenta y medida, el haber y el debe, sea todo por escrito.

8 No te avergüences de enseñar al tonto y al necio, y al viejo acabado juzgado como joven. Serás entonces de verdad educado, y estimado de todo viviente.

9 Una hija es para el padre un secreto desvelo, aleja el sueño la inquietud por ella. En su juventud, miedo a que se le pase la edad, si está casada, a que sea aborrecida.

10 Cuando virgen, no sea mancillada y en la casa paterna quede encinta. Cuando casada, a que sea infiel, cohabitando, a que sea estéril.

11 Sobre la hija desenvuelta refuerza la vigilancia, no sea que te haga la irrisión de tus enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y ante el vulgo espeso te avergüence.

12 De ningún hombre te quedes mirando la belleza, y entre mujeres no te sientes.

13 Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.

14 Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer cubre de vergüenza y oprobio.

15 Voy a evocar las obras del Señor, lo que tengo visto contaré. Por las palabras del Señor fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.

16 El sol mira a todo iluminándolo, de la gloria del Señor está llena su obra.

17 No son capaces los Santos del Señor de contar todas sus maravillas, que firmemente estableció el Señor omnipotente, para que en su gloria el universo subsistiera.

18 El sondea el abismo y el corazón humano, y sus secretos cálculos penetra. Pues el Altísimo todo saber conoce, y fija sus ojos en las señales de los tiempos.

19 Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas secretas.

20 No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.

21 Las grandezas de su sabiduría las puso en orden, porque él es antes de la eternidad y por la eternidad; nada le ha sido añadido ni quitado, y de ningún consejero necesita.

22 ¡Qué amables son todas sus obras!: como una centella hay que contemplarlas.

23 Todo esto vive y permanece eternamente, para cualquier menester todo obedece.

24 Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, y nada ha hecho deficiente.

25 Cada cosa afirma la excelencia de la otra, ¿quién se hartará de contemplar su gloria?

Eclesiástico 43

1 Orgullo de las alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria.

2 El sol apareciendo proclama a su salida: «¡Qué admirable la obra del Altísimo!»

3 En su mediodía reseca la tierra, ante su ardor, ¿quién puede resistir?

4 Se atiza el horno para obras de forja: tres veces más el sol que abrasa las montañas; vapores ardientes despide, ciega los ojos con el brillo de sus rayos.

5 Grande es el Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera.

6 También la luna: sale siempre a su hora, para marcar los tiempos, señal eterna.

7 De la luna procede la señal de las fiestas, astro que mengua, después del plenilunio.

8 Lleva el mes su nombre; crece ella maravillosamente cuando cambia, enseña del ejército celeste que brilla en el firmamento del cielo.

9 Hermosura del cielo es la gloria de las estrellas. orden radiante en las alturas del Señor.

10 Por las palabras del Señor están fijas según su orden. y no aflojan en su puesto de guardia.

11 Mira el arco iris y a su Hacedor bendice, ¡qué bonito en su esplendor!

12 Rodea el cielo con aureola de gloria, lo han tendido las manos del Altísimo.

13 Con su orden precipita la nieve, y fulmina los rayos según su decreto.

14 Por eso se abren sus cilleros, y vuelvan las nubes como pájaros.

15 Con su grandeza hace espesas las nubes, y se desmenuzan las piedras de granizo.

16 a su vista se conmueven los montes. A su voluntad sopla el viento del sur,

17 El bramido de su trueno insulta a la tierra, el huracán del norte y los ciclones.

18 Como pájaros que se posan esparce la nieve, que baja como langosta que salta al suelo. Admira el ojo la belleza de su blancura, y al verla caer se pasma el corazón.

19 El derrama también sobre la tierra la escarcha como sal, que al helarse se queda como pinchos de espinas.

20 El viento frío del norte sopla y se forma el hielo sobre el agua; sobre toda masa de agua se posa, y el agua se reviste como de coraza.

21 Devora los montes, quema el desierto, y consume como fuego el verdor.

22 Como remedio de todo llega presto la niebla, el rocío, después del viento ardiente, devuelve la alegría.

23 Según su designio domeña el abismo, y planta islas en él.

24 Los que surcan el mar hablan de sus peligros, y de lo que oyen nuestros oídos nos maravillamos.

25 Allí están las cosas raras y maravillosas, variedad de animales, especies de monstruos marinos.

26 Gracias a Dios tiene éxito su mensajero, y por su palabra todo está en su sitio.

27 Muchos más podríamos decir y nunca acabaríamos; broche de mis palabras: «El lo es todo.»

28 ¿Dónde hallar fuerza para glorificarle? ¡Que él es el Grande sobre todas sus obras!

29 Temible es el Señor, inmensamente grande, maravilloso su poderío.

30 Con vuestra alabanza ensalzad al Señor, cuanto podáis, que siempre estará más alto; y al ensalzarle redoblad vuestra fuerza, no os canséis, que nunca acabaréis.

31 ¿Quién le ha visto para que pueda describirle? ¿quién puede engrandecerle tal como es?

32 Mayores que éstas quedan ocultas muchas cosas, que bien poco de sus obras hemos visto.

33 Porque el Señor lo hizo todo, y dio a los piadosos la sabiduría.

Eclesiástico 44

1 Hagamos ya el elogio de los hombres ilustres, de nuestros padres según su sucesión.

2 Grandes glorias que creó el Señor, grandezas desde tiempos antiguos.

3 Hubo soberanos en sus reinos, hombres renombrados por su poderío, consejeros por su inteligencia, vaticinadores de oráculos en sus profecías,

4 guías del pueblo por sus consejos, por su inteligencia de la literatura popular, - sabias palabras había en su instrucción -

5 inventores de melodías musicales, compositores de escritos poéticos,

6 hombres ricos bien provistos de fuerza, viviendo en paz en sus moradas.

7 Todos estos fueron honrados en su generación, objeto de gloria fueron en sus días.

8 Hubo entre ellos quienes dejaron nombre, para que se hablara de ellos con elogio.

9 De otros no ha quedado recuerdo, desaparecieron como si no hubieran existido, pasaron cual si a ser no llegaran, así como sus hijos después de ellos.

10 Mas de otro modo estos hombres de bien, cuyas acciones justas no han quedado en olvido.

11 Con su linaje permanece una rica herencia, su posteridad.

12 En las alianzas se mantuvo su linaje, y sus hijos gracias a ellos.

13 Para siempre permanece su linaje, y su gloria no se borrará.

14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive por generaciones.

15 Su sabiduría comentarán los pueblos, su elogio lo publicará la asamblea.

16 Henoc agradó al Señor, y fue arrebatado, ejemplo de penitencia para las generaciones.

17 Perfectamente justo Noé fue hallado, en el tiempo de la ira se hizo reconciliación. Gracias a él tuvo un resto la tierra, cuando llegó el diluvio.

18 Alianzas eternas fueron con él pactadas, para que no fuera ya aniquilada por el diluvio toda carne.

19 Abraham, padre insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en gloria.

20 El guardó la ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su carne grabó la alianza, y en la prueba fue hallado fiel.

21 Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

22 A Isaac le aseguró lo mismo, en gracia a su padre Abraham.

23 La bendición de todos los hombres y la alianza las hizo reposar en la cabeza de Jacob. Le confirmó en sus bendiciones, y le otorgó su herencia. El dividió sus partes y las repartió entre las doce tribus.

Eclesiástico 45

1 Hizo salir de él un hombre de bien, que hallaba gracia a los ojos de todos, amado por Dios y por los hombres, Moisés, cuya memoria está envuelta en bendiciones.

2 Le hizo en gloria comparable a los santos, le engrandeció para temor de los enemigos.

3 Por su palabra puso fin a los prodigios, y le glorificó delante de los reyes; le dio para su pueblo mandamientos, y le mostró algo de su gloria.

4 En fidelidad y mansedumbre le santificó, le eligió entre toda carne.

5 Le hizo oír su voz, y le introdujo en la calígine; cara a cara le dio los mandamientos, la ley de vida y de saber, para enseñar a Jacob su alianza, y sus decretos a Israel.

6 Exaltó a Aarón, un santo semejante a éste, su hermano, de la tribu de Leví.

7 Le afirmó como alianza eterna, y le dio el sacerdocio del pueblo. Le hizo feliz con su espléndido ornamento, le ciño de gloriosa vestidura.

8 Le vistió de honor perfecto, y le confirmó con insignias de poder, calzones, túnica y efod.

9 Le puso alrededor granadas, y campanillas de oro, bien de ellas todo en torno, para que tintinearan al andar y resonaran bien por todo el Templo, como memorial para los hijos de su pueblo;

10 y vestimenta sacra, de oro y de jacinto y de púrpura, obra de bordador, y pectoral del juicio, el Urim y el Tummim, hilado de escarlata, obra de artista;

11 piedras preciosas, grabadas como sellos, en engaste de oro, obra de joyero, para memorial por la escritura grabada, según el número de las tribus de Israel;

12 corona de oro por encima de la tiara, inscripción del sello de consagración, prestigio de honor, obra magnífica, delicia de los ojos este adorno.

13 Galanuras no hubo tales antes de él, y jamás se las vistió extranjero, sino sólo sus hijos, sus vástagos por siempre.

14 Sus sacrificios se consumían totalmente dos veces al día sin interrupción.

15 Llenó Moisés sus manos, le ungió con óleo santo. Fue ello para él alianza eterna, y para su linaje cuanto dure el cielo, para presidir el culto, ejercer el sacerdocio y bendecir a su pueblo en nombre del Señor.

16 Le eligió entre todos los vivientes para presentar la ofrenda al Señor, el incienso y el aroma en memorial, y hacer expiación por el pueblo.

17 Le dio, por sus mandamientos, potestad sobre las prescripciones legales, para enseñar a Jacob sus dictámenes e ilustrar a Israel en su ley.

18 Se confabularon contra él extranjeros y en el desierto tuvieron celos de él, los hombres de Datán y de Abirón, la banda de Coré, llena de ira y de furor.

19 Lo vió el Señor y se irritó, y acabó con ellos en el ardor de su ira. Hizo prodigios contra ellos, devorándolos por el fuego de su llama.

20 Aumentó la gloria de Aarón y le dio una heredad, le otorgó las primicias, sobre todo el pan a saciedad.

21 Por eso comen ellos los sacrificios del Señor, que él le concedió a él y a su linaje.

22 Aunque en la tierra del pueblo no tiene heredad, ni hay en el pueblo parte para él: que «Yo soy tu parte y tu heredad».

23 Pinjás, hijo de Eleazar, tercero en gloria, porque fue celoso del temor del Señor, y se mantuvo firme en la revuelta del pueblo por la energía de su alma resuelta, y obtuvo así el perdón para Israel.

24 Por eso se hizo con él una alianza de paz, de presidir el santuario y a su pueblo, para que le tocara a él y a su linaje la dignidad del sumo sacerdocio por los siglos.

25 Hubo también alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá, herencia real de hijo a hijo sólo, mientras la herencia de Aarón pasa a todo su linaje.

26 Dé Dios sabiduría a vuestro corazón para juzgar a su pueblo con justicia, y que no se desvirtúen los valores de los padres, ni su gloria en sus generaciones.

Eclesiástico 46

1 Esforzado en la guerra fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés como profeta; él fue, de acuerdo con su nombre, grande para salvar a los elegidos del Señor, para tomar venganza de los enemigos que surgían e introducir a Israel en su heredad.

2 ¡Qué gloria ganó cuando alzaba la mano y blandía la espada contra las ciudades!

3 ¿Quién antes de él tan firme fue? ¡Que las batallas del Señor él las hacía!

4 ¿No se detuvo el sol ante su mano y un día llegó a ser como dos?

5 El invocó al Altísimo Soberano, cuando los enemigos por todas partes le estrechaban, y le atendió el Gran Señor lanzando piedras de granizo de terrible violencia.

6 Cayó de golpe sobre la nación hostil, y en la bajada aniquiló a los adversarios, para que conocieran las naciones la fuerza de sus armas, porque era frente al Señor la guerra de ellas.

7 Pues caminó en seguimiento del Todopoderoso, hizo el bien en los días de Moisés, él y también Caleb, hijo de Yefunné, resistiendo ante la asamblea, cerrando al pueblo el paso del pecado, reduciendo a silencio la murmuración de la maldad.

8 Y ellos dos solos se salvaron entre seiscientos mil hombres de a pie, para ser introducidos en la herencia, en la tierra que mana leche y miel.

9 Y el Señor dio a Caleb la fuerza que le duró hasta su vejez, le hizo subir a lo alto de la tierra, que como herencia conservó su linaje,

10 para que sepan todos los hijos de Israel que es bueno caminar en seguimiento del Señor.

11 También los jueces, cada cual según su nombre, ellos cuyo corazón no se prostituyó, y que del Señor no se apartaron: ¡sea su recuerdo lleno de bendición,

12 reflorezcan sus huesos en la tumba, y sus nombres se renueven en los hijos de estos hombres ilustres!

13 Amado fue de su Señor Samuel, profeta del Señor fundó la realeza, y ungió a los príncipes puestos sobre su pueblo.

14 Según la ley del Señor juzgó a la asamblea, y el Señor pueso sus ojos en Jacob.

15 Por su fidelidad se acreditó como profeta, por sus oráculos fue reconocido fiel vidente.

16 Invocó al Señor Todopoderoso cuando los enemigos por todas partes le estrechaban, ofreciendo un cordero lechal.

17 Y tronó el Señor desde los cielos, con gran ruido hizo resonar su voz;

18 aplastó a los jefes adversarios y a todos los príncipes de los filisteos.

19 Antes de la hora de su sueño eterno, dio testimonio ante el Señor y su ungido: «Bienes, ni siquiera sandalias, a nadie le he tomado», y nadie reclamó nada de él.

20 Y después de dormido todavía profetizó y anunció al rey su fin; del seno de la tierra alzó su voz en profecía para borrar la iniquidad del pueblo.

Eclesiástico 47

1 Después de él surgió Natán para profetizar en los días de David.

2 Como grasa puesta aparte en el sacrificio de comunión, así David de entre los hijos de Israel.

3 Con leones jugó cual con cabritos, con osos como con corderos.

4 ¿No mató de joven al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, blandiendo en la mano la piedra de la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat?

5 Pues invocó al Señor Altísimo, que a su diestra dio vigor, para aniquilar a un potente guerrero, y realzar el cuerno de su pueblo.

6 Por eso le dieron gloria por diez mil, y le alabaron con las bendiciones del Señor, ofreciéndole la diadema de gloria.

7 Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, para siempre quebrantó su cuerno.

8 En todas sus obras elevó acción de gracias al Santo Altísimo en oráculo de gloria. Con todo su corazón entonó himnos, mostrando su amor a su Hacedor.

9 Ante el altar instituyó salmistas y con sus voces dio dulzura a los cantos.

10 Dio a las fiestas esplendor, vistosidad acabada a las solemnidades, cuando ellos alaban el santo nombre del Señor, cuando resuena desde la aurora el santuario.

11 El Señor le perdonó sus pecados y exaltó su cuerno para siempre: le otorgó la alianza real, un trono de gloria en Israel.

12 Después de él surgió un hijo sabio, que gracias a él vivió en holgura.

13 Reinó Salomón en días de paz, Dios le concedió reposo por doquier, para que levantara una Casa a su nombre y preparara un santuario eterno.

14 ¡Qué sabio eras en tu juventud, lleno de inteligencia como un río!

15 Cubrió tu alma la tierra, la llenaste de proverbios enigmáticos.

16 Tu nombre llegó hasta las islas lejanas, y fuiste amado en medio de tu paz.

17 Por tus cantos, tus sentencias, tus proverbios y tus interpretaciones te admiraron los países.

18 En nombre del Señor Dios, el llamado Dios de Israel, amontonaste oro como estaño, como plomo multiplicaste plata.

19 Mas reclinaste tu costado en mujeres, y te dejaste dominar en tu cuerpo.

20 Pusiste así tacha a tu gloria, y profanaste tu linaje, acarreando la ira sobre tus hijos y llenándoles de aflicción por tu locura,

21 hasta quedar partida en dos la dinastía y surgir de Efraím un reino apóstata.

22 Pero el Señor no renuncia jamás a su misericordia, no deja que se pierdan sus palabras ni que se borre la descendencia de su elegido, el linaje de quien le amó no extirpa. Por eso dio a Jacob un resto, y un brote a David salido de él.

23 Descansó Salomón con sus padres, y después de él dejó a uno de su linaje, lo más loco del pueblo, falto de inteligencia, Roboam, que apartó de su cordura al pueblo.

24 Y Jeroboam, hijo de Nabat, fue el que hizo pecar a Israel, y señaló a Efraím el camino del pecado. Desde entonces se multiplicaron sus pecados tanto que expulsaron al pueblo de su tierra.

25 Toda clase de maldades frecuentaron, hasta que vino sobre ellos el castigo.

Eclesiástico 48

1 Después surgió el profeta Elías como fuego, su palabra abrasaba como antorcha.

2 El atrajo sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó.

3 Por la palabra del Señor cerró los cielos, e hizo también caer fuego tres veces.

4 ¡Qué glorioso fuiste, Elías, en tus portentos! ¿quién puede jactarse de ser igual que tú?

5 Tú que despertaste a un cadáver de la muerte y del seol, por la palabra del Altísimo;

6 que hiciste caer a reyes en la ruina, y a hombres insignes fuera de su lecho;

7 oíste en el Sinaí la reprensión, y en el Horeb los decretos de castigo;

8 ungiste reyes para tomar venganza, y profetas para ser tus sucesores;

9 en torbellino de fuego fuiste arrebatado en carro de caballos ígneos;

10 fuiste designado en los reproches futuros, para calmar la ira antes que estallara, = para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, = y restablecer las tribus de Jacob.

11 Felices aquellos que te vieron y que se durmieron en el amor, que nosotros también viviremos sin duda.

12 Cuando Elías en el torbellino quedó envuelto, Eliseo se llenó de su espíritu. En sus días no fue zarandeado por príncipe, y no pudo dominarle nadie.

13 Nada era imposible para él, hasta en el sueño de la muerte profetizó su cuerpo.

14 Durante su vida hizo prodigios, y después de su muerte fueron admirables sus obras.

15 Con todo esto, el pueblo no se arrepintió, ni de sus pecados se apartaron, hasta que fueron deportados de la tierra y esparcidos por el mundo entero.

16 Sólo quedó un pueblo reducido, con un príncipe de la casa de David. Algunos de ellos hicieron lo agradable a Dios, pero otros multiplicaron los pecados.

17 Fortificó Ezequías su ciudad y metió el agua dentro de ella; con el hierro horadó la roca y construyó cisternas para el agua.

18 En sus días, subió Senaquerib, que envió por delante a Rabsaqués; éste partió, levantó contra Sión la mano, y se engrió en su altanería.

19 Temblaron entonces corazones y manos, y sufrieron dolores cual mujeres en parto.

20 Invocaron al Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él. Y el Santo, desde el cielo, les escuchó al instante, y los rescató por mano de Isaías.

21 Hirió el real de los asirios, y su Angel los exterminó.

22 Porque hizo Ezequías lo que agrada al Señor, y se mantuvo firme en los caminos de David su padre, como le ordenó el profeta Isaías, el grande y digno de fe en sus visiones.

23 En sus días el sol retrocedió, y él prolongó la vida del rey.

24 Con el poder del espíritu vio el fin de los tiempos, y consoló a los afligidos de Sión.

25 Hasta la eternidad reveló el porvenir y las cosas ocultas antes que sucedieran.

Eclesiástico 49

1 La memoria de Josías es mixtura de incienso preparado por arte de perfumista. En toda boca es dulce como miel, como música en medio de un banquete.

2 El llevó a buen fin la conversión del pueblo, y extirpó la abominación de la iniquidad.

3 Enderezó su corazón hacia el Señor, en los días de los impíos reafirmó la piedad.

4 Fuera de David, Ezequías y Josías, todos abundaron en sus culpas. Porque abandonaron la ley del Altísimo, los reyes de Judá fueron abandonados.

5 Pues entregaron a otros su cuerno, y su gloria a una nación extraña.

6 Prendieron fuego a la elegida ciudad del santuario, dejaron desiertas sus calles,

7 según la palabra de Jeremías, a quien habían maltratado, a él, consagrado profeta desde el vientre de su madre, = para extirpar =, destruir = y perder = y también = para construir y plantar =.

8 Ezequiel tuvo la visión de la gloria que Dios le manifestó en el carro de Querubines,

9 porque se acordó de los enemigos en la tempestad, y favoreció a los que seguían el camino derecho.

10 Cuanto a los doce profetas, que sus huesos reflorezcan en su tumba. Porque ellos consolaron a Jacob, y lo rescataron por la fidelidad y la esperanza.

11 ¿Cómo celebraremos a Zorobabel? ¡Fue él como sello en la mano derecha,

12 así como Josué hijo de Josedec! Ellos en sus días construyeron la Casa y levantaron el Templo consagrado al Señor, destinado a una gloria eterna.

13 También de Nehemías es grande la memoria, él, que nos levantó las murallas en ruinas, puso puertas y cerrojos y reconstruyó nuestras moradas.

14 Nadie fue creado en la tierra igual a Henoc, pues él fue arrebatado de la tierra.

15 Ni como José nació hombre alguno, el guía de sus hermanos, apoyo de su pueblo; sus huesos fueron visitados.

16 Sem y Set fueron gloriosos entre los hombres, mas por encima de toda criatura viviente está Adán.

Eclesiástico 50

1 Simón, hijo de Onías, fue el sumo sacerdote que en su vida reparó la Casa, y en sus días fortificó el santuario.

2 El echó los cimientos de la altura doble, del alto contrafuerte de la cerca del Templo.

3 En sus días fue excavado el depósito de agua, un estanque como el mar de ancho.

4 El cuidó de su pueblo para evitar su ruina y fortificó la ciudad contra el asedio.

5 ¡Que glorioso era, rodeado de su pueblo, cuando salía de la casa del velo!

6 Como el lucero del alba en medio de las nubes, como la luna llena,

7 como el sol que brilla sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris que ilumina las nubes de gloria,

8 como flor del rosal en primavera, como lirio junto a un manantial, como brote del Líbano en verano,

9 como fuego e incienso en el incensario, como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas,

10 como olivo floreciente de frutos, como ciprés que se eleva hasta las nubes.

11 Cuando se ponía la vestidura de gala y se vestía sus elegantes ornamentos, al subir al santo altar, llenaba de gloria el recinto del santuario.

12 Y cuando recibía las porciones de manos de los sacerdotes, él mismo de pie junto al hogar del altar, y en torno a él la corona de sus hermanos, como brotes de cedros en el Líbano; le rodeaban como tallos de palmera

13 todos los hijos de Aarón en su esplendor, con la ofrenda del Señor en sus manos, en presencia de toda la asamblea de Israel.

14 Y cuando cumplía el ministerio de los altares ordenando la ofrenda del Altísimo Todopoderoso,

15 alargaba su mano a la copa, hacía la libación del jugo de racimo, y lo derramaba al pie del altar, como calmante aroma al Altísimo Rey universal.

16 Entonces prorrumpían en gritos los hijos de Aarón, tocaban con sus trompetas de metal batido, hacían oír su sonido imponente, como memorial delante del Altísimo.

17 Todo el pueblo entonces de repente, en masa, caía rostro en tierra, para adorar a su Señor, al Todopoderoso, Dios Altísimo.

18 Y los salmistas también le alababan con sus voces, el son vibrante formaba una dulce melodía.

19 Y suplicaba el pueblo al Señor Altísimo, orando ante el Misericordioso, hasta que terminaba la ceremonia del Señor y concluía su liturgia.

20 Entonces bajaba y elevaba sus manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para dar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de pronunciar su nombre.

21 Y por segunda vez todos se postraban para recibir la bendición del Altísimo.

22 Y ahora bendecid al Dios del universo, el que por todas partes hace grandes cosas, el que exaltó nuestros días desde el seno materno, y que nos trata según su misericordia.

23 Que nos dé contento de corazón, y que haya paz en nuestros días en Israel por los siglos de los siglos.

24 Que su misericordia sea fiel con nosotros y en nuestros días nos rescate.

25 Hay dos naciones que mi alma detesta, y la tercera ni siquiera es nación:

26 los habitantes de la montaña de Seír, los filisteos y el pueblo necio que mora en Siquem.

27 Instrucción de inteligencia y ciencia ha grabado en este libro Jesús, hijo de Sirá, Eleazar, de Jerusalén, que vertió de su corazón sabiduría a raudales.

28 Feliz quien repase esto a menudo; el que lo ponga en su corazón se hará sabio.

29 Y si lo practica, para todo será fuerte, porque la huella que sigue es la luz del Señor.

Eclesiástico 51

1 Quiero darte gracias, Señor, Rey, y alabarte, oh Dios mi salvador, a tu nombre doy gracias.

2 Pues protector y auxilio has sido para mí, y has rescatado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua insidiosa, de los labios que urden mentira; frente a mis adversarios has sido auxilio y me has rescatado,

3 según la abundancia de tu misericordia y la gloria de tu nombre, de las dentelladas de los dispuestos a devorarme, de la mano de los que buscan mi alma, de las muchas tribulaciones que he sufrido,

4 del ahogo del fuego que me envolvía, de entre el fuego que yo no había encendido,

5 de la hondura de las entrañas del seol, de la lengua impura, de la palabra mentirosa,

6 - calumnia de lengua injusta ante el rey. Cerca de la muerte estaba mi alma, mi vida estaba junto al seol, abajo.

7 Por todas partes me asediaban y no había quien auxiliara, volví los ojos a un apoyo humano y no había ninguno.

8 Entonces me acordé de tu misericordia, Señor, y de tu actuación desde la eternidad, que tú levantas a los que en ti esperan, y los salvas de la mano de enemigos.

9 Y elevé de la tierra mi plegaria, supliqué ser librado de la muerte.

10 Clamé al Señor, padre de mi Señor: «No me abandones en días de tribulación, en la hora de los orgullosos, cuando no hay socorro. Alabaré tu nombre sin cesar, te cantaré en acción de gracias.»

11 Y mi oración fue escuchada, pues tú me salvaste de la perdición, y me libraste del momento malo.

12 Por eso te daré gracias y te alabaré, bendeciré el nombre del Señor.

13 Siendo joven aún, antes de ir por el mundo, me di a buscar abiertamente la sabiduría en mi oración,

14 a la puerta delante del templo la pedí, y hasta mi último día la andaré buscando.

15 En su flor, como en racimo que madura, se recreó mi corazón. Mi pie avanzó en derechura, desde mi juventud he seguido sus huellas.

16 Incliné un poco mi oído y la recibí, y me encontré una gran enseñanza.

17 Gracias a ella he hecho progesos, a quien me dio sabiduría daré gloria.

18 Pues decidí ponerla en práctica, tuve celo por el bien y no quedaré confundido.

19 Mi alma ha luchado por ella, a la práctica de la ley he estado atento, he tendido mis manos a la altura y he llorado mi ignorancia de ella.

20 Hacia ella endurecé mi alma, y en la pureza la he encontrado. Logré con ella un corazón desde el principio, por eso no quedaré abandonado.

21 Mis entrañas se conmovieron por buscarla, por eso he logrado una buena adquisición.

22 Me dio el Señor una lengua en recompensa, y con ella le alabaré.

23 Acercaos a mí, ignorantes, instalaos en la casa de instrucción.

24 ¿Por qué habéis de decir que estáis privados de ella, cuando vuestras almas tienen tanta sed?

25 He abierto mi boca y he hablado: Adquiridla sin dinero;

26 someted al yugo vuestro cuello, que vuestra alma reciba la instrucción: está ahí a vuestro alcance.

27 Ved con vuestros ojos lo poco que he penado y el mucho descanso que he encontrado para mí.

28 Participad de la instrucción con una gran suma de dinero, que mucho oro adquiriréis con ella.

29 Que vuestra alma se recree en la misericordia del Señor, no os avergoncéis de su alabanza.

30 Ejecutad vuestra obra antes del momento fijado, y él os dará a su tiempo vuestra recompensa. Firma: Sabiduría de Jesús, hijo de Sirá.

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