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1 La sabiduría
del humilde le hace erguir la cabeza, y le da asiento entre los grandes.
2 No alabes nunca
a un hombre por su buen parecer, ni abomines de nadie por su aspecto.
3 Pequeña entre
los que vuelan es la abeja, mas lo que ella elabora es lo más dulce.
4 No te gloríes
del manto que te envuelve, el día de la gloria no te engrías; pues
admirables son las obras del Señor, pero están ocultas a los hombres.
5 Muchos tiranos
se sentaron en el suelo, y un desconocido se puso la diadema.
6 Muchos
poderosos fueron muy deshonrados, y hombres ilustres entregados a otras
manos.
7 Sin haberte
informado no reprendas, reflexiona primero y haz luego tu reproche.
8 Sin haber
escuchado no respondas ni interrumpas en medio del discuro.
9 Por lo que no
te incumbe no discutas, y en las contiendas de los pecadores no te mezcles.
10 Hijo, no te
metas en múltiples asuntos, si los multiplicas no saldrás bien parado;
aunque los persigas no los alcanzarás ni podrás escapar aunque quieras huir.
11 Hay quien se
agota, se fatiga y se apresura, y cuanto más, más tarde llega.
12 Hay quien es
débil, necesitado de apoyo, falto de bienes y sobrado de pobreza, mas los
ojos del Señor le miran para bien, él le recobra de su humillación.
13 Levanta su
cabeza, y por él se admiran muchos.
14 Bienes y
males, vida y muerte, pobreza y riqueza vienen del Señor.
17 El don del
Señor con los piadosos permanece, y su complacencia les lleva por buen
camino para siempre.
18 Hay quien se
hace rico a fuerza de engaño y avaricia, y esta es la parte de su
recompensa:
19 cuando dice:
«Ya he logrado reposo, ahora voy a comer de mis bienes», no sabe qué tiempo
va a venir, morirá y se lo dejará a otros.
20 Manténte en tu
quehacer y conságrate a él, en tu tarea envejece.
21 No te admires
de las obras del pecador, confía en el Señor y en tu esfuerzo persevera. Que
es cosa fácil a los ojos del Señor enriquecer de golpe al indigente.
22 La bendición
del Señor es la recompensa del piadoso, y en un instante hace florecer su
bendición.
23 No digas: «¿De
qué he menester? o ¿qué bienes me vendrán todavía?»
24 No digas:
«Tengo bastante con ellos, ¿qué mal puede alcanzarme ahora?»
25 Día de bienes,
olvido de males, día de males, olvido de bienes.
26 Que es fácil
al Señor, el día de la muerte, pagar a cada uno según su proceder.
27 El mal de una
hora el placer hace olvidar, al final del hombre se descubren sus obras.
28 Antes del fin
no llames feliz a nadie, que sólo a su término es conocido el hombre.
29 No metas a
cualquiera en tu casa, que son muchos los lazos del taimado.
30 Perdiz cautiva
en su jaula, tal es el corazón del orgulloso, como el espía acecha tu caída.
31 Cambiando el
bien por el mal, está al acecho, y a las cosas más limpias pone mancha.
32 Con una chispa
se enciende un brasero, así el pecador tiende lazos en busca de sangre.
33 Guárdate del
malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre.
34 Mete en casa
al extraño, y te traerá el desorden, te hará extraño a tu propia familia.
1 Si haces el
bien, mira a quién lo haces, y por tus beneficios recibirás favor.
2 Haz bien al
piadoso; hallarás recompensa, si no de él, al menos del Altísimo.
3 No habrá bienes
para el que en mal persiste, ni para quien no agradece la limosna.
4 Da al hombre
piadoso, y del pecador no te cuides.
5 Haz bien al
humilde y no des al impío; niégale su pan, no se lo des, para que no llegue
con ello a dominarte. Pues un mal duplicado encontrarías por todos los
bienes que le hubieres hecho.
6 Que también el
Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza.
7 Da al hombre de
bien, y del pecador no te cuides.
8 No se demuestra
en la prosperidad el amigo, ni queda oculto en la adversidad el enemigo.
9 Cuando hay
prosperidad, los enemigos se entristecen, mas en la adversidad, hasta el
amigo se aleja.
10 No confíes
jamás en tu enemigo, que cual bronce roñoso, así es su maldad.
11 Aunque se haga
el humilde y camine encorvado, mira por ti mismo y guárdate de él. Pórtate
con él como el que pule un espejo, sábete que no retendrá hasta el fin su
roña.
12 No le pongas
junto a ti, no sea que se te revuelva y suplante tu puesto. No le sientes a
tu diestra, no sea que tu asiento pretenda, y que al fin comprendas mis
palabras, y te pese al recordar mis consejos.
13 ¿Quién se
compadecerá del encantador mordido de serpiente y de todos los que se
acercan a las fieras?
14 Lo mismo le
ocurre al que convive con el pecador y comparte sus pecados.
15 Una hora
aguantará contigo, mas si te desmandas, no lo soportará.
16 En sus labios
pone dulzura el enemigo, mas en su corazón trama arrojarte a la fosa. En sus
ojos lagrimea el enemigo, mas si topa ocasión, no se verá harto de tu
sangre.
17 Si los males
te visitan, primero que tú le encontrarás allí, fingiendo ayurdarte te
agarrará el talón.
18 Meneará su
cabeza, batirá palmas, cuchicheará mucho y mudará de cara.
1 El que toca la
pez, se mancha, el que convive con el orgulloso, se hará como él.
2 No tomes sobre
ti carga pesada, con el más fuerte y rico que tú no convivas. ¿Por qué
juntar cántaro con caldero? Este le chocará y aquél se romperá.
3 El rico agravia
y encima se envalentona, el pobre es agraviado y encima ha de excusarse.
4 Si le eres
útil, se servirá de ti, si eres torpe, te abandonará.
5 Si tienes algo,
vivirá contigo, y te despojará sin fatigarse él.
6 ¿Ha menester de
ti? Tratará de engañarte, te sonreirá y te dará esperanzas; buenas palabras
te dará y dirá: «¿Qué te hace falta?»
7 Te avergonzará
en sus festines, hasta despojarte dos, tres veces, y para terminar se
burlará de ti. Después, si te ve, te dejará a un lado, y meneará la cabeza
ante ti.
8 Guárdate de
dejarte engañar, y de ser humillado por estúpido.
9 Cuando te llame
un poderoso, quédate a distancia, que tanto más te llamará.
10 No te
presentes por ti mismo, no sea que te rechace, ni te quedes muy lejos, para
no pasar inadvertido.
11 No pretendas
hablar con él de igual a igual, ni te fíes de sus muchas palabras. Que con
su mucho hablar te pondrá a prueba, como quien pasa el rato, te examinará.
12 Despiadado es
quien no guarda tus palabras, no te ahorrará ni golpes ni cadenas.
13 Observa y
ponte bien en guardia, porque caminas junto a tu propia ruina.
15 Todo viviente
ama a su semejante, y todo hombre a su prójimo.
16 Todo animal
según su especie se une, a su semejante se adhiere el hombre.
17 ¿Cómo podrá
convivir lobo con cordero? Así el pecador con el piadoso.
18 ¿Qué paz puede
tener la hiena con el perro? ¿qué paz el rico con el indigente?
19 Caza de leones
son los onagros en el desierto, así los pobres son presa de los ricos.
20 Abonimación
para el orgulloso es la humilidad, así para el rico es abominación el pobre.
21 El rico que
vacila es sostenido por sus amigos, al humilde que cae sus amigos le
rechazan.
22 Cuando el rico
resbala, muchos le toman en sus brazos, dice estupideces, y le justifican;
resbala el humilde, y se le hacen reproches, dice cosas sensatas, y no se le
hace caso.
23 Habla el rico,
y todos se callan, y exaltan su palabra hasta las nubes. Habla el pobre y
dicen: «¿Quién es éste?» y si se equivoca, se le echa por tierra.
24 Buena es la
riqueza en la que no hay pecado, mala la pobreza al decir del impío.
25 El corazón del
hombre modela su rostro tanto hacia el bien como hacia el mal.
26 Signo de un
corazón dichoso es un rostro alegre, la invención de proverbios es penoso
ejercicio.
1 Feliz el hombre
que no se ha deslizado con su boca, ni sufre tormento por la tristeza del
pecado.
2 Feliz aquel a
quien su conciencia no reprocha, y que no queda corrido en su esperanza.
3 Para el hombre
mezquino no es buena la riqueza, para el envidioso, ¿de qué sirve el dinero?
4 Quien amontona
a expensas de sí mismo, para otros amontona, con sus bienes se regalarán
otros.
5 El que es malo
para sí, ¿para quién será bueno? No logrará contento en medio de sus
tesoros.
6 Nadie peor que
el que se tortura a sí mismo, esa es la paga de su maldad.
7 Aun si llega a
hacer el bien, lo hace por descuido, al final dejará ver su maldad.
8 Malo es el de
ojo envidioso, que vuelve su rostro y desprecia a los demás.
9 El ojo del
avaro no se satisface con su suerte, la avaricia seca el alma.
10 El ojo malo se
alampa por el pan, hambriento está en su propia mesa.
11 Hijo, trátate
bien, conforme a lo que tengas, y presenta dignamente tus ofrendas al Señor.
12 Recuerda que
la muerte no se tardará, y que el pacto del seol no se te ha revelado.
13 Antes de
morir, haz el bien a tu amigo, según tus medios dale con largueza.
14 No te prives
de pasarte un buen día, no se te escape la posesión de un deseo legítimo.
15 ¿No dejarás a
otro el fruto de tus trabajos y el de tus fatigas, para que a suertes se
reparta?
16 Da y recibe, y
recrea tu alma, que en el seol no se puede esperar buena vida.
17 Toda carne
como un vestido envejece, pues ley eterna es: hay que morir.
18 Lo mismo que
las hojas sobre árbol tupido, que unas caen y otras brotan, así la
generación de carne y sangre: una muere y otra nace.
19 Toda obra
corruptible desaparece, y su autor se irá con ella.
20 Feliz el
hombre que se ejercita en la sabiduría, y que en su inteligencia reflexiona,
21 que medita sus
caminos en su corazón, y sus secretos considera.
22 Sale en su
busca como el que sigue el rastro, y en sus caminos se pone al acecho.
23 Se asoma a sus
ventanas, y a sus puertas escucha.
24 Acampa muy
cerca de su casa, y clava la clavija en sus muros.
25 Monta su
tienda junto a ella, y se alberga en su albergue dichoso.
26 Pone sus hijos
a su abrigo, y bajo sus ramas se cobija.
27 Por ella es
protegido del calor, y en su gloria se alberga.
1 Así hace el que
teme al Señor, el que abraza la Ley logra sabiduría.
2 Como una madre
le sale ella al encuentro, le acoge como una esposa virgen.
3 Le alimenta con
pan de inteligencia, el agua de la sabiduría le da a beber.
4 Se apoya él en
ella y no se dobla, a ella se adhiere y no queda confundido.
5 Ella le exalta
por encima de sus prójimos, en medio de la asamblea le abre la boca.
6 Contento y
corona de gloria encuentra él, nombre eterno en herencia recibe.
7 Jamás la
lograrán los insensatos, los pecadores nunca la verán.
8 Lejos está del
orgullo, los mentirosos no se acuerdan de ella.
9 No cabe la
alabanza en boca del pecador, porque no le viene del Señor.
10 Que en la
sabiduría se expresa la alabanza, y el Señor la guía por buen camino.
11 No digas: «Por
el Señor me he apartado», que lo que él destesta, no lo hace.
12 No digas: «El
me ha extraviado», pues él no ha menester del pecador.
13 Toda
abominación odia el Señor, tampoco la aman los que le temen a él.
14 El fue quien
al principio hizo al hombre, y le dejó en manos de su propio albedrío.
15 Si tú quieres,
guardarás los mandamientos, para permanecer fiel a su beneplácito.
16 El te ha
puesto delante fuego y agua, a donde quieras puedes llevar tu mano.
17 Ante los
hombres la vida está y la muerte, lo que prefiera cada cual, se le dará.
18 Que grande es
la sabiduría del Señor, fuerte es su poder, todo lo ve.
19 Sus ojos están
sobre los que le temen, él conoce todas las obras del hombre.
20 A nadie ha
mandado ser impío, a nadie ha dado licencia de pecar.
1 No desees
multitud de hijos malvados, no te goces en tener hijos impíos.
2 Aunque sean
muchos, no te goces en ellos, si con ellos no se halla el temor del Señor.
3 No pongas en su
vida tu confianza, ni te creas seguro por ser muchos, que más vale uno que
mil, y morir sin hijos que tener hijos impíos.
4 Pues uno solo
inteligente poblará una ciudad mas la raza de los sin ley quedará
despoblada.
5 Muchas cosas
así han visto mis ojos, y más graves aún oyeron mis oídos.
6 En la reunión
de los pecadores prende el fuego, contra la nación rebelde se inflama la
Cólera.
7 No perdonó él a
los antiguos gigantes que se rebelaron fiados de su fuerza.
8 No pasó por
alto al vecindario de Lot, a los que abominaba por su orgullo.
9 No se apiadó de
la nación perdida, de los que estaban engreídos en sus pecados.
10 Igual trató a
los seiscientos mil de a pie que se habían unido en la dureza de su corazón.
11 Aunque fuera
uno solo el de dura cerviz, sería asombroso que quedara impune. Pues
misericordia e ira están con El, tan poderoso en perdón como pródigo en ira.
12 Tan grande
como su misericordia es su severidad, según sus obras juzga al hombre.
13 No escapará el
pecador con su rapiña, ni quedará fallida la paciencia del piadoso.
14 Para toda
limosna tiene él un sitio, cada cual hallará según sus obras.
17 No digas: «Del
Señor me esconderé, y ¿quién allá arriba se acordará de mí? Entre la gran
muchedumbre no seré reconocido, pues ¿qué soy yo en la inmensa creación?»
18 Mira, el
cielo, y el cielo de los cielos, el abismo y la tierra serán sacudidos a la
hora de su visita.
19 A una los
montes y los cimientos de la tierra bajo su mirada temblarán de espanto.
20 Mas en todo
esto no piensa el corazón del hombre, y en sus caminos, ¿quién repara?
21 Hay tempestad
que no ve el hombre, y la mayoría de sus obras se hacen en secreto.
22 «Las obras de
la justicia, ¿quién las anuncia? ¿quién las aguarda? ¡Pues la alianza está
lejos!»
23 Esto piensa el
ruin de corazón; el estúpido, el perdido, sólo piensa necedades.
24 Escúchame,
hijo, y el saber aprende, aplica tu corazón a mis palabras.
25 Con mesura te
revelaré la doctrina, con precisión anunciaré el saber.
26 Cuando creó el
Señor sus obras desde el principio, desde que las hizo les asignó su puesto.
27 Ordenó para la
eternidad sus obras, desde sus comienzos por todas sus edades. Ni tienen
hambre ni se cansan, y eso que no abandonan su tarea.
28 Ninguna choca
con otra, jamás desobedecen su palabra.
29 Después de
esto el Señor miró a la tierra, y de sus bienes la colmó.
30 De todo ser
viviente cubrió su faz, y a ella vuelven todos.
1 De la tierra
creó el Señor al hombre, y de nuevo le hizo volver a ella.
2 Días contados
le dio y tiempo fijo, y dioles también poder sobre las cosas de la tierra.
3 De una fuerza
como la suya los revistió, a su imagen los hizo.
4 Sobre toda
carne impuso su temor para que dominara a fieras y volátiles.
6 Les formó
lengua, ojos, oídos, y un corazón para pensar.
7 De saber e
inteligencia los llenó, les enseñó el bien y el mal.
8 Puso su ojo en
sus corazones, para mostrarles la grandeza de sus obras.
10 Por eso su
santo nombre alabarán, contando la grandeza de sus obras.
11 Aun les añadió
el saber, la ley de vida dioles en herencia.
12 Alianza eterna
estableció con ellos, y sus juicios les enseñó.
13 Los ojos de
ellos vieron la grandeza de su gloria, la gloria de su voz oyeron sus oídos.
14 Y les dijo:
«Guardaos de toda iniquidad», y a cada cual le dio órdenes respecto de su
prójimo.
15 Sus caminos
están ante él en todo tiempo, no se ocultan a sus ojos.
17 A cada nación
asignó un jefe, mas la porción del Señor es Israel.
19 Todas sus
obras están ante él, igual que el sol, e incesantes sus ojos sobre sus
caminos.
20 No se le
ocultan sus iniquidades, todos sus pecados están ante el Señor.
22 La limosna del
hombre es como un sello para él, el favor del hombre lo guarda como la
pupila de sus ojos.
23 Después se
levantará y les retribuirá, sobre su cabeza pondrá su recompensa.
24 Pero a los que
se arrepienten les concede retorno, y consuela a los que perdieron la
esperanza.
25 Conviértete al
Señor y deja tus pecados, suplica ante su faz y quita los obstáculos.
26 Vuélvete al
Altísimo y apártate de la injusticia, odia con toda el alma la abominación.
27 ¿Quién en el
seol alabará al Altísimo si los vivientes no le dan gloria?
28 No hay
alabanza que venga de muerto, como de quien no existe; es el que vive y goza
de salud quien alaba al Señor.
29 ¡Qué grande es
la misericordia del Señor, y su perdón para los que a él se convierten!
30 Pues no todo
puede estar en poder de los hombres, que no es inmortal el hijo de hombre.
31 ¿Qué hay más
luminoso que el sol? Con todo, desaparece. Mas la carne y la sangre sólo el
mal conciben.
32 Al ejército de
lo alto de los cielos pasa él revista, pero polvo y ceniza son los hombres.
1 El que vive
eternamente lo creó todo por igual,
2 sólo el Señor
será llamado justo.
4 A nadie dio
poder de proclamar sus obras, pues ¿quién podrá rastrear sus maravillas?
5 El poder de su
majestad, ¿quién lo calculará? ¿quién pretenderá contar sus misericordias?
6 Nada hay que
quitar, nada que añadir, y no se pueden rastrear las maravillas del Señor.
7 Cuando el
hombre cree acabar, comienza entonces, cuando se para, se queda perplejo.
8 ¿Qué es el
hombre? ¿para qué sirve? ¿cuál es su bien y cuál su mal?
9 El número de
los días del hombre mucho será si llega a los cien años.
10 Como gota de
agua del mar, como grano de arena, tan pocos son sus años frente a la
eternidad.
11 Por eso el
Señor es paciente con ellos, y derrama sobre ellos su misericordia.
12 El ve y sabe
que su fin es miserable, por eso multiplica su perdón.
13 La
misericordia del hombre sólo alcanza a su prójimo, la misericorida del Señor
abarca a todo el mundo. El reprende, adoctrina y enseña, y hace volver, como
un pastor, a su rebaño.
14 Tiene piedad
de los que acogen la instrucción, y de los que se afanan por sus juicios.
15 Hijo, con tus
beneficios no mezcles el reproche ni a tus regalos juntes palabras tristes.
16 ¿No aplaca el
rocío el viento ardiente? Así vale más la palabra que el regalo.
17 ¿No ves que la
palabra es más que un buen presente? Pues el hombre dadivoso une los dos.
18 El necio aun
sin dar hace afrenta, quema los ojos el don del envidioso.
19 Antes de
hablar infórmate, cuídate antes de estar enfermo.
20 Antes de
juzgar examínate a ti mismo, y en el día de la visita encontrarás perdón.
21 Antes de estar
enfermo humíllate, cuando peques muestra arrepentimiento.
22 Nada te impida
cumplir tu voto en el momento dado, no aguardes hasta la muerte para
justificarte.
23 Antes de hacer
un voto prepárate; no seas como el hombre que tienta al Señor.
24 Acuérdate de
la ira de los últimos días, y del momento del castigo, cuando Dios vuelva su
rostro.
25 En tiempo de
abundancia recuerda el tiempo de hambre, la pobreza y la penuria en días de
riqueza.
26 De la mañana a
la tarde corre el tiempo, todo pasa presto delante del Señor.
27 El hombre
sabio es precavido en todo, en la ocasión de pecar se anda con cuidado.
28 Todo hombre
prudente conoce la sabiduría, al que la encuentra le da su parabién.
29 Los prudentes
en palabras hacen sabiduría y prodigan los proverbios acertados.
30 No vayas
detrás de tus pasiones, tus deseos refrena.
31 Si te
consientes en todos los deseos, te harás la irrisión de tus enemigos.
32 No te
complazcas en la buena vida, no te avengas a asociarte con ella.
33 No te
empobrezcas festejando con dinero prestado, cuando nada tienes en tu bolsa.
1 Un obrero
bebedor nunca se enriquecerá, el que desprecia las cosas pequeñas, poco a
poco caerá.
2 Vino y mujeres
pervierten a los inteligentes, el que va a prostitutas es aún más temerario.
3 De larvas y
gusanos será herencia, el temerario perderá su vida.
4 Quien se confía
enseguida, ligero es de corazón, el que peca, a sí mismo se hace daño.
5 El que se
regodea en el mal será condenado,
6 el que odia la
verborrea escapará al mal.
7 No repitas
nunca lo que se dice, y en nada sufrirás menoscabo.
8 Ni a amigo ni a
enemigo cuentes nada, a menos que sea pecado para ti, no le descubras.
9 Porque te
escucharía y se guardaría de ti, y en la ocasión propicia te detestaría.
10 ¿Has oído
algo? ¡Quede muerto en ti! ¡Animo, no reventarás!
11 Por una
palabra oída ya está el necio en dolores, como por el hijo la mujer que da a
luz.
12 Una flecha
clavada en el muslo, tal es la palabra en las entrañas del necio.
13 Interoga a tu
amigo: quizá no haya hecho nada, y si acaso lo ha hecho, para que no
reincida.
14 Interroga a tu
prójimo: quizá no ha dicho nada, y si acaso lo ha dicho, para que no repita.
15 Interroga a tu
amigo: que hay calumnia a menudo, no creas todo lo que se dice.
16 A veces se
resbala uno sin querer, y ¿quién no ha pecado con su lengua?
17 Interroga a tu
prójimo antes de amenazarle, y obedece a la ley del Altísimo.
20 Toda sabiduría
es temor del Señor, y en toda sabiduría se practica la ley.
22 Mas no es
sabiduría el conocimiento del mal, no está en el consejo de los pecadores la
prudencia.
23 Hay un saberlo
todo que es abominación, es estúpido el que carece de sabiduría.
24 Más vale ser
vacío de inteligencia y lleno de temor, que desbordar prudencia y traspasar
la ley.
25 Hay un saberlo
todo que sirve a la injusticia, que para mantener el derecho usa de
argucias.
26 Hay malhechor
que anda encorvado por el tedio, mas su interior está lleno de dolo:
27 tapándose la
cara, haciéndose el sordo, mientras no es reconocido te tomará la delantera.
28 Si por su
escasa fuerza no se atreve a pecar, en cuanto encuentre ocasión, se dará a
hacer el mal.
29 Por la mirada
se reconoce al hombre, por el aspecto del rostro se reconoce al pensador.
30 El atuendo del
hombre, la risa de sus dientes, su caminar revelan lo que es.
1 Hay reprensión
intempestiva, y hay silencioso de verdad sensato.
2 ¡Cuánto mejor
reprender que estar airado!
3 El que se acusa
de su falta evita la pena.
4 Como pasión de
eunuco por desflorar a una moza, así el que ejecuta la justicia con
violencia.
5 Hay silencioso
tenido por sabio, y quien se hace odioso por su verborrea.
6 Hay quien se
calla por no tener respuesta, y quien se calla porque sabe su hora.
7 El sabio guarda
silencio hasta su hora, mas el fanfarrón e insensato adelanta el momento.
8 El desmedido en
palabras se hace abominable, y el que pretende imponerse se hace odioso.
9 Hay quien
encuentra fortuna en la desgracia, y hay suerte que acaba en postración.
10 Hay dádiva que
no te da provecho, y dádiva que recibe el doble.
11 Hay postración
causada por la gloria, y hay quien, desde la humillación, levanta la cabeza.
12 Hay quien
compra mucho con poco dinero, pero luego lo paga siete veces más caro.
13 Por sus
palabras se hace amable el sabio, mas los favores de los necios se
malgastan.
14 El don del
insensato no te sirve de nada, porque sus ojos no son uno, son muchos;
15 da poco y echa
en cara mucho, y abre su boca como un pregonero; presta hoy y mañana
reclama, es un hombre detestable este sujeto.
16 Dice el necio:
«No tengo ni un amigo, no hay gratitud para mis beneficios;
17 los que comen
mi pan tienen lengua insolente.» ¡Cuántos con frecuencia se ríen de él!
18 Mejor es
resbalar en empredado que resbalar con la lengua, así la caída de los malos
llega de repente.
19 Hombre sin
gracia es cuento inoportuno por boca de ignorantes repetido.
20 De boca de
necio no se acepta el proverbio, pues jamás lo dice a su hora.
21 Hay quien no
puede pecar por indigencia: en su reposo no tendrá remordimiento.
22 Hay quien se
pierde a sí mismo por vergüenza, por respeto a un insensato se pierde.
23 Hay quien por
timidez hace promesas a su amigo, y así, por nada se gana un enemigo.
24 Gran baldón
para un hombre la mentira en boca de ignorantes repetida.
25 Es preferible
un ladrón que el que persiste en la mentira, aunque ambos heredarán la
perdición.
26 El hábito de
mentiroso es una deshonra, su vergüenza le acompaña sin cesar.
27 Por sus
palabras el sabio se hace grande, y el hombre sensato a los grandes agrada.
28 El que cultiva
la tierra llena hasta arriba su granero, el que agrada a los grandes expía
la injusticia.
29 Presentes y
regalos ciegan los ojos de los sabios, como bozal en boca ahogan los
reproches.
30 Sabiduría
escondida y tesoro invisible, ¿qué provecho hay en ambos?
31 Más vale
hombre que oculta su necedad, que hombre que oculta su sabiduría.
1 Hijo, ¿has
pecado? No lo vuelvas a hacer, y pide perdón por tus pecados anteriores.
2 Como de
serpiente huye del pecado, porque, si te acercas, te morderá. Dientes de
león son sus dientes, que quitan la vida a los hombres.
3 Como espada de
dos filos es toda iniquidad, para su herida no hay remedio.
4 El terror y la
violencia arrasan la riqueza, así quedará arrasada la casa del orgulloso.
5 La oración del
pobre va de su boca a los oídos de Dios, y el juicio divino no se deja
esperar.
6 El que odia la
reprensión sigue las huellas del pecador, el que teme al Señor se convierte
en su corazón.
7 De lejos se
conoce al charlatán, y el hombre reflexivo le adivina los deslices.
8 Quien edifica
su casa con dinero ajeno es como el que amontona piedras para su tumba.
9 Estopa hacinada
es la reunión de los sin ley, su meta es la llama de fuego.
10 El camino de
los pecadores está bien enlosado, pero a su término está la fosa del seol.
11 El que guarda
la Ley controla sus ideas, la meta del temor del Señor es la sabiduría.
12 No alcanzará
doctrina quien no es habilidoso, pero no hay habilidades que llenan de
amargura.
13 La ciencia del
sabio crecerá como una inundación, y su consejo será fuente de vida.
14 El interior
del necio es como un vaso roto, que no retiene ningún conocimiento.
15 Si un hombre
de saber oye palabra sabia, la elogia y otra suya añade. Si la oye el
libertino, le desagrada y la echa detrás de sus espaldas.
16 El relato del
necio es como fardo en el camino, mas en los labios del inteligente se halla
gracia.
17 La boca del
sensato es buscada en la asamblea, sus palabras se meditan de corazón.
18 Como casa en
ruinas, así la sabiduría del necio, el conocimiento del tonto, palabras
incoherentes.
19 Cadenas en los
pies, es la educación para el mentecato, como esposas en su mano derecha.
20 El necio,
cuando ríe, lo hace a carcajadas, mas el hombre sensato apenas si sonríe.
21 Adorno de oro
es la educación para el sensato, como un brazalete en su brazo derecho.
22 El pie del
necio entra rápido en la casa, el hombre experimentado se presenta con
modestia.
23 Desde la
puerta el insensato fisga el interior, el hombre bien educado queda afuera.
24 Es falta de
educación escuchar a la puerta, tal descortesía indigna al sensato.
25 Los labios de
los habladores repiten las palabras ajenas, mas las palabras de los
prudentes se pesan en balanza.
26 En la boca de
los necios está su corazón, pero el corazón de los sabios es su boca.
27 Cuando el
impío maldice a Satanás, a sí mismo se maldice.
28 El murmurador
mancha su propia alma, y es detestado por el vecindario.
1 A una piedra
sucia se parece el perezoso, todo el mundo silba sobre su deshonra.
2 Bola de
excrementos es el perezoso, que todo el que la toca se sacude la mano.
3 Es vergüenza de
un padre tener un hijo ineducado, pero la hija le nace ya para su confusión.
4 Para la hija
prudente la herencia es su marido, la desvergonzada es la tristeza de su
progenitor.
5 La hija
insolente es la vergüenza del padre y del marido, y por los dos es
despreciada.
6 Música en duelo
es un relato inoportuno, azotes y corrección son siempre sabiduría.
9 Como pegar
cascotes es enseñar al necio, o despertar al que duerme con sueño pesado.
10 Conversar con
el necio es conversar con un dormido; al acabar dirá: «¿Qué estás diciendo?»
11 Llora al
muerto, pues la luz le abandonó, llora también al necio, porque dejó la
inteligencia. Llora más suavemente al muerto, porque ya reposa, que la vida
del necio es peor que la muerte.
12 El duelo por
un muerto dura siete días, por el necio y el impío, todos los días de su
vida.
13 Con el
insensato no multipliques las palabras, con el tonto no vayas de camino;
guárdate de él para evitar el aburrimiento, y para que su contacto no te
manche. Apártate de él y encontrarás descanso, y no te enervarán sus
arrebatos.
14 ¿Qué hay más
pesado que el plomo? ¿qué nombre dar a esto sino «necio»?
15 Arena, sal, o
una bola de hierro son más fáciles de llevar que el hombre tonto.
16 El maderamen
bien trabado de una casa ni por un terremoto es dislocado; así un corazón
firme por reflexión madura, llegado el momento no se achica.
17 Corazón
apoyado en reflexión prudente es como revoque de arena en pared raspada.
18 Estacas
plantadas en altura no resisten al viento; así el corazón del necio, falto
de reflexión, ante un miedo cualquiera no resiste.
19 Quien hiere el
ojo hace correr las lágrimas, quien hiere el corazón descubre el
sentimiento.
20 Quien tira una
piedra a un pájaro, lo ahuyenta, quien afrenta al amigo, rompe la amistad.
21 Si has sacado
la espada contra tu amigo, no desesperes, que aún puede volver;
22 si contra tu
amigo has abierto la boca, no te inquietes, que aún cabe reconciliación,
salvo caso de ultraje, altanería, revelación de secreto, golpe traidor, que
ante esto se marcha todo amigo.
23 Gana la
confianza de tu prójimo en la pobreza, para que, en su prosperidad, con él
te satisfagas; en tiempo de tribulación permanece con él, para que cuando
herede con él lo compartas.
24 Antes del
fuego sale vapor del horno y humo, así las injurias preceden a la sangre.
25 No me
avergonzaré yo de proteger a un amigo, de su presencia no me esconderé;
26 y si por su
causa me ocurre algún mal, todo el que lo oiga se guardará de él.
27 ¿Quién pondrá
guardia a mi boca, y a mis labios sello de prudencia, para que no venga a
caer por su culpa, y que mi lengua no me pierda?
1 Oh Señor, padre
y dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios, no permitas
que por ellos caiga.
2 ¿Quién aplicará
el látigo a mis pensamientos, y a mi corazón la disciplina de la sabiduría,
para que no se perdonen mis errores, ni pasen por alto mis pecados?
3 No sea que mis
yerros aumenten, y que abunden mis pecados, que caiga yo ante mis
adversarios, y de mí se ría mi enemigo.
4 Señor, padre y
Dios de mi vida, no me des altanería de ojos,
5 aparta de mí la
pasión.
6 Que el apetito
sensual y la lujuria no se apoderen de mí, no me entregues al deseo
impúdico.
7 La instrucción
de mi boca escuchad, hijos, el que la guarda no caerá en el lazo.
8 Por sus labios
es atrapado el pecador, el maldiciente, el altanero, caen por ellos.
9 Al juramento no
acostumbres tu boca, no te habitúes a nombrar al Santo.
10 Porque, igual
que un criado vigilado de continuo no quedará libre de golpes, así el que
jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado.
11 Hombre muy
jurador, lleno está de iniquidad, y no se apartará de su casa el látigo. Si
se descuida, su pecado cae sobre él, si pasa por alto el juramento, doble es
su pecado; y si jura en falso, no será justificado, que su casa se llenará
de adversidades.
12 Hay un
lenguaje que equivale a la muerte, ¡que no se halle en la heredad de Jacob!
Pues los piadosos rechazan todo esto, y en los pecados no se revuelcan.
13 A la baja
grosería no habitúes tu boca, porque hay en ella palabra de pecado.
14 Acuérdate de
tu padre y de tu madre, cuanto te sientes en medio de los grandes, no sea
que te olvides ante ellos, como un necio te conduzcas, y llegues a desear no
haber nacido y a maldecir el día de tu nacimiento.
15 El hombre
habituado a palabras ultrajantes no se corregirá en toda su existencia.
16 Dos clases de
gente multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira:
17 El alma
ardiente como fuego encendido, no se apagará hasta consumirse; el hombre
impúdico en su cuerpo carnal: no cejará hasta que el fuego le abrase; para
el hombre impúdico todo pan es dulce, no descansará hasta haber muerto.
18 El hombre que
su propio lecho viola y que dice para sí: «¿Quién me ve?; la oscuridad me
envuelve, las paredes me encubren, nadie me ve, ¿qué he de temer?; el
Altísimo no se acordará de mis pecados»,
19 lo que teme
son los ojos de los hombres; no sabe que los ojos del Señor son diez mil
veces más brillantes que el sol, que observan todos los caminos de los
hombres y penetran los rincones más ocultos.
20 Antes de ser
creadas, todas las cosas le eran conocidas, y todavía lo son después de
acabadas.
21 En las plazas
de la ciudad será éste castigado, será apresado donde menos lo esperaba.
22 Así también la
mujer que ha sido infiel a su marido y le ha dado de otro un heredero.
23 Primero, ha
desobedecido a la ley del Altísimo, segundo, ha faltado a su marido,
tercero, ha cometido adulterio y de otro hombre le ha dado hijos.
24 Esta será
llevada a la asamblea, y sobre sus hijos se hará investigación.
25 Sus hijos no
echarán raíces, sus ramas no darán frutos.
26 Dejará un
recuerdo que será maldito, y su oprobio no se borrará.
27 Y reconocerán
los que queden que nada vale más que el temor del Señor, nada más dulce que
atender a los mandatos del Señor.
1 La sabiduría
hace su propio elogio, en medio de su pueblo, se gloría.
2 En la asamblea
del Altísimo abre su boca, delante de su poder se gloría.
3 «Yo salí de la
boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra.
4 Yo levanté mi
tienda en las alturas, y mi trono era una columna de nube.
5 Sola recorrí la
redondez del cielo, y por la hondura de los abismos paseé.
6 Las ondas del
mar, la tierra entera, todo pueblo y nación era mi dominio.
7 Entre todas
estas cosas buscaba reposo, una heredad en que instalarme.
8 Entonces me dio
orden el creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me
dijo: "Pon tu tienda en Jacob, entra en la heredad de Israel."
9 Antes de los
siglos, desde el principio, me creó, y por los siglos subsistiré.
10 En la Tienda
Santa, en su presencia, he ejercido el ministerio, así en Sión me he
afirmado,
11 en la ciudad
amada me ha hecho él reposar , y en Jerusalén se halla mi poder.
12 He arraigado
en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.
13 Como cedro me
he elevado en el Líbano, como ciprés en el monte del Hermón.
14 Como palmera
me he elevado en Engadí, como plantel de rosas en Jericó, como gallardo
olivo en la llanura, como plátano me he elevado.
15 Cual cinamomo
y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen
olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda.
16 Cual terebinto
he alargado mis ramas, y mis ramas son ramas de gloria y de gracia.
17 Como la vid he
hecho germinar la gracia, y mis flores son frutos de gloria y riqueza.
19 Venid a mí los
que me deseáis, y hartaos de mis productos.
20 Que mi
recuerdo es más dulce que la miel, mi heredad más dulce que panal de miel.
21 Los que me
comen quedan aún con hambre de mí, los que me beben sienten todavía sed.
22 Quien me
obedece a mí, no queda avergonzado, los que en mí se ejercitan, no llegan a
pecar.»
23 Todo esto es
el libro de la alianza del Dios Altísimo, la Ley que nos prescribió Moisés
como herencia para las asambleas de Jacob;
25 la que inunda
de sabiduría como el Pisón, como el Tigris en días de frutos nuevos;
26 la que
desborda inteligencia como el Eufrates, como el Jordán en días de cosecha;
27 la que rebosa
doctrina como el Nilo, como el Guijón en días de vendimia.
28 El primero no
ha acabado aún de conocerla, como tampoco el último la ha descubierto aún.
29 Porque es más
vasto que el mar su pensamiento, y su consejo más que el gran abismo.
30 Y yo, como
canal derivado de un río, como caz que al paraíso sale,
31 y dije: «Voy a
regar mi huerto, a empapar mi tablar.» Y que aquí que mi canal se ha
convertido en río, y mi río se ha hecho un mar.
32 Aún haré lucir
como la aurora la instrucción, lo más lejos posible la daré a conocer.
33 Aún derramaré
la enseñanza como profecía, la dejaré por generaciones de siglos.
34 Ved que no
sólo para mí me he fatigado, sino para todos aquellos que la buscan.
Tres cosas deseables y tres aborrecibles
1 Con tres cosas me adorno y me presento embellecida delante del Señor y de los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre vecinos y una mujer y un marido que se llevan bien.
2 Pero hay tres clases de gente que aborrezco y que me irritan por su manera de vivir: un pobre soberbio, un rico mentiroso y un viejo adúltero que ha perdido el juicio.
La corona de los ancianos
3 Si no has ahorrado en la juventud, ¿cómo vas a encontrar algo en tu vejez?
4 ¡Qué bello adorno para las canas es saber juzgar y para los ancianos, ser hombres de consejo!
5 ¡Qué hermosa es la sabiduría de los ancianos, la reflexión y el consejo en la gente respetable!
6 Corona de los ancianos es una rica experiencia, y su orgullo, el temor del Señor.
Nueve cosas encomiables
7 Hay nueve cosas imaginables, que considero felices, y la décima, también la voy a mencionar: un hombre que está contento de sus hijos y uno que ve en vida la caída de sus enemigos.
8 ¡Feliz el que vive con una esposa inteligente, el que no ha incurrido en falta con su lengua y el que no ha servido a un patrón indigno de él!
9 ¡Feliz el que ha encontrado la prudencia y el que la expone ante un auditorio atento!
10 ¡Qué grande es aquel que encontró la sabiduría!Pero nadie aventaja al que teme al Señor:
11 el temor del Señor supera a todos lo demás, y el que lo posee ¿a quién se puede comparar?
12 El temor del Señor es el comienzo de su amor, y es por la fe que uno empieza a unirse a él.
Invectiva contra la mala mujer
13 ¡Cualquier herida, menos la del corazón! ¡Cualquier maldad, menos la de una mujer!
14 ¡Cualquier desgracia, menos la causada por el odio! ¡Cualquier venganza, menos la de un enemigo!
15 No hay peor veneno que el de la serpiente,ni peor furia que la de la mujer.
16 Preferiría habitar con un león o un dragónantes que vivir con una mala mujer.
17 La maldad de una mujer desfigura su semblantey vuelve su rostro huraño como un oso.
18 Su marido se va a sentar en medio de sus vecinosy no puede reprimir sus amargos gemidos.
19 Toda maldad es pequeña comparada con la de la mujer:¡que caiga sobre ella la suerte del pecador!
20 Cuesta arenosa para los pies de un ancianoes la mujer charlatana para un esposo apacible.
21 No te dejes cautivar por los encantos de una mujer ni te apasiones por ella.
22 Estallido de enojo, infamia y una gran vergüenza esperan al hombre que es mantenido por su mujer.
23 Corazón abatido, rostro sombrío y pena del alma es una mala mujer. Manos inertes y rodillas paralizadas es la mujer que no hace feliz al marido.
24 Por una mujer tuvo comienzo el pecado, y a causa de ella, todos morimos.
25 No dejes correr el agua ni des libertad a una mala mujer.
26 Si no camina como tú le indicas, arráncala de tu propia carne.
1 Feliz el marido
de mujer buena, el número de sus días se duplicará.
2 Mujer varonil
da contento a su marido, que acaba en paz la suma de sus años.
3 Mujer buena es
buena herencia, asignada a los que temen al Señor:
4 sea rico o
pobre, su corazón es feliz, en todo tiempo alegre su semblante.
5 Tres cosas hay
que teme mi corazón, y una cuarta me espanta: desunión de ciudad, motín de
plebe, y falsa acusación: todo ello más penoso que la muerte;
6 pero dolor de
corazón y duelo es una mujer celosa de otra, látigo de lengua que con todos
se enzarza.
7 Yugo mal sujeto
es la mujer mala, tratar de dominarla es como agarrar un escorpión.
8 Blanco de gran
ira es la mujer bebedora, no podrá ocultar su ignominia.
9 La lujuria de
la mujer se ve en la procacidad de sus ojos, en sus párpados se reconoce.
10 Sobre hija
desenvuelta refuerza la guardia, no sea que, si ve descuido, se aproveche.
11 Guárdate de ir
tras ojos descarados, no te extrañes si te llevan al mal.
12 Cual caminante
sediento abre ella la boca, y de toda agua que se topa bebe; ante toda
clavija de tienda, impúdica, se sienta, y a toda flecha abre su aljaba.
13 La gracia de
la mujer recrea a su marido, y su ciencia reconforta sus huesos.
14 Un don del
Señor la mujer silenciosa, no tiene precio la bien educada.
15 Gracia de
gracias la mujer pudorosa, no hay medida para pesar a la dueña de sí misma.
16 Sol que sale
por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en
orden.
17 Lámpara que
brilla en sagrado candelero es la hermosura de un rostro sobre un cuerpo
esbelto.
18 Columnas de
oro sobre basas de plata, las bellas pierras sobre talones firmes.
28 Dos cosas
entristecen mi corazón y la tercera me produce mal humor: el guerrero que
desfallece de indigencia, los inteligentes cuando son menospreciados, y el
que de la justicia al pecado reincide: el Señor le destina a la espada.
29 Difícilmente
se libra de falta el negociante, el comerciante no quedará limpio de pecado.
1 Por amor a la
ganancia han pecado muchos, el que trata de enriquecerse desvía la mirada.
2 Entre dos
piedras juntas se planta una estaca, y entre venta y compra se introduce el
pecado.
3 Quien no se
aferra enseguida al temor del Señor, pronto verá derruida su casa.
4 Cuando la criba
se sacude, quedan los desechos; así en su reflexión se ven las vilezas del
hombre.
5 El horno prueba
las vasijas de alfarero, la prueba del hombre está en su razonamiento.
6 El fruto
manifiesta el cultivo del árbol; así la palabra, el del pensamiento del
corazón humano.
7 Antes que se
pronuncie no elogies a nadie, que esa es la prueba de los hombres.
8 Si persigues la
justicia, la alcanzarás, y la revestirás como túnica de gloria.
9 Los pájaros van
a posarse donde sus semejantes, la verdad vuelve a quienes la practican.
10 El león acecha
a su presa, así el pecado a los que practican la injusticia.
11 La
conversación del piadoso es siempre sabiduría, mas el insensato cambia como
la luna.
12 En medio de
imbéciles aguarda tu momento, entre los que piensan demórate.
13 La
conversación de los necios es algo irritante, su risa estalla en la molicie
del pecado.
14 El hablar del
jurador eriza los cabellos, ante sus disputas se tapan los oídos.
15 Disputa de
orgullosos trae efusión de sangre, sus injurias son penosas de oír.
16 Quien revela
los secretos, pierde el crédito, no encontrará jamás amigo íntimo.
17 Ama a tu amigo
y confíate a él, mas si revelas sus secretos, deja de ir tras él;
18 porque como el
que mata elimina a su víctima, así has destruido la amistad de tu compañero.
19 Como a pájaro
que soltaste de tu mano, así has perdido a tu compañero y no lo recobrarás.
20 No vayas en su
busca, porque se fue lejos, huyó como gacela de la red.
21 Que la herida
puede ser vendada, y para la injuria hay reconciliación, pero el que reveló
el secreto, perdió toda esperanza.
22 Quien guiña el
ojo, anda urdiendo el mal, nadie podrá apartarle de él.
23 Ante tus ojos
pone dulce su boca, y por tus palabras muestra admiración; mas después
cambia de lenguaje, y con tus palabras anda dando escándalo.
24 Muchas cosas
detesto, mas nada como a éste, y también el Señor le detesta.
25 Quien tira una
piedra al aire, sobre su propia cabeza la tira, el golpe a traición devuelve
heridas.
26 Quien cava una
fosa, caerá en ella, quien tiende una red, en ella quedará preso.
27 Quien hace el
mal, lo verá caer sobre sí sin saber de dónde le viene.
28 Escarnio y
ultraje son cosa de orgulloso, mas la venganza como león le acecha.
29 Caerán en la
red los que se alegran de la caída de los piadosos, el dolor los consumirá
antes de su muerte.
30 Rencor e ira
son también abominables, esa es la propiedad del pecador.
1 El que se
venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados.
2 Perdona a tu
prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados.
3 Hombre que a
hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación?
4 De un hombre
como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados!
5 El, que sólo es
carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?
6 Acuérdate de
las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y
sé fiel a los mandamientos.
7 Recuerda los
mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del
Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
8 Absténte de
disputas y evitarás el pecado, porque el apasionado atiza las disputas.
9 El pecador
enzarza a los amigos, entre los que están en paz siembra discordia.
10 Según sea la
leña, así arde el fuego, según su violencia, arde la disputa; según la
fuerza del hombre es su furor y conforme a su riqueza sube su ira.
11 Riña súbita
prende fuego, disputa precipitada vierte sangre.
12 Si soplas una
chispa, prenderá, si la escupes, se apagará, y ambas cosas salen de tu boca.
13 Al soplón de
lengua doble, maldícele, que ha perdido a muchos que vivían en paz.
14 A muchos
sacudió la lengua triple, los dispersó de nación en nación; arrasó ciudades
fuertes y derruyó casas de magnates.
15 La lengua
triple repudió a mujeres varoniles, las privó del fruto de sus trabajos.
16 El que la
atiende no encontrará reposo, ni plantará su tienda en paz.
17 El golpe del
látigo produce cardenales, el golpe de la lengua quebranta los huesos.
18 Muchos han
caído a filo de espada, mas no tantos como los caídos por la lengua.
19 Feliz el que
de ella se resguarda, el que no pasa a través de su furor, el que su yugo no
ha cargado, ni ha sido atado con sus coyundas.
20 Porque su yugo
es yugo de hierro, y coyundas de bronce sus coyundas.
21 Muerte funesta
la muerte que ella da, ¡el seol es preferible a ella!
22 Mas no tiene
poder sobre los piadosos, en su llama no se quemarán.
23 Los que
abandonan al Señor caerán en ella, en ellos arderá y no se apagará. Como un
león se lanzará contra ellos, como una pantera los desgarrará.
24 Mira, cerca tu
hacienda con espinos, encierra bien tu plata y tu oro.
25 A tus palabras
pon balanza y peso, a tu boca pon puerta y cerrojo.
26 Guárdate bien
de resbalar por ella, no sea que caigas ante el que te acecha.
1 Quien hace
misericordia, presta al prójimo, quien le apoya con su mano, guarda los
mandamientos.
2 Presta a tu
prójimo cuando se halle en necesidad, y por tu parte restituye a tiempo al
prójimo.
3 Mantén tu
palabra y ten confianza en él, y en toda ocasión encontrarás lo que
necesitas.
4 Muchos
consideran el préstamo como una ganga, y a los que les han socorrido causan
sinsabores.
5 Hasta que no
recibe, besa las manos de su prójimo, y ante su dinero humilla la voz; pero
al tiempo de la restitución da largas, responde con palabras negligentes y
echa la culpa a las circustancias.
6 Si puede, el
otro recibirá apenas la mitad, y aun lo tendrá como una ganga. Si no, se
quedará sin su dinero, y se habrá ganado sin necesidad un enemigo, que le
devolverá maldiciones e injurias y le dará, en vez de gloria, vilipendio.
7 Muchos, sin
malicia, vuelven las espaldas, pues temen ser despojados sin necesidad.
8 Pero con el
humilde muéstrate paciente, y a tu limosna no des largas.
9 En atención al
mandamiento, acoge al indigente, según su necesidad no le despidas vacío.
10 Gasta dinero
por el hermano y el amigo, que no se te enroñe bajo la piedra y lo pierdas.
11 Coloca tu
tesoro según los mandamientos del Altísimo, y te dará provecho más que el
oro.
12 Encierra la
limosna en tus graneros, ella te preservará de todo mal.
13 Mejor que
recio escudo y que pesada lanza frente al enemigo combatirá por ti.
14 El hombre
bueno sale fiador de su prójimo, el que ha perdido la vergüenza, lo deja
abandonado.
15 No olvides los
favores de tu fiador, pues él se ha expuesto por ti.
16 El pecador
dilapida los bienes de su fiador, el ingrato abandona en su corazón al que
le ha salvado.
17 La fianza
perdió a muchos que iban bien, los sacudió como ola del mar.
18 Echó de su
patria a hombres poderosos, que anduvieron errando por naciones extrañas.
19 Pecador que se
presta a la fianza buscando especular, incurre en juicio.
20 Acoge al
prójimo según tus recursos, y cuida de no caer tú mismo.
21 Lo primero
para vivir es agua, pan, vestido, y casa para abrigarse.
22 Más vale vida
de pobre bajo techo de tablas que comida suntuosa en casa de extraños.
23 En lo poco y
en lo mucho ten buena cara, y no escucharás reproches de tu huésped.
24 Triste vida
andar de casa en casa: donde te hospedes no podrás abrir la boca.
25 Hospedarás y
darás de beber a desagradecidos, y encima tendrás que oír cosas amargas:
26 «Pasa,
huésped, adereza la mesa, si tienes algo a mano, dame de comer.»
27 - «Vete,
huésped, cede el puesto a uno más digno, viene a hospedarse mi hermano,
necesito la casa.»
28 Duro es para
un hombre de sentimiento tal desprecio de la casa, tal insulto propio para
un deudor.
1 El que ama a su
hijo, le azota sin cesar, para poderse alegrar en su futuro.
2 El que enseña a
su hijo, sacará provecho de él, entre sus conocidos de él se gloriará.
3 El que instruye
a su hijo, pondrá celoso a su enemigo, y ante sus amigos se sentirá gozoso.
4 Murió su padre,
y como si no hubiera muerto, pues dejó tras de sí un hombre igual que él.
5 En su vida le
mira con contento, y a su muerte no se siente triste.
6 Contra sus
enemigos deja un vengador, y para los amigos quien les pague sus favores.
7 El que mima a
su hijo, vendará sus heridas, a cada grito se le conmoverán sus entrañas.
8 Caballo no
domado, sale indócil, hijo consentido, sale libertino.
9 Halaga a tu
hijo, y te dará sorpresas juega con él, y te traerá pesares.
10 No rías con
él, para no llorar y acabar rechinando de dientes.
11 No le des
libertad en su juventud, y no pases por alto sus errores.
12 Doblega su
cerviz mientras es joven, tunde sus costillas cuando es niño, no sea que,
volviéndose indócil, te desobedezca, y sufras por él amargura de alma.
13 Enseña a tu
hijo y trabaja en él, para que no tropieces por su desvergüenza.
14 Vale más pobre
sano y fuerte de constitución que rico lleno de achaques en su cuerpo.
15 Salud y buena
constitución valen más que todo el oro, cuerpo vigoroso más que inmensa
fortuna.
16 Ni hay riqueza
mejor que la salud del cuerpo, ni contento mayor que la alegría del corazón.
17 Mejor es la
muerte que una vida amarga, el descanso eterno que enfermedad permanente.
18 Manjares
derramados sobre boca cerrada, eso son las ofrendas de alimentos puestas
sobre una tumba.
19 ¿De qué le
sirve el sacrificio a un ídolo? ¡ni lo comerá ni lo olerá! Así aquel a quien
persigue el Señor,
20 que mira con
sus ojos y gime. Escomo un eunuco que oprime a una virgen y gime.
21 No entregues
tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones.
22 La alegría de
corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón, prolongación de sus
días.
23 Engaña tu alma
y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza; que la tristeza perdió
a muchos, y no hay en ella utilidad.
24 Envidia y
malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de
tiempo.
25 Un corazón
radiante viene bien en las comidas, se preocupa de lo que come.