1 Muchas e
importantes lecciones se nos han transmitido
2 por la Ley, los
Profetas y los otros que les han seguido,
3 por las cuales
bien se debe encomiar a Israel por su instrucción y sabiduría.
4 Mas como es
razón que no sólo los lectores se hagan sabios,
5 sino que puedan
también estos amigos del saber ser útiles a los de fuera,
6 tanto de
palabra como por escrito,
7 mi abuelo
Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura
8 de la Ley,
9 los Profetas
10 y los otros
libros de los antepasados,
11 y haber
adquirido un gran dominio en ellos,
12 se propuso
también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría,
13 con ánimo de
que los amigos del saber, lo aceptaran
14 y progresaran
más todavía en la vida según la Ley.
15 Estáis, pues,
invitados
16 a leerlo
17 con
benevolencia y atención,
18 así como a
mostrar indulgencia
19 allí donde se
crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación,
20 no hemos
podido acertar en alguna expresión.
21 Pues no tienen
la misma fuerza
22 las cosas
expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua.
23 Cosa que no
sucede sólo en esto,
24 sino que
también la misma Ley, los Profetas,
25 y los otros
libros
26 presentan no
pequeña diferencia respecto de lo que dice el original.
27 Fue, pues, en
el año treinta y ocho del rey Evergetes
28 cuando,
después de venir a Egipto y residir allí,
29 encontré una
obra de no pequeña enseñanza,
30 y juzgué muy
necesario aportar yo también algún interés y esfuerzo para traducir este
libro.
31 Mucha vigilia
y ciencia he puesto en juego
32 durante este
período,
33 hasta llegar a
buen término y publicar el libro
34 para uso de
aquellos que, en el extranjero, quieren ser amigos del saber,
35 y conformar
sus costumbres a una vida de acuerdo con la Ley.
1 Toda sabiduría
viene del Señor, y con él está por siempre.
2 La arena de los
mares, las gotas de la lluvia, los días de la eternidad, ¿quién los puede
contar?
3 La altura del
cielo, la anchura de la tierra, la profundidad del abismo, ¿quién los
alcanzará?
4 Antes de todo
estaba creada la Sabiduría, la inteligente prudencia desde la eternidad.
6 La raíz de la
sabiduría ¿a quién fue revelada?, sus recursos, ¿quién los conoció?
8 Sólo uno hay
sabio, en extremo temible, el que en su trono está sentado.
9 El Señor mismo
la creó, la vio y la contó y la derramó sobre todas sus obras,
10 en toda carne
conforme a su largueza, y se la dispensó a los que le aman.
11 Gloria es y
orgullo el temor del Señor, contento y corona de júbilo.
12 El temor del
Señor recrea el corazón, da contento y recocijo y largos días.
13 Para el que
teme al Señor, todo irá bien al fin, en el día de su muerte se le bendecirá.
14 Principio de
la sabiduría es temer al Señor, fue creada en el seno materno juntamente con
los fieles.
15 Entre los
hombres puso su nido, fundación eterna, y con su linaje se mantendrá
fielmente.
16 Plenitud de la
sabiduría es temer al Señor, ella les embriaga de sus frutos.
17 Toda su casa
colma de cosas deseables, y de sus productos sus graneros.
18 Corona de la
sabiduría el temor del Señor, ella hace florecer paz y buena salud.
19 (El la vio y
la contó), ciencia y conocimiento inteligente hizo llover, y la gloria de
los que la poseen exaltó.
20 Raíz de la
sabiduría es temer al Señor, sus ramas, los largos días.
22 No puede
justificarse la pasión del injusto, que el impulso de su pasión le hace
caer.
23 Hasta su hora
aguanta el que es paciente, mas después se le brinda contento.
24 Hasta su hora
oculta sus palabras, y entonces muchos labios prolamarán su inteligencia.
25 En los tesoros
de la sabiduría están las máximas de la ciencia, mas abominación para el
pecador es la piedad para con Dios.
26 Si apeteces
sabiduría, guarda los mandamientos, y el Señor te la dispensará.
27 Pues sabiduría
y enseñanza es el temor del Señor; su complacencia, la fidelidad y
mansedumbre.
28 No seas
indócil al temor del Señor, ni te acerques a él con corazón partido.
29 No seas
hipócrita delante de los hombres, pon guardia a tus labios.
30 No te exaltes
a ti mismo, para no caer y acarrearte deshonra, porque el Señor revelaría
tus secretos y en medio de la asamblea te echaría por tierra, por no haberte
llegado al temor del Señor, porque tu corazón está lleno de fraude.
1 Hijo, si te
llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
2 Endereza tu
corazón, manténte firme, y no te aceleres en la hora de la adversidad.
3 Adhiérete a él,
no te separes, para que seas exaltado en tus postrimerías.
4 Todo lo que te
sobrevenga, acéptalo, y en los reveses de tu humillación sé paciente.
5 Porque en el
fuego se purifica el oro, y los aceptos a Dios en el honor de la
humillación.
6 Confíate a él,
y él, a su vez, te cuidará, endereza tus caminos y espera en él.
7 Los que teméis
al Señor, aguardad su misericordia, y no os desviéis, para no caer.
8 Los que teméis
al Señor, confiaos a él, y no os faltará la recompensa.
9 Los que teméis
al Señor, esperad bienes, contento eterno y misericordia.
10 Mirad a las
generaciones de antaño y ved: ¿Quién se confió al Señor y quedó confundido?
¿Quién perseveró en su temor y quedó abandonado? ¿Quién le invocó y fue
desatendido?
11 Que el Señor
es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la
tribulación.
12 ¡Ay de los
corazones flacos y las manos caídas, del pecador que va por senda doble!
13 ¡Ay del
corazón caído, que no tiene confianza! por eso no será protegido.
14 ¡Ay de
vosotros que perdisteis el aguante! ¿Qué vais a hacer cuando el Señor os
visite?
15 Los que temen
al Señor no desobedecen sus palabras, los que le aman guardan sus caminos.
16 Los que temen
al Señor buscan su agrado, los que le aman quedan llenos de su Ley.
17 Los que temen
al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan.
18 Caeremos en
manos del Señor y no en manos de los hombres, pues como es su grandeza, tal
su misericordia.
1 A mí que soy
vuestro padre escuchadme, hijos, y obrad así para salvaros.
2 Pues el Señor
glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su
prole.
3 Quien honra a
su padre expía sus pecados;
4 como el que
atesora es quien da gloria a su madre.
5 Quien honra a
su padre recibirá contento de sus hijos, y en el día de su oración será
escuchado.
6 Quien da gloria
al padre vivirá largos días, obedece al Señor quien da sosiego a su madre:
7 como a su Señor
sirve a los que le engendraron.
8 En obra y
palabra honra a tu padre, para que te alcance su bendición.
9 Pues la
bendición del padre afianza la casa de los hijos, y la maldición de la madre
destruye los cimientos.
10 No te gloríes
en la deshonra de tu padre, que la deshonra de tu padre no es gloria para
ti.
11 Pues la gloria
del hombre procede de la honra de su padre, y baldón de los hijos es la
madre en desdoro.
12 Hijo, cuida de
tu padre en su vejez, y en su vida no le causes tristeza.
13 Aunque haya
perdido la cabeza, sé indulgente, no le desprecies en la plenitud de tu
vigor.
14 Pues el
servicio hecho al padre no quedará en olvido, será para ti restauración en
lugar de tus pecados.
15 El día de tu
tribulación se acordará El de ti; como hielo en buen tiempo, se disolverán
tus pecados.
16 Como blasfemo
es el que abandona a su padre, maldito del Señor quien irrita a su madre.
17 Haz, hijo, tus
obras con dulzura, así serás amado por el acepto a Dios.
18 Cuanto más
grande seas, más debes humillarte, y ante el Señor hallarás gracia.
20 Pues grande es
el poderío del Señor, y por los humildes es glorificado.
21 No busques lo
que te sobrepasa, ni lo que excede tus fuerzas trates de escrutar.
22 Lo que se te
encomienda, eso medita, que no te es menester lo que está oculto.
23 En lo que
excede a tus obras no te fatigues, pues más de lo que alcanza la
inteligencia humana se te ha mostrado ya.
24 Que a muchos
descaminaron sus prejuicios, una falsa ilusión extravió sus pensamientos.
26 El corazón
obstinado en mal acaba, y el que ama el peligro caerá en él.
27 El corazón
obstinado se carga de fatigas, el pecador acumula pecado tras pecado.
28 Para la
adversidad del orgulloso no hay remedio, pues la planta del mal ha echado en
él raíces.
29 El corazón del
prudente medita los enigmas. un oído que le escuche es el anhelo del sabio.
30 El agua apaga
el fuego llameante, la limosma perdona los pecados.
31 Quien con
favor responde prepara el porvenir, el día de su caída encontrará un apoyo.
1 Hijo, no prives
al pobre del sustento, ni dejes en suspenso los ojos suplicantes.
2 No entristezcas
al que tiene hambre, no exasperes al hombre en su indigencia.
3 No te ensañes
con el corazón exasperado, no hagas esperar la dádiva al mendigo.
4 No rechaces al
suplicante atribulado, ni apartes tu rostro del pobre.
5 No apartes del
mendigo tus ojos, ni des a nadie ocasión de maldecirte.
6 Pues si maldice
en la amargura de su alma, su Hacedor escuchará su imprecación.
7 Hazte querer de
la asamblea, ante un grande baja tu cabeza.
8 Inclina al
pobre tus oídos, responde a su saludo de paz con dulzura.
9 Arranca al
oprimido de manos del opresor, y a la hora de juzgar no seas pusilánime.
10 Sé para los
huérfanos un padre, haz con su madre lo que hizo su marido. Y serás como un
hijo del Altísimo; él te amará más que tu madre.
11 La sabiduría a
sus hijos exalta, y cuida de los que la buscan.
12 El que la ama,
ama la vida, los que en su busca madrugan serán colmados de contento.
13 El que la
posee tendrá gloria en herencia, dondequiera que él entre, le bendecirá el
Señor.
14 Los que la
sirven, rinden culto al Santo, a los que la aman, los ama el Señor.
15 El que la
escucha, juzgará a las naciones, el que la sigue, su tienda montará en
seguro.
16 Si se confía a
ella, la poseerá en herencia, y su posteridad seguirá poseyéndola.
17 Pues, al
principio, le llevará por recovecos, miedo y pavor hará caer sobre él, con
su disciplina le atormentará hasta que tenga confianza en su alma y le
pondrá a prueba con sus preceptos,
18 mas luego le
volverá al camino recto, le regocijará y le revelará sus secretos.
19 Que si él se
descarría, le abandonará, y le dejará a merced de su propia caída.
20 Ten en cuenta
el momento y guárdate del mal, no te avergüences de ti mismo.
21 Porque hay una
vergüenza que conduce al pecado, y otra vergüenza hay que es gloria y
gracia.
22 No tengas
miramientos en contra de ti mismo, y no mudes de color por tu caída.
23 No contengas
la palabra cuando pueda salvar, y no escondas tu sabiduría.
24 Que la
sabiduría se da a conocer en la palabra, y la educación en los discursos de
la lengua.
25 A la verdad no
contradigas, mas ruborízate de no estar educado.
26 No te
avergüences de confesar tus pecados, no te opongas a la corriente del río.
27 No te aplanes
ante el hombre insensato, ni tengas miramiento al poderoso.
28 Hasta la
muerte por la verdad combate, y el Señor Dios peleará por ti.
29 No seas
atrevido con tu lengua, ni perezoso y negligente en tus obras.
30 No seas un
león en tu casa y un corbade entre tus servidores.
31 No sea tu mano
abierta para recibir, y cerrada para dar.
1 En tus riquezas
no te apoyes ni digas: «Tengo bastante con ellas.»
2 No te dejes
arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la pasión de tu corazón.
3 No digas:
«¿Quién me domina a mí?», porque el Señor cierto que te castigará.
4 No digas:
«Pequé, y ¿qué me ha pasado?», porque el Señor es paciente.
5 Del perdón no
te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado.
6 No digas: «Su
compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados.» Porque en
él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga
su furor.
7 No te tardes en
volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la
ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo.
8 No te apoyes en
riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad.
9 No avientes a
cualquier viento, ni vayas por cualquier senda, (así hace el pecador de
lengua doble).
10 Manténte firme
en tu pensamiento, y sea una tu palabra.
11 Sé pronto en
escuchar, y tardo en responder.
12 Si sabes
alguna cosa, a tu prójimo responde, si no, pon tu mano en la boca.
13 Gloria y
deshonra caben en el hablar, y en la lengua del hombre está su ruina.
14 Que no se te
llame maldiciente, no pongas lazos con tu lengua, que sobre el ladrón cae la
vergüenza, y dura condenación sobre la lengua doble.
15 Ni en lo
grande ni en lo pequeño yerres, ni de amigo te vuelvas enemigo.
1 porque la mala fama heredará vergüenza y oprobio: esta es la suerte del pecador que habla con doblez.
Contra los arrebatos de la pasión
2 No te dejes arrastrar por el capricho de tu pasión, para no ser despedazado como un toro:
3 devorarías tus ramas, perderías tus frutos y de convertirías en un tronco seco.
4 Una pasión violenta pierde al que la tiene y hace que sus enemigos se rían de él.
La verdadera y la falsa amistad
5 Las palabras dulces multiplican los amigosy un lenguaje amable favorece las buenas relaciones.
6 Que sean muchos los que te saludan,pero el que te aconseja, sea uno entre mil.
7 Si ganas un amigo, gánalo en la prueba, y no le des confianza demasiado pronto.
8 Porque hay amigos ocasionales, que dejan de serlo en el día de aflicción.
9 Hay amigos que se vuelven enemigos, y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa.
10 Hay amigos que comparten tu mesa y dejan de serlo en el día de la aflicción.
11 Mientras te vaya bien, serán como tú mismo y hablarán abiertamente con tus servidores;
12 pero si te va mal, se pondrán contra ti y se esconderán de tu vista.
13 Sepárate de tus enemigos y sé precavido con tus amigos.
14 Un amigo fiel es un refugio seguro:el que lo encuentra ha encontrado un tesoro.
15 Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor.
16 Un amigo fiel es un bálsamo de vida,que encuentran los que temen al Señor.
17 El que teme al Señor encamina bien su amistad, porque como es él, así también será su amigo.
El aprendizaje de la Sabiduría
18 Hijo mío, desde tu juventud, busca la instrucción, y hasta en tu vejez, encontrarás la sabiduría.
19 Acércate a ella como el que ara y el que siembra, y espera pacientemente sus buenos frutos:
al cultivarla, te fatigarás un poco, pero muy pronto comerás de sus productos.
20 ¡Qué dura les parece a los ignorantes! El insensato no se mantiene fiel a ella:
21 ella lo oprime como una piedra pesada y no tarda en sacársela de encima.
22 Porque la sabiduría hace honor a su nombre y no se manifiesta a muchos.
23 Escucha, hijo mío, acepta mi doctrina y no rechaces mi consejo.
24 Mete tus pies en sus cepos y tu cuello en su collar.
25 Doblega tus espaldas y carga con ella, y no te irrites por sus cadenas.
26 Acércate a ella con toda tu alma y permanece en sus camino con todas tus fuerzas.
27 Sigue sus huellas y búscala: la sabiduría se te dará a conocer, y una vez que la poseas, no la dejes,
28 porque al fin encontrarás en ella el descanso y ella se convertirá en tu alegría.
29 Sus cepos serán un refugio poderoso y sus collares, un manto de gloria.
30 Su yugo será un adorno de oro y sus cadenas, un tejido de jacinto.
31 Te revestirás de ella como de un manto de gloria y te la ceñirás como una corona de júbilo.
32 Si quieres, hijo mío, serás instruido, y si pones empeño, sabrás desenvolverte.
33 Si te gusta escuchar, aprenderás, y si prestas atención, llegarás a ser sabio.
34 Frecuenta las reuniones de los ancianos y si hay algún sabio, adhiérete a él.
35 Procura escuchar todo lo que se refiera a Dios y que no se te escapen las máximas profundas.
36 Si ves a un hombre inteligente, ve en seguida hacia él y que tus pies gasten el umbral de su puerta.
37 Examina detenidamente los preceptos del Señor y medita sin cesar sus mandamientos:
él mismo afirmará tu corazón y te dará la sabiduría que deseas.
1 No hagas mal, y
el mal no te dominará,
2 sepárate del
injusto, y él se alejará de ti.
3 No siempres,
hijo, en surcos de injusticia, no sea que coseches siete veces más.
4 No pidas al
Señor la preeminencia, ni al rey silla de gloria.
5 No te hagas el
justo delante del Señor, ante el rey no te las des de sabio.
6 No te empeñes
en llegar a ser juez, no sea que no puedas extirpar la injusticia, o te
dejes influir del poderoso, y pongas un tropiezo en tu entereza.
7 No peques
contra la asamblea de la ciudad, ni te rebajes a ti mismo ante el pueblo.
8 En el pecado no
te enredes dos veces, pues ni una sola quedarás impune.
9 No digas:
«Pondrá él sus ojos en la abundancia de mis dones, cuando se los presente al
Dios Altísimo, los aceptará.»
10 No seas en tu
plegaria pusilánime, y hacer limosna no descuides.
11 No te burles
del hombre que vive en aflicción, porque el que humilla, también exalta.
12 No trames
mentira contra tu hermano ni hagas otro tanto con tu amigo.
13 Propónte no
decir mentira alguna, que persistir en ello no lleva a nada bueno.
14 No seas
hablador en la reunión de los ancianos, en tu plegaria no repitas palabras.
15 No rehúyas el
trabajo penoso, ni la labor del campo que creó el Altísimo.
16 No te incluyas
en el grupo de los pecadores, recuerda que la Cólera no se hará esperar.
17 Humilla
hondamente tu alma, que el castigo del impío es fuego y gusanos.
18 No cambies un
amigo por dinero, ni un hermano de veras por el oro de Ofir.
19 No faltes a la
mujer sabia y buena, que su gracia vale más que el oro.
20 No maltrates
al criado que trabaja fielmente, ni al jornalero que pone su empeño.
21 Al criado
prudente ame tu alma, y no le prives de la libertad.
22 ¿Tienes
rebaños? Pásales revista; y si te dan ganancia, consérvalos.
23 ¿Tienes hijos?
Adoctrínalos, doblega su cerviz desde su juventud.
24 ¿Tienes hijas?
Cuídate de ellas, y no pongas ante ellas cara muy risueña.
25 Casa a tu hija
y habrás hecho una gran cosa, pero dásela a un hombre prudente.
26 ¿Tienes una
mujer que te gusta? No la despidas, pero si la aborreces, no te confíes a
ella.
27 Con todo tu
corazón honra a tu padre, y no olvides los dolores de tu madre.
28 Recuerda que
por ellos has nacido, ¿cómo les pagarás lo que contigo han hecho?
29 Con toda tu
alma reverencia al Señor, y venera a sus sacerdotes.
30 Con todas tus
fuerzas ama al que te hizo, y a sus ministros no abandones.
31 Teme al Señor
y honra el sacerdote, dale su porción como te está prescrito: primicias,
sacrificios de reparación, pierna de las ofrendas, oblación de santidad y
primicias de las cosas sagradas.
32 También al
pobre tiéndele tu mano, para que tu bendición sea perfecta.
33 La gracia de
tu dádiva llegue a todo viviente, ni siquiera a los muertos les rehúses tu
gracia.
34 No te rezagues
ante los que lloran, y con los afligidos muéstrate afligido.
35 No descuides
visitar al enfermo, que por obras de éstas ganarás amor.
36 En todas tus
acciones ten presente tu fin, y jamás cometerás pecado.
1 No disputes con
hombre poderoso, no sea que caigas en sus manos.
2 No discutas con
hombre rico, no sea que te venza con su peso. Porque a muchos perdió el oro,
hasta los corazones de los reyes descarrió.
3 No disputes con
hombre charlatán, no eches más leña a su fuego.
4 No bromees con
el ineducado, para que tus mayores no queden en deshonra.
5 No reproches al
hombre que se vuelve del pecado, recuerda que culpables somos todos.
6 No deshonres al
hombre en su vejez, que entre nosotros también se llega a viejos.
7 No te alegres
de la muerte de nadie, recuerda que todos moriremos.
8 No dedeñes lo
que narran los sabios, vuelve a menudo a sus proverbios, que de ellos
aprenderás doctrina y el modo de servir a los grandes.
9 No desprecies
lo que cuentan los viejos, que ellos también han aprendido de sus padres;
pues de ellos aprenderás prudencia y a dar respuesta en el momento justo.
10 No enciendas
los carbones del pecador, no sea que te abrases en el fuego de su llama.
11 No te encares
con el insolente, para que no sea como trampa tendida a tu boca.
12 No prestes al
que puede más que tú; si prestas, dalo por perdido.
13 No salgas
fiador por encima de tus medios; si lo haces, date por deudor.
14 No entres en
pleito con un juez, que por su dignidad fallarán en su favor.
15 Con el osado
no te pongas en camino, para que no te agote, pues él procederá a su antojo,
y por su locura te perderás con él.
16 Con el
colérico no entres en pelea, ni te adentres con él en el desierto, porque a
sus ojos nada es la sangre, y donde no haya quien te auxilie se echará sobre
ti.
17 No le pidas
consejo al insensato, pues no podrá mantenerlo en silencio.
18 Delante de un
extraño no hagas cosa secreta, pues no sabes qué inventará después.
19 No abras tu
corazón a todo el mundo, pues no te han de compensar con gracia alguna.
1 No tengas celos
de tu propia mujer, para no enseñarle a hacerte mal.
2 No te entregues
del todo a tu mujer, no sea que te llegue a dominar.
3 No vayas al
encuentro de una mujer prostituta, no sea que caigas en sus redes.
4 Con cantadora
no frecuentes el trato, para no quedar prendido en sus enredos.
5 No te quedes
mirando a doncella, para que no incurras en su propio castigo.
6 A prostitutas
no te entregues, para no perder tu herencia.
7 No andes
fisgando por los calles de la ciudad, ni divagues por sus sitios solitarios.
8 Aparta tu ojo
de mujer hermosa, no te quedes mirando la belleza ajena. Por la belleza de
la mujer se perdieron muchos, junto a ella el amor se inflama como fuego.
9 Junto a mujer
casada no te sientes jamás, a la mesa con ella no te huelgues con vino, para
que tu corazón no se desvíe hacia ella y en tu ímpetu te deslices a la
ruina.
10 No abandones a
un viejo amigo, porque el nuevo no le iguala. Vino nuevo, amigo nuevo,
cuando sea añejo, con placer lo beberás.
11 No envidies la
gloria del pecador, pues no sabes cómo se le volverá la fortuna.
12 No asientas al
éxito de los impíos, recuerda que no quedarán hasta el seol impunes.
13 Ponte lejos
del hombre que es capaz de matar, y no experimentarás miedo a la muerte. Si
te acercas a él, no te descuides, para que no te quite la vida. Date cuenta
de que pasas entre lazos y que caminas sobre el muro de la ciudad.
14 Cuando puedas
acude a tu prójimo, y con los sabios aconséjate.
15 Con los
inteligentes ten conversación, y tus charlas versen sobre la Ley del
Altísimo.
16 Varones justos
sean tus comensales, y en el temor del Señor esté tu orgullo.
17 Por la mano
del artista la obra es alabada, y el jefe del pueblo aparece sabio en su
palabra.
18 Temible en su
ciudad el hombre charlatán, el desmedido por su lenguaje se hace odioso.
1 El juez sabio
adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada.
2 Según el juez
del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus
habitantes.
3 El rey sin
instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia
de los dirigentes.
4 En manos del
Señor está el gobierno de la tierra, a su tiempo suscita para ella al que
conviene.
5 En manos del
Señor el recto camino del hombre, él pone su gloria en el escriba.
6 Sea cual fuere
su agravio, no guardes rencor al prójimo, y no hagas nada en un arrebato de
violencia.
7 Odioso es al
Señor y a los hombres el orgullo, para ambos es un yerro la injusticia.
8 La soberanía
pasa de una nación a otra, por las injusticias, las violencias y el dinero.
9 ¿Por qué se
enorgullece el que es tierra y ceniza? ¡si ya en vida es su vientre
podredumbre!
10 La larga
enfermedad deja perplejo al médico, y el que hoy es rey fenecerá mañana.
11 Y cuando un
hombre muere, recibe como herencia reptiles, fieras y gusanos.
12 El comienzo
del orgullo del hombre es alejarse del Señor, cuando de su Hacedor se apartó
su corazón.
13 Que el
comienzo del orgullo es el pecado, el que se agarra a él vierte abominación.
Por eso les dio el Señor asombrosos castigos, y les abatió hasta
aniquilarlos.
14 Los tronos de
los príncipes los volteó el Señor, y en su lugar sentó a los mansos.
15 Las raíces de
los orgullosos las arrancó el Señor, y en su lugar plantó a los humildes.
16 Las comarcas
de las naciones las arrasó el Señor, y las destruyó hasta los cimientos de
la tierra.
17 Tomó algunos
de ellos y los destruyó, y borró de la tierra su recuerdo.
18 No se ha hecho
para los hombres el orgullo, ni el furor de la ira para los nacidos de
mujer.
19 ¿Qué raza es
honorable? La del hombre. ¿Qué raza es honorable? Los que temen al Señor.
¿Qué raza es despreciable? La del hombre. ¿Qué raza es despreciable? Los que
violan sus mandatos.
20 En medio de
sus hermanos es honorable el jefe, y los que temen al Señor, a los ojos de
él.
22 Sean ricos,
llenos de gloria o pobres, su orgullo es el temor del Señor.
23 No es justo
despreciar al pobre inteligente, ni procede glorificar al pecador.
24 Grande, juez y
poderoso reciben honores, mas no hay mayor entre ellos que el que teme al
Señor.
25 Al siervo
sabio los hombres libres sirven, y el hombre de saber no lo critica.
26 No te hagas el
sabio cuando cumples tu obra, no te gloríes en el momento de tu aprieto.
27 Más vale el
que trabaja y le sobra de todo que el que anda gloriándose y carece de pan.
28 Hijo, gloríate
con moderación, y estímate en lo que vales.
29 Al que peca
contra sí mismo, ¿quién le justificará? ¿quién apreciará al que desprecia su
vida?
30 El pobre es
honrado por su saber, y el rico lo es por su riqueza.
31 Quien es
estimado en la pobreza, ¡cuánto más en la riqueza! quien es despreciado en
la riqueza, ¡cuánto más en la pobreza!