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1 Si ves
extraviada alguna res del ganado mayor o menor de tu hermano, no te
desentenderás de ella, sino que se la llevarás a tu hermano.
2 Y si tu
hermano no es vecino tuyo, o no le conoces, la recogerás en tu casa y la
guardarás contigo hasta que tu hermano venga a buscarla; entonces se la
devolverás.
3 Lo mismo
harás con su asno, con su manto, o con cualquier objeto perdido por tu
hermano que tú encuentres; no puedes desentenderte.
4 Si ves caído
en el camino el asno o el buey de tu hermano, no te desentenderás de ellos,
sino que le ayudarás a levantarlos.
5 La mujer no
llevará ropa de hombre ni el hombre se pondrá vestidos de mujer, porque el
que hace esto es una abominación para Yahveh tu Dios.
6 Si encuentras
en el camino un nido de pájaros, con polluelos o huevos, sobre un árbol o en
el suelo, y la madre echada sobre los polluelos o sobre los huevos, no
tomarás a la madre con las crías.
7 Deja marchar
a la madre, y puedes quedarte con las crías. Así tendrás prosperidad y larga
vida.
8 Cuando
construyas una casa nueva, pondrás un pretil a tu azotea; así tu casa no
incurrirá en la venganza de sangre en el caso de que alguno se cayera de
allí.
9 No sembrarás
tu viña con semilla de dos clases, no sea que quede consagrado todo: la
semilla que siembres y el fruto de la viña.
10 No ararás
con un buey y una asna juntos.
11 No vestirás
ropa tejida mitad de lana y mitad de lino.
12 Te harás
unas borlas en las cuatro puntas del manto con que te cubras.
13 Si un hombre
se casa con una mujer, y después de llegarse a ella, le cobra aversión,
14 le atribuye
acciones torpes y la difama públicamente diciendo: «Me he casado con esta
mujer y, al llegarme a ella, no la he encontrado virgen,»
15 el padre de
la joven y su madre tomarán las pruebas de su virginidad y las descubrirán
ante los ancianos de la ciudad, a la puerta.
16 El padre de
la joven dirá a los ancianos: «Yo di mi hija por esposa a este hombre; él le
ha cobrado aversión,
17 y ahora le
achaca acciones torpes diciendo: "No he encontrado virgen a tu hija." Sin
embargo, aquí tenéis las señales de la virginidad de mi hija», y levantarán
el paño ante los ancianos de la ciudad.
18 Los ancianos
de aquella ciudad tomarán a ese hombre, le castigarán,
19 y le pondrán
una multa de cien monedas de plata, que entregarán al padre de la joven, por
haber difamado públicamente a una virgen de Israel. El la recibirá por
mujer, y no podrá repudiarla en toda su vida.
20 Pero si
resulta que es verdad, si no aparecen en la joven las pruebas de la
virginidad,
21 sacarán a la
joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la
apedrearán hasta que muera, por haber cometido una infamia en Israel
prostituyéndose en casa de su padre. Así harás desaparecer el mal de en
medio de ti.
22 Si se
sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el
hombre que se acostó con la mujer y la mujer misma. Así harás desaparecer de
Israel el mal.
23 Si una joven
virgen está prometida a un hombre y otro hombre la encuentra en la ciudad y
se acuesta con ella,
24 los sacaréis
a los dos a la puerta de esa ciudad y los apedrearéis hasta que mueran: a la
joven por no haber pedido socorro en la ciudad, y al hombre por haber
violado a la mujer de su prójimo. Así harás desaparecer el mal de en medio
de ti.
25 Pero si es
en el campo donde el hombre encuentra a la joven prometida, la fuerza y se
acuesta con ella, sólo morirá el hombre que se acostó con ella;
26 no harás
nada a la joven: no hay en ella pecado que merezca la muerte. El caso es
semejante al de un hombre que se lanza sobre su prójimo y le mata:
27 porque fue
en el campo donde la encontró, y la joven prometida acaso gritó sin que
hubiera nadie que la socorriera.
28 Si un hombre
encuentra a una joven virgen no prometida, la agarra y se acuesta con ella,
y son sorprendidos,
29 el hombre
que acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta monedas de plata;
ella será su mujer, porque la ha violado, y no podrá repudiarla en toda su
vida.
30 (1) Nadie
tomará a la mujer de su padre, no retirará el borde del manto de su padre.
1 (2) El hombre
que tenga los testículos aplastados o el pene mutilado no será admitido en
la asamblea de Yahveh.
2 (3) El
bastardo no será admitido en la asamblea de Yahveh; ni siquiera en su décima
generación será admitido en la asamblea de Yahveh.
3 (4) El
ammonita y el moabita no serán admitidos en la asamblea de Yahveh; ni aun en
la décima generación serán admitidos en la asamblea de Yahveh, nunca jamás.
4 (5) Porque no
vinieron a vuestro encuentro con el pan y el agua cuando estábais de camino
a la salida de Egipto, y porque alquiló para maldecirte a Balaam, hijo de
Beor, desde Petor, Aram de Mesopotamia.
5 (6) Sólo que
Yahveh tu Dios no quiso escuchar a Balaam, y Yahveh tu Dios te cambió la
maldición en bendición, porque Yahveh tu Dios te ama.
6 (7) No
buscarás jamás mientras vivas su prosperidad ni su bienestar.
7 (8) No
tendrás por abominable al idumeo, porque es tu hermano; tampoco al egipcio
tendrás por abominable, porque fuiste forastero en su país.
8 (9) A la
tercera generación, sus descendientes podrán ser admitidos en la asamblea de
Yahveh.
9 (10) Cuando
salgas a campaña contra tus enemigos, te guardarás de todo mal.
10 (11) Si hay
entre los tuyos un hombre que no esté puro, por causa de una polución
nocturna, saldrá del campamento y no volverá a entrar.
11 (12) Pero a
llegar la tarde se lavará, y a la puesta del sol podrá volver al campamento.
12 (13) Tendrás
fuera del campamento un lugar, y saldrás allá fuera.
13 (14)
Llevarás en tu equipo una estaca, y cuando vayas a evacuar afuera, harás un
hoyo con la estaca, te darás vuelta, y luego taparás tus excrementos.
14 (15) Porque
Yahveh tu Dios recorre el campamento para protegerte y entregar en tu mano a
tus enemigos. Por eso tu campamento debe ser una cosa sagrada, Yahveh no
debe ver en él nada inconveniente; de lo contrario se apartaría de ti.
15 (16) No
entregarás a su amo el esclavo que se haya acogido a ti huyendo de él.
16 (17) Se
quedará contigo, entre los tuyos, en el lugar que escoja en una de tus
ciudades, donde le parezca bien; no le molestarás.
17 (18) No
habrá hieródula entre las israelitas, ni hieródulo entre los israelitas.
18 (19) No
llevarás a la casa de Yahveh tu Dios don de prostituta ni salario de perro,
sea cual fuere el voto que hayas hecho: porque ambos son abominación para
Yahveh tu Dios.
19 (20) No
prestarás a interés a tu hermano, ya se trate de réditos de dinero, o de
víveres, o de cualquier otra cosa que produzca interés.
20 (21) Al
extranjero podrás prestarle a interés, pero a tu hermano no le prestarás a
interés, para que Yahveh tu Dios te bendiga en todas tus empresas, en la
tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión.
21 (22) Si
haces un voto a Yahveh tu Dios, no tardarás en cumplirlo, porque sin duda
Yahveh tu Dios te lo reclamaría, y te cargarías con un pecado.
22 (23) Si te
abstienes de hacer voto, no habrá pecado en ti.
23 (24) Pero lo
que salga de tus labios lo mantendrás, y cumplirás el voto que has hecho
voluntariamente a Yahveh tu Dios, lo que has dicho con tu propia boca.
24 (25) Si
entras en la viña de tu prójimo, podrás comer todas las uvas que quieras,
hasta saciarte, pero no las meterás en tu zurrón.
25 (26) Si
pasas por las mieses de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano,
pero no meterás la hoz en la mies de tu prójimo.
1 Si un hombre
toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia
a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un
libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa.
2 Si después de
salir y marcharse de casa de éste, se casa con otro hombre,
3 y luego este
otro hombre le cobra aversión, le redacta un libelo de repudio, lo pone en
su mano y la despide de su casa (o bien, si llega a morir este otro hombre
que se ha casado con ella),
4 el primer
marido que la repudió no podrá volver a tomarla por esposa después de
haberse hecho ella impura. Pues sería una abominación a los ojos de Yahveh,
y tú no debes hacer pecar a la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia.
5 Si un hombre
está recién casado, no saldrá a campaña ni se le impondrá compromiso alguno;
quedará exento en su casa durante un año, para recrear a la mujer que ha
tomado.
6 No se tomará
en prenda el molino ni la muela; porque ello sería tomar en prenda la vida
misma.
7 Si se
encuentra a un hombre que haya raptado a uno de sus hermanos, entre los
israelitas - ya le haya hecho su esclavo o le haya vendido - ese ladrón debe
morir. Harás desaparecer el mal de en medio de ti.
8 En caso de
lepra, cuida bien de observar y ejecutar todo lo que os enseñen los
sacerdotes levitas. Procuraréis poner en práctica lo que yo les he mandado.
9 Recuerda lo
que Yahveh tu Dios hizo con María cuando estabais de camino a la salida de
Egipto.
10 Si haces
algún préstamo a tu prójimo, no entrarás en su casa para tomar la prenda,
sea cual fuere.
11 Te quedarás
fuera, y el hombre a quien has hecho el préstamo te sacará la prenda afuera.
12 Y si es un
hombre de condición humilde, no te acostarás guardando su prenda;
13 se la
devolverás a la puesta del sol, para que pueda acostarse en su manto. Así te
bendecirá y habrás hecho una buena acción a los ojos de Yahveh tu Dios.
14 No
explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un
forastero que resida en tus ciudades.
15 Le darás
cada día su salario, sin dejar que el sol se ponga sobre esta deuda; porque
es pobre, y para vivir necesita de su salario. Así no apelará por ello a
Yahveh contra ti, y no te cargarás con un pecado.
16 No morirán
los padres por culpa de los hijos ni los hijos por culpa de los padres. Cada
cual morirá por su propio pecado.
17 No torcerás
el derecho del forastero ni del huérfano, ni tomarás en prenda el vestido de
la viuda.
18 Recuerda que
fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te rescató de allí.
Por eso te mando hacer esto.
19 Cuando
siegues la mies en tu campo, si dejas en él olvidada una gavilla, no
volverás a buscarla. Será para el forastero, el huérfano y la viuda, a fin
de que Yahveh tu Dios te bendiga en todas tus obras.
20 Cuando
varees tus olivos, no harás rebusco. Lo que quede será para el forastero, el
huérfano y la viuda.
21 Cuando
vendimies tu viña, no harás rebusco. Lo que quede será para el forastero, el
huérfano y la viuda.
22 Recuerda que
fuiste esclavo en el país de Egipto. Por eso te mando hacer esto.
1 Cuando hay
pleito entre dos hombres, se presentarán a juicio para que se pronuncie
entre ellos: se dará la razón a quien la tenga y se condenará al culpable.
2 Si el
culpable merece azotes, el juez le hará echarse en tierra en su presencia y
hará que le azoten con un número de golpes proporcionado a su culpa.
3 Podrá
infligirle cuarenta azotes, pero no más, no sea que al golpearle más sea
excesivo el castigo, y tu hermano quede envilecido a tus ojos.
4 No pondrás
bozal al buey que trilla.
5 Si unos
hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del
difunto no se casará fuera con un hombre de familia extraña. Su cuñado se
llegará a ella, ejercerá su levirato tomándola por esposa,
6 y el
primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto; así
su nombre no se borrará de Israel.
7 Pero si el
cuñado se niega a tomarla por mujer, subirá ella a la puerta donde los
ancianos y dirá: «Mi cuñado se niega a perpetuar el nombre de su hermano en
Israel, no quiere ejercer conmigo su levirato.»
8 Los ancianos
de su ciudad llamarán a ese hombre y le hablarán. Cuando al comparecer diga:
«No quiero tomarla»,
9 su cuñada se
acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará su sandalia del pie,
le escupirá a la cara y pronunciará estas palabras: «Así se hace con el
hombre que no edifica la casa de su hermano»;
10 y se le dará
en Israel el nombre de «Casa del descalzado».
11 Si un hombre
está peleándose con su hermano, y la mujer de uno de ellos se acerca y, para
librar a su marido de los golpes del otro, alarga la mano y agarra a éste
por sus partes,
12 tú le
cortarás a ella la mano sin piedad.
13 No tendrás
en tu bolsa pesa y pesa, una grande y otra pequeña.
14 No tendrás
en tu casa medida y medida, una grande y otra pequeña.
15 Has de tener
un peso cabal y exacto, e igualmente una medida cabal y exacta, para que se
prolonguen tus días en el suelo que Yahveh tu Dios te da.
16 Porque todo
el que hace estas cosas, todo el que comete fraude, es una abominación para
Yahveh tu Dios.
17 Recuerda lo
que te hizo Amalec cuando estabais de camino a vuestra salida de Egipto,
18 cómo vino a
tu encuentro en el camino y atacó por la espalda a todos los que iban
agotados en tu retaguardia, cuando tú estabas cansado y extenuado; ¡no tuvo
temor de Dios!
19 Por eso,
cuando Yahveh tu Dios te haya asentado al abrigo de todos tus enemigos de
alrededor, en la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia para que la
poseas, borrarás el recuerdo de Amalec de debajo de los cielos. ¡No lo
olvides!
1 Cuando
llegues a la tierra que Yahveh tu Dios te da en herencia, cuando la poseas y
habites en ella,
2 tomarás las
primicias de todos los productos del suelo que coseches en la tierra que
Yahveh tu Dios te da, las pondrás en una cesta, y las llevarás al lugar
elegido por Yahveh tu Dios para morada de su nombre.
3 Te
presentarás al sacerdote que esté entonces en funciones y le dirás: «Yo
declaro hoy a Yahveh mi Dios que he llegado a la tierra que Yahveh juró a
nuestros padres que nos daría.»
4 El sacerdote
tomará de tu mano la cesta y la depositará ante el altar de Yahveh tu Dios.
5 Tú
pronunciarás estas palabras ante Yahveh tu Dios: «Mi padre era un arameo
errante que bajó a Egipto y residió allí como inmigrante siendo pocos aún,
pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa.
6 Los egipcios
nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre.
7 Nosotros
clamamos a Yahveh Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz; vio
nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión,
8 y Yahveh nos
sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror,
señales y prodigios.
9 Nos trajo
aquí y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel
10 Y ahora yo
traigo las primicias de los productos del suelo que tú, Yahveh, me has
dado.» Las depositarás ante Yahveh tu Dios y te postrarás ante Yahveh tu
Dios.
11 Luego te
regocijarás por todos los bienes que Yahveh tu Dios te haya dado a ti y a tu
casa, y también se regocijará el levita y el forastero que viven en medio de
ti.
12 El tercer
año, el año del diezmo, cuando hayas acabado de apartar el diezmo de toda tu
cosecha y se lo hayas dado al levita, al forastero, a la viuda y al
huérfano, para que coman de ello en tus ciudades hasta saciarse,
13 dirás en
presencia de Yahveh tu Dios: «He retirado de mi casa lo que era sagrado; se
lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, según todos
los mandamientos que me has dado sin traspasar ninguno de tus mandamientos
ni olvidarlos.
14 Nada de ello
he comido estando en duelo, nada he retirado hallándome impuro, nada he
ofrecido a un muerto. He escuchado la voz de Yahveh mi Dios y he obrado
conforme a todo lo que me has mandado.
15 Desde la
morada de tu santidad, desde lo alto de los cielos, contempla y bendice a tu
pueblo Israel, así como al suelo que nos has dado como habías jurado a
nuestros padres, tierra que mana leche y miel.»
16 Yahveh tu
Dios te manda hoy practicar estos preceptos y estas normas; las guardarás y
las practicarás con todo tu corazón y con toda tu alma.
17 Has hecho
decir a Yahveh que él será tu Dios - tú seguirás sus caminos, observarás sus
preceptos, sus mandamientos y sus normas, y escucharás su voz -.
18 Y Yahveh te
ha hecho decir hoy que serás su pueblo propio, como él te ha dicho - tú
deberás guardar todos sus mandamientos -;
19 él te
elevará en honor, renombre y gloria, por encima de todas las naciones que
hizo, y serás un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios como él te ha dicho.
1 Moisés y los
ancianos de Israel dieron al pueblo esta orden: «Guardad todos los
mandamientos que yo os prescribo hoy.
2 Cuando paséis
el Jordán para ir a la tierra que Yahveh tu Dios te da, erigirás grandes
piedras, las blanquearás con cal,
3 y escribirás
en ellas todas las palabras de esta Ley, en el momento en que pases para
entrar en la tierra que Yahveh tu Dios te da, tierra que mana leche y miel,
como te ha dicho Yahveh el Dios de tus padres.
4 Y cuando
hayáis pasado el Jordán, erigiréis estas piedras en el monte Ebal, como os
lo mando hoy, y las blanquearéis con cal.
5 Levantarás
allí en honor de Yahveh tu Dios un altar de piedras, sin labrarlas con el
hierro.
6 Con piedras
sin labrar harás el altar de Yahveh tu Dios, y sobre este altar ofrecerás
holocaustos a Yahveh tu Dios.
7 Allí también
inmolarás sacrificios de comunión, los comerás y te regocijarás en presencia
de Yahveh tu Dios.
8 Escribirás en
esas piedras todas las palabras de esta Ley. Grábalas bien.»
9 Después
Moisés y los sacerdotes levitas hablaron así a todo Israel: «Calla y
escucha, Israel. Hoy te has convertido en el pueblo de Yahveh tu Dios.
10 Escucharás
la voz de Yahveh tu Dios y pondrás en práctica los mandamientos y preceptos
que yo te prescribo hoy.»
11 Y Moisés
ordenó aquel día al pueblo:
12 Estos son
los que se situarán en el monte Garizim para dar la bendición al pueblo,
cuando hayáis pasado el Jordán: Simeón, Leví, Judá, Isacar, José y Benjamín;
13 y estos
otros los que se situarán, para la maldición, en el monte Ebal: Rubén, Gad,
Aser, Zabulón, Dan y Neftalí.
14 Los levitas
tomarán la palabra y dirán en voz alta a todos los israelitas:
15 Maldito el
hombre que haga un ídolo esculpido o fundido, abominación de Yahveh, obra de
manos de artífice, y lo coloque en un lugar secreto. - Y todo el pueblo
dirá: Amén.
16 Maldito
quien desprecie a su padre o a su madre. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
17 Maldito
quien desplace el mojón de su prójimo. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
18 Maldito
quien desvíe a un ciego en el camino. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
19 Maldito
quien tuerza el derecho del forastero, el huérfano o la viuda. - Y todo el
pueblo dirá: Amén.
20 Maldito
quien se acueste con la mujer de su padre, porque descubre el borde del
manto de su padre. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
21 Maldito
quien se acueste con cualquier bestia. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
22 Maldito
quien se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre. - Y
todo el pueblo dirá: Amén.
23 Maldito
quien se acueste con su suegra. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
24 Maldito
quien mate a traición a su prójimo. - Y todo el pueblo dirá: Amén.
25 Maldito
quien acepte soborno para quitar la vida a un inocente. - Y todo el pueblo
dirá: Amén.
26 Maldito
quien no mantenga las palabras de esta Ley, poniéndolas en práctica. - Y
todo el pueblo dirá: Amén.
1 Y si tú
escuchas de verdad la voz de Yahveh tu Dios, cuidando de practicar todos los
mandamientos que yo te prescribo hoy, Yahveh tu Dios le levantará por encima
de todas las naciones de la tierra,
2 y vendrán
sobre ti y te alcanzarán todas las bendiciones siguientes, por haber
escuchado la voz de Yahveh tu Dios.
3 Bendito serás
en la ciudad y bendito en el campo.
4 Bendito será
el fruto de tus entrañas, el producto de tu suelo, el fruto de tu ganado, el
parto de tus vacas y las crías de tus ovejas.
5 Benditas
serán tu cesta y tu artesa.
6 Bendito serás
cuando entres y bendito cuando salgas.
7 A los
enemigos que se levanten contra ti, Yahveh los pondrá en derrota: salidos
por un camino a tu encuentro, por siete caminos huirán de ti.
8 Yahveh
mandará a la bendición que esté contigo, en tus graneros y en tus empresas,
y te bendecirá en la tierra que Yahveh tu Dios te da.
9 Yahveh hará
de ti el pueblo consagrado a él, como te ha jurado, si tú guardas los
mandamientos de Yahveh tu Dios y sigues sus caminos.
10 Todos los
pueblos de la tierra verán que sobre ti es invocado el nombre de Yahveh y te
temerán.
11 Yahveh te
hará rebosar de bienes: frutos de tus entrañas, frutos de tu ganado, y
frutos de tu suelo, en esta tierra que él juró a tus padres que te daría.
12 Yahveh
abrirá para ti los cielos, su rico tesoro, para dar a su tiempo la lluvia
necesaria a tu tierra y para bendecir todas tus obras. Prestarás a naciones
numerosas, y tú no tendrás que tomar prestado.
13 Yahveh te
pondrá a la cabeza y no a la zaga; siempre estarás encima y nunca debajo, si
escuchas los mandamientos de Yahveh tu Dios, que yo te prescribo hoy,
guardándolos y poniéndolos en práctica,
14 sin
apartarte ni a derecha ni a izquierda de ninguna de estas palabras que yo os
prescribo hoy, para ir en pos de otros dioses a servirles.
15 Pero si
desoyes la voz de Yahveh tu Dios, y no cuidas de practicar todos sus
mandamientos y sus preceptos, que yo te prescribo hoy, te sobrevendrán y te
alcanzarán todas las maldiciones siguientes:
16 Maldito
serás en la ciudad y maldito en el campo.
17 Malditas
serán tu cesta y tu artesa.
18 Maldito el
fruto de tus entrañas y el fruto de tu suelo, el parto de tus vacas y las
crías de tus ovejas.
19 Maldito
serás cuando entres y maldito cuando salgas.
20 Yahveh
enviará contra ti la maldición, el desastre, la amenaza, en todas tus
empresas, hasta que seas exterminado y perezcas rápidamente, a causa de la
perversidad de tus acciones por las que me habrás abandonado.
21 Yahveh hará
que se te pegue la peste, hasta que te haga desaparecer de este suelo adonde
vas a entrar para tomarlo en posesión.
22 Yahveh te
herirá de tisis, fiebre, inflamación, gangrena, sequía, tizón y añublo, que
te perseguirán hasta que perezcas.
23 Los cielos
de encima de tu cabeza serán de bronce, y la tierra de debajo de ti será de
hierro.
24 Yahveh dará
como lluvia a tu tierra polvo y arena, que caerán del cielo sobre ti hasta
tu destrucción.
25 Yahveh hará
que sucumbas ante tus enemigos: salido a su encuentro por un camino, por
siete caminos huirás de ellos, y serás el espanto de todos los reinos de la
tierra.
26 Tu cadáver
será pasto de todas las aves del cielo y de todas las bestias de la tierra
sin que nadie las espante.
27 Yahveh te
herirá con úlceras de Egipto, con tumores, sarna y tiña, de las que no
podrás sanar.
28 Yahveh te
herirá de delirio, ceguera y pérdida de sentidos,
29 hasta el
punto que andarás a tientas en pleno mediodía como el ciego anda a tientas
en la oscuridad, y tus pasos no llegarán a término. Estarás oprimido y
despojado toda la vida, y no habrá quien te salve.
30 Te
desposarás con una mujer y otro hombre la hará suya; edificarás una casa y
no la habitarás; plantarás una viña y no podrás disfrutar de ella.
31 Tu buey será
degollado a tus propios ojos, y no podrás comer de él; tu asno será robado
en tu presencia, y no se te devolverá; tus ovejas serán entregadas a tus
enemigos, y no habrá quien te salve;
32 tus hijos y
tus hijas serán entregados a otro pueblo; tus ojos se consumirán mirando
todos los días hacia ellos, pero tus manos no podrán hacer nada.
33 El fruto de
tu suelo y toda tu fatiga lo comerá un pueblo que no conoces. No serás más
que un explotado y oprimido toda la vida.
34 Y te
volverás loco ante el espectáculo que verás con tus ojos.
35 Yahveh te
herirá de úlceras malignas en las rodillas y en las piernas, de las que no
podrás sanar, desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.
36 Yahveh te
llevará a ti y al que hayas puesto sobre ti a una nación que ni tú ni tus
padres conocíais, y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra.
37 Serás el
asombro, el proverbio y la irrisión de todos los pueblos a donde Yahveh te
conduzca.
38 Echarás en
tus campos mucha semilla y cosecharás poco, porque la asolará la langosta.
39 Plantarás y
cultivarás viñas, pero no beberás vino ni recogerás nada, porque el gusano
las devorará.
40 Tendrás
olivos por todo tu territorio, pero no te ungirás de aceite, porque tus
olivos caerán.
41 Engendrarás
hijos e hijas, pero no serán para ti, porque irán al cautiverio.
42 Todos tus
árboles y los frutos de tu suelo serán presa de los insectos.
43 El forastero
que vive junto a ti subirá a costa tuya cada vez más alto, y tú caerás cada
vez más bajo.
44 El te
prestará, y tú tendrás que tomar prestado; él estará a la cabeza y tú a la
zaga.
45 Todas estas
maldiciones caerán sobre ti, te perseguirán y te alcanzarán hasta
destruirte, por no haber escuchado la voz de Yahveh tu Dios, guardando los
mandamientos y los preceptos que él te ha prescrito.
46 Serán como
una señal y un prodigio sobre ti y sobre tu descendencia para siempre.
47 Por no haber
servido a Yahveh tu Dios en la alegría y la dicha de corazón, cuando
abundabas en todo,
48 servirás a
los enemigos que Yahveh enviará contra ti, con hambre, sed, desnudez y
privación de todo. El pondrá en tu cuello un yugo de hierro hasta que te
destruya.
49 Yahveh
levantará contra ti una nación venida de lejos, de los extremos de la
tierra, como el águila que se cierne. Será una nación de lengua desconocida
para ti,
50 una nación
de rostro fiero, que no respetará al anciano ni tendrá compasión del niño.
51 Comerá el
fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo, hasta destruirte; no te dejará
trigo, mosto, ni aceite, ni los partos de tus vacas, ni las crías de tus
ovejas, hasta acabar contigo.
52 Te asediará
en todas tus ciudades, hasta que caigan en toda tu tierra tus murallas más
altas y más fortificadas, en las que tú ponías tu confianza. Te asediará en
tus ciudades, en toda la tierra que te haya dado Yahveh tu Dios.
53 Comerás el
fruto de tus entrañas, la carne de tus hijos y tus hijas que te haya dado
Yahveh tu Dios, en el asedio y la angustia a que te reducirá tu enemigo.
54 El más
delicado y tierno de entre los tuyos mirará con malos ojos a su hermano, e
incluso a la esposa de su corazón y a los hijos que le queden,
55 negándose a
compartir con ellos la carne de sus hijos que se comerá, al quedarle ya nada
en el asedio y la angustia a que tu enemigo te reducirá en todas tus
ciudades.
56 La más
delicada y tierna de las mujeres de tu pueblo, tan delicada y tierna que no
hubiera osado posar en tierra la planta de su pie, mirará con malos ojos al
esposo de su corazón, e incluso a su hijo y a su hija,
57 a las
secundinas salidas de su seno y a los hijos que dé a luz, pues los comerá a
escondidas, por la privación de todo, en el asedio y la angustia a que te
reducirá tu enemigo en todas tus ciudades.
58 Si no cuidas
de poner en práctica todas las palabras de esta Ley escritas en este libro,
temiendo a ese nombre glorioso y temible, a Yahveh tu Dios,
59 Yahveh hará
terribles tus plagas y las de tu descendencia: plagas grandes y duraderas,
enfermedades perniciosas y tenaces.
60 Hará caer de
nuevo sobre ti aquellas epidemias de Egipto a las que tanto miedo tenías, y
se pegarán a ti.
61 Más todavía,
todas las enfermedades y plagas que no se mencionan en el libro de esta Ley,
las suscitará Yahveh contra ti, hasta destruirte.
62 No quedaréis
más que unos pocos hombres, vosotros que erais tan numerosos como las
estrellas del cielo, por haber desoído la voz de Yahveh tu Dios.
63 Y sucederá
que lo mismo que Yahveh se complacía en haceros favor y en multiplicaros,
así se gozará en perderos, y destruiros. Seréis arrancados del suelo adonde
vas a entrar para tomarlo en posesión.
64 Yahveh te
dispersará entre todos los pueblos, de un extremo a otro de la tierra, y
allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, desconocidos de ti y de
tus padres.
65 No hallarás
sosiego en aquellas naciones, ni habrá descanso para la planta de tus pies,
sino que Yahveh te dará allí un corazón trémulo, languidez de ojos y
ansiedad de alma.
66 Tu vida
estará ante ti como pendiente de un hilo, tendrás miedo de noche y de día, y
ni de tu vida te sentirás seguro.
67 Por la
mañana dirás: «¡Ojalá llegase la tarde!», y por la tarde dirás: «¡Ojalá
llegase la mañana!», a causa del espanto que estremecerá tu corazón y del
espectáculo que verán tus ojos.
68 Yahveh
volverá a llevarte a Egipto en barcos, por ese camino del que yo te había
dicho: «No volverás a verlo más.» Y allí os ofreceréis en venta a vuestros
enemigos como esclavos y esclavas, pero no habrá ni comprador.
69 Estas son
las palabras de la alianza que Yahveh mandó a Moisés concluir con los
israelitas en el país de Moab, aparte de la alianza que había concluido con
ellos en el Horeb.
1 Moisés
convocó a todo Israel y les dijo: Vosotros visteis todo lo que Yahveh hizo a
vuestros propios ojos en Egipto con Faraón, sus siervos y todo su país:
2 las grandes
pruebas que tus mismos ojos vieron, aquellas señales, aquellos grandes
prodigios.
3 Pero hasta el
día de hoy no os había dado Yahveh corazón para entender, ojos para ver, ni
oídos para oír.
4 Durante
cuarenta años os he hecho caminar por el desierto, sin que se hayan gastado
los vestidos sobre vosotros ni las sandalias en tus pies.
5 No habéis
tenido pan que comer, ni vino o licor fermentado que beber, para que
supierais que yo, Yahveh, soy vuestro Dios.
6 Luego
llegasteis a este lugar. Sijón, rey de Jesbón, y Og, rey de Basán, salieron
a nuestro encuentro para hacernos la guerra, pero los derrotamos.
7 Conquistamos
su país, y se lo dimos en heredad a Rubén, a Gad y a la media tribu de
Manasés.
8 Guardad,
pues, las palabras de esta alianza y ponedlas en práctica, para que tengáis
éxito en todas vuestras empresas.
9 Aquí estáis
hoy todos vosotros en presencia de Yahveh vuestro Dios: vuestros jefes de
tribu, vuestros ancianos y vuestros escribas, todos los hombres de Israel,
10 con vuestros
hijos y vuestras mujeres (y también el forastero que está en tu campamento,
desde tu leñador hasta tu aguador),
11 a punto de
entrar en la alianza de Yahveh tu Dios, jurada con imprecación, que Yahveh
tu Dios concluye hoy contigo
12 para hacer
hoy de ti su pueblo y ser él tu Dios como te ha dicho y como juró a tus
padres Abraham, Isaac y Jacob.
13 Y no
solamente con vosotros hago yo hoy esta alianza y esta imprecación,
14 sino que la
hago tanto con quien está hoy aquí con nosotros en presencia de Yahveh
nuestro Dios como con quien no está hoy aquí con nosotros.
15 Pues
vosotros sabéis cómo vivíamos en Egipto, y cómo hemos pasado por las
naciones por las que habéis pasado.
16 Habéis visto
sus monstruos abominables y los ídolos de madera y de piedra, de plata y de
oro que hay entre ellos.
17 No haya
entre vosotros hombre o mujer, familia o tribu, cuyo corazón se aparte hoy
de Yahveh vuestro Dios para ir a servir a los dioses de esas naciones. No
haya entre vosotros raíz que eche veneno o ajenjo.
18 Si alguien,
después de haber oído las palabras de esta imprecación, se las promete
felices en su corazón diciendo: «Aunque me conduzca en la terquedad de mi
corazón, todo me irá bien, puesto que la abundancia de agua quitará la sed»,
19 Yahveh no se
avendrá a perdonarle. Porque la ira y el celo de Yahveh se encenderán contra
ese hombre, toda la imprecación escrita en este libro caerá sobre él, y
Yahveh borrará su nombre de debajo de los cielos.
20 Yahveh le
separará de todas las tribus de Israel, para su desgracia, conforme a todas
las imprecaciones de la alianza escrita en el libro de esta Ley.
21 La
generación futura, vuestros hijos que vendrán después de vosotros, así como
el extranjero llegado de un país lejano, verán las plagas de esta tierra y
las enfermedades con que Yahveh la castigará, y exclamarán:
22 «Azufre,
sal, calcinación es su tierra entera; no se sembrará ni germinará ni hierba
alguna crecerá en ella, como en la catástrofe de Sodoma y Gomorra, Admá y
Seboyím, que Yahveh asoló en su ira y su furor.»
23 Y todas las
naciones preguntarán: «¿Por qué ha tratado así Yahveh a esta tierra? ¿Por
qué el ardor de tan gran ira?»
24 Y se dirá:
«Porque han abandonado la alianza que Yahveh, Dios de sus padres, había
concluido con ellos al sacarlos del país de Egipto;
25 porque se
han ido a servir a otros dioses y se han postrado ante ellos, dioses que no
conocían y que él no les había dado en suerte.
26 Por eso se
ha encendido la ira de Yahveh contra este país y ha traído sobre él toda la
maldición escrita en este libro.
27 Yahveh los
ha arrancado de su suelo con ira, furor y gran indignación, y los ha
arrojado a otro país donde hoy están.»
28 Las cosas
secretas pertenecen a Yahveh nuestro Dios, pero las cosas reveladas nos
atañen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que pongamos en
práctica todas las palabras de esta Ley.
1 Cuando te
sucedan todas estas cosas, la bendición y la maldición que te he propuesto,
si las meditas en tu corazón en medio de las naciones donde Yahveh tu Dios
te haya arrojado,
2 si vuelves a
Yahveh tu Dios, si escuchas su voz en todo lo que yo te mando hoy, tú y tus
hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma,
3 Yahveh tu
Dios cambiará tu suerte, tendrá piedad de ti, y te reunirá de nuevo de en
medio de todos los pueblos a donde Yahveh tu Dios te haya dispersado.
4 Aunque tus
desterrados estén en el extremo de los cielos, de allí mismo te recogerá
Yahveh tu Dios y vendrá a buscarte;
5 te llevará
otra vez a la tierra poseída por tus padres, para que también tú la poseas,
te hará feliz y te multiplicará más que a tus padres.
6 Yahveh tu
Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, a fin de que
ames a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, para que
vivas.
7 Yahveh tu
Dios descargará todas sus imprecaciones sobre los enemigos y adversarios que
te han perseguido.
8 Tú volverás a
escuchar la voz de Yahveh tu Dios y pondrás en práctica todos sus
mandamientos que yo te prescribo hoy.
9 Yahveh tu
Dios te hará prosperar en todas tus obras, en el fruto de tus entrañas, el
fruto de tu ganado y el fruto de tu suelo. Porque de nuevo se complacerá
Yahveh en tu felicidad, como se complacía en la felicidad de tus padres,
10 si tú
escuchas la voz de Yahveh tu Dios guardando sus mandamientos y sus
preceptos, lo que está escrito en el libro de esta Ley, si te conviertes a
Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.
11 Porque estos
mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni
están fuera de tu alcance.
12 No están en
el cielo, para que hayas de decir: «¿Quién subirá por nosotros al cielo a
buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?»
13 Ni están al
otro lado del mar, para que hayas de decir: «¿Quién irá por nosotros al otro
lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?»
14 Sino que la
palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la
pongas en práctica.
15 Mira, yo
pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia.
16 Si escuchas
los mandamientos de Yahveh tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Yahveh
tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y
normas, vivirás y multiplicarás; Yahveh tu Dios te bendecirá en la tierra a
la que vas a entrar para tomarla en posesión.
17 Pero si tu
corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar a postrarte ante
otros dioses y a darles culto,
18 yo os
declaro hoy que pereceréis sin remedio y que no viviréis muchos días en el
suelo que vas a tomar en posesión al pasar el Jordán.
19 Pongo hoy
por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o
muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu
descendencia,
20 amando
Yahveh tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu
vida, así como la prolongación de tus días mientras habites en la tierra que
Yahveh juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
1 Moisés acabó
diciendo estas palabras a todo Israel:
2 «He cumplido
120 años. Ya no puedo salir ni entrar. Y Yahveh me ha dicho: Tú no pasarás
este Jordán.
3 Yahveh tu
Dios pasará delante de ti, él destruirá ante ti esas naciones y las
desalojará. Será Josué quien pasará delante de ti, como ha dicho Yahveh.
4 Yahveh las
tratará como trató a Sijón y a Og, reyes amorreos, y a su país, a los cuales
destruyó.
5 Yahveh os los
entregará, y vosotros los trataréis exactamente conforme a la orden que yo
os he dado.
6 ¡Sed fuertes
y valerosos!, no temáis ni os asustéis ante ellos, porque Yahveh tu Dios
marcha contigo: no te dejará ni te abandonará.»
7 Después
Moisés llamó a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: «¡Se fuerte y
valeroso!, tú entrarás con este pueblo en la tierra que Yahveh juró dar a
sus padres, y tú se la darás en posesión.
8 Yahveh
marchará delante de ti, él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No
temas ni te asustes.»
9 Moisés puso
esta Ley por escrito y se la dio a los sacerdotes, hijos de Leví, que
llevaban el arca de la alianza de Yahveh, así como a todos los ancianos de
Israel.
10 Y Moisés les
dio esta orden: «Cada siete años, tiempo fijado para el año de la Remisión,
en la fiesta de las Tiendas,
11 cuando todo
Israel acuda, para ver el rostro de Yahveh tu Dios, al lugar elegido por él,
leerás esta Ley a oídos de todo Israel.
12 Congrega al
pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que vive en tus ciudades,
para que oigan, aprendan a temer a Yahveh vuestro Dios, y cuiden de poner en
práctica todas las palabras de esta Ley.
13 Y sus hijos,
que todavía no la conocen, la oirán y aprenderán a temer a Yahveh vuestro
Dios todos los días que viváis en el suelo que vais a tomar en posesión al
pasar el Jordán.»
14 Yahveh dijo
a Moisés: «Ya se acerca el día de tu muerte; llama a Josué y presentaos en
la Tienda del Encuentro, para que yo le dé mis órdenes.» Fue, pues, Moisés
con Josué a presentarse en la Tienda del Encuentro.
15 Y Yahveh se
apareció en la Tienda, en una columna de nube; la columna de nube estaba
parada a la entrada de la Tienda.
16 Yahveh dijo
a Moisés: «He aquí que vas a acostarte con tus padres, y este pueblo se
levantará para prostituirse yendo en pos de dioses extraños, los de la
tierra en la que va a entrar. Me abandonará y romperá mi alianza, que yo he
concluido con él.
17 Aquel día
montaré en cólera contra él, los abandonaré y les ocultaré mi rostro. Será
pasto y presa de un sinfín de males y adversidades, de suerte que dirá aquel
día: «¿No me habrán llegado estos males porque mi Dios no está en medio de
mí?»
18 Pero yo
ocultaré mi rostro aquel día, a causa de todo el mal que habrá hecho,
yéndose en pos de otros dioses.
19 «Y ahora
escribid para vuestro uso el cántico siguiente; enséñaselo a los israelitas,
ponlo en su boca para que este cántico me sirva de testimonio contra los
israelitas,
20 cuando yo
les lleve a la tierra que bajo juramento prometí a sus padres, tierra que
mana leche y miel, y ellos, después de comer hasta hartarse y engordar bien,
se vuelvan hacia otros dioses, les den culto, y a mí me desprecien y rompan
mi alianza.
21 Y cuando les
alcancen males y adversidades sin número, este cántico dará testimonio
contra él, porque no caerá en olvido en la boca de su descendencia. Pues sé
muy bien los planes que está tramando hoy, incluso antes de haberle
introducido en la tierra que le tengo prometida bajo juramento.»
22 Y Moisés
escribió aquel día este cántico y se lo enseño a los israelitas.
23 Luego dio
esta orden a Josué, hijo de Nun: «¡Sé fuerte y valeroso!, porque tú llevarás
a los israelitas a la tierra que yo les tengo prometida bajo juramento, y yo
estaré contigo.»
24 Cuando
terminó de escribir en un libro las palabras de esta Ley hasta el fin,
25 Moisés dio
esta orden a los levitas que llevaban el arca de la alianza de Yahveh:
26 «Tomad el
libro de esta Ley. Ponedlo al lado del arca de la alianza de Yahveh vuestro
Dios. Ahí quedará como testimonio contra ti.
27 Porque
conozco tu rebeldía y tu dura cerviz. Si hoy, que vivo todavía entre
vosotros, sois rebeldes a Yahveh, ¡cuánto más lo seréis después de mi
muerte!»
28 «Congregad
junto a mí a todos los ancianos de vuestras tribus y a vuestros escribas,
que voy a pronunciar a sus oídos estas palabras, poniendo por testigos
contra ellos al cielo y a la tierra.
29 Porque sé
que después de mi muerte no dejaréis de pervertiros; os apartaréis del
camino que os he prescrito; y la desgracia vendrá sobre vosotros en el
futuro, por haber hecho lo que es malo a los ojos de Yahveh, irritándole con
vuestras obras.»
30 Luego, a
oídos de toda la asamblea de Israel, Moisés pronunció hasta el fin las
palabras de este cántico:
1 Prestad oído,
cielos, que hablo yo, escuche la tierra las palabras de mi boca.
2 Como lluvia
se derrame mi doctrina, caiga como rocío mi palabra, como blanda lluvia
sobre la hierba verde, como aguacero sobre el césped.
3 Porque voy a
aclamar el nombre de Yahveh; ¡ensalzad a nuestro Dios!
4 El es la
Roca, su obra es consumada, pues todos sus caminos son justicia. Es Dios de
la lealtad, no de perfidia, es justo y recto.
5 Se han
pervertido los que él engendró sin tara, generación perversa y tortuosa.
6 ¿Así pagáis a
Yahveh, pueblo insensato y necio? ¿No es él tu padre, el que te creó, el que
te hizo y te fundó?
7 Acuérdate de
los días de antaño, considera los años de edad en edad. Interroga a tu
padre, que te cuente, a tus ancianos, que te hablen.
8 Cuando el
Altísimo repartió las naciones, cuando distribuyó a los hijos de Adán, fijó
las fronteras de los pueblos, según el número de los hijos de Dios;
9 mas la
porción de Yahveh fue su pueblo, Jacob su parte de heredad.
10 En tierra
desierta le encuentra, en la soledad rugiente de la estepa. Y le envuelve,
le sustenta, le cuida, como a la niña de sus ojos.
11 Como un
águila incita a su nidada, revolotea sobre sus polluelos, así el despliega
sus alas y te toma, y le lleva sobre su plumaje.
12 Sólo Yahveh
le guía a su destino, con él ningún dios extranjero.
13 Le hace
cabalgar por las alturas de la tierra, le alimenta de los frutos del campo,
le da a gustar miel de la peña, y aceite de la dura roca,
14 cuajada de
vacas y leche de ovejas, con la grasa de corderos; carneros de raza de
Basán, y machos cabríos, con la flor de los granos de trigo, y por bebida la
roja sangre de la uva.
15 Come Jacob,
se sacia, engorda Yesurún, respinga, - te has puesto grueso, rollizo,
turgente -, rechaza a Dios, su Hacedor, desprecia a la Roca, su salvación.
16 Le encelan
con dioses extraños, le irritan con abominaciones.
17 Sacrifican a
demonios, no a Dios, a dioses que ignoraban, a nuevos, recién llegados, que
no veneraron vuestros padres.
18 (¡Desdeñas a
la Roca que te dio el ser, olvidas al Dios que te engendró!)
19 Yahveh lo ha
visto y, en su ira, ha desechado a sus hijos y a sus hijas.
20 Ha dicho:
Les voy a esconder mi rostro, a ver en qué paran. Porque es una generación
torcida, hijos sin lealtad.
21 Me han
encelado con lo que no es Dios, me han irritado con sus vanos ídolos; ¡pues
yo también voy a encelarles con lo que no es pueblo, con una nación fatua
los irritaré!
22 Porque ha
saltado fuego de mi ira, que quemará hasta las honduras del seol; devorará
la tierra y sus productos, abrasará los cimientos de los montes.
23 Acumularé
desgracias sobre ellos, agotaré en ellos mis saetas.
24 Andarán
extenuados de hambre, consumidos de fiebre y mala peste. Dientes de fieras
mandaré contra ellos, veneno de reptiles.
25 Por fuera la
espada sembrará orfandad, y dentro reinará el espanto. Caerán a la vez joven
y doncella, niño de pecho y viejo encanecido.
26 He dicho: A
polvo los reduciría, borraría su recuerdo de en medio de los hombres,
27 si no
temiera azuzar el furor del enemigo, y que lo entiendan al revés sus
adversarios, no sea que digan: «Nuestra mano prevalece, y no es Yahveh el
que hace todo esto.»
28 Porque es
gente de consejo obtuso, y no hay inteligencia en ellos.
29 Si fueran
sabios, podrían entenderlo, sabrían vislumbrar su suerte última.
30 Pues, ¿cómo
un solo hombre puede perseguir a mil, y dos poner en fuga a una miríada,
sino porque su Roca se los ha vendido, porque Yahveh los ha entregado?
31 Mas no es su
roca como nuestra Roca, y nuestros enemigos son testigos.
32 Porque su
viña es viña de Sodoma y de las plantaciones de Gomorra: uvas venenosas son
sus uvas, racimos amargos sus racimos;
33 su vino, un
veneno de serpiente, mortal ponzoña de áspid.
34 Pero él, ¿no
está guardado junto a mí, sellado en mis tesoros?
35 A mí me toca
la venganza y el pago para el momento en que su pie vacile. Porque está
cerca el día de su ruina, ya se precipita lo que les espera.
36 (Que va
hacer Yahveh justicia al pueblo suyo, va a apiadarse de sus siervos.) Porque
verá que su fuerza se agota, que no queda ya libre ni esclavo.
37 Dirá
entonces: ¿Dónde están sus dioses, roca en que buscaban su refugio,
38 los que
comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus libaciones?
¡Levántense y os salven, sean ellos vuestro amparo!
39 Ved ahora
que yo, sólo yo soy, y que no hay otro Dios junto a mí. Yo doy la muerte y
doy la vida, hiero yo, y sano yo mismo (y no hay quien libre de mi mano).
40 Sí, yo alzo
al cielo mi mano, y digo: Tan cierto como que vivo eternamente,
41 cuando afile
el rayo de mi espada, y mi mano empuñe el Juicio, tomaré venganza de mis
adversarios, y daré el pago a quienes me aborrecen.
42 Embriagaré
de sangre mis saetas, y mi espada se saciará de carne: sangre de muertos y
cautivos, cabezas encrestadas de enemigos.
43 ¡Cielos,
exultad con él, y adórenle los hijos de Dios! ¡Exultad, naciones, con su
pueblo, y todos los mensajeros de Dios narren su fuerza! Porque él vengará
la sangre de sus siervos, tomará venganza de sus adversarios, dará su pago a
quienes le aborrecen y purificará el suelo de su pueblo.
44 Fue Moisés y
pronunció o oídos del pueblo todas las palabras de este cántico, acompañado
de Josué, hijo de Nun.
45 Cuando
Moisés acabó de pronunciar estas palabras a todo Israel,
46 les dijo:
«Estad bien atentos a todas estas palabras que hoy os doy como testimonio.
Se las prescribiréis a vuestros hijos, para que cuiden de poner en práctica
todas las palabras de esta Ley.
47 Porque no es
una palabra vana para vosotros, sino que es vuestra vida, y por ella
prolongaréis vuestros días en el suelo que vais a tomar en posesión al pasar
el Jordán.»
48 Yahveh habló
a Moisés aquel mismo día y le dijo:
49 «Sube a esa
montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a
Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los
israelitas.
50 En el monte
al que vas a subir morirás, e irás a reunirte con los tuyos, como tu hermano
Aarón murió en el monte Hor y fue a reunirse con los suyos.
51 Por haberme
sido infiel en medio de los israelitas, en las aguas de Meribá Cadés, en el
desierto de Sin, por no haber manifestado mi santidad en medio de los
israelitas,
52 por eso,
sólo de lejos verás la tierra, pero no entrarás en ella, en esa tierra que
yo doy a los israelitas.»
1 Esta es la
bendición con la que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los israelitas antes
de morir.
2 Dijo: Ha
venido Yahveh del Sinaí. Para ellos desde Seír se ha levantado, ha iluminado
desde el monte Parán. Con él las miríadas de Cadés, Ley de fuego en su
diestra para ellos.
3 Tú que amas a
los antepasados, todos los santos están en tu mano. Y ellos, postrados a tus
pies, cargados están de tus palabras.
4 Una Ley nos
señaló Moisés herencia de la asamblea de Jacob.
5 Hubo un rey
en Yesurún, cuando se congregaron los jefes del pueblo, todas juntas las
tribus de Israel.
6 ¡Viva Rubén y
nunca muera, aunque sean pocos sus nombres!
7 Para Judá
dijo esto: Escucha, Yahveh, la voz de Judá y guíale hacia su pueblo. Sus
manos le defenderán y tú serás su auxilio contra sus enemigos.
8 Para Leví
dijo: Dale a Leví tus Urim y tus Tummim al hombre de tu agrado, a quien
probaste en Massá, con quien querellaste en las aguas de Meribá,
9 el que dijo
de su padre y de su madre: «No los he visto.» El que no reconoce a sus
hermanos y a sus hijos ignora. Pues guardan tu palabra, y tu alianza
observan.
10 Ellos
enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; ofrecen incienso ante tu
rostro, y perfecto sacrificio en tu altar.
11 Bendice,
Yahveh, su vigor, y acepta la obra de sus manos. Rompe los lomos a sus
adversarios y a sus enemigos, que no se levanten.
12 Para
Benjamín dijo: Querido de Yahveh, en seguro reposa junto a El, todos los
días le protege, y entre sus hombros mora.
13 Para José
dijo: Su tierra es bendita de Yahveh; para él lo mejor de los cielos: el
rocío, y del abismo que reposa abajo;
14 lo mejor de
los frutos del sol, de lo que brota a cada luna,
15 las
primicias de los montes antiguos, lo mejor de los collados eternos,
16 lo mejor de
la tierra y cuanto contiene, y el favor del que mora en la Zarza: ¡caiga
sobre la cabeza de José, sobre la frente del elegido entre sus hermanos!
17 Primogénito
del toro, a él la gloria, cuernos de búfalo sus cuernos; con ellos acornea a
los pueblos todos juntos hasta los confines de la tierra. Tales son las
miríadas de Efraím, tales los millares de Manasés.
18 Para Zabulón
dijo: Regocíjate, Zabulón, en tus empresas, y tú, Isacar, en tus tiendas.
19 Convocarás a
los pueblos en el monte, ofrecerán sacrificios de justicia, pues gustarán la
abundancia de los mares, y los tesoros ocultos en la arena.
20 Para Gad
dijo: ¡Bendito el que ensanchó a Gad! Echado está como leona; ha desgarrado
un brazo, y hasta una cabeza;
21 se quedó con
las primicias, pues allí la porción de jefe le estaba reservada, y ha venido
a la cabeza del pueblo: ha cumplido la justicia de Yahveh, y sus juicios con
Israel.
22 Para Dan
dijo: Dan es un cachorro de león, que se lanza desde Basán.
23 Para Neftalí
dijo: Neftalí, saciado de favor, colmado de la bendición de Yahveh, Oeste y
Mediodía son su posesión.
24 Para Aser
dijo: ¡Bendito Aser entre los hijos! Sea el favorito entre sus hermanos, y
bañe su pie en aceite.
25 Sea tu
cerrojo de hierro y de bronce, y tu fuerza tan larga como tus días.
26 Nadie como
el Dios de Yesurún. que cabalga los cielos en tu auxilio, y las nubes, en su
majestad.
27 El Dios de
antaño es tu refugio, estás debajo de los brazos eternos. El expulsa ante ti
al enemigo, y dice: ¡Destruye!
28 Israel mora
en seguro; la fuente de Jacob aparte brota para un país de trigo y vino;
hasta sus cielos el rocío destilan.
29 Dichoso tú,
Israel, ¿quién como tú, pueblo salvado por Yahveh, cuyo escudo es tu
auxilio, cuya espada es tu esplendor? Tus enemigos tratarán de engañarte,
pero tú hollarás sus espaldas.
1 Moisés subió
de las Estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, frente a Jericó, y
Yahveh le mostró la tierra entera: Galaad hasta Dan,
2 todo Neftalí,
la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra de Judá, hasta el mar
Occidental,
3 el Négueb, la
vega del valle de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar.
4 Y Yahveh le
dijo: «Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y
Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus ojos,
pero no pasarás a ella.»
5 Allí murió
Moisés, servidor de Yahveh, en el país de Moab, como había dispuesto Yahveh.
6 Le enterró en
el Valle, en el País de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido
su tumba.
7 Tenía Moisés
120 años cuando murió; y no se había apagado su ojo ni se había perdido su
vigor.
8 Los
israelitas lloraron a Moisés treinta días en las Estepas de Moab; cumplieron
así los días de llanto por el duelo de Moisés.
9 Josué, hijo
de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había
impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas, cumpliendo la orden que
Yahveh había dado a Moisés.
10 No ha vuelto
a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien Yahveh trataba cara a
cara,
11 nadie como
él en todas las señales y prodigios que Yahveh le envió a realizar en el
país de Egipto, contra Faraón, todos sus siervos y todo su país,
12 y en la mano
tan fuerte y el gran terror que Moisés puso por obra a los ojos de todo
Israel.