1 Sucedió después
de la muerte de Moisés, siervo de Yahveh, que habló Yahveh a Josué, hijo de
Nun, y ayudante de Moisés, y le dijo:
2 «Moisés, mi
siervo, ha muerto; arriba, pues; pasa ese Jordán, tú con todo este pueblo,
hacia la tierra que yo les doy (a los israelitas).
3 Os doy todo
lugar que sea hollado por la planta de vuestros pies, según declaré a
Moisés.
4 Desde el
desierto y el Líbano hasta el Río grande, el Eufrates, (toda la tierra de
los hititas) y hasta el mar Grande de poniente, será vuestro territorio.
5 Nadie podrá
mantenerse delante de ti en todos los días de tu vida: lo mismo que estuve
con Moisés estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré.
6 «Sé valiente y
firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a
sus padres.
7 Sé, pues,
valiente y muy firme, teniendo cuidado de cumplir toda la Ley que te dio mi
siervo Moisés. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para
que tengas éxito dondequiera que vayas.
8 No se aparte el
libro de esta Ley de tus labios: medítalo día y noche; así procurarás obrar
en todo conforme a lo que en él está escrito, y tendrás suerte y éxito en
tus empresas.
9 ¿No te he
mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque
Yahveh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.»
10 Josué, pues,
dio a los escribas del pueblo la orden siguiente:
11 «Pasad por
medio del campamento y dad esta orden al pueblo: Haced provisiones, porque
dentro de tres días pasaréis ese Jordán, para entrar a poseer la tierra que
Yahveh vuestro Dios os da en posesión.»
12 A los
rubenitas, a los gaditas y a la medio tribu de Manasés les habló así:
13 «Recordad la
orden que os dio Moisés, siervo de Yahveh: Yahveh vuestro Dios os ha
concedido descanso, dándoos esta tierra.
14 Vuestras
mujeres, vuestros pequeños y vuestros rebaños se quedarán en la tierra que
os ha dado Moisés al otro lado del Jordán. Pero vosotros, todos los
guerreros esforzados, pasaréis en orden de batalla al frente de vuestros
hermanos y les ayudaréis
15 hasta que
Yahveh conceda descanso a vuestros hermanos igual que a vosotros, y también
ellos tomen posesión de la tierra que Yahveh vuestro Dios les da. Entonces
volveréis al país que os pertenece, el que os dio Moisés, siervo de Yahveh,
al lado oriental del Jordán.»
16 Ellos
respondieron a Josué: «Todo lo que nos has mandado, lo haremos; dondequiera
que nos envíes, iremos.
17 Lo mismo que
obedecimos en todo a Moisés, te obedeceremos a ti. Basta con que Yahveh tu
Dios esté contigo como estuvo con Moisés.
18 A todo el que
sea rebelde a tu voz y no obedezca tus órdenes, en cualquier cosa que le
mandes, se le hará morir. Tú, sé valiente y firme.»
1 Josué, hijo de
Nun, envió secretamente desde Sittim dos espías con esta orden: «Id y
explorad el país y Jericó.» Fueron y entraron en casa de una prostituta,
llamada Rajab, y durmieron allí.
2 Se le dijo al
rey de Jericó: «Mira que unos hombres israelitas han entrado aquí por la
noche para explorar el país.»
3 Entonces el rey
de Jericó mandó decir a Rajab: «Haz salir a los hombres que han entrado
donde ti - que han entrado a tu casa - porque han venido para explorar todo
el país.»
4 Pero la mujer
tomó a los dos hombres y los escondió. Luego respondió: «Es verdad que esos
hombres han venido a mi casa, pero yo no sabía de dónde eran.
5 Cuando se iba a
cerrar la puerta por la noche, esos hombres salieron y no sé adónde han ido.
Perseguidles aprisa, que los alcanzaréis.»
6 Pero ella los
había hecho subir al terrado y los había escondido entre unos haces de lino
que tenía amontonados en el terrado.
7 Salieron
algunos hombres en su persecución camino del Jordán, hacia los vados, y se
cerró la puerta en cuanto los perseguidores salieron tras ellos.
8 Todavía ellos
no se habían acostado cuando Rajab subió al terrado, donde ellos
9 y les dijo: «Ya
sé que Yahveh os ha dado la tierra, que nos habéis aterrorizado y que todos
los habitantes de esta región han temblado ante vosotros:
10 porque nos
hemos enterado de cómo Yahveh secó las aguas del mar de Suf delante de
vosotros a vuestra salida de Egipto, y lo que habéis hecho con los dos reyes
amorreos del otro lado del Jordán, Sijón y Og, a quienes consagrasteis al
anatema.
11 Al oírlo, ha
desfallecido nuestro corazón y no se encuentra ya nadie con aliento en
vuestra presencia, porque Yahveh vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos
y abajo en la tierra.
12 Juradme, pues,
ahora por Yahveh, ya que os he tratado con bondad, que vosotros también
trataréis con bondad a la casa de mi padre, y dadme una señal segura;
13 que
respetaréis la vida de mi padre y de mi madre, de mis hermanos y hermanas, y
de todos los suyos, y que libraréis nuestras vidas de la muerte.»
14 Los hombres le
respondieron: «Muramos nosotros en vez de vosotros, con tal de que no
divulguéis nuestro asunto. Cuando Yahveh no haya entregado la tierra, te
trataremos a ti con bondad y lealtad.»
15 Ella los
descolgó con una cuerda por la ventana, pues su casa estaba en la pared de
la muralla y vivía en la misma muralla.
16 Les dijo: «Id
hacia la montaña, para que no os encuentren los que os persiguen. Estad
escondidos allí tres días hasta que vuelvan los perseguidores: después
podéis seguir vuestro camino.»
17 Los hombres le
respondieron: «Nosotros quedaremos libres de ese juramento que nos has
exigido.
18 Cuando estemos
entrando en el país, atarás este cordón de hilo escarlata a la ventana por
la que nos has descolgado, y reunirás junto a ti en casa a tu padre, a tu
madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.
19 Si alguno sale
fuera de las puertas de tu casa, caiga su sangre sobre su cabeza. Nosotros
seremos inocentes. Pero la sangre de todos los que estén contigo en casa,
caiga sobre nuestras cabezas, si alguien pone su mano sobre ellos.
20 Mas si
divulgas nuestro asunto, quedaremos libres del juramento que nos has
exigido.»
21 Ella
respondió: «Sea según vuestras palabras.» Y los hizo marchar; ellos se
fueron, y ella ató el cordón escarlata a la ventana.
22 Marcharon
ellos y se metieron en el monte. Se quedaron allí tres días, hasta que
regresaron los perseguidores. Estos los habían buscado por todo el camino,
pero no los encontraron.
23 Entonces los
dos hombres volvieron a bajar del monte, pasaron el río y fueron donde
Josué, hijo de Nun, a quien contaron todo lo que les había ocurrido.
24 Dijeron a
Josué: «Cierto que Yahveh ha puesto en nuestras manos todo el país; todos
los habitantes del país tiemblan ya ante nosotros.»
1 Josué se
levantó de mañana, partieron de Sittim y llegaron hasta el Jordán, él y
todos los israelitas. Allí pernoctaron antes de pasar.
2 Al cabo de tres
días, los escribas pasaron por medio del campamento
3 y dieron al
pueblo esta orden: «Cuando veáis el arca de la alianza de Yahveh vuestro
Dios y a los sacerdotes levitas que la llevan, partiréis del sitio donde
estáis e iréis tras ella,
4 para que sepáis
qué camino habéis de seguir, pues no habéis pasado nunca hasta ahora por
este camino. Pero que haya entre vosotros y el arca una distancia de unos
2.000 codos: no os acerquéis.»
5 Josué dijo al
pueblo: «Purificaos, porque mañana Yahveh va a obrar maravillas en medio de
vosotros.»
6 Y dijo Josué a
los sacerdotes: «Tomad el arca de la alianza y pasad al frente del pueblo.»
Ellos tomaron el arca de la alianza y partieron al frente del pueblo.
7 Yahveh dijo a
Josué: «Hoy mismo voy a empezar a engrandecerte a los ojos de todo Israel,
para que sepan que, lo mismo que estuve con Moisés, estoy contigo.
8 Tú darás esta
orden a los sacerdotes que llevan el arca de la alianza: "En cuanto lleguéis
a la orilla del agua del Jordán, os pararéis en el Jordán."»
9 Josué dijo a
los Israelitas: «Acercaos y escuchad las palabras de Yahveh vuestro Dios.»
10 Y dijo Josué:
«En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros y que
arrojará ciertamente de delante de vosotros al cananeo, al hitita, al
jivita, al perizita, al guirgasita, al amorreo y al jebuseo.
11 He aquí que el
arca de Yahveh, Señor de toda la tierra, va a pasar el Jordán delante de
vosotros.
12 Escoged, pues,
doce hombres de las tribus de Israel, un hombre por cada tribu.
13 En cuanto las
plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Yahveh, Señor de
toda la tierra, pisen las aguas del Jordán, las aguas del Jordán las que
vienen de arriba, quedarán cortadas y se pararán formando un solo bloque.»
14 Cuando el
pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban
el arca de la alianza a la cabeza del pueblo.
15 Y en cuanto
los que llevaban el arca llegaron al Jordán, y los pies de los sacerdotes
que llevaban el arca tocaron la orilla de las aguas, y el Jordán baja
crecido hasta los bordes todo el tiempo de la siega,
16 las aguas que
bajaban de arriba se detuvieron y formaron un solo bloque a gran distancia,
en Adam, la ciudad que está al lado de Sartán, mientras que las que bajaban
hacia el mar de la Arabá, o mar de la Sal, se separaron por completo, y el
pueblo pasó frente a Jericó.
17 Los sacerdotes
que llevaban el arca de la alianza de Yahveh se estuvieron a pie firme, en
seco, en medio del Jordán, mientras que todo Israel pasaba en seco, hasta
que toda la gente acabó de pasar el Jordán.
1 Cuando todo el
pueblo acabó de pasar el Jordán, Yahveh habló a Josué y le dijo:
2 «Escoged doce
hombres del pueblo, un hombre por cada tribu,
3 y dadles esta
orden: "Sacad de aquí, del medio del Jordán, doce piedras, que pasaréis con
vosotros y depositaréis en el lugar donde paséis la noche."»
4 Llamó Josué a
los doce hombres que había elegido entre los israelitas, uno por cada tribu,
5 y les dijo:
«Pasad delante del arca de Yahveh vuestro Dios, hasta el medio del Jordán, y
cada uno de vosotros cargue sobre sus hombros una piedra, según el número de
las tribus israelitas,
6 para que sea
esto una señal en medio de vosotros; cuando el día de mañana vuestros hijos
os pregunten: "¿Qué significan para vosotros estas piedras?",
7 les diréis: "Es
que las aguas del Jordán se separaron delante del arca de la alianza de
Yahveh; cuando atravesó el Jordán, las aguas del Jordán se separaron. Estas
piedras serán para los israelitas memorial para siempre."
8 Así lo hicieron
los israelitas, según las órdenes de Josué: sacaron doce piedras del medio
del Jordán, según el número de las tribus israelitas, como había mandado
Yahveh a Josué, las llevaron al lugar donde iban a pasar la noche y las
depositaron allí.
9 Y Josué levantó
doce piedras en medio del Jordán, donde habían pisado los pies de los
sacerdotes portadores del arca de la alianza, y allí están todavía hoy.
10 Los sacerdotes
portadores del arca estaban parados en medio del Jordán hasta que se
cumpliera todo lo que Yahveh había mandado a Josué que dijera al pueblo
(según todo lo que Moisés había ordenado a Josué); y el pueblo se apresuró a
pasar.
11 En cuanto
terminó de pasar todo el pueblo, pasó el arca de Yahveh, yendo los
sacerdotes a la cabeza del pueblo.
12 Los rubenitas,
los gaditas y la media tribu de Manasés pasaron en orden de batalla al
frente de los israelitas, como les había dicho Moisés.
13 Pasaron unos
40.000 guerreros armados, dispuestos al combate, delante de Yahveh, hacia la
llanura de Jericó.
14 Aquel día
Yahveh engrandeció a Josué delante de todo Israel; y le respetaron a él como
habían respetado a Moisés durante toda su vida.
15 Yahveh dijo a
Josué:
16 «Manda a los
sacerdotes que llevan el arca del Testimonio que salgan del Jordán.»
17 Josué mandó a
los sacerdotes: «Salid del Jordán.»
18 Cuando los
sacerdotes portadores del arca de la alianza de Yahveh salieron del Jordán,
apenas las plantas de sus pies tocaron la orilla, las aguas del Jordán
volvieron a su cauce y empezaron a correr como antes, por todas sus riberas.
19 El pueblo
salió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Guilgal al
oriente de Jericó.
20 Las doce
piedras que habían sacado del Jordán las erigió Josué en Guilgal.
21 Y dijo a los
israelitas: «Cuando el día de mañana vuestros hijos pregunten a sus padres:
"¿Qué significan estas piedras?"
22 se lo
explicaréis a vuestros hijos diciendo: "A pie enjuto pasó Israel ese Jordán,
23 porque Yahveh
vuestro Dios secó delante de vosotros las aguas del Jordán hasta que
pasarais, lo mismo que había hecho Yahveh vuestro Dios con el mar de Suf,
que secó delante de nosotros hasta que pasamos,
24 para que todos
los pueblos de la tierra reconozcan lo fuerte que es la mano de Yahveh, y
para que teman siempre a Yahveh vuestro Dios."»
1 Cuando oyeron
todos los reyes de los amorreos que habitaban al otro lado del Jordán, al
poniente, y todos los reyes de los cananeos que vivían hacia el mar, que
Yahveh había secado las aguas del Jordán ante los israelitas hasta que
pasaron, desfalleció su corazón y les faltó el aliento ante la presencia de
los israelitas.
2 En aquel tiempo
dijo Yahveh a Josué: «Hazte cuchillos de pedernal y vuelve a circuncidar
(por segunda vez) a los israelitas.»
3 Josué se hizo
cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas en el Collado de los
Prepucios.
4 Por este motivo
hizo Josué esta circuncisión: toda la población masculina salida de Egipto,
los útiles para la guerra, había muerto en el desierto, por el camino,
después de la salida de Egipto.
5 Estaba
circuncidada toda la población que había salido, pero el pueblo nacido en el
desierto, de camino, después de la salida de Egipto, no había sido
circuncidado.
6 Porque durante
cuarenta años anduvieron los israelitas por el desierto, hasta que pereció
toda la nación, los hombres salidos de Egipto útiles para la guerra. No
obedecieron a la voz de Yahveh y Yahveh les juró que no les dejaría ver la
tierra que había prometido a sus padres que nos daría, tierra que mana leche
y miel.
7 En su lugar
puso a sus hijos y éstos son los que Josué circuncidó, porque eran
incircuncisos, ya que no los habían circuncidado por el camino.
8 Cuando acabó de
circuncidarse toda la gente, se quedaron donde estaban en el campamento
hasta que se curaron.
9 Y dijo Yahveh a
Josué: «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto.» Por eso se llamó
aquel lugar Guilgal, hasta el día de hoy.
10 Los israelitas
acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua el día catorce del mes, a
la tarde, en los llanos de Jericó.
11 Al día
siguiente de la Pascua comieron ya de los productos del país: panes ázimos y
espigas tostadas, ese mismo día.
12 Y el maná cesó
desde el día siguiente, en que empezaron a comer los productos del país. Los
israelitas no tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de
los productos de la tierra de Canaán.
13 Sucedió que
estando Josué cerca de Jericó, levantó los ojos y vio a un hombre plantado
frente a él con una espada desnuda en la mano. Josué se adelantó hacia él y
le dijo: «¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?»
14 Respondió:
«No, sino que soy el jefe del ejército de Yahveh. He venido ahora.» Cayó
Josué rostro en tierra, le adoró y dijo: «¿Qué dice mi Señor a su siervo?»
15 El jefe del
ejército de Yahveh respondió a Josué: «Quítate las sandalias de tus pies,
porque el lugar en que estás es sagrado.» Así lo hizo Josué.
1 Jericó estaba
cerrada a cal y canto por mielo a los israelitas: nadie salía ni entraba.
2 Yahveh dijo a
Josué: «Mira, yo pongo en tus manos a Jericó y a sus rey. Vosotros,
valientes guerreros,
3 todos los
hombres de guerra, rodearéis la ciudad, (dando una vuelta alrededor. Así
harás durante seis días.
4 Siete
sacerdotes llevarán las siete trompetas de cuerno de carnero delante del
arca. El séptimo día daréis la vuelta a la ciudad siete veces y los
sacerdotes tocarán las trompetas).
5 Cuando el
cuerno de carnero suene (cuando oigáis la voz de la trompeta), todo el
pueblo prorrumpirá en un gran clamoreo y el muro de la ciudad se vendrá
abajo. Y el pueblo se lanzará al asalto cada uno por frente a sí.»
6 Josué, hijo de
Nun, llamó a los sacerdotes y les dijo: «Tomad el arca de la alianza y que
siete sacerdotes lleven las trompetas de cuerno de carnero delante del arca
de Yahveh.»
7 Al pueblo le
dijo: «Pasad y dad la vuelta a la ciudad y que la vanguardia pase delante
del arca de Yahveh.»
8 (Se hizo según
la orden dada por Josué al pueblo). Siete sacerdotes llevando las siete
trompetas de cuerno de carnero delante de Yahveh pasaron y tocaron las
trompetas; el arca de la alianza de Yahveh iba tras ellos;
9 la vanguardia
iba delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas y la retaguardia
marchaba detrás del arca. Según iban caminando, tocaban las trompetas.
10 Josué había
dado esta orden al pueblo: «No gritéis, ni dejéis oír vuestras voces (que no
salga ni una palabra de vuestra boca) hasta el día en que yo os diga:
"Gritad." Entonces gritaréis.»
11 Hizo que el
arca de Yahveh diera la vuelta a la ciudad (rodeándola una vez); luego
volvieron al campamento, donde pasaron la noche.
12 Josué se
levantó de mañana y los sacerdotes tomaron el arca de Yahveh.
13 Siete
sacerdotes, llevando las siete trompetas de cuerno de carnero delante del
arca de Yahveh, iban caminando y tocando las trompetas según caminaban. La
vanguardia iba delante de ellos y la retaguardia detrás del arca de Yahveh,
desfilando al son de las trompetas.
14 Dieron (el
segundo día) una vuelta a la ciudad y volvieron al campamento. Se hizo lo
mismo los seis días.
15 El séptimo
día, se levantaron con el alba y dieron la vuelta a la ciudad (según el
mismo rito) siete veces. (Sólo aquel día dieron la vuelta a la ciudad siete
veces.)
16 La séptima
vez, los sacerdotes tocaron la trompeta y Josué dijo al pueblo: «¡Lanzad el
grito de guerra, porque Yahveh os ha entregado la ciudad!»
17 «La ciudad
será consagrada como anatema a Yahveh con todo lo que haya en ella;
únicamente, Rajab, la prostituta, quedará con vida, así como todos los que
están con ella en su casa, por haber ocultado a los emisarios que enviamos.
18 Pero vosotros
guardaos del anatema, no vayáis a quedaros, llevados de la codicia, con algo
de lo que es anatema, porque convertiríais en anatema todo el campamento de
Israel y le acarrearíais la desgracia.
19 Toda la plata
y todo el oro, todos los objetos de bronce y de hierro, están consagrados a
Yahveh: ingresarán en su tesoro.»
20 El pueblo
clamó y se tocaron las trompetas. Al escuchar el pueblo la voz de la
trompeta, prorrumpió en gran clamor, y el muro se vino abajo. La gente
escaló la ciudad, cada uno frente a sí, y se apoderaron de ella.
21 Consagraron al
anatema todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, jóvenes y viejos,
bueyes, ovejas y asnos, a filo de espada.
22 Josué dijo a
los dos hombres que habían explorado el país: «Entrad en la casa de la
prostituta y haced salir de ella a esa mujer con todos los suyos, como se lo
habéis jurado.»
23 Los jóvenes
espías fueron e hicieron salir a Rajab, a su padre, a su madre, a sus
hermanos y a todos los suyos. También hicieron salir a todos los de su
familia y los pusieron a salvo, fuera del campamento de Israel.
24 Prendieron
fuego a la ciudad con todo lo que contenía. Sólo la plata, el oro y los
objetos de bronce y de hierro los depositaron el tesoro de la casa de
Yahveh.
25 Pero a Rajab,
la prostituta, así como a la casa de su padre y a todos los suyos, Josué los
conservó con vida. Ella se quedó en Israel hasta el día de hoy, por haber
escondido a los emisarios que Josué había enviado a explorar Jericó.
26 En aquel
tiempo Josué pronunció este juramento: ¡Maldito sea delante de Yahveh el
hombre que se levante y reconstruya esta ciudad (de Jericó)! ¡Sobre su
primogénito echará su cimiento y sobre su pequeño colocará las puertas!
27 Y Yahveh
estuvo con Josué, cuya fama se extendió por toda la tierra.
1 Pero los
israelitas cometieron un delito en lo del anatema. Akán, hijo de Karmí, hijo
de Zabdí, hijo de Zéraj, de la tribu de Judá, se quedó con algo del anatema,
y la ira de Yahveh se encendió contra los israelitas.
2 Josué envió de
Jericó a Ay, que está (junto a Bet Avén) al oriente de Betel, unos hombres,
diciéndoles: «Subid a explorar el país.» Los hombres subieron y exploraron
Ay.
3 Volvieron donde
Josué y le dijeron: «Que no suba toda la gente; para atacar a Ay basta con
que suban dos o 3.000 hombres. No molestes a toda la gente haciéndoles subir
hasta allí, porque ellos son pocos.»
4 Subieron a Ay
unos 3.000 hombres del pueblo, pero tuvieron que huir ante los hombres de
Ay.
5 Los hombres de
Ay les mataron como unos 36 hombres y los persiguieron más allá de la puerta
hasta Sebarim, batiéndolos en la bajada. Entonces desfalleció el corazón del
pueblo y se derritió como agua.
6 Josué desgarró
sus vestidos, se postró rostro en tierra delante del arca de Yahveh hasta la
tarde, junto con los ancianos de Israel, y todos esparcieron polvo sobre sus
cabezas.
7 Dijo Josué:
«¡Ah, Señor Yahveh! ¿Por qué has hecho pasar el Jordán a este pueblo, para
entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiésemos
empeñado en establecernos al otro lado del Jordán!
8 ¡Perdón, Señor!
¿Qué puedo decir ahora que Israel ha vuelto la espalda a sus enemigos?
9 Se enterarán
los cananeos y todos los habitantes del país: se aliarán contra nosotros y
borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Que harás tú entonces por tu gran
nombre?»
10 Yahveh
respondió a Josué: «¡Arriba! ¡Vamos! ¿Por qué te estás así rostro en tierra?
11 Israel ha
pecado, también ha violado la alianza que yo le había impuesto. Y hasta se
han quedado con algo del anatema, y lo han robado, y lo han escondido y lo
han puesto entre sus utensilios.
12 Los israelitas
no podrán sostenerse ante sus enemigos; volverán la espalda ante sus
enemigos, porque se han convertido en anatema. Yo no estaré ya con vosotros,
si no hacéis desaparecer el anatema de en medio de vosotros.
13 Levántate,
purifica al pueblo y diles: Purificaos para mañana, porque así dice Yahveh,
el Dios de Israel: El anatema está dentro de ti, Israel; no podrás
mantenerte delante de tus enemigos hasta que extirpéis el anatema de entre
vosotros.
14 Os
presentaréis, pues, mañana por la mañana, por tribus: la tribu que Yahveh
designe por la suerte se presentará por clanes, el clan que Yahveh designe
se presentará por familias, y la familia que Yahveh designe se presentará
hombre por hombre.
15 El designado
por la suerte en lo del anatema será entregado al fuego con todo lo que le
pertenece, por haber violado la alianza de Yahveh y cometido una infamia en
Israel.»
16 Josué se
levantó de mañana; mandó que se acercara Israel por tribus, y fue designada
por la suerte la tribu de Judá.
17 Mandó que se
acercaran los clanes de Judá, y fue designado por la suerte el clan de
Zéraj. Mandó que se acercara el clan de Zéraj por familias, y fue designado
por la suerte Zabdí.
18 Mandó que se
acercara la familia de Zabdí, hombre por hombre, y fue designado por la
suerte Akán, hijo de Karmí, hijo de Zabdí, hijo de Zéraj, de la tribu de
Judá.
19 Dijo entonces
Josué a Akán: «Hijo mío, da gloria a Yahveh, Dios de Israel y tribútale
alabanza; declárame lo que has hecho, no me lo ocultes».
20 Akán respondió
a Josué: «En verdad, yo soy el que ha pecado contra Yahveh, Dios de Israel;
esto y esto es lo que he hecho:
21 Vi entre el
botín un hermoso manto de Senaar, doscientos siclos de plata y un lingote de
oro de cincuenta siclos de peso, me gustaron y me los guardé. Están
escondidos en la tierra en medio de mi tienda, y la plata debajo.»
22 Josué envió
emisarios, que fueron corriendo a la tienda, y en efecto el manto estaba
escondido en la tienda y la plata debajo.
23 Lo sacaron de
la tienda y se lo llevaron a Josué y a todos los israelitas delante de
Yahveh.
24 Entonces Josué
tomó a Akán, hijo de Zéraj, con la plata, el manto y el lingote de oro, a
sus hijos, sus hijas, su toro, su asno y su oveja, su tienda y todo lo suyo
y los hizo subir al valle de Akor. Todo Israel le acompañaba.
25 Josué dijo:
«¿Por qué nos has traído la desgracia? Que Yahveh te haga desgraciado en
este día.» Y todo Israel lo apedreó (y los quemaron en la hoguera y los
apedrearon).
26 Levantaron
sobre él un gran montón de piedras, que existe todavía hoy. Así Yahveh se
calmó del furor de su cólera. Por eso se llama aquel lugar Valle de Akor
hasta el día de hoy.
1 Yahveh dijo
entonces a Josué: «¡No tengas miedo ni te asustes! Toma contigo a toda la
gente de guerra; levántate y sube contra Ay. Mira que entrego en tus manos
al rey de Ay, a su pueblo, su ciudad y su territorio.
2 Harás con Ay y
con su rey lo que has hecho con Jericó y con su rey. Pero como botín sólo
tomaréis los despojos y el ganado. Pon una emboscada a espaldas de la
ciudad.»
3 Josué se
levantó con toda la gente de guerra para marchar sobre Ay. Escogió Josué
30.000 guerreros valientes y les hizo salir de noche,
4 dándoles esta
orden: «Mirad, vosotros vais a estar emboscados a espaldas de la ciudad,
pero no os alejéis mucho de ella, y estad todos alerta.
5 Yo y toda la
gente que me acompaña nos acercaremos a la ciudad y, cuando la gente de Ay
salga a nuestro encuentro como la primera vez, huiremos ante ellos.
6 Saldrán tras de
nosotros hasta que los alejemos de la ciudad, porque se dirán: "Huyen
delante de nosotros como la primera vez.
7 Entonces
vosotros saldréis de la emboscada y os apoderaréis de la ciudad; Yahveh,
vuestro Dios, la pondrá en vuestras manos.
8 En cuanto
toméis la ciudad la incendiaréis. Lo haréis según la orden de Yahveh. Mirad
que os lo mando yo.»
9 Los envió Josué
y fueron al lugar de la emboscada, y se apostaron entre Betel y Ay, al
occidente de Ay; Josué pasó aquella noche en medio de la gente.
10 Se levantó de
mañana Josué, revistó la tropa y subió contra Ay, con los ancianos de Israel
al frente de la tropa.
11 Toda la gente
de guerra que estaba con él subió y se acercó hasta llegar ante la ciudad.
Acamparon al norte de Ay. El valle quedaba entre ellos y la ciudad.
12 Tomó unos
5.000 hombres y tendió con ellos una emboscada entre Betel y Ay, al oeste de
la ciudad.
13 Pero la tropa
formó el grueso del campamento que estaba al norte de la ciudad, quedando
emboscada al oeste de la ciudad. Josué pasó aquella noche en medio del
valle.
14 En cuanto vio
esto el rey de Ay, se dieron prisa, se levantaron temprano y salieron él y
toda su gente a presentar batalla a Israel en la bajada, frente a la Arabá,
sin saber que tenía una emboscada a espaldas de la ciudad.
15 Josué y todo
Israel se hicieron los derrotados por ellos y huyeron camino del desierto.
16 Toda la gente
que estaba en la ciudad se puso a dar grandes alaridos saliendo tras ellos y
al perseguir a Josué, se alejaron de la ciudad.
17 No quedó un
solo hombre en Ay (ni en Betel) que no saliera en persecución de Israel. Y
dejaron la ciudad abierta por perseguir a Israel.
18 Yahveh dijo
entonces a Josué: «Tiende hacia Ay el dardo que tienes en tu mano porque en
tu mano te la entrego.» Josué tendió el dardo que tenía en la mano hacia la
ciudad.
19 Tan pronto
como extendió la mano, los emboscados surgieron rápidamente de su puesto,
corrieron y entraron en la ciudad, se apoderaron de ella y a toda prisa la
incendiaron.
20 Cuando los
hombres de Ay volvieron la vista atrás y vieron la humareda que subía de la
ciudad hacia el cielo, no tuvieron fuerza para huir por un lado o por otro.
El pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los
perseguidores.
21 Viendo Josué y
todo Israel que los emboscados habían tomado la ciudad y que subía de ella
una humareda, se volvieron y batieron a los hombres de Ay.
22 Los otros
salieron de la ciudad a su encuentro, de modo que los hombres de Ay se
encontraron en medio de los israelitas, unos por un lado y otros por otro.
Estos los derrotaron hasta que no quedó superviviente ni fugitivo.
23 Pero al rey de
Ay lo prendieron vivo y lo condujeron ante Josué.
24 Cuando Israel
acabó de matar a todos los habitantes de Ay en el campo y en el desierto,
hasta donde habían salido en su persecución, y todos ellos cayeron a filo de
espada hasta no quedar uno, todo Israel volvió a Ay y pasó a su población a
filo de espada.
25 El total de
los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue 12.000, todos los
habitantes de Ay.
26 Josué no
retiró la mano que tenía extendida con el dardo hasta que consagró al
anatema a todos los habitantes de Ay.
27 Israel se
repartió solamente el ganado y los despojos de dicha ciudad, según la orden
que Yahveh había dado a Josué.
28 Josué incendió
Ay y la convirtió para siempre en una ruina, en desolación hasta el día de
hoy.
29 Al rey de Ay
lo colgó de un árbol hasta la tarde; y a la puesta del sol ordenó Josué que
bajaran el cadáver del árbol. Lo echaron luego a la entrada de la puerta de
la ciudad y amontonaron sobre él un gran montón de piedras, que existe
todavía hoy.
30 Entonces Josué
construyó un altar a Yahveh, Dios de Israel, en el monte Ebal,
31 como había
mandado Moisés, siervo de Yahveh, a los israelitas, según está escrito en el
libro de la Ley de Moisés: un altar de piedras sin labrar, a las que no haya
tocado el hierro. Ofrecieron sobre él holocaustos a Yahveh e inmolaron
sacrificios de comunión.
32 Josué escribió
allí mismo, sobre las piedras, una copia de la Ley que Moisés había escrito
delante de los israelitas.
33 Y todo Israel,
sus ancianos, sus escribas y sus jueces, de pie a los lados del arca,
delante de los sacerdotes levitas que llevaban el arca de la alianza de
Yahveh, todos, tanto forasteros como ciudadanos, se colocaron la mitad en la
falda del monte Garizim y la otra mitad en la falda del monte Ebal, según la
orden de Moisés, siervo de Yahveh, para bendecir por primera vez al pueblo
de Israel.
34 Luego, Josué
leyó todas las palabras de la Ley - la bendición y la maldición - a tenor de
cuanto está escrito en el libro de la Ley.
35 No hubo ni una
palabra de cuanto Moisés había mandado que no la leyera Josué en presencia
de toda la asamblea de Israel, incluidas las mujeres, los niños y los
forasteros que vivían en medio de ellos.
1 En cuanto se
enteraron todos los reyes que estaban de este lado del Jordán, en la
Montaña, en la Tierra Baja, a lo largo de la costa del mar Grande hasta la
región del Líbano, hititas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y
jebuseos,
2 se aliaron para
combatir como un solo hombre contra Josué e Israel.
3 Pero los
habitantes de Gabaón se enteraron de lo que había hecho Josué con Jericó y
Ay,
4 y recurrieron
también ellos a la astucia. Fueron y se proveyeron de víveres, tomaron
alforjas viejas para sus asnos y odres de vino viejos, rotos y recosidos;
5 sandalias
viejas y remendadas en sus pies y vestidos viejos. Todo el pan que llevaban
para su alimento era seco y desmigado.
6 Fueron donde
Josué, al campamento de Guilgal, y le dijeron a él y a los hombres de
Israel: «Venimos de un país lejano: haced, pues, alianza con nosotros.
7 Los hombres de
Israel respondieron a aquellos jivitas: «Acaso habitáis en medio de nosotros
y entonces no podemos hacer alianza con vosotros.»
8 Respondieron a
Josué: «Somos tus siervos.» Josué les dijo: «¿Quiénes sois vosotros y de
dónde venís?»
9 Le
respondieron: «De muy lejana tierra vienen tus siervos, por la fama de
Yahveh tu Dios, pues hemos oído hablar de él, de todo lo que ha hecho en
Egipto
10 y de todo lo
que ha hecho con los dos reyes amorreos del otro lado del Jordán, Sijón, rey
de Jesbón y Og, rey de Basán, que vivía en Astarot.
11 Y nos han
dicho nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestra tierra: «Tomad en
vuestras manos provisiones para el viaje, id a su encuentro y decidles:
"Siervos vuestros somos: haced, pues, alianza con nosotros."
12 Este nuestro
pan estaba caliente cuando hicimos provisión de él en nuestras casas para el
viaje, el día en que partimos para venir a vuestro encuentro: miradlo ahora
duro y desmigado.
13 Estos odres de
vino, que eran nuevos cuando los llenamos, se han roto; nuestras sandalias y
nuestros vestidos están gastados por lo largo del camino.»
14 Los hombres
hicieron aprecio de sus provisiones sin consultar el oráculo de Yahveh.
15 Josué hizo las
paces con ellos, hizo con ellos pacto de conservarles la vida, y los
principales de la comunidad se lo juraron.
16 Sucedió que,
al cabo de tres días de cerrado este pacto, supieron que vivían cerca y
habitaban en medio de Israel.
17 Los israelitas
partieron del campamento y llegaron al tercer día a sus ciudades, que eran
Gabaón, Kefirá, Beerot y Quiryat Yearim.
18 Los israelitas
no los mataron porque los principales de la comunidad se lo habían jurado
por Yahveh Dios de Israel. Pero toda la comunidad murmuró de los
principales.
19 Todos los
principales declararon a la comunidad reunida: «Nosotros lo hemos jurado por
Yahveh Dios de Israel; no podemos, pues, tocarlos.
20 Lo que hemos
de hacer con ellos es: Déjalos con vida para que no venga sobre nosotros la
Cólera por el juramento que hemos hecho.»
21 Les dijeron
también los principales: «Que vivan, pero que sean leñadores y aguadores de
toda la comunidad.» Así les dijeron los principales.
22 Josué los
llamó y les dijo: «¿Por qué nos habéis engañado diciendo: «Vivimos muy lejos
de vosotros», siendo así que habitáis en medio de nosotros?
23 Sois, pues,
unos malditos y nunca dejaréis de servir como leñadores y aguadores de la
casa de mi Dios.»
24 Le
respondieron a Josué: «Es que tus siervos estaban bien enterados de la orden
que había dado Yahveh tu Dios a Moisés su siervo, de entregaros todo este
país y exterminar delante de vosotros a todos sus habitantes. Temimos mucho
por nuestras vidas a vuestra llegada y por eso hemos hecho esto.
25 Ahora, aquí
estamos en tus manos: haz con nosotros lo que te parezca bueno y justo.»
26 Así hizo con
ellos, los salvó de la mano de los israelitas, que no los mataron.
27 Aquel día los
puso Josué como leñadores y aguadores de la comunidad y del altar de Yahveh
hasta el día de hoy, en lugar que Yahveh había de elegir.
1 Sucedió, pues,
que Adoni Sédeq, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué se había apoderado
de Ay y la había consagrado al anatema, haciendo con Ay y su rey como había
hecho con Jericó y su rey, y de que los habitantes de Gabaón habían hecho
las paces con Israel y que estaban en medio de Israel.
2 Se atemorizó
mucho con ello, porque Gabaón era una ciudad grande, como una ciudad real,
mayor que Ay, y todos sus hombres eran valientes.
3 Entonces Adoni
Sédeq, rey de Jerusalén, mandó a decir a Hohán, rey de Hebrón, a Piram, rey
de Yarmut, a Yafia, rey de Lakís, y a Debir, rey de Eglón:
4 «Venid en mi
auxilio para que derrotemos a Gabaón, pues ha hecho las paces con Josué y
con los israelitas.»
5 Se juntaron y
subieron los cinco reyes amorreos: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el
rey de Yarmut, el rey de Lakís y el rey de Eglón, con todas sus tropas;
asediaron Gabaón y la atacaron.
6 Los gabaonitas
mandaron a decir a Josué al campamento de Guilgal: No dejes solos a tus
siervos; sube aprisa donde nosotros, sálvanos y socórrenos, porque se han
aliado contra nosotros todos los reyes amorreos que habitan en la montaña.»
7 Josué subió de
Guilgal con toda la gente de guerra y todos los guerreros valientes.
8 Y Yahveh dijo a
Josué: «No les temas, porque los he puesto en tus manos; ninguno de ellos te
podrá resistir.»
9 Josué cayó
sobre ellos de improviso, tras haber caminado toda la noche desde Guilgal.
10 Yahveh los
puso en fuga delante de Israel y les causó una gran derrota en Gabaón: los
persiguió por el camino de la subida de Bet Jorón, y los batió hasta Azecá
(y hasta Maquedá).
11 Mientras huían
ante Israel por la bajada de Bet Jorón, Yahveh lanzó del cielo sobre ellos
hasta Azecá grandes piedras, y murieron. Y fueron más los que murieron por
las piedras que los que mataron los israelitas a filo de espada.
12 Entonces habló
Josué a Yahveh, el día que Yahveh entregó al amorreo en manos de los
israelitas, a los ojos de Israel y dijo: «Deténte, sol, en Gabaón, y tú,
luna, en el valle de Ayyalón.»
13 Y el sol se
detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿ No
está esto escrito en el libre del Justo? El sol se paró en medio del cielo y
no tuvo prisa en ponerse como un día entero.
14 No hubo día
semejante ni antes ni después, en que obedeciera Yahveh a la voz de un
hombre. Es que Yahveh combatía por Israel.
15 Josué volvió
con todo Israel al campamento de Guilgal.
16 Aquellos cinco
reyes habían huido y se habían escondido en la cueva de Maquedá.
17 Se dio aviso a
Josué: «Han sido descubiertos los cinco reyes, escondidos en la cueva de
Maquedá.»
18 Josué
respondió: «Rodad unas piedras grandes a la boca de la cueva y poned junto a
ella hombres que la guarden.
19 Y vosotros no
os quedéis quietos: perseguid a vuestros enemigos, cortadles la retirada, no
les dejéis entrar en sus ciudades, porque Yahveh vuestro Dios los ha puesto
en vuestras manos.»
20 Cuando Josué y
los israelitas acabaron de causarles una grandísima derrota, hasta acabar
con ellos, los supervivientes se les escaparon y se metieron en las plazas
fuertes.
21 Todo el pueblo
volvió sano y salvo al campamento, junto a Josué, a Maquedá, y no hubo nadie
que ladrara contra los israelitas.
22 Dijo entonces
Josué: «Abrid la boca de la cueva y sacadme de ella a esos cinco reyes.»
23 Así lo
hicieron: le sacaron de la cueva a los cinco reyes: el rey de Jerusalén, el
rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey de Lakís y el rey de Eglón.
24 En cuanto
sacaron a los reyes, Josué llamó a todos los hombres de Israel y dijo a los
capitanes de tropa que le habían acompañado: «Acercaos y poned vuestros pies
sobre la nuca de esos reyes.» Ellos se acercaron y pusieron los pies sobre
las nucas.
25 «No tengáis
miedo - les dijo Josué - ni os desaniméis; sed valientes y decididos, porque
así hará Yahveh con todos los enemigos con quienes tenéis que combatir.»
26 Acto seguido,
Josué los hirió, les dio muerte y los hizo colgar de cinco árboles, de los
que quedaron colgados hasta la tarde.
27 A la hora de
la puesta del sol, a una orden de Josué, los descolgaron de los árboles y
los arrojaron a la cueva en que se habían escondido, y echaron unas piedras
grandes a la boca de la cueva: allí están todavía hoy.
28 El mismo día
Josué tomó Maquedá y la pasó a filo de espada, a ella y a su rey: los
consagró al anatema con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó
escapar a nadie, e hizo con el rey de Maquedá como había hecho con el rey de
Jericó.
29 Josué, con
todo Israel, pasó de Maquedá a Libná y la atacó.
30 Y Yahveh la
entregó también, con su rey, en manos de Israel, que la pasó a filo de
espada con todos los seres vivientes que había en ella: no dejó en ella ni
uno solo con vida. Hizo con su rey como había hecho con el rey de Jericó.
31 Josué, con
todo Israel, pasó de Libná a Lakís, la asedió y atacó.
32 Yahveh entregó
Lakís en manos de Israel, que la tomó al segundo día, y la pasó a cuchillo
con todos los seres vivientes que había en ella, lo mismo que había hecho
con Libná.
33 Entonces
Horam, el rey de Guézer, subió en ayuda de Lakís, pero Josué le derrotó a él
y a su pueblo, hasta no dejar ni un superviviente.
34 Josué, con
todo Israel, pasó de Lakís a Eglón. La sitiaron y atacaron.
35 La tomaron
aquel mismo día y la pasaron a cuchillo. Consagró al anatema aquel día a
todos los seres vivientes que había en ella, lo mismo que había hecho con
Lakís.
36 Josué, con
todo Israel, subió de Eglón a Hebrón y a la atacaron.
37 La tomaron y
la pasaron a cuchillo, con su rey, todas sus ciudades y todos los seres
vivientes que había en ella. No dejó ni un superviviente, igual que había
hecho con Eglón. La consagró al anatema, a ella y a todos los seres
vivientes que había en ella.
38 Entonces
Josué, con todo Israel, se volvió contra Debir y la atacó.
39 Se apoderó de
ella, de su rey y de todas sus ciudades, las pasaron a filo de espada y
consagraron al anatema a todos los seres vivientes que había en ella, sin
dejar uno solo con vida. Como había hecho con Hebrón, así hizo con Debir y
su rey, igual que había hecho con Libná y con su rey.
40 Batió, pues,
Josué todo el país: la Montaña, el Négueb, la Tierra Baja y las laderas, con
todos sus reyes, sin dejar ni un superviviente. Consagró a todos los seres
vivientes al anatema, como Yahveh, el Dios de Israel, le había ordenado.
41 Josué los
batió desde Cadés Barnea hasta Gaza, y toda la región de Gosen hasta Gabaón.
42 Se apoderó
Josué de todos aquellos reyes y de sus territorios de una sola vez, porque
Yahveh, el Dios de Israel, peleaba en favor de Israel.
43 Josué, con
todo Israel, se volvió al campamento de Guilgal.