1 Estas son las
palabras que dijo Moisés a todo Israel al otro lado del Jordán en el
desierto, en la Arabá, frente a Suf, entre Parán y Tófel, Labán, Jaserot y
Di Zahab. -
2 Once son las
jornadas desde el Horeb, por el camino del monte Seír, hasta Cadés Barnea -.
3 El año
cuarenta, el día uno del undécimo mes, habló Moisés a los israelitas
exponiendo todo cuanto Yahveh la había mandado respecto a ellos.
4 Después de
batir a Sijón, rey de los amorreos, que moraba en Jesbón, y a Og, rey de
Basán, que moraba en Astarot y en Edreí,
5 al otro lado
del Jordán, en el país de Moab, decidió Moisés promulgar esta Ley. Dijo:
6 Yahveh,
nuestro Dios, nos habló así en el Horeb: «Ya habéis estado bastante tiempo
en esta montaña.
7 ¡En marcha!,
partid y entrad en la montaña de los amorreos, y donde todos sus vecinos de
la Arabá, la Montaña, la Tierra Baja, el Négueb y la costa del mar; en la
tierra de Canaán y el Líbano, hasta el río grande, el río Eufrates.
8 Mirad: Yo he
puesto esa tierra ante vosotros; id a tomar posesión de la tierra que Yahveh
juró dar a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia
después de ellos.»
9 Yo os hablé
entonces y os dije: «No puedo cargar con todos vosotros yo solo.
10 Yahveh,
vuestro Dios, os ha multiplicado y sois ahora tan numerosos como las
estrellas del cielo.
11 Yahveh, el
Dios de vuestros padres, os aumente mil veces más todavía y os bendiga como
os ha prometido.
12 Pero ¿cómo
voy a poder yo solo llevar vuestro peso, vuestra carga y vuestros litigios?
13 Escoged
entre vosotros hombres sabios, perspicaces y experimentados, de cada una de
vuestras tribus, y yo los pondré a vuestra cabeza.»
14 Me
respondisteis: «Está bien lo que propones hacer.»
15 Yo tomé,
entre los jefes de vuestras tribus, hombres sabios y experimentados, y los
hice jefes vuestros: jefes de millar, de cien, de cincuenta y de diez, así
como escribas para vuestras tribus.
16 Y di
entonces esta orden a vuestros jueces: «Escucharéis lo que haya entre
vuestros hermanos y administraréis justicia entre un hombre y su hermano o
un forastero.
17 No haréis en
juicio acepción de personas, escucharéis al pequeño lo mismo que al grande,
no tendréis miedo al hombre, pues la sentencia es de Dios. El asunto que os
resulte demasiado difícil, me lo remitiréis a mí, y yo lo oiré.»
18 Yo os
prescribí entonces todo lo que tenías que hacer.
19 Partimos del
Horeb y fuimos por ese enorme y temible desierto que habéis visto, camino de
la montaña de los amorreos, como Yahveh nuestro Dios nos había mandado, y
llegamos a Cadés Barnea.
20 Yo os dije:
«Ya habéis llegado a la montaña de los amorreos que Yahveh nuestro Dios nos
da.
21 Mira: Yahveh
tu Dios ha puesto ante ti este país. Sube a tomar posesión de él como te ha
dicho Yahveh el Dios de tus padres; no tengas miedo ni te asustes».
22 Pero todos
vosotros os acercasteis a decirme: «Enviemos delante de nosotros hombres
para que exploren el país y nos den noticias sobre el camino por donde hemos
de subir y sobre las ciudades en que podemos entrar.»
23 Me pareció
bien la propuesta y tomé de entre vosotros doce hombres, uno por tribu.
24 Partieron y
subieron a la montaña; llegaron hasta el valle de Eskol y lo exploraron.
25 Tomaron en
su mano frutos del país, nos los trajeron, y nos informaron: «Buena tierra
es la que Yahveh nuestro Dios nos da.»
26 Pero
vosotros os negasteis a subir; os rebelasteis contra la orden de Yahveh
vuestro Dios,
27 y os
pusisteis a murmurar en vuestras tiendas: «Por el odio que nos tiene nos ha
sacado Yahveh de Egipto, para entregarnos en manos de los amorreos y
destruirnos.
28 ¿Adónde
vamos a subir? Nuestros hermanos nos han descorazonado al decir: Es un
pueblo más grande y corpulento que nosotros, las ciudades son grandes y sus
murallas llegan hasta el cielo. Y hasta anaquitas hemos visto allí.»
29 Yo os dije:
«No os asustéis, no tengáis miedo de ellos.
30 Yahveh
vuestro Dios, que marcha a vuestro frente, combatirá por vosotros, como
visteis que lo hizo en Egipto,
31 y en el
desierto, donde has visto que Yahveh tu Dios te llevaba como un hombre lleva
a su hijo, a todo lo largo del camino que habéis recorrido hasta llegar a
este lugar.»
32 Pero ni aun
así confiasteis en Yahveh vuestro Dios,
33 que era el
que os precedía en el camino y os buscaba lugar donde acampar, con el fuego
durante la noche para alumbrar el camino que debíais seguir, y con la nube
durante el día.
34 Yahveh oyó
encolerizado vuestras palabras y juró así:
35 «Ni un solo
hombre de esta generación perversa verá la tierra buena que yo juré dar a
vuestros padres,
36 excepto
Caleb, hijo de Yefunné: él la verá, y yo le daré a él y a sus hijos la
tierra que ha pisado, porque siguió cabalmente a Yahveh.»
37 Por culpa
vuestra Yahveh se irritó también contra mí y me dijo: «Tampoco tú entrarás
allí.
38 Será tu
ayudante Josué, hijo de Nun, el que entrará. Fortalécele, ya que él dará a
Israel posesión de la tierra.
39 Pero
vuestros pequeños, de los que dijisteis que iban a servir de botín, vuestros
hijos que no conocen todavía el bien y el mal, sí entrarán allá, a ellos se
la daré yo, y ellos la poseerán.
40 Y vosotros
ahora, volveos y partid hacia el desierto por el camino del mar de Suf.»
41 Vosotros me
respondisteis: «Hemos pecado contra Yahveh nuestro Dios. Subiremos y
combatiremos como Yahveh nuestro Dios nos ha mandado.» Ceñísteis cada uno
vuestras armas y creísteis fácil subir a la montaña.
42 Pero Yahveh
me dijo: «Diles: No subáis a combatir porque no estoy yo en medio de
vosotros, y así seréis derrotados por vuestros enemigos.»
43 Yo os hablé,
pero vosotros no me escuchasteis; fuisteis rebeldes a la orden de Yahveh y
tuvisteis la osadía de subir a la montaña.
44 Los
amorreos, habitantes de aquella montaña, salieron a vuestro encuentro, os
persiguieron como lo hubieran hecho las abejas, y os derrotaron en Seír
hasta Jormá.
45 A vuestro
regreso llorasteis ante Yahveh, pero Yahveh no escuchó vuestra voz ni os
prestó oídos.
46 Por eso
tuvisteis que permanecer en Cadés todo ese largo tiempo que habéis estado
allí.
1 Luego nos
volvimos y partimos hacia el desierto, por el camino del mar de Suf, como
Yahveh me había mandado. Durante muchos días anduvimos rodeando la montaña
de Seír.
2 Yahveh me
habló y me dijo:
3 «Ya habéis
dado bastantes rodeos a esta montaña: dirigíos hacia el norte.
4 Y da al
pueblo esta orden: Vais a pasar por el territorio de vuestros hermanos, los
hijos de Esaú, que habitan en Seír. Ellos os temen; pero vosotros tened
mucho cuidado;
5 no los
ataquéis, porque yo no os daré nada de su país, ni siquiera la medida de la
planta del pie, ya que el monte Seír se lo he dado en posesión a Esaú.
6 La comida que
comáis se la compraréis por dinero, y por dinero les compraréis también el
agua que bebáis.
7 Pues Yahveh
tu Dios te ha bendecido en todas tu obras: ha protegido tu marcha por este
gran desierto, y hace ya cuarenta años que Yahveh tu Dios está contigo sin
que te haya faltado nada.»
8 Pasamos,
pues, al lado de nuestros hermanos, los hijos de Esaú que habitan en Seír,
por el camino de la Arabá, de Elat y de Esyón Guéber; después cambiando de
rumbo, tomamos el camino del desierto de Moab.
9 Yahveh me
dijo: «No ataques a Moab, no le provoques al combate, pues yo no te daré
nada de su país, ya que Ar se la he dado en posesión a los hijos de Lot.
10
(Antiguamente habitaban allí los emitas, pueblo grande, numeroso y
corpulento como los anaquitas.
11 Tanto a
ellos como a los anaquitas se los tenía por refaítas, pero los moabitas los
llamaban emitas.
12 Igualmente
en Seír habitaron antiguamente los joritas, pero los hijos de Esaú los
desalojaron, los exterminaron y se establecieron en su lugar, como ha hecho
Israel con la tierra de su posesión, la que Yahveh les dio.)
13 Y ahora,
levantaos y pasad el torrente Zéred.» Y pasamos el torrente Zéred.
14 El tiempo
que estuvimos caminando desde Cadés Barnea hasta que pasamos el torrente
Zéred fue de 38 años; por lo que había desaparecido ya del campamento toda
la generación de hombres de guerra, como Yahveh les había jurado.
15 La misma
mano de Yahveh había caído sobre ellos para extirparlos de en medio del
campamento hasta hacerlos desaparecer.
16 Cuando la
muerte había hecho desaparecer a todos los hombres de guerra en medio del
pueblo,
17 Yahveh me
habló y me dijo:
18 «Vas a pasar
hoy la frontera de Moab, por Ar,
19 y vas a
encontrarte con los hijos de Ammón. No los ataques ni les provoques; pues yo
no te daré nada del país de los hijos de Ammón, ya que se lo he entregado a
los hijos de Lot en posesión.
20 (También
éste era considerado país de refaítas; los refaítas habitaron aquí
antiguamente; y los ammonitas los llamaban zanzumitas,
21 pueblo
grande, numeroso y corpulento como los anaquitas; Yahveh los exterminó ante
los ammonitas, que los desalojaron y se establecieron en su lugar;
22 así había
hecho también en favor de los hijos de Esaú, que habitaban en Seír,
exterminando delante de ellos a los joritas; aquéllos los desalojaron y se
establecieron en su lugar hasta el día de hoy.
23 Y también a
los avitas, que habitan en los campos hasta Gaza; los kaftoritas, venidos de
Kaftor, los exterminaron y se establecieron en su lugar).
24 Levantaos,
partid y pasad el torrente Arnón. Mira, yo pongo en tus manos a Sijón, el
amorreo, rey de Jesbón, y todo su país. Comienza la conquista; provócale al
combate.
25 Desde hoy
comienzo a infundir terror y miedo de ti entre todos los pueblos que hay
debajo del cielo: al tener noticia de tu llegada temblarán todos y se
estremecerán.»
26 Del desierto
de Quedemot envié mensajeros a Sijón, rey de Jesbón, con estas palabras de
paz:
27 «Voy a pasar
por tu país; seguiré el camino sin desviarme a derecha ni a izquierda.
28 La comida
que coma véndemela por dinero, el agua que beba dámela por dinero; sólo
deseo pasar a pie,
29 como me han
dejado los hijos de Esaú que habitan en Seír y los moabitas que habitan en
Ar, hasta cruzar el Jordán para ir hacia la tierra que nos da Yahveh nuestro
Dios.»
30 Pero Sijón,
rey de Jesbón, no quiso dejarnos pasar por allí porque Yahveh tu Dios le
había empedernido el espíritu y endurecido el corazón, a fin de entregarle
en tus manos, como lo está todavía hoy.
31 Yahveh me
dijo: «Mira, he comenzado a entregarte a Sijón y su país; empieza la
conquista, apodérate de su territorio.»
32 Sijón salió
a nuestro encuentro con todo su pueblo, y nos presentó batalla en Yahás.
33 Yahveh
nuestro Dios nos lo entregó y le derrotamos a él, a sus hijos y a todo su
pueblo.
34 Nos
apoderamos entonces de todas sus ciudades y consagramos al anatema toda
ciudad: hombres, mujeres y niños, sin dejar superviviente.
35 Tan sólo
guardamos como botín el ganado y los despojos de las ciudades tomadas.
36 Desde Aroer,
al borde del valle del Arnón, y la ciudad que está en el valle, hasta
Galaad, no hubo ciudad inaccesible para nosotros; Yahveh nuestro Dios nos
las entregó todas.
37 Únicamente
respetaste el país de los ammonitas, toda la ribera del torrente Yabboq y
las ciudades de la montaña, todo lo que Yahveh nuestro Dios había prohibido.
1 Luego nos
volvimos y subimos por el camino de Basán. Og, rey de Basán, salió a nuestro
encuentro con todo su pueblo y nos presentó batalla en Edreí.
2 Yahveh me
dijo: «No le temas, porque yo le he entregado en tus manos con todo su
pueblo y su país. Harás con él lo que hiciste son Sijón, el rey amorreo que
habitaba en Jesbón.»
3 Yahveh
nuestro Dios entregó en nuestras manos también a Og, rey de Basán, con todo
su pueblo. Le batimos hasta no dejarle ni un superviviente.
4 Nos
apoderamos entonces de todas sus ciudades; no hubo ciudad que no les
tomáramos: sesenta ciudades, toda la confederación de Argob, reino de Og en
Basán,
5 plazas
fuertes todas ellas, con altas murallas, puertas y cerrojos; sin contar las
ciudades de los perizitas, en gran número.
6 Las
consagramos al anatema, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón:
anatema a toda ciudad: hombres, mujeres y niños;
7 aunque
guardamos como botín todo el ganado y los despojos de estas ciudades.
8 Así tomamos
entonces, de mano de los dos reyes amorreos, el país de Transjordania, desde
el torrente Arnón hasta el monte Hermón
9 (los sidonios
llaman al Hermón Siryón, y los amorreos lo llaman Senir):
10 todas las
ciudades de la Altiplanicie, todo Galaad y todo Basán hasta Salká y Edreí,
ciudades del reino de Og en Basán.
11 (Og, rey de
Basán, era el último superviviente de los refaítas: su lecho es el lecho de
hierro que se halla en Rabbá de los ammonitas, de nueve codos de largo por
cuatro de ancho, en codos corrientes.
12 De este país
tomamos posesión entonces: desde Aroer, a orillas del torrente Arnón, la
mitad de la montaña de Galaad con sus ciudades se la di a los rubenitas y a
los gaditas.
13 A la media
tribu de Manasés le di el resto de Galaad y todo Basán, reino de Og: toda la
confederación de Argob. (A todo este Basán es a lo que se llama el país de
los refaítas.)
14 Yaír, hijo
de Manasés, se quedó con toda la confederación de Argob, hasta la frontera
de los guesuritas y de los maakatitas, y dio a Basán su nombre que aún
conserva: Aduares de Yaír.
15 A Makir le
di Galaad.
16 A los
rubenitas y a los gaditas les di desde Galaad hasta el torrente Arnón - la
mitad del torrente marcaba la frontera - y hasta el torrente Yabboq,
frontera de los ammonitas.
17 La Arabá y
el Jordán hacían de frontera, desde Kinnéret hasta el mar de la Arabá (el
mar de la Sal), al pie de las laderas del Pisgá, al oriente.
18 Yo os ordené
entonces: «Yahveh, vuestro Dios, os ha dado esta tierra en posesión.
Vosotros pasaréis armados al frente de vuestros hermanos los israelitas,
todos hombres de armas.
19 Sólo
vuestras mujeres, vuestros hijos y vuestros rebaños (pues sé que tenéis
rebaños numerosos) quedarán en las ciudades que yo os he dado,
20 hasta que
Yahveh conceda reposo a vuestros hermanos, como a vosotros, y ellos también
hayan tomado posesión de la tierra que Yahveh vuestro Dios les ha dado al
otro lado del Jordán; entonces volveréis cada uno a la heredad que yo os he
dado.»
21 A Josué
también le di entonces la orden siguiente: «Tus propios ojos han visto todo
lo que Yahveh vuestro Dios ha hecho con estos dos reyes; lo mismo hará
Yahveh con todos los reinos por donde vas a pasar.
22 No les
temáis, porque el mismo Yahveh vuestro Dios combate por vosotros.»
23 Entonces
hice esta súplica a Yahveh:
24 «Yahveh,
Señor mío, tú has comenzado a manifestar a tu siervo tu grandeza y tu mano
fuerte; pues ¿qué Dios hay, en los cielos ni en la tierra, que pueda hacer
obras y proezas como las tuyas?
25 Déjame, por
favor, pasar y ver la tierra buena de allende el Jordán, esa buena montaña y
el Líbano.»
26 Pero, por
culpa vuestra, Yahveh se irritó contra mí y no me escuchó; antes bien me
dijo: «¡Basta ya! No sigas hablándome de esto.
27 Sube a la
cumbre del Pisgá, alza tus ojos al occidente, al norte, al mediodía y al
oriente; y contempla con tu ojos, porque no pasarás ese Jordán.
28 Da tus
órdenes a Josué, dale ánimos y fortalécele, porque él pasará al frente de
este pueblo: él le pondrá en posesión de esa tierra que ves.»
29 Y nos
quedamos, en el valle, enfrente de Bet Peor.
1 Y ahora,
Israel, escucha los preceptos y las normas que yo os enseño para que las
pongáis en práctica, a fin de que viváis y entréis a tomar posesión de la
tierra que os da Yahveh, Dios de vuestros padres.
2 No añadiréis
nada a lo que yo os mando, ni quitaréis nada; para así guardar los
mandamientos de Yahveh vuestro Dios que yo os prescribo.
3 Vuestros
propios ojos han visto lo que hizo Yahveh con Baal Peor: a todos los que
habían seguido a Baal Peor, Yahveh tu Dios los exterminó de en medio de ti;
4 en cambio
vosotros, que habéis seguido unidos a Yahveh vuestro Dios, estáis hoy todos
vivos.
5 Mira, como
Yahveh mi Dios me ha mandado, yo os enseño preceptos y normas para que los
pongáis en práctica en la tierra en la que vais a entrar para tomarla en
posesión.
6 Guardadlos y
practicadlos, porque ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a
los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos estos preceptos,
dirán: «Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.»
7 Y, en efecto,
¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está
Yahveh nuestro Dios siempre que le invocamos?
8 Y ¿cuál es la
gran nación cuyos preceptos y normas sean tan justos como toda esta Ley que
yo os expongo hoy?
9 Pero ten
cuidado y guárdate bien, no vayas o olvidarte de estas cosas que tus ojos
han visto, ni dejes que se aparten de tu corazón en todos los días de tu
vida; enséñaselas, por el contrario, a tus hijos y a los hijos de tus hijos.
10 El día que
estabas en el Horeb en presencia de Yahveh tu Dios, cuando Yahveh me dijo:
«Reúneme al pueblo para que yo les haga oír mis palabras a fin de que
aprendan a tenerme mientras vivan en el suelo y se las enseñen a sus hijos»,
11 vosotros os
acercasteis y permanecisteis al pie de la montaña, mientras la montaña ardía
en llamas hasta el mismo cielo, entre tinieblas de nube y densa niebla.
12 Yahveh os
habló de en medio del fuego; vosotros oíais rumor de palabras, pero no
percibíais figura alguna, sino sólo una voz.
13 El os reveló
su alianza, que os mandó poner en práctica, las diez Palabras que escribió
en dos tablas de piedra.
14 Y a mí me
mandó entonces Yahveh que os enseñase los preceptos y normas que vosotros
deberíais poner en práctica en la tierra en la que vais a entrar para
tomarla en posesión.
15 Tened mucho
cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en
que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego,
16 no vayáis a
pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que
sea: figura masculina o femenina,
17 figura de
alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan
por el cielo,
18 figura de
alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los
peces que hay en las aguas debajo de la tierra.
19 Cuando
levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y
todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante
ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los
pueblos que hay debajo del cielo,
20 pero a
vosotros os tomó Yahveh y os sacó del horno de hierro, de Egipto, para que
fueseis el pueblo de su heredad, como lo sois hoy.
21 Por culpa
vuestra Yahveh se irritó contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni
entraría en la tierra buena que Yahveh tu Dios te da en herencia.
22 Yo voy a
morir en este país y no pasaré el Jordán. Vosotros en cambio lo pasaréis y
poseeréis esa tierra buena.
23 Guardaos,
pues, de olvidar la alianza que Yahveh vuestro Dios ha concluido con
vosotros, y de haceros alguna escultura o representación de todo lo que
Yahveh tu Dios te ha prohibido;
24 porque
Yahveh tu Dios es un fuego devorador, un Dios celoso.
25 Cuando hayas
engendrado hijos y nietos y hayáis envejecido en el país, si os pervertís y
hacéis alguna escultura de cualquier representación, si hacéis lo malo a los
ojos de Yahveh tu Dios hasta irritarle,
26 pongo hoy
por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra que desapareceréis
rápidamente de esa tierra que vais a tomar en posesión al pasar el Jordán.
No prolongaréis en ella vuestros días, porque seréis completamente
destruidos.
27 Yahveh os
dispersará entre los pueblos y no quedaréis más que unos pocos, en medio de
las naciones adonde Yahveh os lleve.
28 Allí
serviréis a dioses hechos por manos de hombre, de madera y piedra, que ni
ven ni oyen, ni comen ni huelen.
29 Desde allí
buscarás a Yahveh tu Dios; y le encontrarás si le buscas con todo tu corazón
y con toda tu alma.
30 Cuando estés
angustiado y te alcancen todas estas palabras, al fin de los tiempos, te
volverás a Yahveh tu Dios y escucharás su voz;
31 porque
Yahveh tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonará ni te destruirá,
y no se olvidará de la alianza que con juramento concluyó con tus padres.
32 Pregunta,
pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido desde el día en que
Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿Hubo jamás desde un extremo a otro del
cielo palabra tan grande como ésta? ¿Se oyó semejante?
33 ¿Hay algún
pueblo que haya oído como tú has oído la voz del Dios vivo hablando de en
medio del fuego, y haya sobrevivido?
34 ¿Algún dios
intentó jamás venir a buscarse una nación de en medio de otra nación por
medio de pruebas, señales, prodigios y guerra, con mano fuerte y tenso
brazo, por grandes terrores, como todo lo que Yahveh vuestro Dios hizo con
vosotros, a vuestros mismos ojos, en Egipto?
35 A ti se te
ha dado a ver todo esto, para que sepas que Yahveh es el verdadero Dios y
que no hay otro fuera de él.
36 Desde el
cielo te ha hecho oír su voz para instruirte, y en la tierra te ha mostrado
su gran fuego, y de en medio del fuego has oído sus palabras.
37 Porque amó a
tus padres y eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto
personalmente con su gran fuerza,
38 desalojó
ante ti naciones más numerosas y fuertes que tú, te introdujo en su tierra y
te la dio en herencia, como la tienes hoy.
39 Reconoce,
pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en
el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.
40 Guarda los
preceptos y los mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz,
tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que Yahveh
tu Dios te da para siempre.
41 Moisés
reservó entonces tres ciudades allende el Jordán, al oriente,
42 a las que
pudiera huir el homicida que hubiera matado a su prójimo sin querer, sin
haberle odiado anteriormente, y huyendo a una de estas ciudades, salvara su
vida.
43 Eran éstas,
para los rubenitas, Béser, en el desierto, en la Altiplanicie; para los
gaditas, Ramot en Galaad; para los manasitas, Golán en Basán.
44 Esta es la
ley que expuso Moisés a los israelitas.
45 Estos son
los estatutos, preceptos y normas que dictó Moisés a los israelitas a su
salida de Egipto,
46 al otro lado
del Jordán, en el valle próximo a Bet Peor, en el país de Sijón, rey de los
amorreos, que habitaba en Jesbón, aquel a quien Moisés y los israelitas
habían batido a su salida de Egipto,
47 y cuyo país
habían conquistado, así como el país de Og, rey de Basán, - los dos reyes
amorreos del lado oriental del Jordán,
48 desde Aroer,
que está situada al borde del valle del Arnón, hasta el monte Siryón (esto
es, el Hermón) -
49 con toda la
Arabá del lado oriental del Jordán, hasta el mar de la Arabá, al pie de las
laderas del Pisgá.
1 Moisés
convocó a todo Israel y les dijo: Escucha, Israel, los preceptos y las
normas que yo pronuncio hoy a tus oídos. Apréndelos y cuida de ponerlos en
práctica.
2 Yahveh
nuestro Dios ha concluido con nosotros una alianza en el Horeb.
3 No con
nuestros padres concluyó Yahveh esta alianza, sino con nosotros, con
nosotros que estamos hoy aquí, todos vivos.
4 Cara a cara
os habló Yahveh en la montaña, de en medio del fuego;
5 yo estaba
entre Yahveh y vosotros para comunicaros la palabra de Yahveh, ya que
vosotros teníais miedo del fuego y no subisteis a la montaña. Dijo:
6 «Yo soy
Yahveh tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de
servidumbre.
7 «No habrá
para ti otros dioses delante de mi.
8 «No te harás
escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo
que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la
tierra.
9 No te
postrarás ante ellas ni les darás culto. Porque yo, Yahveh tu Dios, soy un
Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la
tercera y cuarta generación de los que me odian,
10 y tengo
misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis
mandamientos.
11 «No tomarás
en falso el nombre de Yahveh tu Dios, porque Yahveh no dejará sin castigo a
quien toma su nombre en falso.
12 «Guardarás
el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios.
13 Seis días
trabajarás y harás todas tus tareas,
14 pero el día
séptimo es día de descanso para Yahveh tu Dios. No harás ningún trabajo, ni
tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu
asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades;
de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo, y tu sierva.
15 Recuerda que
fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te sacó de allí con
mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te sacó de allí con mano
fuerte y tenso brazo; por eso Yahveh tu Dios te ha mandado guardar el día
del sábado.
16 Honra a tu
padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios, para que se
prolonguen tus días y seas feliz en el suelo que Yahveh tu Dios te da.
17 «No matarás.
18 «No
cometerás adulterio.
19 «No robarás.
20 «No darás
testimonio falso contra tu prójimo.
21 «No desearás
la mujer de tu prójimo, no codiciarás su casa, su campo, su siervo o su
sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo.»
22 Estas
palabras dijo Yahveh a toda vuestra asamblea, en la montaña, de en medio del
fuego, la nube y la densa niebla, con voz potente, y nada más añadió. Luego
las escribió en dos tablas de piedra y me las entregó a mí.
23 Cuando
vosotros oísteis la voz que salía de las tinieblas, mientras la montaña
ardía en fuego, os acercasteis a mí todos vosotros, jefes de tribu y
ancianos,
24 y dijisteis:
«Mira, Yahveh nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza y hemos
oído su voz de en medio del fuego. Hemos visto en este día que puede Dios
hablar al hombre y seguir éste con vida.
25 Pero ahora,
¿por qué hemos de morir? - porque este fuego nos va a devorar -; si seguimos
oyendo la voz de Yahveh nuestro Dios, moriremos.
26 Pues, ¿qué
hombre ha oído como nosotros la voz del Dios vivo hablando de en medio del
fuego, y ha sobrevivido?
27 Acércate tú
a oír todo lo que diga Yahveh nuestro Dios, y luego nos dirás todo lo que
Yahveh nuestro Dios te haya dicho; nosotros lo escucharemos y lo pondremos
en práctica.»
28 Yahveh oyó
vuestras palabras y me dijo: «He oído las palabras de este pueblo, lo que te
han dicho; está bien todo lo que han dicho.
29 ¡Ojalá fuera
siempre así su corazón para temerme y guardar todos mis mandamientos, y de
esta forma ser eternamente felices, ellos y sus hijos!
30 Ve a
decirles: "Volved a vuestras tiendas."
31 Y tú quédate
aquí junto a mí; yo te diré a ti todos los mandamientos, preceptos y normas
que has de enseñarles para que los pongan en práctica en la tierra que yo
les doy en posesión.»
32 Ciudad,
pues, de proceder como Yahveh vuestro Dios os ha mandado. No os desviéis ni
a derecha ni a izquierda.
33 Seguid en
todo el camino que Yahveh vuestro Dios os ha trazado: así viviréis, seréis
felices y prolongaréis vuestros días en la tierra que vais a tomar en
posesión.
1 Estos son los
mandamientos, preceptos y normas que Yahveh vuestro Dios ha mandado
enseñaros para que los pongáis en práctica en la tierra a la que vais a
pasar para tomarla en posesión,
2 a fin de que
temas a Yahveh tu Dios, guardando todos los preceptos y mandamientos que yo
te prescribo hoy, tú, tu hijo y tu nieto, todos los días de tu vida, y así
se prolonguen tus días.
3 Escucha,
Israel; cuida de practicar lo que te hará feliz y por lo que te
multiplicarás, como te ha dicho Yahveh, el Dios de tus padres, en la tierra
que mana leche y miel.
4 Escucha,
Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh.
5 Amarás a
Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
6 Queden en tu
corazón estas palabras que yo te dicto hoy.
7 Se la
repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si
vas de viaje, así acostado como levantado;
8 las atarás a
tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos;
9 las
escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas.
10 Cuando
Yahveh tu Dios te haya introducido en la tierra que a tus padres Abraham,
Isaac y Jacob juró que te daría: ciudades grandes y prósperas que tú no
edificaste,
11 casas llenas
de toda clase de bienes, que tú no llenaste, cisternas excavadas que tú no
excavaste, viñedos y olivares que tú no plantaste, cuando hayas comido y te
hayas saciado,
12 cuida de no
olvidarte de Yahveh que te sacó del país de Egipto, de la casa de
servidumbre.
13 A Yahveh tu
Dios temerás, a él le servirás, por su nombre jurarás.
14 No vayáis en
pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean,
15 porque un
Dios celoso es Yahveh tu Dios que está en medio de ti. La ira de Yahveh tu
Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la haz de la tierra.
16 No tentaréis
a Yahveh vuestro Dios, como le habéis tentado en Massá.
17 Guardaréis
puntualmente los mandamientos de Yahveh vuestro Dios, los estatutos y
preceptos que te ha prescrito,
18 harás lo que
es justo y bueno a los ojos de Yahveh para que seas feliz y llegues a tomar
posesión de esa tierra buena de la que Yahveh juró a tus padres
19 que
arrojaría a todos tus enemigos ante ti, como te ha dicho Yahveh.
20 Cuando el
día de mañana te pregunte tu hijo: «¿Qué son estos estatutos, estos
preceptos y estas normas que Yahveh nuestro Dios os ha prescrito?»,
21 dirás a tu
hijo: «Éramos esclavos de Faraón en Egipto, y Yahveh nos sacó de Egipto con
mano fuerte.
22 Yahveh
realizó a nuestros propios ojos señales y prodigios grandes y terribles en
Egipto, contra Faraón y toda su casa.
23 Y a nosotros
nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había
prometido bajo juramento a nuestros padres.
24 Y Yahveh nos
mandó que pusiéramos en práctica todos estos preceptos, temiendo a Yahveh
nuestro Dios, para que fuéramos felices siempre y nos permitiera vivir como
el día de hoy.
25 Tal será
nuestra justicia: cuidar de poner en práctica todos estos mandamientos ante
Yahveh nuestro Dios, como él nos ha prescrito.»
1 Cuando Yahveh
tu Dios te haya introducido en la tierra a la que vas a entrar para tomarla
en posesión, y haya arrojado delante de ti a naciones numerosas: hititas,
guirgasitas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y jebuseos, siete
naciones más numerosas y fuertes que tú,
2 cuando Yahveh
tu Dios te las entregue y las derrotes, las consagrarás al anatema. No harás
alianza con ellas, no les tendrás compasión.
3 No
emparentarás con ellas, no darás tu hija a su hijo ni tomarás su hija para
tu hijo.
4 Porque tu
hijo se apartaría de mi seguimiento, serviría o otros dioses; y a la ira de
Yahveh se encendería contra vosotros y se apresuraría a destruiros.
5 Por el
contrario, esto es lo que haréis con ellos: demoleréis sus altares,
romperéis sus estelas, cortaréis sus cipos y prenderéis fuego a sus ídolos.
6 Porque tú
eres un pueblo consagrado a Yahveh tu Dios; él te ha elegido a ti para que
seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay
sobre la haz de la tierra.
7 No porque
seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros
y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos;
8 sino por el
amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres, por
eso os ha sacado Yahveh con mano fuerte y os ha librado de la casa de
servidumbre, del poder de Faraón, rey de Egipto.
9 Has de saber,
pues, que Yahveh tu Dios es el Dios verdadero, el Dios verdadero, el Dios
fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a los que le aman
y guardan sus mandamientos,
10 pero que da
su merecido en su propia persona a quien le odia, destruyéndole. No es
remiso con quien le odia: en su propia persona le da su merecido.
11 Guarda,
pues, los mandamientos, preceptos y normas que yo te mando hoy poner en
práctica.
12 Y por haber
escuchado estas normas, por haberlas guardado y practicado, Yahveh tu Dios
te mantendrá la alianza y el amor que bajo juramento prometió a tus padres.
13 Te amará, te
bendecirá, te multiplicará, bendecirá el fruto de tu seno y el fruto de tu
suelo, tu trigo, tu mosto, tu aceite, las crías de tus vacas y las camadas
de tus rebaños, en el suelo que a tus padres juró que te daría.
14 Serás
bendito más que todos los pueblos. No habrá macho ni hembra estéril en ti ni
en tus rebaños.
15 Yahveh
apartará de ti toda enfermedad; no dejará caer sobre ti ninguna de esas
malignas epidemias de Egipto que tú conoces, sino que se las enviará a todos
los que te odian.
16 Destruirás,
pues, todos esos pueblos que Yahveh tu Dios te entrega, sin que tu ojo tenga
piedad de ellos; y no darás culto a sus dioses, porque eso sería un lazo
para ti.
17 Acaso digas
en tu corazón: «Esas naciones son más numerosas que yo; ¿cómo voy a poder
desalojarlas?»
18 Pero no las
temas: acuérdate bien de lo que Yahveh tu Dios hizo con Faraón y con todo
Egipto,
19 de las
grandes pruebas que tus ojos vieron, las señales y prodigios, la mano fuerte
y el tenso brazo con que Yahveh tu Dios te sacó. Lo mismo hará Yahveh tu
Dios con todos los pueblos a los que temes.
20 Yahveh tu
Dios enviará incluso avispas contra ellos para destruir a los que hubieren
quedado y se te hubieren ocultado a ti.
21 Así que no
tiembles ante ellos, porque en medio de ti está Yahveh tu Dios, Dios grande
y temible.
22 Yahveh tu
Dios irá arrojando a esas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás
exterminarlas de golpe, no sea que las bestias salvajes se multipliquen
contra ti,
23 sino que
Yahveh tu Dios te las entregará y les infligirá grandes descalabros hasta
que queden destruidas.
24 Entregará a
sus reyes en tu mano y tú borrarás sus nombres de debajo del cielo: nadie
podrá resistir ante ti, hasta que los hayas destruido.
25 Quemaréis
las esculturas de sus dioses, y no codiciarás el oro y la plata que los
recubren, ni lo tomarás para ti, no sea que por ello caigas en un lazo, pues
es una cosa abominable para Yahveh tu Dios;
26 y no debes
meter en tu casa una cosa abominable, pues te harías anatema como ella. Las
tendrás por cosa horrenda y abominable, porque son anatema.
1 Todos los
mandamientos que yo os prescribo hoy, cuidad de practicarlos, para que
viváis, os multipliquéis y lleguéis a tomar posesión de la tierra que Yahveh
prometió bajo juramento a vuestros padres.
2 Acuérdate de
todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta
años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu
corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos.
3 Te humilló,
te hizo pasar hambre, te dio a comer el maná que ni tú ni tus padres habíais
conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que el
hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahveh.
4 No se gastó
el vestido que llevabas ni se hincharon tus pies a lo largo de esos cuarenta
años.
5 Date cuenta,
pues, de que Yahveh tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo,
6 y guarda los
mandamientos de Yahveh tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole.
7 Pues Yahveh
tu Dios te conduce a una tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y
hontanares que manan en los valles y en las montañas,
8 tierra de
trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de
aceite y de miel,
9 tierra donde
el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra
donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce.
10 Comerás
hasta hartarte, y bendecirás a Yahveh tu Dios en esa tierra buena que te ha
dado.
11 Guárdate de
olvidar a Yahveh tu Dios descuidando los mandamientos, normas y preceptos
que yo te prescribo hoy;
12 no sea que
cuando comas y quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en
ellas,
13 cuando se
multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en
abundancia y se acrecienten todos tus bienes,
14 tu corazón
se engría y olvides a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la
casa de servidumbre;
15 que te ha
conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes
abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar
para ti agua de la roca más dura;
16 que te
alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a
fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.
17 No digas en
tu corazón: «Mi propia fuerza y el poder de mi mano me han creado esta
prosperidad»,
18 sino
acuérdate de Yahveh tu Dios, que es el que te da la fuerza para crear la
prosperidad, cumpliendo así la alianza que bajo juramento prometió a tus
padres, como lo hace hoy.
19 Pero si
llegas a olvidarte de Yahveh tu Dios, si sigues a otros dioses, si les das
culto y te postras ante ellos, yo certifico hoy contra vosotros que
pereceréis.
20 Lo mismo que
las naciones que Yahveh va destruyendo a vuestro paso, así pereceréis
también vosotros por haber desoído la voz de Yahveh vuestro Dios.
1 Escucha,
Israel. Hoy vas a pasar ya el Jordán para ir a desalojar a naciones más
grandes y fuertes que tú, ciudades grandes, de murallas que llegan hasta el
cielo,
2 un pueblo
grande y corpulento, los anaquitas, a quienes tú conoces y de quienes has
oído decir: «¿Quién puede hacer frente a los hijos de Anaq?»
3 Pero has de
saber hoy que Yahveh tu Dios es quien va a pasar delante de ti como un fuego
devorador que los destruirá y te los someterá, para que los desalojes y los
destruyas rápidamente, como te ha dicho Yahveh.
4 No digas en
tu corazón cuando Yahveh tu Dios los arroje de delante de ti: «Por mis
méritos me ha hecho Yahveh entrar en posesión de esta tierra», siendo así
que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahveh ante ti.
5 No por tus
méritos ni por la rectitud de tu corazón vas a tomar posesión de su tierra,
sino que sólo por la perversidad de estas naciones las desaloja Yahveh tu
Dios ante ti; y también por cumplir la palabra que juró a tus padres,
Abraham, Isaac y Jacob.
6 Has de saber,
pues, que no es por tu justicia por lo que Yahveh tu Dios te da en posesión
esa tierra buena, ya que eres un pueblo de dura cerviz.
7 Acuérdate. No
olvides que irritaste a Yahveh tu Dios en el desierto. Desde el día en que
saliste del país de Egipto hasta vuestra llegada a este lugar, habéis sido
rebeldes a Yahveh.
8 En el Horeb
irritasteis a Yahveh, y Yahveh montó en tal cólera contra vosotros que
estuvo a punto de destruiros.
9 Yo había
subido al monte a recoger las tablas de piedra, las tablas de la alianza que
Yahveh había concluido con vosotros. Permanecí en el monte cuarenta días y
cuarenta noches sin comer pan ni beber agua.
10 Yahveh me
dio las dos tablas de piedra escritas por el dedo de Dios, en las que
estaban todas las palabras que Yahveh os había dicho de en medio del fuego,
en la montaña, el día de la Asamblea.
11 Al cabo de
cuarenta días y cuarenta noches, después de darme las dos tablas de piedra,
las tablas de la alianza,
12 me dijo
Yahveh: «Levántate, baja de aquí a toda prisa, porque tu pueblo, el que tú
sacaste de Egipto, se ha pervertido. Bien pronto se han apartado del camino
que yo les había prescrito: se han hecho un ídolo de fundición.»
13 Continuó
Yahveh y me dijo: «He visto a este pueblo: es un pueblo de dura cerviz.
14 Déjame que
los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y que haga de ti una
nación más fuerte y numerosa que ésta.»
15 Yo me volví
y bajé del monte, que ardía en llamas, llevando en mis manos las dos tablas
de la alianza.
16 Y vi que
vosotros habíais pecado contra Yahveh vuestro Dios. Os habíais hecho un
becerro de fundición: bien pronto os habíais apartado del camino que Yahveh
os tenía prescrito.
17 Tomé
entonces las dos tablas, las arrojé de mis manos y las hice pedazos a
vuestros propios ojos.
18 Luego me
postré ante Yahveh; como la otra vez, estuve cuarenta días y cuarenta noches
sin comer pan ni beber agua, por todo el pecado que habíais cometido
haciendo el mal a los ojos de Yahveh hasta irritarle.
19 Porque tenía
mucho miedo de la ira y del furor que irritaba a Yahveh contra vosotros
hasta querer destruiros. Y una vez más me escuchó Yahveh.
20 También
contra Aarón estaba Yahveh violentamente irritado hasta querer destruirle.
Yo intercedí también entonces en favor de Aarón.
21 Y vuestro
pecado, el becerro que os habíais hecho, lo tomé y lo quemé; lo hice
pedazos, lo pasé a la muela hasta que quedó reducido a polvo, y tiré el
polvo al torrente que baja de la montaña.
22 Y en Taberá,
y en Massá, y en Quibrot Hattaavá, irritasteis a Yahveh.
23 Y cuando
Yahveh os hizo salir de Cadés Barnea diciendo: «Subid a tomar posesión de la
tierra que yo os he dado», os rebelasteis contra la orden de Yahveh vuestro
Dios, no creísteis en él ni escuchasteis su voz.
24 Habéis sido
rebeldes a Yahveh vuestro Dios desde el día en que os conoció.
25 Me postré,
pues, ante Yahveh y estuve postrado estos cuarenta días y cuarenta noches,
porque Yahveh había hablado de destruiros.
26 Supliqué a
Yahveh y dije: «Señor Yahveh, no destruyas a tu pueblo, tu heredad, que tú
rescataste con tu grandeza y que sacaste de Egipto con mano fuerte.
27 Acuérdate de
tus siervos Abraham, Isaac y Jacob, y no tomes en cuenta la indocilidad de
este pueblo, ni su maldad ni su pecado,
28 para que no
se diga en el país de donde nos sacaste: "Porque Yahveh no ha podido
llevarlos a la tierra que les había prometido, y por el odio que les tiene,
los ha sacado para hacerlos morir en el desierto."
29 Pero ellos
son tu pueblo, tu heredad, aquellos a quienes tú sacaste con tu gran fuerza
y tu tenso brazo.»
1 Yahveh me
dijo entonces: «Labra dos tablas de piedra como las primeras y sube donde mí
a la montaña; hazte también un arca de madera.
2 Yo escribiré
en las tablas las palabras que había en las primeras que rompiste, y tú las
depositarás en el arca.»
3 Hice un arca
de madera de acacia, labré dos tablas de piedra como las primeras y subí a
la montaña con las dos tablas en la mano.
4 El escribió
en las tablas lo mismo que había escrito antes, las diez Palabras que Yahveh
había dicho en el monte, de en medio del fuego, el día de la Asamblea. Y
Yahveh me las entregó.
5 Yo volví a
bajar del monte, puse las tablas en el arca que había hecho y allí quedaron,
como me había mandado Yahveh.
6 Los
israelitas partieron de los pozos de Bené Yaacán, hacia Moserá. Allí murió
Aarón y allí fue enterrado. Le sucedió en el sacerdocio su hijo Eleazar.
7 De allí se
dirigieron a Gudgoda y de Gudgoda a Yotbatá, lugar de torrentes.
8 Yahveh separó
entonces a la tribu de Leví para llevar el arca de la alianza de Yahveh,
sirviéndole y dando la bendición en su nombre hasta el día de hoy.
9 Por eso Leví
no ha tenido parte ni heredad con sus hermanos: Yahveh es su heredad, como
Yahveh tu Dios le dijo.
10 Yo me quedé
en el monte, como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. También
esta vez me escuchó Yahveh y renunció a destruirte.
11 Y me dijo
Yahveh: «Levántate, ve a ponerte al frente de este pueblo, para que vayan a
tomar posesión de la tierra que yo juré a sus padres que les daría.»
12 Y ahora,
Israel, ¿qué te pide tu Dios, sino que temas a Yahveh tu Dios, que sigas
todos sus caminos, que le ames, que sirvas a Yahveh tu Dios con todo tu
corazón y con toda tu alma,
13 que guardes
los mandamientos de Yahveh y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que
seas feliz?
14 Mira: De
Yahveh tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto
hay en ella.
15 Y con todo,
sólo de tus padres se prendó Yahveh y eligió a su descendencia después de
ellos, a vosotros mismos, de entre todos los pueblos, como hoy sucede.
16 Circuncidad
el prepucio de vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz,
17 porque
Yahveh vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores, el
Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas ni admite
soborno;
18 que hace
justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y
vestido.
19 (Amad al
forastero porque forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.)
20 A Yahveh tu
Dios temerás, a él servirás, vivirás unido a él y en su nombre jurarás.
21 El será
objeto de tu alabanza y él tu Dios, que ha hecho por ti esas cosas grandes y
terribles que tus ojos han visto.
22 No más de
setenta personas eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y Yahveh tu Dios
te ha hecho ahora numeroso como las estrellas del cielo.