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| Describimos aquí una serie de tareas agrícolas que se realizaban antiguamente y que eran propias de una agricultura de subsistencia propia de la zona hasta tiempos relativamente recientes. Dada su peculiaridad y ya que se trata de un cultivo desaparecido, hacemos un apartado especial para el LINO LA RECOLECCIÓN LA SIEGA Las tareas propiamente dichas de recolección se inician con la SIEGA. Posiblemente hasta los inicios de la década de los setenta del pasado siglo XX, se segaba a mano, es decir, tal como se hacía desde tiempos inmemoriales, quizás desde la época romana. Era sin lugar a dudas el trabajo más duro de cuantos se realizaban manualmente en nuestros campos. A la incomodidad de la posición, con el cuerpo agachado formando una especie de ángulo recto, se le unía el esfuerzo, el calor, y otras muchas incomodidades. No sabemos cómo hubo tiempos en que las "cuadrillas de segadores" todavía tenían fuerza para cantar las tradicionales canciones de siega. Se segaba con una hoz que cortaba los tallos del trigo mientras se agarraban con fuerza con la mano izquierda. Esta operación tenía el peligro de cortarse los dedos, cosa que ocurría con frecuencia y seguro que hay quien conserva alguna marca de los citados cortes. Para evitar esos cortes se protegían los dedos de la mano izquierda con los dediles, una especie de tubos de cuero donde se introducían los dedos, que iban sujetos por unas correas que se ataban a la muñeca mediante una pulsera. El mejor segador generalmente iba el primero, era el mayoral de la cuadrilla, y el resto tenían que hacer ímprobos esfuerzos por seguirle de cerca. Cada segador segaba la mies de tres surcos y cuando hacía una manada la colocaba atravesada sobre los surcos con las espigas hacia el lado del segador que le precedía, este dejaba su manada sobre la del anterior, pero con las espigas colocadas al revés de las otras. Cuando se terminaba el surco se había segado una estaja, y generalmente se volvía caminando hacia atrás, agavillando, es decir, juntando varias manadas, cuatro, cinco o más, para formar una gavilla. A veces uno de los segadores se dedicaba a atar, que consistía en juntar varia gavillas, que ataban con una atadera, una especie de cincho hecho de pajas de centeno humedecidas unidas por las espigas desgranadas, que se habían conservado desde el año pasado juntas de una forma elegante y curiosa, era el encaño, una de las formas más elegantes y esbeltas conocidas para atar unas pajas de centeno. El resultado de eran los haces. Estos a su vez se amontonaban en una facina (véase la curiosa relación entre haces y facina), para ello se colocaban unos sobre otros en forma piramidal, se podían hacer varios montones uno junto al otro, cada montón era una rueda de la facina. De esta manera se podía contar fácilmente el número de haces que había en total. EL ACARREO Terminada la siega se acarreaba la cosecha hasta la era, para ello se usaban los carros que eran arrastrados por una pareja de vacas, en esta época de la hoy día protegida y casi extinta raza alistana, uncidas ("uñidas") por los cuernos al yugo mediante las cornales, al yugo, a su vez, se unía al carro mediante el sobeo, a la operación se le llamaba "ensobear" el carro. Para cargar el carro se disponían los haces unos encima de otros muy bien colocados, porque si se caían paría el carro, y teniendo en cuenta que la mies estaba crujiente por el calor el desperdicio de cosecha era abundante. Cargar el carro era, por lo tanto una tarea delicada y tenía toda una técnica. Se ponían unos haces de guía, clavados en los picones (una especie de palos acabados en punta), y se rellenaba el interior con otros, como se colocaba una fila adelante y otra atrás, entre las dos se ponían otros atravesados que los sujetaban, eran las llaves. Se podían poner hasta cinco, seis o más filas, entonces se decía que el carro tenía cinco, seis, etc., vueltas. Esto dependía mucho del tamaño de los haces. Finalmente para sujetarlo todo se ataba convenientemente, con la maromas, con una técnica curiosa y eficaz, pues todo el mundo lo ataba de la misma manera. Una vez llegado el carro a la era se descargaba, amontonando los haces sin demasiado orden en el mornal. Los chavales solían colocar en el punto más alto la tarabilla, una especie de veleta, que podía ser giratoria para orientarse al viento, con unas aspas que giraban por la energía del mismo viento. Cuando se traía el último viaje para la era, se solía colocar encima un muñeco, que generalmente era una camisa o un jersey relleno de pajas, era la raposa, y por extensión a este último carro se le conocía con el nombre de raposa. LA TRILLA Se realizaba en las eras, para ello se esparcían los haces en el suelo, en forma de círculo, la parva, se dejaba que el sol los calentase bien y con el trillo arrastrado por una pareja de animales, vacas, burros, yeguas, etc, se iba triturando la paja y desgranando las espigas en un lento y dormilero proceso. Cuando se creía convenientemente menuda la paja se emparvaba, es decir, se amontonaba la paja y el grano en un montón en forma de pirámide alargada, orientada de norte a sur, para así aprovechar los vientos que en este pueblo soplaban del este o del oeste. Hemos de decir que el gran peligro de la trilla eran las lluvias y si se ponía de tormenta rápidamente se había de juntar la paja para que no se mojase, a esta operación se le conocía como emparvonar. LA LIMPIA Cuando soplaba el viento adecuado, el de arriba era más fino y continuo, el de abajo más alocado y discontinuo, se limpiaba utilizando para ello una herramienta, el bieldo ("biendo" por estas tierras) que servía para lanzar contra el viento la paja mezclada con el grano, el viento desplazaba unos metros la paja y el grano caía en vertical, con lo cual se separaban, se limpiaba. Claro que para obtener el resultado final se habían de lanzar la paja al aire varias veces. Una vez acabada la limpia se juntaba el grano en el muelo y al mismo tiempo se le iban quitando con un barredero aquellos trozos de paja, piedras pequeñas, etc, que por su peso no llevaba el viento. Esta operación se conocía como balear el muelo. Puede ser que la razón esté en que el barredero estaba hecho con una especie de arbustos herbáceos llamados baleas. Una vez limpio de polvo y paja el grano se metía en sacos, tejidos en los telares de la zona, se les llamaba costales, quizás porque estaban destinados a cargarlos a cuestas. Tenían una capacidad de ocho o diez alqueres y su peso estaba entre los ochenta y cien quilogramos, claro que si eran un poco viejos podían llegar a pesar 120 quilogramos. LA META Era la actividad más alegre, pues por fin, después de todo un verano de duros trabajos se recogía en las paneras el fruto del esfuerzo de todo un año. Se cargaban los costales en el carro y con la ayuda de otros vecinos y amigos se llevaban a casa. En el trayecto de la era a casa los mozos se subían encima del carro y cantaban canciones tradicionales que mostraban a las claras la alegría por el trabajo realizado: Vengo de moler morena de los molinos de arriba dormí con la molinera, y ole´, y olé, no me cobró la maquila, que vengo... Vengo de moler morena de los molinos del medio... ....... Vengo de moler morena de los molinos de abajo.... ...... LA FIESTA Terminada la cosecha, se celebraban las Fiestas Patronales, fiestas que es posible variasen de fechas con el paso del tiempo, para adaptarse a una época de recolección más larga a medida que avanzaban los tiempos y las cosechas eran más abundantes. Creemos que estas fiestas deben tener su origen en las fiestas que los romanos organizaban en honor de los dioses de la cosecha, de los cuales la más importante era la diosa Ceres.
NOTA 1: Todo lo expuesto es producto de recuerdos infantiles y adolescentes y por lo tanto es posible que no sean fiel reflejo de la realidad. Lo que sí nos interesa resaltar es que todos estos trabajos eran muy duros, muy lentos y duraban muchos meses para obtener unos resultados generalmente exiguos. NOTA 2: Sirvan estas líneas de homenaje a nuestros padres que tantos sufrimientos pasaron para conseguir que nosotros tuviéramos una vida un poco mejor.
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