NARRATIVA
Cuentos y fábulas

La Serpiente Hechicera
La Leyenda del Guardián de Miculla
Huellas Extrañas
Una Extraña Aventura en Miculla
Testimonio de un Micullano
La libélula ambiciosa y la cabra
Quebrada de Burros
Los Changos


La Serpiente Hechicera
Por Marcela Luna
En nuestro viaje a Miculla, fuimos viendo diferentes figuras. A mí me llamó la atención la figura de un hombre con una serpiente, de la cual contaré su historia.
Hace muchos años, Miculla era un lugar de descanso; entonces, uno de los hombres, que pasaba por ahí, decidió dormir un rato, para después seguir su camino. Se recostó en una piedra y, al cerrar sus ojos, su mente se expandió al cielo y las estrellas, pensando en fantasías hermosas; cuando, de pronto, sintió un peso sobre su cuerpo, era algo que se movía suave y duramente al mismo tiempo. El estaba confundido; pero cuando abrió los ojos, se encontró con una serpiente; espantado, la tomó y ella, al verse capturada, mordió con avidez el brazo del hombre, transmitiéndole una sustancia espesa y venenosa, la cual hizo que el hombre y la serpiente quedaran encerrados en la piedra del descanso.


La Leyenda del Guardián de Miculla
Por:Cecilia Loayza

Chácaro era un chico solitario, quien, con una llamita, fue en busca de tierras fértiles. Llegó a un valle, medio desértico, con gran vegetación y un hermoso río, cuyas aguas eran cristalinas. Chácaro observó unas piedras grabadas, talladas preciosamente con cinceles, mostrando la cacería y diversos rituales. 
El muchacho se dirigió al río y éste le habló. Le dijo que cada poblador que habitaba en ese lugar había sido convertido en piedra por el río y los dibujos representaban cosas importantes en sus vidas.
Chácaro, asustado, corrió huyendo ; pero el río lo convirtió en piedra y, a diferencia de las otras, es la más grande y guardiana de todas.


Huellas Extrañas
Por: Pamela Medina

Hace muchísimos años, en un extraño y desconocido lugar, lleno de piedras de diversas formas y tamaños, existía, en Tacna, un pequeño pueblo llamado Miculla; el cual estaba formado por personas muy desunidas, pero trabajadoras; que en lo único que pensaban era en sobrevivir luchando, cazando y haciendo otras cosas, mas no incluían el amor, la cooperación y la unión.
Muy molesto por esto, su dios, llamado Micu, decidió hablar al líder del pueblo y le dijo:

-Querido hijo Milla, he visto cómo tu mandato sirve para que tú y tu pueblo puedan sobrevivir; sin embargo, no he observado ninguna muestra de afecto entre ustedes.

-Le pido me disculpe -dijo Milla- pero la caza y las peleas son lo más importante en este pueblo; por eso, no vemos necesario hacer lo que tú nos pides y también...

-Cállate -exclamó el dios Micu- tú no puedes desobedecer mis órdenes, ¡yo soy tu dios! Y te exijo que cultiven el amor. Si no hacen lo que les digo, les juro que su ambición será castigada con algo terrible; haré que se hundan dentro de lo que ustedes llaman su vida.

Milla, rebelándose contra su dios, no comunicó al pueblo su advertencia.
Los días fueron pasando y su dios, al no ver ningún cambio en ellos, los castigó, haciendo que, siguiendo su rutina, cada uno de ellos viviera para siempre como quería: luchando; pero, por su ambición, los encerró en unas piedras, para que no olvidaran que lo importante no son las guerras, sino la unión.

Es así que, hoy en día, podemos apreciar aquellas piedras; para recordar que no debemos ser desunidos, sino que debemos practicar el amor en nuestras vidas. 


Una Extraña Aventura en Miculla
Por: Catherine Dávila

Pablo, muy emocionado, iba a ir de paseo a Miculla con sus padres. Cuando llegaron al lugar, Pablo divisó muchas piedras en el camino, largos puentes colgantes y un territorio desértico, por donde caminar.

Después de media hora de recorrido, pudo observar algunas rocas con diferentes dibujos. El primero que observó fue un hombre montado en un animal que parecía ser un auquénido; luego, diferentes figuras geométricas que le llamaron la atención y se quedó un buen tiempo observándolas. Al cabo de un rato, se dio cuenta que se había alejado de sus padres y estaba solo; esto no le importó y siguió su camino, cuando, de pronto, pudo ver una roca más grande que las otras, con figuras más claras y con algo más que le llamaba la atención. Se acercó y, cuando la tocó, cerró los ojos, apareciendo en otro lugar.

El lugar era amplio y deshabitado, donde hacía mucho calor; luego, escuchó unos gritos que provenían de una gran cueva. Con un poco de miedo, se acercó y vio a un grupo de hombres primitivos que gritaban, tratando de explicar algo. Se aproximó más y, de repente, sintió una mano en su hombro. Gritó despavorido y todos repararon en su presencia. Pablo los podía entender y empezaron a comunicarse normalmente. Le mostraban todas sus actividades agrícolas, cómo pescaban y extraían algunas algas del gran río que corría por las faldas de un cerro.

Después, se dio cuenta que había pasado mucho tiempo que no veía a sus padres y decidió ir a buscarlos. Los hombres extraños lo detuvieron y, por medio de figuras en una roca, le explicaron que él no podía regresar, que estaba atrapado como en otra dimensión. Pablo entendió que aquellas figuras en las rocas, eran una manera de expresar su arte y poder comunicarse. Luego, él pudo ver la misma roca que lo había transportado a esa extraña dimensión; la volvió a tocar y, otra vez, apareció en el lugar de donde había sido llevado.

Sus padres, muy preocupados, lo abrazaron y se fueron a su casa. El, muy confundido, se quedó pensando en esa extraña aventura.


Testimonio de un Micullano
Por: Luciana Lombardi

La vida es extraña, todo lo que me rodea me parece raro; cada noche veo algo allá arriba; me escondo bajo las piedras porque siento que me miran unos ojos brillantes (estrellas).
Cada día expreso lo que veo, lo dejo grabado en una roca y nunca el tiempo lo borrará.
En la noche hacemos un rito y nos ponemos unas plumas en la cabeza y bailamos y un fino palito produce un sonido bonito (flauta). Todos los días sale algo resplandeciente que nos quema (sol);en ese instante, terminamos el rito matando llamas.
Estoy en un laberinto sin salida, no sé qué son las cosas ni por qué estoy aquí. Cada día pienso y pienso para responder a mis dudas. Cada minuto que pasa me voy acostumbrando, en fin, a este mundo terrible sin salida.


La Libélula Ambiciosa y la Cabra 
Por: Jennifer Tamayo

Había, una vez, una libélula hermosa, de varios colores; pero que no se sentía feliz con su belleza, porque era muy vanidosa. 
Cierto día se topó con una cabra que no era tan linda y le preguntó:
-¿Por qué no eres feliz si eres tan bella?

La libélula le dijo:
-Porque yo quiero ser más bella, mucho más.

La cabra le replicó: -Si yo tuviera esa belleza, estaría muy contenta.
La libélula seguía con su ambición; en cambio, la cabra se quería por lo que era.
De pronto, la libélula que estaba volando, se estrelló contra un árbol y cayó sobre una masa asquerosa y quedó muy fea. Quería morirse, porque era tan pretenciosa que no podía aceptar perder su belleza.
En cambio, la cabra se veía más hermosa que nunca; ya que era buena de corazón.

Moraleja: No hay que ser vanidosa, porque todas podemos ser hermosas de corazón y tenemos que querernos tal y como somos.


Quebrada de Burros
Por: Antonella Loayza

Hace varios años, en una quebrada, empezó a brotar un chorro de agua dulce del subsuelo; formándose un pequeño arroyo que desembocaba en el mar.

Desde entonces, empezaron a crecer plantas en las riberas del arroyo y los animales empezaron a llegar, por constituir gran riqueza en alimento para ellos. 

Un pequeño burro que se había perdido, empezó a caminar y se encontró en
esa quebrada muy bonita que parecía el paraíso. Este pequeño borrico fue el primer animal que llegó ahí. Posteriormente llegaron más burros y lo nombraron rey, pues él ,sin darse cuenta, los guió a este paraíso donde había abundante alimento.

Pero como en toda historia, hay un antagonista, en este caso fueron los seres humanos, que destruyeron esta zona con explosiones, para construir carreteras y taparon el pequeño hoyo de donde salía agua del subsuelo.


Los Changos
Por: Angie Bautista

En Quebrada de Burros, vivían personas a quienes llamaban Changos, que se alimentaban de carne y sangre de lobo marino.

Un día Changuito se fue a pescar y en el camino se encontró con un lobo y, como Changuito estaba hambriento, mató uno y se lo comió. A la mañana siguiente, Changuito sentía algo raro; empezó a revisar su cuerpo y se encontró con la sorpresa que su piel no era la misma: estaba cubierta de ampollas enormes y, cada minuto que pasaba, se hinchaba más y más.
Changuito quería curarse lo más pronto posible, pero no encontraba solución. Estaba desesperado; cuando, de pronto, se topó con un cactus. El pensó :"Por qué en vez de hojas, tiene espinas". Como quería saber más, lo cortó. De pronto, salió un agua cristalina y él se dijo: "Si tomo esta agua, de repente me curo". Se la tomó y, después de dos horas, las ampollas se le infectaron y le salió pus maloliente. Se empezó a sentir muy débil, sin fuerzas para caminar.

Al día siguiente, Changuito le dijo a su papá que no tomaran el agua del cactus, porque era maligna; pero su papá le entendió lo contrario y todos la tomaron.
Así los Changos fueron desapareciendo y no quedó ninguno.


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