El inicio anecdótico de la depuración del Poder Judicial,
incluso antes de que siquiera se convocase a una constituyente, ocurrió en los
días finales de enero de 1999. De hecho, ni Chávez se había juramentado como
presidente.
"Sí, ya me enteré de lo que está pasando y de que mucha gente
está llenando las encuestas, y por eso la Asociación y la Federación de Jueces
están preparando un escrito de protesta dirigido a la dirigencia del Movimiento
V República, y también será entregado a la comisión de enlace del nuevo
gobierno, instancia que notificó que no tiene conocimiento del tal evaluación"
(El Universal, 29/01/1999).
La anterior fue la respuesta que Rosalinda Paiva, presidenta
de la Asociación de Jueces del Area Metropolitana, dio cuando se le preguntó
sobre los cuestionarios que estaba distribuyendo el MVR en las puertas del
Palacio de Justicia de Caracas para sondear acerca de jueces corruptos.
La iniciativa se le atribuyó al Coronel retirado y abogado
Hidalgo Valero Briceño, fundador del Frente Nacional Constituyente de
Profesionales y Técnicos con Chávez y quien pensaba que a "la corrupción había
que hacerle un seguimiento intensivo". Valero, tiempo después, se postuló para
ocupar el cargo de Fiscal General y se distanció del oficialismo.
— "¿Qué están regalando aquí?, preguntó una señora –escribió
la periodista Irma Alvarez de El Universal..
— Nada, sólo estamos entregando una encuesta para evaluar a
los jueces y limpiar el Poder Judicial –dijo una de las representantes del
Movimiento V República-. Llenarla es una cosa muy sencilla, puesto que sólo
tiene que marcar las casillas que permitan determinar si alguno o varios de los
jueces que están en la lista son corruptos u honestos".
Varios Círculos Patrióticos de Evaluación se habían
instalado con mesas identificadas con el logotipo del CNE desde las 8 de la
mañana del 28 de enero, para indagar sobre la conducta de los jueces.
Algunas de las preguntas contenidas en el cuestionario, eran
(El Universal, 29/01/199):
¿Acosa sexualmente a sus subalternos?
¿Tiene control etílico?
¿Consume drogas?
¿Tiene testaferros o bienes a nombre de
terceros?
¿Vive con ostentación inexplicable,
posee bienes de dudosa procedencia, usa vehículos lujosos u objetos suntuarios
en desproporción con sus ingresos?
¿Ingresó de forma transparente a la
función judicial?
¿Tiene credenciales y destrezas?
¿Carece de preparación?
¿Asiste regular y puntualmente al
tribunal donde labora?
¿Su conducta privada y vecinal es
cónsona con su investidura?
¿Su vida familiar parece respetable?
¿Pertenece a tribus, mafias o favorece
a determinados bufetes de abogados?
¿Sentencia oportunamente?
El esfuerzo anterior se confundía en enero de 1999, con la
condena que le impuso el Tribunal de Salvaguarda a la juez Mélida Margarita
Aleksic Molina, célebre por haber arrojado dinero por una ventana tras ser
sorprendida in fraganti en su apartamento de los Altos Mirandinos
deshaciéndose de las pruebas de una extorsión.
El 12 de agosto de 1999 la Constituyente aprobó un decreto
que anunciaba la reorganización de todos los poderes públicos. Dos considerandos
y un solo artículo fueron suficientes para garantizar "la transformación del
Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico que permitiera el funcionamiento
efectivo de una democracia social y participativa".
Considerando:
Que la República vive una grave crisis política, económica, social, moral e
institucional, que ha llevado al colapso a los órganos del Poder Público y
mantiene a la mayoría de la población en un inaceptable estado de
empobrecimiento, con el cual se vulneran los más elementales derechos
humanos.
Que la crisis institucional de los
poderes públicos tiene carácter estructural e influye en forma determinante
en la imposibilidad de que dichas instituciones puedan por sí mismas superar
la crisis.
Decreta Único:
En razón de la emergencia nacional existente en el país con anterioridad a
la instalación de esta Asamblea, se declara la reorganización de todos los
órganos del poder público. La Asamblea Nacional Constituyente decretará las
medidas necesarias para enfrentar situaciones específicas de la
reorganización y dispondrá la intervención, modificación o suspensión de los
órganos del Poder Público que así considere, con el fin de recuperar el
estado de derecho, la estabilidad y el orden necesarios para reconstruir la
República en el marco de los valores democráticos.
El decreto de Reorganización del Poder Judicial fue aprobado
el 16 de agosto de 1999 por la plenaria constituyente. El mismo guió el conjunto
de las acciones constituyentes para la depuración del poder más señalado como
corrupto por la democracia venezolana. Veamos los tres considerandos de soporte
a la argumentación:
Que es obligación del Estado
garantizar el fácil acceso de la población a un sistema de justicia que
actúe con la mayor transparencia, imparcialidad, autonomía, celeridad y
simplicidad, para lo cual es necesario la existencia de controles sociales
sobre la administración de justicia con la participación social democrática.
Que la credibilidad y legitimidad
del sistema de justicia implica que se garantice la idoneidad ética y
técnica de los jueces, asegurando su independencia por medio de mecanismos
objetivos e imparciales de selección de los mejores, así como por medio de
controles sociales e institucionales sobre su comportamiento.
Que para enfrentar la crisis
política, económica, social se requiere tomar medidas impostergables, muchas
de las cuales requieren de grandes transformaciones del marco jurídico,
fortalecer la necesidad de estado de derecho y el ejercicio efectivo de los
derechos humanos.
La justificación del decreto de emergencia judicial la
asumieron los constituyentes Luis Miquilena, presidente del foro, y Hermann
Escarrá, presidente de la comisión constitucional. "En absoluto se paralizarán
los tribunales", declararon al unísono el día que fueron juramentados por el
Consejo Nacional Electoral. "Se efectuará una depuración que permita relegitimar
a los jueces ante el país. Aquí no habrá vacío de poder en ninguno de los
órdenes de la administración pública, y por ello le hacemos un llamado a los
inversionistas a que no tengan dudas de lo contrario. El país está tranquilo,
caminará por la vía de la legalidad" (El Universal, 31/07/1999).
El mismo día los constituyentes de oposición, Jorge Olavarría
-otrora aliado del- y Claudio Fermín, se pproclamaron contrarios a la
paralización de los tribunales. Olavarría argumentaba que "la Constituyente no
tiene facultades judiciales, la única facultad que tiene es redactar una
Constitución". Mientras que el ex candidato presidencial Fermín argüía que "la
palabra emergencia tiene una connotación publicitaria, un encanto en su propio
mensaje pero dice poco, no transmite nada, es más: ¿qué quiere decir?. Además,
el país ya tiene una Corte Suprema y no le hace falta una alta comisión de
justicia" (El Universal, 31/07/1999). El otro mosquetero de la oposición
en la asamblea, Allan Brewer Carías, prefirió mantenerse un tanto neutral en las
primeras de cambio, frente al tema del Poder Judicial.