La principal oferta electoral de Chávez fue el compromiso de
realizar un proceso constituyente para relegitimar todos los poderes
constituidos de la IV República. La gran herramienta política frente a los
sufragantes fue el señalamiento constante de la "corrupción puntofijista" como
causa líder del desastre nacional. El chavismo veía la posibilidad de una
constituyente como la respuesta lógica a la Reforma Constitucional que por largo
tiempo fue envagetada por una comisión bicameral del Congreso de la República
presidida por Rafael Caldera y que nunca fue accionada como mecanismo de drenaje
social.
El programa de gobierno ofrecido por el chavismo al
electorado a lo largo del año 1998, estuvo organizado en cinco puntos de
equilibrio: político, social, económico, territorial y mundial.
Sin duda que el sentido anticorrupción de la propuesta estaba
básicamente concentrado bajo el paraguas de la Constituyente para la
democracia participativa, dentro del rescate del "equilibrio político".
Según el programa elaborado por la Dirección Nacional
Político Electoral del Movimiento V República (Dinape), "todas las decisiones de
carácter e interés nacional son sometidas al tutelaje de las direcciones
partidistas, sin que sobre éstos exista ningún control efectivo por parte de la
sociedad venezolana. El alto grado de concentración del poder, combinado con un
Estado que ha manejado y maneja grandes recursos provenientes del negocio
petrolero, trajo consigo la generación de corruptelas, compadrazgos y
clientelismo, erosionándose el desarrollo democrático de la vida nacional".
Así, se argumentaba que "cuando una situación llega a tal
grado de descomposición, nace entonces del propio seno del pueblo una fuerza
legítima indetenible, capaz de impulsar la transformación de ese marco
institucional. Esa fuerza es el poder constituyente. Poder éste que se ha
activado en Venezuela, generando un proceso transformador verdaderamente
democrático y revolucionario: el Proceso Constituyente...".
Las razones de la realización del proceso quedaron
argumentadas así:
Independencia e imparcialidad
del Poder Judicial y la seguridad jurídica de la Nación, restándole
discrecionalidad al Congreso en la elección de sus miembros.
La selección y ascenso de los
jueces se hará mediante concursos de oposición, públicos y
transparentes. Serán de elección popular los jueces ubicados en la
base de la pirámide del poder judicial.
La autonomía presupuestaria
del Poder Judicial debe lograrse mediante el establecimiento de un
situado constitucional que le garantice un porcentaje del presupuesto
ordinario.
Es preciso descongestionar
los tribunales y dirimir conflictos menores en el seno de la sociedad,
estimulando la creación de mecanismos alternativos para la solución de
conflictos, como la mediación y el arbitramiento, donde se incorporen
figuras como los Jueces de Paz, Organizaciones No Gubernamentales
(ONG) y Asociaciones de Vecinos.
El Poder legislativo debe ser
auténticamente representativo y estar revestido de legitimidad, para
lo cual será cambiado el sistema de elección de sus miembros: estos,
además, estarán obligados por la Constitución a rendir cuentas a sus
representados.
Se creará el Poder Moral,
conciencia ética del sistema, constituido por instituciones formales e
informales orientadas a vigilar, controlar y servir de contrapeso a la
acción de los gobiernos.
Hacer que el Ministerio
Público (Fiscalía) actúe como acusador por parte del Estado y como
contrapeso, crear la institución del Defensor del Pueblo (Ombudsman).
Fortalecer las funciones de la Contraloría General de la República y
del Consejo Nacional Electoral y desvincularlos de la excesiva tutela
de los partidos políticos.
Las propuestas para lograr que el "aparato administrativo del
estado funcione adecuadamente", quedaron resumidas así por el aspirante
chavista:
Desarrollar mecanismos de
comunicación e información que hagan de la administración pública una
estructura transparente donde el secreto sea la excepción y no la regla,
y estimular estrategias orientadas hacia una mayor participación
ciudadana en los procesos decisorios de la administración.
Que la descentralización sea
parte constitutiva de la reforma de la administración pública.
Desarrollar mecanismos en la
administración pública que la capaciten para formular, implementar y
evaluar las políticas públicas en función de los objetivos, en contraste
con lo que ha venido sucediendo hasta ahora que se orienta,
fundamentalmente, al control y evaluación de procedimientos.
Garantizar el ejercicio de la
autoridad que le ha sido conferida, evitando la intromisión privilegiada
de intereses particulares que la distorsionen y/o la limiten.