|
|
Cuando hablamos de Liderazgo basado en virtudes nos sentimos empujados a pensar cuan éticos son los principios en que dicho liderazgo se apoya. Aunque alguno de los que han escrito sobre la Ética transmiten la intemporalidad y universalidad de esta, de acuerdo con MacIntyre los conceptos morales... cambian a medida que cambia la vida social.... por que están encarnados en las formas de la vida social.
En los poemas HOMÉRICOS se usan, entre otras, las palabras, valiente y justo para indicar las cualidades de un rey, un guerrero, un juez o un pastor (un líder).
La posición de los sofistas y SÓCRATES a este respecto queda reflejada en la frase de PROTÁGORAS: "El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son". Platón interpreta esto como si se refiriera a la percepción sensible. No hay "un ser caliente" o un "ser frío" como tales, sino simplemente un "parecer caliente a este hombre" o un "parecer frío a este otro". La moralidad se explica como un compromiso necesario entre el deseo del hombre natural de agredir a los demás y su temor de ser atacado por los demás con fatales consecuencias. Un mutuo interés lleva a los hombres a unirse para establecer tanto reglas constructivas que prohiban la ambición y la codicia como poderosos instrumentos para sancionar a quienes transgreden las reglas.
Sócrates indica que con el fin de hacer lo que uno quiere la retórica, en cuanto arte de persuadir, es el medio para el supremo bien del hombre. El supremo bien es la libertad, y por la libertad se entiende la libertad de hacer lo que uno quiere en todos los planos. Con el fin de hacer lo que uno quiere en la ciudad estado, se debe contar con la posibilidad de influir en el ánimo de los conciudadanos. Debe haber una distinción entre el tipo de persuasión que engendra conocimiento en el hombre persuadido y el tipo que no lo hace, diferentes actitudes morales con respecto a las técnicas persuasivas presuponen diferentes elucidaciones de los conceptos de responsabilidad y acción voluntaria. El objeto moral del uso de la retórica es la adquisición de poder. El orador afortunado puede hacer lo que quiere. Pero un hombre que puede hacer lo que considera bueno y, sin embargo, no hacer lo que quiere. PLATÓN indica que la observación de que quién intenta dominar a la gente mediante la persuasión se ve obligado para ello a aceptar sus normas, y así es dominado por ellos.
ARISTÓTELES en su obra política (presentada como una secuela de la Ética) indica que ambas se ocupan de la ciencia práctica de la felicidad humana en la que estudiamos lo que es la felicidad, las actividades en que consiste, y la manera de llegar a ser feliz. El bien se define como el propósito o el fin al que se encamina una persona o cosa. Afirmar que algo es bueno es decir que con ciertas condiciones es el objeto de una aspiración o de un esfuerzo.
Aristóteles define el bien supremo donde refleja el firme sentimiento ciego de que la virtud y la felicidad, en el sentido de la prosperidad, no pueden divorciarse por entero.
El vocabulario moral griego no está construido de tal manera que los objetos de nuestros deseos y nuestras metas morales sean necesariamente independientes. La Ética se preocupa por las acciones humanas. Las acciones humanas no son meros movimientos corporales. Actos ejecutados mediante movimientos muy diversos pueden identificarse como casos de la misma acción humana.
Al revisar el aporte del CRISTIANISMO a la evolución histórica de la Ética notamos que el poder de Dios es un concepto a la vez útil y peligroso en la moral. El peligro reside parcialmente en esto: si estoy expuesto a ser enviado al infierno por no hacer lo que Dios ordena, me encuentro con un motivo corruptor (en cuanto responde totalmente al interés propio) para la persecución del bien. Cuando se concede al interés propio una posición tan fundamental, probablemente disminuya la importancia de los demás motivos, y una moralidad religiosa se anula a sí misma, al menos en la medida en que originalmente estaba destinada a condenar el puro interés personal. Al mismo tiempo, sin embargo, el poder de Dios es un concepto útil, y moralmente indispensable para ciertos períodos de la historia.
Luego de la Ética griega tenemos en la Edad Media que según de MAQUIAVELO las acciones se juzgan por sus consecuencias. Para él, los fines de la vida política y social están dados. Consisten en la obtención y conservación del poder, y en el mantenimiento del orden político y la prosperidad general. Las reglas morales son reglas técnicas en relación con los medios para estos fines. Además, han de ser usadas dando por sentado que todos los hombres son corruptos en alguna medida. Podemos violar nuestras promesas y acuerdos en cualquier momento si eso conviene a nuestros intereses, ya que se supone que, como todos los hombres son malvados, aquellos con los que hemos establecido un contrato pueden en cualquier momento violarlo si sacan provecho de ello. Los hombres no deben actuar como piensan que deben hacerlo en una forma abstracta, sino como actúan los otros hombres. Como los otros hombres son influidos hasta cierto punto por la generosidad, la clemencia, y cosas semejantes, habrá lugar para ellas. Pero aun así, ocupan un lugar sólo como medios bien calculados para los fines del poder.
Más adelante en el siglo XVIII HOBBES y SPINOSA, entre otros, considerados innovadores en esencia sostenían que "si las normas que se consideran finalmente justificadas parecen estar igualmente justificadas con independencia de los criterios empleados al juzgarlas, los argumentos relacionados con la forma adecuada de justificar nuestras normas tendrán, al parecer un alcance, puramente teórico, y serán importantes para agudizar los ingenios en las escuelas, pero irrelevantes para la acción en el campo o en el mercado".
En la Edad Media, la legitimidad de la autoridad suprema, el príncipe soberano, se enlaza con todas las demás relaciones de obligación y deber que vinculan a superiores e inferiores. Estos lazos se aflojan fatalmente en el siglo XVIII. Los hombres se enfrentan entre sí en un terreno en que el vínculo monetario de la economía de mercado libre y el poder de Estado centralizador han contribuido conjuntamente a destruir los lazos sociales sobre los que se fundaban las pretensiones tradicionales de legitimidad.
LOCKE escribe que "todo hombre que tenga una posesión o usufructo, o alguna parte de los dominios de un gobierno, otorga en esa forma su consentimiento tácito, y en la misma medida está obligado a obedecer las leyes de ese gobierno durante el usufructo, al igual que todos los demás, sea que se trate de una posesión de tierra, de él y sus herederos para siempre, o de un albergue por sólo una semana, o de un mero viajar libremente por la carretera; porque, en efecto, alcanza a la existencia de cualquiera dentro de los territorios de ese gobierno". En el ensayo sobre el entendimiento humano sostiene aunque nuestras ideas morales derivan de la experiencia sensible, las relaciones entre estas ideas son tales que "la moralidad puede ser demostrada, lo mismo que la matemática". ANTHONY ASHLEY, el conde de Shaftesbury y discípulo de Locke, sostuvo que las distinciones morales no se efectúan por medio de la razón, sino por medio de un sentimiento moral.
MANDEVILLE ataca las dos proposiciones centrales de Shaftesbury: la de que la propensión natural del hombre es actuar en una forma altruista, y la de que el altruismo y la benevolencia ocasionan un beneficio social. Según Mandeville, el resorte de la acción es el propio interés egoísta y privado, y el bien público de la sociedad es el resultado de la indiferencia del individuo frente a todo bien que no sea el suyo. Es una feliz casualidad que la búsqueda del gozo y del lujo promueva la empresa económica y que la promoción de la empresa económica eleve el nivel de la prosperidad general. Si los hombres fueran en realidad virtuosos en la forma en que lo supone Shaftesburry, la vida social no avanzaría en absoluto. La noción de que la virtud privada es un bien público se deriva de las pretensiones de virtud privada efectuadas por aquellos que desean ocultar sus intenciones egoístas detrás de profesiones morales, con el fin de engrandecerse con más éxito.
HUTCHESON afirma que "la mejor nación es la que proporciona la felicidad más grande al mayor número, y la peor es la que ocasiona miseria en forma semejante".
KANT se ubica es uno de los grandes hitos divisorios de la historia de la Ética. Según Kant, el ser racional se da a sí mismo los mandatos de la moralidad. No obedece más que a sí mismo. La obediencia no es automática porque no somos seres completamente racionales, sino compuestos de razón y de lo que Kant llama la sensibilidad, en la que incluye todo nuestro modo de ser fisiológico y psicológico. Kant contrapone lo que denomina "amor patológico" expresión que no designa un amor mórbido o inhumano, sino un afecto natural, esto es, el amor que surge en nosotros espontáneamente al "amor que puede ser ordenado", es decir, la obediencia al imperativo categórico que se identifica con el amor al prójimo ordenado por Jesús.
HEGEL considera que las formas más elementales de la vida humana son esencialmente no reflexivas. El individuo se encuentra absorbido por una sociedad cerrada en que representa su papel habitual. En una sociedad semejante no puede plantearse las preguntas: ¿Qué he de hacer? ¿Cómo he de vivir? La posibilidad de estas preguntas aparece a medida que tomo conciencia, a través de mis relaciones con los demás, de mi posición como una persona independiente de los papeles que desempe?o. A medida que la sociedad se vuelve más compleja, a medida que aumentan las alternativas en lo que se refiere a las formas de vida, también se multiplican las opciones. Pero al elegir no puedo desestimar los criterios de la práctica social contemporánea. Las pasiones y los fines que tiene el individuo dependen del tipo de estructura social en que se encuentra. Los deseos son despertados y especificados por los objetos que se presentan ante ellos. Los objetos del deseo, y especialmente de los deseos de vivir de una manera o de otra no pueden ser los mismos en todas las sociedades. Pero no ocurre necesariamente que los deseos generados por una forma determinada de vida social encuentran satisfacción dentro de esa forma. La realización de los fines de la práctica social contemporánea puede, en efecto, destruir la misma forma de vida que llevó a la existencia del deseo de esos fines. La crítica reflexiva de fines y medios puede tener consecuencias impensadas.
Lo mismo que Hegel, MARX concibe la libertad en términos de la superación de las limitaciones y constricciones de un orden social mediante la creación de otro orden social menos limitado. A diferencia de Hegel, no considera que esas limitaciones y constricciones sean las de un esquema conceptual dado. Lo que constituye un orden social, lo que constituye a la vez sus posibilidades y limitaciones, es la forma dominante de trabajo por la que se produce su sostén material. Las formas de trabajo varían con las formas de tecnología; y la división del trabajo y la consiguiente división entre amos y trabajadores establecen una separación en la sociedad humana y el surgimiento de las clases y los conflictos entre ellas. Los esquemas conceptuales con que los hombres captan su propia sociedad tienen un doble papel: en parte revelan la naturaleza de esa actividad y en parte ocultan su verdadero carácter. Así, la critica de los conceptos y la lucha por la transformación de la sociedad necesariamente van de la mano, aunque la relación entre estas dos tareas variará según los diferentes períodos.
Revisemos las posiciones de los principales ponentes de la Ética de finales del siglo XVIII y del siglo pasado. KIERKEGARD, quien rechaza las doctrinas de Hegel dado el papel fundamental que asigna al acto de elección, SCHOPENHANER que considera que el universo carece de sentido y que el individuo no tiene valor, NIETZSCHE quien se?ala que al tratar de obligar a los otros mediante juicios morales universales, pretendemos hablar en nombre de la razón práctica pura; pero de hecho usamos estos juicios como un arma contra aquellos con respecto a los cuales estamos celosos. La meta humana fundamental no es la felicidad sino la voluntad de poder. BURKE afirma que los escritores de la Revolución Francesa están tan dominados por sus teorías sobre derecho del hombre que "se ha olvidado por completo de la naturaleza humana", GODWIN que decía "nuestros sentimientos nos impulsan a la acción, pero sólo nos impulsarán a la acción correcta si tenemos una visión clara y racional de los hechos". Una visión semejante incluye la consideración de las consecuencias de nuestras acciones, y debe incluir también la aplicación a éstas de principios, como el de imparcialidad. BENTHAN redefine bien y mal en términos de placer y dolor. MILL, otro representante del utilitarismo y discípulo de Benthan introduce una distinción cuantitativa entre placeres superiores e inferiores; para SIDGWICK, la historia de la filosofía moral en el siglo anterior se había centrado en el choque entre el utilitarismo y lo que él llamaba intuicionismo, por esto último entendía la doctrina de que los principios morales son conocidos intuitivamente; las preocupaciones filosóficas de GREEN estaban íntimamente relacionadas con su dedicación a la reforma social y educacional. BRADLEY, plantea que desde dentro de la conciencia moral podemos discernir que la moralidad tiene un fin, y un fin que no está más allá de ella sino que está constituido por ella misma en su más alta realización; la comprensión del propio yo como un todo.
Se plantea que los filósofos morales no han logrado hasta ahora responder satisfactoriamente a las preguntas que se formularon, porque no han llegado a poner en claro las preguntas mismas. MOORE emplea un genuino razonamiento personal para demostrar que bueno no puede ser el nombre de un todo complejo. PRICHARD intuicionista al igual que Moore, considera que la tarea que se ha impuesto la filosofía moral es la de proporcionar una justificación para sostener que lo que supone que es nuestro deber es realmente nuestro deber. Dos de los críticos más poderosos del intuicionismo fueron R. G. COLLINGWOOD, quien los censuró por su falta de sentido histórico y por su tendencia a considerar que Platón, Kant y ellos mismos contribuían a una única discusión con un único tema y un vocabulario permanente e inmutable. Mas bien debemos comprender, decía Collingwood, los conceptos, entre ellos los morales, en términos de un desarrollo histórico, y A. J. AYER, que indica que los juicios morales se comprenden en términos de una clasificación tripartita de los juicios en lógicos, fácticos y emotivos. Al mismo tiempo surgen los emotivistas representados por STEVENSON, KEYNES, HARE, SARTRE y muchos otros que alimentan la controversia filosófica contemporánea.
Luego de esta visión de helicóptero de la Ética a través de la historia, vemos que la caracterización del líder por sus virtudes (patriotismo, honor, prudencia, justicia, integridad, fe, valor, humildad, carácter, etc.) y por sus cualidades (coraje, disciplina, decisión, desinterés, competencia, confianza en sí mismo, probidad, firmeza, etc.) parte de principios éticos que a lo largo de la historia han sido compartidos por varios autores y criticados por otros. Las posiciones aquí revisadas nos serán de utilidad al plasmar en las conclusiones el resultado de los supuestos del Liderazgo basado en Principios a la luz de la dinámica social actual.