Los homos y la Tierra
Una hilarante continuación de "Glasskan"
Los homos
y la Tierra
J.
M. Estremadoyro
Tipografía Venus S.A.
Editores
Lima
Primera Edición, 1971
En
una edición anterior de "Ciencia Ficción Perú", incluimos
una reseña de "Glasskan,
el planeta maravilloso", novela de una simpleza increíble y plagada
de dialogos hilarantes, parrafadas farragosas y escenarios de lo más
kitsch. Sin embargo, "Glasskan, el planeta maravilloso" tuvo una
continuación, la cual ya no fue publicada por PEISA sino por una editorial
independiente.
Recordemos un poco. En la primera
novela, asistimos a un viaje realizado por un terrestre a Glasskan, planeta
habitado por una - y solo una- raza de seres humanoides perfectos, física
y mentalmente (según el autor). Estos galacsinos le enseñan
a nuestro terrestre cómo es su sociedad perfecta y le asignan una
guía llamada Kcala - que sólo llega a ser "amiga" del protagonista,
pues éste dejó mujer e hijos en la Tierra -. Agradecido, él
y otros terrestres les enseñan a los galacsinos a pelear, para así
vengarse de los malvados "korpones", seres de un planeta vecino que suelen
degustar piernas de galacsino asadas, acompañadas de la respectiva
guarnición.
Pero el viaje a Glasskan no
consistió solamente en una excursión turística con aventura
incluida. Los galacsinos tenían el propósito de capacitar a
los terrestres para que éstos ejecutaran una misión muy delicada
y secreta en la Tierra. Y es en Los homos y la tierra donde se narra
el, digamos, desarrollo de esa misión. Para no crear una intriga innecesaria,
diremos que la tal misión consiste en buscar terrestres dignos de
que se les administre la "vitta" y el "sensil", sustancias que los harán
rejuvenecer y volverse más activos, inteligentes y vivaces. Los elegidos
deberán ser hombres cuya actividad contribuya al desarrollo de la
Tierra.
Las primeras cien páginas
de esta novela, son, para empezar de alguna manera, hilarantes. La ausencia
de un corrector de estilo es notoria, encontrándose cada página
plagada de errores gramaticales y ortográficos. En esas cien páginas,
una suerte de primera parte de la trama, nuestro protagonista - quien resultó
llamarse José Manuell, si, con "ll" - es devuelto a la Tierra con
el resto de terrestres que anteriormente habían sido llevados a Glasskan.
Los otros terrestres responden a un cierto estereotipo que el autor tiene
respecto a los nacionales de otras latitudes. Así, los japoneses Turo
Osaka y Hiro Hiro son expertos en muecas y en despertar la risa de sus compañeros.
El francés Paul Gabán es un galancete de matineé, "un
franchuti divertido" como lo llama el autor. El ruso Boris Korff y el
norteamericano Bobbly Glem (también aparece uno llamado Bey Smith)
son dos representantes de países antagónicos, pero suelen dejar
de lado sus ideas contrarias en cuanto reconocen la superior "Magna Ley Kray"
de los galacsinos, que
es tan, pero tan perfecta que es imposible negarse a cumplirla (siempre
la mencionan como "Magna Ley Kray", con mayúsculas). Nada digamos
de las galacsinas Ilk, Lik y Kil, esposas del ruso, el gringo y el francés,
mujeres que solo sirven para llevarles refrescos y "pan con porcino" (¿también
hay chanchos en Glasskan?) a sus parejas. Posteriormente, la galacsina Kiel
se unirá con Bey Smith, un norteamericano que también estaba
en Glasskan.
Como ya dijimos, nuestros amigos
terrestres son devueltos a la Tierra por los "regidores Wumpos", viajando
a nuestro planeta en una nave o "Gran Klaván". El lugar al que son
enviados es la Estación Torkon, situada en el interior del monte Everest.
El refugio es inmenso, de granito pulido, con temperatura agradable y decorado
con pasto y árboles artificiales. En dicho recinto, se les expone
los detalles de su misión, y se les somete a un peculiar "tratamiento",
con vagas reminiscencias al "tratamiento ludóvico" de La naranja
mecánica.
Pero vayamos por partes. Cada
capítulo de esta novela termina con unos carcajeantes diálogos
entre los protagonistas. Siempre hay alguien que termina diciendo o haciendo
algo gracioso, de modo que los demás celebran la ocurrencia con risas
y aplausos. Si alguna de las mujeres está presente, su esposo o pareja
le da un beso. Pareciera que el autor ha visto muchos episodios de "Mi bella
genio", "Hechizada" y "Scooby - Doo" para desarrollar sus peculiares escenarios.
Como primera parte de la instrucción,
se les alecciona respecto al uso de la "vitta" y del "sensil". La "vitta"
es un supermedicamento que rejuvenece, agiliza, adelgaza... en fin, la panacea.
El "sensil" no se queda atrás, aunque sirve más bien como vehículo
para el "vitta" en un cuerpo humano... o de galacsino. Parte de la misión
consiste en darle la "vitta" a un terrestre que se lo merezca, ya sea por
sus dotes intelectuales, artísticas, humanísticas... siempre
y cuando no sea judío. Como lo leen. En el capítulo Doce,
uno de los terrestres le pregunta a los "magnos regidores wumpos" si se le
puede dar la "vitta" a un judío. Ante la pregunta, todos "analizan"
la situación de los judíos en el concierto mundial, persecución
nazi incluida, lo cual les lleva casi el total del capítulo mencionado.
El japonés Turo Osaka considera que "la discriminación la hacen
judíos", a lo que le responden que "cuidado, que tu raza también
está como el peso en la balanza por que fue segregado de la colectividad
del gran mundo".
Nuestro compatriota José
Manuell, quien generalmente se limita a escuchar y ayudar en lo que sea,
dice la última palabra:
"No hay nada
que exponer ya ante las brillantes opiniones de las galacsinas y de mis coterráneos.
Bien, yo también, discrepo y no acepto en ninguna forma la segregación...
Sin embargo, voy a hacer un breve análisis de elementos sacados de
los propios semitas. ¿Por qué se les aisla y se les niega el
derecho a ser libres? El Sionismo es la aspiración que tienen ellos
para recobrar Palestina como patria; para lograrlo, el doctor Herzl fundó
una organización internacional con tal fin y para juntar a toda la
colectividad judía bajo una sola creencia invariable e inviolable;
pero para que ella tome cuerpo y forma indestructibles, era menester evitar
la proliferación con otras razas, en la cual se perdería mezclada
entre un mayor número de individuos de otras creencias. Precisamente,
por ese aislamiento convencional que los judíos preconizan, son ellos
mismos los que discriminan al resto del mundo con este singular pragmatismo...
Ahora, juzguen ustedes."
Acto seguido, el norteamericano
Bobby Glem pregunta, en un español bastante peculiar (problemas de
traducción, supongo, o el tal Bobby Glem es un admirador de Cantinflas):
"¿Podríamos
dar a un judío, que a nuestro parecer reúna todas las condiciones
humanas que se haga merecedor a la Sensil y a la Vitta?" .
Y el Wumpo Kont le responde:
"- Decididamente,
querido hermano, no. Es posible que su acendrado y exclusivo sionismo lo
lleve, después, a alcanzar lo que no le sería factible con
su natural modo de actuar... Definitivamente ¡no!"
Como vemos, nuestros amigos
concluyen en que son los mismos judíos quienes tienen la culpa de
ser marginados por no integrarse al resto del mundo. Ergo, como todo judío
es un sionista, no se merece la "vitta"... de ahí a proponer que los
eliminen solo hay aun paso. Parece ser que el autor estaba obsesionado con
el "peligro judío". Al leer esta parte de la novela, he empezado a
preguntarme si no habrá leído los increíbles "Protocolos
de los sabios de Sión", atribuidos a Sergio Nilus, "policía"
que describe el "plan" de los judíos para destruir la civilización
cristiano-occidental. El libro existe, como también existen estúpidos
que lo toman en serio.
Otra parte de la instrucción
proporcionada por los galacsinos a nuestros amigos consiste en hacer que
éstos últimos observen películas (en alfombrados teatros
con butacas forradas en terciopelo rojo) donde se muestra la maldad y violencia
de la que son capaces los terrestres. Así, asisten a documentales
sobre las guerras mundiales y otros conflictos. El grupo reacciona como si
todos fueran niñitas de mamá: piden por favor que interrumpan
la proyección, por que ya no soportan ver tantas atrocidades, que
se sienten avergonzados de ser terrestres, que ya no desean volver a la Tierra
nunca más. "Oh, horror", exclama, cacofónicamente, uno
de los espectadores. La exposición a dichas películas tiene
el objetivo de hacer que los terrestres estén completamente seguros
de que llevarán a cabo la misión.
Hay escenas y diálogos
increíbles, como cuando nuestros protagonistas están viajando
de regreso a la Tierra, y descubren que se encuentran en el año 1999.
Reaccionan con estupor, puesto que dejaron nuestro planeta en 1969, y todos
han pasado sólo diez años en Glasskan. Léanlo ustedes
mismos:
- "¿Qué
pasa? ¿A que vienen tantas especulaciones Bobby?
- Quizá no sea nada,
pero a mi me asombra... Según estos relojes calendario nos encontramos
en la Tierra en el año 1999. Tengo entendido que solamente estuvimos
ausentes de la Tierra 10 años y no 30... ¿Qué me dicen?
- No, hombre - aclaró
el francés Paul Gabán -, bien es verdad que estuvimos en Glasskán
10 años, pero ten en cuenta que en ese planeta el tiempo transcurre
más lentamente: lo que allí es un año, en la Tierra
son dos. ¿Aclarado querido amigo?"
Pues a mi este diálogo
no me aclaró nada, por que si el año en Glasskan equivale a
dos años terrestres, y nuestros amigos pasaron 10 años en dicho
planeta, deberían haber pasado 20 años terrestres y no 30.
Si mis cálculos son correctos, claro. No tengo la inteligencia de
los galacsinos para asegurarlo.
Olvídense de la relatividad
y de exquisiteces por el estilo.
Cabe señalar que el autor
suele regodearse en detalles de ambientación tan fuera de lugar como
el color de las cortinas de las habitaciones, el grueso de las alfombras,
la ropa de las galacsinas (quienes descubren, oh maravilla, la ropa reversible,
de modo que con un vestido tienen en realidad dos), los muebles (chatos y
repujados), los alimentos, siempre abundantes y sanos, que incluyen refrescos,
bocaditos, jugo de uva, yogur, pan con porcino... nuestros protagonistas
siempre parecen estar pasando un domingo en algún club campestre.
Sólo faltarían las cervezas, si no fuera por que los galacsinos
son tan sanos que no beben alcohol, aunque a veces beben jugo de uva fermentado
que tiene sus mismos efectos.
Los galacsinos tienen un deporte
en el cual los terrestres deciden participar, con dispares resultados. Consiste
en caminar contra el viento que produce un aparato llamado , adivinen, "vientak".
El participante se pone unos shorts numerados, y comienza a caminar
mientras el viento en contra cobra intensidad. Si no cae al suelo, o lo que
es peor, es arrastrado por el viento como una hoja, gana.
Leamos en qué consiste
este singular deporte:
"- El Vientak
es uno de los tantos deportes que practicamos para entretener el tiempo y
conservar el cuerpo en todo su vigor. Los técnicos han considerado
que este deporte es el más sano y aconsejable por que tiene la virtud
de fortalecer el cuerpo y especialmente el intelecto. De la pared obscura
que ven al fondo, sale un fluido oxigenado, aire puro. Gradualmente se le
inyecta potencia de tal manera que sea imposible llegar al tope que es el
número doce. Los competicionistas (sic) que se alinean en la primera
fila tienen que tratar de avanzar contra la corriente de aire. Para todos,
la presión es similar. Ahora que los vean actuar, será esa
la mejor explicación que ésta que les proporciono".
Un párrafo para la antología
del deporte mundial.
La segunda parte de esta historia
pretende darle un toque de aventura a la novela. Nuestros amigos terrestres
deben cumplir su misión. En un "premire", vehículo similar
a un disco con ruedas que puede retraerlas y volar (superando la barrera
del sonido), son dejados "al Norte de la población de Fort Flatters,
próxima a la frontera con Libia". A nuestros amigos terrestres
se les proporciona maletines con dinero, ropa terrestre, identidades falsas
(para que no descubran que ha pasado 30 años fuera de la Tierra).
Y, para regocijo de nuestro compatriota José Manuell, los regidores
wumpos deciden que en su misión (¿o en sumisión?) lo
acompañe su recordada guía y compañera Kcala. Por cierto,
nuestro protagonista nunca manifiesta curiosidad alguna respecto al destino
de su esposa e hijos. Y además, resulta que en realidad estamos en
el año 2000 y no en 1999. El tiempo es un gran misterio.
Mención aparte merecen
las "instrucciones" para utilizar el último vehículo
proporcionado a nuestros amigos, que en realidad es un camión. Obviamente,
esto lo hacen los galacsinos no por tacaños, sino para que los protagonistas
no llamen la atención. Del manual del mecánico galacsino, ahí
les va su versión de "Mecánica Popular":
"Se leyeron las
instrucciones de viaje: que el vehículo estaba con el tanque provisto
de nafta, que inclusive había dos depósitos adicionales de
combustible y agua; que las gomas eran ad-hoc para esa clase de terrenos;
que al llegar a Casablanca, guardáramos el carro en una guardianía
para evitar sospechas y tener el camión a mano, para el retorno."
Ahora, el inicio de esta segunda
parte es inolvidable, pues consiste en un remedo de cualquier serie de acción
vista en la pantalla chica. Como ya leímos, nuestros amigos son dejados
en el desierto, cerca de Casablanca, Marruecos. Echan a andar el vehículo,
no sin antes tomar el "último alimento preparado por los galacsinos:
en una bolsa térmica de "papel" fino, se envasaba porciones de leche,
unipersonal, y en otras, emparedados de jamón, de queso o de muslos
de ave. También había bolsas con jugo de frutas". Ni bien
empiezan a rodar en el camión, llegan a un oasis que está
ocupado por beduinos traficantes de drogas. Los árabes son pintados
como lascivos y viciosos, pues siempre están queriendo meter mano
a las bellas galacsinas. El jefe de la banda se llama Aladino Tetuán.
José Manuell y su grupo se deshacen de los traficantes. De Casablanca
pasan al trasatlántico "Nautilus", cuyo capitán también
es un traficante (y también se deshacen de él), que los lleva
a Italia, y de ahí a Francia. En todos estos lugares, nuestro grupo
se enfrenta a organizaciones
dedicadas al tráfico de drogas, con tanto éxito, que siempre
eliminan a los traficantes de la misma manera: les inyectan grandes dosis
de heroína en el cuello, de manera que la muerte es segura. Esto lo
hacen con la anuencia de las galacsinas, lo que constituye un cambio de actitud
radical respecto al modo de ser galacsino mostrado en la primera novela,
"Glasskan", en la cual, los galacsinos son tan melindrosos que discuten si
es justo eliminar o no a los korpón, quienes se dedican a comérselos
asados. Pero estos nuevos galacsinos son más duros, y consideran que
la muerte por inyección es un justo castigo para los traficantes.
Nada de juicios, derechos humanos ni cojudeces: una buena dosis de heroína
(llamada también "droga heroica"), y sanseacabó.
En Francia, cuando las aventuras
con los traficantes han terminado, nuestros protagonistas ingresan a un café,
en el cual contemplan un espectáculo descrito con crudeza: hombres
y mujeres se cogen de los sexos al ritmo de la música. Por supuesto,
las galacsinas y nuestros amigos quedan horrorizados (¿entonces, para
que entraron?), y luego se dedican a criticar el estado de cosas. Hasta el
momento, nada nos indica que estamos en el año 2000 (la novela fue
escrita en 1971). Da que pensar que el autor decida mostrar escenas de contenido
sexual para demostrar lo "degradada" que está la especie humana...
¿no hay sexo en Glasskán?
Lo más curioso de todo
es que las acciones descritas anteriormente, tales como la lucha y posterior
victoria contra diversos cárteles de drogas, son aventuras en las
que los protagonistas se meten por que sí. Es decir, puesto que llegan
al desierto y se encuentran a un grupo de narcotraficantes árabes
y lascivos (lo que el protagonista deduce, entre otras señales, por
la forma de los labios de los "arábigos"), entonces acaban con los
traficantes. De ahí continúan hasta llegar al jefe máximo,
un italiano mafioso. Pero, se preguntarán ustedes ¿y la misión?
Ah, primero hay que descansar en París, lo que supongo siempre ha
sido el secreto anhelo del autor.
Hasta este punto de la novela,
me preguntaba por qué motivo el autor desaprovechaba la oportunidad
de describir la Tierra del, para entonces futuro, año 2000. En efecto,
las peripecias del grupo conformado por terrestres y galacsinas, desde su
llegada a Casablanca y su dispersión en el resto del mundo, poco nos
dicen de las novedades que deberían haberse producido en treinta años
de historia. Se limita a mostrar escenas de "acción", que poco tienen
que ver con una novela de ciencia - ficción, incluso una como ésta.
Sin embargo, el autor decide
sacarse el clavo, y harto tal vez de matar mafiosos a punta de inyectarles
heroína, hace un alto y les recuerda a sus enviados que han venido
a la Tierra para buscar personas merecedoras de que se les administre la
"vitta" y el "sensil".
A partir de este punto, el autor
por fin nos muestra algunas pinceladas del futuro de nuestro planeta, el
cual soporta a cinco mil millones de seres humanos. Empecemos por Francia.
La torre Eiffel sigue en pie (a diferencia de la torre de Pisa, caída
medio lustro atrás), pero la ciudad está llena de contaminación
y el tránsito vehicular es caótico. Nuestros amigos están
preocupados, pues parece ser que sus actividades se están haciendo
notorias, como lo deducen después de leer los siguientes titulares
de diarios y periódicos. "Super-hombres destruyen la mafia de drogas
en Argel", "Atléticos individuos están destruyendo la
mafia de drogas en la Tierra", "Individuos extra-terrestres han llegado
para destruir la mafia", "Hombres dotados de poder e inteligencia,
destruyen la mafia de narcóticos en la Tierra". Y el diario "Le
Figaro" los describe como "seis individuos y cinco mujeres, todos ellos
de constitución atlética, se habían (sic) dirigido a
París en una aeronave". Tras angustiarse por estos larguísimos
titulares, ingresan a un café, pero salen asqueados del mismo, por que "se realizaban actos sexuales
donde la lascivia daba rienda suelta a los inimaginables procesos de sadismo
o sadomasoquismo. En ese ambiente repulsivo y oprobioso, la droga atemperaba
los ánimos o los enardecía". El lugar está atestado,
y al tratar de salir, dos "famélicos individuos" se abalanzan sobre
la bella Kcala (en la cual está interesado José Manuell) para
cogerle los senos..."cosa que ella no pudo evitar por la rapidez con que
obraron". Por supuesto, el francés del grupo, Paul Gabán,
estalla en lágrimas. Luego de leer este episodio, yo también
lloré... de risa.
(Por cierto, aprovecho para
mencionar que la lectura de esta novela transcurrió durante los viajes
en omnibus que efectúo a diario para llegar a mi centro de trabajo.
Más de una vez los demás pasajeros han volteado a mirar quien
era el loco que se reía solo. Me deben una.)
Nuestros expedicionarios se
dividen en varios grupos. Uno de ellos, conformado por José Manuell,
Turo Osaka y la galacsina Kcala, vuelan a Nueva York, también contaminada
al extremo de dificultar la respiración. Se instalan en un hotel de
la Quinta Avenida (otro de los sueños frustrados del autor, supongo),
pero tras un paseo en el cual Kcala se pone pálida ante tanta contaminación,
deciden venir al Perú, instalándose de inmediato en Cerro
de Pasco, una ciudad de la sierra. En Cerro de Pasco, reciben un mensaje
de Bobby Glem, quien lamenta la situación en la que ha caído
su país, los otrora poderosos Estados Unidos de América. Hay
caos por todos lados, los estados de la Unión acuñan sus propias
monedas. "Ahora solamente existen los partidos políticos del poder,
los que esgrimiendo el poder de las drogas, el poder de las armas, el poder
del hambre, llegan a sojuzgar doblegando a las masas". Pero para Bobby
Glem, lo peor de este caos es el crecimiento de la población negra
(!). En efecto, el bueno de Bobby expresa así sus sesudos análisis
de la realidad norteamericana:
"La raza negra
ha tomado fuerza de dominio sobre grandes sectores en la mayor parte de Estados.
Donde el poder de los negros se deja sentir, los opositores son barridos,
destruidos. El cambio étnico es tal que muchos individuos, millares
de ellos, con mayor porcentaje de sangre blanca, se identifican en cambio
con la raza negra arguyendo el cabello rizado y los ojos negros. Resulta
que ahora, la segregación la hacen los negros; los blancos se sienten
extraños en su propio territorio".
Tras recuperarse en Cerro de
Pasco, José Manuell, Kcala y Turo Osaka se van a Lima. El Perú
cuenta con ochenta millones de habitantes repartidos en una docena de ciudades
(no dicen cuáles). Lima no parece haber cambiado mucho. El río
Rímac ha sido canalizado. La ciudad está sucia y llena de ambulantes
(en este aspecto resulto buen profeta nuestro autor). Sintiéndose
muy superior a sus compatriotas, José Manuell afirma "esa es la
idiosincracia de este pueblo. No habrá ley con suficiente fuerza que
los haga cambiar; les gusta vivir fácil, en los cerros, o adueñarse
del lugar que encuentren baldío, y comen como vieron ustedes, sin
temor a las bacterias". Solo le faltó decir que así son
los cholos, pues hija, para después irse a tomar el té con
Susan y Juan Lucas.
Repentinamente, nuestros amigos
aparecen (no viajan, aparecen) en Pucallpa, ciudad ubicada en la selva peruana,
la cual ha sido depredada, con los ríos llenos de viviendas que ensucian
y contaminan. Luego van a la ciudad de Iquitos, en la cual advierten que
el río ha arrasado los pueblitos ribereños, y el famoso barrio
Belén, constituido por cientas de pequeñas embarcaciones que
sirven de moradas, ya no existe. La selva va desapareciendo ante el avance
de la explotación petrolífera, realizada mediante miles de
torres de concreto y hierro.
Vuelven a Lima, sin que nadie
explique para que diablos se fueron a la selva. Se alojan en el Hotel Bolívar
(sí, el de la Plaza San Martín), desde cuyos balcones observan
las luchas callejeras de estudiantes y obreros contra la policía,
bombas lacrimógenas incluidas. Pobre Kcala. Además, ahora resulta
que José Manuell es soltero, por lo que ya no es necesario que pregunte
por su "familia". Llega el momento de las buenas noticias: Chile ha decidido
devolver Tacna y Arica al Perú, y Antofagasta a Bolivia, en un gesto
que José Manuell no deja de admirar. Sin embargo, no se les ocurre
darle la "vitta" y el "sensil" al presidente chileno... ¿habrá
tenido que ver el hecho de que en el año 1971, cuando se publicó
esta novela, nos gobernaba un grupo de militares "nacionalistas"? Misterio.
El único país
en el mundo que parece mostrar signos de prosperidad en ese año 2000
es Israel. Según el "inteligente" análisis hecho por uno de
los protagonistas, los israelitas (más de cien millones), luego de
conquistar una extensión considerable de territorios adyacentes (se
apropian de Siria, Jordania y parte de Egipto), cuentan también con
otros judíos que trabajan en gobiernos extranjeros, pero que por filiación
sionista y genética al final siempre terminan trabajando para sí
mismos. Además, a los protagonistas les parece criticable que los
israelitas no hagan nada por el resto de la humanidad en crisis. Por ese
"egoismo", deciden no darle la "vitta" ni el "sensil" a ningún hebreo.
También hacen una visita
a Japón, país que se encuentra contaminado, superpoblado, hay
carestía, pobreza... cualquier país al que vayan tiene las
mismas características. Inglaterra, punto de encuentro final de todo
el grupo, está tan contaminada que la gente incluso ha reducido su
estatura. Todos han acudido a Inglaterra debido a que el pobre Bey Smith
y su pareja, quienes se encontraban en Londres, han sido atacados. La pobre
Kiel ha sido violada, por lo que es trasladada a un hospital, donde le han
extraído muestras de sangre, lo que permite al buen doctor Henri Barby,
el médico jefe, deducir que se encuentra ante una extraterrestre.
Matonescamente, el resto del grupo irrumpe en el hospital y convencen a todos
los médicos que no digan nada a nadie. Para asegurarse el silencio
de los galenos y enfermeras, les inyectan una sustancia que puede matarlos
si dicen algo. Si guardan silencio, la sustancia se convierte en una supervitamina
con efectos altamente beneficiosos para los inoculados. En el interín,
el grupo descubre que
Mr. Barby es la única persona que han conocido hasta ahora que merece
la "vitta" y el "sensil", pero el buen doctor rechaza el ofrecimiento.
Poco queda por contar. Un "topiquero"
(supongo que se trata de un médico que está a cargo del tópico)
del hospital va con el chisme a la policía (que hay extraterrestres
entre nosotros), y contra todo pronóstico, los policías le
creen. Esto apura a nuestros amigos a irse a la ..., perdón, a irse
al desierto y ser recogidos por un "Premire". Ah, en un momento dado, se
acuerdan que debían cumplir una misión, pero lamentablemente,
no la habían podido llevar a cabo, y felizmente, van a volver a Glasskan.
Me pregunto: si al final se iban a regresar así, como si nada hubiera
pasado, ¿para qué se tomaron la molestia de ocultar el origen
extraterrestre de Kiel? En un mundo tan caótico, donde nadie les tomaba
en cuenta (excepto cuando desbaratan cárteles de drogas), ¿para
qué ocultarse? ¿Y que tenían que ver sus peripecias
con la misión de buscar personas dignas de la "vitta" y el "sensil"?
Misterio.
Para añadir un plus
a este "final felíz", resulta que Turo Osaka, el japonés que
solo servía para hacer payasadas y para inyectar mortales dosis de
heroína en el cuello del enemigo de turno, consigue pareja. Una enfermera
del hospital regentado por el buen doctor Henri Barby, una japonesa de nombre
Yosika Okada, tiene problemas con la droga inoculada por el grupo de expedicionarios.
La droga, en lugar de actuar como supervitamina, la ha puesto en grave riesgo
de salud. Para no volver a hacer el larguísimo trayecto Monte Everest
- Casablanca - Londres utilizando m&eaacute;todos convencionales, nuestros
amigos deciden acudir (al fin) en un "klaván" proporcionado por los
galacsinos. Rescatan a la chica, la curan, y regresan todos de la mano a
Glasskan, el planeta maravilloso, sin importarles un pepino ni el fracaso
de su misión ni la suerte de los demás terrestres. Como ocurre
en todo final felíz, todos terminan sonriendo, sobre todo Turo Osaka,
que al fin ha conseguido pareja. Dado que las rubias y esbeltas galacsinas
no le hacían caso (¿por ser un asiático?), hubo que
conseguirle una pareja "de su misma raza". ¿Adivinen quien es? Yosika
Okada.
Se podrían decir muchas
cosas negativas sobre esta novela, que de tan mala, nos revela a su autor
como una suerte de Ed Wood cholo. Pese a todo, es un excelente remedio contra
la tristeza, por que si algo está garantizado en este ripio, son las
carcajadas. "Glasskan" es un planeta tan absurdo e hilarante como el Mundodisco
de Terry Pratchett, sobre todo si uno se pone a pensar que este derroche
de humor es involuntario, que el autor parece escribir convencido de estar
redactando una novela trascendental para la literatura... Simplemente, sublime.
Pese a la extensión del
presente artículo, siento que me he quedado corto en el comentario.
Algo debe reconocérsele al autor: puede ser absurdo, incoherente,
racista y todo lo que ustedes quieran, pero nunca aburrido. Ya me están
entrando ganas de volver a leer este libro, que termina así:
"En las butacas
acolchadas, confortables (del klaván), iban Turo Osaka y Yosika Okada
cogidos de las manos. También Boris Korff y Bobby Glem con Kil y Lik.
El francés Paul Gabán e Ilk, Bey Smith con Kiel. Kcala me tomó
de la mano, acariciándome suavemente. Luego nos quedamos profundamente
dormidos, todos soñando con Glasskán.
FIN"
A veces, yo también sueño
con Glasskan.
Daniel Salvo (c) junio 2003-06-11
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