Glasskan
El planeta maravilloso
Editorial PEISA
S.A.
Lima, 1971
José M. Estremadoyro
B.
Durante los años 70,
me hice aficionado a la ciencia-ficción. Previamente, fui un fanático
lector de una revista llamada "Lo insólito", dedicada a los
llamados fenómenos paranormales, el ocultismo y los OVNIS. Parece
que la revista tuvo cierto éxito, por que se llegó a exportar
a otros países y duró sus 50 ediciones, que yo releía
una y otra vez, convencido de la veracidad de sus afirmaciones, sobre todo
las relativas a los avistamientos de OVNIS y a los contactos extraterrestres.Recuerdo
la sección "Extraño, muy extraño" de Zizi Ghenea, y "Humor
de todo color", a cargo de María Telleria Solari, quien escribía
cuentos humorísticos de ciencia ficción.
Entre los "casos documentados"
de contacto con extraterrestres, destaca la cobertura dada al "Grupo RAMA",
liderado por Sixto Paz Wells, quien afirmaba (y lo sigue haciendo en la actualidad)
haber tenido contacto con seres provenientes de Ganimedes y otros planetas.
Todo esto está descrito por el periodista español Juan José
Benítez en su libro "OVNIS: S.O.S. a la humanidad".
Todo este afán por
los OVNIS dio origen, además, a un nuevo género literario:
el de los contactados, personas que publicaban libros en los que describían
sus supuestos contactos con seres de otros mundos. Por supuesto, este género
no nació en Perú, pero puede decirse que recién en
los 70 se publican obras del mismo. Aparece el gran clásico "Yo
visité Ganimedes" de Yosip Ibrahim, que aún sigue editándose,
aunque en versión pirata.
Ahora, ¿qué
había realmente detrás de estos libros? Cada año que
pasaba, me hacía mayor y más perverso, y las afirmaciones
encontradas en dichas obras se me hacían más y más
inverosímiles. Empero, si había algo que era constante: los
extraterrestres siempre nos daban mensajes de paz y amor, de contenido mas
o menos religioso. En suma, estos libros servían acaso para que los
autores pudieran difundir su idea de un mundo mejor.
Ahora considero, y creo que
no soy el único, que el afán de los "contactados" es buscar
aquello que la ciencia y la religión no les pueden dar. Si hemos
matado a Dios, si la ciencia no explica todo, ¿en qué podemos
creer? En los nuevos "dioses", los extraterrestres. Resulta por demás
significativo que otro gran clásico de la ovniología, Erich
Von Däniken, siempre utilice la palabra "dioses" en los títulos
de sus obras, y siempre trate de identificar a los dioses de las religiones
antiguas con seres extraterrestres.
Tal vez por el auge de este
tipo de obras, que tenían a "extraterrestres reales" por protagonistas,
es que pasó desapercibida la novela "Glasskan". Publicada
por la Editorial PEISA en 1971, la trama es un pretexto para que el autor
describa lo que el considera la utopía, consistente en un mundo lleno
de alfombras rojas y muchachas vestidas con ropa ligera a las que, persistentemente,
llama "damitas".
Debo confesar que me fue difícil
terminar de leerla. La acción se ve lastrada por interminables discursos
y descripciones de ambientes muy "similares" a los terrestres.
La trama es la siguiente:
el protagonista, un maduro y formal padre de familia peruano, se encuentra
con una nave extraterrestre que le ofrece llevarlo a su mundo, Glasskan,
para que conozca su civilización superior y, a su regreso, difunda
las enseñanzas de los "galacsinos" (así se autodenominan los
habitantes de Glasskan) a los gobiernos de la Tierra. En Glasskan, el protagonista
se encuentra con otros terrestres (procedentes de Estados Unidos, la ex Unión
Soviética y Francia), llevados a Glasskan por la misma razón.
A los terrestres se les asignan
unas lindas "damitas" a modo de guías, que responden a los nombres
de Kil, Ilk y Lik. Estas bellas anfitrionas llevan a los terrestres a conocer
su mundo, lleno de habitaciones alfombradas en rojo y paredes cubiertas
de plástico. El summun de la modernidad es un ambiente de
cabaret barato. Los galacsinos están felices con sus invitados, de
quienes aprenden a jugar fútbol.Además, resulta que los galacsinos
carecen de aptitudes para la música, de modo que en sus ciudades hay
unos parlantes que constantemente difunden música clásica terrestre.
Para entretenerse, en las estaciones espaciales, ven películas hiperrealistas
de campesinos galacsinos cosechando. Vaya relax.
Pero no todo es felicidad
en Glasskan: existe un planeta cercano llamado Korpón, cuyos habitantes
carnívoros consideran a los galacsinos una delicia, por lo que organizan
contínuas incursiones a Glasskan. Los galacsinos, muy a su pesar,
deciden tomar represalias (luego de mucho pensarlo, por cierto). Y los terrestres,
de observadores, pasan a ser instructores en lucha cuerpo a cuerpo, que
además participan en una jocosísima incursión a Korpón,
al estilo "Rambo". La escena es delirante: Korpón es tan "parecido"
a la Tierra, que los korpones de campo viven en casas de barro y techo de
paja. Nuestro protagonista irrumpe en una típica residencia campestre,
en la cual tres korpones se disponen a almorzar una "pierna de galacsino"
asada. Nuestro terrestre, y sus amigos galacsinos que recién han
aprendido el arte de la lucha libre, entran y matan a todos los korpones
(incluido un niño) con una alegría digna de mejor causa. Realmente,
la escena parece sacada de algún dibujo animado de Hanna - Barbera.
La estructura social galacsina
es, según el autor, igualitaria: todos los hombres desean ser "regidores
wumpos" (es decir, los máximos gobernantes) y todas las mujeres desean
servirles refrescos a los hombres. El amor es libre: si dos galacsinos deciden
unirse, su vínculo no se disuelve sino hasta la muerte de alguno
de ellos. Extraño concepto de libertad.
Hay que reconocerle al autor
cierta habilidad para irse por las ramas ante una pregunta difícil.
En algún momento, uno de los terrestres pregunta a los galacsinos
si existe Dios. Los galacsinos responden con tres páginas de apretada
escritura, de las cuales el lector nunca sabe si respondieron si, no o quien
sabe. Incluso podría decirse que algo saben, pero que no pueden decírselo
a los terrestres, supongo que por primitivos.
No negaré que leer
esta novela fue un tanto tedioso, pero al finalizarla, tuve la recompensa
de apreciar una excelente muestra de humor involuntario.
Meses después de haberla
leído, ocurrió algo curioso: descubrí que "Glasskan"
tenía una continuación titulada "La tierra y los homos". Nunca
lo hubiera sabido de no haber visto el nombre del autor en la portada de
este último libro, que ya no fue editado por PEISA. Espero poder leerla
pronto, y divertirme tanto como con "Glasskan".
Daniel Salvo (c) febrero 2003