Sleep
dealer
Director: Alex Rivera
Coproducción USA-México
Año: 2008
Ante todo, quiero protestar
por lo incongruente que resulta ver una película perteneciente al ciclo
del Festival de Cine de Lima, en versión digital (se aprecia la diferencia
con el más nítido celuloide) y a un precio nada popular: 17
SOLES la entrada. Y luego se quejan por la piratería.
Es probable que precios así
hayan disuadido a los espectadores a ver "Sleep dealer" en las dos únicas
exhibiciones que tuvo en Lima. Y eso es una verdadera lástima, por
que la película es bastante buena. Yo diría, memorable.
Por que estamos ante un ciberpunk
latinoamericano, ante una versión del cine de ciencia ficción
poco usual, que no persigue imitar moldes anglosajones sino crear - con elementos
de aquí y allá - una visión que nos abarca y proyecta
a todos los latinoamericanos a un porvenir bastante sombrío.
En un futuro cercano, algunos
sueños norteamericanos se han hecho realidad: sobre la línea
de frontera entre los Estados Unidos y México se ha erigido un elevado
y macizo muro que impide - ahora si, de manera inexorable- el ingreso de migrantes
al país del norte; pero se mantiene la posibilidad de seguir obteniendo
mano de obra barata del tercer mundo, sin la desventaja de tener que recibir
dentro de sus fronteras a los cada vez más fastidiosos inmigrantes
del sur de Río Grande. El cruce de fronteras aún es posible...
pero de manera virtual. Así como los "vaqueros de consola" de Neuromante,
los personajes de "Sleep dealer" - nombre que reciben las maquiladoras virtuales
que operan en la ciudad fronteriza ciudad mexicana de Tijuana - pueden conectarse
directamente a la red mediante implantes en los brazos y la espalda. Estos
implantes les permiten operar, desde Tijuana y sin cruzar la frontera, todo
tipo de máquinas en diversas ciudades de los Estados Unidos. Máquinas
cuya sofisticación contrasta brutalmente con la pobreza y atraso del cercano sur.
Si bien no es el tema principal,
vemos varios de nuestros temores actuales hechos realidad en "Sleep dealer".
Enfrentamientos por el agua, que se convierte en propiedad de corporaciones
que a su antojo represan rios y lagunas otrora de libre acceso. El aislamiento
total de unos Estados Unidos cuyos niveles de bienestar han perdido todo punto
de referencia respecto a los países más pobres. Y por encima
de todo, el inexorable cumplimiento de la profecía - esperemos que
errada - proferida por Viviane Forrester en su libro "El horror económico",
profecía según la cual, muy pronto los explotados ni siquiera
servirán para ser explotados, debido a las cada vez más exigentes
condiciones que se requerirán para la ejecución de cualquier
trabajo.
La trama parte de la necesidad
de Memo Cruz, joven hacker de una región rural de México, de
viajar a Tijuana para "conectarse" con alguna empresa maquiladora que trabaje
con los norteamericanos, y percibir así los ansiados dólares
con que ayudar a su familia. Para ello, debe operarse - de manera clandestina
- a fin de obtener los famosos "nodos", coonexiones neurales en brazos y espalda,
que divide aún más al mundo entre quienes pueden acceder a la
red "directamente" y a quienes no... el conflicto no se detiene, sino que
parece agudizarse. Carecer de "nodos" es carecer de mejores posibilidades
de educación, entretenimiento, trabajo... aún estos sean de
menor calidad que los correspondientes a los habitantes del Primer Mundo,
de quienes solo obtenemos algunos atisbos, dándonos una imagen que
de tanto contrastar con la paupérrima realidad sudamericana, es casi
extraterrestre por lo incomprensible. El Primer Mundo desarrollado y próspero,
separado del nuestro por una barrera real e impenetrable, ya es otro planeta que sigue sus propios derroteros. Con la
muralla alzada, ya no hay manera de recordarles nuestra fastidiosa existencia.
Con todo, los protagonistas
se dan maña para alcanzar cierto grado de felicidad. Está el
migrante que logra el sueño de trabajar - aunque de manera virtual
- en los EE.UU. y ganar en dólares para enviar a su familia; la intelectual
que encuentra el amor y el estímulo creativo en la paradójica
realidad que le ha tocado vivir; y el engañado servidor de un ejército
norteamericano que vulnera toda noción de honor militar, quien, a pesar
de todo, toma consciencia de su alienación y consigue liberarse de
la misma, para intentar volver a sus orígenes.
El director, Alex Rivera - norteamericano de ascendencia
peruana, le gusta la Inka Kola - comentó en una entrevista realizada
por Giancarlo Stagnaro en el Diario "El Peruano" : “Me interesa la ciencia
ficción que tenga ideas. No me gustan las películas que tienen
diez minutos de ideas y el resto es Will Smith matando robots” y también
“Nunca vemos en los filmes futuristas las ciudades del tercer mundo. No están
Lima o Bombay, sólo existe Nueva York o Los Ángeles”, agrega.
Sleep dealer obtuvo el Premio
Amnistía Internacional en la Berlinale y el premio Alfred P. Sloan
del Festival de Sundance. Parece que en nuestro medio, su difusión
se limitará al ámbito de la copia pirata. Una verdadera lástima:
es una película realmente memorable.
Daniel Salvo