Los Cristales
de Vuhrán
El Athyrant
Iván Bolaños
Gamero
Edición de autor, 2005
Lima, Perú
Empecemos con la historia.
Hace miles de años, dos naves extraterrestres se enfrentan lanzándose
rayos en las inmediaciones de nuestro planeta. La nave de los malos, por suerte,
es destruida. Pero sus restos caen a la Tierra y ocasionan un cataclismo que
destruye una isla que no es otra que la Atlántida.
Los buenos extraterrestres,
apenados por los resultados no deseados de su victoria, cogen a los sobrevivientes
y se los llevan a otro planeta con dos satélites, que posteriormente
serán bautizados como Dumia y Mosira. Los dejan en una isla – la futura
Vuhran – y les regalan uno poderoso y mágico cristal, que brilla por
si solo. Los atlantes agradecen a quienes erróneamente han tomado por
dioses. En adelante, vivirán recordando ese momento.
Tras unos años de progreso,
viene el pecado de la soberbia. Algunos atlantes pretenden abusar del poder
del cristal, lo cual es impedido por un valiente guerrero llamado Efahón-Zores.
Este rompe el cristal, engarzando los trozos resultantes en espadas y escudos
(suyos y de sus seguidores). El resultado son armas invencibles. Protegiendo
el resto del cristal, huyen de Vuhrán y de sus malvados gobernantes,
fundando la orden de los “soldados de dios” o athyrant.
El tiempo continúa su
marcha, y la población del planeta se ha dividido en tres estados
o reinos. En uno de ellos, un buen y responsable soldado decidirá entrenar
a su hijo, Aheólian-Priem, como militar. Sin embargo, el buen hombre
es asesinado por unos bandidos. Para buena suerte del muchacho, quien iba
a ser victimado por estos bandidos, un athyrant pasaba cerca y lo rescata,
para luego hacerse cargo de su educación y entrenamiento. La madurez
de Aheóliam-Priem coincide con el inicio de una serie de cruentas
guerras entre los poderes monárquicos, cuyo objetivo principal es
conseguir los restos del cristal que les fuera obsequiado por los extraterrestres
que los rescataron del hundimiento de la Atlántida.
Este es el inicio de la saga
de los cristales de Vuhrán, centrado en las aventuras del athyrant
Aheólian-Priem, diestro espadachín y magnífico caballero.
El athyrant es la primera de una trilogía de novelas ofrecida por el
autor.
Cabe precisar la deuda con
varios clásicos del cine de aventuras, así como el esquema
heróico tradicional, en el cual un mundo sumergido en el caos espera
la providencial llegada de un elegido para arreglar las cosas.
El libro es acompañado
de oportunos dibujos y gráficos que permiten hacerse una idea de cómo
transcurren algunas escenas, aunque habría sido deseable dejarlas a
la imaginación del lector.
Si bien cuenta con un útil
glosario de términos al final del libro (al igual que “Máscaras
de matar” de León Arsenal), muchos de estos nuevos términos
sólo contribuyen a generar confusión, pues se trata de objetos
y categorías existentes en nuestro idioma. Por ejemplo, no hay problema
en seguir llamando “caballo” a las monturas de los jinetes, aunque sea poco
probable que un planeta distante cuente con una fauna similar a la terrestre,
pero se crea el término “nelibar” para decir “capitán”. También
se recurre en exceso al uso de la letra “h” intercalada en casi todos los
nombres propios, quizá con el objetivo de darle exotismo a la acción,
lo que se logra a medias: el lector pierde más tiempo en tratar de
descifrar cómo se pronuncia una palabra que en empaparse de la trama.
En lo que acierta la novela
es en ofrecernos acción de principio a fin, dejándonos con la
expectativa de querer saber qué pasará en la siguiente novela.
Daniel Salvo, diciembre 2005