La máquina
René Belleto
Editorial Grijalbo, Colección "El espejo de tinta"
Madrid, 1994
La verdad, el libro no puede tener peor
inicio. Las primeras cien páginas parecen pertenecer a la idea caricaturizada
que se puede tener de una novela “francesa”: los personajes no son planos…
lamentablemente. Tienen tanta personalidad, su mundo interior es tan complejo,
tan lleno de vivencias, pensamientos, sensaciones y secretos que provocan
bostezo. Para colmo, esta primera parte, que sería de ciencia ficción,
tiene unos clichés tan gruesos que hasta pareciera que ya hemos leído
la novela o visto la película: el protagonista es tan guapo que debe
dolerle la cara, tiene la familia perfecta y una amante preciosa (¿habrá
algún personaje francés que no sea adúltero?), un laboratorio
secreto en el sótano de la casa de sus padres (no, no es “El laboratorio
de Dexter”) y una computadora último modelo, tan moderna que “humea”
cuando está en funcionamiento (sic).
La máquina del título es
también un cliché: es un invento del doctor Marc Lacroix que
sirve para transferir la consciencia, alma, personalidad, etc. de una persona
a otra. Su creador, contra todo pronóstico, está decidido
a probarla con un paciente que padece una enfermedad mental, y es además
un supuesto criminal. Como siempre, algo sale mal, y el buen doctor acaba
atrapado en el cuerpo del malvado, y viceversa. Para variar, nadie más
sabe del experimento, y el criminal tenía ocultos y macabros propósitos
que ahora, en el cuerpo de un respetadísimo científico, puede
realizar…
Pues bien, hasta aquí se acaba la
(mala) ciencia ficción y comienza el thriller. El libro alza
el vuelo. Una vez asumido que el bueno está en el cuerpo del malo
y viceversa (como en la película Contracara), comienza una
especie de cuenta hacia atrás llena de tensión y giros inesperados.
Es de destacar el tratamiento dado a los personajes, quienes luego del "intercambio",
se toman acaso demasiado tiempo para “apreciar” sus nuevas existencias, lo
que tal vez ha forzado al autor a recurrir a los deus ex machina
muchas veces, para que avance la acción. No se si se deba a un defecto
en la traducción, pero la verdad es que las escenas que supuestamente
deberían ocasionar mayor angustia o desasosiego, simplemente carecen
de brillo. Y no escasean párrafos en los que el lector se pregunta
¿y cómo llegó aquí este personaje, si en el párrafo
anterior estaba en otro sitio?
La historia se resuelve en un final que
pretende ser cruel pero meramente llega a ser chocante y algo carente de sentido,
una suerte de escena gore introducida a la fuerza, lo que en nada
contribuye a la historia. Un final feliz habría sido más aconsejable.
Empero, La máquina es una buena aproximación al tratamiento
de los géneros de ciencia ficción y policial desde una perspectiva
distinta a las ofrecidas, principalmente por la cinematografía.
Daniel Salvo