La Internet y sus constantemente cambiantes
facetas han trastocado la manera de ver y conceptualizar el mundo. Si bien
algunos mantienen la idea de que “publicar” narrativa o textos de no ficción
consiste en editarlos en “papel impreso”, la realidad nos devuelve la palabra
a su etimología más primigenia: publicar es simplemente hacer
público. Desde ese punto de vista, la distinción entre autores
“publicados” y “no publicados” deviene en artificiosa. Lamentablemente para
algunos, el papel no es garantía de nada, ni mucho menos, un premio.
¿A cuantas personas les parece convincente el premio Planeta otorgado
en 2002 a Jaime Baily?
En un artículo anterior, desarrollé
la idea de que la Internet es la encarnación (o inferración,
o in-plastificación, o in-silicización) del Aleph borgiano,
ese punto desde el cual pueden verse todos los demás puntos del universo.
Las nuevas tecnologías harán que en un futuro cada vez más
cercano, tengamos literalmente al mundo en la palma de la mano. Si es que
antes no se desarrolla un implante directo al cerebro y ahí si, adios
mundo cruel, la realidad será cualquier cosa que queramos que sea.
En el presente, sin embargo, la tensión
entre nuestra forma de acceder a la realidad, propia de una era pre-digital,
con la nueva configuración de la información (o realidad) que
ofrece la Internet; nos crea algunos problemas. ¿Cómo discriminar
entre tanta y variada información? ¿Cómo absorber todo
el volumen? A no dudarlo, el próximo reto de los actuales tecnomagos
no será ya el desarrollo de nuevas y más sofisticadas computadoras,
sino de nuevas interfaces entre éstas y nosotros. Así como
pasamos de las 286 a las Pentium Doble Núcleo, algo habrá que
hacer con el cerebro humano para que siga siendo compatible…
En este nuevo mundo virtual, ya existen entes
(la terminología usual es a veces insuficiente para describir una
nueva realidad) con una presencia consolidada, al punto que difícilmente
se los puede uno imaginar fuera de éste ámbito. Uno de estos
entes es la revista electrónica “Alfa Eridiani”, que desde el año
2002 se ha incorporado a este mundo virtual con éxito. Narrativa,
poesía, cómic, ensayo… lo que llamamos fantástico, o
narrativa conjetural, en todas sus vertientes.
Alfa Eridiani ha tenido diversos avatares.
Una grata sorpresa fue enterarme que el actual cuerpo editorial, encabezado
por José Joaquín Ramos, cuenta además con el apoyo de
Albino Hernández Penton (Coeditor) y de nada menos que Adriana Alarco
de Zadra (Asesora literaria), notables creadores del género en Perú.
Estoy seguro de que ambos, a su manera, han
contribuido a que el número 6 de su segunda época, correspondiente
a los meses de enero-febrero de 2007, haya venido tan cargado de buenos contenidos,
que sin más preámbulo paso a comentar. Lo mejor de todo: la
revista es gratuita. Que la disfruten.
Tribulaciones del cadete Uzpix (M.
C. Carper): Una historia de “primer contacto”, pero desde la óptica
de un extraterrestre cuya morfología es bastante intrigante, al igual
que sus motivaciones.
A cien mil años luz de distancia
(Marcos Molero): Las distancias interestalares son inmensas. La luz de muchas
estrellas que vemos en el firmamento fue emitida hace miles de años.
No hay manera de saber si actualmente siguen ahí… a menos que contemos
con los singulares adelantos descritos en este cuento.
Espera (Pat Mac Dougall): Un hermoso
y triste relato, protagonizado nada menos que por el último robot
sobre la Tierra.
El dragón de Epsilon Eridani
(Omar Vega): Cuando comencé a leer este relato, me había hecho
a la idea de que se trataba de otra dragonada (caballero-mata-dragón)
ambientada en un entorno tecnológicamente avanzado. Para sorpresa
mía, resultó ser mucho más que eso, una puerta de entrada
a un universo maravilloso que deja al lector con ganas de leer más.
¿Quién dice que no hay nada nuevo bajo el sol? El relato está
lleno de lo que sólo podemos describir como sentido de la maravilla.
Petición del tanatopráctico
(Orlando Mejía Rivera): Un polémico relato sobre la eutanasia
y sus posibles implicancias en el futuro. Humor negro negrísimo.
¡Clang clang! (Luis Barrera
Bermejo): Un cuento entre desconcertante y angustiante. Una extraña
máquina, unos no menos extraños niños, con una rutina
de acciones no menos desconcertante. Perturbador.
Resistencia (Susana Sussmann): La
sociedad nos bombardea desde todos los flancos con mensajes, órdenes
y amenazas para que todo siga siendo “normal”. Hay entonces una sexualidad
“normal”, una familia “normal”, un color de piel “normal” que, si no los
tienes, estás condenado a la sanción social: agresiones, abandono,
marginación. Ni modo, a los diferentes sólo nos queda resistir.
La mejor arma: el conocimiento de que no existe tal cosa como la “normalidad”.
Epifanías de una hipernova
(Hector Horacio Otero Gonzáles): ¿Sexo mezclado con astronomía?
Leer para creer… y disfrutar.
Tú eres alien (Luke Jackson):
Un alienígena criado entre seres humanos es tan insólito como
un humano criado entre alienígenas.
El cruce (Ermanno Fiorucci): ¿Cómo
tratamos a nuestros ancianos? ¿Nos gustará ser ancianos cuando
nos toque el turno, en un mundo cada vez más egoísta y mezquino?
Una muerte feliz no es lo mismo que una vida feliz…
Etico (Albino Hernández Penton):
Pasear por algunas zonas de Lima, capital del Perú, puede ser algo
aterrador. Visto desde la óptica de un extraterrestre encubierto,
lo aterrador deviene en deprimente. Pero siempre hay una luz al final del
túnel.
Kuari (Eduardo M. Laens Aguiar): Una
misión de rescate en un planeta inhóspito y aparentemente deshabitado.
La atmósfera opresiva de este relato es muy vívida, al punto
de atrapar – literalmente – al lector.
Anabel y los visionautas (Victor Conde):
Una verdadera joya. De Victor Conde se puede encontrar bastante información
en la Internet, pero sus obras no han sido distribuidas en el Perú.
Si son la mitad de innovadoras que este delicioso cuento, a caballo entre
el ciberpunk y el weird (digamos, Gibson + China Mieville),
pues nos estamos perdiendo a un gran autor. De veras.
NOVELAS
El secreto de los alquimistas (Omar
E. Vega): Honestamente, odio los “continuará” desde que la televisión
peruana dejó inconclusas muchas series que veía allá
en los años setenta. Prometo leer la novela una vez completada, Omar.
De lo narrativo, pasamos a los poemas de
Antonio Mora Vélez. Es increíble la manera en la que grandes
hitos de la ciencia y de la historia de la humanidad (a los cuales cierta
absurda noción de “postmodernidad” intenta restarles trascendencia)
han sido poetizados por Mora Vélez. Aunque no se crea, arrojan nueva
luz sobre Yuri Gagarin, Neil Armstrong, la tragedia del transbordador “Challenger”
y otros eventos que forman parte de nuestras memorias.
Los poemas de J. Javier Arnau tienen otra
temática, sus poemas giran en torno a las sensaciones que pueden producir
los espacios inconmensurables, incluso en seres aparentemente ajenos a lo
humano.
Así como se han escrito poemas en
prosa, Thomas D. Reynolds, nos ofrece un minicuento en verso, sobre “la
traición, la infidelidad, el rencor y el sentido de inferioridad en
las relaciones humanas” en un contexto futurista.
ARTICULOS
Como ven, “Alfa Eridiani” tiene muchas sorpresas.
Además de un (espero) actualizado artículo sobre la ciencia
ficción en el Perú (eternamente inconcluso), hay una semblanza
muy informativa sobre el botánico Linneo a cargo de Javier Mora Vélez.
De “Twin peaks” no tengo mayor referencia, lamentablemente, aunque
David Lynch ya es garantía de originalidad. Dixon Moya nos da algunos
alcances sobre la biotecnología y sus ventajas, así como sus
implicancias éticas. Omar Vega nos ofrece una entrevista a Ben Bova
(entre otras sorpresas, se confiesa lector de Borges), y se cierra la sección
con un comentario nada halagüeño sobre “El triunfo de la Fundación
” de David Brin, a cargo de Don Webb.
A no perderse la sección “Portafolio”,
con ilustraciones de Pedro Belushi, y las secciones de noticias sobre el
mundo de la ciencia ficción hispana.