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Corporación Nacional Folklórica y Cultural Oreste Plath

LA PALLALLA

 La pallalla se juega con cinco piezas, que pueden ser piedrecillas, más o menos uniformes, bolitas, granos de maíz, cuescos de fruta. Se toman con una mano lanzándolas hacia arriba y recogiéndolas al vuelo con la palma de la mano hacia abajo sin que ninguna caiga. Se repite la operación dejando caer cuatro y la que queda en el dorso de la mano, se la impulsa nuevamente hacia arriba para recoger las otras, sin perder la que cae.
Luego vienen las más diversas variaciones utilizando la otra mano, haciendo el túnel, la maña, la tacita.
La gracia consiste en que siempre una de las pallallas anda en el aire. En síntesis, se juega con las dos manos y cinco piedrecitas que equivalen a los cinco dedos y en cada jugada se colocan las piedrecitas en la palma de la mano, se lanzan unidas hacia arriba y, si es posible, se reciben todas en el dorso de la mano. Se repite este movimiento hasta cinco veces por jugada.
Se jugó con tabas, tirando cuatro o seis, que recogían una por una en tanto lanzaban una piedrecita al aire. Se tomaban primero de cualquier manera, pero luego por un solo lado definido con anticipación. Si una caía mal, había que darla vuelta, mientras la piedrecita estaba en el aire. Como tenían cuatro caras se tiraban las tabas cuatro veces. Si caía la piedra antes de que lograra tomar la taba, perdía y le tocaba a otro niño.
El investigador Maximiano Flores (1891), en el estudio Juegos de bolitas tiene algunas páginas dedicadas a la pallalla y enumera cuarenta y dos formas o variantes que se practicaban a comienzos de este siglo: pallalla, choclos, humas sencillas o cucharas, humas dobles o cucharón, bizcocho o zapallo, ataúd o cuadrado, emboque, ojo de buey, cartucho, tenca, tatatá, tapaojo, golpe de pecho, golpe de rodilla, besito, tijeras, cuzamos, escobilla, gallito, tiraoreja, pasafuente, sandía, melón, puntero, pluma, tres dedos, cuatro dedos, zunca, carretón, nones, pares, viejos, viejas, ascensor, cruz de a una, cruz de a dos, cruz de a tres, cruz de a cuatro, pasa fuente en el aire, los años, araña, colmena.
En algunas regiones del país es juego de niñas y, en otras, es de niños.

Origen. Era corriente en Grecia con el nombre de pentalita, en forma semejante a la actual. En Roma se le conocía por vuelta la teja.
Platón (429-347 A.J.C.) lo menciona en Phedro. También en Roma, Julio Pólux, que nació por el año 135 y murió en 188 de nuestra era, gramático y sofista griego, lo describe en el Onomasticón, única obra que ha llegado hasta estos días. Se publicó en Venecia en 1502, y se reeditó en Amsterdam en 1706.
Rodrigo Caro (1573-1647), poeta, arqueólogo y sacerdote español hace una descripción idéntica a la que se juega hoy y que data de principios del siglo XVII.
La utilización de porotos ceremoniales, realizada con fines adivinatorios se efectuó por siglos y de ella parece descender el juego de la pallalla.

Denominación:
Argentina: pallana, ainenti y deninti
Bolivia: pallana
Brasil: pinto galo (nordeste brasileño)
Cuba: chinastas, pasote
Chile: juego de las piedrecitas, la piedralta, pilluca pallalla, pachacha, allimillin, (entre los niños mapuches)
México: matatena
Paraguay: tiquichuela
Perú: payana, zapatero, chalusita
Puerto Rico:, pasote
Uruguay: payana.

España: socótalo, daca la china, cantillos, las chinas, pitas.
Inglaterra: handy dondy.

El erudito alemán Dr. Rodolfo Lenz (1863-1938) a quien tanto deben el folklore y la lingüística americana en general y Chile en particular, proporciona algunos datos y noticias sobre este juego en su Diccionario etimológico de las voces chilenas derivadas de lenguas indígenas americanas.
Payana, sería voz quechua: pallai, cosecha, y pallani, recoger lo caído, denominación que le daban a este juego los quechuas y que le otorgan los pueblos de Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Uruguay.

Dispersión. Americana.

Comentario. En el imperio incásico, los niños jugaban a la payana. En el folklore infantil norteño argentino se jugaba con unos porotos el juego de los anchos y, con estos mismos, a la payana. Estos porotos eran anchos, blancos, negros, rosillos con franjas curvas que formaban dibujos muy originales.
El pintor Pieter Brueghel (1530-1569) presenta esta entretención en su cuadro Juegos infantiles.

Texto del libro Origen y folclor de los juegos en Chile. Oreste Plath. Editorial Grijalbo, Santiago de Chile 1998.

BIBLIOGRAFÍA

Antología del folklore ecuatoriano (1653-1963). Paulo de Carvalho Neto.
Onomasticón. Julio Pólux.
Días geniales y lúdricos. Rodrigo Caro.
Diccionario etimolójico de las voces chilenas derivadas de lenguas indíjenas americanas. Rodolfo Lenz.
Diccionario folklórico argentino. Félix Coluccio.
Juego de bolitas. Maximiano Flores.
Juegos infantiles en el Perú. Emilia Romero.
Repertorio folklórico de Chiloé. Galvarino Ampuero.

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