Corporación
Nacional Folklórica y Cultural Oreste Plath
CUENTOS DE NUNCA ACABAR
Del libro Folclor chileno
por Oreste Plath. Editorial Grijalbo. Santiago de Chile (4º edición
con esta editorial) 1998) pp. 254-260.
El llamado Cuento de Nunca
Acabar es un asunto que se dilata y embrolla de modo que nunca se le ve
el fin.
Este género popular
da margen para que la imaginación del relator tome vuelo, lo que
satisface la atención de los oyentes.
Los Cuentos de Nunca Acabar
tienen en el pueblo valiosos repentistas.
Estos cuentos han entretenido
al público de las carpas de los circos, como también figuran
sus motivos en muchas canciones populares.
La hormiguita
1) Esta era una hormiguita
que de su hormiguero
salió calladita
y se metió
en un granero
se robó un
triguito
y arrancó ligero.
Salió otra
hormiguita
del mismo hormiguero
y muy calladita
se metió al
granero
se robó un
triguito
y arrancó ligero.
Salió otra
hormiguita..., etc.
La vaca del rey
2) Estera un rey que tenía
una vaca; la vaca tenía una cabeza; y la cabeza era de la vaca y
la vaca era del rey.
Y la cabeza de esta vaca
tenía dos cachos. Y estos dos cachos eran de la cabeza de la vaca
y la vaca era del rey.
Y esta cabeza tenía
dos ojos. Y estos dos ojos eran de la cabeza de la vaca y la vaca era del
rey.
Y esta cabeza tenía
una nariz. Y esta nariz era de...
El rey que tenía dos
hijos
3) Estera un rey que tenía
dos hijos; uno era más grande y el otro más chico; uno se
llamaba Pancho y el otro Francisco. Y cuando el rey se levantaba, se levantaba
con sus dos hijos, uno era más grande y el otro más chico;
uno se llamaba Pancho y el otro Francisco, y cuando el rey se lavaba, se
lavaba con sus dos hijos; uno era más grande y el otro más
chico; uno se llamaba Pancho y el otro Francisco. Y cuando el rey tomaba
desayuno, tomaba con sus dos hijos; uno era más grande y el otro
más chico; uno se llamaba Pancho y el otro Francisco. Y cuando el
rey salía a la calle, salía con sus dos hijos; uno era más
grande...
El real y medio
4) Yo tenía mi real
y medio.
Con mi real y medio
compré una polla,
ay, qué polla
y la polla me puso
unos huevos.
Yo tengo la polla,
yo tengo los huevos
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una vaca,
ay, qué vaca
y la vaca me dio un
ternero.
Yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero.
Yo tengo la polla,
yo tengo los huevos
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una burra,
ay, qué burra,
la burra me dio un
burrito.
Yo tengo la burra,
yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero,
yo tengo la polla,
yo tengo los huevos
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una mona
ay, qué mona
y la mona me dio un
monito.
Yo tengo la mona,
yo tengo el monito,
yo tengo la burra,
yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero,
yo tengo la polla,
yo tengo los huevos,
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una cabra,
ay, qué cabra
y la cabra me dio
un cabrito.
Yo tengo la cabra,
yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona,
yo tengo el monito,
yo tengo la burra,
yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero,
yo tengo la polla,
yo tengo los huevos,
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
me compré una lora,
ay, qué lora,
y la lora me dio un
lorito.
Yo tengo la lora,
yo tengo el lorito,
yo tengo la cabra,
yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona,
yo tengo el monito,
yo tengo la burra,
yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero,
yo tengo la polla,
yo tengo los huevos,
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una gringa,
ay, qué gringa,
y la gringa me dio
un gringuito.
Yo tengo la gringa,
yo tengo el gringuito,
yo tengo la lora,
yo tengo el lorito,
yo tengo la cabra,
yo tengo el cabrito,
yo tengo la mona,
yo tengo el monito,
yo tengo la burra,
yo tengo el burrito,
yo tengo la vaca,
yo tengo el ternero,
yo tengo la polla,
yo tengo los huevos,
y siempre me quedo
con mi real y medio.
Yo tenía mi
real y medio.
Con mi real y medio
compré una guitarra,
ay, qué guitarra,
y cada vez que en
ella tocaba
bailaba la gringa,
bailaba el gringuito,
bailaba la lora, bailaba
el lorito,
bailaba la cabra,
bailaba el cabrito,
bailaba la mona, bailaba
el monito,
bailaba la burra,
bailaba el burrito,
bailaba la vaca, bailaba
el ternero,
bailaba la polla,
bailaban los huevos,
y yo siempre contento
con mi real y medio.
El zorzal
5) En el camino... había
un hombre que tenía un zorzal
y era tan bonito el
zorzal y cantaba tan bien el
zorzal, que no había
zorzal como aquel zorzal.
Un día pasó
un caballero y vio el zorzal y oyó
cantar al zorzal y
dijo: “¡Qué bonito el zorzal y
qué bien canta
este zorzal!”
Preguntó entonces
por el dueño del zorzal para
comprar el zorzal,
pero el dueño del zorzal no quiso
vender su zorzal;
porque era tan bonito el zorzal
y cantaba tan bien
el zorzal, que no había zorzal
como aquel zorzal.
Otro día pasó
otro caballero y vio el zorzal y oyó
cantar al zorzal y
dijo: “¡Qué bonito el zorzal y
qué bien canta
este zorzal!”
Preguntó entonces
por el dueño del zorzal para
comprar el zorzal,
pero el dueño del zorzal no quiso
vender su zorzal,
porque era tan bonito su zorzal
y cantaba tan bien
su zorzal, que no había zorzal
como aquel zorzal.
Y otro día
pasó otro caballero y vio el zorzal...
Los Gansos
6) Este era un vendedor de
gansos que tenía muchos miles de estas aves, y un día que
supo que donde el rey iba a tener una gran fiesta, quiso llevarlos todos
para ver si se los compraban. En el camino tropezó con un río
que llevaba mucha agua, y buscando y buscando por dónde pasarlo,
dio al fin con un puentecito muy angosto, por el que no cabía más
que un ave. Puso entonces todos sus gansos en fila de a uno en fondo, y
ocuparon muchas leguas de largo; entonces hizo que pasara un ganso por
el puentecito; después otro; después otro... etc. (El que
cuenta se queda callado, y cuando le preguntan ¿y qué hubo?,
responde: Todavía van pasando los gansos).
NOTAS COMPLEMENTARIAS
Cuentos de nunca acabar,
Historias sin fin se llaman por estos mundos los cuentos con enumeración
de animales o aves que no terminan de pasar.
Estos cuentos-fábulas
sin fin se encuentran en el autor de la Disciplinas Clericales, el judío
Rabí Moisés Sefardi, que tomó el nombre de Pedro Alfonso.
Este autor falleció en el año 1110 y en el volumen CLVII
de Patrologiae Latinae, de Migne, París, 1889, encuéntrase
la Disciplina Clericalis y en ella figura un relatador de Historia que
forzado por su rey a referir cada noche una historia para poder conciliar
el sueño y en busca de un tema extenso le contó el hecho
del campesino que compró ovejas y al querer regresar con sus dos
mil ovejas, se encontró que había sobrevenido una inundación
y se procuró una pequeña embarcación y comenzó
a pasarlas de dos en dos, pero el narrador se durmió y el rey se
excitó y le exigió que siguiera contando la historia. El
hombre le contestó que enorme era la vastedad de las aguas y muy
pequeña la embarcación e incontable el rebaño de ovejas.
Deje que el campesino transporte sus ovejas y, entonces, comenzará
la fábula. Sólo así el narrador calmó al rey,
que tanto insistía en oír fábulas sin fin.
En El Libro de los Exemplos,
compilación de Clemente Sánchez de Vercia obra que se cree
haber sido escrita entre 1421 a 1422 se encuentran ejemplos de Cuentos
de Nunca Acabar.
Cervantes de Saavedra los
incorpora a su obra Don Quijote de la Mancha, publicada en 1605 y esto
habla de la divulgación que deben haber tenido en España.
Aquí está incorporado el cuento de las trescientas cabras,
que un pescador las pasa en su embarcación de una en una.
Rodríguez Marín
en su Cantos Populares Españoles, Sevilla, 1882-1883, recoge el
cuento de los pavos que pasan, y F.C. Saínz de Robles, en su obra
Cuentos Viejos de la Vieja España, Madrid, 1943, tiene el tema de
las cabras que pasan.
En Portugal, Teófilo
Braga, acoge este aspecto en Contos Tradicionais de Povo Portugues, Porto,
1883.
En el Brasil, entre otros,
están Leonardo Motta, en Violeiros do Norte, Sao Paulo, 1925; Viriato
Correa y Joao do Río, en Contos para Criancas, Río de Janeiro,
Brasil, 1936; Veríssimo de Melo, en Parlendas, Natal, Brasil 1939,
y Luis Câmara Cascudo que en su obra Trinta “Estorias” Brasileiras,
Lisboa, Portugal 1955, busca sus fuentes en las obras del siglo de oro
castellano, en los escritores italianos del Renacimiento en una investigación
bibliográfica acabada. En ella aparece en Italia, Giuseppe Pitré
que sin agotarse persigue la expansión de este tema y también
una extensa bibliografía alemana sobre el motivo de los Gansos,
realizada por Johanes Bolte y Georg Polivka.
En la Argentina, los trata
Robert Lehmann-Nitsche, en la “Revista de Derecho, Historia y Letras”.
Tomo XXX, Buenos Aires, Argentina 1908, y por citar algo reciente: Susana
Chertudi, en Cuentos Folklóricos de la Argentina, Instituto Nacional
de Filología y Folklore. Buenos Aires, Argentina 1960.
En Puerto Rico está
Rafael Ramírez de Arellano, en Folklore Portorriqueño, Madrid,
España 1928.
En Bolivia, algunas veces,
el Cuento de Nunca Acabar es Canción de Cuna, como acontece con
La Ancianita de las ovejas. Y las ovejas y cabritos pasan y pasan hasta
que el niño se adormila. Esto se constata en la obra de Antonio
Paredes Candia: Literatura Folklórica, recogida de la tradición
oral boliviana, La Paz, Bolivia 1953.
En Chile, está en
la tradición que cuando alguien no se puede dormir, se le recomienda
que cuente ovejas hasta cien.
¿Cuál es la
fuente originaria o la redacción más antigua? La propalación
por tierras de América es un hecho. En Europa, como en estos pueblos
se alternan ovejas, carneros, cabras con patos, pavos, gansos.
BIBLIOGRAFIA
Díaz Casanueva, Humberto.
Selección de poemas para los niños. Departamento de Educación
Primaria. Santiago de Chile, 1928.
Ferrán, Augusto.
El cuento de nunca acabar. “Revista Sud América”. Tomo II, Santiago
de Chile, 1873.
Laval, Ramón A. Cuentos
chilenos de nunca acabar. Tomo I, Revista de la Sociedad de Folklore Chileno,
entrega 2º Imprenta Cervantes. Santiago de Chile, 1910.
Plath, Oreste. Folklore
Chileno. Aspectos populares infantiles. Tirada aparte de los Anales de
la Universidad de Chile, 1º y 2º trimestre 1945. Prensas de la
Universidad de Chile. Santiago de Chile, 1946.
Saavedra Gómez, Robinson
y Bernardo Ibáñez. Cuentos para niños. Recogidos del
folklore chileno y seleccionados del folklore internacional. Santiago de
Chile, 1936.
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