Weltkrieg II

Guerra relampago en Polonia (Septiembre 1939)

A las 4.45 AM. del 1 de setiembre de 1939, sin previa declaración de guerra, Alemania invadía Polonia. Con la ayuda de una red de espías, tropas aerotransportadas y una quinta columna bien organizada, las divisiones Panzer seguidas por una infantería motorizada y con los aviones de la Luftwaffe que barrían el suelo polaco desde el cielo, las tropas alemanas avanzaban rápidamente en territorio enemigo sin dar siquiera tiempo a una movilización de fuerzas del ejército polaco. En apenas tres semanas los alemanes conquistaron la mayor parte de Polonia occidental, el ejército polaco yacía desmembrado y su gobierno huía a Rumania. Cuando el ejército polaco, o lo que quedaba de él, retrocedió hacia la línea establecida sobre el Narew, Vístula y San, se encontró con los rusos que le propinó el golpe de gracia.

En sólo dos días, las tropas rusas avanzaron 180 kilómetros y se encontraron con los nazis a lo largo de la línea Curzon, establecida por el pacto Molotov-Ribbentrop el 23 de agosto de ese año.

En Polonia se inauguró una nueva estrategia de guerra ideada y concebida por la mente de Hitler, en oposición de su estado mayor que seguía aferrado a los teorías tradicionales en el arte de la guerra. Recién después de la histórica victoria en Francia los generales alemanes dejaron de ver con recelo las ideas militares de Adolf Hitler y se convencieron de su arrolladora eficacia. Hitler creía, al contrario de lo que siempre se había hecho, que los poderosos tanques de guerra y las tropas acorazadas debían preceder a la infantería mientras desde el aire los aviones asistían a las líneas de avanzada. Toda una revolución en el arte de la guerra y algo totalmente descabellado para los militares de su época que veían a los tanques de guerra como "sirvientes" de la infantería.

Volviendo a la guerra en Polonia cabe destacar la sorprendente indiferencia con que reaccionaron las potencias aliadas. Dos días después del ataque alemán, Francia e Inglaterra le declaran la guerra a Alemania, más pensando en su propia seguridad que en la situación de Polonia, a la cual dejan librada a su propia suerte. Mientras los alemanes y los rusos desmembraban Polonia, el ejército francés realizó apenas unos tibios avances en el Sarre y ocupó una pequeña extensión del mismo.

Al término de la campaña polaca, las tropas alemanas en su regreso, hicieron retroceder a los franceses nuevamente a la línea Maginot. Los británicos por su parte se limitaron a lanzar desde sus aviones panfletos de propaganda en vez de municiones. La guerra de Polonia le costó a los ingleses la vida de un sólo hombre y éste hecho habla por sí mismo. Las unidades aéreas prometidas al gobierno de Varsovia no despegaron jamás de los aeródromos franceses e ingleses.

Por su parte, la Italia de Mussolini se declara no beligerante, a pesar de sus compromisos asumidos con Alemania a través del pacto de acero. La neutralidad italiana se basa en dos hechos importantes. En primer lugar Mussolini se sentía ofendido por no haber sido informado previamente de la agresión a Polonia por parte de su aliado y de haberse enterado del conflicto una vez más a través de los diarios .En segundo término Mussolini sabía que su ejército de ocho millones de bayonetas era un bluff y que Italia no estaba mínimamente preparada para afrontar una guerra.

Durante años Mussolini con el poder de su verba y una personalidad arrolladora, le había hecho creer al mundo que Italia era una superpotencia militar con armas secretas de todo tipo y calibre generando en los demás países un respeto hacia Italia exagerado que hizo posible entre otras cosas la celebración de una ridícula y cínica conferencia en Munich. Probablemente el bluff militar que inventó Italia no tenga precedentes en la historia de la humanidad ya sea por la dimensión del engaño como por los largos años que tuvo vigencia en todo el mundo. Curiosamente el único que sabía que los ocho millones de bayonetas constituían un invento era nada menos que Adolf Hilter, siempre bien informado por sus servicios de inteligencia.

A la luz de los hechos resulta increíble la fidelidad que, no obstante, mantuvo Hiltler hacia su amigo italiano hasta el final de su vida. Era tanta la admiración que Hitler le profesaba a su amigo, que prefería ver en el Duce un estratega y mago del ilusionismo y de la psicología de las masas antes que un aliado militar de alguna valía. Es más, durante el transcurso de la guerra con los consiguientes desastres militares de los italianos en los distintos frentes, Hilter incluso prefirió (y no sólo él) que los italianos se mantuvieran al margen de sus maniobras y estrategias de guerra porque eran algo peor que un estorbo.

El 28 de setiembre, Ribbentrop y Molotov se vuelven a reunir, esta vez para repartirse Polonia formalmente. Aunque Alemania obtuvo menos extensión territorial, se llevó en compensación la mayor parte de la industria y minerías polacas. Los rusos tomaron el sector agrícola de Polonia compuesto por unos 13 millones de almas.

 

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