Filosofía del Arte  
     
  Definición de Arte como libertad  

 

 

           

Isabel Navarro Reynés

Primero grupo 1

Curso 2005-2006

 

 

 

ÍNDICE

Introducción.................................................. pág. 3

El arte a través de la historia....................... págs. 4-12

Conclusión.....................................................págs. 12-13

 

 

 

 

Introducción

Quienes estudiamos Bellas Artes estamos, supuestamente, llamados a trabajar en el mundo del arte. Sin embargo (y en la siguiente generalización me incluyo personalmente) la mayoría jamás nos hemos planteado realmente lo que es el arte en sí. Unos han optado por esta carrera porque tienen verdadero talento dibujando o modelando, otros porque se sienten atraídos por los nuevos medios como la fotografía y el video, otros, incluso porque la consideran una carrera sencilla, una opción fácil.

Sin embargo, una vez dentro de este mundo, llega el momento crucial de plantearse lo que es realmente el arte, con qué estamos trabajando, si es arte realmente, o no, lo que estamos elaborando. No es una sencilla cuestión de narcisismo, de saber si somos artistas o no, pero, ¿realmente podríamos crear arte sin conocer su propia definición?

Muchos autores han intentado definir el arte, no somos ni los primeros ni los últimos que nos hemos planteado esa cuestión. Cada época ha tenido su propia definición, aunque en lugar de llamarlo definición podríamos decir dirección. Es decir, cuando estudiamos historia del arte podemos distinguir claras diferencias entre los estilos de las épocas que se han sucedido en la historia, un estilo o idea común, una dirección con una finalidad relativamente clara. Hoy en día esa dirección parece un poco más difusa, tanto para el hombre de a pie como para el que se llama artista. Esta “crisis” la hemos heredado de las primeras vanguardias del siglo XX, que supieron adaptarse a una nueva época y resultar totalmente innovadoras y transgresoras, hasta el punto de que continuar repitiéndolas se ha quedado obsoleto por el rápido devenir de los sucesos. Personalmente considero que hoy en día el arte se ha quedado sin una definición clara.

Siendo de por sí innovación y ruptura, el arte no acepta  precepto ni condición alguna: sus mutaciones impredecibles  condenan de antemano al fracaso todos los intentos de definirlo”

GARCÍA LEAL, José  Filosofía del arte, Editorial Síntesis 2002

Tras esta cita, propongo, de entrada, considerar el arte como un medio libre, como dice su autor, innovador. Por otro lado, considero que este intento de definición podría quedarse corto e incluso no encajar con mi perspectiva personal en el punto en que no acepta precepto ni condición alguna. Discrepo en ese punto debido a que la producción artística si ha tenido sus límites en otras épocas, cuando lo que hoy consideramos arte sólo se producía en escuelas con una ideología y técnicas muy definidas.

Para este trabajo, más que una definición de arte, propongo una finalidad para el arte actual, ya que, a mi modo de ver, en cada generación que nace, necesita una finalidad nueva.

        “El arte por la libertad y para la libertad”

NAVARRO ZAMORANO, Salvador,  El mito de Eva, 1990 (no editado)

 

 

El Arte a través de la historia

Por alguna extraña razón la mayoría de gente, indistintamente de que le guste o no, considera arte a todas las piezas de años anteriores a nuestras épocas (más o menos hasta las primeras vanguardias) que llenan salas y salas de galerías y museos. ¿Qué hace que haya un acuerdo para considerar todo eso algo artístico cuando difícilmente nos ponemos de acuerdo sobre la producción actual? Muy posiblemente el factor histórico. Es común oír opiniones del tipo “la producción de tal época no me gusta” y sin embargo lo siguen considerando arte. Es cierto que todas las piezas por sí mismas ya tienen un valor histórico porque nos permiten conocer costumbres, creencias e ideales de épocas ya pasadas. Pero eso no responde realmente a por qué lo seguimos considerando arte. Muy posiblemente sea, que de modo inconsciente damos por sentado que si está en un museo famoso ya merece ese título. Sin embargo, yo creo que es porque en la época en que fueron elaborados los artistas tenían mucho más claro cual era la finalidad de su obra, estaban más adoctrinados y limitados. Hoy en día tenemos tantas posibilidades de expresión que en ocasiones llega al absurdo. Así que quizás uno de los problemas de nuestros días es que necesitamos encontrar unos límites. Aparentemente esta sentencia no concuerda con la que he citado del “arte por y para la libertad” pero más adelante solucionaré este aparente problema.

Como he dicho anteriormente, durante el devenir del tiempo ha habido cambios evidentes en la producción artística, haciéndose  evidentemente visibles en la transición del mundo Clásico al Medieval y luego entre el Medieval al Renacimiento. Aunque en este último caso el cambio es más natural, como un desarrollo ordenado.

Estos cambios se deben al modelo en el que se inspiraban. En el periodo Clásico la forma y la belleza fueron la inspiración de la producción artística. Tanto griegos como romanos buscaron la exteriorización de la belleza interna, de la virtud, en un canon físico ideal.

Doríforo, Policleto 450-440 a.C.

La mitología era uno de los temas más usuales, una mitología de dioses con vicios y defectos muy humanos, pero sin llegar realmente a serlo. En esta época no podemos hablar todavía de un arte “humano” puesto que actualmente, tal y como lo entendemos, el término humano y su uso en cualquier situación, incluye el término libertad en su total comprensión. Y como sabemos, a pesar de lo idealizada que haya sido la sociedad del periodo clásico en los siglos de oro, esas sociedades ideales de los textos de Platón no fueron tal cosa, puesto que los derechos y privilegios, las libertades en definitiva, estaban únicamente al alcance de unos pocos privilegiados.  Por lo tanto, una definición válida para esta época podría ser “ Arte como búsqueda de la perfección física y espiritual”.

Hermes y Dionisos, Praxíteles, 350 a.C.

Luego, con la llegada del cristianismo, que poco a poco se fue infiltrando y corrompiendo (no en un modo despectivo) la sociedad romana, se impuso no sólo una nueva creencia, sino un nuevo tipo de vida, con ideales diferentes, nuevas costumbres y una nueva actitud generalizada entre las personas. Desde las esferas más altas se pretendió un adoctrinamiento de las masas no únicamente con un fin religioso, sino también político ya que para el orden social establecido, el feudalismo, era mucho más sencillo tener una población adoctrinada donde se les enseñara desde la propia religión la sumisión y el respeto como modo de salvación en la otra vida.

Este adoctrinamiento se apoyaba en la producción artística, sierva en su totalidad de la religión, pues poco se conoce del Románico o del Gótico que se aleje de la temática religiosa. Para unir ambas épocas llamaremos a este periodo “arte cristiano”. Por lo tanto el arte cristiano se inspiró en la divinidad y en la tristeza, siendo el símbolo el alma de este arte.

  Crucifijo de don Fernando y doña Sancha, siglo XI, Anónimo

Debido a la muy larga duración de la era Medieval, difícilmente podían deshacerse las generaciones siguientes de años de sometimiento al costumbrismo cristiano, por lo que, a pesar de que popularmente se conoce el Renacimiento como el renacer del hombre, el renacer del arte clásico, en ningún momento se deja perder la temática cristiana, aunque es cierto que se permite una gran ampliación de temas.

De pronto la humanidad parece volver a recordar los ideales de sus antepasados griegos y romanos y de nuevo vuelven a ser clave la forma y la figura humana. No podemos considerar que haya realmente una ruptura total con el arte anterior, puesto que podemos apreciarlo realmente como un desarrollo natural, como el aprendizaje de un estudiante de dibujo o escultura, una propia perfección de la técnica. Y en lo que se basan es en la producción de una época que ellos ensalzan en ocasiones como superior. No sólo en el ámbito artístico, sino también en el cultural, puesto que ahora se estila el humanismo, es decir, que la persona cultivada debe saber un poco de todo, arte, matemática, ingeniería, poesía, etc., al más puro estilo Leonardo Da Vinci, ejemplo más que conocido.

 La Virgen de las Rocas, Leonardo Da Vinci, 1483-1486

        Seguidamente con el Barroco llega la contrarreforma, un nuevo cerramiento de la cultura cristiana para protegerse de la aparición de un nuevo credo, el protestantismo. De nuevo se repite la ideología más estricta del Medievo y también, una vez más, el arte es uno de los pilares en los que se sustenta el adoctrinamiento de la Iglesia católica para mantener a los fieles “a salvo” del protestantismo que tantas revueltas había empezado a causar en el Imperio Austriaco. La producción artística vuelve a centrarse en los pasajes bíblicos y en vidas de Santos. También es la época de las grandes construcciones que se habían iniciado en el Renacimiento en el centro de la religión, el Vaticano.

Éxtasis de Santa Teresa, Gian Lorenzo Bernini, 1646-52

En conclusión, y para que esto no parezca un repaso a la historia del arte más que un intento de definición, yo dividiría la producción artística de estos siglos en dos bloques: el Románico y el Gótico en un bloque denominado “arte de la tristeza” y el Renacimiento y el Barroco en otro denominado “la humanización del arte religioso”.

        El primer bloque toma su nombre por la temática y la pérdida de figuración de lo representado. Porque se utiliza el martirio y el sufrimiento de Cristo, su sacrificio, como tema central, por la deshumanización de las figuras que pierden su forma en un intento de espiritualizarse, de ser algo mucho más lejano a lo humano y por la carencia de sentimiento alguno como en las representaciones de Cristo niño sobre la Virgen, que en lugar del papel de madre desempeña el papel de asiento.

  Santa María de Taüll. La Virgen con el Niño

        Y en el segundo bloque, el arte queda definido como “la humanización del arte religioso” por la corriente humanista del Renacimiento, que permitió que el legado del periodo clásico volviera a nacer para impregnar al arte medieval con su técnica ya olvidada, acercando así los dioses a los hombres de un modo más dulce al principio y en el Barroco con una intención aleccionadora, pero más humanizados al fin y al cabo. Paso que sería definitivo para el inicio del rechazo de lo divino en el arte y un camino para la liberación de la producción artística.

   Bartolomé Esteban Murillo, Virgen con niño

Tras el barroco se suceden una serie de movimientos artísticos enfocados cada vez más hacia la libertad creadora, teniendo como precedente la crítica y apasionada obra de Francisco de Goya y Lucientes. Este pintor, cuya obra cabalga entre el Rococó y el Neoclasicismo, tuvo sus inicios como retratista real; sin embargo, a la mitad de su vida su trabajo dio un cambio brusco. Sus caprichos, aguafuertes y pinturas negras, entre otras, mostraron la cruda realidad de una época y, ante todo, ofrecían a los artistas la posibilidad de dar a conocer un lado mucho más cruel de la vida cotidiana en la que vivían. Al arte se le dio un uso, no solo decorativo, de estética agradable que debía embelesar los sentidos. Ahora el arte era un modo de protesta, una vía para criticar los vicios y defectos de la humanidad; por eso, creo que Goya fue realmente quien asentó las bases del “arte de la libertad”. Él entendió que el arte está subordinado a los sentimientos del autor, al sentir de la sociedad, que es una vía no solo de representación pictórica, sino de expresión, de protesta y de crítica, un vehículo que podía ser estandarte revolucionario si se usaba con ese fin.

                                                                                                                                                Goya, El Sueño de la Razón Produce                                   Goya, Saturno devorando a sus hijos

Monstruos, 1796-1797                                                          1746-1828                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 Tras el Neoclasicismo, que se desarrolló en la llamada “era de las luces”, el arte también se subió al rápido ferrocarril que era el avance tecnológico. El Impresionismo, es popularmente conocido por el estudio de la luz, los reflejos, las sombras... Pero este movimiento estaba basado en unas bases ya más científicas, en el estudio del color, basado en la escala cromática de Chevreull. Fue un movimiento mucho más científico y delicado. Es la época de los grandes paisajistas, una era de luz tanto  para pintores como para escultores, donde la sombra había perdido el color negro y era morada, azul, anaranjada, etc.

  Claude Achille Monet, Ninfeas, 1855

Al final de esta época relativamente breve de “arte científico” llega la que sería más crucial para este siglo XX que apenas acabamos de dejar atrás. El Post-impresionismo que puso las bases de las primeras Vanguardias. Los autores claves fueron Van Gogh, Toulouse Lautrec, Cézanne, Gaugin...

Todos ellos serían los creadores de un nuevo estilo que revolucionaría el principio de nuestra Era. Algunos, como Van Gogh y Gaugin fueron los propulsores de una obra más intimista, de colores y pinceladas que revelaran la psicología del autor; otrosG como Cézanne, apuntalaron las bases de un arte más geométrico, pero siempre pasando por un proceso de interiorización de la realidad. En definitiva, ellos fueron los artistas del “arte como interiorización y nueva producción de la realidad”.

Vincent Van Gogh, Noche estrellada, 1889

Paul Gaugin, El espíritu de la muerte vigilante, 1892

Paul Cézanne, La cesta de manzanas, 1895

El siglo XX ha sido un siglo complejo, no sólo desde el punto de vista artístico, sino también social. En tan pocos años se han sucedido dos Guerras Mundiales, la guerra fría, la creación de grandes sociedades internacionales como la ONU o el G7, dictaduras, democracias, innovaciones tecnológicas inimaginables, en fin, un largo etcétera de sucesos cruciales a una velocidad de vértigo.

El Cubismo, el Futurismo, el Dada, el Surrealismo, el Expresionismo, el Neoplasticismo, el Fauvismo, entre otros, han sido los movimientos más importantes de las primeras Vanguardias del siglo XX. Cada una con una diferente forma de representar, de expresarse. Explicar cuál era la ideología de cada uno de estos movimientos es más tarea de la historia que de la explicación del concepto de arte en sí, por lo que, doy por sentado que el lector conoce estos movimientos. En definitiva, la explicación de que existieran tantos movimientos que se sucedían rápidamente uno tras otro e incluso coincidían en los mismos años y lugares, da a entender que lo que se pretendía era huir de la realidad de una manera casi descoordinada debido a las diferentes realidades políticas y sociales que se vivían en cada uno de los países. Por lo que considero que la producción de los primeros 50 años del siglo XX podría considerarse como “el arte de la evasión”.

Amarillo, Rojo, Azul, Kandinsky, 1925

   Magritte, La violación, 1934

Conclusión: El arte es...

En conclusión, no propongo una definición de arte, sino una dirección, un camino que tomar, puesto que el arte no acepta definición, ya que está profundamente ligado al artista, al creador. No se puede resolver la cuestión de qué es arte y qué no en nuestros días. Decidirlo a dedo sería una limitación de la libertad del artista, una imposición social de alguien que supuestamente sabe más que el resto. Es una decisión que se debe tomar a nivel personal. Somos los individuos los que debemos decidir qué es una obra de arte para nosotros y qué no. Siempre nos guiaremos por una sensación estética que nos agrade, o un sentimiento impreso que nos llegue, eso es algo inevitable. Por lo que para cada uno, arte puede ser la buena disposición de los cubiertos en una mesa tanto como un cuadro de un afamado artista en la pared.

Con el apartado anterior he intentado descifrar la dirección del arte en épocas pasadas. No ha sido una revisión intensa, no se han especificado todos los movimientos que han existido ni se han explicado casos aparte. Pero, a grandes rasgos, esas son, a mi modo de ver, las direcciones que ha tomado el arte hasta el día de hoy que nos pueden ayudar a tomar la nueva dirección.

En el periodo clásico:

“ Arte como búsqueda de la perfección física y espiritual”

En el Románico y el Gótico:

“Arte cristiano del dolor y el temor”

En el Renacimiento y el Barroco:

“La humanización del arte religioso”

En el Rococó y Neoclásico (Goya):

“Inicio del arte de la libertad”

En el Impresionismo:

“Arte científico”

En el Pos-timpresionismo:

“Arte como interiorización y nueva producción de la realidad”

En las Vanguardias:

“El arte de la evasión”

Hoy en día:

“El arte por y para la libertad”

Tenemos hoy un arte muy libre,  hasta el punto en que no sabemos ni si va, ni si viene ni qué estamos intentando expresar; no tenemos una vía común, no tenemos un límite como decía al principio. En el devenir de nuestros días creo que necesitamos un arte sin dioses, sin mitos, sin símbolos, totalmente humano, sin imposiciones sociales, sin precios ni códigos de barras. Necesitamos un arte libre que hable de la humanidad, de cómo somos, de cómo sentimos, porque esta es la Era de los Hombres que ya no dependen de la providencia divina, porque el arte, a pesar de todo, siempre ha sido humano.

 

 

 

 

 

 

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